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La cuestión de resilience del muchacho de la calle
Desde algunos años se habla siempre con mayor frecuencia de resilience del muchacho en situación de calle. El resilience sería la capacidad de lograr salir en manera aceptable para la sociedad, de una situación de estrés o de adversidad que comporta normalmente el grave riesgo de un éxito negativo.
Hay varias perspectivas sobre el resilience. La sociología funcionalista entiende el resilience en términos de adaptación del individuo al medio ambiente. El individuo resilient es el que concretiza un objetivo legitimado por el grupo social no obstante la situación desfavorable de origen (pobreza, violencia familiar, etc). Esta definición del individuo resilient es también aquel definido por los programas que se inspiran en una lógica correccionista y de rehabilitacion. Esta lógica tiende a condenar todo el sistema de vida de la calle. Esta ignora que el muchacho que vive en la calle tiene una historia que incluye también fuerzas y capacidades de control.
Más recientemente, al final de los años sesenta, el interaccionalismo simbólico y etno-metodológico, como también la sociología clínica, nos permiten comprender que resilience no puede ser reducido a una simple cuestión de adaptación aceptable para la sociedad. Tales métodos se interesan en la cuestión de la mediación entre los actores sociales y sus ambientes. Lo que interesa a ellos es la creación del mundo de parte de los actores sociales y por lo tanto la dinámica que produce significado. Tratan la cuestión del resilience más bien en términos de la identidad y de la capacidad de negociación de la cual es prueba el actor social: en el caso nuestro los muchacho en situación de calle.
Evidentemente, esta capacidad de negociación viene siempre puesta en contexto. En otros términos, para identificar el estado de resilience del muchacho, no es suficiente medir, simplemente �la capacidad de éxito de modo aceptable para la sociedad�. Se trata de identificar los contextos concretos de acción (la calle, familia, institución, trabajo, escuela, pandilla, etc....) en los cuales el muchacho está en grado de desarrollar facultades de cooperación asociadas a la capacidad de hacer escogencias autónomas. Todo esto estando asociado a la existencia de un sentimiento de pertenencia la cual intensidad puede variar fuertemente en función del muchacho y de sus referencias. El resilience implica, también, como el contexto de adquisición del poder, una nueva concepción del poder, no entendido como un poder �por arriba�, sino como un medio igualitario y capaz de resolver los problemas.
El resilience es entonces compatible con el conflicto y lo incluye desde el momento que se le considera como la capacidad de resolver los problemas. De hecho, un muchacho puede ser resilient también si éste viene considerado como un anormal por la misma �sociedad�. Esto es el caso de los muchachos en situación de calle que están considerados en bloque como delincuentes. La norma que implica el respeto del otro y la escogencia autónoma - capacidad de juzgar en virtud de principios morales - conduce a una concepción de resilience que no es aquella que se encuentra entre aquellos que definen un programa de acción �sobre� el muchacho. En cambio, ésta se encuentra entre los programas de acción que trabajan �con� los muchachos. El resilience es por lo tanto, un proceso; no simplemente un estado que sería definido en cuanto tipo de adaptación.
El resilience puede ser entendido como doble capacidad de resistencia y de construcción e implica una definición preliminar de lo que es deseable para el muchacho. Esto implica, entonces, una normativa que debe ser expresada por el que interactúa con el muchacho mismo. Es importante que esta normativa sea elaborada con el muchacho mismo. Si esta elaboración resulta ausente, el concepto de resilience no es muy útil y puede ser utilizado para justificar las intervenciones que no respetan ni al muchacho, ni lo que ellos ha aprendido de la calle, particularmente en términos de sobrevivencia. La tendencia de las intervenciones es entonces aquella de hacer tabula rasa de todo lo que el muchacho ha sido antes de entrar en contacto con los intervencionistas.
Es verdad que la búsqueda del porqué el muchacho es resilient toma en cuenta las interacciones entre el ambiente y la personalidad. Pero esto lo hace en relación a una norma que es considerada como decisiva: la aceptación del grupo y de la sociedad de lo que es definido como éxito.
La cuestión de la aceptación de la �sociedad� de lo que el muchacho hace, tiene que ver sobre todo, con las actividades pero no con su competencia. En otros términos, el problema de la legitimidad de lo que el muchacho sabe hacer tiene que ver con sus habilidades, pero no con sus competencias. El grupo y la sociedad definen en modo normativo lo que el muchacho tiene que hacer para adaptarse, así como los medios legítimos que le permiten esta adaptación.
El muchacho desarrolla innumerables habilidades para mantenerse en la calle. La habilidad es sobre todo instrumental: saber estar alerta, saber reconocer las situaciones peligrosas, saber adquirir nuevas técnicas que facilitan la salida. La competencia no es una simple habilidad técnica: comporta la capacidad de juzgar y de comparar eventos, personas y cosas. La competencia es de naturaleza cognitiva y se expresa a través del juicio que el muchacho se crea de sus prácticas y de terceros (sus compañeros, los que intervienen, los policías, los padres, etc...)
Los muchachos en situación de calle no poseen todos las mismas habilidades ni el mismo grado de competencia. Sin embargo, una fuerte tendencia de la opinión pública y de los numerosos profesores es aquella de atribuir a los muchachos de la calle sus habilidades estratégicas pero no sus competencias. Estas estrategias son a menudo consideradas como ilegítimas y por lo tanto anormales. Se menosprecia la competencia de los muchachos que comporta una dimensión fundamental: aquella de la construcción de significado. Es la competencia lo que está a la base de las relaciones que el muchacho construye con su ambiente, y por lo tanto, las que le permiten de estructurarlas más o menos sanamente. La competencia permite la acción, permite al actor de ubicarse en el tiempo. La competencia permite al muchacho de interpretar el mundo en general y, por lo tanto, el mundo de la calle en particular. Esta interpretación del mundo se basa sobre ciertas experiencias preliminares que bajo la forma de �conocimientos disponibles� funcionan como esquema de referencia.
(Lo anterior ha sido tomado de: Lucchini, R., El Muchacho de la Calle: realidad compleja y argumentos reductores, en Volontariato Internazionale per lo Sviluppo, Muchachos de la calle. Meeting Internacional, Roma 1999, 67-102. El tema sobre la resilience está en las pp. 86-91).
El concepto de resilience viene directamente del inglés. Originalmente esta palabra se utiliza hablando del metal. Por analogía fue utilizado primero por los psiquiatras y luego los psicólogos para significar cómo algunas personas lograr inserirse con éxito en la sociedad (la escuela, trabajo, familia...) y esto no obstante las condiciones desfavorables (violencia familiar durante la infancia, pobreza extrema, explotación sexual, etc.) Entonces resilience se entiende como la capacidad de inserirse en la sociedad no obstante un handicap inicial importante).
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