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Encuentros jalados de un tipo cada vez peor Qué lastimosa es la decadencia de una leyenda que nos trajo tantos momentos brillantes en la historia del cine. Disclosure Day está lejos de ser una película infumable de Steven Spielberg, pero encaja fácilmente como payasada, anacrónica, donde todo pudo haberse resuelto con un click en WeTransfer para enviar un documento a su destinatario sin necesidad de tanta persecución idiota. Cuesta muchísimo hacernos a la idea de que este es el mismo director que nos trajo Rescatando al Soldado Ryan, ET e Indiana Jones, entre otras joyas. ¿Cómo fue que este cineasta aceptó desarrollar guiones tan chafas como éste?
Disclosure Day
Quizá nos sentimos un poco ofendidos
con este tipo de propuestas, pero al sentirte ofendido, tiendes a
reforzar tus convicciones religiosas. Spielberg y Hollywood se
sienten sobrados de sí mismos, asquerosamente sobrevalorados.
Vamos primero al argumento, por cierto saturado de referencias
bíblicas que más tarde serán ridiculizadas por alguien que en algún
momento nos deleitó con la búsqueda del Santo Grial: nos encontramos
a milímetros de una tercera guerra mundial (gracias a Trump,
suponemos). La lectora del clima Margaret Fairchild (Emily Blunt) se
asoma por la ventana de su casa y ve a un pájaro cardenal (primera
referencia bíblica) tras lo cual la chica comienza a desarrollar
poderes psíquicos que le permiten desarrollar la intuición a niveles
sobrenaturales, así como expresarse en lenguas que Margaret nunca
antes había estudiado (segunda referencia bíblica). Por lo menos una cuarta parte de la película se desperdicia en persecuciones donde los villanos son increíblemente tontos, incapaces, por ejemplo, de utilizar dones para perseguirlos a través de un GPS. De hecho, y a no ser porque en varias escenas los personajes utilizan teléfonos celulares, cualquiera diría que esta cinta es un thriller filmado en los años 80. Para un cineasta como Spielberg, tan conocido por su obsesión con los detalles (algo que compartía con Stanley Kubrick) tales inconsistencias son imperdonables.
Los villanos, como ya dijimos, son asombrosamente
estúpidos: cuando finalmente se encuentran frente a frente con
Daniel y Margaret y a quienes han perseguido salvajemente, les
sueltan una letanía acerca de sus planes malévolos. ¿Entonces para
qué carajos estuvieron disparándoles mientras los perseguían, acaso
lo único que querían era poncharles las llantas? Poco más tarde nos enteramos que, cuando era niña, Margaret y Margaret fueron abducidos fpor los extraterrestres, y cuando aproximan sus manos ¡adivina adivinador qué hace Spielberg! ¡Junta los dedos de ambos como si fuera el famoso mural La Creación de Adán, de Miguel Ángel! Motivo suficiente. agregaríamos, para que millones de cristianos en todo el comiencen a repensar sus convicciones religiosas Al señor Spielberg le urge un update a su disco duro: lo que hoy empuja la información y constituye su principal fuente son las redes sociales, no las televisoras tradicionales que desde hace buen rato dejaron de tener credibilidad y televidentes, modo elegante de llamarles obsoletas. Este cineasta se quedó atrapado en los años del Watergate cuando The Washington Post aún podía ser considerado un medio serio.
A ello se añade otro factor: si la
información que Daniel se robó es ultrasecreta, capaz incluso de
hacer caer a un gobierno, ¿por qué no encriptarla, subirla a una
nube y listo? Hasta dan ganas de enviar a Spielberg y al guionista
David Koepp --el mismo que escribió la
última
porquería de Indiana Jones-- un link donde
pueden transferirse archivos pesados (yo prefiero We Transfer, pese
a sus mensajes woke que nadie pela). Con todo, vale resaltar la actuación de Blunt, la única que le echa kilos a su rol y trabaja al máximo con lo que puede en una película mediocre, trabajada a medias, tediosa y leenta, lentísima... La química de Blunt y O'Connor es nula; Colin Firth, ganador del Óscar por su participación en El Discurso del Rey, se asemeja más a un villano tipo Boris Malosnov que alguien al frente de uno de los corporativos más poderosos y corruptos del mundo. Es lamentable presenciar cómo uno de los mejores directores de la historia se hunde en la mediocridad por gusto propio y no porque se vea a obligado a aceptar lo que le caiga en sus manos para no morirse de hambre.
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