Martín
Barcelona, septiembre de 1990
Martín apaga el último Jockey Club y compra un atado de Fortuna. Con el cambio que le devuelve la máquina compra una ficha y deja la mochila en la consigna de la estación de Sants. Ahora sólo tiene que cuidar la llave, su guita y la que le trae a su hermana. Antes de tomar el metro entra a una tienda de libros y regalos. Dos cosas atraen su atención: un amplio surtido de revistas pornográficas y un perro de peluche que le recuerda a Kafka. Considera por un instante su ambivalente estado de ánimo y resuelve no comprar nada.
Respira por primera vez el aire de Barcelona frente al teatro del Liceo, en las Ramblas. Si hubiera salido de Barajas en la escala percibiría por contraste la cercanía del mar, tan envidiada por sus compatriotas en Castilla. Pero el último aire libre que recuerdan sus pulmones es el de Buenos Aires, otro puerto.
Es una tarde húmeda y grisácea de principios de otoño. El letargo de la siesta parece aquejar incluso a las escasas palomas de las Ramblas. Desfilan gabardinas y gafas. En el silencio de los cafés se lee La Vanguardia del domingo.
Siguiendo las indicaciones que le dio Pampa, Martín se interna en la calle Roca, un callejón casi paralelo a las Ramblas, sombrío y silencioso como todas las callejas del Barrio Gótico, pero sucio y descuidado. El timbre parece no sonar; Martín recurre al grito. A un balcón de la casa de su hermana se asoma una vieja: aquesta noia se n'ha anat, le grita. ¿Y ahora?
Frente a la esquina de Portaferrissa, Nuria toca en el contrabajo una lúgubre melodía. Martín, que vuelve tratando de descifrar su primer contacto con el catalán, se deja distraer momentáneamente por la música y tropieza con la caja del instrumento, muda de monedas. Cuando vuelve la cabeza para disculparse, su mirada se topa con la de la joven. No es la primera vez que sorprende a una mujer mirándolo. Lo que no consigue recordar es la última vez que besó a alguna.
-Perdón.
-Nada.
Martín deja atrás la mirada fija de Nuria. A unos metros, oye la voz de su hermana y se vuelve. Nuria marca los bajos de una improvisación de Lover come back to me, pero ¿quién canta? Volviendo sobre sus pasos, Martín devela parte del misterio: Nuria acompaña a una grabación.
-¿De dónde sacaste esa cinta?
-¿La conoces? Es una amiga argentina, como tú. Los temas de jazz los tocaba con ella. Encontré unas maquetas que se dejó en casa y la verdad funciona de puta madre, ¿no crees? A la gente le llama mucho la atención.
-Es mi hermana.
-¡Venga ya, hombre! ¿Estás de coña?
-¡Fuera de joda! Si querés te la describo.
-No, si ahora que lo dices incluso te encuentro parecido...
-Somos mellizos.
-Pues os parecéis mogollón.
-¿No actúan juntas hoy? Quise darle la sorpresa y no le avisé que venía... Parece que no está.
-Ya no vive aquí; eso es lo que te gritó la vieja. Lo siento; se fue a Madrid.
-¡Uh! ¿Y ahora cómo la encuentro?
-La verdad es que así a bote pronto no se me ocurre cómo ayudarte. A ver espera... igual sí. ¿Tienes algo que hacer ahora mismo?
-Si Pampa se fue, poco y nada...
-Vente conmigo que dejo esto en casa. A lo mejor una amiga mía tiene su teléfono. Es que se fue tan de repente... Bueno, ya sabes cómo es tu hermana. Un culo de mal asiento, que decimos aquí.