
Desde tiempos inmemoriales, el hombre siempre ha sentido una gran fascinación cuando, ya puesto el Sol en su lecho de sombras, alzaba la mirada hacia el cielo y descubría esas pequeñas chispas incrustadas en el gran telón de la noche. Las veía así, con admiración y asombro, como permanecían inmutables e indiferentes al transcurrir del tiempo, dibujando el cielo con una lluvia difuminada de escarcha, haciendo soportables las oscuras noches con su belleza, pues, ¿qué sería del hombre sin las estrellas? Probablemente moriría aterrado al no descubrir ningún aliciente en las negras noches, pues sería un infierno vivir bajo un cielo inescrutable.
Las luminarias son pues, poéticamente hablando, los pequeños motores que mantienen encendidas las alma de los hombres. Esta definición no creo que sea suficiente hoy en día, así que examinaremos más a fondo las estrellas, de una manera científica, pero sin por ello atenernos estrictamente a la rigurosa "estrechez de miras " de la ciencia, y dejaremos volar la imaginación libremente de vez en cuando.