En uso
de un vocabulario que marca los tiempos que corren, podemos afirmar que
somos “productos de nuestro tiempo”; que un vasto espacio se cerró sobre
nosotros convirtiéndonos en prisioneros globales de un mundo sin freno.
Y
racionalizando los momentos que nos tocan y sintiendo en la piel la crisis
que agota, lentamente nuestras oportunidades, la lectura es eficaz medio de
escape.
Después
de muchos textos conocidos y teorías y propuestas diferentes, me queda una
sensación que necesito sea compartida. Muchos teóricos (filósofos,
historiadores y de la rama que se les ocurra) nos hablan del pasado y
plantean motivos nuevos para sucesos viejos; nos cuentan las verdaderas
intenciones de otros hombres que vivieron otras épocas, otros momentos.
De la
reproducción de la relaciones de producción a la microfísica del poder, la
disección de la teoría y de las ambigüedades detrás de escritos que avalen
las diferentes posiciones dentro de una sociedad histórica dada; nos cuentan
lo que dicen y lo que quisieron decir y en que se basaban las teoría que
formularon. Nos cuentan de las ‘entrelíneas’ que no supimos ver y de las
oscuras intenciones que luego fundamentaron.
Y me
pregunto, con un cierto temor de parecer más ignorante de lo que soy, y con
la seguridad de no tener nada que perder en esto, ¿si los teóricos que esta
gente critica, hicieron lo que hicieron por razones que no son las que nos
dieron? Si nos contaron una historia del castigo que no era tan sencilla, si
nos relatan relaciones entre clases cuyas bases se escondieron, ¿quién puede
decir que estos teóricos, que develan las supuestas ‘relaciones’
desconocidas, que nos cuentan las ‘entrelíneas’ no lo hacen con ocultas
intenciones que ni siquiera ellos reconocen?
Porque
como ‘productos de una época’ particular absorbemos teorías desde que
nacemos y muchas veces luchamos por ideales ajenos; y decimos que creemos en
aquello que tantas veces nos ‘vendieron’; y esto me lleva a pensar que puedo
ocurrir lo mismo en otro tiempo.
Cuando
decimos creer en algo, estamos seguros y confiados de que elegimos esa idea,
entre otras, por que nos satisface. Seguros de que fuimos libres en nuestra
elección. Y cuando teorizamos, no estamos apoyando ideas subyacentes de
subconscientes ajenos, apoyamos las ideas en las que, supuestamente,
creemos.
Entonces, por que pensar que fue diferente para otros. ¿Por qué bañar los
textos de otras historias con la luz de una intencionalidad prejuiciosa que
asigna motivos oscuros y distintos de los expuestos en los textos mismos?
Cómo
justificamos que no son nuestros propios motivos, nuestra mente de siglo
diferente, nuestra mente de clase con sus propias ideas subyacentes, las que
ven esas intenciones no manifiestas en lo que dijo esa otra gente.
¿Por
qué no pensar que, al igual que nosotros, ellos respondieron al contexto, al
ambiente, a las ideas que surgían cuando ellos escribían sus teorías?
No soy,
ni busco ser defensora de pobres y de ausentes. No soy teórica de nada y
sólo tengo ganas de compartir un poco de lo que me surge leyendo apuntes y
textos de la facultad.