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Lunes 30 de abril del 2007.

Germán Dehesa

La lealtad

 

 

Tú y yo, lectora lector querido, la conocemos en sus dos magníficas presentaciones: la lealtad de alguien y la lealtad con alguien. Si hemos vivido lo suficiente, también hemos conocido muchas y muy dolorosas formas de la deslealtad. Con todo eso se va haciendo la vida y con esos paradójicos ingredientes ha de fraguarse la felicidad.

 

Algún día, yo ingresé a trabajar a una estación de radio muy prestigiada y apenas empecé a sentirme bien ahí, resultó que uno de los dueños vendió la estación a otro de ellos. Sin embargo, permanecía con nosotros José Gutiérrez Vivó quien a mi juicio ha hecho dos enormes aportaciones a la radiodifusión mexicana: la creación del verdadero periodismo radiofónico independiente, ético e interesante, y la creación eficiente y rentable de la radio de servicio a la comunidad. Ya esto le da un papel central en los medios electrónicos de México, normalmente tan serviles con el Gobierno y tan carentes de pensamiento propio. Por aquí comenzaron mis dificultades.

 

Debo reconocer que en la nueva organización de la radiodifusora que resultó de aquella compra, a mí me trataron particularmente bien, me pagaron siempre a tiempo y no se metieron demasiado conmigo. Mis preocupaciones tenían otros orígenes. Me molestaba el permanente romance de la nueva administración con el poder y en especial con los Fox: "Gracias Vicente Fox/ por la democracia", rezaba un abyecto mensaje mal construido musicalmente que difundían a todas horas, menos en mi programa donde yo metía anuncios de las Vaquitas Wong's. Mi otro motivo de encabritamiento era la creciente tensión con Gutiérrez Vivó quien había conseguido en el más alto tribunal internacional una sentencia favorable para que los dueños de la estación le pagaran una importante suma. Y comenzó la guerra. Por un lado los mencionados dueños con el total apoyo de la siniestra doña Marta y por el otro, Gutiérrez Vivó apoyado básicamente por su trayectoria, por sus valiosos colaboradores y por su amplísimo público. En todo esto, se supone que yo tendría que haber sido un mero y distante testigo. A mí me trataban muy bien; pero resulta que a mí, en principio me había contratado JGV y hacia él propendía mi lealtad; resultaba además que el Gobierno ya se había metido a apoyar a los dueños y yo genéticamente no estoy preparado para simplemente atestiguar estos atropellos y meticherías. O sea que andaba yo caliente. La situación fue subiendo de tono y una aciaga mañana, a mitad de su siempre oído Monitor, chisparon a JGV del aire y lo dejaron hablando solo. JGV renunció y yo atrás de él. Yo no era su cuate, yo no intrigaba con él, ni hacía planes a futuro. Simplemente me pareció que JGV había sido tratado sin respeto y sin justicia. Me fui.

 

Al día siguiente, él me habló para invitarme a Radio Beirut y Radio Hanoi, dos pequeñas estaciones de AM que él tiene. Le entré con todo mi equipo y comenzó la fase II de la guerra. A JGV lo quieren aniquilar por hambre. Le han hecho cuanto se les ha ocurrido: los radiodifusores le dan la vuelta, los anunciantes se van, el dinero escasea y nosotros ahí seguimos. Los que nunca se han ido (los podría abrazar y besar) son los radioescuchas. Ha ocurrido algo extraordinario: dos mínimas estaciones de AM (1560 y 1320) le están rompiendo toda su mamacita a las pachonas y bien comidas estaciones de FM. ¿Por qué?, porque se ha manifestado la lealtad del público. Me emociona muchísimo. Yo no sé si Felipe Calderón tenga ánimos para luchar contra esto. Espero que no. Él sabrá. Mi lealtad está con todo lo que JGV representa y con la gente de todos los colores que lo apoyamos.

 

 

 

¿Qué tal durmió? MXXXIV (1034)

 

 

Mañana hablamos de la nueva casita de MONTIEL.

 

 

Viernes 27 de abril.

Germán Dehesa

Puente aéreo  

Y que me arranco a Monterrey. Años ha, varias órdenes religiosas dedicadas a la enseñanza decidieron unir fuerzas y concretar el proyecto de tener una universidad. Así nació la UDEM que ha ido creciendo, ganando prestigio y siendo cada vez más útil a su comunidad. Cada año hacen una gran colecta cuyos beneficios se aplican escrupulosa y directamente al crecimiento y conservación de las instalaciones. Aplicando el viejo adagio mexicano que reza: "esfuerzo que no termina en pachanga no vale la pena de hacerse", los Udemitas, al término de su campaña en la que participan desde donantes de muy escasos recursos, hasta grandes empresas, organizan en el hermoso Campus de la Universidad una muy buena pachanga en la que muy gozosamente he participado durante ya varios años. Ellos me llaman y yo voy muy contento con mi micrófono a entonar las alabanzas de la educación superior. Todos la pasamos muy bien y solemos rematar en un restorán comiendo algo ligerito como chilorio atropellado, frijoles con veneno, tacos de cabrito y tal.

 

Por eso, muchachas y muchachos, se habrán dado cuenta de que me ausenté ayer por la tarde. Mi avión salía a las seis, la regia función era a las nueve, así es que tenía el tiempo exacto para llegar, ir a mi hotel, cambiarme e irrumpir en el Campus. Eso pensaba yo; el piloto o la aerolínea, o el aeropuerto o el calentamiento global pensaban de otra manera. El avión salió después de las siete y yo llegué con el tiempo justo para ser trasladado al Campus y arrojado a los leones. Lo bueno es que eran leones regiomontanos que me brindan su amistad y su apapacho. Ni cambiarme pude. Yo llevaba un frac de terciopelo color violeta cuyo estilo oscilaba entre Liberace y Gedeón, el que se robó a Pinocho. No lo pude estrenar y salí con mis acostumbradas garras. Lo que me salvó fue encontrarme con un hombre joven llamado Nicho Hinojosa que toca la guitarra y canta de un modo fresco, atractivo e inteligente. En un periquete organizamos la chorcha bohemia, la gente participó y disfrutó mucho, la noche era espectacularmente tierna y propicia y todo acabó resultando de la mejor manera, aunque con mi sistema nervioso desflecado. Ya tengo otro motivo de agradecimiento para Monterrey.

 

Hoy temprano regresé al DF. Las jacarandas ya casi se van y la primavera no acaba de instalarse tiempo completo en la ciudad. Igual que ayer miércoles, hoy jueves pegué el salto del aeropuerto al noticiero de radio que gustosamente comparto con Héctor Jiménez Landín. Puras noticias y comunicados extraños. Que Vicente Fox ya se dio plenamente de alta en el batallón de los orates y cuchileado por "Pedro el Malo" Espino, ha declarado que cabalgará (¡háganme el c. favor!) hasta liberar a Venezuela de la tiranía que la oprime muy feo. ¿Cómo le haremos para aplacar a este señor que, durante su Presidencia dio sobradas muestras de cobardía e incapacidad y que ahora asume poses de Simón Bolívar? Yo, en memoria de JLP, lo enviaría de Embajador a las Islas Fidji. Ésta era una noticia.

 

La otra era la del temblor. Entre Loret y su reportaje y una falla que tuvieron en un simulacro en algún centro sismológico, la gente ya decidió que va a temblar de un momento a otro y ya sacaron la pantalla de plasma a la banqueta. Se nos fue el programa en aplacar a la ciudadanía.

 

Llego ¡por fin! a mi casa y me encuentro cartas y cartas: que me expreso muy mal de la jerarquía de una iglesia mexicana, que el Limbo no es asunto de chacota y que el verdadero Limbo es México (ergo, México no existe). ¿Qué les digo?: ténganme paciencia, así soy yo, además HOY TOCA.

¿QUÉ TAL DURMIÓ? MXXXIII (1033)

¿Nunca nos cansaremos de que ARTURO MONTIEL ROJAS y toda su pandilla nos roben con total impunidad?

 

Jueves 26 de abril.

Germán Dehesa

Seré breve  

DON GILBERTO BORJA: la presencia y la acción de este hombre se refractan y tiñen todo el espectro de la vida pública mexicana en la segunda mitad del siglo 20. Yo le tuve un profundísimo afecto. Cuando lo conocí era el hombre más galante, inteligente y apuesto de la vida mexicana, pero esto lejos de traducirse en una actitud de soberbia, se resolvía en una sonrisa afable y en un hondo modo de mirar. Era un viejazo que me ayudó en cuanta locura de beneficio social se me ocurrió.

 

Los últimos meses fueron dolorosos para todos. Los domingos de partido llegaba al palco con enormes dificultades. Todos sus amigos -y yo no era de los principales- acudíamos a darle un saludo que implicaba un agradecimiento por seguir vivo y por seguir apoyando a nuestros Pumas. Me impresionaban el adolorido y palidísimo color de su rostro y la honda sabiduría que persistían en sus ojos y que avisaba que no se rendiría.

 

Como es sabido, al final todos nos rendimos. Ya no está don Gilberto, ya no podré platicar sabrosamente con él, ya he perdido a otro de mis padres.

 

¿UN BAOBAB EN ARGENTINA?: Ya no le quiero menear más al asunto. Sólo me interesa puntualizar que, al parecer, cometí un error imperdonable al nombrar como baobab ese árbol que todavía conserva la sombra de Jorge Luis Borges. Una mujer muy querida pero muy pelada ya me dijo que estoy como trepanado y que no doy pie con bola desde que me echaron del Limbo. Con toda firmeza me dijo mirándome a los extraviados ojos: eso que tú llamas baobab, Germancito, es un gomero del siglo 18 ó 19. Lo digo con las reservas del caso y bien me cuido de afirmar que en Argentina no hay baobabs. Estoy seguro de que si lo hiciera, se me arrancaría algún gaucho extraviado para decirme que en Tres Chozas, un pequeño municipio en la provincia de Jujuy, negrea de baobabs.

 

LOS ESCUADRONES DE LÉPEROS: Comienzo a tener la impresión de que cada personaje y cada instancia importante de nuestra consternante vida política tienen un grupo de respuesta inmediata para cualquier agresión, chascarrillo o chacoteo de que sea objeto el ente que está bajo su poderosa protección. Me imagino que en el examen de admisión a estos grupos se le pide a cada solicitante experiencia en el correo electrónico, una mínima capacidad de redacción, una vasta incultura general y un cerebro ya naufragado.

 

 

A su Charro Negro que con todos se mete, le llueven de todas partes estos mensajes ruines, ordinarios (diría mi mamá), léperos, vulgares y caudalosamente idiotas. Cada mensaje que envían parece avisar que quien lo envió ya se dio de baja en el género humano y se inscribió como aspirante en el maravilloso mundo de los primates. Ya me tienen hasta la cap (cachucha). Me asombra lo soeces que pueden ser, pero no hacen variar un milímetro lo que yo opiné o comenté por escrito. Me darían risa, si no me quitaran tanto tiempo y se lo quitaran a mi secretaria, la Victoria de Samotracia, que con infinita paciencia y repugnancia tiene que leer lo que brota de estos albañales. Ya no me escriban, o todavía mejor: ya no escriban.

 

LAS INVENCIONES DE LA GENTE: Un taburetito para subir los pies, unas tortitas de papa, unas chalupitas poblanas, dulces y chocolatitos, flores y lo más extravagante: un cuate simpatiquísimo que confiesa sin rubor ser nieto de mi tía Ágatha. Me escribe y me indica que ese papel es una pre-invitación para su boda y que la invitación en sí me llegará pronto. Ya podrían hacer una pre-boda con su pre-noche.

 

Sor Juana diría que estoy sitiado de finezas. Muchas gracias.

 

¿Qué tal durmió? MXXXII (1032)

 

¿Cómo lograrán dormir los incontables pillos que han robado y siguen robando a México?, ¿qué pensarán de ellos mismos?, ¿ARTURO MONTIEL ROJAS se colgará como los vampiros?

 

Miércoles 25 de abril.

Germán Dehesa

¿Y el limbo?  

Según leo en la prensa nacional, J. López Dóriga ya se ocupó del asunto. De cualquier manera, yo también debo hablar a favor de esta institución, el Limbo, que durante tantos años me ha abierto sus puertas y me ha permitido hacer uso de sus instalaciones. No exagero si digo que gran parte de mi vida yo he estado en el Limbo.

 

A mí me va a perdonar el Papa (y si no, no importa), pero mi sacrosanta madre y la orden de los Hermanos Maristas no pueden estar equivocados. Según ellos me enseñaron y yo he podido comprobar, el Limbo tiene su casa-hogar en esa planicie que queda entre el cielo y el purgatorio. Un terrenazo. El Señor, en su magnífica sabiduría, construyó estas hospitalarias instalaciones para que sirvieran como hogar eterno para los bebés que no habían sido bautizados antes de meter sus deditos en algún enchufe de alta tensión. También tenían derecho de hospedaje y medio internado las almas buenas que deseando las lustrales gracias del bautismo no pudieron recibirlas porque entre ellos y el templo había una manifestación y tronó el drenaje; asimismo eran admitidos en el Limbo todos los panistas anteriores a Maquío, los miembros con credencial del Club Quintito, la Legión de Madrugadores, todos los compradores de Bonos del Ahorro Nacional, los seguidores de Lombardo Toledano, los discípulos del Niño Fidencio y todos aquellos que creían que Alemania había ganado la Segunda Guerra. El Limbo abría sus puertas también a todos aquellos que vivían en la perpleja baba y no entendían ni por qué, cuando se fundía un foco, se perdía visibilidad. Yo milito en este equipo y no me hace ninguna gracia que, de un día para otro y con el mejor estilo de Marcelo Ebrard, hayan demolido nuestro predio y nuestras instalaciones.

 

Sinceramente creo que se le fue la mano a Benedicto Bonito Bodoque al clausurar el Limbo, y así dañar frontalmente la credibilidad que me merecían mi mamuchis y los maristas. Hagan de cuenta que fuera el Lobohombo: ahora existe, ahora ya no existe. Este Papa, que jamás tendrá injerencia en nuestra política, salió muy arrebatado y muy brusco. Un día despertó de malas y con eso bastó: el Limbo no existe.

 

A mí los que me pueden son esos millones de bebecitos que ahí vivían en su eterna incubadora supraterrenal. Lanzarlos a la calle (en este caso, a la Vía Láctea) de golpe y porrazo me parece una perfecta peladez. Imagínate, lectora lector querido, lo que no harán estos escuincles desparramados a su antojo en el cosmos y sin haber hecho el examen de ENLACE. Y dejen que empiecen a chillar todos al unísono al faltarles calor de Limbo. A ver quién puede dormir. Además los guardias suizos los echaron al cosmos sin pañal así es que prepárense para vivir como en Santa María la Ribera. Esto va a ser un recochineo por todo lo alto. Si con las palomas sufrimos lo que sufrimos, piensen en lo que nos puede pasar con los bebés cósmicos que son de un forje mucho más rudo.

 

 

Yo sé que el Papa es infalible, sobre todo cuando habla de México, inspirado en la objetiva información que le da el gran Norberto, pero con todo y todo, yo le pediría a nombre de mi mamá y de muchos de mis difuntos y de ese techo que ahora me falta, que reconsiderara esto de la clausura fulminante del Limbo. Si ya tenemos tantas orfandades y tanta desconfianza en los nuevos tiempos que ya se inauguran, qué caso tiene añadir un nuevo signo de ruptura. Señor Papa: no sea usted tan germánico, vuelva sobre sus pasos, déjese de andar queriendo intervenir en la vida de otros Estados; eso lo hizo su antecesor, pero él sabía cómo; y dese de inmediato a la tarea de reconstruir el Limbo. De otro modo, millones de seres careceremos de techo y abrigo.

 

¿Qué tal durmió? MXXXI (1031)….. ARTURO MONTIEL ROJAS.

 

Martes 24 de abril.

Germán Dehesa

El tamaño de la perplejidad  

Jesús Silva Herzog Márquez posee una aguda inteligencia y una pluma muy fina. Ayer nos obsequió en REFORMA un artículo titulado "En defensa de la perplejidad". Para exponer su razonamiento invoca este caso tan reciente del coreano Cho Seung-Hui (es de estricto aseo dar el nombre porque creo que es enormemente injusto llamarlo "el coreano"). Un hombre joven acribilla y mata a balazos a 32 personas y todavía sin terminarse este horror y sin establecer mínimamente algunas razones y algunas consecuencias, ya estábamos los "opinadores" aztecas presentando teorías, puntos de vista, radiografía social y meditaciones acerca del misterio de ser coreano. Todo esto nos despacharon a gusto nuestras mentes más iluminadas. Yo no. Yo lo único que puedo decir es que esas campanas que doblan por los 32 muchachos y por Cho, también doblan por nosotros. En este caso me acojo sin reservas en el santuario de la perplejidad.

 

Algo similar me sucede con el asunto que hoy pondrá en vilo a la población capitalina y a la sensibilidad nacional: la despenalización del aborto. ¿A poco ya todos entendimos en profundidad de qué se trata y ya conocemos sus orígenes, sus posibles consecuencias individuales y sociales y lo que puede pasarle al País con una Iglesia católica tan ignorante, tan dogmática, tan hipócrita y tan retardataria como es, con las debidas excepciones, la Iglesia mexicana? En mala hora un asunto de conciencia se vuelve materia política manoseada por representantes de todos los colores que obedecen consignas de su partido, pero que no hablan a nombre de la comunidad que los eligió para que la "representaran". Unos y otros (incluidos los jerarcas católicos) son políticos de chisguete, chivos atarantados como los llama Denise Dresser.

 

¡Qué felices han de ser éstos que creen que lo saben ya todo! y, por lo mismo, creen que su voto a favor o en contra será impecable. En verdad, felices ellos. No es mi caso. En mi calidad de hombre que quisiera ser pensante, sólo me encuentro con la perplejidad. Me encantaría que Dios convocase a una "asamblea informativa" en el Zócalo y nos dijera de qué lado masca la iguana y cuál es la cara del pan Bimbo donde hay que untarle la mantequilla. Como esto no sucederá, me acojo una vez más a la perplejidad. Por puro sentimiento me percibo más cerca de las mujeres que votarán por el derecho a decidir y muy, muy lejos de Norberto y de Serrano Tangón; pero esto no cancela mi perplejidad, quizá la ahonda.

 

 

 

Día del Libro

Un tramo de Insurgentes y un espacio de Santa María la Ribera amanecieron hoy lunes anegados por una mezcla horrenda de agua potable y aguas negras. Hoy lunes supuestamente deberíamos celebrar el Día del Libro. Nuestra fiesta fue macabra: la inundación abarcó las calles de Manuel Carpio, Díaz Mirón, Mariano Azuela y Ramón López Velarde. Valiente homenaje. Las aguas siguieron creciendo y se metieron ¡a la Megabiblioteca! y dejaron a los libros navegando en esa porquería. Los autores de los libros mandan decir: a ver qué otro día se les ocurre otra celebración.

 

La sonrisa de Segolene

 

Los franceses ya tuvieron su primera ronda electoral. Calificaron para la segunda vuelta Nicolás Zarkozy y Segolene Royal. Zarkozy tiene nombre de villano de James Bond, Segolene tiene una sonrisa que abre la cerradura más difícil. Mi voto virtual es para ella. Urgen mujeres en los puestos de mando y decisión. Si son mujeres guapas, esto ya es la monda y la remonda.

¿Qué tal durmió? MXXX (1030)

Consume vinos como si fueran Coca Zero y sigue comprando casas. Sueña, el idiota, en que algún día podrá comprar Palacio Nacional. No es un rayo, no es un avión, es ARTURO MONTIEL ROJAS.

 

 

Lunes 23 de abril.

Germán Dehesa

Los aplausos

¿Necesita el ser humano de los aplausos? Respuesta: por supuesto que sí. No estoy hablando necesariamente de que un número preciso de personas que oscila entre 15 y 150 mil revivan el distante e inexplicable ritual de ponerse de pie y de golpear una mano contra la otra, a la conclusión de una determinada exposición, espectáculo, o muestra de arte. Esto es apenas un tipo de aplauso. Existen muchos otros que se manifiestan de los más exóticos modos, pero que comportan todos ellos una voluntad de manifestar admiración, conmoción o agradecimiento. Esto último quizá es lo que más importa, o por lo menos, lo que más me importa a mí percibir cuando la gente se acerca a mi trabajo. Aunque, de tiempo en tiempo, el elogio suela traer un discursito adjunto: mire, señor Dehesa, me gusta mucho lo que escribe y más le gusta a mi señora (lo que quieren dar a entender estos méndigos es el mismo lugar común que se viene repitiendo desde finales del siglo 17; si hay algo que las mujeres leen con deleite, es que debe tratarse de algún asunto baladí, de poco fuste y que, por lo mismo, no merece mi atención de hombre cabal y dedicado a la pesadísima tarea de salvar a la cultura occidental). Con esta expresión tan lépera abren juego los que están dispuestos a prodigarme un aplauso con guantes de box. A mi esposa le gusta mucho lo que escribe, así comienzan y luego prosiguen, yo también lo leo, pero no diario, sino muy de vez en cuando (¿y cuándo, precioso mío, vas y checas tu e-mail?), pero de todas maneras me parece importante lo que hace. ¿Sabes, lectora lector querido, qué es lo peor de este nefando ceremonial?: que al final todavía le tenemos que dar las gracias a este guandajo que nos dejó tan, pero tan aplaudidos. Los abomino. Yo lo que necesito no es una ovación clamorosa; lo que más íntimamente quiero es que alguien me dé un golpecito en el hombro, o que una chica me dé un beso, o que alguien me convide berenjenas con queso, o me deje en la casa de piedra y flores, en calidad de bienvenida, ¡un chicharrón en verde! Igualmente son bienvenidos los comunicados que me anuncian que alguien se rió como orate con alguna sonsera que tramé, o que se conmovió al acompañarme a tal o cual aventura de las muchas que la vida me ha deparado.

 

Por supuesto que este privilegio del aplauso ni de lejos lo solicito exclusivamente para mí. Creo que a todos nos hace falta una cantidad de aplausos muy superior a la que recibimos. Como que todos nos damos por hechos a todos. Esto está muy mal. Nuestra gente cercana consuma prodigios que casi siempre nos pasan inadvertidos. Si ahora decidimos prestarle un poquito más de atención a nuestra vida, no habrá día, esto se los aseguro, en que no encontremos muchísimos motivos para aplaudir y ser aplaudidos. Cuando llegue la oportunidad, háganlo de corazón y sin cortapisas. Esa pose de idiotitas que no están dispuestos a dejarse conmover, tocar, convencer, emocionar, apasionar por nada ni por nadie, está al alcance de cualquier bacteria descerebrada. Será que a mí, más que por descalificar, me da por encomiar y celebrar.

 

No me lo van a creer, pero estoy en Cancún cumpliendo una ruda chamba. Lo último que hubiera querido es volver a abordar un avión en plazo tan corto. Ya ni llorar es bueno. De hecho, ya estoy esperando el acerado pájaro (bromistas, absténganse) que me lleve de regreso a Tenochtitlan. Con todo esto, no estoy solicitando, ni merezco, ningún tipo de aplauso. Esto más bien lo pensé ayer cuando nuestra presentación naufragaba entre aplausos ralos y los despropósitos de un buen borracho. En fin, ya pasó. Tengamos una plausible semana.

¿Qué tal durmió? MXXIX (1029)

¿Cuánto paga MONTIEL por una botella?, lo que cuesta una vivienda.

 

Viernes 20 de abril

Germán Dehesa

¡Chao, Argentina!  

Ahora vuelo rumbo a la Capital de mi país. Si todo transcurre bien y el demonio (o algún coreano) no mete la cola, mientras tú desayunas, yo estaré dándole curso a un sueño ya totalmente nacional. Lo he dicho con insistencia, pero lo volveré a decir: de todas las fases seductoras de un viaje, para un mexicano la mejor es el regreso. Cuando había materia prima, me daba por pensar que lo que yo extrañaba hasta las lágrimas era a mi señora, pero ahora he podido comprobar que lo central e imprescindible es mi cama. Digo esto y pienso en efecto en una cama, pero antes en una manera que tiene el sol de llegar, en ciertos aromas que ya están acomodados, en colores que se han vuelto de mi familia, en cosas que se aprenden exclusivamente desde la postura horizontal, las peculiaridades del techo y materias igualmente importantes. Una vieja cama con su correspondiente recámara son añejas y queridas amistades.

 

En este viaje, Buenos Aires me ha sido infinitamente más propicio que la primera vez que lo visité; la gente fue más amable, los lugares mejor plantados y las anchas avenidas sin comercio ambulante se nos presentan a los del DF como una lejanísima utopía.

 

En pleno festival criollo, irrumpían las noticias mexicanas e internacionales: muertos que se acumulan en mi país, líderes corruptos que resucitan, los desfiguros del PRD por ya no saber qué demonios van a hacer con esa papa caliente del aborto. No, realmente no siento que me haya yo perdido de nada importante al no asistir a estos asuntos.

 

Para la tranquilidad de mi alma fue mucho mejor viajar a ese lugar llamado "El Calafate" y vivir la asombrosa, la única experiencia de abarcar con la mirada esa helada y blanca ciudad aterida que es el glaciar Perito Moreno. Algún día tendré palabras para describirlo. Ahora bien, mi pulcritud como cronista me obliga a señalar lo bueno y lo malo. Opino que tres días de glaciar son un exceso. Esta opinión no la comparte la Rubia Misteriosa a quien le bastó llegar al hielo para caer en un éxtasis profundo que la condujo a sentirse la celestial guardiana de las nieves. Lo mío no fue tan intenso. Yo al segundo día corría una cortina del Castillo de la Pureza que nos alojaba y veía hielo; corría otra y más hielo, y corría una tercera y ahí seguía el hielo: ¡ya estoy hasta la madre del hielo!, proferí y de inmediato la Rubia Misteriosa comenzó unos ejercicios de purificación antártica.

 

Abandonamos el hielo y regresamos a la ciudad porteña de mi único querer. Llegamos apenas a tiempo de ver ese gol irrepetible que allá en Europa, el argentino Lionel Messi le sorrajó al Getafe por cuenta del Barcelona que es donde presta sus servicios. Es inconcebible la médula futbolera que tienen los argentinos, por otra parte tan cultos y tan dados a las exquisiteces del espíritu. Será el sereno, pero aquí llega el futbol y al suelo todo el mundo. Todos los programas televisivos de análisis que se habían dedicado a intentar desentrañar el horror del joven coreano en Virginia Tech (misterio que a mí me parece si bien opinable, esencialmente impenetrable) ya avisaron que ahora la materia grave y urgente es el gol de Messi. Lo bueno es que yo ya me fui.

 

Vuelvo a México con una asignatura pendiente: las mujeres argentinas. Varios amigos me indicaron que me fijara muy bien porque eran guapísimas. Yo no sé si alguien les avisó de mí, pero el 99 por ciento de las chicas que avisté eran un monumento a la guarrez: desaliñadas, chinguiñosas, astrosas y pandrosas. Son más arregladitas mis paisanas. A ellas vuelvo loco de contento. Espero no me hayan olvidado y si así lo hicieron, que me hayan dejado una lanita para reiniciar mi vida. Mexicanos: voy volando.

 

HOY TOCA.

¿QUÉ TAL DURMIÓ? MXXVIII (1028)

¿Es bueno el carísimo vino "Pingus"? MONTIEL lo sabe.

 

Jueves 19 de abril.

Germán Dehesa

Un viejo pasea 

Lo que ahora contaré no tiene por qué ser real. Es algo que sucedía y que yo ahora pretendo imaginar. La realidad siempre está amueblada de cierta manera; llega la imaginación y es muy probable que cambie todo de lugar y cree así una nueva imagen; no hay que olvidar, sin embargo, que son los mismos muebles.

 

Hacia finales de los 70 y principios de los 80, Buenos Aires, tan triste por entonces, adquirió una extraña costumbre. Un viejo con su traje, su corbata, su abrigo y su bastón recorría lentamente la ciudad y al hacerlo iba reconociendo y desconociendo: donde siempre había una puerta cancel ahora no había nada, donde era un baldío ahora la rugosa mano percibía la fría presencia del cemento y el acero. Mientras la mano intentaba la lectura de Buenos Aires, el oído percibía un vago rumor de multitudes que se alejaban en el tiempo -todos eran tan jóvenes- y en el espacio -todos iban a otra parte. El viejo alzaba la poderosa cabeza como queriendo husmear algún rumbo, empuñaba el bastón y reanudaba su lento recorrido. De pronto, alguna voz amistosa lo reconocía y, sin mediar ceremonia previa, el anciano tomaba por el brazo a esa voz que se había alzado en algún punto de su noche permanente. Lo digo ahora: el viejo amante de Buenos Aires y de su fervor se había quedado ciego. Quizá por eso se acercaba tan gratamente a ese signo de amistad y de reconocimiento: un puente sobre la tiniebla, sobre la lejanía de los humanos.

 

El viejo ahora camina acompañado. Puede tratarse de un recadero, de una ama de casa, de alguien que va o viene del trabajo y sus asuntos. Ninguno de ellos podría imaginar que en su vida iba a haber una mañana en la que estaría sentado en una confitería donde habría de compartir el café con leche con el viejo. Traigo unos versos que he ido componiendo en la cabeza, ¿sería usted tan amable, amigo, de ponerlos por escrito? El novísimo amigo con cierto asombro se dispone a escribir. La voz del viejo va escanciando (y escandiendo) sus versos. Con frecuencia se detiene, duda y pregunta: ¿este verso, amigo, no le suena como de William Blake? El hombre mayor está ciego y por eso no puede ver las muecas entre confusas y horrorizadas que hace su casual amanuense. No es imposible que esta pregunta y muchas más que hará el anciano vengan con su pizca de ironía.

 

El poema o la estrofa quedan terminadas a satisfacción del autor que guarda el papel, paga en la confitería y se dispone a reanudar su difícil paseo. Vuelve a quedar solo y el bastón se pone en movimiento. Ahí donde la ciudad se jironeaba en suburbios ahora ya hay ciudad. Cada día es más difícil imponerle a este nuevo lugar el mapa de la infancia y de la juventud. Ya casi nada está en donde tendría que estar. El anciano adivina esto, pero también sabe que hay señales, hitos, signos inamovibles de ésos que hacen que un lugar sea lo que es. Está por ejemplo el parquecito dedicado a Francisco Mitre cuya estatua sedente reposa a la sombra de un baobab extraordinario, viejo y sabio. El ciego decide navegar con ese rumbo. El sol es grato y el día despliega sus múltiples e inútiles colores. El viejo sabe que ha llegado a la mejor sombra de su sombra. Lentamente se sienta bajo el baobab, coloca el bastón entre sus piernas y sobre el bastón entrelaza las manos. Respira profundamente y se pone a pensar y a sentir y a imaginar y a percibir. Todo esto lo ha hecho como ningún otro de los de su tiempo. Se pone a imaginar e imagina que escucha otros pasos difíciles, cansinos, vacilantes. Podrían ser los de él. Alguien llega y se sienta también a la sombra del baobab. El recién llegado trae su silencio para juntarlo con el de ese viejo que admira tanto. El recién llegado soy yo.

 

¿Qué tal durmió? MXXVII (1027)

¿La pasa bien MONTIEL en la vida?...Dichoso él.

 

Miércoles 18 de abril.

Germán Dehesa

De Pekín a Tokio  

Como experiencia interior esto significó mi traslado del día de hoy. Realmente no fue algo tan dilatado. El viaje fue solamente de El Calafate a Buenos Aires con escala en ¡Ushuaia!, pero tantas y tantas horas en avión y tan cerca de la orillita del mundo patrocinan una considerable náusea metafísica en el usuario.

 

El primer paso de esta odisea antártica consistió en dar por terminada nuestra residencia en esa extraña posada-presidio-casa de recuperación llamada "Los Notros"; un lugar, ya lo he dicho, lejos de todo, sin televisión, sin teléfono, sin ningún adelanto tecnológico posterior a Leonardo da Vinci. Aquí es de justicia reconocer que la comida era buena, la calefacción impecable y qué decir de un cierto olor a rosas que de día y de noche impregna el lugar. Está además el hecho contundente de que bastaba descorrer una cortina, cualquier cortina, para que se presentara ahí, al alcance de la mano, el indescriptible glaciar Perito Moreno como un ejército de gigantes blancos que igual pueden estar ahí para protegerte o para vigilarte.

 

Todo lo que está, está bien en "Los Notros", salvo el suministro de energía eléctrica. Yo creo que lo pactaron con Luz y Fuerza del Centro porque la energía llegaba muy variable y muy ñanguita. En los cuartos, en las mesillas de noche había unas lamparitas de 8 watts aproximadamente que, de todas maneras tembelequeaban. Esa fue mi queja final con las autoridades del centro de rehabilitación. Mire, señorita, le dije a una amable orejona que nos despidió, no sé si se haya usted dado cuenta, pero en la noche no se ve el glaciar y el insomne huésped en algo se tiene que entretener; sé lo que está usted pensando, pero eso se cumple dentro de un lapso que a mi edad es breve, ¿y luego? No sé si a estos lugares hayan llegado ya los beneficios de la alfabetización, pero yo soy un lector compulsivo que siempre trae varios libros para leer y que sufre enormemente cuando ni siquiera ese civilizado placer le es permitido. No es posible que tengan esas lamparitas de buró cuya luz no alcanza a abandonar el foco, ¿cómo quieren ustedes que la población ilustrada lea? La chorejitas nada más me miraba con cara de que se había perdido del 80 por ciento de mi alegato y diciéndome que iba a "pasar mi queja" (para eso somos buenos los latinos).

 

Ésta fue mi primera bilis del día. Faltaban varias. Un camioncito nos llevó al aeropuerto de El Calafate con tres módicas horas de anticipación (¡oh, dioses del Anáhuac!). El aeropuerto es muy parecido a ese puesto de ayuda psiquiátrica que tenía Lucy van Pelt en "Peanuts". Otros ociosos tan dados a la chinguiña como nosotros esperaban también el avión. Nos quedó muchísimo tiempo de sobra que la Rubia Misteriosa aprovechó para que me comprara un saco que me hace parecer champiñón de los venenosos.

 

Ahí mismo me vine a enterar que, para ir a Buenos Aires primero había que bajar a Ushuaia que es la población más austral de Argentina y está poblada por caníbales y adoradores de Palito Ortega. Éste fue mi segundo derrame biliar tipo Iguazú.

 

En Ushuaia estacionaron el avión, le dieron un trapazo y treparon a toda la población económicamente activa del lugar. Y ahora sí: Buenos Aires, ahí te vamos.

 

Volamos y volamos y volamos y nada que llegábamos. Buenos Aires estaba ahí abajo, pero se había organizado una tormenta eléctrica de tal magnitud que si el avión se hubiese metido ahí, se hubiera consumido en calidad de colillita. Vueltas y vueltas. Mi tercer espasmo hepático.

 

Por fin descendimos y el aguacero bonaerense nos recibió. Llegamos a nuestro hotel, mi celular comenzó a sonar y, según comprobé, en mi cuarto había unas lamparotas que hasta sacan radiografías. Aquí fue mi primera sonrisa.

¿QUÉ TAL DURMIÓ? MXXVI (1026)……..MONTIEL, MONTIEL, MONTIEL.

 

Martes 17 de abril.

Germán Dehesa

Perito Moreno  

Si uno se llama Francisco Pascasio, esto debe provocar graves inquietudes. Ahí tienen ustedes el caso de Francisco Pascasio Moreno, ilustre geógrafo, explorador, civilizador y luchador social argentino de la segunda mitad del siglo 19. Nunca nada ni nadie pudieron detenerlo. Ni siquiera el matrimonio. Y es que a la esposa le decían "Menena" y ésta, por redimirse del apodo y en lugar de pedirle a Francisco Pascasio que se estuviera un ratito en paz, le ofreció acompañarlo en sus locos recorridos por el sur del sur argentino. Exploraba y exploraba. Cuando no andaba explorando, era porque el gobierno argentino lo enviaba (¡a los 22 años!) a discutir con los chilenos los límites entre una nación y otra. Ésta es la vida que escogió Menena a quien a los 29 años, le tronó el béndix (se murió) a causa de una fiebre tifoidea. Entre viaje y viaje, o durante ellos, Pascasio y Menena procrearon siete hijos, tres de los cuales murieron en edad temprana (¡con esos papás!); los otros cuatro acompañaron a Pascasio en sus andanzas.

 

Han de dispensar que me demore tanto en esta historia. Leída con cuidado, la vida de Francisco Pascasio Moreno es la de uno de los últimos hombres que se atrevían a entrarle a lo desconocido sin hacer reservación; es decir, uno de esos seres que abrieron brecha para que luego llegáramos los turistas a hacer desperfectos. Nadie como él conoció la Patagonia y las zonas australes de Argentina. Él descubrió en 1875 (a los 23 años) ese sistema lacustre conocido como "Lago Argentino" en cuyo "Brazo Rico" encontró uno de los glaciares más prodigiosos que la humanidad conozca. En un mínimo acto de justicia, el glaciar lleva su nombre, aunque este nombre también haya sido objeto de la compasiva justicia que tuvo el buen gusto de borrar para siempre lo de "Francisco Pascasio" y sustituirlo por el título de "Perito" que se le adjudicó cuando fue a averiguar la cuestión limítrofe con Chile. Ya con toda esta labor cosmética nos queda el muy presentable apelativo de Perito Moreno que es el que nombra para siempre (el perecible siempre de los hombres) al poderoso glaciar, guardián alerta de su lago.

 

La vida, el destino, o Corporate Travel Services, o vayan ustedes a saber, me han traído a este extremo de la Península de Magallanes. Entre mi hotel llamado "Los Notros" y el glaciar, la distancia es mínima. Perito Moreno y su Charro Negro hemos adquirido una inusitada confianza; por no hablar de la Rubia Misteriosa que está absolutamente subyugada ante esta maravilla de la naturaleza (me refiero al glaciar, no a mí); de hecho, está constituida en defensora y heredera universal de Perito Moreno, el glaciar y Pascasio. Yo, nomás por fregar, le digo: pues no le veo la gracia al glaciar, es igualito a la jaula de los osos blancos de Chapultepec y ella voltea los ojos muy feo, como si le fuera a venir el soroche, o estuviera viendo a Romero Deschamps en cuerpo gentil. Con trabajos, pero se recupera. Lo malo es que aquí, o hablas del glaciar, o hablas del glaciar. ¿Te acuerdas, Rubia, de los refrigeradores de hace 30 años que de pronto se ponían hasta el queque de hielo y casi no podías ni abrirlos hasta que los deshielaras? Sí, pero y eso qué. Que el congelador se convertía en un Peritito Moreno a domicilio que podías visitar a voluntad y sin este mula frío que hace aquí en los rumbos de Pascasio. Ya ni me contesta.

 

Mañana martes, mientras tú lees estos renglones, termina este experimento en busca de mi punto de congelación. Seré trasladado a Buenos Aires en pos de la recuperación.

 

Una vez más me sucede lo que en todo viaje: ya que logro acomodar mi alma y mi cuerpo en algún lugar, ya es hora de irse. Supongo que la vida es algo semejante.

¿Qué tal durmió? MXXV (1025)…….MONTIEL, MONTIEL, MONTIEL.

 

Lunes 16 de abril

Germán Dehesa

El malón

Cuentan los que saben que, cuando los indios pampa todavía eran suficientes y tenían la debida energía, de tiempo en tiempo, pasaban a molestarse con los pobladores blancos y así, sin mayor averiguación, se juntaban y ¡zas! caían sobre las poblaciones de éstos y hacían mucho perjuicio: robaban, por ahí mataban a un descuidado, violaban a las mujeres que no todas quedaban descontentas, se emborrachaban y dando grandes gritos regresaban a sus chozas a buena hora. A estos ataques relampagueantes de los indios se les llamaba "malones" y hoy casi todos corren a cargo de Estados Unidos.

 

Disculparán lo prolijo de esta introducción, pero es que yo experimento un malón cerebral. Me siento atacado por todos los flancos. De por sí traigo a Borges entre ceja y oreja, pero además ya se me coló Gardel que representaría la antítesis de Borges y también Pedro Infante que menos tiene que ver y el temblor que hubo allá en México sin mayores daños hasta donde he sido informado.

 

Ya con la cabeza a su cupo máximo, se me ocurrió que era bueno y conveniente ir a conocer la pasta tal como la preparan en un restorán que me recomendó mi joven cuate José Ramón Fernández. El restorán se llama "La Stampa" y está en el barrio de Belgrano. Doy tantas noticias porque considero que mis paisanos que vengan por estos pagos merecen conocer un lugar tan íntimo, tan formidable, tan lleno de civilización y de deleites. Si les gusta comer bien, tienen que venir (si les gusta comer mal, quédense en su casa y prueben el mole de espinazo que hace su suegra). Encantados y en plena noche salimos de "La Stampa".

 

Al día siguiente, otra vez esos trajines del viaje que me dejan los nervios como manojo de rabanitos pelados. Sin la menor tristeza, abandonamos el Hotel Hilton de Puerto Madero que es caro y malo (¡evítenlo!) y enfilamos rumbo a un miniaeropuerto construido por un ingenio criollo en la azotea de su edificio. De ahí despegó nuestro orgulloso avión que enfiló rumbo al sur, rumbo a nuestro destino que era un pequeño poblado llamado El Calafate (yo ya me inventé que aquí calafateaban los barcos y que de ahí viene su nombre). Es un viaje que toma unas cuatro horas y que implica un drástico cambio de ambiente, de escenografía y yo diría que casi hasta de era geológica.

 

Buenos Aires es una ciudad muy moderna, elegante, sobria y amable con esa distante amabilidad que por algo llamamos "urbanidad". Basta con volar unas cuantas horas y ya estamos en otro mundo; un peculiar mundo cuya entera vida depende de los glaciares y en particular el llamado Perito Moreno. Frente a ese glaciar y a orillas de un lago que podría ser suizo, hay un hotelito llamado "Los Notros" cuyas 32 habitaciones sirven de refugio a seres muy ociosos como es mi caso. No se crean. Anoche precisamente me preguntaba: a ver, Germancito, explícame; si tu sangre es tropical y jarocha, si odias el frío, si el hielo sólo te gusta en el whisky, ¿me quieres explicar qué demonios haces en plena Península de Magallanes mirando un hielote? En principio, no tengo respuesta, aunque anticipo el gozo que voy a sentir cuando les diga a mis cuates: "ahora que estuve en los glaciares...", sé que se retorcerán de envidia y que la ira, cual marea incontenible, les llenará los ojos. Pues aquí estoy, en los glaciares.

 

Aquí no hay televisión, ni teléfonos celulares, ni chunches electrónicos. Aquí es la naturaleza en estado puro. Algo horrible: lagos, bosques, témpanos y glaciares. El espectáculo es cambiante, inaudito y esplendoroso; pero uno da para más. Cuando le pregunté a la encargada dónde podía ver el juego Boca-River y me contestó: en ninguna parte, hasta las piernas me flaquearon.

 

Estoy en El Calafate. Me ataca el malón. Manden lana.

¿Qué tal durmió? MXXIV (1024)……ARTURO MONTIEL ROJAS.

 

 

Viernes 13 de abril del 2006

Germán Dehesa

Por la mañana...

...que nos da la ilusión de un comienzo. Esto dice Borges en "Otro poema de los dones". En él agradece con entonada voz lírica, tantas cosas que él y nosotros hemos recibido, o cíclicamente recibimos de la vida. En esta enumeración incluye, ya lo leyeron, la mañana que nos da la ilusión de un comienzo. Supongo que leer este verso a los 17 años no tiene demasiada gracia. A esa edad todo está comenzando a todas horas; pero leerlo en la edad adulta con la tentación del hartazgo y la futilidad gravitando sobre nuestras disminuidas cabezas es como agüita de mayo, como un inesperado regalo de los dioses tenochcas.

 

Hoy jueves amaneció y yo me sentí recién principiado. Además el día bonaerense se anunció con todos sus primores: cielo azul, ninguna nube, temperatura grata, pajarillos gorjeantes y humanos aplacaditos. En la regadera me dije: hoy para mí es un día especial, caminaré por las calles sin rumbo. Experimenté con estos dos versos en varias tonalidades, apunté algunas coreografías y me entregué a la toalla con ímpetu casi nupcial. Hoy, me dije, iré en pos de Jorge Luis Borges. Nada de esto podría haber sido posible sin unos itinerarios que amorosamente me preparó la Rubia Misteriosa. Quizá eran un poco amplios porque incluían la visita de la tumba del autor en Ginebra, Suiza. Salvo por eso, estaban al tiro.

 

Todo el día buscamos a Georgie. Parte importante de nuestra empresa fue Alberto Kaufman "el taxista molacho" que aguantó vara y sin hacer pipí durante toda la expedición. Fue algo excepcional y hermoso conocer Buenos Aires desde los crepusculares ojos de Borges.

 

La expedición comenzó en el solar natal del poeta en Tucumán 840. La devoción de los argentinos ha convertido ese sitio en un ámbito con dos finalidades: una es baldío y la otra es estacionamiento. El molacho comenzó a mostrar cierta desconfianza. De ahí arrancamos al barrio de Palermo, algún día tan bravo y hoy tan lleno de tiendas de Gucci, a la calle de Serrano que hoy se llama calle Borges al número 2135 donde ¡milagro! hay una placa que recuerda que ahí, donde estuvo la casa de su abuela Fanny Haslam, pasó Borges lo mejor de su infancia. Ahí nació su hermana Norah y ahí fueron todos los juegos y las épicas aventuras de aquél que comienza a soñar.

 

Seguimos visteando Palermo, hoy barrio fresa, pero que yo convertía en barrio bravo. Dos casas más buscamos de aquel Borges que regresó de Europa antes de 1920. Sólo quedan las calles, ambas en Palermo: Bulnes y Pueyrredón. Llegamos a la casa de Evaristo Carriego, poeta amigo del padre que Borges recibió en herencia. Es conmovedora la pobreza de aquellos poetas. La casa es ínfima; en la salita de recibir caben cinco personas ya incómodas. Entiendo por qué Borges le dedicó un estudio. Lo de menos son las virtudes o las fallas de su obra. Lo ejemplar es la actitud ética de esa vida que apenas duró 29 años.

 

Para deshacernos del triste espectro de Carriego a quien nadie visita, nos fuimos a uno de los lugares favoritos del niño Borges: el Zoológico de Palermo. Muchos, demasiados, niños. Ánimo festivo y emocionado. Dice la cajera: tenemos muchos animales y muchas fieras; respondo: en México también, pero yo vengo a ver al tigre. ¿Al tigre blanco? Al tigre tigre. Una composición gráfica da cuenta de la pasión de Borges y el tigre. Aquí estoy, exactamente en las mismas. En la esquina más lejana se asoma el tigre que se me queda mirando. Yo creo que él no entiende que estoy parado donde se paraba el poeta niño para hacer sus ejercicios de fascinación. Vuelvo a mirar al tigre y él me mira. Me dan ganas de ponerle departamento. Como no se puede, prosigo mi expedición. Es Borges, es Buenos Aires, HOY TOCA…. ¿Qué tal durmió? MXXIII (1023)

Y MONTIEL ¿qué busca?

 

Jueves 12 de abril.

Germán Dehesa

Llovizna 

"Bruscamente la tarde se ha aclarado/ porque ya cae la lluvia minuciosa/ cae o cayó, la lluvia es una cosa/ que sin duda ocurre en el pasado." Estoy citando de memoria, pero está lloviendo de verdad. Según todo lo planeado, hoy miércoles 11, cumpleaños de mi amigo el Xalapeño, la Blondina y su Charro iban a aproximarse a Buenos Aires para mirarlo mejor. Ninguna empresa digna termina resultando fácil. A nosotros nos cayó un aguacero que terminó siendo bíblico y que casi logró borrar ya no digamos el rostro, sino hasta el nombre de los lugares que queríamos conocer mejor.

 

Cada viajero es movido por alguna intención. Los hay, supongo, que ni intención tienen y que sólo avanzan o retroceden porque el guía así lo dispone, o por el hondo temor que sienten por su esposa. Yo vine a Buenos Aires porque me dijeron que aquí vivía mi padre, un tal Jorge Luis Borges.

 

Por eso ha sido tan largo mi camino. Quería y quiero conocer a un hombre mágico que vive estupefacto ante la aciaga belleza de los tigres y ante la tenaz reiteración de los laberintos que son de arena, o de boscaje, o pueden ser de piedra, o podemos ser tú y yo. Un hombre que sabe que los caminos se bifurcan infinitamente y que en alguna de esas bifurcaciones no existimos, en otra sólo existo yo y en otra existimos los dos y nos amamos o quizá nos damos la muerte. El jardín prosigue y Borges el jardinero, el minotauro, el héroe que no sabe manejar el cuchillo, cuenta nuestra historia y adivina en la piel de un jaguar, macho o hembra, la escritura de Dios.

 

He venido a buscarlo porque ahora se tiene en menos a los hombres de mi raza y hay quien supone que sólo el execrable delito y la corrupción, el crimen al alcance de los imbéciles, agotan nuestros débiles talentos. No es cierto. Yo, como Borges, conozco un tercer tigre que se nutre del que hoy baja a beber agua en Sumatra y del que despliega en alguna página de Kipling la curva de su violento y rayado abanico. Tengo cuatro hijos y eso indica que no he sido un huésped constante del pabellón de la límpida soledad que sólo hasta hoy me rodea hecho de piedra y flores. Soy escritor, pero vivo bajo el terror de que no me entiendan y de que, al no entenderme, no me quieran, o me quieran de modo equivocado. Muchos de los de mi raza ya han superado sin saberlo estos temores. Nadie los entiende y eso los ha vuelto casi sacerdotes. No es el caso del Borges que he venido a buscar. Su palabra es limpia, su verso es medido y su prosa es comedida. Desde que nació, supo que sería escritor y dedicó toda su vida a hacer a un lado cualquier obstáculo con el que pudiera topar esta vocación. Dicen -y éste ha de ser uno de sus mayores elogios- que Borges llegó a ser una costumbre de Buenos Aires. La gente miraba a ese anciano que valido de un bastón y del tacto avanzaba por calles y avenidas cerciorándose de que cada piedra y cada nube seguían en su lugar. Satisfechas estas inquietudes, buscaba con el olfato y la memoria una confitería que permitiese la larga plática, el minucioso recuento de los difuntos y la enumeración de las nuevas sorpresas de la vida.

 

Irónico, mal amado, solitario y empecinadamente enamorado, Borges iba y venía por esta ciudad dictándole sonetos a un oficinista o a un carnicero que se topaba en algún sendero. La ceguera lo ayudó a verlo todo; por eso era insomne. Dicen que hoy no está. Yo el mexicano sé que se trata solamente de un avatar del jardín. Volverá a estar y probablemente nosotros no estaremos. Bruscamente todo esto se ha aclarado porque ya cae la lluvia minuciosa. Mi única intención fue avisar que en México, a pesar de ciertos políticos, Borges es conocido y es amado pluviosamente.

 

 

¿Qué tal durmió? MXXII (1022)

 

Ahora resulta que la casa de MONTIEL en Careyes también está chueca. No vaya a resultar que es un ratero.

 

Miércoles 11 de abril.

Germán Dehesa

Lejana Buenos Aires

No sé cuándo, pero alguien lo sabrá; no sé por qué, pero en alguna memoria estará; a Carlos Gardel le vino la nostálgica voluntad de escribir un extraño tango que se titula "Anclao en París". Cosa rara para un tango, trata de un dramón terrible. Un argentino de estos de exportación se ha ido a caminar por el mundo. A este ímpetu los sajones, que en él se reconocen, lo llaman "wonderlust" que es un concepto intraducible para el español. A las razas ibéricas nos cuesta mucho trabajo romper amarras de un día para otro y echarnos a conocer el mundo. Excepción importante son los argentinos, los uruguayos y, de tiempo en tiempo, los chilenos. A los mexicanos primero nos matan, antes que quitarnos el ímpetu de volver al mero vientre del nixtamal. Todo mexicano que emprende un viaje en realidad está iniciando un regreso. Por eso, yo con mi voz mexicana diré lo que todos callan: viajar es incomodísimo.

 

Pero ya perdí a un argentino que apenas nacía en un tango. Nuestro héroe del profundo sur se había echado al mundo y finalmente, cubierto de deudas, bañado de apremios, había recalado en París. Tan ruinosa es la situación de este muchacho, que se pone sentimental y le da por pensar en Buenos Aires y por organizar sus nostalgias de manera que funcionen como letra de tango. Y entra Gardel y dice: "Lejana Buenos Aires/ ¡qué linda que has de estar!/ hará para diez años/ que me viste marchar". Mientras tarareo estos versos en voz muy baja, me presento en el mostrador de Mexicana de Aviación y entrego el expediente completo. Mi boleto anuncia que voy a Buenos Aires, lo mismo ocurre con todos los otros papeles; pero esto no detiene al audaz y atildado joven que me pregunta: ¿va usted a Buenos Aires? ¡Me lleva!, pienso, pero sólo respondo: sí, así es, en efecto, todo indica que voy a Buenos Aires. Contra lo que piensan todas las mujeres, que en el fondo de su alma se saben delincuentes, este trámite no lleva más de cinco minutos. Ellas siempre están seguras de que les van a encontrar cocaína en algún corpiño, pero yo no uso corpiño.

 

Lo que sigue es la espera. A mí me parece un desperdicio repugnante, a la Rubia Misteriosa una felicidad que viene aparejada con la certeza de que ya nada la detendrá. Ahora bien, las mujeres saben, y gozan al comunicarlo, que ninguna felicidad es perfecta. La puerta 34 queda lejísimos, me espetó la blonda; pero los pumas somos duros e inconmovibles; llegado el momento, me paré en el centro del inmenso pasillo con su alfombra como del Cine Gloria y mientras la rubia quería arrancar para todas partes, yo permanecí tranquilo hasta que apareció un carrito cuyo conductor accedió sin mayor aspaviento a llevarnos a la puerta 34 que, en efecto, ya venía quedando por Texcoco.

 

El vuelo directo de Mexicana a Buenos Aires es, por decir lo mejor, aseadito. El servicio es muy bueno, pero el avión ya es casi carcacha. Los asientos son como costales de papas y no hay manera de dormir ahí las nueve horas y pico que dura el viaje y mucho menos yo que soy culinquieto y nunca hallo postura.

 

Mucho antes de divisarla realmente, yo me dediqué a adivinar Buenos Aires. Curiosamente lo que por fin vi se parecía mucho a mis figuraciones: un horizonte neblinoso y con rescoldos de lluvia, una suave y azulada grisura de la que surgía casi edificio por edificio la lejana Buenos Aires.

 

Es emocionante estar aquí. Lo que yo daría por una primera plana de "La Jornada" que me mostrara bailando arrebatadamente un tango; pero eso le tocó a mi cuate Oscar Espinosa V. Yo llego en calidad de carne para hamburguesas. Ya supe de los míseros triunfos de Napoleoncito, ya supe de México. Por lo pronto, intento llegar a la lejana Buenos Aires.

 

 

¿Qué tal durmió? MXXI (1021)

 

¿Andará por aquí MONTIEL rechiflao en su tristeza?

 

 

 

Martes 10 de abril.

Germán Dehesa

Babelita

Todos los días, pero éstos en particular, el aeropuerto de la Ciudad de México es una pequeña Babel con algo de mercado de Beirut y mucho de confusión. Hoy lunes, los que regresan superan a los que nos vamos. De mí tendré que decir que no me voy del todo: tantas ejecuciones, tantos pendientes (y el de la anciana violada o no violada allá en la miserable región de Zongolica, Veracruz, no es el menor), todo el jaripeo que se ha organizado en torno a la legalización del aborto y la solemnísima aparición, so pretexto de este asunto, de verdaderos adalides de la vida como Norberto y Serrano Tangón; las miniplayas Marcelo's Beach y ahora el ensoñado proyecto del magno pachangón de 15 Años en el Zócalo; todo, todo esto tendré que dejarlo entre paréntesis hasta que vuelva. No sé si podré.

 

En fin, aquí estoy, listo para tomar el vuelo de Mexicana que me trasladará a Buenos Aires. En un último vistazo, percibo las obras de la terminal nueva del aeropuerto y pienso en mi eficiente amigo el arquitecto Ernesto Velasco, invitado permanente a los bailes del foxismo, pero entrón, profesional y talentoso; cíclicamente le llueve en su milpa, pero creo que hasta le gusta.

 

Ahora voy a Buenos Aires. Los bonaerenses tendrían que haber entendido que lo de Libertad Lamarque no iba a quedar impune. Que tampoco chillen demasiado, les podríamos haber mandado a Fox. Yo, por lo menos, soy un devotísimo lector de Jorge Luis Borges y procuraré desfacer los entuertos que hizo nuestro ex Presidente con esa patente de corso que da la idiotez. Pero, Germán, ¿tú crees que el Presidente no ha leído a Borges?, me preguntó alguna vez Sari Bermúdez. No creo, estoy seguro, le contesté. Ahora voy a esta ciudad de sueñera y de barro y mi ilusión es la de que Buenos Aires y yo nos pongamos buena cara.

 

A mi regreso me esperan muchas y muy febriles actividades. Según recuerdo tengo que ir a Monterrey, Mexicali, Guadalajara y Veracruz. Me reintegraré también a mi trabajo por Chapultepec que sólo es posible con la ayuda económica de ustedes. En esta vida no se puede desconfiar permanentemente de todo y de todos. Les puedo yo jurar ante un altar que ni Marinela Servitje, ni su Charro Negro, ni ninguno de los que estamos en esto, tomaremos su dinero para comprarnos alguna de esas estupideces que hacen la felicidad de MONTIEL y de todas las ratas inmundas que padecemos. Hasta pensarán que no estamos en México, pero si pedimos para Chapultepec, es para Chapultepec.

 

Y ya casi me voy, pero me gustaría y me parecería de estricta justicia dedicarle estos renglones a Amado Ramírez que fue, todo lo indica así, ejecutado por el narco. Él era mi colega y aunque yo jamás lo conocí, tengo muy desarrollado el espíritu gremial. Todos los que intentamos trabajar como intermediarios de la información tendríamos que exigir, por una parte, esclarecimiento y justicia en el caso de Amado Ramírez y, por otra parte, la garantía del Estado de que podemos ejercer nuestro oficio dentro de un razonable margen de seguridad. De otro modo, todos acabaremos siendo o cobardes o temerarios, cuando nuestro único compromiso es ser valientes.

 

También en cuanto regrese, me pondré en contacto con la Loaeza quien ya manifestó públicamente su debilidad por los bailes de 15 Años y su disposición a encabezar el que está organizando Marcelo Ebrard. Que la Loaeza vaya a ser la reina de este baile ya es muy grave; que yo vaya a ser su chambelán rebasa todo lo razonable. Lo seré.

 

Ahora vienen Buenos Aires, la Pampa y el Glaciar. Les iré contando.

 

 

 

¿Qué tal durmió? MXX (1020)

 

 

Señor Soberanes: ¿no se le irá a despertar la justicia?

 

 

 

 

Lunes 9 de abril.

Germán Dehesa

¡Felices pascuas!  

En el Club de Scrooge, ésta y mi cumpleaños son las dos únicas fiestas que se consideran canónicas y dignas de celebración. Corran la voz: ha llegado la Pascua y es tiempo de resucitar. Intento una explicación: la vida, antes de matarnos por la vez última y definitiva, ensaya en nosotros infinidad de modos de muerte: la soledad, la traición, el abandono, la enfermedad, los inmensos males del mundo que llueven sobre nuestra conciencia, un país brutalmente injusto, una creciente cantidad de seres dedicados a envenenar, prostituir y enfermar a nuestros hijos (¡cero tolerancia contra los pederastas!, acaba de exclamar don Norberto. ¿Y Maciel?, ¿y ese "protegido" que usted ha traído de Puebla a California haciendo daño en todas partes?, no sea usted hipócrita, ni nos venga usted con el cuento de que encarna el voto por la vida), la idiotez rampante casi por todas partes, el medular mal gusto de casi todos nuestros seres públicos; todo eso nos mata, ya no digamos año con año, sino día con día porque no hemos hablado de nuestras propias cobardías, tonterías y mezquindades. Morimos y hay quien se acostumbra a permanecer muerto. Todos tenemos en nuestra familia a uno o a varios de estos cadáveres ambulantes a quienes no les basta su condición de difuntos, sino que se regodean distribuyendo muerte a todo aquél que se les acerca. A veces les basta una palabra, alguna sonrisilla burlona, un comentario demoledor y con esto basta y sobra para administrar la muerte. Esto tiene una ineludible contraparte: ni que estuviéramos chimuelos. Si se topan con alguno de estos amables asesinos que todo lo hacen por nuestro bien, aprendan a distinguirlos y aprendan a administrarles suavemente y con ternura una mentada de madre que es, al fin y al cabo, un enfático aviso de que no le compran su mercancía.

 

Morimos a diario y a veces posponemos la tarea de la resurrección. Éste es el prodigio de la Pascua y esto es lo que la hace una fiesta que toda la humanidad y no sólo una de las religiones de este mundo, pueden y deben celebrar por lo menos una vez al año.

 

Piénsenlo. La Pascua es una fiesta particularmente hermosa. El pulso de nuestra vida vuelve a hacerse presente, se sintoniza con el pulso de las flores y los astros y nuestro ser se manifiesta enteramente de regreso. Tú, lectora lector querido, puedes ser shintoísta, o psíquica de Amira, o atea y, sin embargo, puedes compartir conmigo un abrazo cuya única finalidad es la de compartir la dicha elemental de estar vivos, aunque empaten los Pumas.

 

Con un pie en el estribo, porque me ausentaré unos días con motivo de una inaplazable visita a Buenos Aires de la que os mantendré informados, hoy me urgía avisarles que ya ha llegado la Pascua, que en el cielo de la Ciudad de México, la primavera sonríe en azul intenso y que tanta luz, por misteriosas vías, tiene que ver con nosotros que ya con las playas Marcelo y con la inenarrable foto del Presidente Calderón que anuncia a Cantinflas en su nueva película "El Ciclista Tropical", hemos pagado con creces nuestras maldades del año y que, por lo mismo, merecemos vivir vivos. Y todos estos buenos presagios y prodigios, me parece, son merecedores de esa celebración íntima y a la vez exultante que es un abrazo que yo les pido.

 

Es domingo por la tarde. Me levanté de manera de llegar hacia las 10:30 A.M. al estadio de CU y, sin embargo, desperté habitado por la exaltación de la Pascua. Estoy estrenando ropa interior (¡wow!) y exterior (¡miau!) y no quiero poner punto final sin la certeza de que estamos vivos y en trance de celebración. Felices Pascuas.

 

 

 

¿Qué tal durmió? MXIX (1019)

 

MONTIEL y el Precioso no están incluidos en el abrazo.

 

 

 

 

Viernes 6 de abril.

Germán Dehesa

Semanas Santas (4)

 

 

 

Me es enormemente grato anunciar que somos un selecto pero muy eficiente grupo de capitalinos los que hemos decidido permanecer en la Capital y cumplir con nuestras tareas laborales. Ya sé que ustedes que están tirados en alguna playa que se puede llamar "Equipalitos", o "Barra Antigua de Cualala", son muy perrones y nunca agradecen nada, pero sírvanse darse por enterados de que somos nosotros los que mantenemos el país en pie, mientras ustedes se atarragan de piñas coladas y tacos de langosta o de marlin. ¡Salud, méndigos!

 

Siempre nos envidiarán el relajo que hemos echado con el extravío de los lemures que acabaron siendo un cacomixtle y una martucha (en el zoziego de la noche yo zoy la zoberana) y con las únicas e irrepetibles playas Marcelo. Así es que tampoco la hemos pasado tan mal, aunque el clima ha sido execrable. En un solo día hemos tenido calor veraniego, vientos primaverales, cierzo invernal y tormentas y granizos otoñales; pero como a los tenochcas nada nos gusta más que cambiarnos de ropa cinco veces al día, hemos capeado con enorme galanura estos temporales.

 

Ya es Jueves Santo y aquí seguimos haciendo nuestros deberes y recibiendo esos malditos telefonemas de los que están vacacionando y que, en el fondo, sólo hablan para que nos fulmine la envidia, aunque dicen que toda la familia quiere saber cómo estamos y "si no se ha ofrecido nada" (bola de idiotas, los odio. Ya los quiero ver en el retorno maléfico. En cuanto lleguen, a ver a quién le hablan porque yo voy a estar abismalmente dormido, sin el menor pendiente y sonriente).

 

Ya llegó el jueves y con ciertos trabajos, pero he sobrevivido. La gran Fita tuvo a bien darme anoche mi velada más fragorosa. Yo me puse a ver una miniserie horrible, pero muy interesante titulada "Shield" que me allegó un jarocho y amistoso matrimonio. Cada capítulo que veo, sufro como perro café, pero está buenísima (es mi caso con la Sharapova). Pues anoche estaba metidísimo con estas historias fronterizas, cuando de lo alto de la abrupta serranía comencé a escuchar unos mugiditos muy enternecedores y unos tropezones bastante severos con el mobiliario. ¿Será una martucha?, me pregunté; pero no, era Adolfa que estaba comenzando a tramitar uno de esos dolores de muelas que sólo dan en Semana Santa en la noche, cuando no hay ni a quién hablarle, ni dónde comprar una pistola para ultimar a la doliente. En México es cosa sabida que un dolor de muelas no se alivia ni con mentadas de madre. Tiene que ser mediodía y tiene que aparecer un galeno de esos que tienen como orgullo jamás extraer una muela, para que ellos de un mula jalón les arranquen la pieza que ya está peor que mono de la Isla de Pascua y, hecho esto, despachar a la doliente a su hogar con un Dolac en la manita y una cita para la próxima semana. A todo esto la martucha Fita ya tenía una cara muy similar a la de la Rosachiva el día de hoy donde en secreto te dicen: no me he bañado, ni la chinguiña me he quitado, tengo la mirada como de hiena de San Juan Aragón porque es Jueves Santo y mi Vía Crucis apenas comienza.

 

Es Jueves Santo. Hace 50 años largos en mi casa se comía caldo de habas y mi jefecita santa me llevaba al lavatorio, a distintos y horripilantes sermones, a la institución de la eucaristía y a lo que su mística mente se le fuera ocurriendo.

 

Hoy. En cierto plan de recreo, busqué a una novia de siempre y la invité a un restorán maravilloso llamado "El Bajío" (Alejandro Dumas y Campos Elíseos) donde hay comida jarocha y comida del Bajío. La pasamos muy bien. A Fita ya le quitaron su muela y yo espero dormir largamente.

 

HOY TOCA.

 

 

 

¿QUÉ TAL DURMIÓ? MXVIII (1018)

 

¿Sigue impune MONTIEL?

 

 

 

Jueves 5 de abril.

Germán Dehesa

Semanas Santas (3)  

Mis actuales "días sacros" ya valieron para lo que vale el Honorable Congreso de la Unión. Con esto de que el agua de nuestras playas chilangas amaneció verde grisácea y con intenso olor a masiosarina (¿a poco el mar está mejor?, pregunta la Rosachiva que sólo conoció las más pútridas playas de Galveston), asunto que no tiene la menor importancia, según el funcionario Llubere (figura muy señalada de aquel CGH que dejó a la UNAM impunemente desmantelada, canchanchán de Imaz y presupuestívoro feroz) quien ya dijo que nada más fácil que tirar los diez mil litros de agua y traer otros. Con todo este panorama tan adverso y con el penoso y azteca extravío de dos lemures en la jungla urbana (¿se los imaginan?: ¡quiero mover el bote, quiero mover el bote!) que luego resultó que no eran lemures, sino un cacomixtle que, por lo visto, hacía vida marital con una martucha (martucha: ciertamente, ya vámonos a San Cristóbal).

 

Todo esto es real y así se ha publicado; por eso México es maravilloso, porque el redactor dice con toda tranquilidad que la martucha es particularmente dañina en zonas urbanas. Con todo esto, mi flebe cerebrín ya no da más y prefiere emprender el viaje a alguna Semana Santa de su infancia.

 

Ahora estamos bajo el brutal sol del trópico. Acapulco, Viernes Santo, 2:58 hrs.

 

Por primera vez y muy a regañadientes, mi mamá ha aceptado dejar la cercanía de sus templos favoritos y pasar estos días en Acapulco. Nuestra vida se ha repartido entre el mar y una de las iglesias más feas de la historia de Occidente.

 

Venimos saliendo de la playa con ese enfado pringoso y con arena en el pubis que el mar produce. ¡Aaay!, grita mi mamá. ¿Qué pasó?, pregunta mi hermana. ¡Ya murió Cristo!

 

Lo atropelló un Jeep en la costera, comento yo. ¡Cállate, niño blasfemo!, me dice mi mamá que ya está transformada en Virgencita sevillana con traje de baño negro y chancletas verdes.

 

Son las tres de la tarde, dice la Macarena Dehesa, y Cristo acaba de morir. ¿Y de dónde sacas, mamacita, que Nuestro Señor murió a las tres de la tarde en punto, hora de Acapulco?

 

Es una cosa simbólica y ya cállate. Pero a ver, mamuchis, si la cosa es simbólica, ¿qué hacemos aquí como idiotas jugando a los encantados en La Costera de Acapulco? Pues nada, pero tampoco es cosa de dejar pasar la ocasión sin hacer un recordatorio y un homenaje; vamos a hincarnos.

 

Ustedes no saben lo que es rezar el Rosario en La Costera de Acapulco con arena en el ya mencionado pubis y con un hambre estúpida. La verdad, la verdad, la única llena de fervor evangélico era doña Margotita (mi mamá), el resto de la familia estaba pensando en tirarla de a loca, en dejarla ahí y abrazar de inmediato alguna religión tibetana que no obligara a esos desfiguros.

 

Y este era apenas el comienzo. Se bañan y comen rápido porque tenemos que ir a la iglesia. ¡Nooooo!, prorrumpía el sector infantil. El resto de los sectores ni la pelaba, porque sobre ellos no tenía poder. Y ahí nos tienen a los pobres caperuzos literalmente insertados en un sudoroso mar de dolientes nativos y visitantes que escuchaban a lo lejos a un cura guerrerense y medio gangoso que, bajita la mano, le mentaba la madre a Judas y fulminaba a las bikinudas que comenzaban a menudear por aquellas playas. Para mí, éstas no eran el problema y ya me daba por bien servido con no morir ahogado en las abundosas carnes de la señora que estaba frente a mí en el templo.

 

Al final, si me portaba bien, me tocaba un helado de limón. Ahora, ni helado alcanzo.

 

 

¿Qué tal durmió? MXVII (1017)

 

¿También en Pasta de Conchos dormirá la justicia?

 

 

 

 

Miércoles 4 de abril.

Germán Dehesa

Semanas Santas (2)

 Muchas modalidades de estos días sacros me han tocado vivir en esta existencia que ya se alarga por más de 10 sexenios. He visto y vivido cosas muy raras, me ha tocado ser parte de experiencias muy extrañas; pero debo confesar que yo no me esperaba una Semana Santa como la que actualmente vamos cursando los capitalinos que tuvimos el buen juicio de permanecer tranquilitos en nuestra Ciudad. Yo me quedé porque estoy ahorrando para un viajecillo, porque decidí acabarme de curar de varias dolencias cuya compañía ya me ofende, porque tengo bastante trabajo atrasado y porque me consta que la Ciudad de México semivacía es enormemente disfrutable. Yo no podía imaginar que sería alcanzado por el realismo mágico.

 

Cuentan que, llegado el tiempo, los antiguos espíritus trasladaron mágicamente a Marcelo Ebrard a la cumbre del Cerro de la Estrella y que ahí lo hicieron caer, pero no para abajo, sino en profundo sopor. Cuenta la tradición que esto ocurrió en el rumbo ya referido en el interior de una gruta toda ella decorada con místicas pinturas de Mariagna Pratts.

 

El ingreso de la gruta estaba resguardado por San Joel Ortega y varios hombres de buena voluntad con metralleta, chacos y granadas de Agustín Lara que son las más letales. Por días y noches que eran sólo una especie de río de tinieblas, Marcelo durmió. Alguna vez se despertó y dijo: quiero mi yogur, pero volvió a desvanecerse. Poco tiempo después de este incidente, el espíritu se le presentó y dijo: no hay yogur. Los dos se desvanecieron. Regresó el espíritu ya en plan serio y le dijo: Marcelo, en ti hemos pensado para la consumación del último sueño azteca.

 

Debes saber que Moctezuma, en la plenitud de su imperio, le dio por pensar que no era bueno para la imagen de la invicta y poderosa Tenochtitlan, ni era bueno para el propio Moctezuma que se ostentaba como todopoderoso, que, cuando el emperador tenía antojos marítimos, tuviera que valerse de unos chancludos que le traían de los rumbos de la Villa Rica unos pescados ya muy correteados y con los ojos idos como la mítica Gordillo. Y entonces Moctezuma dijo: el mar vendrá a mi ciudad, construiré no uno, sino varios mares en Tenochtitlan: ¡que el mar sea! Esto dijo y aparecieron unos caballos que Moctezuma ni conocía, ni olían a mar. De hecho, los caballos irrumpieron en sus sueños, todo lo destrozaron, todo lo volvieron imposible. Mucho tiempo ha pasado desde esto. Por eternos días y noches hemos esperado la aparición de un verdadero azteca con su característico pelo rubio y ojos azules.

 

Por fin llegaste Huitzilihuitl Ebrard. Tú has sido designado para que el sueño de Moctezuma no quede trunco: gracias a ti, a tu envidiable tenacidad, el mar vendrá a Tenochtitlan y seremos los raptores del sol y los conquistadores del trópico: ¡anda, no te demores!, comienza con unas cuatro playitas y de ahí nos seguimos. Si flaqueas, siempre tendrás a tu lado a Jessica La Llorona Miranda; ella te hará fuerte (con el debido respeto).

 

Ésta es la leyenda. La realidad es que de nuevo hoy martes Santo, la Rosachiva vistió su inverosímil atuendo playero, a petición popular, yo volví a lucir mi atuendo de gondolero turbo. Fuimos a la Villa Olímpica. Estábamos urgidos de trópico, pero las minipetaconas del agrupamiento Cisne nos dijeron que esperáramos un rato. La arena ya estaba, aunque no alcanzó a ser toda blanca y como tuvieron que traer negra, el acabado era jaspeadón. Pueden pasar, ¡nada de alcohol!, nos dijeron. Ebrard visitó la obra concluida. Se fue. Comenzó a granizar.

 

 

 

¿QUÉ TAL DURMIÓ? MXVI (1016)

 

ARTURO MONTIEL ROJAS.

 

 

 

Martes 3 de abril.

Germán Dehesa

Semanas santas (1)

 

Pues ahí tienen que no salimos. La Rosachiva y su augusto empleador todavía dudábamos la semana pasada y andábamos con cierto ánimo de invadir Tepetongo.

 

De esta duda nos vino a sacar el anuncio que hizo el GDF acerca de las revolucionarias playas urbanas que ese gobierno instalaría en las múltiples zonas despejadas que tiene la Ciudad. Novedoso y todo, el proyecto ya tiene antecedentes. Si mal no recuerdo, Don Ignacio M. Altamirano tiene una reseña de la inauguración de la primera alberca pública en la Ciudad. Más o menos un siglo después, Don Gabriel Vargas, a través de esa mujer mexicana, pachanguera e inmortal que se llama Borola Tacuche de Burrón, lanzó el concepto de "Acapulco en la Azotea" que conmovió y llenó de pasmo a los habitantes del Callejón del Cuajo. Imitando a Borola, los franceses pusieron sus mugres playitas en las estrechas laderas del Sena. Todo mundo sabe que Ebrard Casaubon posee un extranjerismo delicioso y es seguro que todos estos antecedentes lo lanzaron al singular proyecto "Playas Aztecas" que tanta satisfacción produjo a los que teníamos que permanecer anclados en la Capital.

 

Esta mañana, la Rosachiva se presentó con una turbadora tanguita con su "topcito" a rayas blancas y rojas y su "bottomcito" azul marino con una amenazante chiva roja situada en estratégico lugar.

 

La Rosachiva sigue arrastrando la patita, pero con mucho estilo, jícamo y jiribilla. Traía todo: sombrerito de palma, lentes obscuros chinos tipo italiano, protector solar del 40, su llanta (la que compró y la que le es inherente), una megabolsa de charritos enchilados y la otra, la que le es común a las señoras en la playa: libro seboso, pareos, trapos miles, sustancias y el celular. Yo le había ofrecido vestirme de gondolero veneciano: pantalón blanco, playera a rayas, sombrero ancho de palma con moñito pendulante y con mi mandolina al hombro para cantarle un arreglo napolitano de "¡Ay, Cialiscu, non ti ralles piú!".

 

Novedad de novedades. Las playitas siempre no se harían. Todo esto se fue a la fruta por culpa de Marcelo y su falaz conflicto con la arena. ¡Como si en la Capital no tuviéramos arena suficiente!

 

Ante este nuevo panorama, yo tomé la drástica decisión de donar mi traje de gondolero a los Cadetes de Linares. No bien lo había hecho, sonó mi celular y oí la mortecina voz de la Rosachiva: jefe, cambio en la alineación. Acaba de hablar el Homo Eróticus de REFORMA para avisarnos que siempre sí va a haber Acapulco en la Azotea. ¡¿Cómo?! Así me dijo; que ya consiguieron arena sílica (con esa se lijan las tepalcuanas) y que están trabajando a marchas forzadas para abrir el martes en la Alberca Olímpica (para que luego diga Luege que son puras "xaladas") y que así se van a seguir hasta el Ángel de la Independencia donde van a poner un trampolín en la teta. ¿Así dijo el Homo Eróticus? Yo creo que es mejor que le hables.

 

Así lo hice y para mi total desconcierto, el rubio y cruzazulino funcionario de REFORMA me confirmó lo dicho por Rosachiva: la decisión de Ebrard es que, entre el martes y el viernes estén funcionando todas las playas que anunció. Lo que todavía está en el aire es qué se va a hacer con los ambulantes quienes, como todo mundo sabe, andan enchiladísimos y escudriñando aquí y allá para ver dónde hay un metro libre y caer sobre él como plaga bíblica; hagan de cuenta esas langostas yucatecas que nada más están esperando que aparezca un candidato a algo, para caerle como esas visitas dominicales que nos hace la familia.

 

Tendremos playas; lo demás se irá viendo sobre la marcha. Los Cuchos anuncian su presencia.

 

 

 

¿Qué tal durmió? MXV (1015)

 

 

ARTURO MONTIEL ROJAS.

 

Lunes 2 de abril.

Germán Dehesa

Siguen Los Cuchos  

En efecto, aquí seguimos. La Rosachiva ya se bajó tres veces de la camioneta de salubridad que insiste en pepenarla en la calle y llevarla a un espacio campestre donde convalezca o muera. Y es que arrastra muy feo su patita y ahora, además, parece que pepenó roña en algún pasamanos de microbús. Me parte el alma tenerla aquí trabajando en domingo. Me consuela saber que yo no estoy para ninguna exposición que se titulara "El Sexagenario Saludable", ¡qué va! La doctora Prurito que es una flor de eficiencia y amabilidad me dice que voy bastante mejor y que ahora todo es cuestión de paciencia para que algún día su Charro Negro recupere la forma humana. Por lo pronto, yo siento como si portara traje de buzo, pero no de los modernos, sino de ésos que salían en 20 Mil Leguas de Viaje Submarino. Dormir, reptar, escribir; ésa es mi rutina. No es difícil de entender mi condición hiper-reactiva si tengo el alma tan cucha.

 

Sin embargo, no creo que sea una hiper-reacción la que el Presidente Felipe Calderón me ha producido con sus últimos gestos y pronunciamientos. Me parece repelente su dependencia de Elba Esther Gordillo, esa piñata reciclada, esa villana de Walt Disney, esa tontita empoderada. Creo que con esto me comienzan las ronchas, pero todo sube de tono y de volumen hasta el punto de sentirme directamente ofendido y atropellado en el respeto que el Presidente me debe como ciudadano, cuando lo veo haciéndole fiestas y dándole palmadas a Mario Marín, que tendría que estar en el umbral de la cárcel y, sobre todo, a Ulises Ruiz, esa fallida invención de José Murat que hace mucho que tendría que haber renunciado a su cargo y haber explicado todos los desgarriates en los que metió a Oaxaca, el Estado que supuestamente gobierna. Es patético y ofensivo que el Presidente haga viaje especial para sobarle el lomo a esta mala bestia. Y sin embargo, Felipe Calderón presume con orgullo estos gestos que, supongo que para él, son homenajes al federalismo y astutas maniobras de ampliación de su poder.

 

Yo no lo creo así y no hablo por hablar. Además de que todo me parece una indecencia y una abierta contradicción con lo dicho en su campaña, no tengo tan corta memoria como para no recordar que exactamente con estos besamanos en honor del PRI comenzó Vicente Fox su ridícula trayectoria sexenal. Usted también, don Felipe, debería recordar (yo la atestigüé) la cálida recepción que tuvo en Los Pinos Elba Esther Gordillo quien en poco tiempo, no por inteligencia de ella, sino por la tontería y la debilidad de sus anfitriones, ya se había hecho del control de la situación. Y detrás de la Gordillo llegaron los supuestos "aliados", Roberto Madrazo muy en particular. Y así nos fue y así le fue a Vicente Fox.

 

La historia parece recomenzar. Le aseguro, Presidente, que no va a llegar usted muy lejos con Elba Esther, con el Precioso y con el odioso; esto sin contar con el Trucutrú Espino que ya bastante friega desde el interior. No se permitan, una vez más, jugar a que gobiernan. Si de lo que se trata es de que la ciudadanía y el Estado demos conjuntamente la batalla contra el narco, cuente con nosotros. Si de lo que se trata es de que al mismo tiempo, aplaudamos sus apapachos y chicoleos con Elbita, con Marín y con Ulises Ruiz, irá usted solo, quizá con el único apapacho del Niño Mouriño. Don Felipe: me consta que usted solía ser un hombre decente, ¿va a renunciar ahora? Firman: Los Cuchos.

 

 

 

Envío

 

Puros pendientes. Estas líneas son para todas las Dolores que no celebré el viernes, para Alicia Canales, preferida de mi corazón y para todos los que no salimos de vacaciones.

 

 

 

¿Qué tal durmió? MXIV (1014)

 

ARTURO MONTIEL ROJAS.

 

 

 

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