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Ciudad de Arucas

La situación de la Ciudad en la ladera Sur y Sureste tiene curiosamente su origen en el poblamiento prehispánico. Los conquistadores, al igual que los antiguos canarios, escogían ¡os lugares de residencia en donde las condiciones medioambientales ¡es eran favorables. Así, por ejemplo, con esta posición tenían asegurada el agua por la proximidad del Barranco de Arucas; se protegían de los vientos alisios; sus viviendas se orientaban a la luz y el calor, promoviendo la existencia de agradables temperaturas y sobre todo disponían de zonas llanas, aptas para el cultivo (especialmente la zona de Las Vegas). De esta forma, la fisonomía del casco antiguo va a estar condicionada, desde un principio, a la necesidad de los nuevos pobladores de contar con terrenos amplios para la agricultura. Esto ocasionó  que las viviendas se instalaran en las fuentes pendientes de la montaña, generando una traza urbana laberíntica, sobre todo en los alrededores de la Plaza y calle de San Juan.
Sin embargo, a pesar de esta coinci­dencia, el paisaje y la forma de vida en es­e espacio cambia radicalmente después de la llegada, a comienzos M siglo XVI, de numerosos caballeros a los que se les entregaron tierras y aguas tras el Repartiendo de las islas, quedando como ma­yores beneficiarios, Tomás Rodríguez de Palenzuela, Lope de Sosa, Hernando de Santa Gadea y Juan de Aríñez, entre otros. Esta incipiente población fue situándose alrededor de la ermita de San Juan, enclavada en los mismos terrenos que ocupa la actual iglesia, obra aquélla de anónimos personajes que operaban en los ingenios azucareros. La actividad generada por es­tas pequeñas industrias, los cañaverales, las obras de regadío, el transporte y la artesanía procuraron suficiente demanda de empleo para ocupar a numerosos jornaleros, esclavos negros y moriscos, prin­cipalmente, criados, comerciantes y artesanos, los cuales figurarían registrados como los primeros habitantes de la naciente "urbe".

Poco a poco la población fue aumen­tando al amparo de¡ progreso económico, un claro ejemplo de ello fue que, en 1515, el Obispo Fernando Vázquez de Arce ele­va la sencilla ermita al grado de Parroquia. De esta forma, Arucas, que venía tenien­do la consideración de "Lugar", obtiene la concesión del título de "Vil/a". El aumento de la feligresía impulsa, además, la fun­dación de dos nuevas ermitas: la de San Pedro Apóstol (1525) y la de San Sebastián (1547), La primera, ubicada en La Goleta en el punto denominado Lomo de San Pedro, fue construida por Juan Mansel, comercian­te francés casado con María de Santa Gadea. La segunda, localizada inicialmente cerca de los terrenos del llamado 7eatro nuevo", se reconstruyó en 1669 ocupando el espa­cio donde hoy se encuentra la Fuente de Doramas, frente a las Casas Consistoriales la ermita se derribó para construir este edificio en 1868

Así, se llegaron a constituir dos núcleos llamados "Villa de Abajo", centro administrativo‑religioso con la Parroquia de San Juan, Ermita de San Sebastián, Inquisición, Heredad de Aguas de Arucas

 

   
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