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Pesadillas de fuego en que tu eterea silohueta se destruye entre las llamas del olvido.
Cielo rojo de sangre escarlata que bana las nubes donde tu cuerpo reposa.
Manatial de agua que no sacia mi sed acentuando el acerbo sabor de no beberte.
Melon jugoso que se pudre en la incaminable distancia entre hielos y arenas.
Hombre-deseo que embriagas mi cerebro perdiendome en el laberinto de tu cuerpo.
Playa ardiente que se evapora, arena candente que se adhiere a mi piel transformandome en cristal.
Ahi, perdido, estancado en un punto inerte al centro de mi memoria, vejeto con la esperanza de re-encontrarte.
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