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Charlas del libro "Medita estas verdades"
de Swami Chidananda
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44
MANTENED SIEMPRE EL SUBLIME IDEAL DELANTE
VUESTRO
¡Bendito Atman Inmortal! ¡Amados hijos de
lo Divino! Entre los innumerables seres humanos
sobre la faz de esta tierra, hay unos pocos
que tienen por delante un ideal y una meta,
solo ellos pueden decir que viven de una
manera especial. Aquellos que no tienen ningún
ideal en particular, ni meta clara alguna,
no viven la vida, son meramente arrastrados
y llevados por este turbulento río llamado
vida. Ellos no tienen el control ni están
comprometidos en una búsqueda provechosa,
es la vida con todas sus implicancias que
tiene el control. Son criaturas de las circunstancias.
Están atrapadas en medio de situaciones y
son arrastradas por la corriente de ciertos
apetitos y urgencias. Están atrapadas en
la red de deseos y anhelos y son empujadas
y propulsadas por anhelos y deseos internos
compulsivos.
En el capítulo once del Bhagavad Gita, Arjuna,
con su divyachakshu (ojo divino), percibe
los aspectos benignos y no tan benignos del
gran Poder Cósmico en toda su dinámica manifestación.
En una dirección, percibe al glorioso Ser
maravillosamente adornado, resplandeciente,
radiante, admirable. Y simultáneamente en
otra dirección, ve otro aspecto, el aspecto
terrorífico de Ello: algo terrible que todo
lo consume, que todo lo destruye, con un
torrente de seres vivos entrando en Sus fauces
para ser triturados, consumidos, y luego
desaparecer. Tan pronto como la vida surge,
la muerte consume.
De esta manera, la vida puede ser un proceso
creativo donde a cada momento añade algo,
os enaltece, os enriquece y eleva; y deviene
un proceso firme y continuo hacia la Meta
Suprema para satisfacer un gran ideal. Y,
ya dentro de vosotros, al alcance de vuestra
visión y comprensión, al alcance de vuestra
aspiración, se transforma en una meta clara
y un ideal, algo noble, algo más que común.
Por lo tanto, para vosotros, la vida en su
totalidad significa un proceso creativo,
una progresión, un logro, una realización.
Cuando esto está ausente, la vida consume
al individuo. El individuo no vive. Él es
arrastrado corriente abajo, indefenso, empujado,
llevado de aquí para allá, todo lamento,
mas, algunas veces, extrañamente, piensa
que tiene el control total, imaginándose
muy, muy útil. Ese es el misterio de maya.
Eso es lo que se conoce como kartritva abhimana,
el ego del que ejecuta la acción. En realidad
no hacemos nada; nos sentimos impulsados
a hacerlo y, sin embargo, pensamos: "No,
No, yo lo estoy haciendo, yo lo estoy haciendo
muy inteligentemente, yo lo estoy haciendo
maravillosamente bien."
Y esto es lo que se conoce como moha (engaño)
y bhranti (pensamiento erróneo). Es la misteriosa
acción del poder ilusorio del cual no sabemos
nada. Solamente percibimos su presencia debido
a sus efectos. Sabemos que millones y billones
de seres humanos se encuentran totalmente
engañados, totalmente en un estado de intoxicación,
en un estado de total esclavitud. No les
es posible controlar su ira ni su pasión,
pero piensan que están manifestando un gran
poder. La ira, una debilidad, es tomada por
fortaleza. La pasión, un terrible proceso
que nos domina, es tomada por algo de lo
que debemos sentirnos orgullosos. De la misma
manera, muchas otras fuerzas que nos esclavizan,
que nos llevan de aquí para allá, son confundidas
por cosas bellas.
Por ello, no conscientes de lo que estamos
haciendo, nos permitimos constantemente el
danzar al son de este misterioso poder llamado
mente, que es otro nombre de maya. Y tan
totalmente identificada está la conciencia
del jiva con la mente, que el individuo no
se da cuenta que es un esclavo, que no conoce
su verdadera situación. En lugar de ello,
se regocija pensando: "así es la vida."
Por ello, incluso mientras danzamos como
una marioneta, nos imaginamos que somos dueños
del escenario llevando a cabo una gran obra.
Esto es un engaño total. Y esta es la situación
del noventa y nueve por ciento de la humanidad,
noventa y nueve por ciento de la población
del mundo.
En este estado de total identificación con
la mente, no sabemos de nuestra realidad
aparte de ella, diferente de ella, distinta
de ella, que se encuentra muy arriba de ella.
Y, no sabiendo nuestra verdadera identidad,
vivimos y morimos sin siquiera afirmar y
reivindicar el Ser. El Ser no se manifiesta
jamás, no se le da jamás expresión activa.
En cambio, en un estado de total engaño,
atrapados y esclavizados en la ilusión, pensamos
que somos dueños de la situación, que nos
estamos expresando, mientras que nos encontramos
meramente en un estado de estupor.
Un sabio dice que esta es la condición de
la vasta mayoría de los seres humanos -pitva
mohamayim pramadamadiram unmattabhutam jagat-
ellos se encuentran en un estado de estupor,
intoxicados espiritualmente, en estado de
sopor, de total olvido del Ser verdadero,
total ilusión sobre su verdadera identidad.
Días, semanas, meses y años vuelan, y la
vida se dirige apresuradamente hacia su conclusión,
mas, no son conscientes del pasaje del tiempo.
Se encuentran completamente en las garras
del ego, tan ocupados constantemente en asuntos
mundanos que no tienen tiempo ni inclinación
para tratar de comprender la penumbra y elevarse
sobre la ilusión para así llegar a conocerse
a sí mismos.
Y lo más preocupante es que en esta condición,
el intelecto se hace cómplice de maya al
hacer que el individuo piense cuan sabio
es, cuan claramente percibe. Como se ve,
también existe la ilusión intelectual. El
intelecto funciona, pero tan solo para conformar
a este patrón de ilusión y para confirmar
más tarde nuestra falsa identidad, incluso
mientras imaginamos que al ejercitarlo ha
logrado ir más allá de la falsa identidad
y establecerse en la verdad.
Esta es la función tan peculiar llevada a
cabo por el intelecto. Aparentemente ejercita
el conocimiento, pero ejercita su conocimiento
en un estado de ilusión, aumentando así la
ilusión, no destruyéndola. En tanto que el
intelecto se supone que es una afilada lanza
para atravesar esta oscura cortina de ilusión
e ir más allá de ella bajo la guía de la
conciencia de ¨Dios, mas, él también sucumbe
a maya y confirma la ilusión, imaginando
que apara vidya (conocimiento inferior) es
para vidya (conocimiento superior). Esto
es parte de la gran ilusión.
Pero aquellos seres afortunados a los que
Dios ha dado esta gran gracia de un despertar
y un continuo ejercicio activo de esta conciencia
despierta como parte básica de su conciencia,
con este estado interior luminoso, claramente
perciben la Meta y son siempre conscientes
que la vida debe ser la realización de un
grande, importante, espiritual y filosófico
ideal moral que ellos indudablemente viven.
Ellos sin duda hacen uso de la vida, usándola
para la realización de este ideal y para
una determinada propulsión hacia la gran
Meta. Ellos son benditos.
Su determinación es debida a que han despertado
y son conscientes. Y este activo e interno
despertar es progresivo, porque la meta se
encuentra establecida, y esta meta está empujando
poderosamente cada momento. Esta conciencia
progresiva da sentido a sus vidas, como un
constante movimiento para realizar un gran
ideal, para obtener la meta suprema. Ideales
y metas están también aparentemente presentes
en la vida de otros, mas no en su verdadera
implicancia, en su verdadero sentido. Pues
existe un solo ideal: el movimiento hacia
la Divinidad, hacia la perfección, y existe
una sola meta: la conciencia eterna de nuestra
naturaleza esencial. Estos dos hace la vida
real. Por otra parte, imaginamos que vivimos,
mas en realidad, nos encontramos en la oscuridad
del estancamiento.
Por ello, la conciencia debe ser despertada
y mantenida constantemente despierta con
la ayuda de meditación constante, manana,
sobre las grandes verdades presentadas a
nosotros por escrituras tales como Vivekachudamani,
Atmabodha, Bhagavatam y los Upanishads. Esa
es la sola garantía para que nuestra vida
siga un proceso útil. Esa es la única garantía.
Esa es la única posibilidad de mantenernos
alejados de la conciencia interna de toda
ilusión, de toda moha, de toda intoxicación
-vivir constantemente a la luz de estas grandes
verdades y constante ejercicio de vichara
(indagación) y viveka (discriminación). Sin
ejercitar activa y constantemente vichara
y viveka, no hay sadhana, no hay vida espiritual,
no hay Yoga. No podemos ser jijnasu o mumukshu
y no hay vida verdadera. La vida no es vivida;
somos un mero peón, una marioneta.
Por lo tanto, debéis continuamente sentir
el llamado Upanishádico: uttishthata jagrata,
prapya varan nibodhata (Levántate, despierta;
habiendo alcanzado esto los sabios lograron
la iluminación). Que cada momento de vuestro
ser sea una respuesta a este llamado -"Sí,
estoy despierto, estoy de pie y en movimiento
hacia la Meta, en movimiento hacia la sabiduría
suprema, en movimiento hacia el estado último
de iluminación." Entonces, cada momento
y cada movimiento de vuestra vida y de vuestro
ser será una respuesta al llamado Upanishádico.
Este llamado se debe sentir en cada latido
de vuestro corazón, en cada latido de vuestro
pulso. Esa es la vida. Eso es sadhana. Eso
es jijnasa. Esa es verdadera mumukshutva.
¡Que Dios os otorgue esta conciencia interna,
siempre atenta y dinámica! Que seáis como
Nachiketas. Que seáis como una de esas grandes
e inmortales personalidades de los Upanishads.
Que la kshamata (capacidad) esté dentro de
cada uno de vosotros. Es por eso que Dios
os ha traído a un lugar en especial y a una
vida donde todo esto es posible -si tan solo
lo deseáis. ¡Dios os bendiga!
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