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Filosofía del Bhagavdgita según Swami Krishnananda
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El Espíritu de Verdadera Renunciación
Después de una breve introducción
a las importantes
características que predominan
en el entero
Gita, debemos entrar al tema
central de la
exposición. El lugar donde se
desarrolla
el Gita, el contexto del desarrollo
del evangelio,
es la situación humana, que traté
de comparar
con la atmósfera de un campo
de batalla,
una guerra, un conflicto y una
confrontación,
que se esperan a cada paso, cada
momento
y bajo todas las circunstancias.
La estructura
del universo, parece ser tal,
que nos muestra
un complejo de varias capas de
conflictos
a los que se supone que debemos
sobreponernos
y que serían conocidos como logros
en la
vida. Una particular situación
se enfrenta
a una confrontación. Si esta
oposición no
estuviera en cada ocasión de
la vida, no
habría impulso ni acción alguna.
No habría
necesidad de actividad. No habría
tal cosa
como logro. El logro es el resultado
que
sigue a una reconciliación o
armonía entre
una posición particular y su
oposición, conocido
como la tesis en contraposición
con su antítesis.
Los dos deben sintetizarse. Y
el Gita no
es sino este tremendo proceso
progresivo
de lograr más y más síntesis
en nuestra vida,
para que lleguemos a ser una
encarnación
de síntesis a tal punto que cuando
lleguemos
a su clímax o lógica conclusión,
logremos
un conocimiento del ser, que
es inseparable
de la síntesis universal de expansión.
Esto
puede ser considerado como equivalente
a
lo que llamamos la realización
de Dios. La
meta del Gita, es llevarnos a
esta síntesis
universal del equilibrio último
de las cosas.
Pero para este logro que nos
lleva hacia
la meta de la vida, debemos movernos
de etapa
en etapa, y la admonición que
nos da el Gita,
en diferentes grados de esta
exposición,
es el Yoga del Bhagavadgita.
Muchos de nosotros,
tal vez, todos nosotros, hemos
mirado los
varios capítulos del Bhagavadgita
y sabemos
de lo que se trata. Sabemos cuantos
capítulos
son y lo que nos dice el primer
capítulo,
y el segundo, etc. Por lo general,
interpretamos
mal el primer capítulo. Muchos
exponentes
y comentadores del Gita han opinado,
que
el primer capítulo es como una
introducción,
y generalmente la pasamos de
largo. Esto
es una equivocación. El primer
capítulo no
es una introducción en el sentido
que tiene
un prefacio que el autor escribiría
para
su libro. Vyasa, o Krishna, no
nos ofrece
una nota del editor en la forma
de primer
capítulo. Vemos que al fin del
primer capítulo
se le designa como un Yoga: "Arjuna
Vishada Yoga". Es un Yoga,
una maravilla.
Es un Yoga como lo son también
los demás
capítulos del Gita. Es un inseparable
miembro
vital del cuerpo entero de la
doctrina. Es
un Yoga y, por lo tanto, no puede
pasarse
de largo.
El contexto en el que Arjuna,
el héroe de
esta épica, símbolo de la humanidad
en general,
se encuentra en la total situación
humana.
Es nuestra situación, y la de
todos. El Mahabharata
no es un libro que nos muestre
una mera historia
de algún evento ocurrido hace
muchos años
atrás. Es una exposición de la
naturaleza
de la cultura de la nación, podríamos
decir,
la humanidad en su totalidad.
Es una enseñanza
que intenta mostrar a la humanidad,
el camino
en su totalidad, llevándolo a
su destino
gradualmente, y el Bhagavadgita
es el núcleo
de esta intención de la épica
del Mahabharata.
El propósito del Bhagavadgita
es único, a
pesar de estar cubierto con un
color épico.
Su forma externa es lingüística,
artística,
mitológica y es la forma de una
narración,
pero, esto es así debido a su
ocurrencia
en la atmósfera de una épica,
un poema heroico,
y un tremendo heroísmo de un
tipo peculiar
que impregna el entero Mahabharata
y Bhagavadgita.
No es el evangelio de un vaquero.
No es el
evangelio de un ermitaño o renunciante
que
abandona todo. Hay un espíritu
en estado
de ebullición, que fluye en acción
de gran
consecuencia y momento. Nos encontraremos
movidos hacia una tremenda urgencia
de ir
hacia adelante, como leemos en
los capítulos
del Mahabharata. El Bhagavadgita
es principalmente
un mensaje espiritual, espiritual,
en el
verdadero sentido del término.
Debemos aclarar
nuestra mente de las usuales
nociones de
espiritualidad y religión. Cuando
recurrimos
a libros sobre Yoga como el Bhagavadgita,
tenemos, primeramente que decondicionar
nuestra
mente y prepararnos para la recepción
de
estas enseñanzas impersonales.
Somos personas,
y la enseñanza es impersonal,
manifestada
en varias etapas. Finalmente
llegará a ser
totalmente impersonal, en cuyo
caso las personalidades
se desvanecerán juntas, como
si jamás hubieran
sido. Pero somos duros de entender,
nuestra
personalidad es tan realista
para nosotros
como una piedra, y no va a ser
fácil para
nosotros pues nos aferramos a
la condición
de nuestras personalidades, apreciar
y recibir
en nuestra mente, la gran intensión
cósmica
que se encuentra detrás de las
enseñanzas
del Bhagavadgita. El maestro
del Gita conoce
muy bien esta psicología. Tal
vez él es el
más grande psicólogo que podamos
imaginar.
Es así como comienza la enseñanza
desde el
nivel de un ser humano común.
Los sentimientos
del hombre, deben ser tenidos
en consideración,
cuando es confrontado de alguna
manera. Y
son los sentimientos o grupos
de sentimientos
del individuo que se ponen en
acción. Cuando
enfrentamos el mundo o estamos
ocupados en
llevar a cabo los deberes del
mundo, nuestros
sentimientos nos guían a lo largo
de una
dirección en particular. Cuando
éramos niños,
jóvenes, pletóricos de entusiasmo
juvenil,
teníamos grandes esperanzas e
imaginábamos
que poseíamos grandes poderes.
Hacemos un
programa de nuestra vida. 'Tal
debe ser mi
logro en la vida.' Mas este entusiasmo
se
nubla con una falta de entendimiento
sobre
la naturaleza de la atmósfera
en la que vivimos,
despertándonos gradualmente a
medida que
maduramos. El entusiasmo juvenil
decrece
lentamente y la madurez del cabello
gris
comienza a hablar en un lenguaje
diferente
y nos dice que el mundo es algo
completamente
diferente de lo que imaginábamos
cuando no
teníamos suficiente educación
del arte de
vivir. Arjuna fue ese tipo de
persona, y
él es un símbolo para cualquier
persona,
en todo tiempo y lugar, una persona
simple
que encarna en su personalidad
lo fuerte
y débil de todos nosotros. La
fortaleza y
debilidad del hombre puede verse
en Arjuna.
Todos nosotros tenemos fortaleza
y también
debilidad. Todos estos puntos
deben ser tomados
en consideración. No debemos
enfatizar innecesariamente
nuestras debilidades, ignorando
nuestra fortaleza,
tampoco debemos irnos al otro
extremo imaginando
que somos lo máximo y que nos
encontramos
libres de todo defecto. Vivimos
en un mundo
de conflictos y fuerzas, Rajas,
que nos empuja
hacia fuera en dirección al espacio,
al tiempo
y los objetos a través de las
avenidas de
los sentidos, y Sattva, que nos
mantiene
intactos, integrados a nuestro
propio ser
y nuestra propia condición. La
estabilidad
de nuestra personalidad es mantenida
por
Sattva que está presente en nosotros
y la
distracción en nuestra vida causada
por Rajas,
que también prepondera simultáneamente,
en
alguna medida. Hay un sentimiento
de no querer
trabajar más, de encontrarnos
hartos de las
cosas, de estar agotados, cansados,
que a
menudo pensamos es el resultado
de Tamas,
el principio de inercia. Todo
esto se encuentra
en nosotros todo el tiempo. Somos
Sattvicos,
Rajasicos y Tamásicos, en todo
momento. Tan
solo una de estas propiedades
viene a la
superficie, superponiéndose a
las otras dos,
o por lo menos, una de ellas
baja a veces
y nos sentimos de un humor particular.
El
humor puede cambiar, incluso
nuestras ideas
cambian, nuestro punto de vista
puede transformarse
completamente por razones que
no comprendemos,
debido a que surgen al nivel
de nuestra conciencia
estas tres propiedades, Rajas,
Tamas y Sattva.
Estas cualidades que son psicológicas
e individuales,
así como físicas y cósmicas,
trabajan de
varias maneras y no constituye
tan solo el
cuerpo de los objetos de los
sentidos sino
también nuestro propio cuerpo
como sujetos,
pero en forma sutil, el cual
forma nuestro
órgano psicológico, y como diría
el Gita,
no hay nada que no sea un componente
de estas
tres Gunas, Sattva, Rajas y Tamas.
Ni en
el cielo ni en la tierra podemos
encontrar
nada, en ningún lado, que no
sea el resultado
de una permutación o combinación
de los tres
Gunas. Podemos ser ángeles en
el cielo, o
un mortal en este mundo, pero
todas estas
formas están constituidas por
las gunas.
El ser humano, en el contexto
humano, se
encuentra en una arena de conflictos
de estas
fuerzas, y la llamada, batalla
de la vida,
no es sino el campo de acción
y reacción
de estas fuerzas.
La batalla del Mahabharata o
cualquier otra
batalla, interna o externa, es
el color y
la forma que toman estas fuerzas
cuando se
mezclan al interés de la evolución
cósmica.
Ellas entran en conflicto las
unas con las
otras. Hay un conflicto de tesis
y antítesis,
y hay una unión de ambas para
formar algo
nuevo totalmente, dando nacimiento
a un nuevo
bebé en la forma de síntesis
que trasciende
las categorías inferiores que
se oponen.
El contexto del primer capítulo
del Bhagavadgita
es la atmósfera de sentimientos
en tensión
en el campo de un tremendo Armageddon,
cada
uno imaginando que puede vencer
al otro,
reuniendo todos sus poderes para
usarlos
en esta batalla que está pronta
a comenzar.
El individuo se enfrenta a este
mundo como
si fuera su oponente. El niño
en su entusiasmo
no-inteligente, imagina que puede
hacerlo
todo en este mundo, poseerlo,
disfrutarlo,
superarlo, utilizarlo para sus
propósitos.
Cuando maduramos nos damos cuenta
del hecho
que el mundo es demasiado para
nosotros.
Su enormidad nos asusta, como
el océano aterroriza
a aquellos que miran desde la
orilla. Nos
atemorizamos debido a la tremenda
magnitud
que se encuentra enfrente de
nosotros. ¡Cuán
vasta es la arena de este Universo!
¡Qué
difícil es pensar en los poderes
de estos
cinco elementos, la naturaleza
entera!
No eso meramente, hay muchas
otras cosas
a las que nos encontramos conectados,
nuestras
relaciones sociales. La creación
de la Naturaleza
es una cosa diferente, llegaremos
a saberlo
en el transcurso del Gita. Pero,
tenemos
problemas inmediatos que se encuentran
relacionados
a nuestras relaciones humanas,
más inminentes
y que demandan mayor atención
que los poderes
de la Naturaleza. Podemos sentir
calor o
frío, encontrarnos bajo el empuje
del poder
de gravedad, los cinco elementos
se encuentran
delante de nosotros, tierra,
agua, fuego,
aire, y éter como fuerzas terribles,
sin
duda, pero no son de nuestra
inmediata consideración.
Cuando nos levantamos de mañana
no pensamos
en los cinco elementos, a pesar
que es verdad
que ellos se encuentran delante
de nosotros
como oponente. Mas bien pensamos
en las inmediatas
relaciones humanas y otras conectadas
a nuestra
personalidad, relacionadas emocionalmente,
y pensamos en el hoy, por ejemplo.
Hay amores
y odios con relación a nuestras
conexiones
con la humanidad en la inmediata
vecindad
de nuestra existencia. Cuando
nos encontramos
en medio de la gente a la cual
estamos acostumbrados,
no estamos en posición apropiada
para profundizar
en los secretos de estas relaciones.
Vivimos
en una atmósfera social, vivimos
en una ciudad,
en un monasterio o ashram, o
casa, en una
familia. Cuando vivimos en una
atmósfera
de este tipo que es humana y
social, no podemos
conocer nuestra mente por completo,
porque
el pez está en el agua, y este
piensa que
todo está bien. Debemos sacar
al pez del
agua y entonces ver su destino.
Nos apartamos
de las relaciones sociales por
un tiempo,
fuera del mundanal ruido, lejos
de la familia,
no hablamos con nadie por meses.
Nos conoceremos
mejor entonces. Nos gustaría
levantarnos
y correr hacia las relaciones
humanas una
vez más, porque el hombre es
básicamente
un animal social. E ignorar este
aspecto
del individuo humano no sería
apropiadamente
comprendido por la psicología
del ser humano.
Las atracciones y repulsiones,
los gustos
y disgustos en relación con las
personalidades,
se encuentran inherentes en nosotros.
Nacemos
en esta circunstancia. Tenemos
algo que decir
sobre la gente que nos rodea,
a favor o en
contra, tenemos opiniones sobre
ellos, juzgamos
siempre. Un juicio en la forma
de una conclusión
lógica que extraemos en conexión
con nuestra
comprensión en relación con la
humanidad
que nos rodea, deviene la fuerza
que nos
empuja hacia una conducta o comportamiento
con relación a la gente. Nuestra
actitud
hacia la gente es el resultado
de nuestra
comprensión sobre las personas.
Tenemos tal
y tal opinión y por lo tanto
debemos tratar
con esa situación en tal y tal
manera. Este
tan llamado trato con respecto
a la gente
de afuera es nuestra conducta
expresada externamente,
una expresión de nuestra actitud
interna
o sentimiento psicológico.
Estamos atados con sogas de gustos
y disgustos
que nos empujan en dos direcciones
diferentes
y raramente pensamos sobre las
características
que se encuentran detrás de los
gustos y
disgustos, es decir, que un gusto
implica
un disgusto y un disgusta implica
un gusto.
No son en realidad dos diferentes
actividades
de la mente. Es una actitud que
adquiere
el color o característica de
una actitud
doble. Lo que la mente piensa
con respecto
a una cosa en particular o grupo
de cosas,
implica la exclusión de factores
que no contribuyen
a esa atmósfera en la cual esta
cosa o grupo
de cosas existen. El incluir
con respecto
a una particular situación implica
excluir
con respecto a otras situaciones.
Así como
el anverso y reverso de una moneda,
los gustos
y disgustos van juntos, uno implica
el otro,
uno es imposible sin el otro.
Este es una
guerra interna que se está llevando
a cabo
dentro de nosotros, un conflicto
perpetuo
entre las circunstancias dentro
de nosotros
empujándonos en dirección a los
gustos y
disgustos.
Arjuna fue ese tipo de individuo.
Él tenía
gustos y disgustos. La entera
historia del
Mahabharata es la descripción
de un conflicto
entre variedades de gustos y
disgustos. El
buscador espiritual aprende en
la atmósfera
épica del Mahabharata y del Bhagavadgita,
las lecciones de vida y la moral
que sigue
de estas lecciones. Cuando nuestra
capacidad
para razonar es turbia, el conocimiento
es
inadecuado, nuestros ajustes
con el mundo
exterior, incluyendo la sociedad
humana,
no son suficientemente fuertes.
Ellos colapsan
al menor toque de situaciones
en conflicto,
porque las relaciones humanas
son tan solo
una forma exterior de una interna
propulsión
de tres fuerzas, Sattva, Rajas
y Tamas, que
se encuentran cósmicamente presentes
por
doquier. Existe un propósito
cósmico detrás
de nuestros gustos y disgustos
individuales.
Y nuestra atadura con los gustos
y disgustos
es el resultado de nuestra falta
de comprender
que estamos ampliamente involucrados
en un
todo cósmico que se encuentra
a la base de
todas las situaciones humanas.
Siempre sentimos,
'Tengo un gusto' y 'Tengo un
disgusto', pero
no sabemos el porqué de ese gusto,
o ese
disgusto. ¿Por qué debemos gustar
de esto
o disgustar de otra cosa? No
podemos dar
una respuesta satisfactoria excepto
aquella
que es puramente sentimental
y emocional.
Pero el mundo no vive de sentimientos
y emociones.
Es un sistema perfectamente lógico,
y todas
las partes del mecanismo del
universo se
encuentran ordenadas científicamente,
y nuestro
comportamiento exterior así como
también
nuestros pensamientos y sentimientos
interiores,
nuestras relaciones, están condicionadas
por esta estructura final de
las cosas en
general de las que somos partes
integrales,
y la equivocación del ser humano
en Arjuna
fue la incapacidad de ir a lo
más profundo
del humano individual. Es difícil
para nosotros
imaginar que estamos relacionados
de una
manera más significativa con
las cosas de
lo que parece en la superficie.
Un hijo está
relacionado al padre, un padre
está relacionado
al hijo, existe una relación
entre amigos.
Esta es tan solo la forma exterior
de algunas
relaciones que aparecen delante
de nuestros
ojos. Pero estas relaciones se
encuentran
metafísicamente condicionadas,
cósmicamente
organizadas por un gobierno impersonal
que
no tiene ni amigos ni enemigos,
y que no
otorga favores a nadie. Es como
un gran sistema
de computación, no tiene ni amigos
ni enemigos.
Depende como es manipulado el
mecanismo,
como es alimentado su sistema,
cuál es nuestro
acercamiento y como nos conducimos
con relación
a él. Si a nuestra conducta le
falta armonía,
le seguirá un resultado indeseable,
algo
inesperado. Y la razón detrás
de esta ocurrencia
inesperada no puede ser atribuida
a tipo
alguno de error en su mecanismo,
mas en el
error que cometimos al no entender
apropiadamente
su funcionamiento. Arjuna, y
cualquier otra
persona, no puede comprender
fácilmente las
circunstancias. Todos los días
encontramos
cientos de ocasiones para sentirnos
llenos
de gozo y cientos de ocasiones
para hundirnos
en sufrimiento. El Mahabharata
concluye con
estas palabras: "Los tontos
se encuentran
en muchas situaciones cada día,
en las que
podrían estar felices, o infelices,
también."
Es el hombre estúpido, no el
sabio que ve
ocasiones para el gozo u ocasiones
para el
sufrimiento en el mundo. El propósito
del
mundo no es darnos alegría, ni
tampoco hacernos
sufrir. Es impersonal y no tiene
emociones.
Pero los seres humanos son emocionales.
No
se encuentran bañados en sabiduría
todo el
tiempo. Nos sentimos impulsados
secretamente
en direcciones aparentemente
irracionales
porque no tiene una explicación
científica,
aunque últimamente hay explicación
para todo
en este mundo.
El buscador espiritual es descripto
en el
primer capítulo del Bhagavadgita,
siendo
Arjuna este buscador. El campo
de batalla
es el campo de la vida. Las cosas
que queremos
hacer en este mundo son conflictos
para nosotros
y nuestra sabiduría será juzgada
por la manera
como tratemos estas situaciones.
Una situación
significa algo y todo a lo que
estamos conectados,
algo que se supone que debemos
hacer en el
mundo. Somos llamados a llevar
a cabo deberes,
y estos deberes no pueden llamarse
ni superiores
ni inferiores. No hay cosas superiores
ni
inferiores en este mundo, así
como no se
puede decir que alguna parte
de una enorme
máquina es inferior o superior.
Todo tiene
su rol. Cualquier tipo de comparación
o contraste
sería odioso en tal orden de
cosas pues no
tiene significado humano, ya
que está cósmicamente
orientado. El buscador espiritual,
el Sadhaka,
tiene al comienzo, un entusiasmo
espiritualmente
orientado. Todos nosotros, sentimos
amor
por la vida espiritual. Y en
el momento que
surge la idea de la vida espiritual
en la
mente, nos encontramos en una
situación indescriptible
de aferrarnos a algo y abandonar
lo demás.
Esta es la característica obvia
de la religión
y de la espiritualidad popular
de la humanidad
que llamamos ascetismo, renunciación,
etc.
La idea de espiritualidad es
generalmente
inseparable de la idea de renunciación,
de
abandonar algo para aferrarnos
a otra cosa
que imaginamos en ese momento
es nuestro
ideal. Pero el Bhagavadgita no
es un evangelio
de renunciación de este tipo.
Sin duda, está
alimentado del comienzo al fin,
con una oleada
de renunciación que nos transformará
en la
elevada personalidad ideal. Si
existe una
escritura que enfatiza el espíritu
de renunciación,
esta escritura es el Bhagavadgita.
Pero si
hay algo que nos dice que la
vida espiritual
no significa apartarnos de lo
real sino armonizarnos
con la atmósfera en la que vivimos,
no puede
existir una enseñanza más grande
y significativa
que el Bhagavadgita. Cuando prepondera
en
nosotros un humor particular,
podemos sentir
aspiración por Dios, como lo
concebimos,
como lo sentimos e imaginamos
y una sensación
que el mundo nos tiene hartos,
este sentimiento
puede durar poco pues casi siempre
es un
humor ocasionado por una circunstancia
en
particular que aparece y desaparece.
Y cuando
la rueda se mueve, nuestro entendimiento,
nuestros sentimientos y actitudes
cambian
simultáneamente, y vemos las
cosas completamente
diferentes. Las cosas no nos
gustan siempre,
tampoco nos disgustan siempre,.
A medida
que pasan los años nuestras ideas
de las
cosas cambian. Y lo que amamos
un día, puede
no ser la misma que amamos hoy.
Ese es el
caso con cosas que nos disgustaron
un día.
Estos humores son relativos a
las condiciones
por las que nuestra psique pasa
en su proceso
de evolución. Son relativos y
no situaciones
absolutas. No podemos tener ni
un amor absoluto
ni un disgusto absoluto por nada.
Son como
etapas de la cicatrización de
una enfermedad
o herida, la recuperación de
la salud por
grados, cuando comenzamos a sentir
diferentes
cosas en diferentes días. Esto
es lo que
le pasó al gran Arjuna, y nos
pasa también
a nosotros. Los sentimientos
en nosotros
son fuertes suficientes para
nublar nuestra
razón y producir argumentos que
parecen filosóficos
o supuestamente espirituales.
Cualquiera
que fuere la profundidad filosófica
de nuestros
argumentos, no se debería imaginar
que nuestros
sentimientos son más débiles.
Los argumentos
de Arjuna en el primer capítulo
fueron de
repudio a todos los sentimientos
que había
tenido anteriormente, exactamente
lo opuesto
de lo que había dicho pocos días
antes. Debido
a la naturaleza de lo que se
nos enfrenta,
podemos ser rechazados después
de un tiempo
incluso por la meta de espiritualidad,
el
mismo ideal al que habíamos sido
atraídos
anteriormente, porque nuestro
entendimiento
de la naturaleza de ese ideal
no era suficiente.
No podemos mantener la sobriedad
de espíritu
en nuestra vida, debido al poder
de Rajas
y Tamas, cuya naturaleza no comprendemos
apropiadamente. Las cosas de
las cuales nos
retiramos con espíritu de renunciación
pueden
demandar atención más tarde,
en alguna ocasión,
cuando pensamos que las circunstancias
son
apropiadas para ello, porque,
la renunciación
religiosa es una actitud mal
guiada en la
mayoría de los casos incluyendo
las tan llamadas
aspiraciones genuinas, y esto
es debido a
que nos dejamos guiar por los
órganos de
los sentidos, y nuestra idea
de Dios, nuestra
idea de espiritualidad, la noción
de renunciación,
están condicionadas a lo que
los sentidos
puedan decirnos. Lo que nos da
sufrimiento
y dolor y todo aquello que parece
no estar
en consonancia con nuestra idea
de lo que
llamamos espíritu ideal, puede
ser considerado
como digno de renunciamiento.
Las personas
y las cosas son abandonadas y
el mundo es
considerado como un campo de
atadura. Lo
consideramos como una fábrica
en donde trabaja
Satanás, de donde debemos huir
lo más pronto
posible. Nuestra idea de Dios
es sensorial.
Si consideráramos profundamente
este tema,
nos daríamos cuenta que nos es
imposible
disociarnos del ideal de Dios
de la percepción
de los sentidos, reducido a su
esencia. Podemos
no considerar el ideal de Dios
o el ideal
espiritual de un modo físico
o material,
pero la atmósfera sensorial no
significa
necesariamente una atmósfera
material. Es
una organización peculiar de
conciencia que
llamamos campo de actividad sensorial.
Cuando
Yo hablo del mundo de los sentidos
no me
refiero al mundo físico necesariamente
o
a los objetos materiales con
los que los
sentidos entran en contacto.
Es más bien
un arreglo de la conciencia que
bifurca lo
subjetivo de lo objetivo, separa
el objeto
de percepción del sujeto que
percibe o conoce,
y rechaza ver todo tipo de relación
vital
entre sí mismo y su objeto. El
campo de actividad
de los sentidos es tal, que el
objeto de
percepción sensorial no parece
tener ningún
tipo de conexión orgánica o significado
real
con respecto al sujeto, por ello,
podemos
amar a algo con todo nuestro
corazón y odiar
también algo de la misma manera,
sin impacto
alguno sobre nuestro ser. Es
así como trabajan
los sentidos. Mas cada amor y
odio tiene
algún tipo de impacto sobre el
sujeto, porque
no es verdad que el mundo esté
formado de
sujetos y objetos aislados. La
guerra del
Mahabharata, en la que Arjuna
se encuentra
involucrado, no era una guerra
contra algunas
personas, tan solo. Él se encontraba
en una
vasta atmósfera de la cual no
podía escaparse
psicológicamente, y este es el
punto al que
hizo referencia Sri Krishna,
como se explica
en el segundo y tercer capítulo.
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