Martín
Barcelona, noviembre de 1990
-¿Seguro que no traga las monedas? -pregunta Martín a Nuria, que se sienta adormilada en un banco del Portal del Angel, al lado de la cabina de teléfono.
-Que no, tío. Tú echa cinco duros de los antiguos y luego una de cien y verás que se bloquea.
-¿No vas a tener frío ahí afuera? Mirá que si no se corta tengo para rato...
-Tranquilo. Despáchate a gusto. Eso sí, si me duermo me despiertas.
-Café Larrea.
-Qué hacés, Laucha, soy yo.
-¿Martín? ¿Cómo me encontraste? -responde Lautaro al cabo de unos segundos.
-Hablé con tu hermana. Deduzco que te alegra oir mi voz, etcétera.
-Perdonáme. Es la sorpresa. Qué increíble, es que justo estaba hablando de vos con un amigo. ¿Cómo estás?
-Un poco preocupado por mi hermana, pero ahora que conseguí su teléfono, bien. Cuelgo con vos y la llamo.
-¿Sigue en España? Mirá que si no es noctámbula como yo se va a llevar un susto... Acá son las tres de la mañana.
-Acá también; aunque no lo parezca Cataluña y el resto de España tienen la misma hora.
Lautaro tarda en reaccionar.
-¿Qué? ¿Dónde estás?
-En la ciudad condal, che. Camino a Madrid, por cierto. ¿Hola? ¿Estás ahí?
-Sí, sí. Es que no sé qué decir.
-Mentíme -dice Martín a media voz-. Decíme que tenés tantas ganas de verme como yo a vos.
-¿Cuándo venís? -Lautaro toma una lapicera y comienza a hacer garabatos en un posavasos.
-La semana que viene estoy allá. Te vuelvo a llamar cuando llego para pedirte la dirección.
-Te aviso que estoy durmiendo en el bar...
-No te preocupes, no lo decía por eso. Supongo que en lo de mi hermana habrá sitio. Nos vemos, entonces.
-Será verdad.
-Siempre lo fue. Por eso cuesta. Mentir, miente cualquiera.
-Espero tu llamado. Cuidáte.
-Chau, Laucha. Vos también.
Nuria se acerca a la cabina y golpea el vidrio.
-Oye, dale recuerdos a Pampa de mi parte. O mejor déjame hablarle.
-Todavía no conseguí -Martín cuelga el tubo y abre la puerta-. Vení, probá vos con tus dedos de virtuosa.
-¡Gracias por llamar, Nuri, qué linda sorpresa! -dice Pampa.
-Calla, que todavía no he terminado. Hay alguien aquí que quiere hablarte. Hala, hasta otra. La próxima vez que desaparezcas procura ponérnoslo más fácil, ¿vale? Cuidaté.
-Te prometo que te llamo. Un beso enorme.
-Qué hacés, gorda. ¿Siempre besuqueando?
-¡¿Martín?! -el grito termina de despertar a Tango- No, no puede ser... ¿Qué hacés ahí?
-Llegué hace mes y medio. Me mandó el viejo. Tengo algo para vos.
-Se vendió La Marina, ¿no? -dice Pampa, dolida.
-Sí... Vine un poco por eso y otro poco a oxigenarme...
-¿En septiembre? ¿Qué pasó? ¡Dejaste la facu!
-Algo así.
-¿Pero qué hacés que no venís para acá? -dice Pampa, y agrega a media voz: -Ya sé. Estás metido con mi amiga. ¿No es divina?
-Toda una profesional además. Estuve trabajando en el teatro con ella.
-¡Ah! Lo de profesional al principio lo agarré para el otro lado... Qué bien... ¡Tincho! Vení de una vez que tenemos miles de cosas que contarnos. ¡Vení esta semana así festejamos tu cumple y mi cumple! Y hablando de mellizos te vas a querer morir cuando te diga qué otro par saltó el charco. A uno lo tengo acá al lado, medio dormido.
-¡Cualquiera se duerme con los gritos de la blusera! -grita Tango para que Martín escuche.
-¡No! ¿Los mellizos malogrados? ¿Los dos? ¿En España? ¡Qué fuerte, hermana, qué festival podemos llegar a armar los cuatro juntos allende los mares!
-Bueno, nosotros tres muy avenidos que digamos no estamos, pero ¿cuándo lo estuvimos? Vení a ver si apaciguás un poco los ánimos, vos que sos tan cool. Además el día de nuestro cumpleaños hay un recital muy copado. Ya estoy sacándote entrada. No me fallés, negro, ¿eh?
-No hay drama. Eso sí, andá viendo dónde me podés meter.
-Ya nos arreglaremos. ¡Pero vení pronto! Anotá la dirección, dale.
-Estarás contento de irte -dice Nuria camino a casa.
-La verdad que sí. Pero te voy a extrañar...
-Venga ya, Tincho. No te me pongas solemne.
-Lo digo en serio. Me diste la bienvenida a España; eso no se olvida. Ya sé que tenés derecho a una explicación por algunas cosas que...
-Nada, hombre. Aunque no lo notaras yo también tengo mis historias. Ojalá tarde o temprano las tuyas te dejen dormir, o puedas dormir con ellas...
-Vení. Vamos a ver si el Moderno sigue abierto y nos tomamos la penúltima.
-Eso. A buscar los buenos ratos, que los malos vienen solos.