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Miércoles 31. Temporada de balcones.
Nomás de entrada os anuncio, amadas y amados lectores, que no tengo para con la clase obrera y campesina más que solidaridad, simpatía y un solo reclamo: ¿por qué en México hemos dejado pasar tantas décadas de explotación y demagogia por cuenta de los impresentables "líderes" que lo único que han hecho por sus supuestos agremiados es traicionarlos reiteradamente?, ¿por qué obreros y campesinos han permitido la prolongada presencia de Fidel Velázquez, de Rodríguez Alcaine, de Napoleoncito, de Hernández Juárez y de la reina de reinas Elba Esther Gordillo? El asunto no se resuelve en tres renglones, pero todo pasa por la sumisión que, a su vez, es producto de la falta de educación, de nuestra larguísima tradición de sumisos, de los intereses creados y de la obvia colusión entre los Gobiernos en turno y estos líderes obreros y campesinos cada vez más lejos de los que dicen representar, cada vez más ricos y cada vez más dispuestos a renovar sus pactos de complicidad con el Gobierno.
La tarea de acabar con estos lujosos parásitos no es nada fácil. Ahí tienen a Fox que llegó muy sabroso y que el muy muy y terminó rindiéndose a los líderes y cobijando en la propia casa de Gobierno, como si no le bastara con una garrapata hembra, a la reina de reinas, su espantosa majestad Elba I.
Ahora el turno es de Felipe Calderón y los líderes obreros, so pretexto de defender el salario de sus agremiados, van a darle a Felipe su primera "caladita". No lo he experimentado, pero ha de ser espantoso pasear a todo mecate por Europa y comprar Lladrositos y guías del Museo del Prado y questoyquelotro y volver a tu tierra natal nada más para encontrarte con las encrespadas masas y con los líderes que expresan su irrenunciable condición obrera poniendo cara de retortijón que es, según ellos, la cara que debe tener alguien que ocupa un lugar tan elevado y delicado en la pirámide social. Se ven chistosísimos. Parecen "extras" de Mel Gibson.
Así estaba la sopa. Los líderes charros, supuestamente enemigos de AMLO, lo vieron aparecer en un repente y lo vieron entrarle al mero agandalle de la marcha.
No es difícil entender que ese respaldo masivo, esos micrófonos y cámaras y ese balcón le resultaban urgentes al afantasmado Peje que se encontró con este clavo ardiente y se aferró a él. A AMLO le urge balcón, ¿se lo concederán los jurásicos líderes? Hoy lo sabremos.
Hay otros balcones menos gloriosos que el ya mencionado renglones arriba. En este sentido de la palabra, tú y yo, lectora lector querido, nos hemos balconeado en algún momento de nuestra vida. Sin embargo, jamás lo hemos hecho con la disciplina y la constancia de Vicente Fox que siempre se coloca en la condición ideal para balconearse: hace falta un auditorio, un público, un micrófono y con estos sencillos elementos nuestro felizmente ex Presidente tiene ya la tecnología y los instrumentos para crearse un balcón instantáneo y salir con la fantasía sudamericana que se acaba de inventar en su debut como conferenciante (palabra más correcta que "conferencista"). Colegas hay que, en un arrebato de pena ajena, dicen que Fox tiene que retirarse a estudiar. Yo no soy tan optimista y más bien creo que lo de Chente es una malformación genética incurable; es un problema de mala conexión en la sinapsis. De nada sirve señalarle sus brutalidades; tampoco serviría, nos consta, prepararle los discursos para que nada más los lea. Lo admirable de Fox es que siempre está convencido de que lo que dice es lo correcto y así, cuando diga que Hamlet es de Carballido, nadie lo convencerá de lo contrario y ahí se queda, solitario en su balcón.
El único remedio que yo le veo es que reactive al vocero y se lo lleve a las conferencias. Hay de balcones a balcones. Digo.
¿Qué tal durmió? CMLXXII (972)
ARTURO MONTIEL ROJAS sigue tan campante.
Martes. 30 En su nombre y representación
Denise Maerker, la inefablemente bella, la que está tejida con hilos de inteligencia, de plata y de luna; ella acaba de entrevistar a un alto personaje del IFE cuyo verdadero nombre es Anáhuac España México. Esto último se desprende de su conversación con Denise en torno a los excesivos gastos en que los patéticos muchachos han incurrido supuestamente por ese México que dicen representar. El argumento es viejísimo. Según éste, toda la pompa y el relumbrón de ese catolicismo barroco que llegó para quedarse en tantos lugares, es indispensable no para los hombres mortales y transitorios que ostentan tal o cual cargo; sino porque precisamente éstos representan la inefable, la inaudita, la infinita majestad de Dios. Con tal motivo, no pueden vestir menos que esos finísimos trajes de seda italiana que yo le he visto a Norberto y que de ningún modo cancelan o atenúan su innegable parecido con Pedro Picapiedra.
Pero no nos extraviemos; no podemos extraviarnos si recordamos el ineficiente desempeño, la tontería política y la costosa estupidez con las que el IFE actuó en las últimas elecciones presidenciales; un asunto que, en mucho por su ineptitud, se complicó, se alargó y nos fatigó durante los meses que van del 2 de julio al 1 de diciembre. Ni modo. Tenemos que decir que todas estas babosadas que Ugalde y su tropa loca cometieron fueron a nuestro nombre y representación.
Estando el anafre tan caliente, la gran Denise consigue una lista de los gastos de estos muchachos, donde vemos gastos por viajes al extranjero de una desmesura extrema. Quien oye esta lista piensa que de lo que se trata es de los primeros viajes de unos nuevos ricos y, en efecto, de eso se trata. Con cargo a nosotros, pero así es: se trata de unos nuevos ricos que se van a Europa, o a Miami (en términos de política electoral, ¿qué demonios se les perdió en Miami a estos neonacos?) en asiento de clase ejecutiva y dándose una vida que sentían que era un anticipo del premio que recibirían por su desempeño en las elecciones. Como éstas salieron como salieron, entonces resulta que Ugalde y sus forajidos viajaron como viajaron porque iban en representación de México, ¡háganme el C. favor! Yo no sé ustedes, pero yo, su Black Charrou, no me siento representado por esos güeyes.
Y si sólo fueran los del IFE, pero la verdad es que la nómina oficial está plagada de personajitos y personajotes a los que tenemos que pagarles desde sus suntuosos viajes, hasta su interminable gira por las más exclusivas tiendas y restoranes del País. ¿Hasta cuándo? Ya tendríamos que estar hartos de tantos "representantes" oficiales u oficiosos que nos cuestan igual o más que un Cardenal a sus feligreses.
Operación cobija
A todo esto ¿cómo sigues?, me pregunta la opinión pública nacional e internacional. Respondo: ahi la llevo. Al paso que voy, no creo llegar a las fiestas de La Candelaria allá en Tlacotalpan.
Creo que todo lo que me ocurre se debe a un error de cálculo. Alta era la noche cuando me dio por pensar que tenía yo mucho calor y que por eso no podía dormir. Acto seguido me quedé en camisetita y ya para el despertar parecía yo entierro quechua, en posición fetal y color berenjena.
Desde ese enfriamiento no veo la mía.
Un capitalino no está preparado para aceptarlo, pero sigue haciendo un frío terrible. Si yo me descobijé fue por mi gusto y porque mi termostato es absurdo, pero la cobija sigue siendo indispensable. Les suplico que nos sigan ayudando. Les doy mi palabra de que cada cobija queda en manos de un desguarnecido conciudadano. Informes sobre mi salud y sobre las cobijas al teléfono 56-11-65-13. Ayuden, no sean perros.
¿Qué tal durmió? CMLXXI (971)
Antes de experimentar náuseas, ¿qué sentiría usted al tener que compartir un restorán con ARTURO MONTIEL?
Lunes. 29 Cosas 3
Una cosa que no me gustaría nada es que el mundo se acabara en fin de semana. Sería mucho más llevadero y nos daría más alivio si ocurriera en entre semana y ya no tuviéramos que cumplir tal o cual compromiso. En cambio, en fin de semana nos interrumpiría el descanso, la diversión, la cháchara familiar y el futbol. Claro que si lo que se interrumpiera fuera el nefasto juego Veracruz-Pumas, no sería tan grave y hasta podría ser agradecible. Así son las cosas.
Y ustedes dirán ¡qué cosas se le están ocurriendo al redactor que es el favorito de nuestro corazón! Pues sí, pero es que, aunque no es una expresión particularmente aristocrática, desde el viernes por la noche, tengo el cerebro navegando en un mar de flema y mi departamento legal dice que nadie puede hacerme responsable de lo que piense o diga en estas condiciones de gripe mayor colindante con la hidrofobia y la meningitis en el paladar.
Me siento lacio, lacio. Desde el cuartel de Espino me habían contratado para dar este sábado una conferencia. Yo acepté, como quien acepta entrar en la cueva de los leones. Me entusiasmaba cotejarme con los forajidos y cuatreros hispanoamericanos que Espino, me imagino que con pésima intención, había convocado. La ciencia médica y el sentido común decretaron que no saliera ni a la puerta, so pena de que mis males se agravasen y desembocaran en un fatal desenlace. Estando tan cerca las fiestas de La Candelaria allá en Tlacotalpan, uno tiene la obligación moral de no morirse. Escribo todo esto para que Espino, el de la dulce expresión, no piense ni por un instante que me abrí a la hora buena. Yo mandé mis naves a luchar contra los socialcristianos, no contra los neumococos. Adebás gon la inundación de flema, di be hubiedan endendido.
Ya entenderán por qué llevo 48 horas encerrado en mi casa de piedra y flores urdiendo locuras de diversas dimensiones. No quiero moverme, siento que cargo un cansancio de siglos y lo único que he hecho es ver deportes (la derrota del América ha ayudado mucho a mi recuperación) y leer. Aquí les tengo que contar una cosa harto sorprendente.
Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges fueron amigos durante más de 30 años. Se veían, o se comunicaban diario. Bioy llevaba con cuidado un cuaderno de notas y en él consignaba todo lo que Borges decía, hacía, opinaba, planeaba, temía o soñaba. A la muerte de Bioy en 1999 aparecieron todos los cuadernos y los estudiosos descubrieron que lo que Bioy había consagrado a su amigo formaba un extensísimo volumen que nos muestra la biografía sesgada de Borges. En la literatura inglesa se da un caso similar entre Boswell y el Dr. Johnson. El enorme libro que recoge esto ya ha sido editado y obra mágicamente en mi poder. Aún a riesgo de perforarme la panza, que es donde lo recargo, lo estoy leyendo y lo encuentro muy satisfactorio. Este librón es el que me ha acompañado durante este fin de semana que se convirtió en el festival de la mucosidad. La enfermedad es una cosa mala, pero un libro puede ser una cosa buenísima.
Los periódicos traen una noticia (una cosa) que me intriga. Dicen que en la "megamarcha" de los trabajadores que solicitan un salario de emergencia, el orador principal será Andrés Manuel López Obrador que regresa al lugar de sus grandes éxitos (corta temporada). Me gustaría que mi amigo Hernández Juárez (a) el Just for men me explicara si está contento con haberle organizado este mitin a la sección tropical del PRD. Cosas de la política.
Y ya me voy. Estoy sintiendo cosas muy raras. Alegrémonos, hermanos, alegrémonos; el lunes suele ser una porquería, pero siempre es mejor cosa estar vivos, aunque sea en lunes.
¿Qué tal durmió? CMLXX (970)
¿Dónde está ARTURO MONTIEL?, me interesa verlo para que me diga ¿dónde está Isidro Pastor?
Viernes. 26 Cosas (2)
Qué cosas! Ricardo Monreal, paladín de la democracia, figura señera de la izquierda mexicana, líder moral de los que no han transigido, está en tribuna y en ella blande, enarbola y ondea uno de los más sagrados símbolos patrios: un paquete de tortillas. Con fuerte dosis de valor civil y sin importarle su seguridad personal, denuncia el fracaso del plan estabilizador del precio de la masa y la tortilla patrocinado por Felipe Calderón. Nadie lo ha respetado, sigue la escalada de precios, los trabajadores y en particular sus durables líderes preparan la megamarcha y exigen el salario de emergencia. Aquí tenemos una muestra más de la incapacidad de la derecha; aquí, en la tortillería de aquí cerquita para mayor escarnio de todos, aquí compré un kilo de tortillas y me cobraron, compañeros, ¡$9.50!; el cúmulo de mentiras se derrumba... Mientras Monreal hace con la palabra una exquisita filigrana zacatecana, un reportero malora abandona San Lázaro y va a la susodicha tortillería, pide un kilo de tortillas y se lo venden a $8.50. Fin de la escena. Entiendo que este hecho en sí es un asunto menor, pero es también una metáfora correcta de la condición moral de Monreal. Nunca le vayan a comprar un coche usado a este celacanto venenoso.
Hay otra cosa que me tiene sorprendidísimo: amanece un día y amanece otro y el Secretario de Salud, como el dinosaurio de Monterroso, sigue ahí. Tal parecería que no dijo lo que dijo, que no sacó su mitra, su capa pluvial y su incensario para proclamar las glorias de su ausencia de pensamiento secular. Y sin embargo lo hizo y al hacerlo, infamó la memoria y la obra de Julio Frenk y que conste que sólo el Dr. Frenk sabe la batalla que tuvo que dar para más o menos poner al día la política mexicana de planeación familiar. Todo para que llegue José Arcángel Córdova Villalobos y salga con su aldeana batea de babas. Otra vez la burra al trigo: una cosa muy respetable es el credo personal, de hecho, por mí pueden creer en la divina zanahoria, o en los síquicos de Walter Mercado, y otra es la política pública donde por encima del bien propio, tiene que primar el bien común. Sería ideal que quitaran a ese señor y se fuera de eficiente monaguillo a cualquiera de los muchos templos que lo necesitan; nada más que lo haga con cuidado porque los brasileños se están adueñando de todo: ¡pare de sufrir!
Cada día es un diluvio de cosas. Que éste nació, que éste murió, que este otro anda a medios chiles y como queriendo buscar las tablas; que en Berlín dijeron, que en Francia otra mujer ya está lista para ser la mera mera (conste que lo vengo avisando desde hace 20 años. Hombres: todavía estamos a tiempo; firmemos una rendición honrosa), que seguimos sin saber, por dar un ejemplo, quién y por qué mató a Enrique Salinas; que un amigo entrañable viene y hace su máximo esfuerzo para explicarme lo que ya pronto será un aparato diabólico llamado I-phone que hace de todo, incluso ralla zanahoria. Me cuentan que todo aquél que logre dominar todas las funciones de ese aparatejo, ya no necesitará ni del mundo, ni de la realidad porque todo lo que requiera estará guardado en esa cajita. La gran alucinación. Y las cosas no dejan de pasar; cada instante se roba un gramo de nuestro polvo y va preparando el montoncito que seremos. "The poor thing I am" dice Shakespeare en Otelo. Si esto es el lujoso Yago, hijo del Príncipe de la Poesía, qué seremos nosotros sino cosas entre las cosas. Lo que nos salva es que nos siguen ocurriendo cosas y podemos seguir sonriendo. Las cosas son chistosas. HOY TOCA.
¿Qué tal durmió? CMLXIX (969)
La justicia está dormida y no asiste. Ahí siguen MONTIEL y Gamboa y Kamel Nacif y el Precioso y tantos más que tan suntuosamente nos roban y nos ofenden. ¿Hasta cuándo?
Jueves. 25 Cosas (1)
A uno le pasan cosas; hay cosas que no pasan sino que se nos quedan; las cosas ahí están y, según dice el poeta de secreta fama, las cosas ahí seguirán cuando no estemos, "ciegas y extrañamente sigilosas"... las cosas.
En efecto: me han pasado cosas en este meneado enero de 2007. Ninguna de estas cosas merecería el titular de la primera plana, pero, cada una en su ámbito tiene su pequeña o gran importancia.
Les puedo contar, por ejemplo, que, de regreso a la escuela, el Bucles ha sido convertido en el Semibucles por el enérgico mandato de las altas autoridades de la primaria de readaptación social donde el grumete cultiva su espíritu y aprende a socializar. Ahora lo veo y no puedo dejar de pensar en el bíblico Sansón, con la agravante de que, si por mi fuera, yo lo dejaría en entera libertad de que se dejara las greñas como a él le viniera en gana, habida cuenta de que él y yo estamos de acuerdo en un sencillísimo precepto: que tu presentación sea libre y personal, siempre y cuando no ofendas con ella a los que te rodean.
Si lo piensan un poco, estamos frente a la vieja discusión de hasta dónde dispongo yo de mi ser y de mi cuerpo y hasta dónde hemos de permitir que las iglesias, el Estado, las autoridades nos legislen y gobiernen esa ínfima parcelita de creación que es la ínsula de nuestro cuerpo. Ustedes que pueden, disfruten de ese don que es una cabellera, río de misterio como toda mujer sabe.
Otra cosa. Una amiga me pide ayuda porque está trabajando con "menores infractoras" y me cuenta que, para su sorpresa, ha descubierto que estas muchachitas disfrutan la lectura, pero tienen escaso acceso a los libros. Ante esta situación, nos hemos lanzado a la gustosa tarea de hacer para estas chicuelas una biblioteca que les muestre el lado luminoso de la vida y todo lo que ésta puede provocar en la imaginación del hombre. Aquí es donde entras tú, lectora lector querido. Estoy absolutamente seguro de que nos vas a ayudar a formar esta primera biblioteca que ya nos encargaremos de que sea la célula madre de muchas más. Imagínate que eres una muchachita que está en la cárcel, ¿qué libro te gustaría leer?, ¿lo tienes?, ¿qué esperas, criatura? La información acerca de dónde enviarlo y de dónde puedes proseguir colaborando en "Operación Cobija" la obtienes marcando el teléfono 56-11-65-13.
Ahora que lo pienso, no está nada mal esto de juntar libros con cobijas. Me constan la tibieza y el alivio que un libro puede solicitar para una mente y un corazón atribulados.
Otra cosa chistosa. Lo veía y no lo creía. La escena podría estar sucediendo en Botswana, pero resulta que es Tijuana. Ahí están los recios policías de la localidad dispuestos a enfrentar al crimen con sus disuasivas y letales resorteras. No entiendo cómo el meganaco de Jorge Hank se atreve a aspirar a la Gubernatura de su Estado en ese entredicho moral, en ese borroso linde de la legalidad en donde permanentemente vive. Ojalá y estas palabras fueran el resorterazo que tan bien se ha ganado esta exótica sobrevivencia del peor PRI.
Mejores cosas. Esta mañana, durante su participación radiofónica, Denise Dresser, la encendida ciudadana, reactivó una iniciativa que muchos seres de bien hemos patrocinado desde hace varios meses. Se trata de una tarea cibernética. Su objetivo es reunir la suficiente masa crítica como para lograr que esas cantidades millonarias e indignas que se asignan a los partidos se reduzcan en un 50 por ciento. Si no le entras, luego no te quejes (www.propuestacivica.org.mx). Entras a esta dirección, dejas tus datos (los de tu credencial de elector) y por este simple hecho, comienzas a dejar de ser un vasallo comebolas e ingresas de lleno a la ciudadanía activa. Aquí te quiero ver.
¿Qué tal durmió? CMLXVIII (968)
¿Despertará la justicia?
Miércoles. 24 Las hazañas de Súper - Ratón
Tierra firme. Al menos eso creo. No me fue fácil despegarme del Bucles, pero lo alentador fue depositarlo en manos de su madre que en él halla todas sus complacencias y cumple gozosamente su tarea de encaminar al grumete por el rumbo de su vida.
Nomás llego y ¡paf!: la bronca de la masa y el peludísimo asunto de la extradición de los capos. En lo del maíz, parece que Felipe llegó tarde. Bastaría con haber mirado los futuros de Chicago para saber desde hace un buen rato que, por diversas razones, el maíz estaba a la alza y que había que tomar provisiones. No se hizo. Como era año electoral y como Fox nos salió tan sacatón, en 2006 no se hizo nada (Fox vivía en la convicción de que todo se arreglaba solo). Éste era un trabajo inaplazable para Súper-Ratón, pero el veloz roedor andaba apagando otros heredados fuegos. El caso es que ya se puso un remedio provisional, pero ustedes verán que la historia del maíz está muy lejos de haber terminado y que va a requerir un trabajo político mucho más fino que el que ahora se ha aplicado.
Tenemos el otro asunto: la extradición de capos, capitos y ¡capas! De un día para otro, sin permitir que el narco viera venir el cimbronazo, Súper-Ratón autorizó la extradición de un puñado de golfos que se morían de risa en las cárceles mexicanas; de hecho, muchos de ellos, cuando se sentían amenazados, se hacían encarcelar y ya adentro arreglaban la cárcel como su hotel particular con bussines center, room service y call girls. El puritito agasajo. Era un deleite tener en la nómina a todos los celadores, al alcaide y a muchos otros que seguían hacia arriba en el escalafón. Al parecer, esto se acabó. Enhorabuena Don Felipe.
El periodista mexicano, con las excepciones del caso, tiende a ser implacable en el vituperio e inmensamente cauto en el elogio. Yo, sin la menor cautela, carente de corrección política, le digo a nuestro Presidente que lo felicito ampliamente, que entiendo el riesgo personal y familiar que ha asumido y que le brindo mi más total e irrestricto apoyo en esta decisión que acaba de tomar. La encuentro valiente, inteligente, necesaria, riesgosísima (para él y para el país) e inaplazable. El narco literalmente se estaba comiendo al país y corroyendo todas sus instituciones públicas y privadas. Siempre habrá ese cerebro dizque de izquierda que dirá que Felipe cedió a las órdenes de Washington y que al entregar a los narcos, entregó la soberanía de la Patria. Se pueden decir tantas estupideces; de hecho, se pueden publicar. La verdad -y en esto que voy a decir me inspiro un tanto en el maestro Granados Chapa-, es que el narcotráfico es un delito trasnacional cuya órbita está en todas partes, pero cuyo centro está en Estados Unidos, el gran mercado de las drogas. Así la nación imperial es la naturalmente obligada a juzgar y a condenar estos delitos que se cometen en su contra.
No aplaudo a nuestro Presidente porque no es la hora de los aplausos. Es la hora del respaldo solidario; el propio y el del resto de la ciudadanía. No es, o no debería ser difícil que todos entendiéramos que la disyuntiva era tajante: México o el narco. Súper-Ratón dijo "México" y, a mi juicio, nosotros no podemos ser menos. Le podemos reclamar a su impresentable y gazmoño Secretario de Salud (maravilloso sacristán), el excesivo olor a cirio y a yunque que emana de su equipo de trabajo, los bandazos de Sojo y la insufrible altivez y mamonería de Mouriño y su contlapache. Esos y otros temas son asuntos aparte.
Estimado Felipe: en este asunto de la extradición, te apoyo totalmente. Llegó la hora de irnos con todo contra el narco. A tus órdenes.
Envío
Murió Ryszard Kapuscinski, periodista ejemplar. Es una gran pena.
¿Qué tal durmió? CMLXVII (967)
MONTIEL goza de cabal salud.
Martes. 23 Los pobres marinos (7)
Ante el fantasma de la extradición y amenazados por la rebelión de la masa, el Capitán Bucles y el cronista se aprestaron a volver a sus pagos, no sin antes visitar las famosas ruinas de San Gervasio (creo que ayer, ciego de dolor por la derrota de Nueva Orleáns, puse San Dionisio. Perdón). Todo era preferible, antes que seguir con el corazón en la boca y el corazón exprimido ante las hazañas automotrices de Michael Schümaya.
Ahí en las ruinas hay tres lugares en perfecto estado de conservación: las dos taquillas y la tiendita donde venden cocas y botellitas de agua a 40 pesos, lo demás es un desastre. Visitando las "ruinas", de pronto sentí esa misma y molesta sensación que experimento cuando mis amigos me muestran los planos de lo que será su casa, o, todavía peor, me piden que los acompañe a ver la obra a riesgo de que me rompa la madre en esas escaleritas de tablón que inventan; aquí va a estar nuestra recámara con un ventanal muy amplio que da al Periférico, me dicen, y yo pienso: pues que me inviten a ver la recámara ya terminada y no este piso pelón que cualquier chico rato se hunde. El Bucles estaba muy circunspecto y confundido cuando yo le leía una tabla que decía: éste fue un adoratorio de enorme importancia en el período de la decadencia maya; volteábamos y veíamos tres mulas piedritas y yo pensaba: pues estuvo dura la decadencia. Caminamos y caminamos. Mi estimado Bucles, ¿qué opinas de nuestra visita? Que quiero una Coca y unas papitas enchiladas, ¿y tú?; pues la verdad, la verdad, yo opino que si lográramos traer acá dos camiones con piedras, tú y yo podríamos hacer unas ruinas mucho mejores, ¿a poco no? Yo creo que sí, se me hace que los mayas no hicieron nada aquí y que más bien lo tenían como tiradero de piedras.
En la tiendita restauramos nuestras fuerzas y ya de mejor ánimo le dije al Capitán: tómalo con calma, pero tenemos que volver a subirnos al coche de Kukulkán Fittipaldi. Pa': ¿no podemos regresarnos a pata? No, desgraciadamente no, mi querido Andrés, el centro de Cozumel queda lejísimos, además, si el Mayatex ve que nos regresamos a pata, nos plancha.
Veloz como la luz, la ráfaga del sureste nos condujo a Pepe's un afamado restorán de la localidad. Comimos muy ricamente y luego nos dirigimos al muelle para reinstalarnos en nuestro camarote. Una vez que abordamos todos los pasajeros, el barco y su sirena se despidieron lenta, melancólicamente de Cozumel.
Lo demás ya es historia. El barco, cuyo piloto quizá estaba siendo asesorado por nuestro taxista cozumeleño, agarró velocidad y no se detuvo sino hasta Miami. El Capitán Bucles estaba putrefacto. De su padre heredó el horror por los madrugones. Pa', ¿ya viste a qué horas quieren que estemos en cubierta listos para irnos?, ¡a las 6:30! ¡¿De veras, Andrés?! Aquí en el papelito dice. ¿Pero cómo, mi querido Andrés, le pueden hacer esto a dos personas de tanta reputación como tú y como yo? No sé, pero aquí en el papelito no dice nada de nosotros. ¿Y qué hacemos? Yo digo que ver una película en la tele, si de todos modos nos van a desmañanar, pues ya da igual. Así lo hicimos. El Bucles cayó a las 2 a.m. y su padre hora y media después.
A las 6:30, cual vacas de exportación, nos tenían en la cubierta. Todos nos recargábamos unos en otros y la salida era por goteo. Andrés y yo salimos a las 8 a.m., seis horas antes de tomar nuestro avión.
Quiero decir que el crucero en sí no fue demasiado relevante; que lo inolvidable fue el tiempo y el espacio que tuve para estar con mi hijo y comprobar que es un ser bien nacido, tímido, divertido, compasivo y con voluntad de ser hombre. Hablar de estas cosas y comprobarlas valen la pena y hacen dichoso cualquier viaje. Me consta.
¿QUÉ TAL DURMIÓ? CMLXVI (966)
MONTIEL.
Lunes. 22 Los pobres marinos (6)
"Y nosotros los pobres marinos/ hemos hecho un barquito de vela/ pa' vivir en el fondo del mar/ que ya no se puede vivir en la tierra..." así cantaban "Los Bribones" hace mucho (en tiempo geológico pasó hace un instante y en el tiempo de Dios, está pasando). Durante nuestro último día de estancia en el "Navigator of the Seas", el ya citado estribillo invadió mi espíritu. Estuvimos a punto de ser dos rarísimos viajeros que jamás abandonaron el barco. La única manchita en nuestro limpísimo historial la constituyó Cozumel. Ahí había muelle y el viajero podía bajar del buque a la hora que se le diera la gana. Además, yo tenía que comprar un termo para llevar mi insulina de Miami a México. Oye, pa ¿dónde vamos a encontrar un termo en Cozumel? No sé, pero de que lo consigo, lo consigo, tiene que haber un termo en Cozumel. Lo había. Estaba en los almacenes "Chedraui". El Bucles y su padre lo avistamos, reluciente, bruñido, pequeño, metálico, ideal en un anaquel perdido en la sección "Enseres para el Hogar". Señorita quiero este termo. La susodicha y maya señorita me respondió: no se puede, no tiene marcado el precio y es el último y es el único. Señorita: ¿usted es casada? No, señor (y esto me lo dijo cual si fuera lamento borincano y lágrima del Chueco Villanueva). Bueno, señorita, déme su mano; yo regresaré a Cozumel dentro de un año y, por los poderes que me han sido otorgados, usted estará casada y esperando su primer bebé; todo esto ocurrirá si hace algo para que yo pueda comprar el termo. El Capitán Bucles me miraba con indescriptible azoro; la señorita se puso a pensar a todo lo que daba y finalmente jaló un chunche del mismo estante, le quitó el precio, se lo puso al termo y me lo dio, mientras me decía: conste que regresa en un año. Señorita, yo soy serio, soy discípulo de la gran Amira y yo lo puedo todo (hasta comprar un termo sin precio), vámonos, Bucles.
Mientras hacíamos cola en la caja yo me preguntaba ¿cuánto costaría el termo? La cajera lo pasó por la maquinita que lee los precios y resultó que el termo valía ¡14 pesos!. Antes de que la mayita reaccionara, ya le había dado yo el dinero y lo caido, caido y a mí mis timbres y ya tzingó mi perro el tuyo, zafín zafado y por aquí pasó Colón con todo su batallón. Ya era yo dueño de un termo. El Bucles preguntó: pa' ¿está bien lo que hiciste? Pssé no es lo mejor, pero te consta que yo quería pagar lo que costara, se me hace que estaban de oferta.
Ya era yo dueño de un termo. Ahí mismo en la caja, volteé para recogerlo. Ya no estaba. ¡Me robaron mi termo!, ¡el único que había en Cozumel!, ¡qué pelados pueden llegar a ser los dioses!... acabé comprando un termito infantil de plástico que mantiene frías las cosas durante casi ocho minutos. Dibodo.
Salimos cariacontecidos a los espacios exteriores con nuestro termito a cuestas. Enfrente de los almacenes había una base de taxis cada uno más tropical que el otro. De inmediato entré en negociaciones con un chofer para que nos paseara por la isla durante las tres horas que nos faltaban. La versión maya de Michael Schümacher, nos ofreció una cuota muy módica y sin decir más el Capitán Bucles y su Ordenanza nos trepamos a un Tsuru que alguna vez fue blanco y que me movió a sospechar que se lo había vendido Nico.
Apenas pudimos aposentarnos, cuando Schümaya arrancó como enloquecido y avanzó a todo lo que daba, estuviera la calle como estuviera. Cuando este energúmeno veía un congestionamiento ponía su sirena de policía y todos le abrían paso. Nos rindió mucho el tiempo, conocimos aunque sea en versión borrón cientos de lugares y recalamos en las ruinas de San Dionisio, donde nos dijo que nos podíamos bajar para visitar...Esto continuará y terminará.
¿Qué tal durmió? CMLXV (965)
MONTIEL.
Viernes. 19 Los pobres marinos (5)
Raudo el buque navega. ¿Sabes qué, pa? No, Andrés, la única que puede saber es la gran Amira, aunque ya están a punto de levantarle la canasta; así es que, sin la asistencia y el auxilio de la gran Amira, no puedo saber qué. Hablas muy chistoso, pero lo que yo te quería decir es que he estado pensando en esto de los cruceros. ¿Y qué opinas? Que están bien, pero que serían mejores si no se detuvieran en ninguna parte. Totalmente de acuerdo, Bucles; ahora te quiero preguntar sobre un asunto que atormenta mi alma: ¿qué opinas de la gente que va a los cruceros? Pues no sé, son buena onda, pero son medio raros y les gustan unas cosas que a mí me parecen muy, pero muy feas; como que son distintos.
A su manera, el grumete estaba externando su horror ante lo que Monsiváis llamaría "la rugiente clase media". Desclasado el padre; desclasado el hijo. La única diferencia es que yo he aprendido a tener cariño y respeto por estos personajes trabajadores, honrados, ahorrativos que, un buen día, deciden invitar a su familia a un crucero y lo disfrutan exhaustivamente. Van a todas las visitas a tierra, asisten a todos los espectáculos que el barco ofrece, compran los impresentables adefesios que ahí venden, van de smoking (o algo similar) a las cenas del barco, participan en los cursos de yoga, asisten a conferencias sobre el carisma, durante el día se ponen unas camisas floreadas que son como la cruda de Gaugin y cuando llega la esperadísima "noche del chef", terminan bailando el hokey-pokey alrededor de las mesas en compañía de los meseros con vigor y júbilo envidiables. Frente a todo esto, literalmente se me parte el alma: yo, como tantos otros tránsfugas que ni siquiera lo reconocen, provengo de ese mundo y en él deposité media vida; pero ahora ya no pertenezco, ya perdí sus claves y no tengo, ni necesito, otra clase social que me cobije. Se queda uno solo, y esto lo digo sin dramatizar, y el único camino de salvación que yo he encontrado es la ternura. Me encuentro, por ejemplo, con una señora que me muestra el cuadro de un payasito con una lagrimita y me dice que lo acaba de comprar porque le pareció precioso. Por una parte, yo pienso que me bastaría tener ese cuadro en mi sala para que me dieran tres comas diabéticos; por la otra, veo a la señora tan enamorada de su adquisición y me enternece inmensamente. ¿Me entienden?
En la siguiente diapositiva aparece el Bucles vistiéndose para "la cena del chef". Se bañó (casi baja el Capitán a felicitarlo), se puso "su loción" que es dulzona y penetrante y luego procedió a ponerse un elegante traje negro con camisa negra y corbata negra. Estaba a unos milímetros de ser el Bucles Corleone, pero la verdad es que su padre lo veía elegantísimo y con ese luminoso color en las mejillas que sólo el baño proporciona. Pues, vámonos, le dije al grumete ya que estuvo listo. El Bucles Travolta me miró de arriba abajo, así como escaneándome, y hecho esto me hizo esa pregunta que todas las mujeres con las que he tenido cercanía me han hecho: ¿así vas a ir?...Pues sí, Andrés, así voy a ir, y voy así porque así soy yo, en cambio tú no estás vestido como eres tú, pero eso no importa; lo que importa es que no me mires con esos ojos y que entiendas que el mundo es ancho y diverso; entiendo que nuestra obligación es no ofender a los demás con nuestra presentación y eso, con trabajos, pero lo cumplo. Digamos que estoy bastante menos chilapastroso y pandroso que tú en la mayoría de los días y, con todo y todo, yo siempre te encuentro digno de un abrazo, así es que no me estés fregando: así voy a ir. (no bailé el hokey-pokey).
Además: HOY TOCA.
¿Qué tal durmió? CMLXIV (964)
¿Será que Calderón ya bendijo a MONTIEL, al Precioso y a Ulises?
Jueves. 18 Los pobres marinos (4)
Después de los ya reseñados sobresaltos, la vida náutica del Capitán Bucles y el Charro Negro recuperó su placidez y liviandad. No era cuestión de desaprovechar la oportunidad de conocer en persona al mar Caribe tan vituperado por mi tía Ágatha y tan ensalzado por autores tan respetables como Germán Arciniegas ("Biografía del Caribe", Ed. Sudamericana) y como Alejo Carpentier que es, para mi gusto, el más asombroso y elevado creador de toda nuestra narrativa del siglo 20. Si alguien lo duda, tendrá que leer "El Siglo de las Luces", novela caribeña. Era ese mar Caribe, saludado por el propio Carpentier como un nuevo Mediterráneo, el que tenía yo frente a mis ojos que, como en el caso de Colón y los conquistadores, estaban ya previamente saturados de mitologías.
Debo decir que uno era ese Caribe constelado de literatura y otro el que la línea naviera me ofrecía. Cuatro o cinco veces nos detuvimos en la bahía de algunas islas. Desde mi terraza estudiaba yo muy bien la situación y lo que veía yo era Puerto Marqués en 1940. Nomás de pensar que bajaba yo y salía algún nativo a tratar de venderme tamarindo enchilado o un chango tallado en coco, me volvía a subir la glucosa. Para peor, no había muelle y nos tenían que trasladar en lancha. La lancha sale a las ocho, ¿qué opinas, Andrés?... Con la pena, papá, de que se va a ir sin nosotros, nadie se despierta a esas horas y yo ya quedé de verme con mis cuates a las 12. Con este breve diálogo se resolvía lo de la expedición a tierra firme; nos levantábamos hacia las 10 de la mañana, yo me bañaba, mientras el Capitán Bucles se atenía al sabio concepto que dice "Mejor que digan: ahí va el puerco; a que digan: ahí va el cuerpo". Yo salía en busca de algo para desayunar y el Bucles que tiene costumbres alimenticias más bien tibetanas, desayunaba cualquier repelo que se encontrara.
Una de estas jornadas matutinas la dediqué a recorrer el inmenso barco y a detectar la enorme cantidad de porquerías que ahí se venden. Visité también la biblioteca, que es francamente mediocre, y volví a mi habitación. Inserté la llave, abrí la puerta y vi algo inverosímil: mi cuarto había sido invadido por caperuzos de diversas edades y razas. Algo espantoso: discutían, gritaban y ¡brincaban en mi cama! Al centro de este cuadro narcosatánico estaba el grumete Bucles, que por esta acción fue degradado, con un mazo de naipes en la mano y auténticas fichas de casino acumuladas a su alrededor. Pásale, pa, estamos jugando Texas hold'em, ¿no le entras? Nada más de imaginarme que alguno de esos mendiguitos me ganara mi lana, más me subía la glucosa. No, Andrés, todavía no soy digno; mejor voy a buscar algo para entretener el hambre y luego regreso; por cierto, explícale a estos gandules que si los vuelvo a ver brincando en mi cama, los arrojaré por la borda para que los rescate su abuela.
Pasado un plazo prudente durante el cual sopesé la horrible posibilidad de que mi hijo estuviera siendo víctima de una bandita de estafadorcitos internacionales, retorné a mi cubil y con agrado vi que ya se habían ido todos los minitahúres por la puerta trasbanderas. ¿Ya acabaron de jugar? Sí, ya se fueron, pa. Sugiero que la próxima vez, mi estimado Bucles, jueguen a la vista de la gente y no en nuestro camarote, ¿te quitaron algún dinero? ¿Cómo crees, pa?, me los zumbé durísimo. Yo con el naipe soy terrible. Y ya encarrerados en el tema, platicamos de las buenas maneras, de la buena fe, de la honra y del respeto que le debemos a nuestro espíritu y a nuestro cuerpo. Ya entendí, pa y ya me voy porque quedé de ver a estos cuates. Bueno, dije ya en plan monólogo. Fui a la terraza. En el Caribe, iluminadamente atardecía.
¿Qué tal durmió? CMLXIII (963)
MONTIEL y el Precioso.
Miércoles. 17 Los pobres marinos (3)
Terminada nuestra bizarra maniobra de naufragio, regresamos a nuestro camarote, el grumete Bucles se echó en la cama y me espetó la pregunta: papá ¿tú en qué plan vienes? Yo, de descansar, traigo muchos libros y muchas ganas de no hacer nada y de despertarme a la hora que se me dé la gana. Está bien, papá, pero te advierto que yo quiero acción; estoy de acuerdo en eso de levantarnos a la hora en que tengamos ganas, pero yo después me lanzo a todos los juegos y diversiones, ¿no te importa que te deje aquí en el camarote?... Esta última parte, apenas la oí, pues una terrible noticia se abría paso en mi conciencia: en el hotel de Miami había dejado mi termo con insulina y esto era el anuncio de una posible y muy grave crisis de gabinete. Perdóname, papá, pero yo en la última revisión que hice no abrí el servibar. Tranquilo, Bucles, la responsabilidad es enteramente mía, soy una bestia.
Dos minutos después, padre e hijo estábamos en el mostrador de atención a los viajeros. Ahí me dijeron que ellos tenían servicio de enfermería y que con toda seguridad mañana podrían resolver mi problema. ¿Mañana? Sí, Señor, hoy no atiende el médico y para darle insulina necesita su permiso. Grité, pataleé, intenté seducir a la señorita: fracasé. Vámonos, Andrés, ya mañana veremos.
Ese mañana llegó y hacia las cuatro de la tarde, la doctora Bárbara me recibió, me midió la glucosa y peló los ojos ante el resultado que vio. No me explico cómo sigue usted de pie, está usted al borde de un coma diabético; ya no lo voy a dejar salir de aquí; necesito tenerlo en observación y administrarle insulina cada hora, hasta que la normalicemos. A todo esto, el Bucles estaba echando relajo en el golfito. En cuanto lo contacté, bajó como la bala a la enfermería donde ya me tenían acostado con muchos tubos y suero y todo el numerito hospitalario. Con mi voz más calmada le expliqué al grumete que no se trataba de nada serio, pero que, por la falta de insulina, me tendrían que tener en observación toda la noche; pero que él podría regresar a sus chacualeos y escoger dónde quería dormir; en el camarote, o en una cama que tenían ahí en el cuartito de al lado. La respuesta del grumete le valió su inmediato ascenso a teniente de corbeta. Papá, yo de aquí no me muevo hasta que nos vayamos juntos y no me importa no dormir porque podemos platicar. Así dijo el enanete, y yo me sentí en la obligación de darle un abrazo y llorar un poquín.
La noche, ya se imaginarán, fue infernal; las enfermeras entraban cada hora, me tomaban la glucosa, me inyectaban una pequeña dosis y se iban. La parte grata de todo esto es que padre e hijo platicaron como nunca en su vida. Llegó el amanecer y, como bien sabe cualquier enfermo, todo cambió de color y la sangre volvió alegremente a fluir. Hacia las 10 de la mañana, previa entrega de dos frascos de insulina, me dijeron que ya me había estabilizado y que podía retirarme. La noticia me dio gusto, pero no tanto como al Bucles que la celebró como si fuera un gol del Real Madrid. Ahora necesitamos descansar, dijo el Bucles. Yo manifesté mi total acuerdo. Pero, ¿sabes qué, pa? No, no sé qué. Que si nos dormimos de día, ya no vamos a dormir bien en la noche; voy a ir a buscar a mis cuates de las maquinitas. Bueno, yo me voy a la terraza del camarote a leer y a dormitar y a ver el mar. Me parece muy bien, ¿te llevo algo de comer? Cuando sea la hora, un buen hot-dog. Cuenta con él.
Llegó la hora señalada, apareció el teniente Bucles y me dijo: ya vine. ¿Y mi hot-dog?, pregunté. Aaah, tú qué dijiste, a este buey se le olvidó, pues no, aquí lo traigo en mi cangurera: un hot-dog, un sobre de catsup y otro de mostaza. El cielo en la tierra. El Bucles ya es Capitán de Navío.
¿Qué tal durmió? CMLXII (962)
MONTIEL.
Martes. 16 Los pobres marinos (2)
Navigator of the seas. Con ese nombre que en realidad a nada compromete salvo a flotar, estaba bautizado el inmenso buque cuya blanca mole se ofrecía a nuestros ojos desde el muelle de Miami. ¡Pa'sumadre!, exclamé yo que siempre he tenido sensibilidad poética.
Bajamos las maletas del taxi, el habilidoso Miguel se perdió en lontananza y el grumete Bucles y el Almirante Dehesa, nos quedamos como idiotas bajo el implacable sol floridano. De mi portafolios negro extraje el sobre que decía "barco Miami ambos". Estábame imponiendo del nuevo reto, cuando apareció un tripón representante de la pigmentada raza: yo les llevo sus maletas, ustedes las recogen en su cuarto y a mí no me vuelven a ver, así es que de una vez, dénme mi propina. El Bucles y yo nos mirábamos y nos preguntábamos si no estaríamos frente a un afamado ladrón de maletas; además, yo no tenía sobrecito que dijera "maletas barco". En un acto de profunda fe en la humanidad y en sus múltiples razas, le di de mi cartera un considerable billetín al nieto de Louis Armstrong. Nuestro equipaje se perdió en lontananza, mientras que nosotros nos incorporamos a una larga fila de desposeídos que supuestamente seríamos admitidos en su momento en la majestuosa embarcación. Lo que vino a continuación fue en extremo humillante. Parecía cola para adquirir la masa. Supuestamente éramos gente de bien que había pagado su boleto en la inteligencia de que seríamos tratados con gentileza. Todo esto lo ignoran los organizadores de un crucero que están más bien en la idea de que su tarea es transportar ganado vacuno a distintos puntos del Caribe. Dos horas largas estuvimos ahí haciendo una cola similar a la que hacían los presos que se iban de crucero a las Islas Marías.
Cuando les dio la gana, comenzó la movilización. Lentamente avanzamos, pasamos inopinadamente por un control aduanal norteamericano, luego le dimos nuestros datos a un marinero sudafricano con el que, ya se imaginarán, la comunicación era muy fluida; después nos volvieron a interrogar y como con mala gana nos dieron dos tarjetitas blancas que fungirían como nuestras tarjetas de crédito durante el trayecto.
Entramos por fin al barcote. Mi primera impresión es que era como Perisur navegante. El Bucles se mostraba altamente satisfecho por todas las actividades que el barco ofrecía para gozo y satisfacción de la infancia. Lo único que lo tenía putrefacto es que no tenía la edad para entrar al casino y entregarse a la lujuria del naipe sin importarle la quiebra del patrimonio familiar; por todo lo demás, el grumete manifestó su beneplácito. Fuimos a nuestro camarote que quedaba en el noveno piso del pastel flotante. Llegamos, ¡llegaron nuestras maletas!, el Bucles revisó minuciosamente las instalaciones, salió a la terraza, atestiguó la puesta en movimiento del "Navigator of the seas" y severamente impactado por la impresión se tiró en su cama. Las instrucciones eran otras: en cuanto lleguen, Germancito, hay que deshacer por entero las maletas y poner la ropa en orden y en su lugar. Yo obedecí con total precisión, pero sabes tú, lectora lector querido, ¿cuándo obedeció el Bucles?, ¡jamás! En eso estábamos cuando llegó por el sonido ambiental la orden de simulacro de naufragio: hay que ponerse el salvavidas así, asegurarlo asá, no intentar salvar nada y presentarse de inmediato en el punto de reunión que indique el cartel. Obedecimos. Con el chaleco yo me sentía señora con operación de busto. Caminamos al punto indicado y ahí nos tuvieron cual jumentos. Yo me permití comentar: si el barco se hunde, ¿saben a qué horas nos vamos a acordar de hacer todo esto? Una buena cantidad de hispanohablantes me volteó a ver y al unísono dijo: ¡nunca! Continuará.
¿QUÉ TAL DURMIÓ? CMLXI (961)
El Góber y su informe precioso.
Lunes. 15 Los pobres marinos (1)
Pues hete aquí que ya estamos de regreso después de nuestro minucioso viaje de estudios por las aguas, las islas y las masas continentales del mar Caribe. Ya lo dijo Gorostiza, pero el grumete Bucles y yo podemos también afirmar que tiene un sabor de sal nuestro pensamiento.
Apenas hace un día que he regresado. No sé si, sabedores de mi inminente llegada, se pusieron a dar una alzadita, o si bien, no han ocurrido cosas de demasiado fuste o entidad durante mi ausencia; pero el caso es que, así a primera vista, he encontrado mi casa sosegada (o con el desasosiego de siempre que es una expresión equivalente).
La expedición salió de México el día 4 a mediodía. Lo bueno, me dijeron mis cuatas, es que ya te va a tocar muy tranquilo el aeropuerto. Ahora puedo opinar que el aeropuerto de la Ciudad de México jamás será un lugar tranquilo, sino que siempre será un tianguis azteca. Quizá ya no se trafique con cacao, ni con mantas; pero no hay extranjero que no compre Kahlúa con su correspondiente y estremecedor sombrero de charro adjunto.
Como es sabido, a mí me encanta llegar al aeropuerto 10 segundos antes de que cierren el vuelo y así darle al trayecto un tinte de dramatismo y de aventura. En este viaje no pude proceder así. La madre del Bucles me cedió la patria potestad, pero con un pliego interminable de exigencias, puntualizaciones y acotamientos. Una de las cláusulas se refiere al uso de aeropuertos y es muy clara al señalar que el susodicho Bucles y su padre deberán presentarse en el mostrador de la aerolínea con un mínimo de dos horas de anticipación. Como suelo respetar mis compromisos, así procedí para mi llegada al mostrador de Aeroméxico. Llegué, saqué mi portafolios negro y del considerable puñado de sobres membretados que llevaba extraje los que decían: viaje ida Miami Germán y viaje ida Miami Andrés. Van a decir que soy un poco idiota, pero todo me lo llevé en sobrecitos separados. El trámite fue de una tersura sorprendente y, gracias a esto, el Bucles y su progenitor tuvieron una hora y 50 minutos para no hacer nada. Algo muy bello y formativo. Después de aburrirnos de diversos modos, embarcamos en la aeronave. Yo lo hice sin dejar de abrazar mi portafolios negro.
En Miami nadie se inmutó por nuestra llegada. No hubo sobresaltos en el trámite aduanero y aunque yo sé que cada vigilante aduanal está convencido de que los extranjeros vamos con la decidida intención de dinamitar el Capitolio, el nuestro hizo de tripas corazón y cerrando los ojos, nos dejó pasar.
Larguísimo trayecto en taxi para llegar al Hotel Loew's donde volví a colocar en el mostrador mi portafolios negro para extraer el sobre que decía "estancia en Miami, ambos". El Hotel Loew's está realizado en un estilo tropical lánguido que hubiera sido muy del gusto de Don Plutarco Elías Calles. Arqueológico y todo, era un buen hotel y pudimos dormir de manera altamente satisfactoria después de una feroz brega con mi grumete para que éste se lavara los dientes (de bañarse, ni hablamos).
Hacia las 11 de la mañana salimos del hotel, extraje el sobre que decía "paseo Miami ambos" y procedí a contratar los servicios de Miguel, venezolano servicial, amable, conocedor de su oficio y enemigo personal de Hugo Chávez. En el coche de Miguel fuimos por todo Miami y conocimos esta ciudad que tiene dos mitades. La primera es como Cuernavaca en 1950 y la otra es un conglomerado de edificios inmensos, modernos, fríos y deshabitados que mueven al visitante a pensar en el lavado de dinero. En Miami comimos y cenamos, volvimos al hotel y procedimos a dormir.
Al día siguiente, Miguel nos llevó al muelle. Ahí estaba nuestro barco. Continuará.
¿Qué tal durmió? CMLX (960)
ARTURO MONTIEL ROJAS.
Viernes. 5 La barca de oro
Mi experiencia como navegante es casi nula. De hecho, mi último recuerdo náutico es aterrador: una especie de lancha camaronera habilitada como "crucero" que daba tumbos por los mares del profundo sur; todo esto mientras los marineros pretendían convencernos de que tantas miserias, tan horrible comida, el bamboleo terrible y el clima de perros; todo esto, era lo ideal para disfrutar de un buen crucero. Esto pasó hace mucho, pero hay noches que todavía me despierto gritando cuando sueño que de nuevo estoy embarcado en el "Scorpio", buque chileno al servicio de todos aquellos que ya no esperan nada de la vida y del amor.
Los balsámicos años han pasado. Yo suponía que una de las consecuencias gratas de la experiencia más ingrata de mi vida, sería la de alejar para siempre la posibilidad de emprender viajes con niños, jóvenes y señoras con dramas conyugales, post-conyugales y premortuorios; todos, todos formábamos un apretado muégano azteca que se colocaba frente a las catacumbas de Roma y se dedicaba a desvirtuar la información que proporcionaba una señora que había sido novia de Mussolini. Todo esto tenía versión terrestre y versión marítima y el resultado era un horror similar. Esto me ahorro, me dije no sin sonreír, cuando vinieron las aguas altas y todo lo inundaron.
Lo que yo no imaginaba era que, andando el tiempo, el Bucles manifestara una intensa veta náutica en su alma. Todo ocurrió un domingo; yo estaba entretenido dando los últimos toques a mi colaboración periodística dominical; el Bucles dedicaba su ocio a navegar de aquí para allá en la computadora. Quiso el destino que el inquieto enanete en su electrónico escarceo diera con un "portal" dedicado a cruceros. Aquí le comenzó a ebullir su náutica sangre, pero cuando encontró lo de "cruceros al Caribe" su espíritu conoció el éxtasis. ¿Cómo la ves, papá, que nos fuéramos tú y yo al Caribe del 6 al 13 de enero?, ¿pero tú no tendrías ya que estar en clases?, pues sí, pero ya ves que al principio nunca pasa nada, prefiero esperarme a que la maestra ya haya calentado la máquina.
Lo demás no tuvo gracia: escogimos el crucero, dimos el drástico tarjetazo (la posposición del juicio final), sometimos a la madre a un riguroso trabajo de ablandamiento: el Bucles la ponía a marinar y yo aplicaba el tratamiento final, se habló con autoridades, dignidades y catedráticos y, al final del camino, padre e hijo obtuvieron el beneplácito para largarse una semana y aquí nos tienen, preparando maletas, bloqueadores y libros para irrumpir en ese universo que Carpentier saludaba como el nuevo mar Mediterráneo que uniría, patrocinaría y enriquecería culturas.
Nunca he ido al Caribe, pero conozco muchas historias de ese mare nostrum que me apresto a compartir con mi futbolero pequeñuelo. Le hablaré de la negritud, de la multitud de idiomas que ahí se hablan, de las sagas y los horrores que ahí se han vivido desde el siglo 18: falsos libertadores que terminan como dictadores esperpénticos, héroes que desaparecen tragados por el mar o por la selva, naciones que surgen muertas y dioses africanos que marcan los rumbos del Caribe.
Así es que, muchachas muchachos, me les voy. De todos modos, aquí no está pasando nada que justifique o requiera mi presencia en estos días. Ya he vivido los dramas de caminar un barco de punta a punta con un manuscrito en la mano, o en pos de un correo electrónico. He sufrido como una verdadera bestia. He enviado faxes desde los lugares más inverosímiles del planeta. Ya no. La próxima semana vamos a descansar tú y yo, lectora lector querido. Al regreso te contaré mis peripecias; por lo pronto, yo no publicaré y tú y yo nos reencontraremos el lunes 15 de enero. Mientras tanto, quedemos con Dios. HOY TOCA.
¿Qué tal durmió? CMLIX (959)
ARTURO MONTIEL ROJAS.
Jueves. 4 Ya me voy, vieja
Voy a ver si puedo explicarles los recios avatares de mi vida en estos últimos días de la temporada diciembre/enero. Como ya informé cumplidamente en su momento, la Nochebuena la pasé ¡en familia! y resultó ser una experiencia bastante digerible gracias al calor enorme que emana de la Tatcher y al insobornable buen humor de mis tres hijos que son una versión mejorada (reloaded) de los hermanos Marx. La Navidad propiamente dicha la pasé confinado en mi casa de piedra y flores, entregado a la lectura y a la pachorra. Al día siguiente, llegaron los tiempos aciagos: el Bucles en Acapulco, los otros tres rumbo a Cozumel, mis amigos diseminados en numerosos "destinos" turísticos y acá su baboso cuidando la ciudad, tronándose las manos, como decía mi mamá en otra de sus expresiones insondables, y sintiendo como me rasgaba el alma con su hoja damasquina la implacable daga de la soledad. Germán, me dije, citando unas palabras que el Gabo pone en boca de Simón Bolívar, vámonos que aquí ya no nos quiere nadie. Dije esto y me largué.
Me fui a San Diego donde yo bien sabía que me esperaban los amorosos brazos de mi pentasexual amigo Rattán, también conocido como el Inspector Ardilla. Gracias a su afecto y diligencia, mi estancia en aquellas tierras y aquellos mares resultó grata y sedante. Tres cosas se pueden hacer en San Diego: ir de compras, descansar, o suicidarse. Yo opté por la segunda y obtuve resultados satisfactorios. No socialicé, no di conferencias, no tiré rollos, ahorré muchísimas palabras, redescubrí las virtudes del silencio y asistí al cine de manera febril. No digo que quedé como nuevo, porque ignoro a qué edad hay que volver para quedar así. Lo que puedo decir es que comencé a sentirme renovado y esto se lo debo en mucho al solícito Rattán que, si bien no para de hablar, suele decir cosas inteligentes o divertidas. Rattán es simpatizante del PRI, venera a Televisa, le va al América y, sin embargo, es simpático, ¿alguien conoce un misterio mayor?
El día 2 volví a esta noble ciudad vía Tijuana. Llego y me entero de que las fuerzas vivas siguen echadotas en las playas y que Felipe Calderón es el único que trabaja con su atuendo militar. Así de pasadita me gustaría opinar que este esfuerzo de Felipe y de nuestro Ejército merece todo nuestro apoyo. El narco literalmente se estaba comiendo vivo a México y el Estado tenía que reaccionar con toda su fuerza so pena de quedar rebasado y anulado.
Estoy en la Ciudad de México, pero para cuando me leas, lectora lector querido, ya estaré en el aeropuerto. En un operativo anfibio, el Bucles y su papá se trasladarán a Miami, para ahí subirse a un buque inmenso que nos llevará por esos mares del Caribe que, según Salgari, fueron surcados hace tres siglos por el Corsario Negro, por Morgan y por todos los filibusteros y bucaneros de la Isla de la Tortuga, su inexpugnable refugio. Si no recuerdo mal, el buque del Corsario Negro (que en realidad se llamaba Emilio de Ventimiglia y Roccabruna) se llamaba "El Rayo" y, aunque era de tres puentes, sería como una chalupita junto al barcote que abordarán ahora el Pirata Fucsia y el Piratita Pink.
Así es que, lectora lector querido, ¡ya vine, vieja!...¡ya me voy, vieja!
Envío sentimental
En medio del fragor de estas fiestas, no pude encontrar a dos amigos predilectos de mi corazón: Abu ben Simón, conductor de caravanas con el alma nómada como los Tuareg y al Impronunciable, aquél cuyo apodo si alguien lo profiriera provocaría la erupción de todos los volcanes y la confutación final de todos los pensamientos. Bueno, pues ninguno de los dos aparece y yo los tengo que abrazar en efigie y decirles cuánto los quiero.
¿Qué tal durmió? CMLVIII (958)
Felicidades a Lydia Cacho. Ahora vamos sobre Nacif, el Precioso y MONTIEL.
Miércoles. 3 La carpeta
La palabra carpeta es una delicia para los lexicólogos. Le ocurre lo que a algunas mujeres: su origen es dudoso. Podría provenir del latín, o del italiano, o del inglés, o de los tres y ser una palabra aromadamente mestiza. Según esto, hay dos tipos de carpeta: el de dos hojas rectangulares unidas fuertemente a lo largo de uno de sus extremos y el de una sola hoja muy emparentada con la arábiga alfombra. Las carpetas del primer tipo atesoran en su entraña documentos memorables, útiles, importantes y/o secretos. Imaginemos a Felipe Calderón con la carpeta que le han preparado en torno a Hugo Chávez.
El segundo tipo de carpetas es más llano y democrático. Viene desde la versión doméstica y portátil: estas carpetitas tan monas, me decía mi mamá, las bordó con mucho cariño tu madrina Eloísa (conservo el recuerdo de una mujer extremadamente peluda a quien mi madre, tal vez por capilares razones, le asignó la honrosa responsabilidad de ser mi madrina; lo cual quizá explica su súbita y definitiva desaparición de mi ámbito familiar y su voluntad de comenzar una nueva vida). El caso es que mi madrina bordaba carpetitas con indescriptibles motivos chinescos que terminaban pareciendo a esas moscas que perecen por el vidriazo que se acomodan cuando emprenden el vuelo después de haber visitado el pastel envinado. Éste es un primer tipo de carpeta de una sola hoja y desde ahí nos vamos hasta la carpeta asfáltica que es una gloria de la corrupción nacional.
Mi papá, entre otras muchas habilidades, fue constructor de caminos. Con él escuché hablar de carpetas asfálticas desde mi infancia. Mi padre me contaba que había ya la manera de hacer carpetas casi definitivas, pero que éstas tenían el grave defecto de no dejar espacio para todos los vividores, los golfos y los bandidos de la restauración y del reencarpetamiento. Son estas carpetas deliberadamente mal hechas las que en mucho explican los costos enormes de nuestras carreteras, vías rápidas y calles de nuestras ciudades. Si la carpeta estuviese hecha a conciencia, ¿de qué iban a vivir los señores que tienen sus empresas de bacheo y de reencarpetamiento? Nomás comienza el año y los medios nos traen la noticia de que el segundo piso del Periférico de la Ciudad de México, obra magna de AMLO y palpable razón para que él fuera el próximo Presidente, necesita ser reencarpetado a los ¡dos años! de su inauguración.
A la gente le entretiene mucho la tarea de ubicarme en el espectro ideológico y por eso dicen que tuve una temporada (mala) en la que me manifesté pro-AMLO; que luego tuve otra (buena) en la que por sospechosas razones me volví anti-AMLO. Quizá ellos sepan más de mí, pero yo percibo que ya no estoy en edad de enamorarme de ningún señor (en el caso de alguna señora, estoy dispuesto a dar todas las facilidades que el asunto requiera). Mientras actuó con cierto raciocinio, AMLO me pareció respetable y observable; cuando se volvió loco, hubo que salir en defensa de una ciudad que él quería tomar por asalto.
Ahora resulta que en nuestro presente comparece una razón para volver a llamarlo a cuentas. ¿Quién y con qué especificaciones realizó esas obras del segundo piso?, ¿quién hizo los cálculos específicos del encarpetamiento de esta vía?, ¿a quién podemos pedirle cuentas de este absurdo doble gasto que la ciudad hará con nuestros impuestos?, ¿alguien ya se cercioró de que ahora si este segundo piso va a quedar bien encarpetado, o seguimos trabajando "al chilazo" que parece ser la marca registrada del PRD, al menos en la ciudad?... La Ciudad de Constantinopla se quiere reencarpetar...
Y a nosotros, remeros de enero ¿quién nos reencarpetará?
¿Qué tal durmió? CMLVII (957)
¿Qué pensarán de su impunidad MONTIEL y el Precioso y los demás?.. ¿Pensarán?
Martes. 2 ¡Llegamos!
Esto es lo primero que hay que decir: después de un año fragoroso cuál ninguno, tú, lectora lector querido y tu Charro Negro hemos sobrevivido y hemos llegado, quizá maltrechos, a las todavía vírgenes playas de 2007. Aleluya, aleluya. Felicitémonos, abracémonos, besémonos y hagámonos de cosas. Haber saltado con bien la mortal brecha que abarcó desde el 2 de julio al 1 de diciembre, no ha sido poca hazaña.
Acá el de la voz sigue ligeramente escamado. Para mí, la única manera de saber que sigo vivo es verme publicado. Imaginaos, amados lectores, lo que sentí este lunes al revisar la sección "Comunidad", de MURAL y "Ciudad", de Reforma. Horror de horrores: en lugar de mis galanos conceptos, el periódico Reforma había publicado algo que se titulaba "Buscan opciones para Hueyetlaco". ¿Qué es eso?, ¿Seré yo una opción, o seré el mismísimo Hueyetlaco?, ¿Por qué no publicaron mi artículo? En este punto, descansó mi alma, pues encontré la posible respuesta: se me hace que no me han publicado, porque, en una pifia imperdonable, no envié nada pensando que la vacación seguía y que no habría periódico el día 1. Soy una bestia; pero una bestia que está de regreso. Ustedes, ¿ya regresaron?
¡Llegamos! Nosotros sí, Hussein no. ¡Qué riesgosa suele ser para el hombre esta usurpación de funciones de una entidad que, por llamarla de algún modo, la hemos llamado "justicia divina". A nombre de ella, me dicen que es perfectamente justo que Hussein haya sido ahorcado. Y yo, nomás por fregar, pregunto: si a ésas vamos, ¿por qué no aprovecharon el mecatote para cargarse a Bush que también ha provocado tantas muertes? Observo, además, que a ese Sadam Hussein que, con el apoyo norteamericano, impuso el terror, la corrupción, el enriquecimiento vil y la capacidad para disponer tranquilamente de la vida de cualquiera de sus súbditos; a ese Hussein no lo mataron; tenía tiempo de haber desaparecido; al que mataron en una madrugada fue a un señor entrado en años, friolento, asustado y con esa cara que ponemos cuando no queremos pasar con el dentista. Yo siempre lo he apoyado, declaró con un sentido islámico-azteca de la justicia, una de sus hijas: yo siempre lo he apoyado, aunque siempre estuviera borracho, puntualizó esta monada de muchacha.
Esta irrupción de la bonita familia de Hussein me llevó a preguntarme ¿cuál sería un peor castigo para él?, ¿la horca u obligarlo a vivir con su impresentable familia? Me parece que lo segundo, pero a los humanos nos encanta arrogarnos las tareas de los dioses.
El caso es que nosotros la libramos y estamos, hasta aviso en contrario, condenados a vida. A como venga: ¡regocijémonos!
Presiento que sigo escribiendo para la nada y para el olvido. Sólo Ma. Victoria Llamas me salva del anonadamiento total. Dibodobadito, aquí nos tocó escribir.
No pasa nada, pero no hay nadie para notificárselo. Ni siquiera en mi casa de piedra y flores hay alguien para chacharear el punto. La gran Fita emprendió una gira nacional por todos los palenques de la República y no tiene una fecha para reintegrarse al sagrado deber de brindarle infinitos cuidados a la gloria nacional que le ha sido encomendada.
¡Llegamos! Sin hijos, ni madre, ni perro que me ladre; desde el centro mismo de la llanura de la límpida soledad, me congratulo de seguir vivo y de "tener tiempo" para que regresen conmigo la realidad, los amores, los amigos, las canciones, los fantasmas, todo lo nuevo, todos los besos, la letra impresa y los pájaros que fungen como los referentes de mi vida, la que ya pasó y lo que vendrá. Queridos navegantes del 2007: ¡llegamos!
¿Qué tal durmió? CMLVI (956)
Ni modo. También llegaron al 2007 ARTURO MONTIEL ROJAS, El Precioso, El Tío Gamboín y las incontables lacras de nuestra política y de nuestra vida financiera. ¿Ya será hora de la justicia?