Pampa

Madrid, noviembre de 1990

 

Rafael estaciona en la costanera frente al Discobar de la playa, en Miramar. Las sombrillas cerradas de la terraza se agitan pero desde el interior del auto parece una película muda, muda e infrarroja.

Te dije que no era noche de playa, dice. żY vos que sabés, si nunca estuviste en Arg...?, alcanza a articular Pampa antes de darse cuenta de que Rafael habla con la voz de Javier, y acaba de estacionar en la costanera frente al Discobar de la playa, en Miramar.

Rafael advierte la perplejidad de Pampa y en tono de disculpa murmura un endeble no te vayas. Sin razón Pampa se vuelve y ve en el asiento trasero a su padre besando a Elisa, ante la mirada perdida de su madre.

Pero si son ustedes los que quieren que me vaya, piensa o dice Pampa, abriendo la puerta y dejando entrar la noche, la playa, el viento, el país dentro del auto. Sin mirar cruza la costanera y sube a los médanos. Entre ella y el mar hay un hombre de espaldas, con algo blanco que el viento le quiere arrancar. Tango. Su vestido. Está desnuda.

La costanera está vacía. Cuando vuelve a mirar hacia la playa, Tango está a unos pasos. Pampa permanece inmóvil; lo deja acercarse y cubrirla con el vestido.

-Por un momento temí... -empieza él.

-Ya ves que no. Sé apagarme sola -Pampa gira brusca para soltarse del abrazo de Tango y cae rodando de la cama a la alfombra.

 

 

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