Pampa

Madrid, noviembre de 1990

 

Pues mi madre no veas como se mosquea -dice la de las trencitas-. Total, que lo que hago es ponerme la falda como a ella le gusta, me aseguro de que me la ha visto en el desayuno, y luego me cambio en el ascensor.

Las amigas admiran y aprueban. Qué otra cosa van a hacer si están las tres vestidas igual, piensa Pampa. El look Manliba, el de los pantalones enormes, los cinturones anchos y los borceguíes para toda ocasión.

Es que las jóvenes de hoy en día pisan fuerte (¿y eso dónde me deja a mí?). Próxima estación: Moncloa, final de trayecto. Qué transporte tan simpático, el metro. Sobre que Madrid ya es chiquito te lo pone todo en la mano: termino de dar clase a las dos y dos y veinte estoy en casa. Me imagino en Buenos Aires volviendo del trabajo a las dos para almorzar y volver a las cinco. ¡Ni en pedo! Pero con el metro tan cerca no se hace tan pesado. Además eso de la siestita me está empezando a gustar...

Ma qué siestita. Eso cuando estaba sola. Ay, Papam, qué vamos a hacer con Gotán, me querés decir.

-Buenos días, Paco. ¿No vio salir a mi amigo?

-Pues no, no le he visto. Y eso questao toa la mañana aquí.

Questao toa la mañana... Hay que ver lo pedantes que les resultaremos nosotros con nuestras sílabas tan cuadraditas, piensa Pampa en el ascensor.

-Es dura la vida del turista -dice mientras abre los postigos.

-¿Qué hora es? -gruñe Tango desde el sofá.

-Las dos. La una en Canarias. A vos no te despierta ni la falta de oxígeno.

-Me quedé viendo la tele hasta tarde.

-Sí, si te oí.

-Si no podías dormir hubieras venido conmigo a ver la tele. O a otra cosa. ¿Era insomnio o calentura?

-No podía dormir porque estabas viendo la tele. No sé para qué me molesto en contestarte.

Pampa se atrinchera en la cocina. En off para Tango, sonidos catárticos de platos y cacerolas. Chisporroteo de ajo en la sartén.

-Y qué vas a hacer, si se puede saber -grita Pampa desde la cocina.

-Eso ya me lo preguntaste ayer -dice Tango mientras se viste.

-Creía que ayer no me habías oído. Como no contestaste.

-Voy a ver si me pongo a escribir algo. ¿Tenés máquina? Tuve un sueño del que no me quiero olvidar.

-Por un momento pensé que escribirías tu currículum.

-No seas mordaz.

Pampa se asoma desde la cocina, secándose las manos.

-Mordaz. Linda palabra, no te olvides de usarla. ¿El señor va a comer, o va a ponerse a escribir ya mismo?

Sin esperar respuesta, vuelve a la cocina y da vuelta los filetes. Tango se acerca en silencio.

-¿Y con qué autoridad me reprochás nada? Ni que fueras la dueña de casa. ¿O hay algo que debería saber?

-Tu hermano no me hace ningún favor, para que sepas. Más bien yo a él, pagando religiosamente el subalquiler. ¿Qué te pensabas?

-Pero vivieron juntos...

-... cinco tórridas noches de pasión desenfrenada. ¡Ja!

-¿Cuál es, gorda? Vos no eras así.

-Vos tampoco. Y así debe ser, Tango. Somos personas, no personajes.

-Yo trato de entenderte, sabés, pero...

-¿Yo trato de entenderte? ¿YO TRATO DE ENTENDERTE? Yo llevo tres semanas entendiéndote. Ese fue mi error.

Pampa lleva la bandeja al comedor y se sienta a comer. Tango la sigue.

-Por lo menos vos sabés cuál fue tu error. No tenés que pagar culpas ajenas.

-Mirá, Tango, no me vengas con esa porque lo de mi viejo y tu vieja no tiene nada que ver. El tema ni siquiera es vos y yo, ¿entendés? El tema es vos y el mundo, y no es ni un sueño ni una novela.

-No te conozco. Te juro que no te conozco.

-¿Te creés que me gusta decirte estas cosas? ¿Preferís que te diga quedáte, quedáte acá escribiendo, quedáte hasta que te dé miedo salir, que yo, en la mejor tradición tanguera, me voy por ahí a prostituirme para que puedas escribir tu obra cumbre? Si te digo que te pongas las pilas, que compartamos gastos o te vayas, que te busques la vida de una vez, es porque me importa, ¿entendés? Callarme es lo que no me perdonaría.

-Tu bienvenida. Que duermas conmigo. La mentira: eso sí que es imperdonable.

Pampa termina el vaso de vino y se levanta; agarra su bolso y huye de su casa sin cerrar la puerta. En la soledad del ascensor se permite la asfixia y el desconsuelo, fundidos en dos lágrimas que le nublan hasta el último recuerdo.

La noche la encuentra en la calle del Príncipe, no muy lejos de las Cuevas de Sésamo, donde sabe que estará Mar, su primera amiga en Madrid, levantándose a algún yanqui (que lo de aprender inglés, no hay quien se lo tome más en serio).

-Decíme qué hago, Mar, tiráme un cable.

-Me parece que lo que a ti te hace falta es un pico y una pala.

-¿A mí? ¿No habría que dárselos a él, en todo caso?

-Hombre, pues sí; tampoco es mala idea. Al menos te lo quitas de en medio... ¿Qué sabe hacer?

-Ay, si te dijera...

-Menos mal, guapa, si vive en la cama como tú dices...

-A veces llego a casa decidida a echarlo, me lo encuentro ahí tirado y cuando me quiero acordar ya estamos...

-Echándolo.

-Eso. Acabo preguntándome si no vive DE la cama...

-Figúrate que un día se levanta. ¿Qué hace, hormonas aparte? ¿O es que sólo sabe...?

-Bueno, qué se yo... Escribe.

-Al igual que muchos simios... ¿Qué tal lo hace?

-No tan bien como lo otro...

-¿Tiene permiso de trabajo?

-¡Ni ahí! Si vino con la promesa de una beca que no sale... Puro verso, creo yo. Vino a ver si me encontraba... ¿Cómo lo voy a echar?

-Pues tiene cojones el tío, ¿no?

-Dos, al igual que muchos simios...

-Y al igual que esos dos americanitos detrás de ti que no nos quitan los ojos de encima. Ni merece la pena que te des la vuelta; son unos niñatos. Los dos para mí; tú quédate con aquel actor cincuentón. Por cierto, ¿en qué quedó aquello? ¿Fue falsa alarma o...?

-No me lo recuerdes. Apenas salgo de ésa y me cae el Gotán... Ojalá pudiera quedarme con un pedazo de cada uno... Como cuando veo a De Niro en la tele: siempre lo dobla Javier...

-Creo adivinar con qué parte de Tango te quedarías...

-¿Sabés qué pasa, Mar? Yo te lo cuento y me debés ver a mí como la hija de puta y a él como el mártir, pero... En otro tiempo el acoso me habría halagado...

-Es tan... ¡argentino!

-Llamálo como quieras, pero yo de esa ya me cansé, ¿entendés? Es un bajón, es otra vez la misma historia, o peor, porque él sólo me tiene a mí y yo lo aguanto gracias a que él es sólo una cosa más...

-No te agobies, Pampa. Déjamelo a mí. Igual le consigo algún curro. En cuanto tenga de qué ocuparse tendrá menos tiempo libre... y menos ganas de dar el coñazo en tu casa. Tú ponte firme. Le dices que aquí no se atan perros con longanizas y que se vaya haciendo a la idea de que en este país para vivir hay que currar como en cualquier sitio.

-Excepto en mi país, que por currar te llevan presa...

-Pues chica, será por eso que estáis como estáis...

-¿No me podés adelantar algo para contarle?

-Es que se me había ocurrido... ¿Recuerdas la editorial donde trabajo? Pues a mi jefe, el Kundera, se le ha puesto entre ceja y ceja que eso que ha escrito este verano es publicable...

-¿Kundera se llama?

-Qué va, le llamamos así desde que va de novelista... Por aquello de que es un ser levemente insoportable, ¿sabes? Lo siento por ti, es argentino. Lo cierto es que así muy en secreto me ha hablado de que tiene un manuscrito que quiere pasar a WordPerfect, y claro, como que nos pille a alguno con tiempo libre estamos apañados. Pero si le habláramos de este chico, ¿cómo dices que se llama?

-Tango.

-...a este chico Tango,... ¿Tango?

-Bueno, así no se llama; es un apodo.

-Pues eso. No puedo asegurarte nada, pero cuando el tío esté de buenas te prometo que le hablo. Igual le cogen.

-Eso mejor no se lo digo.

-¿Cómo?

-Nada. Cosas mías.

-Tango. Qué bonito.

-Bueno, ¿qué tal si nos movemos?

-¡Pero si esto acaba de empezar! Tú échale morro y siguemé. Hi! My friend and I want to improve our English. My name's Mar.

-Hello, I'm Ed. This is Ted.

-Hi, Ted. I'm Pampa. I was wondering if you would mind if I had a taste of your pincho moruno?

 

 

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