Lima a ciegas
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Betty, Angie, y Lucio
Discrimación vs. integración
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Beatriz Quispe

El fondo de esta página es del color favorito de Beatriz. Una vez me contó que cuando soñaba que estaba feliz, siempre se veía vestida de un rojo intenso. Así que me la imagino entrando a la página y emocionándose por el hermoso color rojo. Beatriz puede percibir un poco de color cuando oberva las cosas muy de cerca y por eso le encantan los colores muy vivos.

Ella perdió la vista debido a la meningitis cuando era muy pequeña pero eso no le ha significado ningún impedimento. Actualmente, divide su tiempo entre la cabina, su trabajo como telefonista en la Universidad Ricardo Palma y su novio, Marcos Segura. Ellos se conocieron cuando tenían 15 años y él le empezó a enseñar a jugar ajedrez.

Marcos es un experto ajedrecista y Betty es su contendora favorita. Juntos, han viajado a Venezuela, Rusia, Rumania y Cuba para competir en torneos internacionales de ajedrez.

Marcos y Beatriz en una reñida partida de ajedrez

Marcos cuenta que a él de niño le gustaba jugar fulbito pero que nunca lo elegían para ningún equipo. Poco a poco, Marcos fue perdiendo su campo visual y eligió como su deporte el ajedrez. Ahora, juega en la computadora cuando sus jefes en la Agencia Peruana de Cooperación Internacional (APCI) no lo están viendo.

A Beatriz le encanta el braille y está suscrita a unas revistas que traen pupiletras y crucigramas en braille. Marcos prefiere que la voz de la computadora le "lea" sus libros de ajedrez.

Marcos confiesa que en sus horas libres a limpiar el cuarto donde vive solo y a dormir. "Es que seguir el ritmo de Beatriz es agotador", nos dice con una sonrisa. Y Batriz asiente. Es que los dos salen de sus casas en Comas (Marcos se ha tenido que mudar cerca de la casa de Beatriz para simplificarse la vida) a las 7 de la mañana, Beatriz va a la cabina y Marcos a su trabajado de operador de la central telefónica de la APCI. A las 2, Beatriz sale de la cabina y se va volando a almorzar y dirigirse a su segundo trabajo, como operadora de la central telefónica de la Universidad Ricardo Palma. Marcos sale de su oficina y se va a la universidad a esperar a que Betty salga, más o menos a las 10 de la noche. Luego, los dos se suben a una amenazadora combi y duermen durante las casi dos horas que tienen que pasar entre los fierros del vehículo.

Aunque se llevan muy bien y ya tienen más de cinco años de enamorados, no tienen planes de casarse. "Estamos mejor así, sin complicaciones", dice Beatriz. Marcos no pierde la sonrisa interminable que muestran sus labios.

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