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Más
allá de la discusión acerca de si se trata de un genio, un
trasgresor, un símbolo, una víctima de la sociedad, un
destructor de valores establecidos o apenas un
personaje modelado por el “stablishment” para
consumo mediático, lo cierto es que la figura de Charly,
con cada una de sus actitudes, las del artista y las del
personaje, desde entonces hasta hoy, ha sido la respuesta
(desde todos los ángulos de observación) de cómo se es
joven en la Argentina. Sin que él se lo haya propuesto, ha
estado en el centro de todas las contradicciones. Para los
que lo aman, un ídolo; para los padres, un mal ejemplo. Y
un espejo (roto o sano) para: los incomprendidos, los
espirituales, los que todo les da lo mismo, los que todo lo
cuestionan, los superficiales, los pos-modernos, los
románticos, los escépticos, los optimistas, los tristes,
los divertidos, los ángeles, los demonios, los que van en
avión y los que van en tren. SNM
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