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Opinión
El zapatismo se desinfla
por Hugo Salvatierra Arreguín
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La otra campaña avanza a paso lento, sin dejar huella, gris y prácticamente ausente del panorama político nacional. No está en los reflectores. Su falta de popularidad es el reflejo de un discurso viejo y maltrecho incapaz de renovarse de cara al México de 2006. En los primeros años del levantamiento zapatista era necesario gritar para ser escuchados y hacer que México y el mundo entero conocieran sus demandas. Resulta irrefutable que el sub comandante Marcos y el resto de sus seguidores abrieron los ojos de miles de personas y pusieron el tema indígena en la agenda. Hoy, cuando es tiempo de unir y buscar acuerdos, el también Delegado Zero llama a la ilegalidad y confronta a quienes tienen y no dinero. A los primeros los hace villanos y a los segundos víctimas, olvidándose de que todos los hombres tienen claros y obscuros, sin distinción alguna. En Palenque dijo: “Nosotros vemos que los grandes ricos capitalistas sólo lo usan [la zona arqueológica] para venir a visitar, conocer, como si fuera ya una cultura muerta, como si nosotros indígenas mayas, algunos zapatistas y otros que no son zapatistas ya no existiéramos o ya hubiéramos muerto con el triunfo del neoliberalismo en el mundo”. Pero seguramente los habitantes tendrían más carencias a no ser por la derrama económica que deja el turismo. Qué fácil es pregonar palabras incendiarias y confrontar. Lo ideal, sería que El Sub llegara con un plan de desarrollo que contemplara de manera equitativa a los grandes inversionistas y a la los nativos del lugar. Desde la perspectiva de Marcos, las cosas son blancas o negras y tanto la corrupción como la pobreza son culpa de unos cuantos y del capitalismo en sus diferentes formas, olvidando la falta de oportunidades y la mísera libertad de expresión que reina en países como Cuba y Venezuela, de corte socialista. Así lo citó recientemente: “Nosotros pensamos que todo eso tiene que cambiar y no va a cambiar desde allá arriba, donde la derecha está repartiendo sus mentiras para un lado y para otro, al mismo tiempo que se está embolsando millones y millones de pesos… Pensamos que sólo eso va a poder cambiar desde abajo o a la izquierda”. Mientras pide apertura también dicta línea y selecciona a algunos sectores de la prensa, a quines recientemente dijo que La otra campaña es su oportunidad de ser, además de testigos, “actores” que "se pueden implicar sin alterar o falsear lo que están viendo y escuchando…Evidentemente, en los otros medios no va a salir, porque no les conviene que esas luchas se den a conocer”. Si el Delegado Zero pregona la capacidad de decisión de los indígenas, ¿entonces por qué les dice qué hacer?, como sucedió en San Cristóbal de las Casas, donde advirtió del error que significaría votar por Andrés Manuel López Obrador e invitó a los chamulas a abandonar las filas del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Supuestamente busca la paz, sin embargo, sus palabras, que también dicen muchas verdades, rechazan los métodos democráticos por los que los mexicanos lucharon: “Ese camino civilizado, decente y pacífico es el que ha llenado de crimen a este país”, puntualizó. Durante décadas el voto sólo fue una simulación. Después de años de lucha y muertes ya tienen una relativa credibilidad. La gente confía cada vez más en los resultados de los comicios, que hasta hoy son el método más justo para nombrar a los gobernantes. No obstante, El Sub llama a no ejercer el sufragio, claro está, sin dar una alternativa, como lo hizo en la zona dañada por el huracán Stan, sitio donde incitó a la gente a impedir las elecciones hasta que las autoridades no dieran respuesta a las demandas de los afectados: “Lo que nosotros proponemos y apoyaremos, como zapatistas que somos, es que se una todo este movimiento en la costa y la sierra y que se vaya y se le diga al Gobierno claramente que no va haber propaganda electoral ni elecciones si no cumple con la ayuda a los damnificados, porque ya le anunciaron que tienen el dinero y claro se ve que se lo están robando porque no hay nada.” Es preciso resolver las demandas de los afectados, pero no a cambio de los comicios, pues son un derecho ganado literalmente con sangre y no un “circo” de los políticos, como afirma el Delegado Zero. Aunque imperfectos, son un arma a la que el pueblo no debe renunciar. Marcos y su discurso, en muchos casos contradictorio, separa a la
población, impide acuerdos y muestra una realidad parcial. Sólo ve los
contrastes, lo bueno y lo malo, lo sucio y lo limpio, lo obscuro y lo
claro. Le resulta difícil entender que hay ricos honestos, indígenas
infractores, políticos comprometidos con la sociedad, pobres que roban
—y no por hambre— e incluso… zapatistas que engañan. |
Opinión
La Matanza de Tlatelolco
por Hugo Salvatierra Arreguín
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Pese a que los más de 97 millones de mexicanos aún tienen que lidiar con el acoso a las ideas, la censura y el abuso de las autoridades, México ya no es más ese país gobernado por un presidencialismo dictatorial y omnipotente que dio muerte a sus estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. Detrás de esta libertad están un sinfín de historias sangrientas, en las que miles de hombres dejaron sus vidas para dar paso a la construcción del nuevo paradigma nacional, en el que prácticamente cualquier hombre tiene derecho a manifestarse. El año de 1968 marcó para siempre a la sociedad y a la brecha generacional, que en pos de la diversidad social, confrontó a las nuevas ideas de los jóvenes con el conservadurismo de sus padres. En aquel no tan lejano 2 de octubre, los estudiantes, en un acto heroico, salieron a luchar por la libertad y la defensa de sus ideales, sin embargo, hay que reconocer que el movimiento no fue tan puro como la izquierda actual pregona, ya que dentro de la organización del Consejo Nacional de Huelga (CNH) hubieron esquiroles y seudo líderes que vendieron a sus compañeros. Para muchos "sesentayocheros" la lucha no ha terminado, pero a 33 años del fatídico suceso, no todos han comprendido que nuestra realidad es otra, y que si en la década de los sesentas fueron fundamentales las marchas y los enfrentamientos violentos contra el Gobierno, hoy vivimos una realidad distinta, en la que la flexibilidad de las autoridades y las leyes permiten transformar el desigual móvil de vida mediante el uso de la palabra. Cuna del activismo A más de tres décadas, muchos de aquellos estudiantes decidieron olvidar ese episodio y seguir con sus vidas. Algunos se convirtieron en activistas de los partidos, mientras que otros optaron por tomar las aulas y reproducir las ideas marxistas-socialistas en sus alumnos, quienes han intentado vivir su propio 68. Ante la repetición de este modelo, las facultades devinieron en un trampolín de la política, y prueba de ello son algunos líderes estudiantiles como Raúl Álvarez Garín, Martí Batres y Carlos Imaz. Muchos de ellos han empobrecido esta disciplina, mediante discursos sin fondo, en los que reina la irracionalidad y una total negación a toda propuesta gubernamental, por positiva que sea. Hoy, la oposición exige la apertura de los archivos de inteligencia para encontrar a los culpables, lo que inminentemente es únicamente un acto de proselitismo, ya que cualquier Gobierno que comete una atrocidad como la Matanza de Talatelolco no escatima en ocultar las huellas del crimen. De cualquier manera, si hallan los nombres de quienes ordenaron los disparos, encontrarán que estas personas están convertidas en ancianos, si es que todavía viven. Otros "sesentayocheros" como Luis Gonzáles de Alba y Gilberto Rincón Gallardo eligieron luchar desde la trinchera de la legalidad, dentro de los medios de comunicación, las asociaciones o el Gobierno, pero sin un afán protagónico. Existen otros menos que dejaron las pancartas y el activismo académico, para dentro de las aulas fomentar la pluralidad de las ideas, el compromiso social y el consenso. Pese a que el marxismo vive los tiempos de la decadencia, a 33 años de aquella época revolucionaria todavía vemos jóvenes vestidos a la usanza de los jipis, quienes intentan cambiar el mundo a gritos, pancartas rojas y marchas. Exigen huelgas, reducción de cuotas, o destitución de directores de escuelas, presidentes, diputados, o cualquier representante del poder, sin antes haber consultado la normatividad. Para lograr sus fines suelen toman como arma una carta mal redactada que sataniza al sistema capitalista, o bien a su modalidad de neoliberalismo. Otro estrago del 68 lo viven las autoridades, quienes tienen miedo a hacer valer la ley por temor a ser acusadas de represoras, aunque quienes protesten vayan contra los derechos de la mayoría; por lo menos así sucede en las grandes ciudades, pues en poblados menos civilizados desgraciadamente el autoritarismo todavía hace valer el "orden". En nombre de la libertad y la igualdad, a diario se realizan marchas que generan pérdidas económicas a la población, que ante los bloqueos viales se ve imposibilitada a llegar a sus empleos. En nombre de la libertad, y por qué no del Che Guevara, los manifestantes rayan los automóviles de quienes a juicio de su reducido criterio y pasión desenfrenada son "burgueses". En nombre de la libertad califican de "vendidos" a los policías, que únicamente realizan su trabajo. En nombre de la libertad cierran las escuelas, mientras miles de estudiantes ven atrasadas sus vidas. E incluso, en nombre del 2 de Octubre los seudo estudiantes asaltan comercios y secuestran camiones de pasajeros. No se olvida El año de 1968 es una etapa de México que no debemos olvidar, porque un pueblo sin memoria histórica no puede avanzar hacia el progreso. Es preciso leer y comprender los ayeres de lucha, pero esto no implica estancarse en aquellos tiempos. El país requiere de la memoria histórica, para así comprender el porqué de nuestro devenir. De esta manera no repetiremos los errores del pasado. Es preciso encontrar nuevas formas de consenso y adaptación al sistema global, que inminentemente devora el mundo sin que alguien pueda poner resistencia, claro está, siempre y cuando no abandonemos las raíces culturales y el ideal de bienestar social. Es de vital importancia comprender que los muertos de Tlatelolco, de la Revolución, o de cualquier otra lucha no necesitan un minuto de silencio, sino una vida de lucha, en la que el compromiso social esté por encima de los intereses personales, aunque parezca utópico. "2 de octubre no se olvida", se recuerda y de él se aprende, para así generar una visión hacia un futuro de igualdad, mezcla de ideas y sistemas divergentes. Octubre 2001 |
Opinión
Estados Unidos en defensa del honor
por Hugo Salvatierra Arreguín
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Los Estados Unidos de Norteamérica no esperaron más e iniciaron el ataque a Afganistán, tierra que vive en medio de la pobreza, la discriminación a la mujer, y sobre todo, de un sistema religioso que domina la política desde una extrema lectura del Corán. Los tiempos de guerra han llegado junto con el arribo del siglo que recién comienza, y como todo acto bélico, vienen seguidos de muertes, todas ellas producto de los radicalismos que asumen las distintas partes en conflicto. Mientras los norteamericanos se autonombran como el máximo tribunal del mundo y por lo tanto portadores de una justicia omnipotente, el Gobierno talibán que administra a los afganos cree ser el defensor del Islam y de la Guerra Santa, lo que nos hace retroceder al pasado, específicamente a aquellos tiempos de las Cruzadas, en las que moros y cristianos libraban épicas batallas. Para la poca fortuna de los habitantes del planeta, las ofensivas no cobran vida sobre corceles, ni los combatientes tienen los valores de un Rey Arturo. Hoy, los rivales ataca con misiles, e incluso armas nucleares que hacen ver irrisorias las espadas de los Caballeros de la Mesa Redonda. Los estadounidenses buscan vengar su orgullo, ese que fue timado por la destrucción de las Torres Gemelas, máximas representantes de la Urbe de Hierro y el comercio globalizado. Ante este hecho, las cerca de 5 mil muertes de Nueva York serán compensadas con sangre de inocentes, que no tienen más culpa que el haber nacido en Afganistán. Qué mejor justicia que la basada en el rencor, qué mejor manera de sanar las heridas que dando muerte a gente que vive del otro lado del mundo, porque, pese a que apenas se manejan alrededor de 200 bajas talibanes, seguramente habrán más. La Armada Norteamericana pregonan que ningún civil será afectado, pero civiles o no, son vidas. Además, recordemos que en las guerras a larga distancia los errores de precisión suelen destruir poblados enteros. Las dos caras Por un lado, los estadounidenses provocan el terror en Medio Oriente, mientras que por el otro arrojan alimentos, medicinas y radios desde los aires, como un gesto de humanidad que suaviza la imagen de los bombardeos nocturnos. Esta situación denigra al hombre, pues quienes reciben la "ayuda" no son perros que saltan en busca de una croqueta. Detrás de la venganza y del orgullo de los norteamericanos seguramente existe un interés económico por el petróleo de la zona. Ante esta afirmación, resulta lógico que la lucha contra el autoritarismo del Gobierno talibán únicamente funge como un medio diplomático para lograr beneficios económicos, si no, ¿de qué otra forma se entendería la ayuda que Estado Unidos dio al actual gobierno afgano para desalojar a los rusos del territorio años atrás? La humanidad debe luchar para derribar todo régimen detractor de los derechos y la dignidad de los hombres, como en el caso del Gobierno afgano que trata a las mujeres como simples objetos, pero esto no implica que la atrocidad cobre vida con el pretexto de defender la justicia. Los móviles de guerra han comenzado a definir sus estrategias, por lo que la tensión y la paranoia se han convertido en el vaivén de los tiempos modernos. Frente a los sucesos que estamos viviendo, es notorio que mientras la tecnología avanza, la razón decrece a ritmos sorprendentes. Los países deben deliberar en torno a su postura, y buscar vías más coherentes para dar paz al mundo, porque mediante bombardeos nadie logra resolver conflicto alguno. Septiembre 2000 |