Albert Einstein (1879-1955)

Einstein nació en Ulm (Alemania) el 14 de marzo de 1879, y pasó su juventud en Munich. No habló hasta la edad de tres años, pero aún de joven mostró una brillante curiosidad en torno a la naturaleza y una habilidad para entender difíciles conceptos matemáticos. A los doce años aprendió geometría por sí mismo. Si algo caracterizó especialmente a la persona y pensamiento de Einstein fue su capacidad de asombro o de "extrañeza", despertada desde que, a los cuatro o cinco años, su padre le mostró por primera vez una brújula. Einstein recuerda en sus notas autobiográficas como aquella experiencia produjo en él "una impresión profunda y duradera; detrás de las cosas tenía que haber algo que estuviese profundamente oculto". "Lo que el hombre ve desde pequeño ante sus ojos- continúa - no provoca en él una reacción de ese tipo; no se extraña de la caída de los cuerpos, ni del viento y la lluvia, ni de la luna, ni de que ésta no se caiga, ni de la diversidad de lo viviente y lo no viviente."

Hijo de un pequeño industrial, siguió estudios regulares en su ciudad natal hasta los 15 años. El colegio no lo motivaba; era excelente en matemáticas y física pero no se interesaba por las otras materias. Reaccionó con rebeldía a toda disciplina impuesta, manifestando su oposición al sistema educativo disciplinado.

A la edad de 15 años, fue cuando su familia se trasladó a Milán, Italia, a causa de los sucesivos fracasos de los negocios familiares. Einstein abandonó la escuela. Pasó un año con sus padres en Milán. En Italia pudo admirar las obras de Miguel Ángel, las cuales le impactaron profundamente. Recorrió Italia pensando y estudiando por su cuenta. Durante este período empezó a contemplar los efectos del movimiento a la velocidad de la luz, un rompecabezas cuya resolución cambiaría para siempre la física y la cosmología.

Viajó a Suiza, donde terminó los estudios secundarios e ingresó en el Instituto Politécnico Nacional de Zurich. Allí logró estudiar física y matemáticas con Heinrich Weber y Hermann Minkowski. Fue condiscípulo de Marcel Grossmann, que llegó a ser su gran amigo. Durante dos años Einstein trabajó dando clases particulares y de profesor suplente. En 1902 consiguió un trabajo estable como examinador en la Oficina Suiza de Patentes en Berna.

Trabajando en la oficina de patentes de Berna, Einstein pudo escamotear tiempo en su trabajo, gracias al dominio que había logrado en las funciones que desempeñaba, y dedicarlo para sus propios estudios sobre temas tales como las propiedades físicas de la luz. Por las noches trabajaba en ciencias o invitaba a algunos amigos a su apartamento para hablar de física, filosofía y literatura. Aunque Einstein era esencialmente un solitario, la oportunidad de desarrollar ideas y probarlas sobre los agudos intelectos de sus amigos era valiosísima.

En 1905 se doctoró en la Universidad de Zurich, con una tesis sobre las dimensiones de las moléculas; también publicó artículos teóricos de gran valor para el desarrollo de la física del siglo XX. Uno de los cuales trataba sobre el movimiento browniano. Otro artículo, sobre el efecto fotoeléctrico, anticipaba una teoría revolucionaria sobre la naturaleza de la luz. Según Einstein, bajo ciertas circunstancias la luz se comportaba como una partícula. También afirmó que la energía que llevaba toda partícula de luz, denominada fotón, era proporcional a la frecuencia de la radiación. Lo representaba con la fórmula E = hf, donde E es la energía de la radiación, h una constante universal llamada constante de Planck y f es la frecuencia de la radiación. Las tesis de Einstein apenas fueron aceptadas. De hecho, cuando el físico estadounidense Robert Andrews Millikan confirmó experimentalmente sus tesis casi una década después, éste se mostró sorprendido e inquieto por los resultados. Einstein, interesado por comprender la naturaleza de la radiación electromagnética, propugnó el desarrollo de una teoría que fusionara las ondas y partículas de la luz. De nuevo fueron muy pocos los científicos que comprendieron y aceptaron estas ideas.

Sin duda el trabajo más importante fue el titulado «Acerca de la electrodinámica de los cuerpos en movimiento», donde expone la relatividad especial. En él plantea dos postulados que tienen inmensas consecuencias:

­ Todos los observadores que se mueven entre sí con velocidad constante son equivalentes en lo que a las leyes de la física se refiere. Este es el principio de relatividad que excluye la noción de espacios y tiempos absolutos.

­ La velocidad de la luz en el vacío es la misma para todos los observadores, 299.792 kilómetros por segundo, y es independiente del movimiento relativo entre la fuente de luz y el observador. Este postulado explica el resultado negativo del experimento de Michelson y Morley. En esos primeros años Einstein plantea su famosa relación E = m x c2, el producto de la masa por el cuadrado de la velocidad de la luz dan la energía asociada a una masa m. Masa y energía son dos formas equivalentes. Esto produjo una revolución en nuestra comprensión de la física del Sol y las estrellas y constituye la base de la energía nuclear.

Con solo estos dos postulados, elaboró la teoría de la relatividad especial, trabajo que revolucionaría el mundo del pensamiento. Para Einstein, una buena teoría, sería aquella que necesitara los mínimos postulados para explicar un hecho físico. Esta escasez de postulados, característica de la obra de Einstein, provocó que su trabajo no fuera accesible para sus colegas, que le dejaron solo. Aun así, tenía importantes seguidores. Su primer defensor fue el físico alemán Max Planck. Einstein permaneció cuatro años en la oficina de patentes, y luego empezó a destacar dentro de la comunidad científica.

Einstein trabajó afanosamente en una generalización de su teoría de la relatividad. En 1911, formula el principio de equivalencia entre un movimiento acelerado y un campo gravitacional. Con la relatividad general, da una interpretación de las irregularidades en la órbita de Mercurio, que no encontraban explicación en el ámbito de la mecánica newtoniana. El éxito de esta primera aplicación de la teoría a la observación complació enormemente a Einstein: " Estuve fuera de mí por el éxtasis durante días", escribió a un amigo. La hazaña impresionó también a sus colegas científicos.

Además, en los fundamentos de la teoría general de la relatividad, Einstein predijo la curvatura de la luz estelar en las cercanías de un cuerpo masivo, tal como el sol. La confirmación de este fenómeno durante un eclipse solar en 1919 se transformó en un evento muy conocido, y la fama de Einstein recorrió el mundo. Pero junto con la gloria también se hizo presente el dolor. En poco tiempo había perdido a su hijo Eduardo y fallecían dos de sus hijas: Ilsa y la que había tenido con su primera esposa. Albert Einstein fue galardonado con el Premio Nobel de Física en el año 1921, por sus investigaciones sobre el efecto fotoeléctrico y sus grandes aportaciones en el terreno de la física teórica. Einstein vivió un primer cuarto de siglo duro y difícil en Alemania, con dos grandes Guerras Mundiales y una dura guerra civil. El hecho de ser judío lo convirtió en plano de ataques antisemitas de la ultraderecha alemana. La hostilidad y el rechazo a Alemania se harán patentes en él desde 1933. Se enfrentó a un mundo difícil, en el que intento poner en práctica su pensamiento. Desde el punto de vista político se declara demócrata pacifista, defendiendo la necesidad de "respetar a todo hombre como individuo y no dejar a ningún hombre ser idolatrado". El máximo valor para él era la paz. Pese a ello, en la Segunda Guerra mundial ante Alemania, admitió la lucha como única forma de responder a los ataques y amenazas, pensamiento que hizo público sin temor a rectificar su anterior postura. Tras la Segunda Guerra Mundial promovió el desarme nuclear. "La guerra ha sido ganada - afirmaba - pero no la paz.

La enseñanza fue la principal dedicación durante muchos años de su vida, tanto antes de sus descubrimientos como modo de ganarse la vida, como después de su fama. Para entonces le llovían ofertas desde universidades de todo el mundo. Einstein era descrito por sus alumnos como descuidado en el vestir, pero con un especial estilo pedagógico que los dejaba encantados. Al hablar "daba la impresión de descubrir lo que iba exponiendo, asociándoles a su descubrimiento"; las clases se prolongaban a veces con discusiones en el café de al lado. No sólo enseñó ciencia, también coherencia.

Un rasgo dominante en él fue su aptitud y voluntad para mantenerse apartado de instituciones, ideas recibidas, modas, los demás,..., según describe Abraham Pais. Esta independencia es característica de todos los grandes científicos.

La existencia de Einstein no sólo fue intensa en el aspecto intelectual, sino también en el plano de los sentimientos. Sería Mileva su gran amor y su esposa desde1903 hasta su ruptura en 1919. Se ha especulado mucho acerca de la importancia de su figura en el desarrollo de la carrera científica de Einstein. Lo que podemos afirmar sin temor a equivocarnos es que fue la compañera con quien pudo compartir sus avances e inquietudes intelectuales y científicas, y también su vida, a lo largo de muchos años; esto fue, cuanto menos, gratificante para su persona.

La figura de Einstein y su actitud personal ante la vida ofrecen tanto que aprender como su trabajo científico. Inteligente e irónico, también cuando le atacan, supo enfrentarse a la vida con una claridad de ideas y un sentido del humor admirables. Honesto y sincero, nunca tuvo pudor al decir lo que pensaba. Afirmaba no poseer "ni una capacidad ni un saber particulares, sino solamente la pasión de la investigación".

Su vida personal familiar, no exenta de preocupaciones, nos muestra a un Einstein sensible, preocupado por los demás (su madre, su hermana María, sus tres hijos,...) que sufrió con los distanciamientos de sus seres queridos, y que a veces no supo enfrentarse a los problemas. Su tiempo libre también nos habla gratamente de él. Violinista y amante de la música; aficionado a la navegación y, en su juventud, al montañismo, disfrutó plenamente de sus aficiones hasta el final de su vida.

En su biografía de Einstein, Peter Michelmore refiere que «el dormitorio de Einstein parecía la celda de un monje. No había en él cuadros ni alfombras... Se afeitaba sin muchos miramientos, con jabón de fregar. En casa solía ir descalzo. Tan sólo cada dos o tres meses dejaba que Elsa (su esposa) le descargara un poco la pelambrera... Pocas veces encontraba necesaria la ropa interior. También dejó de lado los pijamas, y más tarde los calcetines. "¿Para qué sirven?", solía preguntar. "No producen más que agujeros." Elsa llegó a perder la paciencia un día en que lo pilló cortando de codo abajo las mangas de una camisa nueva. Su explicación fue que los puños requieren botones o gemelos y es necesario lavarlos con frecuencia, total, una pérdida de tiempo». «Toda posesión», decía Einstein, «es una piedra atada al tobillo.»

Las últimas décadas de su vida, las pasó dedicado a resolver una cuestión que hoy en día aún no ha sido resuelta. La llamada unificación de campos. Se cree que las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza, la gravedad, la electromagnética, la nuclear fuerte y la nuclear débil, deben ser manifestaciones distintas de una única fuerza. Las tres últimas ya se unificaron, pero el problema reside en la gravedad, que no hay manera de unificarla con las otras tres. Einstein estuvo ocupado en este problema hasta el día de su muerte, el 18 de abril de 1955.


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