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Viernes 30 de marzo.
Germán Dehesa
La hospitalaria noche
Me encanta la noche. Ya lo habré dicho, pero viene a cuento otra vez: muy sintéticamente, Goethe definía al anochecer diciendo, "Lo cercano se aleja". Para mí, lo cercano son los límites y éstos se borran cuando llega la noche y puedo vivir la sensación de estar en cualquier parte. En realidad, estoy en Monterrey en casa de Elvira Lozano de Todd y del Dr. Luis E. Todd. Miembros muy distinguidos de la sociedad regia se han reunido para agasajar a Guadalupe Loaeza quien, a falta de uno, ha presentado tres libros en ese hermoso lugar que es la recién restaurada Pinacoteca de Nuevo León. Está con nosotros Don Natividad González Parás, Gobernador del Estado, Reyes Tamez su flamante Secretario de Educación estatal, el propio Dr. Todd que es figura muy señalada en la ciencia y la tecnología y Elvira, nuestra anfitriona, que como buena mujer moderna se desdobla en infinitos papeles que la llevan a dirigir la Pinacoteca y a supervisar la cocina de su casa y a las otras mil tareas que las indómitas féminas cumplen actualmente. Curiosamente, yo me sentía en familia, sin necesidad de fingir nada, ni de parecer inteligente, o informado, o punzante, o nada. Yo mansamente me dejaba llevar por las aguas de la noche y, dado que los límites se borran, visité mil noches de mi vida y asistí al bien dormir de mis hijos, a la tranquilidad de mis amigos, a la paz de las casas que me son propicias.
Divagué deliciosamente. Estuve en esas bélicas noches de mi infancia en las que mi madre entraba en calidad de tormenta tropical a mi habitación (¿por qué no llamaba a la puerta?, pues porque en esos tiempos no se estilaba) y sin más averiguación, me apagaba la luz que permitía mi lectura y ella salía y yo volvía a prenderla y ella regresaba y así nos la llevábamos con D'Artagnan francamente pispiojo por tanto cambio de iluminación. Y asistí a mi noche de bodas con mi exposa que transcurrió en elegante hotel capitalino. La Tatcher tenía uno de sus internacionalmente famosos ataques de tos y se presentó al tálamo nupcial con un frasco de expectorante tamaño caguama. Yo intentaba alguno de mis justamente famosos juegos de seducción y ella respondía ¡brough, brough, rogrosh! y no ¡cof, cof, cof!, como las chicas bien de las tiras cómicas. Para nada. La Tatcher tosía como Dóberman y con esto me desconcertaba grandemente y dejaba el fuego de mi pasión en calidad de hielitos Iglú. Entonces ella decidía tomar la iniciativa y me decía: Germaghghgh ¿ereshin feligggshinya me volvió a agarrarghghghg!. Ella se iba sobre la caguama y yo me sentía entre baboso y mamón con mi pijama brillosita que, según el vendedor, era color "midnight blue". Ciertamente no fue mi gran noche, pero recuerdo con gran ternura a La Tatcher que se quedó dormida abrazando su frascote de expectorante.
Tantas noches que el recuerdo ilumina con la alegría y con la pena que también es luminiscente. Viruta, un pequeño y pálido promontorio en una tienda de oxígeno porque -lealtad materna- se estaba ahogando de tos. Una noche en Coatzacoalcos florecida de esperanza. Andrés con rotavirus. Mi padre muerto. Mis noches en Tlacotalpan. Mi nocturna fiesta de 50 años en Coatepec con una mujer que aceptó lanzarse al vacío conmigo siempre y cuando no consumáramos en el trayecto. Tantas fiestas, tantas flores, tantos amores, tantos compases de espera, tantas noches y todas, por conjuro regiomontano, convergían en una noche presidida por la feliz sonrisa de una insensata mujer que se había aventado tres libros de un jalón.
Ahora ya he regresado a mi pétrea y florida casa. Escribo en la tarde y vivo en espera de otra noche que sea todas las noches.
HOY TOCA.
¿QUÉ TAL DURMIÓ? MXIII (1013)
ARTURO MONTIEL ROJAS.
Jueves 29 de marzo.
Germán Dehesa
Con ustedes: ¡Los cuchos!
Yo tengo lepra y a la Rosachiva le aqueja una enfermedad extrañísima que se llama "síndrome del Bofo" que le impide casi totalmente el funcionamiento de su agraciada pierna derecha. El milagro mexicano es que aquí estemos los dos talachando intensamente en nuestro loco afán por corretear el tibón.
Hace unos días, desperté y descubrí que tenía yo la panza roja y descarapelada cual trasero de mandril. Ese mismo enrojecimiento invadía mis piernas que, además, tenían un grosor cual si fueran esos cilindros carnosos que lucen las señoras españolas cuando entran en fase morsa. Una cosa espantosa. Desde ese día aciago y hasta hoy, he estado en estrecha comunicación con el doctor Alberto Palacios que es mi jefe de mantenimiento. Ya me recibió, ya me escrutó y ya dio un preocupante diagnóstico: ¿qué tengo, doctor?.. Sepa. Oír esto de parte del hombre en quien has depositado toda tu confianza es algo aniquilante: ¿cómo que "sepa"? Pues sí, tienes que ver a una dermatóloga; ahora mismo te doy el teléfono; vas con ella y luego hablamos, o podemos hacer una interconsulta. Vencido y con el alma amargada, sin esperanza y hastiado de la vida, así, en franco plan de tango llegador, abandoné las instalaciones de mi clínico en jefe.
Hablé al consultorio de la dermatóloga. Muy mexicanamente me dijeron que la doctora Rash no tenía citas hasta el 2021, pero que estaba su ayudante, la doctora Prurito que tampoco tenía citas hasta el 2015, pero que estaba su ayudante la doctora Tabardillo que tampoco tenía citas, pero que podía "hacerme un huequito". ¿Además del ombligo?, pregunté, pero la señorita no disfrutaba de los deliquios del humor. Se lo hago, o no se lo hago. Claro que me lo hace, ¡oh, noble operadora de Hipócrates! ¿Puede venir hoy a partir de las 18:30? Por supuesto que puedo. Con toda puntualidad, me presenté. Me hicieron mi huequito. La doctora Tabardillo fue paciente y cuidadosa. En su diagnóstico me habló de una alergia producida por los medicamentos que cotidianamente ingiero; decidimos quitar algunos, aunque ella me recetó otros.
Algunos días pasaron y yo no percibía una mejoría notable. Por milagrosas razones me habló la doctora Prurito que me recetó un nuevo medicamento y me dijo que me iba a hacer un huequito. De nuevo al hospital. La doctora Prurito es un encanto, aunque me salió con que mejor comenzáramos desde cero. Me tomó una biopsia, puso al teléfono a mi Dr. en jefe y, habiendo percibido mi indigencia neuronal, me hizo una receta de 40 páginas sobradas que incluye instrucciones para despertar y ¿qué hacer en caso de ataque de tapir? Muy prolija.
Después de la ruinosa compra de mis nuevas medicinas, he iniciado mi segundo tratamiento. Espero que me vaya mejor porque no quiero convertirme en la roncha humana. Estando tan lleno de alarmas y malos presagios, se presenta la Rosachiva arrastrando la pata y lista también para caer en garras de los galenos. Ya fue, ya volvió y todo indica que mi bella auxiliar trae una severa tendinitis producida, según el doctor, por exceso de erotismo.
Por esto o por aquello, pero este equipo se ha quedado cucho. Esto es lo que nos ha impedido comentar el puntadón que se aventó la ALDF al darle carpetazo y dar por cerrado el asunto de los dineros del segundo piso y el blindaje que le pusieron alrededor para que nadie tenga acceso a la información. Del mismo modo no hemos podido adentrarnos en el gustado tema de la "justicia" que se pretende aplicar por lo de Pasta de Conchos anunciando la futura e hipotética aprehensión de seis funcionarios de la empresa y ninguno de la Secretaría del Trabajo.
Por lo pronto, me voy a Monterrey a ver si me alivio. Le deseo lo mismo a mi amada Rosachiva. Los Cuchos.
¿Qué tal durmió? MXII (1012)
ARTURO y Maude MONTIEL ROJAS.
Miércoles 28 de marzo
Germán Dehesa
La dicha es mucha
La dicha es mucha en la lucha. No sé si así lo canten, ni siquiera sé si lo cantan, pero este ímpetu de armar borlote por el puro gusto de armarlo, suele encontrarse en el ánimo de todos esos adultos haraganes y de jóvenes hipercalientes que, en cuanto escuchan palabras como "manifestación", "huelga", "resistencia civil", o "paro nacional" se manifiestan en contra como verdaderos orates, aunque no sepan quién, ni para qué esté convocando a las masas. Trátese de lo que se trate, ellos se alistan y de inmediato surge el ancestral grito siempre puesto al día: "¡Felipe, entiende/ el pueblo no se vende!". Es tan sintética la proclama que no alcanzamos a saber quién quiere comprar al pueblo, cuánto da y por qué el pueblo no quiere cerrar el trato. Todo esto lo tiene que entender Felipe, porque nosotros ni aunque quisiéramos entenderíamos nada.
La dicha es mucha en la lucha. No hace mucho nos tocó vivir y ver los desfiguros de nuestros legisladores en torno a la llamada "Ley Televisa". Los había a favor, los había en contra y los había neutrales. Las discusiones que se suscitaron fueron cálidas, apasionadas y, por momentos, irreductibles en sus planteamientos. El jarabe de pico amenazaba con inundar San Lázaro. Esta ley no es poca cosa; está científicamente diseñada para que nuestro futuro en las telecomunicaciones sea propiedad exclusiva de Televisa y por aquí llegamos al meollo de la actividad legislativa y de los poderes que previamente la gobiernan. Televisa ya tenía en el bolsillo a los suficientes legisladores para que su ley fuera adelante. Las arrebatadas discusiones eran puros rounds de sombra y cuetitos chinos. Tan lo eran, que la gran mayoría de los "apasionados polemistas" ni siquiera habían leído en detalle esa ley que supuestamente tanto les importaba. Demasiados flojos y demasiados hocicones: éste es uno de nuestros mayores males. Los que discutían con tal vehemencia la Ley Televisa no eran apasionados defensores de la voluntad popular, eran seres convencidos de que es mejor dormir en la casa que en la curul y de que la dicha es mucha en la lucha.
Vengamos ahora a estos días sacudidos por las reformas a la ley del ISSSTE. Los trabajadores y los no tan trabajadores han decidido lanzarse a las calles para impedir a toda costa que se apruebe esta reforma que, de todas maneras, va a quedar aprobada. Nada más lejos de mi espíritu que pretender discutir el derecho de los individuos a manifestarse a favor o en contra de tal o cual convicción. Lo que sí me pone un poco tenso es que se lancen a calles y avenidas sin conocer, por lo menos, los ángulos más importantes, las propuestas, las carencias, lo favorable o lo desfavorable de aquello contra lo cual van a protestar. Tal parecería que aquí en México, y esto va también para "politólogos" y "analistas"; no nos parezca importante conocer originalmente y a fondo lo que vamos alegremente a festejar y celebrar, o a censurar y defenestrar. Nuestro líder, o alguien, ya nos dijo que se trata de pronunciarse en contra y eso es facilísimo: ya hay todo un repertorio de gritos y un rico arsenal de huelgas, paros, megamarchas y asambleas nacionales para salirse con la suya.
El caso es que, México es el país donde un señor presenta sin haberlo leído el libro de otro señor, un legislador aprueba una ley que jamás ha conocido y las masas se lanzan contra una reforma que no conocen y que quizá hasta podría beneficiarlos. Nadie lee nada. Todos se pronuncian tajantemente y la dicha es mucha en la lucha.
¿Qué tal durmió? MXII (1011)
En Ciudad Juárez la ciudadanía no ha dejado de trabajar. Desde el sector oficial, me dicen, lo único que puede esperarse son disensiones y desencuentros. Surgen orquestas, lugares de encuentro. Brota la justicia.
Martes 27 de marzo.
Germán Dehesa
Un domingo propio
A sunday for one's own. Un veloz y tangencial homenaje a Virginia Wolf quien decía que una mujer no podría ser realmente libre, hasta que no tuviera un cuarto propio y para ella misma. De esto hablaba en los años veinte y treinta la flor más bella del ejido intelectual inglés.
Hoy han cambiado ciertos términos, pero el humano para ser libre, sigue necesitando de considerar algo como propio. En mi caso, lo que necesito es tiempo propio. Cuando lo consigo, soy inmensamente feliz.
Hacía un buen rato que no me acontecía el hecho casi milagroso de tener casi tooodo un fin de semana para mí mismo. ¡Oh, dichosa fortuna!, ¡Oh, feliz ocasión!; se presentaba una oportunidad ideal para ver el juego México-Paraguay. Había llegado el momento ideal de tirar del bejuco (jarochismo antiguo y coloquial que significaba hablar por teléfono) y establecer contacto con una línea aérea, con Ticketmaster, con el Bucles, con Canito que es mijito el mayorcito. Con suprema habilidad negociadora logré reunir todas estas voluntades para cumplir un único objetivo: trasladarnos a Monterrey a ver en vivo y a todo color el México-Paraguay. Fue una gestión laboriosísima, pero totalmente exitosa. El sábado a las cinco de la tarde, con el Bucles en primera clase por pura veleidad de la señorita del mostrador de Aeroméxico, los dos chicuelos y su recio padre emprendieron el vuelo rumbo a Monterrey. En este trayecto coincidimos en el avión con Hugo y sus muchachos y con ese par de inútiles que son Decio de María y Campos y Justino Compeán quienes, por supuesto, viajaban en primera clase, mientras la perrada (los jugadores) viajaba en clase turista. Andrés estaba loco de contento con la presencia de los seleccionados y yo, más que contento, estaba conmovido al ver la extrema juventud de jugadores como Andrés Guardado que parece que acaba de hacer su Primera Comunión y ya tiene que cargar con todo un país a cuestas. El alborozado Bucles saludó a todos con total simpatía. Algunos lo pelaron mucho, otros regular y algunos ni caso le hicieron. A mí esto no me dio ni frío ni calor. La tarea de los seleccionados es jugar futbol, no ganar concursos de popularidad. A buena hora, el avión se posó en las regias tierras, los seleccionados fueron al encuentro de la multitud que los esperaba y nosotros enderezamos rumbo al "Gran Hotel Ancira" que es ahora mi opción regiomontana después de las vergüenzas que he pasado con los de "Quinta Real".
¿Salimos a dar la vuelta?, ¿vemos una película?, ¿pedimos de comer en el cuarto?, ¿jugamos a algo?.. los tres nos quedamos dormidos.
Despertamos el domingo como a las once. Concienzudas abluciones, arreglo casual, matinal, deportivo, dominical. En el traspatio de la memoria conviven las imágenes de Andrés Manuel y la de Norberto Rivera Carrera. El primero amenazó con quebrantar silencio y lejanía y participar en una marcha contra los nuevos estatutos del ISSSTE y llegar al Zócalo para arengar a las masas. Por su parte, Norberto avisó que él se arrancaba con sus huestes rumbo al Tepeyac para manifestar su aprecio por la vida y su repulsa por la legalización del aborto. No tengo mucho que comentar, aunque me parece que Norberto tendría que resolver primero los cargos que tiene en California por encubrimiento de un pederasta, si es que quiere recuperar alguna autoridad moral frente a su diócesis. Él sabrá.
Acá en Monterrey, después de un excelente almuerzo, nos fuimos al estadio: un monumento al concreto de Zambrano que, día a día, se cae a pedazos. Ganó México. Jugamos bien y regresamos muy contentos a la Capital. Fue un domingo propio.
¿Qué tal durmió? MX (1010)
Ulises Ruiz, tan tranquilo; Mario Marín, igual y el ratero MONTIEL, feliz de la vida. ¿Y la justicia?
Lunes 26 de marzo.
Germán Dehesa
¿Dónde está el chino?
Los aztecas no podemos disfrutar a gusto de nuestro fin de semana. Teníamos la angustia terrible de los dolaritos mal contados. Los nativos de esta región tenemos muchísimos dones y talentos, pero que nadie nos pida que hagamos un mapa legible de cómo llegar a nuestra casa, o bien que contemos con precisión una suma de dinero superior a los 100 billetes que nunca hemos visto juntos, con el factor agravante de que se trata de billetes de tres distintas denominaciones. Después de varios intentos, parece que ya tenemos la cifra correcta; por sí o por no, ahora que fueron a depositar la megalana a Banjército, los militares que jamás han tenido confianza en los civiles de este país, se desviaron para que en una empresa de su confianza le dieran una última contadita. Puedo equivocarme, pero tengo entendido que es la empresa que le cuenta su lana a Slim, así es que ya están acostumbrados. Con esto quedó resuelto el grave misterio de saber en realidad ¿cuánto dinero había?
Ahora ya con nuestra pachocha a buen resguardo, nos invade otra inquietud: ¿de dónde salió y para qué salió esa cantidad monstruosa de dinero? Ahora que los gringos nos quieran apantallar en sus películas con los famosos portafolios estilo Bejarano repletos de billete verde, nosotros les vamos a mandar un documental donde vemos una humilde puerta que se abre y, en un cuarto vil, una cantidad inverosímil de pacas de su moneda. Parecía la alberca de Rico MacPato. El caso es que este lanal apareció en una casa bastante charra de Las Lomas que está a nombre de un chino; de hecho, cuando entró la policía había varios descendientes de Confucio que volteaban hacia todos lados con una mirada de orfandad y melancolía como si les acabaran de notificar la muerte de Mao; pero la verdad es que los chinos siempre miran así, entonces no se sacaba mucho en claro. Había chinos de distintas tallas y grosores. Parece que Medina Mora los entrevistó en perfecto chino y no obtuvo la información que buscaba. Lo que quería saber nuestro Procurador es dónde demonios está el chino que se ostenta como arrendatario de esa casa más bien feyuya. Mientras no aparezca el chino, el misterio de los dólares quedará sin resolver y nosotros viviremos con esa angustia. Dibodo.
LA MERIENDITA DE ONÉSIMO
Con un personal que, por lo menos en un 90 por ciento podría estar en algún Cefereso, el inenarrable Onésimo Cepeda festejó anticipadamente sus 70 años de vida. La cobertura mediática fue enorme y varios diarios capitalinos y/o nacionales sacaron adelante su edición del sábado, que suele ser bastante insípida, con la detallada reseña social y el profuso material gráfico que le dedicaron a la fiestecita. Muy eclesial y ecuménica que les salió: buen vino, buenas viandas, buena grilla, buena música (es un decir), parece que todo salió a la altura de un príncipe de la Iglesia. Con Norberto de un brazo y con Jorge Hank en el otro, Onésimo se veía feliz y realizado. Dichoso él y dichosa la diócesis de Ecatepec que tiene a un pastor que sabe disfrutar de la vida, de sus lujos y de su variadísima fauna. ¡Pasumá!
RUMBO A MONTERREY
Por no ser menos que Onésimo, yo también me voy a celebrar su cumpleaños. Me voy de puro ocioso a Monterrey en compañía de mi hijo el mayorcito y de mi hijo el menorcito. Espero que sea una expedición amorosa y divertida. Nuestra única intención es asistir al partido entre México y Paraguay. No creo que vaya a resultar fácil ganarles, pero a eso vamos: a suplir con las amígdalas la ausencia de Nery y de Salcido. En Monterrey jamás me ha ido mal y ésta no será la excepción. Luego les cuento.
¿QUÉ TAL DURMIÓ? MIX (1009)
Me llamó la atención no ver a MONTIEL, ni al Góber Precioso en la fiesta de Onésimo.
Viernes 23 de marzo.
Germán Dehesa
Jalisco canta en Calcuta
Ante todo, una puntual aclaración para mis muchos y muy buenos amigos que infestan el Estado de Jalisco: el título y ulterior desarrollo de este artículo de ninguna manera pretende lastimar el buen nombre de ese Estado. Aunque pudiera parecer una venganza chilanga por habernos enviado de golpe a Ramírez Acuña y a Bebeto Cárdenas, es exclusivamente una conmemoración de aquella película que ilustró mi infancia titulada "Jalisco canta en Sevilla" con Jorge Negrete y Carmen Sevilla. Nada más.
Vayamos ahora al caso. Resulta que un mexicano (¿por qué no nos estamos en nuestra casa?) estaba trepado en un avión que recorría plácidamente el cielo de la India. Nuestro paisano se llama Eduardo Antonio Sebles Ortiz y tiene con Baco una pésima relación que suele terminar cuando el primero mide el piso a puro golpe de uva. Si mi mamá estaba en lo correcto cuando me decía "si ya pierden toda compostura y le faltan a su señora, es que son unos borrachos", pues me temo que Don Antonio Sebles cumple con largueza los requisitos indicados por mi mamá para considerarse un briago con grado de gran maestro. La nota periodística nada indica acerca de si "mi buen Toñazo" le faltó a su señora que, al parecer, no se hallaba en el avión; pero a todas las demás señoras del avión, les faltó hasta la saciedad, hasta que la lengua se le hizo moño y se fue de bruces sobre Rabindra Tagore, azafata del vuelo y nieta del mismo nombre de aquella poeta tan admirada por Marta Sahagún.
De veras que en México no tenemos el menor control de exportación. A Don Antonio Sebles (mi Toñote) jamás tendríamos que haberlo dejado abandonar "La hija de la tormenta" o "Las cinco monas" que son sus establecimientos naturales y, por así decirlo, su hábitat. No porque sea uno borrachote, se pierde el paladar y, éste es un dato muy importante para su consideración, se pierde la costumbre de ciertas bebidas y del tipo de delirio que provoca su ingestión masiva. Una cosa es un megacuete con Bacachá y Coca Zero y otra muy distinta es agarrar una de nevero con nanche fermentado y aguardiente Ganges fino. Con el primero, uno recuerda por lo menos el rumbo de su casa; pero con el segundo, y en un avión indio el extravío es total y lo único que quiere uno es cantar las glorias del Brahmaputra sin saber si está uno en trance de reencarnar en perro, o elefantito.
Pobre de Don Antonio (mi Toñolón); pues ¿cómo no querían que empezara a pegar de gritos y le tirara de manazos al personal, hasta que provocó el fruncimiento general cuando anunció, ya bien gis, que traía una bom-ba (el silabeo no era debido a que tuviera ganas de darse a entender, sino que no podía hablar más rápido): ¡miéseoita!, no la quiero estampar, péreme, es-par... ¡tampoco!, ¡péleme seoita! questo es mussrio: no la quiero asustar, o como se diga, pero aquí como me ve, yo traigo una bom-ba... ¡miren a esta idiota, ya sespantó: lo primero que le diciuno, lo primero que hace!, mi señora miavisto encuerado en el pretil y se vuelve a dormir.
Como era de esperarse, el avión tuvo que aterrizar forzosamente en Calcuta donde lo esperaba casi la mitad del ejército inglés (¡detallazo de muchachos!: me trajeron al ejército).
Ahora, con la cruda ayurvédica que se carga, nuestro compatriota se muestra muy quejoso. Comenta que no se siente bien recibido y que ha oído de buena fuente que lo quieren entambar. Dice que hasta lo golpearon. Pobre de Toñín. HOY TOCA.
¿QUÉ TAL DURMIÓ? MVIII (1008)
Nada se sabe, nada se oye, nada se dice de las Muertas de Juárez, o de ARTURO MONTIEL, o del Góber Precioso. Un silencio que ofende a la justicia y afrenta a Felipe Calderón.
Jueves 22 de marzo.
Germán Dehesa
Los ventarrones
Hubo uno real y hay varios virtuales. El real fue clemente conmigo, pero no me dejó incólume. Sucede que aquí frente a mi casa de piedra y flores está plantada una Jacaranda que ha crecido con ímpetus de jirafa. Sí, eso es lo que es, una jacarafa metiche que se ha ido reclinando sobre lo que ya técnicamente podemos llamar mi territorio; de hecho, es el espacio donde dejo mi automóvil. Pues ayer, hacia las 15:30 horas el ventarrón entró en fase crítica y en el momento exacto en que abandonaba yo el auto y me disponía a ingresar a mi casa-habitación, el viento fementido comenzó a remecer la jacaranda invasora y el primer resultado de esta acción fue una profusa lluvia de flores moradas. Ya que Nezahualcóyotl indica: "La amistad es lluvia de flores preciosas", yo mostré benevolencia, aunque Fita ya comenzaba a mentar madres porque a ella le tocaba barrer las flores preciosas. Después comenzaron a caer varas y el asunto ya no me divirtió tanto. Cuando salí del coche, me cayó una rama y de milagro no me cayó todo el árbol. Hace un buen tiempo que lo quiero mudar y, de no ser posible, pasarlo por las hachas; pero ya sé que si hago esto, seré acusado hasta de traición a la patria y puedo ser fusilado, o enviado como pionero a las Islas Revillagigedo; así es que ahí seguirá la belicosa Jacarafa, porque el trámite para cargártela impunemente lleva varios años y primero se fosiliza el mula árbol, que a ti te den permiso de meterle sierra eléctrica; como lo oyen.
Ya a buen resguardo en mi grata morada, me dispuse a escribir sin contar que la luz y la fuerza del centro iban a valer, como siempre, para puras vergüenzas. Éste fue el segundo ventarrón que ayer me alevantó. No llevábamos ni un tercio del artículo cuando ¡scrupf! se fue la luz y la diligente Rosachiva comenzó a pelar los ojos y a comerse la cutícula de los dedos de las manos y de los pies. ¿El texto estaba "rescatado", o no lo estaba? Ése era el misterio. Mediante inescrutables operaciones cibernéticas que provocarían envidia mortal en el desinteresadamente premiado Bill Gates, la Rosachiva Vergara tiró de la laptop y escribió en su pantalla el último renglón que recordaba de lo ya escrito. Hasta aquí son unos 700 caracteres; de aquí nos seguimos y cuando venga la luz parchamos esto al principio de aquello. Yo me reservé mis angustias, diluí mis desacuerdos y obedecí a una mujer que hablaba con tal autoridad, esto a pesar de que venía de perder en el Azteca con un gol de ¡Germán Villa!, que ya es un claro indicio de que el mundo se va a acabar. Si anota Villa, no hay nada qué hacer. Las maniobras fueron un éxito y el artículo estuvo listo en su momento. ¡Loado sea el Divino Mouse!
Otro ventarrón bastante severo es el que se organizó Marcelo Ebrard en el predio conocido como "La Ford". Violento madruguete a los vendedores de autopartes chocolatas y explicable rebelión de los afectados quienes, por un golpe de mala suerte, no encuentran las facturas de lo que venden. Ya dijeron que si les dan tiempo de ir a Santo Domingo, traerán facturas hasta de avión.
Otro ventarrón sacude a la sociedad mexicana: el asunto del aborto. Un tema con tantas facetas y tantas condicionantes de toda índole, que no puede ser objeto de un pronunciamiento ideologizado o irresponsable. A mí me alarma la cantidad de jovencitas y de mujeres que abortan al año de modo clandestino. Son muchos miles y algo práctico e inmediato hay que hacer para ayudarlas a evitar tanto sufrimiento inútil. Poco o nada puedo en conciencia añadir. Esto lo sé, como sé también que no iría bobaliconamente a una tribuna a decir: yo estoy a favor de la vida. Con cursilerías no arreglamos nada.
¿QUÉ TAL DURMIÓ? MVII (1007)
Nada mal nos caería un ventarrón de justicia.
Miércoles 21 de Marzo.
Germán Dehesa
Un encuentro, una dilación, una pérdida
De vez en cuando, a la realidad le da por ponerse vertiginosa. Hay quien padece esto, hay quien lo disfruta. Yo soy de éstos. Lo hago quizá con la conciencia de que estoy en el último periodo vertiginoso de mi vida y de que pronto esta vida me avisará que ya llegó la hora de aplacarse y navegar rumbo a la pantufla y la cobijita. En lo que esto ocurre, yo ando buscándole los rincones a la existencia y trotando por muy extraños caminos.
El viernes, sin mucho buscarlo, tuve la felicidad de encontrarme con José Ramón Fernández a quien yo le tenía guardados muchos saludos, muchos parabienes y mi entera solidaridad con su destino que es el de todos los que, sin consigna previa, andamos correteando la información. Nos abrazamos y me dio emoción ver en su cara el gesto del que sabe que ya cumplió, pero que quiere (y logrará) seguirse cumpliendo. José Ramón Fernández.
Luego, como es sabido, pegué la carrera a Nueva York donde estuve a punto de perecer devorado por las nieves. Pasé dos días bastante divertido y, para no perderme de nada, el domingo, ya entrada la noche, me encontré en la televisión el América-Chivas. Algún caritativo lector preguntará: ¿a eso vas a Nueva York, idiota, a ver el América-Chivas? No lo hice a propósito, me tropecé con tan bizarra transmisión y pues me apoltroné para verlo. Digan lo que digan los cronistas, el partido estuvo horrible. Las Chivas recibieron un gol y, en lugar de ponerse a jugar, hicieron una sesión de meditación colectiva donde, en principio, nadie sabía para qué estaba ahí: el Bofo, de por sí propenso a la fuga mental, arrastraba los pies y se preguntaba si habría hecho bien al ponerse su diadema roja; Alberto Medina es rapidísimo, llega como flecha al área rival y ahí se da cuenta de que no viene nadie y de que se le olvidó el balón; Diego Martínez prefirió reservarse para mejor ocasión y éste fue el tono que privó en el irrelevante "¡clásico de clásicos!" (¡tu abuela!). Tan aburrido llegó a estar esto, que me puse a leer y a disponerme para dormir.
El lunes me ocupé en múltiples "encarguitos" que me habían hecho, comí deliciosamente en un restorán italiano y arranqué rumbo al aeropuerto para tomar el vuelo de la tarde rumbo a México. Llegamos tempranísimo, porque, según la paranoica Rubia que me acompañaba, ahora sí estaban perrísimos en la aduana. Yo iba dispuesto a defender con todo mi ropita interior y los tres tiliches adicionales que llevaba. Ni me pelaron. En 15 minutos, ya se había acabado el trámite y comenzaba la espera. Nadie se imaginó que ésta fuera a durar tres horas largas y con peligro de cancelación porque el aeropuerto se iba poniendo ártico con alarmante velocidad. Por fin nos treparon (las azafatas nos dieron una misteriosa explicación: es que no había gusano). Ya arriba vino la fase II de nuestra espera. Ahora ya no era el gusano, sino la pista. Se formó una impresionante cola de aviones que esperaban zarpar a alguna hora (de algún día). Nuestro retraso fue todavía mayor porque según me dijo un tripulante en tono muy confidencial, un avión de Swiss Air nos había agandallado, primero el gusano y ahora el turno. Los aztecas que llegamos a Tenochtitlan teníamos todos la cara de esos arenques que por nada de este mundo me quise yo tomar en el restorán sueco.
En fin. Ya regresé. La megabiblioteca es un desastre, PEMEX es otro y Marcelo Ebrard está filudísimo. No es grato el panorama y menos lo es cuando me entero de la muerte de mi amiga querida Teresa Sarukhán. Un entero abrazo para su hermano José. Habrá que vivir.
¿Qué tal durmió? MVI (1006)
Desde el extranjero nos reclaman la culposa falta de resultados en ese largo y reiterado crimen llamado "Las muertas de Juárez". La justicia mexicana duerme y no oye.
Martes 20 de marzo.
Germán Dehesa
Gaceta del Charro
Nuestro columnista Germán Dehesa se tomó el día de asueto, pero mañana volverá a publicar en su espacio habitual.
Lunes 19 de marzo.
Germán Dehesa
La rosa de las nieves
Motivado por no sé qué extraña pulsión, ahora estoy en Nueva York. Entre viaje y viaje, algún día de la semana pasada me habré dicho: hace mucho que no voy a Nueva York. Pensado esto y dada mi condición voluntariosa y papalotera, aquí me tienen sumergido en la nieve. Esto de la nieve merece un breve comentario. La Rubia Misteriosa, cómplice de esta ártica aventura, escuchó mi informe recabado de mis fuentes personales, que no confesaré cuáles son ni aunque me quemen los pies como a Cuauhtémoc y a Carlos Tello, acerca de que había nieve en esta ciudad y me volteó a ver cual si fuera yo una rata en avanzado estado de descomposición y me dijo: ¿cómo va a haber nieve en Nueva York en marzo? Yo bajé humildemente la mirada y nada dije, pero apunto para la posteridad que sí hay nieve en esta ciudad alucinante y hay mucha y ya no quiero ni pensar en la vez que traje al Bucles precisamente para que conociera la nieve y ésta no compareció en ningún momento. La intensa nevada, me dicen, cayó el jueves y para este sábado, cada calle y avenida de Manhattan está cercada por la nieve que se acumuló. Los peatones somos avezados cirqueros que sabemos que lo más fácil será dar un paso en falso y de ahí el cerebrazo y el costoso traslado de los restos al crematorio Lomas de Ceniza. A esto vine a Nueva York, a recuperar mi estado de alerta (allá, los diputados ya no divierten a nadie), a cambiar de aires (y de temperatura) y a babosear un rato en esta ciudad siempre sorpresiva.
Suspendo esta reseña porque hasta mis teletipos está llegando la absurda noticia: con mucha dificultad los Pumas lograron, ¡en su propia cancha!, empatar a 3 con el Querétaro, después de ir perdiendo 3-1. El estupor se ha adueñado de mí.
Esto ha sido aprovechado por la Rubia Misteriosa que decidió, no sé a qué horas, ni cómo, ni para qué; que el tiempo había llegado de que yo entrara en íntima comunión con la gastronomía sueca, concebida originalmente por los esquimales que se comían las focas a mordidas y desarrollada por los suecos que, como están a todas horas fabricando acero, no miran lo que se comen y les cuelan cada porquería verdaderamente indescriptible. Según anunciaba el menú, este domingo era particularmente festivo y en el restorán habían preparado lo más selecto de la comida nórdica y, por lo tanto, podía el parroquiano disfrutar de menudencias de gato congelado, arenques ateridos, albóndigas de ballena, ensalada de papas recogida a lo largo de 2005 en todas las fiestas de Narvarte y llevada a Suecia por vía aérea para congelarla junto al triperío de los bacalaos que se están salando para luego ser vendidos a las señoras mexicanas. ¡Pura divinidá había para comer! Se me está poniendo cara de escualo y eso que comí poquito.
Después de este tormento inmerecido, estoy aquí en el hotel enviándote, lectora lector querido, esta prolija postal de una ciudad engarzada en nieve. Los neoyorquinos lo toman con calma, los servicios municipales trabajan en abrir veredas y despejar aceras; mientras la gente va tranquilamente a sus asuntos y la vida prosigue sin mayores aspavientos. Lo único que alcanzo a notar es que Nueva York ha suspendido por un rato el estrépito sin renunciar a la vitalidad y a la intensidad. Es como una rosa que lentamente cada mañana brotara y floreciera entre la blanca nieve. Mi habitación tiene una hermosa vista a Central Park y desde aquí veo desplegarse los pétalos de esta ciudad de los hombres que, vista a la distancia, tiene el silencioso señorío de una vasta rosa blanca.
¿QUÉ TAL DURMIÓ MV (1005)
El expediente de ARTURO MONTIEL ROJAS está ahora en manos de la PGR. ¿A manos de quién lo pasará la PGR?, ya no queda nadie. Quedan el olvido o, ¡milagro!, la justicia.
Viernes 16 de marzo.
Germán Dehesa
Gente de Monterrey
Alguien, quisiera recordar quién para avisarle, con cierta violencia, que la climatología no es lo suyo; alguien me dijo que en Monterrey estaba haciendo frío. Y ahí va su güey con camiseta gorda, suntuosa playera de lana y traje del mismo material, rumbo a la muy señora ciudad de Monterrey. Llegué y entendí que todo era un error. La gentil azafata de Aeroméxico abrió la puerta del avión, sentí el hornazo y dije ¡chin!, una vez más voy a mingir fuera del receptáculo, ¡está haciendo un calor bruto! De todos modos e impelido por el resto del pasaje, abandoné el avión e ingresé a la querida ciudad que se percibía más que dispuesta a cocinarme al pastor.
Me encantan los regios; su modo de querer así sin más y sin los vericuetos barrocos de los que habitamos el centro. Me gustan su juego abierto y su vehemencia, la pasión que depositan en cada tarea que emprenden; me encantan sus mujeres que, al ser tan fuertes, se pueden permitir ser inmensamente tiernas. A regias y regios no los comparo con nada, ni con nadie; me basta con que existan y con que nos queramos tanto y tan firmemente.
Fui ahora a Monterrey a cumplir una tarea de amor que, como todo amor, incluía todos los entusiasmos y todas las congojas.
Enrique Canales es mi amigo. Es enormemente talentoso, está medio loco y es cálido y amoroso. Actualmente su salud se halla en un gravísimo entredicho y esto me acongoja enormemente. A Enrique lo conocí cuando comenzaba "Reforma" y nos reuníamos todos los presuntos implicados un día y el otro también. Gracias a él y al afecto que surgió, yo pude salvar esa visible brecha que se percibía en el periódico entre los industriosos regios y los empenachados chilangos siempre dispuestos a mostrar su temblorosa superioridad. El hecho es que somos inevitable y gozosamente cuates. Si a esto le añadimos a Alicia, la misteriosa y dulce artista que trabaja con la tierra, el agua y el fuego y que algún día nos regaló, para festejar al pequeñísimo Andrés, un tamal de cerámica; ya podrán imaginar el torrente de amor que percibo y disfruto cuando los veo (de hecho, estoy escribiendo para ti, Alicia).
Enrique, en el momento más crítico de su enfermedad, decidió hacer una exposición que se disfrazó de "retrospectiva", pero en la que el artista incluyó lo que se le dio la gana.
Todo esto sucedió en el "Museo del Vidrio", un recóndito, misterioso y bello lugar de Monterrey. La obra de Enrique: pintura, vidrio a la cera perdida, esculturas y locuras, todo estaba ahí y estaba tan bien dispuesto que ingresar a ese espacio, fue para mí salir del mundo e ingresar a un tiempo que es otro tiempo que parece tramado por los ángeles (tiempo interior lo llamarían Bergson y Proust) regido exclusivamente por las leyes de la belleza. La muestra está llena de cosas inauditas. Feliz será quien las vea y las aprecie.
Después de esto, Enrique y yo dimos para un auditorio tumultuoso y eufórico, una charla sobre la actividad artística. En alguna de las ocasiones en las que hice uso de la palabra y casi ya para terminar, Enrique abandonó el estrado y me dejó balbuceando esto y aquello. Mi diagnóstico era que se había cansado y sentido muy mal. Nada de eso. Regresó cargando una de las piezas de su obra y me dijo: toma, es para ti. Eso es para mí la gente de Monterrey; eso es el amor que nos tenemos los seres humanos. Al final, me dio un beso.
Regreso a la Capital para enterarme de que un exótico capitalino fue detenido porque empleó el Metro para llevar su boa al veterinario. A mí me parece perfecto.
Por cierto: HOY TOCA.
¿QUÉ TAL DURMIÓ? MIV (1004)
¡MONTIEL es inocente!, esto proclaman las 10 mil fojas que un "Procurador" de pacotilla acaba de enviar a la PGR. ¡MONTIEL es un ratero!, proclamo yo en esta fojita.
Jueves 15 de marzo.
Germán Dehesa
Una nación de farmacéuticos
Me impresiona la sangre fría del mexicano; su ilimitada capacidad para meterse en lo que no le importa y para opinar tan panchamente sobre materias que no son de su competencia y mucho menos, de su conocimiento.
Yo no creo vivir en un mundo raro. Me rodean aztecas y tenochcas de las mismas características que a ti, lectora lector querido. Entre los de mi clan (mi calpulli) abunda este arquetipo azteca del hombre o la mujer que lo saben todo, que están convencidos de que junto con el bautismo, recibieron el doctorado total que les faculta para opinar acerca de todo, aun cuando se trate de materia grave y riesgosa. Les vale.
Me duele la cabeza, dice una inocente e inminente víctima de estos todólogos. Mira, te me vas a tomar un comprimido de Chirrionil de 400 mg. y verás que es milagroso. Aunque se te quite el dolor, tú te lo sigues tomando, por lo menos, una semana y adiós dolores de cabeza, te vas a acordar de mí. Y en efecto, se acuerda uno de este desgraciado y de su augusta madre, porque nos bastó con la primera dosis de Chirrionil para comenzar a tener alucinaciones, mareos y fiebres intermitentes. Bastará con ir a la enciclopedia médica de internet, para descubrir que el Chirrionil es una droga que se usó mucho en Francia en los años cuarenta para matar conejos o nazis, lo que cayera primero.
Apenas repuestos del malestar y con el persistente dolor de cabeza, vamos a la farmacia y descubrimos que el que está detrás del mostrador también da consulta y también tiene clientela. ¿Qué le pasa a su betabelito?, no sé, tiene como váhidos (el acento en la "a" es fundamental) y como que le falta el aire. Ni que fuera balón. Tómeme en serio, porque ahora sí lo veo muy malo. ¿Dolores en el pecho? Fíjese que sí, dice que siente como si se le hubiera sentado Chachita. ¡Ándale!, no pues sí se me hace que es algo serio; yo creo que es del corazón. ¡No me diga usted eso! No lo digo yo, lo dice la ciencia; mire, le voy a vender estas pastillitas sublinguales. ¿Ésas que se ponen debajo de la lengua? Áshcale, esas meras. Al principio póngale nada más la mitad de una y a ver cómo nos reacciona, porque esto sí se lo tengo que decir: o se cura, o como el medicamento tiene nitroglicerina, su señor revienta pero macizo. ¿Y no será peligroso ponérsela? Yo digo que no; para lo fregado que está, todo es ganancia. Pues eso sí... oiga ¿y si revienta qué hago? No sé, da usted una escombradita, yo qué sé.
A todo esto, varios clientes esperan su turno con el dependiente de la farmacia. Lo maravilloso es descubrir que ellos también se recetan unos a otros. Si su marido anda distraidón, doña Emelina, si ya no le hace el menor caso, ni la atiende como es debido, yo le garantizo que con una semana que usted le dé a tomar, y él no tiene para qué enterarse, una dosis todas las mañanas de la Emulsión Sahagún que hasta milagrosa está saliendo, lo tendrá para siempre rendido a sus pies y loco de amor.
Esto que he escrito podría parecer una subterránea defensa de los médicos. No lo es. Es un urgente y público aviso de que sólo los médicos saben lo que tienen que recetar y en qué dosis hacerlo. Porque éste es otro ingenio mexicano: el azteca ya trae la receta en la mano, claramente dice que hay que tomar un comprimido de Ponchivir Forte cada día. ¡Ñaaá!, este médico siempre ha sido muy sacatón, yo creo que me voy a tomar dos, o mejor tres para que acitrone bien. El señor morirá de una sobredosis de Ponchivir y la familia y sus abogados se le irán encima al doctor. ¿Ven por qué la vida en México no es fácil?
¿Qué tal durmió? MIII (1003)
MONTIEL entra y sale del País a sus mulas anchas. Tiene casa en todas partes. Va tranquilo. La justicia se quedó dormida.
Miercoles 14 de marzo.
Germán Dehesa
La región más tepitense
Dirán que estoy loco, pero me parece que el rescate de Tepito, de sus calles y sus plazas que vuelven a ser de sus legítimos dueños, los vendedores originales y los transeúntes; los primeros por pleno derecho y los segundos por pleno amor; me parece, decía, que es un acto de enorme trascendencia para la vida de la Ciudad. Me permito felicitar a don Joel Ortega y a su jefecito santo por esta exitosa negociación y por estos nuevos horizontes (que son los antiguos) que le están proporcionando a esta sufrida capital del Anáhuac. La grandeza tenochca no se extinguirá mientras no se extinga la grandeza de México-Tenochtitlan ¡cómo'ingaos no! (y que sufran los regios).
Este martes los que a la información nos dedicamos muy almejas tuvimos que estar; con un ojo en Tepito, otro en la inminente Ley de Sociedades en Convivencia, gracias a la que, por poner un caso hipotético, Onésimo y Norberto podrían legalizar su vida como pareja (los nombres los tomé al azar del calendario del más antiguo Galván) y todavía tuvimos que tener un tercer ojo para enfocarlo a Mérida, Yucatán, donde llegó George Walker Bush a hacernos sus acostumbradas peladeces.
Felipe le dirigió una breve alocución y el bolillo patón (y patán) se dedicó mientras tanto a ver el paisaje, a babosear, que es su fuerte, y a no ponerse en el oído la pequeña bocina que le hubiera dado la traducción al tejano moderno que es el dialecto del inglés que él medio entiende.
No fuimos merecedores de que nos pelara Caligulita y ni nos vio, ni nos oyó este personaje que, de por sí, nunca nos tuvo ley. A este respecto, recuérdese la grotesca visita de los Bush a San Cristóbal, cuando el menso de Fox pensaba que él y Georgie podrían hacer de las nubes terciopelo. Todo el acontecimiento que prometía ser glorioso, acabó como un siniestro capítulo de "Yo quiero a Lucy" con Bush dedicado a hacer puras bufonadas y maldades, a malmodear los brócolis de Vicente y a despreciar la comida que con tanto primor le habíamos preparado. ¡Good Bye!, le decía Vicente al Air Force I, ¡adiooós!, me saludas a nuncavuelvas, a ver qué día regresas, pero con más tiempo. Después de este resfrío todavía vino lo del voto de Aguilar Zínser contra la guerra y nuestra suerte con Bush quedó escrita, sellada y lacrada.
A eso regresó este méndigo, a recordarnos que ya no nos quiere, ni nos va a querer nunca. ¡Ay, mira cómo estamos del puro susto!, tendría que haber dicho Felipe, ¡ya hasta se nos espantó la leche! (en inglés: our milk is frightened). Pobre Jorgito, pero la verdad es que es muy plomito, es más pesado que un collar de sandías. Yo no simpatizo con Hugo Chávez (otro plomito), pero cuando dijo a los medios internacionales: ¡Bush es un pendejo!, yo creo que lo habitaba en parte el Espíritu Santo y en parte Simón Bolívar. ¡Qué capacidad de síntesis! Muchos libros se escribirán sobre Bush; ninguno superará a ese renglón de Hugo Chávez.
Tepito resurge, Bush ya se va (¡ésas son penas, mijita!, diría mi abuela) y aquí en la ciudad tenemos la doble pena de la muerte de don Antonio Ortiz Mena, padre de mi queridísima amiga Virginia y también la muerte de Alberto Domingo, un periodista de esa vieja escuela de escritores tan buenos, que hasta sabían escribir.
Anochece en Tenochtitlan. Es tiempo de descansar. Mañana iré a Monterrey a abrazar a Enrique Canales, hombre bondadoso, cálido e inteligente. Voyvengo. No le abran a nadie. Si Norberto pregunta por mí o por mi mamacita, díganle que deje el regalo, porque no tenemos para cuándo.
¿Qué tal durmió? MII (1002)
Los huesos de las mujeres siguen tiritando en el desierto. La justicia duerme.
Martes 13 de marzo.
Germán Dehesa
Las tareas del insomne
He de volver a decirlo: me paso la vida correteándome y jamás me alcanzo; cuando llego a donde debería estar, ya no estoy, ya me fui a otra parte. Desde el viernes último, esta sensación se ha intensificado. Siento que hice miles de cosas, pero que dejé de hacer muchas, muchísimas más. Por favor, no me psicoanalicen, eso siento y ya.
Por poner un caso: el viernes es un día atareado que termina a las diez en el escenario de la Planta de Luz. Entre el teatro y mis actividades anteriores, me había propuesto viajar a las Lomas para celebrar a mi querido amigo John que cumplía años. No pude, nomás no pude y me tengo que resignar a felicitarlo desde aquí con invariable amor. Estoy seguro de que si viera todo lo que el viernes hice, me perdonaría de inmediato y aceptaría mis parabienes.
El sábado tuve que regresar a Cancún. No perdí ningún avión, pero hice cosas que mucho me apenan. En el de ida pasó la sobrecargo y me preguntó si quería beber algo en lo que despegábamos. Me pareció correcto solicitar un vaso de jugo de manzana con dos hielos. Me lo trajeron, el avión despegó y yo me dormí de un modo deshonesto. En mi mano estaba el vaso fatal que se fue inclinando e inclinando hasta que ocurrió el penoso drama: su entero contenido lo volqué en el pubis del caballero que ocupaba el asiento vecino. Fue un rudo despertar. La sobrecargo acudía con trapos y papeles absorbentes; el caballero se negaba a que le trasegaran las noblezas y él personalmente se encargó de paliar sus males mientras me veía con un odio terrible y yo ponía cara de que jamás me había ocurrido un incidente tan embarazoso.
En Cancún todo marchó bien. Terminé mi charla y salí disparado rumbo al pletórico aeropuerto de Cancún. Subí a mi avión, me instalé en mi lugar y se acercó la sobrecargo a preguntarme si quería algo. Un buen whisky en una dosis aceptable me caería muy bien. Me lo trajeron, despegó el avión, me dormí y ahora fue otro caballero quien fue sometido al tratamiento de conservación criogénica de las gónadas. Cuando yo desperté, él estaba gritando ¡señorita!, ¡señorita! Acudió la señorita y ahí te vamos de nuevo con toallas absorbentes, servilletas y trapos. El caballero II resultó tan pudibundo como el primero y no permitió que nadie entrara en sus terrenos. Yo ofrecía las más floridas disculpas y él sólo decía: está bien, está bien. Récord perfecto: de dos, dos.
Regresé a mi casa de piedra y flores levemente preocupado por mi somnolienta condición. Me tendría que haber metido a la cama, pero había dejado grabando el Barcelona-Real Madrid y el Morelia-Pachuca. El primero fue un partidazo y el segundo fue un buen partido. Ambos los vi sin derramar nada. Luego llegó el sueño venturoso.
El domingo estuvo presidido por el Bucles y su obsesiva pasión futbolística. Con buen tiempo llegamos a CU y, junto con miles, hicimos nuestro mejor esfuerzo para que ganaran los Pumas. No se pudo. Nuestra voluntad se estrelló dos veces en el marco: 0-0. De ahí, Andrés se fue a echar relajo con otros facinerosos y yo me dirigí al L' Olivier, ese excelente restorán francés que muchos conocemos. Ahí me encontré con un viejo y querido amigo de la colonia francesa y comí maravillosamente. Después venía el trabajo. Yo seguía muerto de sueño, pero saqué juventud de mi pasado e hice lo que tenía que hacer. Después vino el pókar y gané dormido. Con su cartera aligerada se fueron mis visitas. Yo quedé con Ángel y Andrés. Nos pusimos a ver el América-Cruz Azul que fue una indignidad de partido. Nos fuimos a dormir a la mitad. Dormí hasta bien entrada la mañana. Espero recuperarme.
¿Qué tal durmió? MI (1001)
Me dice un lector que la M de mil es también la M de Mujeres Muertas, de MONTIEL y de Mario Marín. Esperamos que tenga poderes.
Lunes 12 de marzo
Germán Dehesa
¿Qué tal durmió? M (1,000)
Hoy es el aniversario. Hoy cumplimos mil llamados a la impávida justicia mexicana. Nadie responde, nadie contesta, nadie hace nada. La justicia duerme. Esto ha ocurrido mil veces.
En mil ocasiones hemos podido comprobar que a los señores que supuestamente administran la justicia, les valemos madre. Mil veces.
Mil veces me ofenden los que me dicen que ya le pare, que parezco un loco y que nunca nadie me escuchará. Me tienen, nos tienen que escuchar. Sin un fundamento ético, un país no tiene por qué o para qué existir. Como diría Tomás Moro, un hombre justo y de justicia: finalmente se trata de una cuestión de amor, porque si un amor no se asienta en la justicia, no es digno de tal nombre. Mil veces lo he dicho y al parecer nadie lo ha escuchado.
Mil veces denunciamos la complicidad y la omisión de todas aquellas "autoridades" que tendrían que haber esclarecido las muertes de las mujeres en Ciudad Juárez y nadie, salvo Guadalupe Morfín, la siempre enamorada, respondió algo. Con todo, el misterio de las muertas ahí sigue y su injusta muerte y la justicia que no han recibido infaman a todos aquellos que podrían, si hubieran querido, hacer algo. Nada hicieron; les pareció más importante su vida de ratoncitos políticos que aceptar la grandeza implícita en el hecho de luchar por la justicia. Mil veces los invité. Jamás acudieron y prefirieron la oscura fetidez de ser injustos.
Mil veces me he referido al ladrón ARTURO MONTIEL ROJAS. A él le bastó explicar que sus hijos eran muy inteligentes (falso) y que él había juntado algo de dinero fabricando "cocinas Quetzal". Este pobre diablo, con su virilidad secuestrada por una filibustera francesa, pretendía ser Presidente de México. En su precampaña gastó una millonada cuyo origen nadie averiguó y tiene tal cantidad de bienes, que con su libertad ofende a la decencia y a la ley. Sus gatos, Navarrete Prida que hoy usufructúa un premio de consolación que le dio este ratero y Enrique Peña Nieto, que actúa como si fuera Gobernador, se han encargado de cubrirle las espaldas y de crear una tupida muralla de expedientes que pongan a la rata MONTIEL al resguardo de cualquier intento de hacer justicia. Y sin embargo, se mueve, decía Galileo. Y sin embargo, es ratero, digo yo.
¡Fallaste, manito!, me dicen los peatones, no pudiste con MONTIEL. Créanme que no es un pleito personal. A MONTIEL lo he visto sólo una vez en mi vida. Si no es conducido ante la justicia, no es que yo pierda; es que perdemos todos; pero no se preocupen, ese bandido será castigado. Me va la vida en ello. Mil veces lo he dicho.
Yo quiero mucho a Lydia Cacho. Me consta que es una mujer justa. Lo de Mario Marín y su conversación con Kamel Nacif es un absoluto escándalo que en cualquier otro lugar del mundo hubiera provocado la dimisión del Gobernador. Él sigue tan campante y me dicen que Felipe hasta lo apapacha. Marín es impresentable y ya tendría que estar en la cárcel, o, por lo menos, fuera del Gobierno. Nada de eso ha ocurrido. Mil veces lo he señalado y mil veces se ha reído de la justicia este tonto inmenso cuya defensa corre por cuenta de su partido.
Después de Marín han seguido otros truhanes como Emilio Gamboa, o Manlio Fabio y los cuarenta ladrones que los rodean. Han ofendido impunemente a la justicia de este País y ahí siguen. Mil veces pueden ser acusados; mil veces librarán cualquier persecución. Y sin embargo, algo queda siempre de dolor. Mil razones para seguir insistiendo.
Mil veces hemos hablado a favor de que la justicia despierte. Lo diré por la vez mil uno: ¿qué tal durmió la justicia en México? Ya urge que despierte. Estamos enfermos gravemente de injusticia.
Viernes 9 de marzo.
Germán Dehesa
Un jueves delicioso
Ni los veo, ni los oigo. Ésta fue mi consigna en cuanto desperté aquí en la Ciudad de México, con el alma todavía embebida en los azules de Cancún. De inmediato me dije: si el distinguido señor Asa Barantz puede, al mismo tiempo, ser el Rey del Contrabando (que lo es) y quedar libre por falta de pruebas es porque la realidad mexicana es totalmente plástica y maleable. Si el señor Emilio Gamboa alguna vez de Bodenstedt puede presentarse en Los Pinos y transformarse en Belisario Domínguez y ahí regañar, dar clases de democracia y amenazar al titular del Poder Ejecutivo ("no toleraremos", dijo en uno de sus tantos arrebatos retóricos). ¿Qué se cree Gamboa?, ¿supone que ya olvidamos su última y rastrera llamada telefónica con Kamel Nacif?, ¿cree que hemos olvidado su larga historia de concesiones, sumisiones e indignidades, gracias a la cual es hoy el ajolote más longevo del charco político?... lo pienso bien y me doy cuenta de que sí, en efecto, hemos olvidado todo y que cualquier semoviente sin la menor calificación moral puede a voluntad convertirse en Francisco I. Madero para gloria y regocijo de Televisa que concede todo el tiempo necesario para que se luzca este muchacho que está por sacar adelante "la Ley Televisa". A este mismo respecto, el emporio electrónico le confirió la condición de noticia de gran importancia a la cena de unos gorditos de no se qué agrupación mundial de televisoras que felicitaba mucho (si no, no les hubieran dado cena) a Televisa por la nueva Ley. Su argumento era un tesoro intelectual: la nueva Ley era maravillosa porque hacía mucho que no sacaban una (¡wow!).
Pensando en todo esto y refiriéndome a todo esto, la mañana de este jueves desperté y me dije: ni los veo, ni los oigo. Tienen que existir en el vasto mundo asuntos más deleitosos, menos sórdidos y pantanosos.
He descubierto que los hay. Lo único que hay que hacer y es facilísimo es levantar un poco la mirada. Digamos que hay que dejar de ver el charco de las alimañas y poner la mirada en el horizonte de las flores. De ahí para arriba todo es hermoso, se mira el misterioso Valle del Anáhuac, se miran las boscosidades sobrevivientes y, si sigues ascendiendo, verás el cielo azul plúmbago que la primavera indiana nos regala.
Pero hoy jueves no hay que mirar tan alto. Hoy es Día Internacional de la Mujer y aunque es una conmemoración que tiene toda la pinta de ser una invención masculina culposa y de mala conciencia (aquí, las primeras festividades las encabezó Pedro Ojeda Paullada y su inexistente feminidad); las mujeres inteligentes aprovechan la ocasión y se disponen a celebrar y ser celebradas.
Todas se han puesto muy guapas y se han maquillado y perfumado y todo. La generosa vida -y me imagino que mi secreta voluntad- me han otorgado el premio de que mis lugares de trabajo estén intensamente poblados por mujeres. Esto me ha producido la sensación de que hoy me ha tocado vivir en un vergel donde hasta la sobria Rosachiva se ha puesto un listón en el pelo que le queda de lo más bien. Todas mis amigas son un primor y muchas que no son mis amigas también lo son.
El día de hoy he pensado y decidido que uno tiene derecho a ver lo que quiera, lo que le resulte grato, lo que le ayude a vivir y a vivir sonriente. Y así, por hoy he decidido instalarme a la altura de mis numerosas flores. Pancho acaba de hacer una muy importante adquisición de flores que ya viven en esta casa. Con ellas existo y con las aromadas mujeres que nutren mi existencia. Ha sido un jueves delicioso.
Además: HOY TOCA.
¿QUÉ TAL DURMIÓ? CMXCIX (999)
¿Dormirán bien los Procuradores de esa justicia que nunca llega?
Jueves 8 de marzo.
Germán Dehesa
¿Qué me encuentro?
Mi madrecita adorada salía poco. Las escasas giras que realizó en la vida fueron casi todas ellas de índole evangélica. Rosario en ristre se iba a tierra de infieles y cometía el imperdonable error de dejarnos a mi hermana y a mí en la casa. Mi hermanucha era más bien endiablada y para el tipo de hazañas que se le ocurrían yo era el compañero ideal. Como sabíamos que mi madre era una santa y que una santa es lo peor que se puede tener en casa, porque nada les parece y todo tiende a ser malo en comparación con la divina perfección, pues hacíamos entera y plenamente lo que se nos daba la gana.
Dicho de otra manera: mi hermana y yo sabíamos que nos iban a tupir y a frijolear nos portáramos como nos portáramos. Así las cosas, nos portábamos como los perros pues al fin y al cabo ya sabíamos que la ira divina con su indecible fuego caería sobre nosotros. Miren nada más, decía mi madre al regreso de sus cruzadas, no puedo irme tres días porque "qué me encuentro". La méndiga de mi hermana con la cara baja volteaba a verme y hacía muecas como Stan Laurel... La escena queda congelada y llegamos al 2007. Me voy tres días a trabajar a Cancún con pérdida del vuelo y todo; regreso y ¿qué me encuentro? Me encuentro muchos horrores.
En Tabasco, el crimen organizado (que no es decir nada) ya alcanzó a herir a un militar de alta graduación. Se trata del General Francisco Fernández Solís, a quien tengo el gusto de conocer. Él es un militar recto. No merecía esa artera lluvia de balas que recibió, que mató a su chofer y que a él mismo lo lesionó. Frente a esto no hay nada nuevo que decir, salvo que es terrible que no haya nada nuevo que decir. El narco y sus aliados siguen actuando con entera impunidad. Corte y cambio de escena.
En un salón de conocido hotel, Carlos Tello presenta su libro "2 de Julio" (Ed. Planeta). Lo acompañan Jorge Castañeda y José Woldenberg. Estos dos, en menos de 30 minutos, hicieron su exposición y le pasaron la papa caliente a Tello quien a su vez se la pasó al público ahí presente que de inmediato se encrespó, entró en ebullición, se convirtió en la porra Plus de la UNAM e intentó a gritos descalificar al libro. Yo creo que cuando se llega a ese punto, el que se descalifica es el que grita y el que se siente parido por los dioses al proclamar un insulto que ni siquiera viene al caso. Esto de que a Tello, por este libro, lo estén convirtiendo en vocero del porfiriato y emisario de la reacción es una mayúscula estupidez que no esclarece nada y que, de hecho, ofusca la recta comprensión de lo que Tello quiere decir.
Yo he leído el libro y lo encuentro escrito con enorme pulcritud. Desde que leí esa pequeña escena en la que Andrés Manuel reconoce su derrota ante unos cuantos allegados, supe que iba a levantar ámpula y a molestar profundamente a los diáconos de esa tropical iglesia llamada "Gobierno Legítimo".
En el asunto de las "fuentes", para no variar, me quedo a la mitad del río. Por una parte, considero que uno tiene todo derecho y toda obligación de mantener en el sigilo a una fuente que así nos lo ha solicitado al mexicanísimo grito de "no digas que yo te dije, pero...". Ahí no veo vuelta de hoja. Hay que morirse en la raya. El asunto se complica cuando estas fuentes sigilosas revelan un dato clave, polémico y grave de una situación determinada.
Carlos Tello, me consta, es un investigador puntilloso y obsesivo. Jamás diría algo que no pudiera respaldar. Yo sé que existen esas "fuentes" y sin embargo, por ese renglón, el libro será polémico y seguirá echando a andar a los gritones profesionales. Mientras sólo sea eso.
Salgo, de regreso vuelvo a perder el vuelo, llego a la Capital y ¿qué me encuentro?
¿Qué tal durmió? CMXCVIII (998)
Las muertas de Juárez, MONTIEL y el Precioso. La ley duerme.
Miércoles 7 de marzo.
Germán Dehesa
El talentoso Mr. Ebrard
Yo he tratado a varios perredistas y he tratado a Marcelo Ebrard. Me dicen que éste es perredista y me cuesta trabajo creerlo. En dado caso, sería, para mis muy particulares cánones, un perredista sui géneris. Intentaré explicarme.
Para comenzar, los perredistas consideran que el único material textil digno de la izquierda mexicana es el dacrón. De dacrón son sus trajes, sus corbatas, sus calcetines (que pueden condescender a la terlenka) y, mucho me temo, su ropa interior. Muy gratos momentos he tenido al imaginar a Jesús Ortega en sus calzoncitos de dacrón estampado con imágenes de guerrilleras y con la leyenda "hasta la victoria siempre" en la apertura delantera. Con Marcelo me he encontrado en múltiples ocasiones y puede vestir casimir, lana tropical, lino, seda, algodón; pero jamás dacrón.
Los perredistas suelen dejarse el bigote, no como una prenda de adorno pues saben perfectamente que les sale horripilante, sino como un pequeño homenaje al jefe Zapata quien, aún sin saberlo, fue perredista fundacional. Éste es otro juego de salón que recomiendo a todo lector curioso. Si están 10 perredistas reunidos, nueve traen bigote. Discernir cuál es el más feo nos hará pasar ratos muy agradables y le dará alegría a toda la familia. Que yo recuerde, Marcelo, ni después de los linchamientos de Tláhuac que significaron su hora más siniestra, ha pensado jamás en dejarse el anacrónico y antihigiénico aditamento capilar. Aprovecho este momento y, dado que ya murió Abel Quesada, para hacer un llamado a toda la sociedad masculina para que ¡se quite el maldito bigote que nada más le alborota lo feo!
Los perredistas no hablan castilla. Ellos tienen su propio dialecto que es un lejano escurrimiento de sus juveniles lecturas de Marx y de Engels y de los Flores Magón y de los discursos de Lombardo Toledano. Platicar con ellos es una verdadera hazaña; casi como ver "Apocalipto" sin traducción. Eso y que me "compañereén" todo el tiempo, me deja bastante amostazado. A las dos horas de tratarme como el compañero Dehesa, yo ya me siento como Esther Zuno. Esto jamás me ha ocurrido con Marcelo Ebrard, que se expresa en un español muy aceptable y con palabras accesibles para todo público. De hecho, disfrutamos de las pláticas largas que rara vez tienen que ver directamente con la política del momento.
Hace un buen rato que dejé de ver a Marcelo Ebrard. Las elecciones y todo el jaloneo postelectoral nos distanciaron, por lo menos, en apariencia. A su toma de posesión acudí gustoso y ésa ha sido mi mayor cercanía con el actual Jefe de Gobierno. No sé si sea un verdadero miembro del PRD, no sé si éstos todavía existan, pero percibo que Marcelo Ebrard es por sí mismo, una opción ideológica que va por su cuenta.
Cuando lo vi entrarle al asunto de "La Fortaleza", un tema sobre el que AMLO había preferido pasar de largo y sin ver, Marcelo me hizo prestar atención a su desempeño. Su acción produjo una reacción inmediata: manifestaciones, desplegados, consultas legales. Mientras estas últimas cursaban, Marcelo ya estaba borrando a "La Fortaleza" de la faz de la tierra. Hagan de cuenta lo que le hizo Escipión a Cartago, o lo que le hizo López Portillo a la economía del País.
Ahora Marcelo Ebrard se ha comprometido a quitar a los ambulantes del primer cuadro. Lo apoyamos todos. Mis cuates politólogos dicen que no lo va a poder hacer. Yo opino que sí. Si no pudiera o no quisiera hacerlo, no lo habría ofrecido. Creo que lo hará y eso significará el rescate de México. También significará que el gran Marcelo trae muchas ganas de participar en los comicios de 2012 y todo indica que ahí se encontrará con AMLO, su antiguo protector. ¿Qué pasará, amiguitos?
¿QUÉ TAL DURMIÓ? CMXCVII (997)
MONTIEL ROJAS, Mario Marín, las Muertas de Juárez, ¿y la justicia?
Martes 6 de marzo.
Germán Dehesa
La vida intensa
Inscribirse y cursar las carreras que harán de ti un "reconocido psiquiatra", o un "afamado psicólogo", o un terapeuta cuya cercanía con el Tepozteco te ha dotado de "poderes"; todo esto es relativamente fácil y asequible. El problema de estas disciplinas es que, en la actualidad, una enorme mayoría de mexicanos se ha conferido, por sus purititas pistolas, uno o todos los títulos mencionados. Y es por eso que sucede que su Charro Negro convalece, por ejemplo, de una infección intestinal provocada por un langostino ninja y cualquier cuate, o cualquier buey te pregunta: ¿cómo te sientes? y yo respondo: mejor. Con esto basta para que mi cuate o el buey se titulen, mínimo, de terapeutas y se arranquen: dices que estás mejor, pero no puedes estarlo porque estás cursando un duelo muy grande y eso hace que tu depresión larvada encuentre territorio propicio para irse adueñando de ti hasta convertirte en un guiñapo. Pero yo me siento mejor. Porque te estás engañando a ti mismo y con todos esos viajes y ajetreos te dedicas a huir de ti mismo...y aquí te sueltan otro rollo infinito. Tal parece que no están dispuestos a descansar hasta que les digas que te sientes de la fregada.
Amigas y amigos míos: ¡ya déjenme en paz!, ¡ya déjenme estar como se me dé la gana!; salvo que lo autorice expresamente: ¡no me psicoanalicen, con un chirrión! Perdona, lectora lector querido, pero es que ya me urgía poner en su lugar a toda esta bola de extraviados ¡y extraviadas! que han decidido que saben de mí más de lo que yo sé, y lo que yo sé es que soy, como todos, un conjunto de entusiasmos y de orfandades, de enormes alegrías y de penas indecibles; pero contra todo y contra todos, a mí siempre me ha ganado la risa, y no pienso cambiar ahora.
¿Cómo voy a cambiar si he tenido tres días tan plenos y tan luminosos. El sábado trabajé desde las once, suspendí a las tres, luego estuve en una comida maravillosa con excelentes amigos que crearon una inteligente atmósfera propicia a la conversación y al juego intelectual. Y había mujeres igualmente inteligentes, pero además industriosas y dispuestas a atender los aspectos prácticos de una buena comida. Fueron unas horas milagrosas. Gracias a Silvana y a Javier. Por si algo faltara, hubo un eclipse de luna que le dejó al Valle de México el prodigio de poder ver a nuestro astro materno y original, enorme, teñido de oro, solitario, triunfante y con su lejano cortejo de nubes. Ése fue un inesperado regalo.
El domingo fue igualmente grato. Me la pasé iguaneando en la cama hasta la hora de la comida. Leí, vi futbol y me tardé siglos en bañarme. Llegó el Bucles, organizamos nuestra vida; él quería ver Prision Break y yo tenía que escribir mi artículo. Se fue cada chango a su mecate, cada quien cumplió con su cometido y terminamos con el tiempo justo para ver el Pachuca-América. La victoria del Pachuca nos llenó de satisfacción, máxime que los Pumas habían ganado con ese estilo que ahora tienen de obreros soviéticos. Por la noche acabé con mis rivales en la mesa de poker y dormí agradecido en compañía del Bucles que duerme con una placidez envidiable: su respiración es tranquila, su piel brilla y sus mejillas recuperan el tono de cuando era bebé. Esto también es agradecible.
Hoy lunes comenzó borrascoso. Perdí el avión para ir a Cancún. Todo se resolvió. Tomé otro y llegué con tiempo para dar mi conferencia. Me fue bien y ahora estoy, francamente cansado, escribiendo estos renglones que desde estos territorios del sureste, engarzados en un mar inverosímil, llegarán a ti, lectora lector querido.
¿QUÉ TAL DURMIÓ? CMXCVI (996)
Para los casos de las Muertas de Juárez, de ARTURO MONTIEL, del Precioso, el hecho de que vayamos a llegar a las mil ediciones, me parece una vergüenza extrema.
Lunes 5 de marzo
Germán Dehesa
The messaround
El desorden, el caos, el desmadre. Éstas serían algunas traducciones posibles de la expresión sajona "messaround". Diré de paso que, a sugerencia de su representante y amigo quien era el autor de una canción con ese título, Ray Charles la grabó y obtuvo su primer gran éxito fonográfico. Desde este oteadero que nos concede el fin de semana, desde este horizonte lejano e imparcial me asomo a mi País y lo que veo es the messaround; nada está claro, todo y todos están haciendo olas y levantando tolvaneras. Desde fuera lo que se percibe es un desastre.
Tampoco es algo tan grave o tan inusual en nuestras latitudes. Estamos a principios de sexenio y los que tenían que irse no acaban por hacerlo y los que tenían que estar demoran muchos de ellos su llegada. Éste es un importante factor de caos, pero no es el único. Se percibe que cada quien jala por su lado y todavía no ha habido manera de ponerlos en orden. Esto, sin contar nuestra vocación desmadrosa. Quizá el problema comienza con Vicente Fox.
Durante varios años, algunos de nosotros tuvimos que soportar las extravagancias de una suerte de vampiro azteca llamado Sebastián Verti que se presentaba como Presidente de la Sociedad Mundial de Belenistas. Nunca nadie pudo averiguar si en verdad existía tal sociedad, si servía para algo y dado que fuera el caso, para qué demonios servía. La verdad, nadie tampoco tenía muchas ganas de meterse a averiguarlo. Siendo como somos los tenochcas de resignados y fatalistas, preferíamos aguantar el sablazo de este personaje que siempre aparecía en sociedad luciendo una larga capa donde portaba varias condecoraciones y mostrando una cara verdosa y con gesto de coyote personal de los asuntos divinos. Parecía el primo aristócrata de Germán Robles y tuvo una vida muy feliz y regalada gracias a los donativos que recibía para la evanescente Sociedad Mundial de Belenistas. Sebastián Verti, como dicen los locutores, "ya se nos adelantó" sin dejar a nadie que se hiciera cargo de la capota y de los donativos. Sea por Dios.
Lectora lector querido, quiero creer que la confianza que ustedes me tienen es firme como el fierro y que, por lo mismo, perseveraron en la lectura de este artículo por más que pensaran que la historia de Sebastián Verti no venía al caso en absoluto. Si el Charro Negro la está contando, será por algo; se habrán dicho ustedes. Pues sí, sí fue por algo. Sucede que he encontrado en Manuel Espino, el Monstruo Comegalletas, un legítimo heredero de Sebastián Verti. Con su bigote enorme, sus cejas como breñales, la mirada de suegro airado y el tono de su voz que incluye el mensaje de que no admite la menor réplica ya es lo suficientemente imponente, pero además hoy se nos presenta, para amacizar su autoridad, como el Presidente de la ODCA (Edpino y du ODCA adedina). ¿Qué es la ODCA? Pues miren, según sé es una organización continental casi tan importante y poderosa como la mutual iberoamericana de lanzadores zurdos. La ODCA es casi tan eficaz como la OEA y en los últimos años había caído en la profunda mediocridad sin haber conocido jamás la grandeza o la importancia. Fue en esta asamblea de sacristanes combativos que el gran Manuel Espino encontró una herramienta y un pedestal. Ya es, por aclamación, el presidente de la ODCA, ya empinó a Vicente Fox para que se sume a esta resta y valido ya de estos poderes, le trabaja el cráneo a Fox para que declare las imbecilidades que declara (hasta para callarse, dice una idiotez). Aquí comienza the messaround con un Presidente saboteado que pone a temblar toda la estructura social y de gobierno. Pues fíjate qué suave.
¿Qué tal durmió? CMXCV (995)
¡Ay, MONTIELITO!, no sabemos cuándo, pero te la vamos a partir.
Viernes 2 de marzo
Germán Dehesa
Los 100 días
Primer comentario: ¡qué bueno que los libró! González Noroña, ¡el inefable González Noroña! se presentó a temprana hora con el fin de entregarle al Presidente un uniforme nazi. Una gracejada que no se cumplió como tal y que simplemente nos avisó de la deteriorada condición mental del recientemente depuesto y previamente autonombrado vocero del PRD. En verdad, no se vislumbra que el Gobierno de Calderón vaya a avanzar por ese camino; lo que sí se percibe es una recuperación de la nitidez y la autoridad de la figura presidencial. González Noroña, en un sentido arrebato oral, anunció que volverá todos los días primero de mes. Es muy bueno que lo avise para tenerle servicios siquiátricos. Si esta va a ser la manera que el PRD va a emplear para manifestar su desacuerdo con Felipe, éste puede sentirse tranquilo al respecto.
En lo que realmente importa, en la percepción popular de su figura y de su mandato, Calderón la libra de panzazo, pero si recordamos ese gran rechazo que experimentó nuestro actual Presidente en los días anteriores de su toma de posesión, podemos ver que en 100 días mucho ha logrado en la mejoría de la percepción de su imagen y en la aceptación de su desempeño. Leo esas encuestas y descubro que hay renglones en los que todavía la gente mira con desconfianza o rechaza varios de estos rubros en los que se ha trabajado durante los primeros 100 días. Me imagino que Calderón y su equipo mejorarán su trabajo en ellos. Habrá que esperar para ver cómo evoluciona esta Presidencia de la que muchos no esperaban nada y de los que, como nosotros, le hemos otorgado al Presidente Calderón, supongo que con buen tino, el privilegio de la duda.
Yo no sé qué va a hacer el Presidente después de ver estos resultados. Yo haría un pachangón; pero la verdad es que yo, como buen azteca, hago pachanga de todo.
Robos plásticos
La noticia, me dicen, siempre debe tener un rostro y un nombre. Obedezco: ella se llama María Victoria, tiene un rostro francamente agraciado, me ayuda en la tarea de seleccionar y responder los mensajes electrónicos que recibo y es víctima de los bancos extranjeros establecidos en México.
Lo que ahora diré lo haré en nombre y en defensa no nada más de mi amiga, sino de los muchos que me han externado quejas iguales o peores que las de mi cuatacha. Para esto, digamos algo acerca de los bancos y su trampa plástica. En México, de todas las instituciones de crédito, la única que emite tarjetas de crédito es la banca. Pocos saben que al recibir su tarjeta, autorizan al banco a cobrarles por muchos caminos y de muchos modos ¡más de 50 comisiones!, de éstas la banca mexicana aplica normalmente alrededor de 30. Ya con estas herramientas, "nuestra" banca extranjera puede obrar milagros y en el plazo de unos meses convertir una deudita en un deudón que crece y crece como planta trepadora que terminará por ahogar al usuario. Contra esto no hay defensa. Van ustedes a la Condusef y descubren que es una de tantas y burocráticas invenciones mágicas que en el terreno de la práctica, no sirve para un demonio. Eres tú, sufrido usuario, contra ese monstruo que tiene un departamento legal que ya lo quisieran todos los priistas para ellos. Tú me dices: un mes dejé de pagar 20 mil pesos y ahora resulta que debo 400 mil. Y yo te contesto: pues sí, mi chulis, pero quién te manda meterte con esos agiotistas con patente hispánica, o norteamericana, o multinacional; por lo pronto, no hay nada qué hacer, pero tendremos que inventar algo con urgencia. Seguiré informando.
¡Ah, me faltó una cosa!: el domingo 4 se celebra en diversos espacios y en el Auditorio el Día de la Familia. Y otra cosa: HOY TOCA.
¿QUÉ TAL DURMIÓ? CMXCIV (994)
Me dicen que MONTIEL no para de viajar. Es muy libre.
Jueves 1º.de marzo
Germán Dehesa
Crónica de nada
Son las cuatro de la tarde del miércoles 28 de febrero. El mes termina como en un incendio. Hace mucho calor y a mí me duele mucho la panza. Ya me habló una amiga para decirme que esto me pasa por ir a tantos restoranes. Mi mamuchis tenía esa misma opinión: en los restoranes te destrozan el estómago; no hay nada como la buena comida casera. En teoría, esto suena muy bien, pero a mí me tocó contemplar la fulminación estomacal de varios tíos con mole de olla, acelgas en verde, huevos ahogados y otras mil porquerías que mis tías, tan caseras ellas, fabricaban con toda la mala fe del mundo. Prueba de esto es que ellas, a la hora de servir estos explosivos alardes culinarios, a mis tíos les daban raciones enormes y mis tías decían cosas como "yo no me voy a servir, porque ya se me quitó el hambre de estar pruebe y pruebe". Para cuando decían esto, mis tíos ya estaban sudando y jaspeados en verde. Así es que lo de la comida caserita se lo cuentan a otro. Yo lo que quiero es que se me quite el maldito dolor, terminar mi artículo y abodollarme a leer, a oír música (una cuatachísima me regaló el DVD de la 40 de Mozart dirigida por Karl Bohm), o a no hacer nada. Esta última actividad está muy devaluada entre la sociedad, pero les aseguro que si hacemos una selección de ciudadanos aptos para la tarea y los becamos para que no hagan nada, esto redundaría en un enorme beneficio para el País. La lista, ya lo imaginarán, estaría encabezada por Vicente Fox y el monstruo comegalletas Manuel Espino, pero sería nutridísima y por fuerza incluiría a Elba Esther Gordillo que ahora resulta que se tiene que operar porque no ve bien para la izquierda (pues no, mamacita).
A mí no me gustaría estar en la lista; me agradaría entrar y salir, aunque me paguen menos y baje mi bono navideño. Pensando en no hacer nada, acude a mis recuerdos mi prima "La Lombriz" que podía pasarse toda una tarde debajo de su cama chupando un hilo que paseaba por el piso y lo volvía a chupar. Para que vean que eran otros tiempos, La Lombriz podía hacer esto y no le pasaba nada perceptible; si hoy hiciera lo mismo, en media hora la sacarían a rastras de su guarida y se la llevarían a Urgencias. La madre de La Lombriz se ponía frenética, le quitaba el hilo, le daba un manazo y la conminaba a que se pusiera a hacer algo de provecho (hasta la fecha, yo no entiendo qué es eso de hacer algo de provecho). Mi tía alucinaba a La Lombriz que daba muy escasas señales de vida y tenía una permanente mirada de borrego enamorado. Yo jamás me he dejado engañar por las apariencias y sentí siempre una gran admiración por La Lombriz. Yo pensaba que era una mente contemplativa que se estaba creando, hilo de por medio, una idea del mundo que después fructificaría en un trabajo poético o filosófico profundamente original. El tiempo ha traído su veredicto: La Lombriz es una bestia, jamás ha dado una y no entiendo cómo le hizo para fabricar dos hijas igualmente lánguidas y babosonas. De su marido, no estoy autorizado para hablar (¿La Lombriz, habrá llevado su hilo a la noche de bodas?).
La tarde avanza y el sol declina ligeramente. Adolfa trabaja como siempre en tiempo de adagio, Pancho está afanadísimo poniendo flores por toda la casa, la Rosachiva escribe este artículo con los dos dedos que le quedaron sanos después de una leve sesión de "tono muscular" (está hecha un garabato). Y aquí está, lectora lector querido, tu Charro Negro que, gravemente impedido por una severa infección estomacal, se ha concedido permiso para divagar acerca de nada en un texto que, ahora que lo reviso, compruebo que, en efecto, no sirve para nada.
¿Qué tal durmió? CMXCIII (993)
MONTIEL y el Precioso y tanto truhán, ¿conocerán la justicia?