| Japón
vs. Lima
Beatriz
postuló en el 2000 a una beca de "Liderazgo para discapacitados"
que ofrece la Agencia de Cooperación Internacional del Gobierno
del Japón (JICA). Un año después, Anige hizo
lo mismo y cada una disfrutó de dos meses de contacto con
la cultura japonesa.
Cuando
les pregunto las diferencias que encuentran en el trato a discapacitados
entre Japón y Perú, las dos se ríen. "No
te imaginas lo bien que nos tratan, hacen todo lo posible para que
te sientas bien", nos comenta Beatriz.
La
diferencia principal es el respeto. En Japón, los discapacitados
son el símbolo de los horrores producidos por las bombas
atómicas. Por ello, son una parte importante de la sociedad
e incluso reciben una pensión del Estado para que no tengan
que trabajar.
La
ciudad de Japón está completamente adaptada para las
personas ciegas. En cada esquina hay un semáforo que emite
una voz que avisa 5 segundos antes de que cambie la luz. Además,
cada posición del semáforo está representada
por una música casi infantil. En Lima, en cambio, las personas
con discapacidad visual tienen que depender de la ayuda de otras
personas para cruzar las pistas.
La
ley japonesa ordena que en todos los medios de transporte público
se anuncia en voz alta la llegada a una determinada parada. Además,
en las estaciones de tren, el camino entre cada puerta está
señalizada por una línea troquelada en el piso. Así,
Beatriz y Angie solo tenían que seguir la línea para
llegar a un sitio. "Lo más increíble es que las
demás personas jamás caminan sobre esa línea,
son conscientes", dice Beatriz.
Además,
la línea se convierte en un piso de madera para anunciar
la llegada de una escalera eléctrica y en la baranda de la
misma, hay mensajes en braille que van avisando el tiempo que falta
para llegar al siguiente piso.
En
cambio, en Lima ellos tienen que depender de la buena voluntad (escasa
por cierto) de los cobradores de la combi para que les avisen a
llegar a su destino. "Marco y yo tenemos una estrategia infalible.
Le decimos al cobrador que vamos a bajar cinco cuadras antes del
verdadero destino. Así ,si se olvidan podemos bajarnos todavía",
cuenta Beatriz con una sonrisa.
Es
verdad que Japón es un país industrializado, que nos
lleva años luz de ventaja en lo que a tecnología se
refiere, pero el respeto a las personas con discapacidad no depende
del desarrollo económico del país, sino de la educación
de sus habitantes. y para eso, nos falta mucho.
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