La Amenaza Fantasma (1999), dirigida por George Lucas.
Título original: The Phantom Menace

LA AMENAZA FANTASMA



fotoLas ciudades de los cielos



Grietas

Hay una grieta insalvable entre las concepciones filosóficas del Oriente y el Occidente. Hay infinidad de colisiones más, con respecto a la "gran cultura" occidental, si se toman en cuenta las diversas sabidurías del Sur (en el sentido de minorías culturales segregadas, estén al norte o al sur geográficos).

El adagio consabido de Lucas y La Guerra de las Galaxias, «Que la fuerza te acompañe», da a entender, con un aire liviano, que se contempla la grieta desde el borde, que se toman de prestado otras formas de ver el mundo, más allá del capitalismo positivo, sedentario e hipnotizado por el consumo. En efecto, "la fuerza" de los jedis remite al misticismo zen, o a un Oriente de superficies y sin historia.

El menjunje está hecho, además, de la caballerosidad medieval y sus virtudes. Cruzados que viven en abnegación (y castidad), salvando de los malos a las galaxias. No se reprochará a los infantes de los años 70 su embeleso con esta superpotencia masculina (cercana a la prepotencia) que no elude la cortesía e incluso el amor. (Harrison Ford terminaba amando a Carrie Fisher).

Por otra parte, las historias estaban tan embobadas consigo mismas que no era posible tomárselas en serio. Eran cosas de niños. Veinte años después, en 1997, George Lucas reestrenó con gran éxito la saga de las tres películas de La Guerra de las Galaxias, y mandó a hacer el Episodio 1. Se descubrió así que los filmes no han envejecido y que son poseedores de un infantilismo atrozmente indeleble.

Con respecto a La Amenaza Fantasma, el Episodio I, a la alharaca de los fans, de los Estados Unidos, que hacen largas colas durante semanas, y compran boletos de hasta 200 dólares, se añade la de los críticos. El cronista de The New Yorker afirma que La Amenaza fantasma "está podrida de cinismo", y culmina su artículo diciendo: "¿Qué es esto? Mierda. Díganlo en voz alta: mierda".

Las ciudades de los cielos

La amenaza fantasma no da para tanto. Es cierto que es difícil abstraerse de su "marketing cultural". No se trata sólo de que costó 115 millones de dólares, sino de que se sospecha que cada fotograma, suspiro o dundera filosófica que predique, será parte del mercado "galáctico".

Con La amenaza… ni siquiera se sabe si cuartas partes fueron buenas alguna vez. A ese ritmo de reciclamiento, se sospecha que una saga comienza a saber igual, se intuyen los síntomas de cansancio. Sucedió, por ejemplo, con la tercera parte de El Padrino. Los benignos dioses (esos que amparan a las "familias") se han llevado en fecha reciente para sus reinos a Mario Puzo (el guionista de la familia Corleone), sólo semanas después que Coppola anunciara una cuarta parte de El Padrino.

La efectividad y eficiencia de Lucas al frente de Las Galaxias, no tiene que ver con las muecas críticas de los que buscan "arte" según criterios decimonónicos. ¿Podrá buscarse "arte" en Tarzán, Indiana Jones, o El Fantasma? Por supuesto, algunos lo hacen. Pero, si son creadores, se vuelven minoritarios y excesivos (como Robert Altman y su Popeye), y si son críticos, se tornan complacientes abanderados de la nada.

Al ritmo de reciclamiento de La Guerra de las Galaxias, el "arte" es meramente fugaz. Hablaron los modernistas hispanoamericanos, y los simbolistas franceses, de "las ciudades de los cielos". Esas ciudades están ahí, en La amenaza fantasma, corporales, en ocaso y brillo, con multitudes y transportes que flotan, enteramente hiperbólicas, heterogéneas y recicladas.

Pero son sólo ciudades entrevistas. Lucas se distrae mientras tanto con un fatigado argumento que incluye alusiones a (y representaciones de) los Tratados de Libre Comercio, los impuestos, el imperialismo, los sectarismos raciales y culturales, y los discursos nacionalistas, todo embebido de una amniótica agua infantiloide que es preciso saborear - si uno ve el filme-, de la forma más resignada que se pueda.

El reciclamiento perpetuo

La estrategia de mercado de La Amenaza Fantasma, incluye la proposición de que este es el Episodio I de una serie de tres trilogías. Ya se vio, en los setenta y ochenta, la segunda de ellas, ahora Lucas oficia, en el ciclo 1999-2,002 la primera. Se trata, para los conocedores, de la historia de Anakin Skywalker, niño superdotado que al final de La Amenaza Fantasma, quedará esperando su entrenamiento para jedi. Nombre del entrenador: Obi Wan Kenobi (Ewan McGregor).

Lo sorprendente de La Amenaza… es la gratuidad (por no decir la vaciedad) de su argumento. Lord Sidious y su Federación Espacial, bloquean el planeta de los Naboo, en donde reina la princesa Amidala (Natalie Portman). Luego, la Federación agrava los hechos con una invasión al planeta. Con ayuda de los jedis, la princesa huye del planeta, y después retorna, derrotando a los invasores.

Como examen intelectual de procesos políticos, La Amenaza… sugiere que estos están sometidos a oscuros designios. Es desconcertante que en la primera parte del film Qui-Gom Jinn (Liam Neeson) acentúe tanto su pragmatismo político como consejero de Amidala, para luego justificar todo con el descubrimiento del niño genio Skywalker. Los primeros en protestar por este filme deberían ser los consejeros de partidos.

Tal vez sea significativo que Qui Gom Jinn muera al final de la cinta. Se sepulta con él, la buena razón política y se le sustituye por la disciplina monástica de los jedis, quienes siempre tienen la razón. No sabemos por qué, si es el Episodio I, Lucas no explica cómo es que se constituye este Comité Central de Jedis, con un Buró Político tan ortodoxo. Al parecer, los niños que vean La amenaza… deben estar entrenados también en la obediencia. De ausencia de criterios pedagógicos no puede ser acusado Lucas.

Dirá un purista que lo que el director pretende es ir hasta el meollo del asunto, y dejar claro que la historia es la de la lucha del bien y el mal. Esto es, ciertamente, una ligereza en la que La Amenaza… se mueve cómodamente. Hay que ser, sin embargo, un triple fan de la saga para que a uno no se le multipliquen las dudas acerca de los orígenes de tanto poder.

Ese tipo de niño

Un crítico de cine de un importante diario de Managua, confesó, a propósito de La Amenaza…. que él tiene 32 años. Con esto sugería, con muy poca gracia, que tenía 10 cuando el estreno de La Guerra de las Galaxias (1977). La Amenaza… (1999) no lo decepcionó porque lo retrotraía a su infancia. Su argumento, que es el de un trailer clásico, no deja de ser oportuno, si se piensa en lo que la producción de Lucas busca.

Ese tipo de niño lleno de artilugios, carritos, inventos idiotas, robots y sueños de campeonato, quedará más que satisfecho conLa Amenaza….. Anakin Skywalker (niño rubio y mal peinado) le dará el modelo triunfador, meloso y algo cínico. En torno a él, parece alzarse el universo, aunque "las sombras", las partes negativas, desde la óptica de los jedis, lo rodee.

La Amenaza… se desarrolla en torno suyo, convirtiéndolo en una especie de Ben Hur de corta escala. La carrera en el planeta Tatooine, que Skywalker gana, no puede ser más ilustrativa. Con una extrema (casi rimbombante) habilidad visual, Lucas parece aludir de nuevo a los circos romanos que fueron platillo central de los films mamuths de los años cincuenta (entre ellos Ben Hur).

Esa misma fijación en la mentalidad infantil de Skywalker, hace que el argumento se vuelva más liviano de lo que debería. No hay en La amenaza…, aparte de sus indudables valores visuales, habilidad para trascender la superficialidad. No se analiza a fondo el drama de la diferencia (incluida la de los androides) como en Blade Runner. No hay tiempo para elucubrar sobre la filosofía de los jedis (como lo hacía El imperio contra ataca). No hay el frenesí celebratorio e irónico que muestran El quinto elemento o Matrix.

Visualidad y nativismo

Lo que sí logra La Amenaza… es amalgamar los logros visuales de una serie interminable de películas (de Blade Runner a Antz, por ejemplo). No se trata pues, en este caso, de una visualidad que arriesgue búsquedas o las ponga al servicio de intereses argumentales de calidad. Es una visualidad que culmina, heterogénea, consciente de sí, e incluso rayana en la pedantería y complaciente con el gigantismo.

No elude Lucas testimoniar tampoco que las galaxias están llenas de seres extraordinarios y extraños. Jar Jar Brinks, un "nativo" de las profundidades, es, además, chistoso y servil, como el cliché requiere. Al parecer, para Lucas el tiempo no hará sino acentuar las diferencias «hasta que lleguen a ser monstruosas», y las épocas aquellas de la heroicidad masculina blanca regresen.

Todos los "monstruos" de la película hablan mal inglés (y eso es cómico). Monstruos nativos, indígenas que hablan mal inglés. No sabe la 20 Century Fox, si algunos habitantes de Nicaragua se darán por aludidos. Pero en Managua los empresarios de cine fueron precavidos, y programaron La Amenaza… doblada al español en por lo menos cuatro salas.

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