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Payasos sin maquillaje: Roger Taylor y su "reivindicativo" single anti Trump

Como parte de un grupo legendario del rock inglés, este batería tiene garantizado su sitio entre los grandes del género. Sin embargo, esta músico se obstina en destruir su legado, en esta ocasión con una canción que denuncia ¡horror de horrores! a Donald Trump, lo que lo convierte en pionero de originalidad y denuncia contra el copetudo presidente dentro de la industria del entretenimiento. Que por favor los miembros de Kiss manden algo de maquillaje a Roger Taylor: le urge una embadurnada de payaso

FEBRERO, 2025. ¿Quién se atrevería a negarlo? Queen es hoy uno de los grupos venerados del rock británico, algo que en su momento se consideraba imposible dado el brutal desdén que el grupo siempre sufrío por parte de la crítica musical. Cuando apareció el álbum  A Night at the Opera en 1976, Kris Nicholson, de Rolling Stone, ni siquiera menciona el tema "Bohemian Rhapsody" incluido ahí pero reconoció que, cuando la propuesta del grupo fallaba, "por lo menos podemos decir que era interesante". Esa fue una crítica benévola, por cierto: durante la década de los 80, la crítica los despedazó y llamó a canciones suyas como "Body Language", "Radio Ga-Ga" y "Under Pressure", "lamentables excesos de una banda en decadencia que no sabe cuándo detenerse". (New Musical Express)

Todo cambió, naturalmente, tras la muerte de Freddie Mercury en 1991 cuando la música de Queen fue revalorada. Pero créanos, amigos lectores: en su momento de mayor auge, los años 70, Queen era considerado un mal chiste dentro del circuito del rock.

Tremenda ironía y el giro que suele dar la vida: 34 años después de la desaparición física del gran Freddie Mercury, el grupo, más específicamente su batería Roger Taylor, ha pasado él mismo a convertirse en un chascarrillo mal contado que anhela ser tomado en serio.

En tal sentido no le le va muy a la saga su guitarra Brian May, quien recientemente dijo que no realizaría giras en Estados Unidos debido a que era un país "muy peligroso... ya no es lo que era", cuando lo mismo pudo haber dicho respecto a la Gran Bretaña, específicamente Londres, donde radica May, pues el robo de celulares aumentó un 3 mil por ciento desde el 2020 y el peligro de ser asaltado por la noche es mucho mayor que en los años de la Inglaterra victoriana. Pero centrémonos en esta ocasión en Roger Taylor, el batería de Queen, no el guitarra de Duran Duran, llamado igual.

Como solemos hacerlo cuando hablamos de gente talentosa que se pone a decir (o en este caso, a grabar) idioteces y pasan a convertirse ellos mismos en payasos sin maquillaje, es menester reconocer que Roger Taylor es no solo uno de los mejores baterías del rock inglés sino un multiinstrumentalista talentoso que además es autor de una de las canciones más sarcásticas jamás grabadas en el mundo del rock y titulada "I'm In Love With My Car", incluida en A Night at the Opera. Una de sus líneas es simplemente brutal: "ella me armó un escándalo/y me dijo que esto era el final/preferí comprarme un nuevo carburador". Ah, que tiempos en los que los músicos de rock escribían letras como éstas.

Hace unos días Roger Taylor puso a la venta un nuevo sencillo, el primero en cinco años, el cual lleva el título de "Chumps", adjetivo que en Gran Bretaña se utiliza para referirse a los tontos y a los ingenuos. ¿Y adivinen ustedes, amabilísimos lectores de fasenlinea, a quién va dedicada la canción? A ver, a ver, chéquense las tres últimas letras de la palabra CHUMP y a ver con qué riman. Si aún no han adivinado, se los revelamos: ¡a Donald Trump!".

¿Qué ingenio el de Roger Taylor, francamente!

Además de advertirnos que el mandatario norteamericano es un peligro para la libertad (algo que a nadie más se le ha ocurrido denunciar ni mencionar, ya no digamos grabar en una canción). Taylor igualmente enciende las luces de alarma cuando llama a Trump/Chump "un hombre calamitoso,una catástrofe/sin un solo rastro de mesura/una concha vacía..." ¡Qué asombroso, señor Taylor, está usted utilizando tantos adjetivos certerísimos, quemantes, que sonrojarían al mismísimo Robert de Niro cuando se refiere a Trump.

La página Mariskal Rock llama a este single "una canción reivindicativa y sin pelos en la lengua..." Que asombroso, cómo se le ocurren a Roger Taylor y a los críticos que como focas aplauden este single, adjetivos tan ingeniosos, tan novedosos, y que a nadie más se le ha ocurrido emplear para referirse a Trump.

Atacar a Trump con puros adjetivos se ha convertido en la labor más sencilla empleada en las redes sociales: si no te cae bien el cabrón, si te caga la madre lo que diga o haga Trump, suéltale todos los adjetivos que se te ocurran, incluso vuélate la barda con el flamantísimo adjetivo de "nazi" y te convertirás en trending topic de las redes.

La verdad, a menos que le tengas un odio patológico y digno de caso clínico a Donald Trump --evidencia, como lo advirtió Jordan Peterson, de padecer traumas emocionales más serios y en los que Trump es un mero pararrayos-- cuesta trabajo encontrar el argumento por el cual alguien pueda referirse a este tema de "Chump" como "reivindicativo y sin pelos en la lengua", cuando vemos cómo la izquierda le endilga a Trump un "fuck you" prácticamente cada segundo.

No, señor Taylor, no se limite a la adjetivación pedorra en sus letras, eso cualquiera lo hace: queremos que nos diga, sin pelos en la lengua pero sí en la mano a modo de evidencia, por qué Donald Trump es "una concha vacía". ¡Pruebas, señor Taylor! Y si no las tiene, por lo menos recurra al sarcasmo que empleó en varios de sus disco solistas. Si su "máxima reivindicación" en su single es gritar, con la voz emputada, que Trump es "una catástrofe" sin aportar una sola prueba de ello, preferiblemente guárdese sus cancioncitas y (qué terrible decir esto en torno a alguien que deleitó nuestra adolescencia con su música!) hágaselas rollito.

Lo que en realidad es una "concha vacía" es Queen con Adam Lambert en vocales. Paul Rodgers ocupó por un tiempo el (gigantesco) hueco dejado por Freddie Mercury. Y no lo hizo tan mal, francamente, pero con Lambert, lo que tenemos en Queen es hoy un ridículo remedo, una prueba fehaciente de que los grandes grupos, con los Beatles a la cabeza, lo mejor que pueden hacer es anunciar al mundo que, sin su líder, hay que ponerse a trabajar en otros proyectos (y sí, sabemos que el cuarteto escarabajo "regresó" con algunos singles, pero siempre con la voz de John Lennon).

Cuando Freddie Mercury abandonó este mundo, el bajista John Deacon hizo precisamente eso; sabía que Mercury era irremplazable y optó por el retiro. En su momento se le criticó pero a la distancia del tiempo queda claro que Deacon (autor de "You're My Best Friend", "I Want to Break Free" y "Another One Bites the Dust", cuatro de los hits más grandes del cuarteto, para darnos una idea de lo talentoso que es este músico) hizo lo correcto y en vez de hacerle al tonto como sus excompañeros, sigue cobrando sus merecidas, generosas regalías, con su reputación intacta y sin temor a hacer el ridículo.

Queen sin Freddie Mercury es el equivalente a visitar la playa y no meterse al agua. Bien por John Deacon: puso fin a su carrera como músico de primera línea, y no como un payaso sin maquillaje... que es el caso de Roger Taylor. Sospechamos que el chump, en esta historia, es otro.

 

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