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Miércoles 28 de febrero del 2007
Germán Dehesa
Uno es el hombre
Meses y meses sin ir al Centro y de pronto he aquí que tengo que ir tres días consecutivos: sábado y domingo a Minería y el lunes al Sanborns de los Azulejos. Allá en el piso más alto, en ese Jockey Club donde recibía y alternaba Manuel Gutiérrez Nájera, nuestro poeta magnífico; ahí tengo una cita con Jaime Sabines que increíblemente ya tiene ocho años de haber muerto. Lo admirable y gozoso de todo esto es que Jaime siga prodigando tanta vida y no haya disminuido su entonada voz que nos habla desde sus poemas que mágicamente la incluyen. Todavía nacen en México muchas Yurias apadrinadas por ese divertido chiapaneco que no quería ser nombrado como poeta y prefería que lo conociéramos como "peatón".
"Si sobrevives, si persistes, canta, sueña, emborráchate./ Es el tiempo del frío: ama, apresúrate./ El viento de las horas barre las calles, los caminos./ Los árboles esperan: tú, no esperes/ éste es el tiempo de vivir, el único."... El caso es que ahí estamos reunidos. Natalia Gil nos ha convocado y su llamado ha sido, como aconsejaría Sabines, persistente. El motivo es que la susodicha Natalia se decidió a editar la videograbación de una reunión de amigos que tuvimos con Jaime ya muy cerca de su muerte. Estuvo animada. No recuerdo que nadie tuviera en cuenta que se estaba grabando y todos, Jaime incluido, procedimos con toda naturalidad a trenzar la plática que, obvio es decirlo, fue conducida y decorada e iluminada por Sabines que estaba de excelente humor.
Diez años después, estoy en los Azulejos recordando esa charla y mezclando inevitablemente lo que fui con lo que soy. Pongo un caso: hay un verso de Sabines dirigido a una mujer "Agradezco a la muerte que no te ha visto"; hoy este verso me remite de inmediato a mi amiga Carmelina Ortiz Monasterio que estuvo gravemente enferma, pero que ya está de nuevo con nosotros para servicio y gloria de todos los que sufren en nuestro país. Cada verso funciona así. Voy al pasado y veo a Jaime, y vengo al presente y veo lo que ahora tengo que ver.
Afuera, muy muy lejos el centro de la Ciudad de México emprende sus tráfagos nocturnos, sus misterios se desatan y los poetas se echan a andar por calles y callejones. Son tumbas sin sosiego. Acá estamos en la reunión donde vemos la proyección de material gráfico recogido por Natalia; viene un cantante y le dedica a Jaime una canción que le compuso; mi amiga Ángeles Mastretta ocupa el micrófono y nos dice una razón de amor para Jaime Sabines redactada por Ángeles con sus ojos grandes y dicha por su voz poderosamente convincente. Lectura de poemas, recuerdos y anécdotas, en la noche, al lado de la noche oficial, vocinglera e invadida de fritangas, se ha ido tramando esta otra noche que ocurrió hace 10 años, pero que ocurre ahora y que ocurrirá en muchas otras noches. No es difícil. Justificaciones para recordar a Jaime hay muchísimas y pretextos para reunirse a platicar y perder el tiempo activo, práctico y productivo, para inventar el durable tiempo de lo poético y de lo amoroso, a los mexicanos nos sobran y como diría mi madre: tarde se nos hace. Uno es el hombre.
Un giro inesperado y espectacular
¡Eso me saco por ver los noticieros de Televisa! Estaba López Dóriga comentando muy contento no sé qué gansada del triunfo espectacular de "La fea más Bella" cuando recibió un papelito. El rostro le cambió, puso cara de Sherlock Holmes y anunció: el caso Belmar ha sufrido un giro inesperado; en cuanto tenga la información completa, volveremos sobre esto, pero ya verá usted qué giro ha dado el asunto. Varias veces volvió a fregar con lo del giro, y ya casi para terminar nos dijo: ¿qué creen?, no era la pistola; la bala asesina fue disparada por otra arma. Silencio. ¡Qué giro! Comerciales.
¿QUÉ TAL DURMIÓ? CMXCII (992) MONTIEL.
Martes 27 de febrero
Germán Dehesa
Una jornada adversa
Lo vi venir y no supe quitarme. Todavía con más precisión: no es que el toro me haya agarrado, es que yo salí a buscar al toro. Tomé el teléfono y pregunté por él. No pregunté por el toro, la metáfora ya se acabó; pregunté por mi amigo cuyo apodo si alguien, voluntaria o casualmente, lo pronunciara, provocaría la destrucción de todas las "fortalezas" del País y la transformación de la Gordillo en bestia mitológica (proceso que ya está avanzadísimo). A través del celular aparato pactamos una comida. La misma tuvo lugar el viernes pasado. Conversación variada. Mi amigo estaba inspirado y en algún momento comentó que sus finanzas habían tenido una cierta mejoría. ¡Claro!, pensé yo, nada más con lo que me gana en apuestas puede vivir una familia. Ahí comenzó a gestarse mi perdición. Tendría que haberme quedado callado, pero no fue así: el próximo domingo, le voy a los Pumas, ¿le ponemos una lanita?, le dije cuando no tendría que haber chistado nada. Todavía mi cuate se puso difícil: no, no quiero apostar, tengo severos problemas de antipatía con el Conejo y con el inútil del Chelito, hay algo en el Cruz Azul que no me gusta. ¡Anímate!, dijo acá su idiota. No sé. ¡Órale! Bueeeno, está bien, pero esto no me gusta nada. La apuesta se cruzó y mi suerte quedó sellada. El resultado, ya lo saben, fue que con un gol sabiamente preparado por Bernal, el Cruz Azul nos derrotó a domicilio y en un partido aburridísimo que sólo, por místicas razones, le encantó al Tuca. Otra vez a juntar dinero para pagarle a mi chulo. Desde aquí le pido que no se desespere; todos los lunes le voy a llevar parte.
Comenzaba así un domingo que vino atravesado. Lo más rescatable fue una comida en el Danubio para que todos sus hermanos festejaran a Andrés por sus doce años y la graciosa presentación de los libros de Tin Tin allá en Minería, misma que estuvo a cargo de mi docta hija Viruta y de su amantísimo padre. Son tan inteligentes y tan bien hechas las historietas de este personaje, que no miente Hergé, su autor, al decir que son para niños de 7 a 77 años.
Ahora que he estado yendo al Centro y he contemplado y padecido la inverosímil invasión de los ambulantes (hay largos tramos en los que no puede el peatón subir a la banqueta, porque todos los puestos están pegados), me pregunto: ¿no va a hacer nada Marcelo Ebrard?, ¿no vamos a hacer nada nosotros? Cuando no es el narco, son los ambulantes, o son las manifestaciones, o los plantones, o el cierre de calles y avenidas; pero el caso es que nuestra Ciudad está tomada, está secuestrada y lo que tendría que ser nuestro lugar de convivencia resulta inaccesible, o peligroso, o lleno de basura, o amenazante, o todo junto. Hace algunos años, un amigo italiano me acompañaba al Centro y comentó que lo que veía eran perlas en un muladar. Si viniera ahora, es posible que sólo viera el muladar.
Llegué a mi casa de piedra y flores bastante desasosegado. Para mejorar me esperaba la noticia de que mis compañeros de pókar no vendrían dizque porque "les habían surgido compromisos", o "estaban muriéndose del estómago". Puras papas. Unos estaban viendo el final indeciblemente cursi de "La Fea más Bella" (que ya de bella se ve más fea), o la entrega de los Óscar que, según anunciaban todos nuestros medios, marcaría la consagración mundial de nuestro cine.
Como todos sabemos ahora, la mula Academia se puso perra con los aztecas y no nos dio nada que implicara una consagración. Apenas nos tocaron cacahuates. Pasaba una categoría y luego otra y nosotros pensábamos: ahora sí viene un Óscar importante para nuestra tribu. Nada. Cuando vinimos a ver, ya se había acabado la fiesta y con ella el domingo y el tiempo del descanso. ¡Chale!
¿Qué tal durmió? CMLXCI (991)
ARTURO MONTIEL ROJAS.
Lunes 26 de febrero del 2007.
Germán Dehesa
Fiebre de sábado
De veras que no te entiendo, me decía mi finadita y canonizable madre. Ahora ella ya fue promovida al grado inmediato superior. Así decían mis boletas de primaria para indicarme que no había yo reprobado y que podía impunemente ingresar al siguiente grado. Bueno, pues eso ocurrió con mi madre adorada y bendecida. Ahora yo soy el que me tengo que decir: de veras que no te entiendo. ¿De dónde saco que está en mí hacer compromisos para el sábado que impliquen levantarse a las ¡siete de la mañana! Es algo horripilante.
Para mejorar las cosas, tuve un sueño que someto a la consideración de Freud y su Maldita Vecindad. En mi sueño, estoy tratando de dormir porque me tengo que levantar a las siete para emprender un viaje a Acapulco y estoy abrumado de problemas que no me dejan dormir. No sé si me alcance el dinero para el viaje, no sé si llegaré a tiempo al aeropuerto, no sé de qué voy a hablar allá, no sé por qué voy; como señora que se respete, no sé qué ponerme y, dicho de manera sintética, no sé nada. En mi sueño, suena el teléfono y me habla un hombre de voz muy persuasiva y que parece conocerme muy bien; señor Dehesa, me dice, estoy enterado de lo que le ocurre y creo que puedo ayudarle; si no me equivoco, lo que más le preocupa es lo de la ropa que se va a poner. En mi sueño, yo estoy de acuerdo. Tranquilo, me dice el del teléfono, ya no se preocupe, no tire el dinero con los sastres, ni en Perisur, hágase su propia ropa. Si me autoriza, lo visitará un agente mío para entregarle las tijeras de Occam y una regla universal. Él también lo proveerá de papel y cartón suficientes. Con eso y un poco de Pritt se puede hacer un traje ligero. ¿De cartón?, preguntaba yo. Exactamente, para no desperdiciar, todos los primeros modelos se realizarán en esos veraniegos materiales: papel y cartón. Lo maravilloso, lo extrañísimo es que todo me sonaba a mí de lo más razonable. Me habitó tanto esta locura que, cuando desperté a las siete y diez, le grité a Fita para preguntarle si no me habían traído mis tijeras y mi cartón. Al final de la historia, me llevé a Acapulco unas garras bastante más feas que las que podría yo haberme hecho.
Contra todos mis temores, en Acapulco me fue muy, muy bien. Hablé para un grupo de prestigiosos intermediarios financieros y ellos me oyeron con atención, con paciencia y con magnífico buen humor. Como apenas pude despedirme de ellos, desde aquí les mando un gran abrazo tropical.
Salí hecho la peluda de regreso al aeropuerto. El avión de las tres me depositó en la Ciudad de México con el tiempo justo para llegar a la Feria del Libro de Minería y presentar mi más reciente arrebato titulado "Cuestión de amor". Había muchísima gente ahí en la Capilla. Casi me soltaba llorando al ver tantísimas personas sentadas en el suelo. Me esmeré en contarles mis numerosas cuestiones de amor y terminamos en pleno alborozo. Firmé ejemplares y emprendí camino a mi casa de piedra y flores.
Ahora estoy aquí contándoles esta desmelenada historia sabatina. Al salir de San Carlos, en la acera de enfrente, estaba instalado muy propiamente un violinista. Tenía su partitura, con gran unción extrajo el violín de su estuche, lo limpió con una franela, lo afinó, preparó el arco y, concentrado en la partitura, comenzó a tocar. Tocaba horrible. Era como si Tobi hubiera crecido tocando cada vez peor. La gente apretaba el paso horrorizada. Yo pensé: es un colega en insalvable desgracia. Le di el dinero que me quedaba. Con todo y cansancio, me sentí a mano con la vida. Muchas cosas he visto, muchas he contado, algunas las he contado bien. Creo que abandonaré la sastrería.
¿Qué tal durmió? CMXC (990)
MONTIEL, MONTIEL, MONTIEL.
Viernes 23 de febrero del 2007.
Germán Dehesa
Una comida insólita
¿Cuántos gobernantes crees que meten mano en las arcas?, por responder con una cifra conservadora, yo digo 98 por ciento. ¡Estás loco!, es el 100 por ciento. Dicho esto, Isidro Pastor asume aire beatífico y se conecta con el cosmos. Pensé que nunca se iba a dar este encuentro con el colorido y huidizo personaje de la política mexiquense que tiempo ha dejó de usar su atuendo militar, para usar ahora la chamarra de piel y el pantalón de gabardina típicos del priista que está o retirado, o agazapado en espera de su oportunidad. Isidro: necesito que me ayudes a que se haga justicia con ARTURO MONTIEL.
Todo esto ocurría la tarde de hoy jueves 22 de febrero, víspera del cumpleaños del gran Bucles, en un envericuetado restorán de la zona sur. Previamente hubo telefonemas, citas que no pudieron llegar a término, compromisos que yo posponía a última hora y todo lo que pueda imaginarse. Por fin, se concretó este encuentro y por primera vez en mi vida saludé de mano y conocí en vivo al folclórico personaje de la política mexiquense. La cabeza totalmente rapada, la mirada atenta y revolviéndose en todas direcciones, el hablar pausado y el dominio de lo que podríamos llamar el susurro priista, ése que se convierte en un lejano rumor enunciado a ras de mantel y en espera de que el escucha, con la oreja pegada también al mantel, se entere de algo de lo que se nos está diciendo. Es un ejercicio terrible y muy vinculado con la época de oro del priismo; aquella en la que importaba lo que decían; pero ¡atención!, no es exclusiva del PRI, como no lo son ninguna de sus manías y de sus vicios. Los males priistas se transmitían por contigüidad. Les muestro el caso de mi amigo cuyo apodo si se pronunciara, provocaría el colapso de Bush y la muerte súbita de todos los responsables de Pasta de Conchos. Él, aparentemente es lo más lejano que puede haber del priismo, pero a lo largo de su vida, trató cercanamente a los dinosaurios y este maldito vicio del murmullo como modo de comunicación no tan sólo lo contrajo, sino que, por momentos, lo mejoró. El caso es que ya estamos ahí, platicando larga y animadamente de política mexiquense y de esos desvaríos de MONTIEL que, según mi interlocutor, aparecieron en el momento en que vino a escena la gran Maude. Desde que ella apareció, MONTIEL, un hombre que solía ser sobrio, comienza a darse ínfulas de aristócrata internacional y a trabajar cada vez menos y a adquirir cada vez más propiedades. ¡Ya chole!, con Marta Sahagún, pienso yo, tuvimos suficiente material de este melodrama de la mujer fatal. Ahora va a resultar que todos los hombres mexicanos somos maravillosos (lo cual no está muy alejado de la verdad) hasta que aparece una vieja lebrona que nos echa a perder el alma y nos orilla al pecado en todas sus múltiples, atractivas y novedosas presentaciones. Lo peor de esto es que pienso en Fox y pienso en MONTIEL y sí, los imagino perfectamente a merced de una lagartona, calificativo usado por mi madre y aplicado a toda mujer casquivana y poco temerosa de Dios que osara acercarse al fruto de su vientre.
Toda la larga conversación es apenas un enunciado de temas. Por Pastor me entero de que, cuando se acercaba el momento de la sucesión de MONTIEL, a los allegados de Pastor comenzaron a lloverles las balas. El gran Isidro no encontró mejor modo de enfrentar la violenta coyuntura que irse a vivir a Matamoros. Ahora está de regreso, pero todavía prefiere no asomarse.
Hablamos de todo, pero principalmente de MONTIEL y de Peña Nieto. Por aquí les iré contando lo que él me contó y me autorizó a publicar. Fue una comida interesante. Pastor es de los últimos priistas verdaderamente complejos.
Por cierto: HOY TOCA.
¿QUÉ TAL DURMIÓ? CMLXXXIX (989)
ARTURO MONTIEL ROJAS.
Jueves 22 de febrero.
Germán Dehesa
Comienza la algarabía
Se necesita un fino oído para percibirla, pero ya está en la Ciudad. Todavía no existe el sismógrafo que alcance a detectar el suave, el dulce temblor de la tierra cuando las flores comienzan a buscar su camino para salir a la luz y, en complicidad con ella, entregar su mensaje que es puro color aromado. Es todo, pero eso es un milagro y como bien lo percibió Federico es también una murmurada charla que se extiende de una flor a otra para crear un imperceptible concierto que no necesita ser oído para aliviar nuestro espíritu.
Quiero imaginar -pero también lo he comprobado- que el humor va mejorando ostensiblemente entre los mexicanos. No es poca cosa: ya vienen llegando las flores y su pura presencia, su humilde prodigio, nos permite sobrellevar con más calma los arrebatos retóricos y tardíamente ofendidos del señor Moreira en contra de ese ser tan restringido neuronalmente que es Vicente Fox. Como ya han comentado algunos de mis colegas, el atarantado Fox habla siempre, menos cuando le toca. Ahora que necesitaríamos una aclaración seria y tajante a lo que Moreira no deja de propalar; ahora no dice nada, ni cita a ningún premio Nobel afgano, ni pregunta ¿a mí por qué?, ni nada. Ahí se ha estado calladote en esta única y quizá irrepetible ocasión que tendría de hablar con oportunidad. Allá él y su mala cabeza, como dirían mis tías. Yo en el 2000 con todo entusiasmo voté por Fox; siete años después, tengo que reconocer que voté por una bestia. Ahora nada de eso importa. Mi vil error, en el que volvería yo a incurrir, no es relevante junto al hecho de comprobar que ya van regresando las flores. Hagan de cuenta que fuera una migración de paisanitas que regresan -nunca mejor usada la expresión-, a su tierra. A nombre de Marcelo Ebrard y de Joel Ortega que andan en Tepito, les doy la más amorosa bienvenida y les otorgo las llaves de la Ciudad.
Todo comenzó el pasado lunes. Mi amigo xalapeño y su benemérita esposa me invitaron a su casa, previa garantía de que no habría niños que, como es sabido, son para mí materia asesinable. Cumplieron su palabra y, salvo por el hecho de que me sentaron en una silla que al sentarme yo y quebrarse me hizo conocer las inmediaciones de la muerte o de la cuadraplejia, salvo por esto, fue una reunión íntima y afable. Ya con silla nueva, conversábamos gratamente, cuando descubrí en un tiesto y con un severo tallo, no una flor cualquiera, sino una Catleya que, si lo recuerdan, es un tipo de orquídea que juega un papel protagónico en el primer libro de "En busca del tiempo perdido" de Proust. El fino y elegante señor Swann piensa que está enamorado de una naca llamada Odette. Ésta en algún momento declara que sería maravilloso tener una Catleya. El obnubilado de Swann agota las florerías de París buscando esa extravagancia floral. Por fin la consigue a un precio muy desmesurado. Se la lleva a Odette y ésta la ve y no le hace el menor aprecio. Así son.
Del libro de Proust la Catleya dio un salto inverosímil y cayó en el xalapeño patio. Más guapa no podía estar. Volví a mi casa de piedra y flores y descubrí que no hay Catleya, pero que la proletaria azalea también ya estaba florecida en toda la casa. Me imagino que su diligencia se impuso a los geranios que ya comienzan a asomarse y a conversar por todo el barrio que se prepara, se ve, se siente, para la llegada enérgica y tumultuosa de las jacarandas.
De esto platican las flores y de esto platico yo. ¿De qué más voy a hablar?, ¿de la permanente derrota de la inteligencia que se presenta en nuestro escenario político? Fíjense que no. Prefiero hablar de estas chicas que son heraldos de la primavera. Comienza la algarabía.
¿Qué tal durmió? CMLXXXVIII (988)
ARTURO MONTIEL ROJAS.
Miércoles 21 de febrero.
Germán Dehesa
Tepito mi barrio
Aunque alguna vez viví en sus inmediaciones, yo no puedo proclamar que Tepito sea mi barrio. Lo que motiva mi título es una suerte de alusión a esa película mexicana titulada "Lagunilla mi barrio" cuyo recuerdo me trae de regreso sana y salva a mi querida amiga Lucha Villa. Una vez aclarado que Tepito no es mi barrio, quiero contar algunas cosas referentes a ese rumbo de la Ciudad que con tanta insistencia ha visitado mi vida.
Pareces de Tepito, me decía mi mamá cuando me contemplaba haciendo perrería y media delante de "las visitas". Por aquellos años, yo no tenía el gusto de conocer ese barrio, pero por el modo de hablar de mi madre, lo veía como algo muy parecido al lejano Oeste y, por lo mismo, lleno de oportunidades para los espíritus indómitos y los hombres de valor a toda prueba como yo. Y no eran sólo estos regaños, la palabra "Tepito" aparecía siempre en el lenguaje de mi muy decente familia cuando ésta quería referirse a otro mundo donde nadie era decente. Yo no sé ustedes qué opinen, pero yo para mí tengo que ser decente es la cosa más aburrida del mundo; los decentes siempre tienen que estar serios y, por lo mismo, la vida se les va poniendo cítrica y suelen terminar su día y sus días de un humor infernal. Yo creo en una esencial decencia del alma, pero no en esa decencia de las buenas familias mexicanas. Por esto, precisamente por esto, Tepito se me presentaba como la tierra prometida.
Aquí viene a escena Fanny, la única amiga no decente que tenía mi mamá. Ellas se hicieron amigas en la escuela, cuando Fanny todavía era decente y, años después, mi mamá tomó la honrosa decisión de respetar su pacto de amistad, aunque Fanny ya se hubiera divorciado y, por lo mismo, perdido toda decencia. En este siglo 21, ya no recordamos el estigma que caía sobre una mujer que se divorciaba en los años 50. Fanny era guapa, divertida, malhablada, bromista permanente y siempre valiente ante la vida. A mis 10 años, yo caí rendida y secretamente enamorado de ella. Ella no se enamoró de mí, pero de algún modo extraño nos hicimos muy amigos, y yo creo que me quiso mucho. Ella me enseñó a llegar a casa de mi madrina la más decente y a gritar "¡ya llegué, cabroncitos!", cosa que a mi madrina le provocaba hipoglucemia, hipertensión y vértigo de Meunier.
Fanny anunciaba que me iba a llevar al Jonuco y nos íbamos a todos los lugares inconfesables de la ciudad. Con ella conocí el Frontón México, las zonas sórdidas del Centro y ella me llevó con sus amigos de Tepito. Por ese supuesto "barrio bravo", Fanny y yo paseábamos saludando a maleantes y a no maleantes, y a mí me pasmaba ver cómo ella tenía asuntos pendientes y transacciones inverosímiles con todos. Alguno le vendía un collar de oro a precio de locura y algún otro le compraba un camafeo cuando el Frontón la había dejado bruja. Todo se realizaba en paz, siempre había música y un buen taco. Tepito era mi barrio.
Pasaron los años y se llegó el momento de darle su anillo de compromiso a La Tatcher. En un santiamén, Fanny y yo ya estábamos en Tepito negociando la sortija que fue todo un éxito.
Pasaron más años, Fanny murió y con ella toda una época. He intentado regresar a Tepito, pero ya es otra cosa. Ahora es ajeno, violento, amenazante e impenetrable. Los políticos y el crimen organizado lo usan de bodega, de fábrica, de laboratorio y de cuartel para sus menudistas. Por esto, aplaudo la medida de Ebrard. Yo quiero que Tepito vuelva a ser mi barrio.
"RITOS DE SANGRE Y SEXO"
Es un libro de José N. Iturriaga. Hoy lo presentaremos a las 19:00 hrs. en el Museo de las Culturas Populares en Coyoacán. Aikir.
¿QUÉ TAL DURMIÓ? CMLXXXVII (987)
¿Nunca rendirá cuentas Mario Marín von Humboldt?
Martes 20 de febrero.
Germán Dehesa
Frijolitos pintos
La versión completa de la copla que yo conozco dice: "Frijolitos pintos/ claveles morados/ ¡por Dios, cómo sufren/ los enamorados!". Ya sé que Shakespeare era mejor, pero estos versos están disueltos en mi vida y en ella los he conservado a pesar de su misteriosa condición. Si alguien supiera lo que tienen que ver los frijolitos pintos con la pena de amor. A reserva de que se descubra algo más sensato y sustancioso, observo que, según yo, el mal de amores es tan peregrino y risible como un frijolito pinto; por lo menos, ésa es mi experiencia. Cuando me han arrojado de mala manera a las tinieblas exteriores, por supuesto que he tenido mis penas, pero todas ellas acaban siendo frijolitos pintos. Venturosamente ninguna mujer me ha impedido con su ausencia tener antojos, pasarla bien, disfrutar la vida, enamorarme y cumplir mis tareas. Frijolitos pintos.
Otra cosa diré acerca de esta copla que, bien a bien, no sé lo que significa con precisión. Para mayor confusión del escucha, los ya mencionados frijolitos pintos se cantan con una música alegre y ligera. Es como dar un pésame con una vigorosa música de pianola. Si se fijan, ésta es una generalizada condición de la canción popular en México. Cuenta unas historias terribles y la música es un puro deleite allegro vivace. Todas estas ociosas reflexiones vienen a desembocar en mi previa decisión de no ponerme intensito en lunes, ni escribir en un día tan difícil de suyo, mensajes apocalípticos. Yo lo que quiero es compartir unos cuantos frijolitos pintos.
Ahí tienen el caso de la victoria de Beatriz Paredes. Me da gusto que haya ganado porque la tengo en buena estima y porque me conmueve su oratoria; pero al País no le pasa nada. Felipe ya sabe con quién hablar y ahí se agota la pertinencia de Beatriz. Al interior del partido, no sé lo que signifique su victoria. No conozco el interior del partido, pero tengo la impresión de que ese Parque Jurásico sólo está esperando alguna buena glaciación para desaparecer por entero. En sus mensajes promocionales, Beatriz daba a entender que el PRI había construido piedra por piedra el México del siglo 20. No estoy de acuerdo. Muchas obras hicieron y nos costaron el triple por sus raterías y muchas otras dejaron de hacerse por lo mismo; además, si quieren una lista completa de la obra priista tienen que hablarnos de los lujosos ranchos de MONTIEL y de la injusta miseria de la casa de Fita. Yo no presumiría de esto; a los priistas les vendría mejor callarse, antes de que los llamemos a cuentas. Así pues, ganó Beatriz y a México no le pasa nada; me temo que no le pasará tampoco nada al PRI, pues ella no es, ni con la mejor voluntad, una voz nueva que venga a transformar nada. El PRI seguirá siendo el PRI y ésa será maldición suficiente. Frijolitos pintos.
Se cumple un año del horror que se vivió (y se sigue viviendo) en Pasta de Conchos. Prosigue la bonita tarea de aventarse la bola unos a otros. El Gobernador Humberto Moreira tuvo un súbito, quizá tardío, ataque de memoria y declaró que el pérfido Fox, en lugar de buscar a los verdaderos culpables (y Moreira no podría estar fuera de la lista), le aconsejó cosas horribles e inmorales. ¿No están ustedes hartos de estos espasmos de memoria tardía que suelen tener nuestros políticos?, ¿por qué si fue tan ofensiva e indecente la propuesta que le hizo el Ejecutivo, hasta ahora viene a acordarse, cuando lo útil para la nación hubiera sido que lo declarara en el momento mismo?, pues no, Moreira se esperó hasta ahora y hasta puso cara de mártir de la democracia. No le creo nada. Frijolitos pintos.
¿Qué tal durmió? CMLXXXVI (986)
El Precioso regresó francamente contento y aliviado de su viaje a Alemania. Con el tipo de alemán que él tiene, se entiende perfectamente.
Lunes 19 de febrero.
Germán Dehesa
Historia de dos casas
Yo sólo estoy aquí para contar la historia. De ningún modo fui protagonista de ella. Si acaso fui testigo y ahora seré cronista al estilo de Cervantes que en "El Quijote" nos dice que nos está contando una historia que ya contó otro. Voy a contar una historia cuyos acontecimientos más salientes me fueron referidos por el gran Pancho, conductor emérito y manejador augusto.
Los jueves por la tarde me suelen imponer un ritmo frenético de trabajo y graves situaciones de constipación creativa. En jueves, la hora límite para entregar la columna es las 19:00 hrs. Además, ese día tengo que entregar no una sino dos colaboraciones. Ese día entono las alabanzas de los Pumas en el suplemento deportivo llamado "Cancha". Hay que entregar temprano y hay que entregar el doble de lo normal. Me pongo como loco limítrofe y salvaje. La sufrida Rosachiva tiene que soportar injustas andanadas de denuestos, maldiciones, demasías y bufonadas. Yo la veo poner la mirada en neutral y consagrarse al minucioso examen de su manicure, mientras yo me convierto en un ser que es mitad Hitler y mitad Hugo Chávez. Pobre de Fita si aparece con ánimo de anunciar o solicitar algo; en segundos queda borrada del mapa a puros alaridos. El jueves pasado, mi trance era particularmente intenso. La musa no acudía y los renglones se atoraban unos con otros. Sonó el teléfono y una voz femenil me anunció: soy Camelia. Yo me quedé con ganas de decirle que a mí qué demonios me importaba, pero no me dio tiempo: soy Camelia y necesito hablar con Adolfa. Un momento. Lanzo el alarido localizador: ¡Aaaadolfaaaa! Mande. Le hablan. Ella contesta, yo cuelgo y trato de retomar mi trabajo. No puedo. Adolfa está pegando unos gritos como de posesa. Baja la escalera tambaleante. Llora como perro café de los grandes. ¿Qué le pasa? Mi hermano está muy grave. Al muy audible llanto le acompaña nuestro silencio. El teléfono vuelve a sonar. Soy Camelia. Adolfa contesta y su pena se sale totalmente de madre. Su hermano ha muerto y ella llora con los brazos, con la cabeza, sus pasos lloran y yo trato de imponer un mínimo de sensatez. Con dificultades saco en claro que ella vive en Almoloya de Alquiciras y que a esas horas ya pasó el camión que puede acercarla allá. Su hermano ha muerto y ella ni siquiera puede estar cerca. Aquí es donde entra Pancho en la historia. Como un favor, le pido que si puede llevar a Fita a su casa. Pancho de inmediato responde que sí. Vienen unos minutos de tregua. Mediante hercúleo esfuerzo logro concentrarme y terminar el segundo artículo. Lo enviamos y cada quien toma su camino. Yo tengo que ir al teatro; Pancho, la Rosachiva (que se trepa a cualquier expedición) y Fita avanzan rumbo al Edomex.
Al día siguiente y a la hora convenida, Pancho se presenta a trabajar. Emprendemos camino y él me cuenta de Almoloya de Alquiciras. Hace un frío espantoso, me comenta el noble auriga (ya van en camino 30 cobijas y las que hagan falta); además el lugar donde vive Adolfa es horrible: un hermoso paisaje y unas condiciones de vida totalmente indignas. Todo esto me lo cuenta Pancho. ¿A qué horas permitimos que la miseria se volviera tan atroz e inhumana? A lo largo de todo el camino hay carteles que anuncian con orgullo: ¡Compromiso cumplido!, Enrique Peña Nieto.
Da mucha rabia, señor, porque además, enfrente de donde vive Fita, nomás atravesando el camino está un terreno verde, muy amplio, muy cuidado. Tiene una reja que señala el final de la propiedad de un hombre muy rico. Ya lo habrás adivinado, lectora lector querido, es uno de tantos ranchos de ARTURO MONTIEL ROJAS. Maldito sea.
¿Qué tal durmió? CMLXXXV (985)
Este espacio fue creado para señalar que la justicia dormía mientras en Juárez asesinaban a las mujeres. Nada ha cambiado.
Viernes 16 de febrero.
Germán Dehesa
¡Ya me hicieron viudo!
En el Club de Industriales la cita era a las 14:00 horas. Josefina Vázquez Mota se iba a presentar en sociedad y había que estar presente. Mi única y grave objeción era la corbata. Si al Club de Industriales te presentas sin tan ridícula prenda, eres arrojado de inmediato a las tinieblas exteriores donde te esperan los perros feroces y el crujir de huesos. No pude ni dormir nada más de pensar que me iba a tener que vestir de huevo de pascua. La aurora ya se perfilaba cuando me dije: todo sea por mi viuda de Clicqot.
Desperté. Me bañé hasta recuperar mi color original. No sin pánico, estrené un rastrillo que tiene pila vibradora para que al rasurarte te comunique también placeres inconfesables. Por andar en eso, estuve a punto de rebanarme un cachete. Me puse una ropa interior particularmente turbadora, luego el pantalón de finísima gabardina tlaxcalteca y la alba camisa. Después vino ¡la corbata! y ya luego, con la bendición de Fita, me fui a mi trabajo. En él tuve que pedir permiso para salir antes y estar no con la Secretaria de Educación, sino con mi amiga del alma que se presentó en la plaza con un terno de seda negra, una blusa floral y bullidora y un maquillaje impecable. Distribuidos por las mesas estaban todos los que son, los que aspiran a ser, los que ya fueron y dos o tres que jamás serán. Todos estaban. Desde Don Lorenzo Servitje hasta mi amigo el Xalapeño. Todos con corbata. Aquí hay que denunciar una injusticia: había muchas mujeres y cada una se vistió como le dio la gana y nadie en la entrada les dijo: señora, parece usted trajinera, no puede entrar; o "Es parte importante de la filosofía del Club de Industriales prohibir terminantemente el Wonder Bra, ¡sáquese!". Nadie les dijo nada. No importa. Yo entiendo. Don José Carral, liróforo celeste y organizador de estos ágapes, ordenó que nos pusiéramos a comer. Nos trajo como si estuviéramos en el internado: se acaban el postre porque ya va a hablar nuestra invitada. Obedecimos todos.
La Secretaria estuvo francamente bien. Sin embozos presentó los graves problemas de la educación en México, señaló a los que iban a ayudar a enfrentar estos retos (a mí me tocó recorrer 60 mil comunidades indígenas y en cambio a mi amigo el Rulos, que es el anciano más lúcido que tenemos desde Fidel Velásquez, lo nombraron cacique de la tercera edad). En verdad estuvo brillante Josefina que so pretexto del escritorio de Vasconcelos que no le quiso entregar al Rector, nos planteó que estábamos asistiendo al surgimiento de un nuevo ciclo educativo que solicitaría la concurrencia de todos para que ¡por fin!, por nuestra raza hable el espíritu. Yo le entro y me parece que todos tenemos que entrarle.
Hoy termina la Operación Cobija. Muchas gracias. Otro cobijo buscaremos: HOY TOCA.
¿Qué tal durmió? CMLXXXIV (984)
El Precioso Marín, tan apreciado por Calderón, no pudo estar en Puebla para el festejo del primer aniversario de su telefónica estupidez. Marín tuvo, por puritito amor a Puebla, que marcharse a Alemania con el fin de entrevistarse con un alto personaje de la política de allá. Se trata, dijo, de traer inversión al Estado. Con lo que no contaba Marín fue con la tenacidad de "Monitor", un medio mexicano. Ellos se encargaron de hablar con el alto personaje teutón y él se permitió aclarar que no tenía la menor intención de entrevistarse con el tal señor Marín que en Alemania no es tan famoso como acá. Dicho brevemente: cachamos al Precioso en la mentirota. Él así tuvo que reconocerlo. Está bien. Lo que no queda claro es ¿con qué derecho utiliza el erario para pagar su vuelo en bussiness y sus paseadotas y sus hotelotes y sus comilonas? El idiota éste no escarmienta. No creo que su amigo Felipe le haya aconsejado proceder así. ¿La justicia?, sigue dormidita.
Jueves 15 de febrero.
Germán Dehesa
Súper Bowl y Súper Buey
Con su permiso, o "con su compermiso", como dijo la legisladora del PRD que invadió la casa de la mamá de Fox, voy a darle trámite a dos "pendientitos" que traigo desde hace un rato. El primero es el Súper Bowl. No haberlo ni siquiera mencionado, ha provocado fuerte malestar en el considerable segmento deportivo de mis lectores. Intentaré subsanar la falla, aunque sé que llego muy tarde y que otros acontecimientos reclaman la atención de los maniaco-deportivos. Más me valdría comentar la ridícula y bochornosa derrota de las Chivas en Trinidad y Tobago infligida por el equipo de ¡taxistas! de la localidad. No puede ser. En cuanto trasponemos nuestras fronteras, enseñamos el chumurmujo. De esto tendría yo que estar hablando, pero la fanaticada, mi porra plus, pide un comentario sobre el Súper Bowl. Obedezco.
Creo que soy de los pocos en México que ha visto todos los juegos de Súper Bowl, aunque jamás he asistido a ninguno. Me consta que la mayoría han sido tediosos, rasposamente gringos y con el total dominio de un equipo sobre el otro. Unos cuantos han sido inolvidables y el corazón de mi memoria escoge aquél en el que Joe Namath y sus Jets sorpresivamente derrotaron a los Colts de Baltimore con Johnny Unitas y/o Earl Morral en los mandos.
Los juegos de Súper Bowl han sido mayoritariamente aburridos y casi siempre por debajo de las expectativas que crean. Sin embargo, ya son un ritual del Imperio y un negocio gigantesco donde todos pueden obtener una tajada. Contra todo lo planeado, se supone que un Súper Bowl tiene que jugarse en óptimas condiciones climáticas, el día del juego en Miami llovió persistentemente. Entre Chicago e Indianápolis, se suponía que el equipo "lodero" era Chicago. No resultó así. El mariscal de Chicago se volvió loco y Manning finalmente pudo con el juego grande. En el medio tiempo hubo un espectáculo con un molusco vestido de verde alberca que cantaba su personal (y horrible) versión de algunas canciones famosas. En mi opinión, era un espectáculo que no lo hubieran querido ni en el estadio "Coruco" Díaz. En el segundo tiempo, los Osos terminaron de hundirse en la creciente lluvia, los Colts resultaron campeones y en la boca quedó un cierto sabor a trapo. Y pensar que hubo muchos que pagaron tres o cinco mil dólares por ganarse el derecho a remojarse a fondo y a ver un partido más bien mediocre. Éstos son mis apuntes de lo acaecido en Miami.
Ahora voy con el Súper Buey. Vicente Fox. Mientras sólo diga estupideces que lo infaman y lo retratan a él, nadie puede coartarle su inalienable derecho a hacer el ridículo; pero en la ocasión más reciente, lo que fue puesto en jaque por sus torpísimas palabras fue el precario equilibrio que tan difícilmente logró nuestro País después de esa inminente guerra civil que fue todo el periodo post-electoral. Ya no sé si en Fox hay sólo estupidez, o también perversidad. ¿Cómo se atreve a socavar la frágil base del nuevo Presidente que es de su mismo partido?, y ¿de dónde se quiere ahora mostrar como protagonista y hacedor de los resultados de un proceso político en el que sólo participó para hacer imbecilidades? No sé qué quería lograr este zopenco con sus palabras. Tal vez sea necesario traer de regreso al sufrido vocero para que intente explicar. De cualquier modo, el daño está hecho y Fox ha quedado expuesto como un raro ejemplo de cómo se puede ser traidor a la patria a base de expeler babosadas. ¿Nadie podrá convencerlo dulcemente y de buen modo de que se calle el hocico?
¿Qué tal durmió? CMLXXXIII (983)
El Precioso ha cumplido un feliz año de sobrevida política después de su charla con K. Nacif. Felicidades.
Miércoles 14 de febrero.
Germán Dehesa
¿El amor y la amistad? 2
El mundo no es feliz porque está lleno de infelices. No es fácil imaginar la capacidad de contagio que los infelices, tan poderosos, tan ricos, tan explotadores, tan huecos, tan desamorados, tienen. Su infelicidad nos la suelen vender como "una historia de éxito" e insisten en que la imitemos y en que vayamos por su mismo camino. En ese trayecto la felicidad fracasa. (AVISO A LOS USUARIOS: Si notan que de pronto mi prosa pierde tersura, es porque Fita me acaba de preparar un pepino con limón y chile piquín, un antojo que me proporciona gran placer, pero que me provoca fruncimiento de meninges). No entiendo muy bien el éxito de los infelices que tanta infelicidad produce. Me agobia por igual pensar en África que en el Mezquital. ¡Cuánta infelicidad existe ahí, a causa de unos cuantos infelices!; tal es su control del mundo que la felicidad se vive de una manera silenciosa, vergonzante y como si los felices fuéramos los que estamos en falta.
Me niego a que así sea y por eso, a pesar de su condición resbaladiza y proclive al peluche, me dispongo a celebrar el día de hoy con todo el gusto y el ímpetu posibles. Desde hoy martes en que escribo estos renglones, convoco a la alegría para que amanezca conmigo y no me abandone mientras cumplo mis deberes. Me anticipo también a pedir perdón a todos los que voluntaria o involuntariamente he ofendido (aplican restricciones) y elaboro un apretado plan de festejos que incluirá platicar con amigas y amigos con los que, aunque sea por vía telefónica (todavía sin bonificación), me encontraré. Trataré de visitar a los autores que me han dado felicidad: G. Guareschi, P. G. Wodehouse, J. Ibargüengoitia, San Juan de la Cruz, Albert Camus, Jaime Sabines y el zurumbático de Gabriel García Márquez (lista no exhaustiva).
Trataré también de propiciar, aunque sea de memoria un amoroso abrazo con mis amores. No los voy a enumerar aquí en parte porque no me da la gana y en parte, porque no cabrían. Yo considero mis amores a todas esas mujeres que por un instante (lo que dura un beso), o por 10 años, o por más, me han visto con buenos ojos. En el "Otro poema de los dones", Borges da gracias por el amor que nos permite ver al otro como lo mira la Divinidad. Pues eso. No han sido miles las mujeres que así me han mirado, han sido unas cuantas pero con ellas me ha bastado para darle color, calor y perfume a toda mi existencia. Adriana Landeros que, junto con la Tatcher, una en rojo encendidísimo y otra en confortable y dulce azul, es parte principalísima de esta lista, me dio la pista para descubrir a un amoroso sacerdote que vive en Yucatán, Raúl Lugo Rodríguez, que acaba de escribir un libro enamorado y compasivo que se titula "Iglesia Católica y Homosexualidad" (Ed. Nueva Utopía) que de inmediato ha merecido la fulminación de un perfecto infeliz llamado Emilio Berlie que trabaja de Obispo y arrastra un historial lamentabilísimo.
Pero ya se me fueron las cabras. Regreso. Dante delgado (lo era) Alighieri concluye que "es el amor y sólo el amor el que mueve al sol y a las estrellas". Entonces, amigas y amigos míos, no dejen pasar la oportunidad que nos ofrece el día de dar cuenta de nuestros amores. El odio se vocifera diario. Hoy le toca al amor. Hoy les tengo que avisar que los guardo en las entretelas de mi corazón, como San Pablo a Timoteo. Hoy ganan los felices y pierden los infelices: HOY TOCA.
Recado a Tijuana
Estoy con ustedes para que demos la pelea contra esa mucosidad priista que se llama Jorge Hank.
Martes 13 de febrero.
Germán Dehesa
¿El amor y la amistad?
Con pasos de felpa, sin darse a notar, ya nos cayó San Valentín. De nuevo enfrento gravísimas disyunciones: ¿le haré el juego a la estupidérrima publicidad que me conmina a comprarle a mi amor un teléfono celular, de ésos que luego se quedan sin señal durante varias horas, para que al final del desbarajuste, la empresa diga que lo siente mucho (nosotros más, güey), pero que ni hablar de una bonificación, o un globo, o una playera?; ¿debo salir a las populosas y amenazantes calles a adquirir un DVD, un CD, un libro de autosuperación (expresión delicadamente idiota), o tiliches varios para mis contados amores y mis incontables amigos? Lo pienso y digo que no. Desde el punto de vista financiero, todavía no me repongo del cimbronazo de diciembre y vacaciones adjuntas y desde el punto de vista moral, lo pienso y no puedo entrarle a la liga del peluche; porque en esto termina todo, en regalar o recibir un peluche con una tarjetita adjunta que contiene algún chiste tan malo, que sólo es aprovechable para los "humoristas" de Televisa (¡cuánto mejorará esa empresa cuando descubra que el humor de más alta calidad lo hacen los libretistas de las telenovelas!). No, con eso no puedo transigir. Sería ofender a la UNAM que tanto se esmeró en darle vuelo a mi espíritu y firmeza a mis valores.
Sin embargo, ahí están mis amores y mis amigos y está por llegar la oportunidad de hacerles saber lo que los quiero, lo importantes que son para mí y lo indispensables que me resultan para que mi alma viva en estado de gracia. Si en este mundo sólo se pudiera tratar con Manlio Fabio, con Gamboa, con la Gordillo, con Espino y con Marín (cuyo expediente mágicamente ha desaparecido), la vida sería una pesadilla; pero están ustedes, habitantes permanentes de mi corazón, y eso me permite remontar el vuelo y entender que toda esa morralla humana que produce la política, es apenas el medio de contraste para que lo humano, lo verdaderamente humano, se haga carne y habite entre nosotros. Pienso.
Así las cosas, en plena encrucijada entre la naquería y la insoslayable gravitación de los amores, me encuentro a punto de ser nombrado embajador de la perplejidad en México. Antes, cuando era yo más radical, más arrebatado, probablemente más tonto, borraba de un plumazo la fecha y me seguía de frente hasta el 21 de marzo que es fecha de mucho tronido, entidad y significación. Hoy ya no estoy para dejar pasar la oportunidad de votar enfáticamente a favor del amor. Y no hablo de esos amores espectaculares y ruidosos que ya he vivido y padecido y casi olvidado; hablo de los amigos fieles que siempre me han asistido; de las amigas que han aromado e iluminado mi existencia; de los amores discretos que ni siquiera se confiesan, pero que nos van creciendo en el alma como matita de yerbabuena. Hablo de muchas cosas, de los mil matices descubiertos o por descubrir en los pliegues del manto del amor, de la cercanía, del ánimo de volar juntos sin ser dueños de un expendio de cuetes; hablo de ti, lectora lector querido, y anuncio que San Valentín está cerca y que podemos recibirlo con íntima alegría sin necesidad de incurrir en la vulgaridad.
Se aproxima un propicio tiempo de abrazar. En el peor de los casos, si no tienen a quién, hoy podrían conseguir algún buen cliente para sus abrazos; pero, por favor, abracen bien: los mexicanos y ¡las mexicanas! intercambian golpes de clavícula y piensan que eso es un abrazo. Están como trepanadas... en fin, esto continuará, el amor necesita seguimiento.
¿Qué tal durmió? CMLXXXI (981)
MONTIEL y ¿qué tal durmió Mario Marín que ya maniobró para desaparecer su expediente? Y los jueces que tendrían que juzgarlos ¿qué tal durmieron?
Lunes 12 de febrero.
Germán Dehesa
Sábado sin huella
Seguramente ustedes, lectores amados, han vivido ya la horripilante sensación de despertar un determinado día y comprobar que uno está vivo, aunque está vivo pero aparte. Subrepticiamente durante la noche, entre nosotros y el ancho mundo, ha sido construida una inmensa muralla de cristal; el mundo ahí sigue aparentemente al alcance de nuestra mano, pero no hay tal: cada vez que pretendemos ingresar a él, rebotamos cual mosca ebria. Creo que eso es estar enfermo: ahí sigues, pero esquinado y fuera de la acción.
Mal día para sentirse así. Tenía yo programa de radio y una comida de altísimo nivel con mis vecinos y ¡vecinas! para establecer un pacto de convivencia y límites satisfactorio para todas las partes. No pueden ustedes imaginarse lo delicado de este asunto. Y yo, tiradote y sin poder entrar.
Desde que nos dijeron que no nos van a bonificar ni un quinto por todo el tiempo que nuestros celulares estuvieron fuera de servicio, estoy usando el teléfono bajo protesta y con ganas de que un satélite se descuacharrangue y caiga en llamas en las oficinas principales de Telcel. Este sábado era indispensable entrar en contacto con la ciencia médica. Mi médico en jefe es como encendedor Bic: no sabe fallar. Marqué su teléfono ¡y contestó!, le planteé todos los males que me aquejaban y le platiqué que el día anterior, terminadas mis faenas del viernes, todavía me fui a Cuernavaca a impartir una grata charla con los meros papas fritas de la Seguridad Pública en México. De ahí regresé hecho la peluda a la lluviosa capital (llovió todo el camino) para dar una tardía función y hasta ahí me acuerdo.
Vas a hacer esto y esto, te vas a tomar esto y lo otro y hoy no vas a salir a ninguna parte. Pero tengo radio... no vas a salir; pero mis vecinas que hasta hicieron flan me van a mentar la madre... no vas a salir. Correcto, creo haber captado el mensaje: hoy no salgo. Exactamente, mañana me avisas cómo vas y el lunes te quiero ver en mi consultorio. Terminó la salutífera plática y me puse en movimiento para, por una parte, cancelar mis compromisos y, por la otra, alertar a mis amables geishas de que su Shogún estaba, como los taxis de mi juventud, a punto de entregar la unidá. Un agradecimiento para todas ellas que lanzando gritos de dolor, vinieron a apapacharme, o de muchas maneras se hicieron presentes en mi hondo duelo. Me trajeron consomé, me sobaron mis patitas, me aplicaron mis inyecciones, me dieron noticias de lo que ocurría en el mundo y me dieron el ritual mensaje azteca: lo que necesites, a la hora que lo necesites, nomás me hablas. Olvidaba algo importantísimo: mis vecinas ¡me mandaron flan! Hacia la una llegó el Bucles con su madre. El pequeño me acompañaría a la comida y venía muy limpio y peripuesto. Por su parte, su madre se comportó de manera compasiva y piadosa y me conminó a que no escribiera todavía mi testamento.
¿Qué hacemos, Andrés?, pues yo sugiero, pa, que organicemos una orgía de fut. La madre de la criatura me miraba como si yo hubiera corrompido al pequeño iniciándolo en algún nefando vicio. Guardó silencio, nos encomendó al cielo y nos dejó frente al Jaguares-Tecos. Ver un partido de fut en compañía del Bucles es casi el Paraíso. Lo único que es tarante y terrible es ver unas veinte veces por partido el megaimbécil anuncio de dos adolescentes limítrofes que usan el celular para celebrar San Valentín y decirse Moyocoyo y Cuchurrumina. Les digo que ya no hay que hablar por teléfono; se vuelve uno molusco. Terminó el sábado y llegó el domingo. Empataron los Pumas, pero la vida sigue.
Esta semana es la última de "Operación Cobija" (5611 6513). Ahora o nunca.
¿Qué tal durmió? CMLXXX (980)
ARTURO MONTIEL ROJAS.
Viernes 9 de febrero
Germán Dehesa
Las secretas victorias
Siempre es bueno compartir las victorias con la familia. Eso fue lo que pensé y por eso me puse muy afanoso a invitar a mis hijuelos a que vieran conmigo el juego entre Estados Unidos y México.
Yo no sabía que se iba a convertir en el juego de Estados Unidos con México. Cuestión de preposiciones. El caso es que yo me puse a convocar a mi ilustre descendencia y dispuse todo para recibirlos. Me apuré a terminar mi trabajo, preparé la sala de la TV, la rodeé de dos calentadores y precisamente cuando estaba en esa faena, apareció mi Pulpo en turno para darme noticias acerca de mi calentador de agua. Su diagnóstico fue dramático: nosñor, su calentador ya valió. ¿Cómo que ya valió? Psí, statodpicad. ¿Quiere usted decir que está todo picado? Psí, eso fue lo que dije, que statodpicad. ¿Qué hacemos?. Aquí hay dos caminos: o se baña usted con agua helada que es muy sano. Siempre y cuando no se muera uno, ¿verdad? Psí, se puede presentar esa anormalía. ¿Y si quiero evitar la ANOMALÍA, o en su caso, animalía? Pus hay que poner otro. Pues póngalo, ¿en cuánto me sale? Depende, ¿usté quiere uno bueno? No, buey marítimo, quiero una porquería. Ooooh, luego luego la burla; yo siempre prefiero preguntar.
Hay unos alemanes como de medio millón, pero esos son para hotel grande. Lo quiero para aquí. Ah, pos uno bueno, así de batalla, le sale porai de las cinco milanesas. Ponga el mejor. Conste... se va a bañar rico... ¿se va a bañar solo? ¡Qué te importa!, mañana lo quiero instalado. Ya dijo, mañana lo tiene. Así terminó el enojoso trámite doméstico.
A las ocho comenzaron a llegar los frutitos de mi vientre. La que llegó más temprano fue Juana Inés (a) Viruta que es un dechado de ternura. Se sentó en la sala de TV, sacó la lengua, se quitó la chamarra y dijo: ¡aaagh!, aquí hace un calor estúpido. Pero yo tengo frío. ¿Has hablado últimamente con tu ginecólogo?, creo que tu problema tiene que ver con la menopausia.
No seas idiota, ¡hace mucho frío! Habla con él y dile que yo creo que es cosa de recetarte hormonas; piensa que tú la estás pasando bien, pero tus invitados sudan como perros y en cualquier momento pueden morir de un flash hipertérmico. Apagué un calentador.
En TV Azteca estaban los homenajeables Simpson que periódicamente anunciaban que vendría la transmisión del futbol. He de aclarar que todos los juegos de la Selección los veo por TV Azteca. Cualquier precio es poco con tal de no ver a ese adefesio hipermamila, vulgar y descerebrado que es "El Compayito" que tiene que ser festejado y celebrado por gente tan respetable como Burak y Toño "El Melenas" de Valdés. Es un ser estúpido.
El último en llegar fue el Bucles que ¡alma mía!, traía puesta la camiseta de la Selección y esperaba un triunfo inobjetable. ¿Cómo estás, bacalao?, le preguntó su hermana la mayor. Sediento de venganza, dijo Osamita, ¿y tú? Yo nada más sedienta porque ya habrás notado, bacalao, que nuestro padre ha decidido reproducir las condiciones del Sahara a medio día. Pa, dijo el pequeño, ¿cuál es tu pronóstico del marcador? Me late que 2-1 a favor de México. Yo creo que 3-0, traemos un equipazo. Famosas últimas palabras, comentó la pérfida Juana Inés.
Comenzó el partido y el alegre grupo familiar fue tornándose sombrío. Los mexicanos practicaban el juego "todos en bola" y los norteamericanos aguantaban vara con relativa facilidad. Lo demás lo sabemos todos. Un conjunto medianito destrozó a un desconcertado grupo de valiosas individualidades. Una derrota sin paliativos, pero una luminosa victoria para mí que fui feliz recibiendo a mis hijos. Así es esto. HOY TOCA.
¿QUÉ TAL DURMIÓ? CMLXXIX (979)
¿Dónde andas, MONTIEL?
Jueves 8 de febrero.
Germán Dehesa
Los acaparadores
Leo en MURAL que las autoridades en Jalisco se toparon con un señor que escondía mil 800 toneladas de maíz. Se trata de uno de tantos miserables que esquilman a nuestro País de ese modo tan ruin que consiste en poner a trabajar a su favor el hambre de la gente. Según informa el mismo diario, la pena que corresponde a estas alimañas es de tres a cinco años. A mí la verdad, me suena a poco. Bien mirado, estas ratas están cometiendo delito de traición a la patria y deberían ser condenadas a atragantarse con todo ese maíz que le escatimaron a la gente y deberían también ser desvinculados, so pena de tener que pagar cadena perpetua, de toda actividad relacionada con el comercio agrícola. Ellos distorsionan todo, crean crisis artificiales, coadyuvan a la politización de la actividad comercial alimentaria y de pronto, ya tenemos una crisis, las infaltables megamarchas, la teledirigida insurgencia obrera y todo lo que ahora estamos viviendo. A mi juicio, pagar de tres a cinco años de cárcel por crear esta enorme insatisfacción social que deriva en un enfrentamiento con el Gobierno, es un precio demasiado barato si se le coteja con todo el daño social que provoca.
Yo no digo que debamos ahorcar a los acaparadores, pero sería formativo darles una arrastradita por el primer cuadro, unas buenas cachetadas guajoloteras, diez mil zapes estilo maestro de primaria, lectura obligatoria de todos los discursos de Hugo Chávez y las penas ya señaladas renglones arriba. No es posible que un puñado de forajidos, normalmente impunes, pongan en jaque a todo nuestro País; porque ojalá y la rata jalisciense que acaban de descubrir fuera la única, pero todo el País negrea de roedores similares quienes, además, se ostentan como distinguidos próceres de la sociedad. No es difícil encontrarlos; lo difícil es tener la voluntad política de exterminarlos. Al parecer Felipe la tiene. O le entra a ese toro, o se la rifa con Francisco el "Just for Men" Hernández Juárez y sus locos del ritmo.
¿Para qué sirven los diputados?
En México nos consta que para nada. En ese enjambre de zánganos que se autodenomina "clase política", los legisladores constituyen quizá la variedad más feroz, más rapaz, más primitiva, más egoísta y más amátrida de todos. Leerán en el periódico los manejos que estos próceres de la patria, los diputados de la ALDF, han sabiamente conducido para "redondear" sus ingresos mensuales. Todo indica que sus gestiones han sido particularmente exitosas y así, su sueldo actual es de 383 mil pesos al mes. Éste es un milagro similar al de la multiplicación de los peces. Considera, lectora lector querido, que su salario nominal es de 65 mil pesos que, bien mirado, sería ya injusto si se toma en cuenta la perfecta inutilidad, tontería e ignorancia de estas personitas; pero, idiotas y abusivos como son, esto les ha parecido muy poco y han gritado como Vicente Fox, premio Nobel venezolano, ¡vamos por más! La cosecha ha sido pródiga. Una pizcacha por aquí, otra por allá y por el momento van en los 383 mil ya referidos. ¿Ustedes creen que a estos nematelmitos les dice algo la palabra justicia, o experimentan la menor compasión por México? Por supuesto que no. Ellos a lo suyo. A ellos en su calidad porcina lo que les interesa es atascarse de dinero, porque no se crea que esos 383 mil constituyen su única entrada; hay muchísimos negocios sórdidos en espera de recibir su ayuda y darles su moche. Siento ira y tristeza. No es posible que mi País aguante a tanto truhán. Hagamos algo.
Gracias
La amable directiva de Almacenes Chedraui me ha hecho llegar un termo que puede transportar desde nitrógeno líquido hasta plutonio enriquecido. Gracias.
¿Qué tal durmió? CMLXXVIII (978)
MONTIEL: te estoy observando y te voy a agarrar.
Miércoles 7 de febrero del 2007
Germán Dehesa
El día de Telcel
No sé si la grave anomalía fue de alcance nacional, o exclusivamente citadino (la reingresada Rosachiva, para no variar su maldita costumbre, me contraria y me dice que fue en la región celular 9; yo no sé ni para qué la recontraté). El asunto es que este día amaneció de bastante mejor humor que el día de ayer que fue absolutamente siberiano con lobos aullando enloquecidos por Perisur y ejes viales con pingüinos dirigiendo el tránsito de todos los que regresaban semiencuerados de Acapulco y Cuernavaca.
Hoy desperté y con gran cautela me asomé al exterior. Cual amante asustadizo el sol se asomaba por un rinconcito y le imponía otro talante más afable y hospitalario al día. Esto era una grata nueva digna de ser comentada con mis allegados y allegadas del primer círculo. Básicamente porque no guardo en la memoria los teléfonos de mis cuates, eché mano de mi celular que tiene un completo directorio telefónico. Le hablé a todas mis amigas y amigos y no logré comunicarme con ninguno. En algunos casos no entraba la llamada, en otros sonaba ocupado y en otros me mandaba directamente al buzón que para mí equivale a mandarme a las tinieblas exteriores. Me siento perfectamente idiota al dejar recados. Llegué a pensar que la rubia mujer encargada de hacer todos mis pagos, había olvidado el celular y a eso se debía el perjuicio. Esto ocurría a las nueve de la mañana.
Según me fui enterando, el problema era común a todos los usuarios de Telcel. A la una de la tarde la incomunicación proseguía. A esas horas y gracias a los buenos oficios del noticiero que día tras día me cobija, supimos con inmenso alivio que Telcel ya sabía y que estaba trabajando arduamente para restablecer la comunicación. Se les cayó el sistema y la explicación que dieron era una de estas perlas negras que expelen los mexicanos para hablar mucho y que nadie les entienda. Lo que se sacaba en claro es que estaban haciendo algunas tareas de mantenimiento (me los imagino pasando el mechudo por el satélite y limpiando con Brasso la punta de las antenas). Daba la impresión de que ya traían encima algunos miles de mentadas, porque muy contritos ofrecían disculpas. Por lo que se refería a una bonificación eso sí que no, con la comida no se juega y no podían orillar a la quiebra al señor Slim repartiendo lana a lo loco. Ahí sí nos van a perdonar, pero es filosofía de la empresa que lo caido caido; acepten las disculpas y digan que les fue bien.
Mientras vivíamos este drama, llegaba de Guerrero la noticia de los sicarios disfrazados de soldados que se bajaron de un transporte militar (o pintado como tal), entraron a una comandancia de policía, regaron bala y mataron a siete. Todo esto ocurrió en Acapulco, lugar de relajamiento y tranquilidad, pero cimbró a todo el país.
Mientras tanto, una fuga de agua reportada desde el sábado trabajó diligentemente en el subsuelo e hizo una especie de cráter lunar donde naufragó un automóvil (¿habrá otras ciudades donde los coches naufraguen?). Para general alivio, la Delegación ya tomó nota. En otro lugar de la Ciudad, Marcelo Ebrard fabricó su propia perla y dijo que los retrasos en la terminación del segundo piso eran debidos a problemas técnicos. ¡Qué alivio!, yo pensé que eran problemas pasionales... ¡y yo sin línea telefónica!
Hacia las dos de la tarde el problema se subsanó y con ello volvieron la serenidad y el buen ánimo. Realmente qué detalle tan pedagógico del señor Slim de darnos una disculpa y evitar que nos encaminemos por el sórdido sendero de la acumulación de dinero. ¡Gracias!
¿Qué tal durmió? CMLXXVII (977)
Se ve precioso Calderón junto a Mario Marín y Ulises Ruiz. Jesús entre el mal ladrón y el pésimo ladrón.
N.B. Si gana Estados Unidos, me mato.
Martes 6 de febrero del 2007.
Germán Dehesa
¿Y si trabajáramos?
Desde que terminó La Candelaria traigo esa inquietud: ¿no será ya hora de ponernos a trabajar? Sé que con solicitudes así de drásticas, un mexicano siente como si lo estuvieran flagelando sin misericordia. Ni modo. Se acabaron los tiempos de la chacota y ahora, aun con riesgo de herniarnos y tomando en cuenta que todavía no calienta el año y es muy peligroso hacer movimientos bruscos, ahora es tiempo de ponernos a laborar con frenesí y de dejar la ingestión de tortas de bacalao que ya van en su cuadragésima quinta recalefacción.
Escribo esto con el cuerpo todo engarruñado. Nuestro día de la Constitución está saliendo igualito que la propia Constitución: gris, lluvioso, frío, ilegible e inútil para todo fin práctico. En tan adversas circunstancias, la Rosachiva (de reciente y jubiloso reingreso) y yo estamos aquí como pasmados frente a la computadora escribiendo esta excitativa laboral que, renglón a renglón, va perdiendo enjundia, pero no porque yo descrea del trabajo y sus benéficos efectos, sino porque la adversidad climática nos va hundiendo en el desánimo y en el sopor. En el peor de los casos, lo que puede ocurrir es que comencemos mañana, aunque el meteorológico advierte que va a estar peor que hoy. No hay suerte para el hombre honrado.
Y no es que hoy haya flojeado. En el momento de escribir este texto, ya dejé atrás dos horas de radio y un texto para mi portal plazadelangel.com.mx donde he vuelto a colaborar diariamente. Me he impuesto también de las tribulaciones de don Gerardo Fernández Noroña, ese noble patricio que, en su intento por sabotear una actividad de Felipe Calderón, fue apañado, entambado y liberado en un operativo que él califica como un atentado a su derecho de estar friegue y friegue. Ya en libertad, Fernández Noroña, con la habilidad que lo caracteriza, se queja de haber sido objeto de terribles brutalidades que lo tienen rasguñado, descuadrado, con fuertes dolores de espalda y tórax y todo esto sin contar los graves daños psicológicos provocados en su alma tierna y sensible. Hay dos teorías: en la primera Noroña llega en un taxi y apenas se está bajando cuando ya le está cayendo manotas; en la segunda, Noroña se baja del taxi, se dirige a una barda, comienza a trepar cual mapache y de una pata lo arrastran hacia abajo. En ambos casos me siento personalmente dolido por el daño causado a uno de mis ídolos políticos de la actualidad. Ojalá y no tenga daño cerebral y le dé por pensar correctamente. Con estos sustos, nunca se sabe, aunque todos nos preparamos para varios plañideros meses de quejumbre por cuenta del paladín de la izquierda.
Al parecer, el compañero Noroña planeaba tomar posiciones en espera del acto que presidió Felipe Calderón en recuerdo y conmemoración de la Constitución del 17. Felipe, anticipando mi consejo parece que ya se puso a trabajar y ya se olvidó de su pleito tan ramploncito con el manatí de Venezuela (y a mí no me diga caballerito, porque yo sí le zumbo, gordo mamila) y ha decidido optar por la vía laboral. Bien hecho. Ya nos dijo que tenemos que pensar en una nueva Constitución porque a la actual no la entiende ya ni su constitucionalista madre que la parió.
Estoy de acuerdo. Necesitamos pensar en una verdadera Carta Magna que cobije y que le ponga límites a todos los que nos llamamos mexicanos, pero poco cambiaría México si no nos convirtiéramos en un país civilizado y respetuoso de la ley. Dicho esto repito mi excitativa: ¿y si trabajáramos?
¿Qué tal durmió? CMLXXVI (976)
Me pregunto si Jimmy Neutrón, en su fastuoso gabinete de bebesaurios, no tendrá pensado incluir a algún hermanito político; o sea a algún hijo de MONTIEL. Luciría muchísimo.
Lunes 5 de febrero del 2007-02-07
Germán Dehesa
¡Oh, el tismiche!
Los que me conocen saben que soy muy firme en mis decisiones. Si llegué a la decisión de que, por razones médicas, geográficas y calendáricas, no asistiría este año a las fiestas de La Candelaria, todos sabían que mi decisión era firme como el fierro, todos menos Vitico, el Hugo Chávez de Tlacotalpan, y Francisco García González, joven empresario de la localidad. Ellos se encargaron de lavarme el coco y de convencerme de que las fiestas sin el Charro Negro desmerecen grandemente. Como lo oyen. Tuve que ceder. El llamado de la patria, aunque sea chica, no puede ser desoído. Con una abnegación que nadie me tomará en cuenta, olvidé penas, enfermedades y compromisos personales y me puse al servicio de la jarocha ciudadanía. Todavía no tenemos noticia de un mexicano que, puesto a la tarea de hacer algo absurdo, idiota o imposible, no encuentre un compañero dispuesto a rifársela con él. Estamos hablando de las inflexibles leyes del mueganismo y la cuatitud (nuestra verdadera y celebrable Constitución). En el caso de mi arrebatado viaje a Tlacotalpan, en 30 segundos ya tenía la solidaria complicidad de Humberto Murrieta, xalapeño ilustre y siempre dispuesto a incorporarse a cualquier dismóder y jelengue.
Fíjense bien: a las diez de la mañana salió nuestro avión a Veracruz, a las once llegamos al bello puerto. Algún norte estaba entrando o saliendo y el cielo era una bóveda gris aunque luminosa. Noventa minutos de traslado por carretera a Tlacotalpan. La entrada al pueblo resultó una hazaña. Tlacotalpan tiene diez mil habitantes y en estas fiestas estuvieron alrededor de 50 mil pelados. Qué tal que nos detenemos y nos aventamos un Vuelve a la vida, propuse al pasar por Alvarado. Murrieta, siempre sobrio y difícil de convencer, dijo: ¡órale! El chofer tenía otra opinión y se siguió de frente. Llegamos a la hermosa casa de Vitico que está a orillas del Papaloapan. De hecho, el jardín de Vitico termina en el río. Con la debida ceremonia, nos presentamos ante Ibis Vitica nuestra anfitriona y ante lo más granado de la localidad que ya empezaba a ocupar las muchas mesas distribuidas por el jardín. En ese momento, me dio por pensar en Denise Dresser que ya descubrió en Tlacotalpan y en los ostiones que ahí se sirven una enérgica razón para ser mexicana. Lo es apasionadamente, pero esta vez no pudo asistir por maternales razones.
Ahora hay que hablar del tismiche que es un pez de buen tamaño cuando se le permite crecer. Hay, sin embargo, un pequeño tramo del Papaloapan donde se le puede atrapar en el momento mismo en que sale de la hueva (hazaña que varios conocidos míos no han logrado realizar). Esas larvitas son el tismiche y guisadas con aceite de oliva y varios condimentos secretos es una de las maravillas gastronómicas del mundo. Ahora que lo pienso bien, creo que me pegué la paliza de ir a La Candelaria para ponerme morado de tanto tismiche que comí.
Luego llegó el Gobernador, Fidel Herrera, y la reunión, como siempre que comparecen los políticos, adquirió otro tono. Para mi tranquilidad, minutos después comenzó la procesión por el río. La Virgen venía guapísima con sus ropajes color hueso, la cabellera al viento y rodeada de jaraneros que le hacían un manto de coplas. El río avanzaba calmo, el atardecer se tomaba su tiempo y sus colores y en una lanchita, este cronista lagrimeaba un poco al ver el fervor de la gente que se agolpaba en la orilla con flores y cantos. Bajamos de la lancha, nos despedimos, subimos a la camioneta, llegamos a Veracruz, tomamos el avión, aterrizamos en el congestionado aeropuerto capitalino. Subimos a mi auto, llegué al teatro, di mi función y todo esto, gracias al tismiche.
¿Qué tal durmió? CMLXXV (975)
ARTURO MONTIEL.
Viernes 2 de Febrero del 2007.
Germán Dehesa
Un voto de confianza
Los partidos políticos en México son todo menos lo que deberían ser. La gente, el pueblo, la ciudadanía, les valemos exactamente gorro. Son negocios familiares, agencias de colocaciones, coartada de mediocres, escuela de oratoria ratonera y decimonónica, academia donde se enseña a hablar largamente y no decir nada, cúpula de los inválidos mentales, refugio de malandrines y cotos de poder que defenderán hasta la muerte. Por eso a la mayoría nos caen inmensamente gordos y no les tenemos la menor confianza. El único momento en que reparan en nosotros es cuando nos organizamos para quitarles sus poderes y sobre todo ¡su dinero!. Un priista distinguido me contestó cuando le planteé esta posibilidad: ¡eso sí no!, ¡con la comida no se juega! Lo demás, aunque digan lo contrario, no les importa mayormente. Ahí tienen el caso entre ridículo y monstruoso de la Ley de Radio y Televisión que los miembros de los tres partidos dejaron pasar como haciéndose los locos y como poniendo cara de que no entendían muy bien. El asunto era más simple: a ver quién es el guapo que le plante cara a Televisa, TV Azteca y los radiodifusores. Concluyo con lo ya dicho: los partidos políticos sólo sirven a los que ya se colaron en ellos y van trepando afanosamente.
Así las cosas, yo no me suelo guiar en mis relaciones personales por la militancia de un amigo o amiga en tal o cual partido. Respeto y quiero por igual a Amalia García, que a Beatriz Paredes o Miguel Limón, o Josefina Vázquez Mota o a Xóchitl Gálvez. En esta categoría tengo a mi cuatacha Ana Rosa Payán. La veo muy de vez en cuando, pero siempre con cariño y respeto. Es una mujer inteligente y brava. Jamás me ha molestado ni ofendido lo que hace. Siempre pienso que sus muy buenas razones le deben haber asistido cuando hizo lo que hizo.
Tal es el caso ahora de su decisión de buscar fuera de un PAN que, un día tras otro, nos anuncia su chisguetera corrupción, la Gubernatura de Yucatán. Entiendo que su lucha será difícil y yo sólo quiero decirle que cuente conmigo y que cuente con mi entera confianza. Como verás, Ana Rosa: vivir no es fácil.
Los acompaño en la pena
Desde Tijuana llegan las noticias siniestras. Jorge Hank, cuyos alcances morales, académicos (¿qué es eso?) y políticos apenas le darían para ser líder de los catatónicos; este ser, decía yo, cuyo único mérito real es ser "hijo de", será ahora el candidato -y no es amenaza, sino postulación en firme- del PRI a la Gubernatura del Estado de Baja California Norte. "No trate mal a mi Cocón", me decía el siempre afable y temible Prof. Carlos Hank González, "es muy animalero, pero no es mala persona". Todo esto ocurría hace ya bastantes años, cuando me atreví a calificar de meganaco a JHR a raíz del contrabando de una de las más ricas colecciones de nuevorriquismos y cursilerías que "el Cocón" pretendía introducir a México. Jorge Hank ya ha sido Alcalde de Tijuana y muy probable Gobernador de Baja California. O lo detenemos, o luego no nos asustemos de que Jorgito Hank llegue a ocupar la silla papal. JHR es obcecado y tenaz. Es como villano de Superman: primero Baja California y luego ¡el mundo! Por lo pronto, vaya para mis queridos californianos mi más sentido pésame. Lo triste de todo esto es que no hay enemigo a la vista. El PAN tuvo su oportunidad a partir de E. Ruffo. La desperdició en pitos y flautas; el PRD no existe; muy probablemente Hank ganará. Los acompaño en su pena.
El tilingo lingo
No lo puedo creer ni yo. En una maniobra por tierra, mar y aire, me voy a Tlacotalpan a la fiesta, al bailongo y a la procesión. Volveré mañana mismo. HOY TOCA.
¿Qué tal durmió? CMLXXIV (974)
MONTIEL, me dicen que ya estás instalado en México como si fueras decente. De todas las maneras te recordaré que no lo eres y que no tienes por qué alternar con nosotros.
Jueves 1 de febrero del 2007.
Germán Dehesa
Un paseo con José Ma. Velasco
AMLO avanza. En mi oficina yo no avanzo para ninguna parte. Estoy atorado. Hay veces que la musa se esconde medrosa y esquiva. Habrá que tomar, pensé, una medida radical. Casi de inmediato supe que la musa no se acercaba porque llevo muchos días encuevado en mí y en dos o tres espacios cerrados. Era preciso salir a orearse para no oler, como esos floreros a los que nadie les cambia el agua.
De inmediato Pancho, el de los pies alados, se produjo frente a mí: vamos a dar una vuelta por el Periférico rumbo al sur. Eso dije.
La historia no es nueva; son nuevas las circunstancias en que se repite. Desde que estaba en construcción, mi papá que siempre tuvo alma de inspector de vialidades y permanentes deseos de fugarse de la gran ciudad (y de mi gran mamá) me llevaba a inspeccionar las obras. Años adelante, cometió la imprudencia de regalarme un Datsun Bluebird amarillo con una raya roja que ha pasado a la historia con el nombre de Filiberto.
Ya en la era Filiberto, el Periférico estaba transitable hasta Cuemanco y nada me aplacaba, ni sedaba más mi turbulento espíritu, que salir por las tardes o por las noches a pasear por el Periférico Sur que por entonces era una vía muy solitaria y muy adecuada para la meditación, o el diálogo con hombres de hoy y mujeres de ayer. Si todavía la palabra ensueño significa algo, eso era lo que me ocurría en esa vía rápida que yo podía volver muy lenta a voluntad. Era muy emocionante llegar a Cuemanco, estacionarse, apagar el motor y oír el rumor del agua que baña el aire con sonido/ alegrando la vista y el oído, según decía nuestro padre Garcilaso.
Por cosas de la vida y del trabajo, estos paseos se fueron alejando de mi vida. Ni siquiera sé bien por qué esta tarde regresaron; pero fue en buena hora. Según avanzábamos, me fui dando cuenta de que mis ojos eran de otro tiempo y podían sin mayor apremio dar por inexistentes las brutales urbanizaciones, los adocenados centros comerciales y ¡los espectaculares! de alimentos para perros y de lencería ínfima (¿se acuerdan de que AMLO prometió, con su acostumbrada cara dura, quitarlos y prohibirlos?). Realmente no son nada junto a la esplendorosa claridad de la tarde que trae consigo la invitación para ignorar lo cercano y tender la vista hacia lo lejos. A partir de las cinco de la tarde comienza la coreografía de los colores que se desvanecen, se superponen, se van a refugiar a ese cielo azul que los engendró. Sólo queda lo esencial: el tenaz verde que se vetea de negro en los cerritos aledaños, el azul claro y unánime de un cielo que se despide y la sacramental presencia de los volcanes. En este exacto punto, me comunico con mi amadísimo doctor de cabecera que se llama Alberto Palacios. Le hago saber que ya me siento post-perro, o sea, mejor. A mi galeno le agrada la noticia y, por unos instantes chachareamos, hasta que le digo: ya me voy porque tengo frente a mí un Ixtaccíhuatl que me envió, como deferencia personal, José Ma. Velasco. ¡No puede ser!, ¡yo también lo estoy viendo!, hice una pausa en el trabajo porque la belleza también tiene sus poderes; no te imaginas el gusto que me da que haya otra persona que sienta la misma emoción. Ya no le contesté, pero yo sé que así como mi compasivo Doc hay muchísimos mexicanos que se arroban con sus volcanes (juro que vi parpadear a la mujer que dormía) y que en lo más íntimo de su alma saben de una vez y para siempre que no pueden, no podemos vivir sin ellos.
¿Qué tal durmió? CMLXXIII (973)
Cuando la justicia puede ser vejada y torcida como se hace en México, a la ciudadanía le queda un último castigo: la sanción social. Pienso en Marta Sahagún y en Arturo Montiel que no pueden presentarse en un lugar público sin provocar el rechazo de los presentes. Eso es la sanción social.