Pampa

Madrid, noviembre de 1990

-No sé para qué te maquillas, tía, si al natural eres guapísima.

Mar mira a Pampa en el espejo del baño de damas del Memphis.

-Es por la actuación, si no los ojos no me los toco. También vos, sos el otro extremo. Decí que sos linda, que si no...

-A Tango le gustaba que te pintaras, ¿no?

-¿Y esa pregunta a qué viene? -cuando Mar aparta la mirada del espejo y sonríe Pampa la mira directamente a la cara, boquiabierta-¡No! ¡No puede ser! No me digas que Tango y vos...

-Pues si no quieres no te lo digo.

-Entonces todas esas noches que Tango pasaba por ahí y volvía a la mañana siguiente y yo muerta de la intriga...

-Un ejemplo de discreción. Déjame el delineador, anda -Pampa no reacciona-. ¡Oye!

-¡Pero Mar! Sólo te pedí que le dieras trabajo, no que dieras la vida por mí -bromea Pampa.

-Mira que eres mala, ¿eh? ¿Qué te ha hecho, aparte de dejarlo todo para profesarte amor incondicional?

-Fidelidad perruna, che, que no es lo mismo. Lo que faltaba es que ahora vos, nada menos, me quieras vender los Grandes Valores del Tango -responde Pampa irritada. Su actitud defensiva toma a Mar por sorpresa.

-No, te entiendo. Cada una vive sus etapas. Tú ahora mismo lo que buscas es pasión... Yo creo que en este momento necesito el afecto de un tío como Tango: firme, sereno, sincero... Paso de sobresaltos y malos rollos.

-¿Y lo de la otra noche ya lo olvidaste?

-Oye, tía, no mezclemos categorías: hay tíos descartables y de los otros. Si te equivocas y te encoñas con un tío como Ed o Ted, la cagaste, Burt Lancaster. Bueno, es lo que te pasó a ti con Javier.

-Vos sí que la tenés clara, ¿eh, Mar? -dice Pampa. Mar advierte que su comentario ha sido demasiado sincero y trata de aligerar el diálogo.

-No lo creas. El sentido común es como las cosquillas: sólo funciona aplicado a los demás. Hala, a cantar -Mar lleva a Pampa de la mano hacia la salida del baño y se vuelve al abrir la puerta-. Oye, por cierto, una advertencia: Rafael... es mi amigo, ¿sabes? Te lo digo porque lo conozco...

-¿... que es descartable?

-Sí, pero... Lo que me preocupa es que tú no lo seas para él.

-Tranquila. Con Rafa no pasa nada. Con nadie me pasa nada.

-Estás muy seria hoy. Creí que serían los nervios de la actuación, pero veo que no.

-Ya se me pasará. Supongo. Es que he tenido una infancia difícil -agrega Pampa bromeando.

Santiago atiende las mesas mientras Tango, que va por la tercera copa, espera acodado en la barra sin muchas ganas de hablar con Rafael.

-Parece que mañana llega de Barcelona Martín, el hermano de Pampa.

-¿Ah sí? Qué bien, ¿no? Seréis colegas, claro.

-Veraneábamos en la misma playa. Siempre estábamos los cuatro juntos...

-Fíjate. Y ahora los cuatro aquí. Parece de película, ¿no? Tendrías que escribir un guión.

-Demasiadas coincidencias. Basta que sea verdad para que no te crea nadie... Si a eso le sumás que viene a traerle la herencia de su madre, que se prendió fuego...

-¡Qué dices!

En ese momento regresan del baño Pampa y Mar y la conversación queda trunca. Santiago deja la bandeja y pregunta a Pampa:

-¿Y? ¿Para cuándo? No te olvides de que Gabriel tiene otra actuación... Está afuera saludando a unos amigos.

-Ah, ¿ya tengo pianista? Entonces cuando a Rafa le parezca bien.

-En las mesas ya están todos consumiendo -dice Santiago-. Como no empiecen pronto el espíritu crítico del público se irá diluyendo...

-Pues estamos todos igual -dice Tango, señalando su vaso casi vacío. Como debe ser: el alcohol y el blues son parientes...

-Por mí cuando queráis -dice Rafael.

-Voy a avisarle a Gabriel, entonces. ¿Dónde está? -dice Pampa.

-Espera, Pampa -dice Mar, reteniéndola del brazo. Antes de que empieces quiero proponer un brindis. Por tu futuro productor discográfico y por que llegue sano y salvo de Barcelona para costear tu primer disco...

-Oye, Pampa, me sorprende viniendo de Mar -bromea Rafa-, pero si que es una buena idea. Con una buena grabación podrías promocionarte mucho mejor. Verás como acabaré haciéndote las fotos para la portada del disco.

-Claro, tía, si lo digo muy en serio -Mar cierra el puño derecho simulando un micrófono y entrevista a Santiago-. Santiago Boschiglia. Usted que es otro músico de renombre, ¿no escribiría una canción para Pampa Arregui?

-Verá usted; yo sólo hago música instrumental. Alguna vez la palabra fue el vehículo del sentimiento; ahora es un obstáculo -Santiago mira de soslayo a Rafael antes de proseguir-. El lenguaje está subvertido. Se lo dejo a los manipuladores profesionales como usted.

-Bueno, bueno. Creo que tendríamos que defendernos, ¿no te parece, Tango? O escribe tú las letras así todo queda en familia.

-Yo lo que vos quieras. Madre Patria -dice Tango, y Mar percibe en su mirada fija un brillo característico, un eléctrico ardor.

Sobre el escenario, la voz de Pampa tiene la soltura y la gracia de un barrilete; pudiendo perderlo de vista, Pampa prefiere hacerlo jugar en el viento cerca de la tierra, donde mejor se lo ve. Cuando cierra los ojos y empieza a cantar Strange fruit, Tango y Rafael, hechizados, no logran apartar la mirada de los movimientos de su cuerpo, cautivo bajo la luz azul del reflector y sin embargo ligero como su voz. En la semipenumbra que reina en el Memphis, Mar mira fijamente a Tango; Santiago a Rafael.

Al cantar, Pampa siempre dirige mentalmente la canción a una única persona del público. Imaginándola como una invitación, una broma, una confesión o un ruego, logra interpretarla con escalofriante intimidad. Cuando, inexplicablemente, decide empezar cantando Strange fruit se da cuenta de que es la única canción de su repertorio en que la letra no está dirigida a nadie y cierra los ojos, para cantársela a sí misma.

Durante la interpretación, las terribles metáforas del alegato antirracista empiezan a cobrar otro significado en la mente de Pampa. Ante sus ojos cerrados transitan espectros de soledad y de muerte, de vacío y de incertidumbre; intuye que si no los abre a tiempo, aquel fruto extraño y amargo que probó su madre acabará por tentarla.

 

-Estuviste genial, gorda -Tango la felicita con un abrazo-. ¿De dónde sacaste al pianista?

-Es Gabriel, un amigo de Santiago; tocaba con Los Imperdibles.

-Pues tía, nos has dejado flipados. Al principio ibas un poco a tu bola pero después con la primera canción medio marchosilla...

Santiago le sonríe a Pampa como diciéndole que Mar no tiene remedio.

-It's alright with me. Anotálo, ya que sos periodista. Ya te veo pidiéndole a Ray Charles "aquella canción medio marchosilla".

-¿Y ése quién es? -pregunta Rafael.

-Otro. Me parece, Pampa, que ha llegado la hora de irnos con la música a otra parte.

-¿Cuánto tiempo os queda? -pregunta Mar a Santiago y a Rafael.

-Ahora mismo cierro. En cuanto se vayan esas dos parejas del fondo nos largamos. ¿Me echas una mano en la barra, Santiago?

-Voy. ¿Otra copa mientras esperan?

-Dale. Para mí otro cubata -dice Tango.

-Ponme un Bacardí con coca cola -dice Mar-. ¿Y tú, Pampa?

-Traéme un cointreau con vodka. Poco hielo.

-¡Chica! -dice Mar-. ¡Con ese aguardiente otra canción y pareces Joe Cocker!

 

 

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