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La irrealidad virtual de las redes sociales

Se consideraba que Antanas Mockus daría un empate técnico en la primera vuelta de las pasadas elecciones colombianas pero al final quedó lejos, muy lejos, y sus simpatizantes terminaron por esfumarse. Este fenómeno hay que achacarlo a la irrealidad-real-virtual de quienes se mueven en las redes sociales y cuya importancia electoral se muestra sobreestimada

JUNI0, 2010. La mayor sorpresa en la tarde de ese domingo no la dio la ventaja del candidato oficialista José Manuel Santos, que rebasó el porcentaje del 42 por ciento pronosticado en las estadísticas y en cambio obtuvo un 46.5 por ciento. Lo que dejó atónitos a los analistas colombianos fue que su contrincante, el ex alcalde de Bogotá Antanas Mockus, recibió apenas un 21 por ciento de los votos, cifra muy lejana a lo que se esperaba sería un "empate técnico" del 42-40. Y aunque Santos no alcanzó el 50 por ciento necesario para declararse triunfador, se ve difícil que Mockus remonte una desventaja de casi el doble para la segunda vuelta que se se efectuará el próximo 21 de junio.

La pregunta aún resuena: ¿qué ocurrió, por qué las cifras de Mockus que daban las encuestas no se dieron en las urnas? Porque quizá jamás existieron más allá de las "redes sociales" representadas en Twitter y Facebook, donde el apoyo a Mockus era abrumador: de hecho, varias encuestadoras reconocieron haber "sondeado" la red y concluyeron que el candidato de unidad podría conseguir el triunfo en la primera vuelta dado el respaldo de los jóvenes que realizaban labor proselitista en estos sitios. Lo que aún falta por aclarar es qué sucedió con ese margen de 24.5 por ciento de encuestados que manifestaron simpatías por Mockus pero se esfumaron el día de las elecciones. ¿En verdad eran reales, los inventaron las encuestadoras o sólo fueron un wishful thinking del equipo de campaña de Mockus?

Hubo otro motivo: se cree que Facebook y otras redes sociales fueron decisivas en el triunfo de Barack Obama debido a su convocatoria y activismo en favor del hoy presidente. Pero la diferencia entre éste y John McCain fue de apenas 6 puntos porcentuales, algo que estaba lejos de representar una victoria holgada. En realidad, el triunfo se debió a que millones de norteamericanos que jamás han visitado Facebook ya estaban cansados de dos gobiernos republicanos incompetentes y deseaban un cambio de timón. El error de los seguidores de Mockus en Internet fue querer reproducir en Colombia este fenómeno pro Obama frecuentemente malinterpretado.

Al igual que en casi toda América latina, la red en Colombia ha sido copada por jóvenes de clase media-media baja que en vez de emplear el tiempo en consultar información valiosa o visitar páginas interactivas donde aprenderían más que en sus aburridos libros de texto, intercambian mensajitos, publican sus hábitos y aficiones en Facebook --al cual el columnista Juan Carlos Hidalgo llama "el peor y tan grande como inútil homenaje al ego construido en bytes--, chatean por horas sin ningún objetivo específico y se toman fotos frente a un espejo para luego distribuirlas entre sus amigos. 

Los más grandecitos asumen cierta conciencia política que va desde el anarquismo hasta el izquierdismo ecológico-idealista. Pero al final, como establece la columnista Gina Montaner, " (L)o que abunda en la red es una legión de ociosos que se pasa el bendito día en la cháchara sin ruido que es Internet. Sólo hay que ver las horas que requiere colocar en Facebook las fotos del último sarao o el penúltimo cumpleaños, a la espera de que los 'amigos' respondan y añadan más fotografías y comentarios de esto y aquello. Una cadena infinita con horario continuo de 7-Eleven que puede acabar con lo que queda de la productividad de Occidente".

Lo que pasó en Colombia, pues, fue que la realidad virtual donde Antonas Mockus estaba a unos centímetros de la presidencia de la República no pudo distinguirse de la realidad-real, con disculpas a Perogrullo la cual establece, entre otras cosas, que un mandatario con alto nivel de popularidad, como es el caso de Álvaro Uribe, hereda al correligionario que quiera sucederlo un alto porcentaje de votos de inercia. Dicho de otro modo, los simpatizantes de Mockus en la red intercambiaron opiniones únicamente entre ellos por lo que el veredicto fue unánime aunque en el fondo se tratara de una farsa que flotaba en el ciberespacio; hace décadas, por lo menos, los activistas de un candidato realizaban volanteo en las calles, el cual resulta más efectivo que el "ser amigo" en Facebook. Lo irónico es que los grandes medios y las encuestadores más importantes se creyeron el cuentecillo, lo que comprobaría que en vez más que, en vez de reportear e investigar, sólo encienden una computadora, entran en línea, recopilan datos y redactan la nota.

Todo ello deja en claro que las "redes sociales" han sido bastante sobreestimadas al momento de querer emplearlas como promotoras políticas.

Lo bueno es que pese a contar con simpatías entre la comunidad académica colombiana y de varias universidades europeas, Mockus no caminaba por la misma línea de otros personajes mesiánicos como Umalla Ollanta en el Perú y Andrés López en México. Si bien hizo varias gracejadas que incluyeron bajarse los pantalones durante una conferencia y pintarse como clown, lo cierto es que su programa económico apenas y proponía cambios al que actualmente existe en el país. A Mockus se debe la notable transformación en el rostro de la capital Bogotá y la reducción de los niveles de criminalidad gracias a un programa de reestructuración policiaca. Sin embargo en las regiones más apartadas hasta hace poco sometidas por la guerrilla persiste el concepto de que Santos, quien fuera ministro de Defensa, mantendrá la tarea del presidente Uribe. A esos departamentos, como les llaman allá, el nombre de Antanas Mockus no les dice gran cosa.

Curiosamente, no han sido estas redes las que produjeron las mayores movilizaciones políticas. Cuando el Internet aún se encontraba confinado a los campus universitarios el correo electrónico y los foros de discusión lograron dar enorme difusión al libro No Logo, de una tal Naomi Klein. Fue así como el libro alcanzó un estatus de culto y más tarde, también con ayuda del e-mail, en Biblia del movimiento globalifóbico que recibió atención mundial durante los disturbios de Seattle en 1999. Las "redes sociales" están a años luz de lograr aglutinar un movimiento similar; del mismo modo en que los "globalifóbicos" difícilmente podrían aumentar su presencia en Facebook y Twitter a través de mensajes incendiarios. Paradójicamente estas redes hoy son más heterogéneas que hace una década por lo que el mensaje se diluye entre un mar de notas, fotografías y comentarios insulsos.

La lección de Mockus sin duda hará recapacitar sobre la influencia e importancia de les "redes sociales", aunque hará falta otra elección presidencial para confirmarlo. O una segunda vuelta, inminente en Colombia.

 

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