Calle
Escuela
Trabajo
Resilience
Propuesta educativa
MENU PRINCIPAL
 

CHICOS DE LA CALLE

FUNDACION PROYECTO SALESIANO

F

A

M

I

L

I

A


La Familia


Además de la escuela-colegio, la otra institución, tradicionalmente considerada como eje central de la socialización de las nuevas generaciones, es la familia. Hace unos cuantos años era aceptado un modelo único de familia y predominaba un modo de relacionarse internamente. Bajo este modelo, los hijos recién nacidos eran bienvenidos y el resto de integrantes del núcleo familiar incluyendo a menudo a los abuelos y tíos, les brindaba afecto. Junto con el afecto, los nuevos miembros de este hogar recibían también las primeras nociones sobre valores, como los de solidaridad, convivencia y lealtad a la vez que se les enseñaba a manejar su entorno más inmediato, comenzando por el doméstico para extenderlo luego al del vecindario o el del barrio.
Hoy este modelo de familia nuclear y/o extensa ha sufrido transformaciones drásticas como consecuencia de las cambiantes dinámicas sociales; coexisten distintos tipos de familia, conduciendo a menudo a que se diga que la familia actual está en crisis. Sin duda alguna, hay un rompimiento, una especie de rebeldía contra ese modelo único tradicional. Y empieza una búsqueda de modelos alternativos de relación, que respondan más a las necesidades individuales de ser y que sean más auténticos. Esta búsqueda, ciertamente, es errática y en muchos casos dolorosa: no existen en el ambiente respuestas acabadas sobre cuál es el modelo ideal de relación familiar por construir.
Hoy coexisten familias nucleares, familias compuestas o poligenéticas, familias extensas, familias uniparentales (especialmente mujeres jefas de hogar), familias padrastrales/madrastrales, familias de crianza, familias adoptivas, para citar sólo algunos tipos. Y se producen también modos de relación que abarcan desde las tradicionales relaciones patriarcales autárquicas, pasando por relaciones de búsqueda conjunta en modelos de relación más democrática, relaciones abiertas, monogamia, poligamia, triángulos afectivos que conviven bajo un mismo techo, relaciones entre pares de un mismo sexo, madresolterismo, parejas subsecuentes, parejas estables, parejas inestables, etc., hasta personas (mujeres y hombres) que eligen estar solas o que han aceptado o se han resignado a esta opción, como única alternativa frente a la dificultad para resolver los conflictos que las parejas plantean�

También el matrimonio religioso dejó de ser el único socialmente aceptado pues tanto el matrimonio civil como la unión libre son formas de organizarse las parejas que cada vez más son reconocidas como válidas. De otra parte, la duración de la vida en pareja ha disminuido dramátIcamente a la vez que ha aumentado la rotación de compañeros y compañeras para hacer vida marital; es frecuente encontrar mujeres y hombres que al llegar a los 30 años y al intentar 'rehacer sus vidas con un nuevo compañero o compañera', ya han sido integrantes de 3 ó 4 uniones sucesivas anteriores.
Concomitante a estos fenómenos aparece el otro de las uniones desintegradas, cuyos miembros, uno o los dos, no vuelven a conformar una nueva pareja, bien sea porque no tienen nuevas oportunidades, bien porque toman la decisión de quedarse sola, o más raramente solo, para dedicarse a la crianza y manutención de sus hijos.
El tamaño del núcleo familiar se ha reducido porque las tasas de fecundidad descendieron radicalmente debido a diferentes factores. Las familias con numerosos hijos, que en el pasado fueron motivo de orgullo. Sin embargo, este descenso al estar asociado a los índices de escolarización, ha sido diferencial, siendo más notable para las mujeres de estratos medios y altos, lo que significa que entre las mujeres de sectores populares, si bien ha habido una reducción en el número de hijos, éste no ha sido tan significativo como en los otros estratos.
Otro fenómeno digno de ser señalado es el de la salida cotidiana de los hijos, de sus hogares desde muy temprana edad, fenómeno determinado principalmente por la vinculación de la mujer al mercado laboral. En efecto, es un hecho común y corriente que ambos cónyuges - y con mayor razón, la mujer si es cabeza de hogar - trabajen fuera de su hogar, salgan de éste desde las primeras horas de la mañana en compañía de sus hijos, a quienes llevan a casa de un familiar o amigo o a un centro de atención más o menos especializado, de donde los recogen al finalizar el día y regresan a su propio hogar bien entrada la noche, cansados, agotados del diario trajín pero con la obligación y responsabilidad de llegar a preparar la cena, quizá el desayuno del otro día, y eventualmente a supervisar las tareas escolares si es que algunos de estos hijos o hijas ya están asistiendo a la escuela o colegio.
Todo esto bajo el supuesto de que sean ambos cónyuges, mujer y hombre, los que compartan sus obligaciones para con sus hijos pero la realidad es otra pues el mayor peso de estas responsabilidades recae sobre los hombros de la mujer, quien debe asumir la doble jornada como un hecho natural. Sin embargo, vientos de renovación ya comienzan a soplar entre las parejas más jóvenes en el sentido de que el hombre sabe y acepta que debe compartir con su compañera muchas de estas labores hogareñas.
Algunas preguntas que todos nos tenemos que hacer son entonces las siguientes en relación con este punto:


�Al no poderse hablar de un solo tipo de familia nos podemos preguntar si las múltiples expresiones de la familia están perdiendo su capacidad tradicional de socializar 'adecuadamente' a estos nuevos miembros suyos?
e
�Qué demandas de ajuste está haciendo la sociedad a la familia en abstracto para que conserve algunos aspectos de los procesos de socialización tradicionalmente asignados a ella?
�Si la familia está perdiendo su tradicional responsabilidad y capacidad socializadora, qué otra(s) institución(es) o ámbito(s) la está(n) reemplazando, si aceptamos que la escuela también ha venido flaqueando en el cumplimiento de esta su función central?
�Es la calle o el sitio de trabajo de estos niños, niñas, adolescentes, el mejor ámbito sustitutivo de la familia y/o la escuela como agentes de socialización?


Podemos avanzar sólo respuestas tentativas a estos múltiples y complejos interrogantes, respuestas que tienen únicamente el propósito de suscitar un debate más amplio y más autorizado por parte de todos los interesados en este problema.
En primer lugar, es un hecho que las niñas, niños y adolescentes pasan menos tiempo con sus padres y otros familiares en sus propios hogares. Esto significa menos oportunidades de interactuar los miembros de las diferentes generaciones y, por lo tanto, menos ocasiones de dialogar, compartir puntos de vista, unirse en propósitos comunes, transmitirse valores, etc. Aún más, es posible que sean los niños y niñas, particularmente los de determinados estratos sociales, los que pasan más tiempo en sus casas viviendo una difícil soledad, ya que sus papás y mamás, en razón de sus diversas ocupaciones, pueden salir a horas muy tempranas y regresar tarde en la noche. Para muchos de estos niños y niñas los únicos interlocutores que encuentran en sus hogares son, de una parte, el aparato de televisión, y quizá ahora el internet y, de otra, la empleada del hogar que probablemente tampoco pueda dedicarles mucho tiempo porque seguramente estará muy atareada dejando listas sus últimas labores del día antes de salir de regreso a su propio hogar precisamente cuando estas niñas y niños llegan de sus colegios.
Ante esta situación de menor permanencia de los padres y madres en el hogar, diversas funciones hasta ahora asumidas por las familias, particularmente la socialización primaria y el cuidado de la prole, deben ser adoptadas en mayor grado por otras instituciones.
Sin embargo, la delegación de funciones en otras instituciones no soluciona todos los problemas ni satisface todas las demandas que la sociedad hace a los adultos que están en proceso de construir familia. Otros ajustes son necesarios para que estos nuevos tipos de familia se adecuen a las grandes transformaciones que nuestras sociedades han venido experimentando y que requieren otros tipos de ciudadanos y ciudadanas.
(Lo anterior ha sido tomado de: Rojas Ruiz, H., Familia, calle y trabajo: tres ámbitos de socialización, en Volontariato Internazionale per lo Sviluppo, Muchachos de la calle. Meeting Internacional, Roma 1999, 103-131. El tema sobre la familia está en las pp. 115-119).

Cada ni�@ responde a un tipo de familia muy concreto. Los ni�@s de la calle son miembros de familias generalmente pobres, que viven en la miseria, de madres prostitutas, de parejas fugaces o con relaciones desintegradas; de familia inestables acosadas por toda clase de problemas sin soluci�n o de familias en las que impera la violencia y el maltrato f�sico o psicol�gico. Todas estas situaciones resultan del subdesarrollo humano que se vive en tantas partes del mundo. La familia es la catalizadora social de las causas subyacentes y estructurales que empujan al ni�@ al trabajo prematuro en las calles y a su proceso de callejizaci�n. El trabajo infantil no puede ser entendido fuera de la familia. Resulta err�neo hacer de la penuria, del sufrimiento, o de la desesperaci�n econ�mica causas primeras de la callejizaci�n de los ni�@s. Ciertamente cuando la miseria filtra como una pesadilla la vida de la familia, �sta se convierte en una familia "expulsora", es decir, en una familia que debe echar a la calle a sus hijos con el objeto de que "se arreglen por ellos mismos" para sobrevivir. Pero la callejizaci�n de l@s ni�@s obedece a muchos otros factores de naturaleza estructural, cultural, personal. En la familia se construye la personalidad del ni�@ y en ella se educa en los valores humanos, culturales, religiosos, ciudadanos. Por ello, es importante fortalecer la estructura familiar.

MENU PRINCIPAL

Hosted by www.Geocities.ws

1