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Según los relatores los factores que merman la participación
y amenazan la continuidad de las tradiciones son: la
migración, la avanzada edad y fallecimiento de los bailadores,
de los músicos de los organizadores (cofrades, mayordomos);
la apatía de las nuevas generaciones y subvaloración
o desconocimiento del valor identitario de este tipo
de expresión por parte de las comunidades y de las autoridades
locales.
Por otra parte, no existen fondos destinados ala renovación
de vestuarios o la compra de instrumental musical para
estos grupos. Faltan iniciativas de talleres para la
transmisión generacional de técnicas de danza o de música
folclórica. En todos los casos, hay mas aspirantes jóvenes
para las plazas de baile que para las de música. El
largo proceso de aprendizaje y un menor papel protagónico
seguramente inciden en esto.

Sin embargo, algunos han tomado distintas medidas para
resolver el relevo generacional que parece ser la única
solución para la supervivencia de sus tradiciones. En
algunos casos, la aplicación de un concepto empresarial
que maneja contrataciones de bailes y venta de instrumentos,
mascaras y productos artesanales, puede ser un incentivo
laboral para los que quieran dedicar mas tiempo a estas
manifestaciones.
Mientras que la expresión juvenil y la comercialización
no atenten contra el substrato ritual de la tradición,
podrán crearse mejores condiciones para la continuidad
y el fortalecimiento del patrimonio inmaterial que en
músicas y danzas, reviven y recrean el pasado y el origen
de nuestra cultura.
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