El trabajo infantil
L@s niñ@s de la calle y trabajadores en Ecuador
Teniendo en cuenta que la población estimada del Ecuador para el año
2002 es de 13 millones, el cuadro siguiente permite apreciar el porcentaje de la población infanto-juvenil en nuestro país.
Las cifras hablan de m�s de un mill�n de ni�os/as
trabajadores y en situaciones especiales de riesgo: entre las
actividades ellos/ellas realizan est�n: vendedores/as
ambulantes (43 %); lustrabotas (14 %); servicios varios en
locales (9 %); voceadores de peri�dico (6 %); servicio
dom�stico (5 %); en talleres (3 %). Hay un 20 % de chicos que
busca hacer algo ocasional, pero prefieren vagabundear.
En las ciudades de Guayaquil y Quito se concentra el mayor
n�mero de ni�os/as trabajadores y en procesos de
callejizaci�n (alrededor de 120.000).
No es fácil cuantificar la población de niñ@s de la
calle; es decir de los ni�os/as que viven situaciones de fuerte
deterioro humano, que se han desvinculado de la familia, que han
abandonado la escuela y est�n involucrados en conductas
infractoras (robo, droga, violencia, etc.).
En estos cinco �ltimo a�os la Fundaci�n Proyecto Salesiano "Chicos de la Calle" de Quito
ha atendido un promedio de 700 chicos de la calle o en proceso de
callejear por a�o. El mayor número de chicos atendidos
han sido de las provincias de Pichincha, de Esmeraldas y de la provincia del Guayas. También ha sido atendido un buen grupo de chicos de la provincia de Chimborazo, Cotopaxi, Tungurahua, Imbabura y Los Ríos.
En la actualidad son mucho más los niñ@s y adolescentes que necesitan de propuestas oportunas de acogida y de un plan sistemático de reinserción socio-familiar, de capacitación y de formación integral.
En nuestro país más de 1 millón de niñ@s están incorporados a la población económicamente activa, trabajando jornadas de más de 40 horas semanales. Las jornadas más altas de trabajo se registran en el sector urbano. Seis de cada diez chicos que trabajan, viven en áreas rurales y la mayoría se dedica a la agricultura como miembro no remunerado de la familia
En la ciudad los niñ@s y adolescentes se dedican a trabajar en actividades comerciales informales o de servicios; algun@s están incorporados en el servicio doméstico.
El trabajo por cuenta propia se incrementa aceleradamente en desmedro de los trabajadores familiares no remunerados. Es un trabajo para generar ingresos de subsistencia y para ayudar a la familia.
En Ecuador el trabajo infanto-juvenil merece una consideración especial.
* Trabajo infantil y escolaridad
Existe una estrecha correlación entre el trabajo infanto-juvenil y la escolarización.
A medida que aumenta la edad de los chicos que trabajan, decrece el número de matrículas y la permenencia escolar.
Si más del 50% de los niñ@s urbano trabajan 30 o más horas, es lógico pensar que un considerable número de ellos no asistan a la escuela, lo hagan irregularmente o tengan bajo rendimiento. Hay que aclarar que la relación trabajo y rendimiento no es unívoca. Estudios realizados para el efecto (Paez 1995) informan que algunos chicos que trabajan rinden igual o mejor que otras que no lo hacen. Esto parece depender del tipo de trabajo, de la edad, del seguimiento y apoyo familiar o institucional que encuentran.
El tema escuela y trabajo infanto-juvenil en el debate nacional, gira alrededor de dos orientaciones: la una que sugiere crear una escuela especial (paralela) para los niñ@s y adolescentes que trabajan, y la otra, quizá con más consenso, propicia la necesidad de exigir a la escuela y al sistema educativo, una oferta de calidad que reconozca a los niñ@s-niñas que trabajan como sujetos de su propio proceso edudativo: se trata de crear una escuela especial, sino de generar una especial manera de ser y hacer la escuela.
* Trabajo infantil y posturas políticas
Alrededor del trabajo infanto-juvenil se pueden apreciar unas corrientes de opinión: una es la corriente abolicionista (no al trabajo de los chicos, sobre todo menores de 12 años); una segunda corriente es la que defiende el trabajo como un derecho de los niñ@s; y una tercera es la que afirma que, mientras no cambien las condiciones socioeconómicas que obligan al trabajo infantil, hay que entenderlo como una realidad que debe ser protegida en orden a disminuir los riesgos que dicho trabajo implica. No se debe olvidar que el trabajo infantil es un indicador sumamente sensible de la situación socioeconómica de un país.
Todos los estudios realizados coinciden en el hecho de que la mayoría de niñ@s y adolescentes mantienen vínculos familiares, asisten a la escuela y desarrollan trabajos no remunerados dentro de su familia. Esta constatación es importante porque invita a integrar y fortalecer en las propuestas educativas los entornos familiar y escolar desde la perspectiva del trabajo.
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