Tango

Madrid, noviembre de 1990

 

-Pues aunque no lo parezca, la felicidad y la fotografía tienen mucho que ver- escucha Tango desde las escaleras. Pampa dejó la puerta de entrada abierta cuando fue al pasillo a abrirle por el portero eléctrico-. Las dos son instantáneas, irrepetibles, individuales... Me refiero a la felicidad adulta, la que es más intensa cuanto más consciente de su propia fugacidad...

-Yo también pensaba que crecer era ser más feliz menos veces -reflexiona Pampa-. Pero siempre nos queda una última infancia: la felicidad de la vejez o de la locura... Pero basta de filosofía que ya llegó Tango y ni siquiera hicimos una foto. Cómo tarda éste.

-¿Se va a quedar?

-Venía despacito por el pasillo para no interrumpir la charla...

-Rafael, te presento a Tango... un festejante -dice Pampa burlona-. Rafael trabaja con tu hermano. Viene a hacerme un book para que mi agente lleve a las productoras con el demo...

-¿Crees que voy a conformarme con eso? Cumpliré con la fotografía comercial si te ofreces como modelo para la artística.

-Toda tuya. ¿La bombacha me la dejo?

-No le hagas caso. Se está luciendo delante mío -dice Tango, y va al dormitorio a buscar unos papeles.

-No, si voy a esperar que vos hagas los chistes... Como verás, Rafa, con esa cara de bragueta le hace honor al sobrenombre... Nosotros a lo nuestro. ¿Hacés desnudos sí o no?

-La propuesta es tentadora, pero tendría que hacerla yo, ¿no crees?

-Voy a llevarle estos artículos a Mar -dice Tango atravesando el pasillo.

-¿Te vas?

-Sí, así se despelotan a gusto. No vengo a cenar.

-Hacés bien, porque hoy sí que no pensaba cocinar. El arte me reclama.

-¿Te veo a la vuelta?

-No sé. Capaz que salgo más tarde.

-Macanudo. Chau. Encantado, Rafael.

-Igualmente, hasta luego.

 

Tango baja las escaleras escuchando en su cabeza los vertiginosos violines de "Tus ojos se cerraron", en la versión de Julio Sosa acompañado por la orquesta de Leopoldo Federico. Son los compases dramáticos que por alguna absurda razón acuden a su mente en los momentos más terribles, impidiéndole tomarse del todo en serio. Parece que al fin y al cabo se está acostumbrando a la idea de que para Pampa la pareja se ha disuelto: en sus palabras, el deseo ha sobrevivido al afecto. A Tango nunca se le ocurrió pensar que un hombre (mucho menos él mismo) pudiera ser el objeto sexual de una mujer. Curiosamente, esta nueva condición, que para una mujer sería un insulto, exacerba su autoestima: quiere comerse el mundo.

De camino a casa de Mar se detiene en la Plaza Dos de Mayo, al darse cuenta de que se ha olvidado las llaves. A punto de volver sobre sus pasos, encuentra a Mar sentada en una terraza con otra chica, con el pelo verde y un tatuaje en el hombro.

-¡Hola! Pilar, este es Tango. Pilar es mi compañera de piso.

-No por mucho tiempo, la verdad... De eso estábamos hablando.

-Pilar es una okupa, ¿sabes, Tango? No soporta mucho tiempo esto de pagar alquiler... Va contra sus principios.

-Resumiéndolo frívolamente, oye; pasa que en el fondo Mar está mosqueada porque no podrá encontrar una compañera de piso tan enrollada como yo.

-También es verdad -admite Mar.

-Encantada, Tango. Tengo que irme. Adiós.

-Pilar es un caso. Va igual de atacada el sábado por la noche que el lunes por la mañana... ¿Te apetece una cerveza?

-No, gracias.

-Entonces bajemos un momento al VIPS de San Bernardo. Quiero comprar el periódico y hojear algún libro nuevo. ¿Has cenado?

-No; como pensé que a lo mejor más tarde no te encontraba fui a buscar los artículos y vine derecho para acá.

-Pues no me apetece mucho salir, la verdad. ¿Qué tal si de camino compramos algo en el Seven Eleven y lo preparamos en casa?

-Dale. Yo te ayudo.

 

-¡Anda, pero si esto es una idea mía! -se indigna Mar leyendo la contratapa de un libro.

-¿Te plagiaron un artículo?

-No. El título solamente: "Confieso que he bebido". Era de una crítica mía y el muy sinvergüenza lo usó para la autobiografía satírica de un borracho...

-Gonzalo de la Fuente. ¿De dónde lo conoz...? ¡Pero si es Kundera!

-No me sorprende que haya conseguido publicar, si una vez que estás adentro... Es que lo de este tío es descarado. ¿Sabes lo que hace? Cuando hay trabajo de corrección atrasado y tenemos que venir los fines de semana se larga a eso de las tres de la tarde del sábado y ya no vuelve a aparecer. Después el lunes tiene el morro de decir que se ha ido de ruta gastronómica. Con el tiempo descubrimos que era un chiste privado: se iba de putas. Ocurrente sí que es el cabrón.

-¡Qué chanta! ¿Desde cuándo lo aguantás?

-Llevo seis meses. Habrás visto cómo se pasa con el personal. Y sabe que lo voy a soportar porque trabajar de correctora de prueba no me da igual, ¿sabes? En las editoriales siempre te explotan al principio.

-¿No preferirías trabajar en diarios?

-No, si yo estudié periodismo, pero lo que querría ser es

directora literaria de una editorial. Decidir lo que se publica, descubrir nuevos talentos... Y el tipo sabe que tengo pasta para hacer carrera allí. Antes de parir esa novela suya se metía más en la revista y de vez en cuando hasta preparaba alguna reseña. Te podrás imaginar quién las revisaba, sin el menor reconocimiento. Vamos, una pasada.

-Sin embargo su novela me está gustando. ¿Querés creer?

-Pues la habrá robado.

 

Al salir de la librería, Tango abre la puerta para que pase Mar y vuelve a observar que no hace el menor ademán por pasar primero. Enseguida la compara con Pampa, pero recuerda que el afán de ésta por llegar primera a todas partes tiene más que ver con una miopía avasalladora que con el acatamiento de una costumbre galante. Ya en el piso de Mar, se sorprende preparando la salsa para los espaguetis mientras Mar lee el periódico. Por un momento se imagina compartiendo rituales cotidianos con la gallega.

-La cuestión es que mucho convenio pero según lo que averigüé, de convalidación de títulos, nada. Si no me sale lo de la beca...

-No te agobies, hombre, que te saldrá. Oye, sí que están buenos los espaguetis.

-¿Viste? Y la salsa es refácil de hacer. ¿Más vino?

-Sí. Vale, vale. Gracias.

-Cada vez entiendo menos a mi propia generación. ¿Quién puede entender que prefieran aturdirse en una discoteca a estos placeres sencillos? ¿Estaríamos mejor en otra parte?

-La verdad es que no. Y de todos modos no nos alcanzaría el dinero...

-¿Te das cuenta? Si la sabés ver, la felicidad es gratis.

-Hombre, tampoco hay que pasarse.

-¿Por qué lo decís? ¿Acaso nos falta algo en este momento?

-Pues... sin ahondar demasiado, el postre.

-Enseguida vuelvo -dice Tango. Mar lo escucha precipitarse escaleras abajo y no puede menos que sonreír.

 

 

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