Tango

Madrid, noviembre de 1990

El Clark Kent es un híbrido. De noche va de pub, pero la música -bakalao, en su mayor parte- no basta para ocultar su inconfundible aspecto de bar diurno. No por nada la gente del barrio lo sigue llamando el Bar Paco, a pesar de que ha sido designado punto de encuentro de los jóvenes periodistas de dos o tres nuevas redacciones de la zona -que por cierto también lo llaman Bar Paco, aunque de tener que escribirlo probablemente lo harían con ka-.

-Hola. Tú debes ser Tango.

-¿María del Mar?

-Mar para los amigos. María del Mar para ti. Que no, hombre, que es broma. Dejémoslo en María del Mal.

-Esto parece una cita a ciegas, ¿no? Pero yo estaba en inferioridad de condiciones: ni siquiera tenía tu descripción.

-Yo sí que tenía la tuya, aunque debo decir que Pampa no te hizo justicia.

-No me sorprende; no estamos en muy buenos términos últimamente. No sé si estarás al tanto...

-De todo y más. Deformación profesional... Vaya familia de culebrón que tenéis, ¿eh? Ahora hablando en serio, Pampa y yo nos hemos hecho muy amigas. O sea que sólo tengo su versión... ¿Te tomas una copa?

-Una caña, gracias.

-¡Paquirri! Ponme un cubata y a mi amigo una caña.

-Enseguida, chata.

-Pampa me ha puesto un poco en antecedentes de lo tuyo; he hablado con mi jefe y le parece bien, en principio.

-¿Y en qué consistiría el trabajo?

-Bueno, como no tienes papeles ni nada no te pueden dar nada demasiado definido, sabes, la gente puede protestar y tal... En principio te ocuparías del fax, las teletipos, las fotocopias y el correo interno.

-O sea que de momento puedo dejar los artículos publicados en casa...

-Sí, ya sé que el curro no es muy allá, pero bueno, esto es lo que hay... Tal vez más adelante cuando cojas confianza el jefe te ponga en mecanografía... Al menos con lo de la mensajería conoces gente.

-Como en el chiste, ¿no?

-Algo así. Terminamos aquí y te presento al Kundera. Es joven pero todo un veterano: guarda sus artículos desde el primero y ya se han puesto amarillos. Te interesa el trabajo, ¿no?

-Sí, claro, y te lo agradezco mucho.

-Entiendo que te resulte duro al principio; Pampa me dice que en Buenos Aires tenías tu propia columna.

-Sí, qué sé yo, era en un diario chico pero uno tenía voz...

-Yo también trabajé en periódicos pequeños de provincia, pero pensé que podría acceder a alguno de los de Madrid y aquí me tienes...

-Me dijo Pampa que trabajaste en la Agencia EFE.

-Hace unos meses. Antes colaboré para "El Mundo" y algunas revistas... nada del otro jueves. Pero no me quejo, ¿sabes? La editorial me gusta y aquí en Madrid al menos me pasan cosas.

-¿De dónde sos?

-Gallega, che. De Malpica. Igual lo has oído nombrar. Es ese pueblito de pescadores lleno de mujeres solas... Está en la Costa de la Muerte. Cuando te dan a elegir entre ser un pescador ahogado o su viuda, pues coges y te largas.

-Me imagino.

-¿Qué te imaginas?

-No, que debe ser terrible...

-Me fui muy pronto; conservo a propósito un recuerdo novelesco porque algún día quiero escribirlo. En mi familia no fue tan terrible; sólo perdí a dos de mis primos. Acabas por acostumbrarte.

-Eso es lo terrible. El poder de adaptación, de supervivencia... A veces es mejor no tenerlo y rebelarse, ¿viste? Porque si no...

-Ya. Me dijo Pampa que tú también escribías. Ficción.

-Ah, sí, bueno... En realidad no quiero dejar de hacerlo, pero tengo la certeza de que no tengo pasta de escritor. Me falta la disciplina...

-Te faltarán otras cosas, que si fuera sólo eso con que te obligaran...

-Tenés razón. A lo mejor...

-A Pampa la conocí en un taller de escritura, ¿sabes? No hay muchos aquí, no existe la tradición que tenéis vosotros... por cierto, la coordinadora es argentina. Pampa ha dejado de ir, ya sabes cómo es de...

-Dispersa.

-Inquieta iba a decir yo. Un culo de mal asiento, que decimos aquí. Oye, cambiando de tema, ¿te gusta el tango?

-No mucho la verdad. El apodo es cosa de la infancia. En nuestra generación al menos tenés que pasar mucho tiempo afuera para que te empiece a gustar...

-Qué tontería, ¿no? Bueno, a mí me pasa lo mismo con la música de aquí. Pero hay tangos muy bonitos... Si arrastré por este mundo la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser...

-¿Te lo sabés entero?

-Desde que era pequeña además. Mis padres siempre escuchaban a Gardel.

-Mirá vos.

-Fijaté.

-¿Qué?

-Que no se dice mirá vos, que se dice fijaté.

-Querrás decir fíjate.

-Es cierto, en teoría. Te debo una. ¿Y a ti qué te debo, Paco?

 

 

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