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ANÁLISIS COMENTARIO Y DEMÁS |
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Y DEMÁS/Guerra Fría
Dean Reed, el Elvis rojo Tras no conseguir la fama como estrella de rock and roll en su país natal lo hizo en el otrora bloque oriental. La historia de Dean Reed, un ídolo prefabricado por la tijera soviética. Ya Tom Hanks prepara una cinta sobre su vida DICIEMBRE, 2007. La relación entre el apellido Reed y la URSS muestra una curiosidad histórica. Sabemos de John Reed, un periodista norteamericano que al poco tiempo de cubrir la revolución mexicana viajó hacia donde se desarrollaba otra revolución, la rusa, de la cual quedó prendado, al punto que Reed es el único norteamericano enterrado en la Plaza Roja. Parte de su vida ya fue resumida en el cine, mediante una película más bien mediocre, titulada Reds, dirigida por Warren Beatty. El otro personaje apapachado por los jerarcas soviéticos también se apellidaba Reed y era un cantante de rock. De principio, la idea parece un oxymoron: ¿que acaso las autoridades del desaparecido bloque oriental no calificaban a ese género musical como "expresión burguesa", bloqueaban las ondas de radio procedentes de Europa Oriental que transmitían esas canciones e incluso prohibían a los miembros del Partido escuchar a Bob Dylan? Es decir, ¿que no se nos ha dicho que la URSS y sus satélites consideraban "subversivo" al rock y a sus intérpretes? La sencilla razón es que Dean Reed no era un "subversivo". Se trataba de un ciudadano estadounidense que por casi dos décadas sirvió como títere del socialismo soviético y quien, hundido en una enorme depresión, terminó con su vida en 1985, apenas cuatro años antes que el bloque al que tanto había admirado le siguiera en ese destino. Fue un intento, por demás surrealista --carta de presentación, por cierto, de lo que representaba la URSS-- de crear su propio "rock star" que en lugar de cantar sobre chicas y autos lo hacía sobre el proletariado y el socialismo. El bloque comunista jamás supo encontrar el modo de seducir a los jóvenes de modo que Reed se convirtió en algo así como un "Elvis rojo" y que vendría a fallecer de una manera irónicamente parecida. Dean Reed nació en Colorado en una familia de ideas liberales, pero no radicales. Prueba de ello es que el joven Reed no se interesó en cantautores de izquierda como Woody Guthrie, sino en Elvis Presley, algo que lo inspiró a buscar una carrera como cantante profesional. En 1958 consiguió un contrato discográfico con una pequeña firma pero el álbum no llegó muy lejos en ventas. El siguiente objetivo de Reed fue Hollywood donde tampoco consiguió nada. Pero fue en Hollywood donde Reed conoció a Paton Price, quien publicaba un panfleto de corte estalinista que circulaba en el sur de California. Fue Price quien lo indujo a la retórica izquierdista y al marxismo: si había fallado en sus aspiraciones, concluyó Reed, se debió a un sistema injusto que privilegia el lucro. Semejantes ideas no le iban a ayudar a conseguir un contrato discográfico de manera que al poco tiempo se marchó a Sudamérica, que por entonces se antojaba como el siguiente objetivo geográfico tras la revolución cubana. La primera escala fue Chile, y de ahí a Argentina. Luego de grabar su primer material para una minidisquera, Reed adquirió estatus de superestrella, digamos, "progre": cantaba en inglés pero su mensaje era el mismo de los cantautores que proferían loas al castrismo. Sus convicciones se fueron haciendo más profundas al punto que comenzó a opinar sobre política interna y las miserables condiciones en que vivían los habitantes de la periferia en Buenos Aires. No pasó mucho para que el gobierno argentino lo expulsara. Reed se marchó entonces a Italia. Fue ahí donde Reed realizó un par de incursiones fílmicas. Eran tiempos en que el gobierno de ese país impulsaba a la industria del cine --la época coincidía con los spaghetti westerns--, algo que Reed aprovechó aunque no tardó en desilusionarse al ver cómo la crítica no bajó esas películas de ser bodrios. Hacia la URSS Al igual que lo hace la izquierda actual, el discurso de Reed acusaba al imperialismo de la pobreza mundial, la guerra en Vietnam y, claro, a la CIA. La idea de convertirse en estrella pop y al mismo tiempo clamar por la lucha de clases se antojaba descabellado, menos en la Unión Soviética, donde un prospecto así se antojaba como elemento ideal para contrarrestar la influencia de Elvis, los Rolling Stones, los Beatles y el resto de esa "burguesía disfrazada de rebelión", como la llegó a llamar Pravda. Lo paradójico era que el Kremlin había incluso prohibido la promoción de gente como Woody Guthrie y Pete Seeger, quienes llegaron a manifestar su apoyo a la revolución rusa. Como sea, el Ministerio de Cultura invitó a Reed, con varias ventajas, por cierto: sería el único artista pop, para decirlo de algún modo, autorizado a presentarse en conciertos masivos y aparte tendría una disquera a su disposición, ello sin olvidar un mercado controlado. La única condición era cantar letras que promovieran el ideal socialista. No extraña, por tanto, que el primer disco de Reed se vendiera bastante bien, esto es, hasta que, hubo una depuración en el Ministerio y el cantante decidió entonces emigrar a Alemania Oriental. En ese país le fue todavía mejor. La proximidad con la República Federal permitía a los jóvenes sintonizar la radio con canciones de rock and roll, de modo que la manera de contener la ola resultaba aún más difícil. Reed recibió enorme promoción a través de la disquera oficial Amiga (así, en español) y llenó decenas de sitios, entre ellos la hoy desaparecida Karl Marx Platz, en el lado oriental de Berlín. En cierta manera Reed había logrado su sueño si bien con letras expresamente indicadas. Las autoridades de la RDA llegaron a afirmar que el éxito de Reed reflejaba "los ideales de una juventud dedicada a cultivar el socialismo", aunque la verdad era menos romántica: el de Colorado tocaba rock and roll en inglés, y si se trataba del único autorizado en hacerlo, los fans del género acudirían a verlo aunque cantara frase huecas y demagógicas. También filmó otro par de películas igualmente malas. La diferencia es que ahora contaba con un público cautivo. Poco después le fue otorgado el Premio Komsomol Lenin. Mike Wallace, conductor del programa 60 minutes lo entrevistó en 1985. Ahí, Reed repitió como merolico el mismo discurso que los simpatizantes de la URSS propalaban al justificar la invasión a Afganistán y al Muro de Berlín de cual dijo "era un repelente para que no entraran los enemigos, más que para que salieran sus habitantes". Los estudios recibieron miles de cartas de televidentes que protestaron a lo que Reed prefirió quedarse callado. En vez de eso regresó a Alemania Oriental para participar en una película oficial que trataba sobre los indios norteamericanos, a los cuales el bloque oriental siempre trató de cooptarlos, sin éxito. Lo que terminó con la carrera de Reed fue el glasnost, aquél intento de "apertura" de Mijail Gorbachov, y con el una tibia competencia que resultó letal para el cantante. El rock dejó de ser visto como subversivo, lo que permitió la discreta importación de discos de rock occidentales; ya con competencia --y al comprobar que Reed era un remedo, más que otra cosa-- comenzó a perder fanáticos. Más aún, el subsidio que recibía por parte del estado le fue cortado. Su ánimo se fue al suelo tras el divorcio con su tercera esposa, de origen estealemán. A las pocas semanas Reed consumió una píldora para dormir y se arrojó a un lago, donde se cuerpo fue encontrado dos días después. Para el gobierno de la RDA, mentiroso hasta el final, se había tratado de "un accidente". En la actualidad, y casi dos décadas después de la caída del Muro, el legado musical de Reed es prácticamente nulo, ya no digamos en Estados Unidos sino en el bloque oriental. Una razón se debe, aparte de portarse como corderito ante un régimen autoritario, a que era un cantante sin voz propia. Su destino es igual al de esos grupos chiclebomba tan célebres como intrascendentes. La diferencia estaba en el patrón. © copyright, Derechos Reservados, 2007 |
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¿Desea opinar sobre este texto? ______________________________________________________________________ 2 comentarios bedefgede escribe 23.12.07 ME DISGUSTO EL TONO BURLON QUE HACEN DE DEAN REED, UN ARTISTA COMPLETO QUE SE NEGÓ A SEGUIR LAS REGLAS QUE LA INDUSTRIA GRINGA DEL ENTRETENIMIENTO LE OFRECIA Y PREFIRIO IRSE A OTRA PARTE DONDE PUDO DESARROLLAR SU CREATIVIDAD. DICEN USTEDES QUE ERA UN REHEN DE LOS GOBIERNOS COMUNISTAS ¿Y QUE OTRA COSA ERA ELVIS SINO UN PELELE DE LAS DISCOGRAFICAS QUE TERMINARON POR MATARLO? ESTOY SEGURO QUE EN EL FUTURO LA MEMORIA DE REED SERA RESCATADA COMO OCURRIO CON LA IMAGEN DE OTROS GENIOS DEL CANTO PROGRESIVO EN GRINGOLANDIA COMO WOODY GUTHRIE, CUYA GUITARRA LLEVABA LA FRASE ESTA MÁQUINA MATA FASCISTAS.
corleone_ferrucci escribe 18.12.07
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