Inicio

Amistad

Amigo

Sus libros

Poesías

Excursión

Oliete (Teruel)

Su Parroquia

Virgen del Cantal

Sima de San Pedro

Los Barrios (Cádiz)

La Montera del Torero

Madre Teresita

Enlaces

 
VIVIR CON AMOR
EN LA VERDAD




Semblanza de Sor Teresita
del Niño Jesús Pérez de Iriarte, O.P.



por
Lorenzo Galmés





EDIBESA
1997
 

CRONOLOGÍA DE SOR TERESITA

 


 

2 mayo 1904

Nace en Eslava (Navarra). Es la menor de 5 hermanos. A los dos años se traslada la familia a la vecina Tafalla.

4 enero 1925

Ingresa en el Monasterio de Ntra. Sra. del Rosario, de Madres Dominicas, de Daroca.

2 julio 1926

Después del noviciado, pronuncia su profesión temporal.

2 julio 1929

Emite su profesión solemne en la Orden de Predicadores; "hasta la muerte", en Daroca

26 enero 1953

Se traslada al Monasterio "Madre de Dios" de Olmedo (Valladolid), donde será Priora de las dominicas hasta su muerte.

14 octubre 1954

Muere santamente de cáncer en el Monasterio de Olmedo.

18 abril 1989

Apertura del proceso de canonización en Zaragoza.



           Caminando en la verdad, por el amor, crezcamos en todos los sentidos, para ser como Él, que es la cabeza de Cristo.


              Sor Teresita del Niño Jesús Pérez de Iriarte, monja dominica de vida contemplativa, alma de apóstol, talento misionero, realizada en generosa victimación.

            Vivir con amor en la verdad.


              Felisa Pérez de Iriarte Casado nació el 2 de mayo de 1904, en el pueblecito navarro de Eslava, en el seno de una modesta familia de trabajadores, de auténtico sentido cristiano de la vida. Fue la menor de cinco hermanos. Navarra de cuerpo entero, resultó ser Felisa de la clase de personas que no gustan de hacer las cosas a medias. Temperamento vigoroso y con voluntad férrea, a pesar de las limitaciones humanas, fue capaz de llevar adelante grandes obras, sin llamar la atención, y sabiendo mantenerse en un discreto segundo plano, siendo la honra de sus progenitores y del lugar de su nacimiento.
              La pequeña Felisa abrió los ojos en Eslava, delicioso pueblecito de unos 500 habitantes, recostado sobre una ladera, que invita a mirar al cielo. Así que las primeras miradas de la niña fueron para sus padres y para el cielo, y sin duda llegaron a Dios, marcándole para toda la vida.
              Muy pequeña era Felisa cuando la familia decidió trasladarse a Tafalla, donde había más posibilidad para mantener una familia numerosa a base del trabajo del padre. La poesía de Eslava, que era una invitación a la comunicación con Dios, se convirtió en Tafalla en una invitación a colaborar en la construcción de una sociedad cristiana, a base de trabajo, justicia y amor, y servir así mejor al prójimo.
En Eslava se había abierto Felisa a la vida y a la gracia. En Tafalla se abrió al trabajo y a la llamada de Dios. En Eslava había aprendido a caminar de la mano de su madre; en Tafalla se fue desarrollando bajo la inspiración de Dios. Llevó adelante una vida muy laboriosa, a impulsos de una familia numerosa y muy unida, en la que todos tenían que trabajar para salir a flote. Cristianos a carta cabal, los Pérez de Iriarte - Casado vivieron su modestia familiar con el espíritu de las bienaventuranzas y la alegría de los hijos de Dios. Felisa se fue haciendo mujer trabajando, sonriendo y cantando, ya que estaba dotada de una prodigiosa voz. Trabajar y orar, sonriendo y cantando, se convirtió en el santo y seña de toda la vida de la que estaba llamada a ser Sor Teresita del Niño Jesús, de la Orden de Predicadores.
              Precisamente un recuerdo entrañable de aquellos años de adolescencia y primera juventud de Felisa, lo constituye la evocación de la adolescente, ayudando en la labor de trilla, cantando, irradiando gracia y simpatía, que acompañaban su hermosa voz, hasta el punto de llamar la atención a los viandantes. Uno de ellos dedicó una vibrante jota navarra a la niña que tanto le había llamado la atención.
              Tuvo que ser en Tafalla donde la joven Felisa fue deshojando la margarita de unos años que desembocarían en la orientación definitiva de su vida. Su profundidad religiosa no pasaba inadvertida. Algunos intuyeron que iba para monja. A pesar de los pronósticos de quienes la veían una buena religiosa de vida activa, y más en concreto una misionera de altos vuelos, tuvieron que rendirse a la evidencia de su error, cuando hizo pública su decisión de consagrase a Dios en la vida contemplativa, en rigurosa clausura. Y cuando una amiga le manifestó su sorpresa, Felisa le atajó riendo:

              Teresita. ¡Ay, Juanita, qué poco me conoces! Yo cerradica, bien cerradica.

             
Y así fue. Dios, que conocía bien a su Sierva, le brindó el ejemplo de María, la hermana de Marta y Lázaro.

              María escogió para sí la mejor parte, la cual no le será quitada.

             
Marta quedaba relegada a un segundo lugar, y Felisa siguió el camino de María. Los caminos providenciales, que a menudo escapan a la mirada de los hombres, la condujeron hasta un lugar que ella iba a llamar su palomarcico.
              El 4 de enero de 1925 se presentaba a las puertas del Monasterio de Nuestra. Señora del Rosario, de monjas dominicas de Daroca a pedir la misericordia de Dios y la de la Comunidad religiosa, y profesar en la Orden de Santo Domingo. Quería consagrarse a Dios para hacer de su vida una ofrenda total de acción de gracias.
              En el austero Monasterio dejó de ser Felisa Pérez de Iriarte Casado. Para la historia iba a convertirse en Sor Teresita del Niño Jesús. Pobreza, castidad y obediencia, con todas sus consecuencias, fueron los brazos de la cruz que le dieron la cordial bienvenida. Desgranó el rosario místico de los meses de postulanta, novicia y monja de votos temporales, hasta el momento de su consagración definitiva, que esperaba con ilusión de víctima. Escribió a su amiga de mayor confianza, a mediados de 1929:

              Teresita. El día 2 de julio próximo, con la gracia de Dios, haré mi profesión solemne. Hasta ahora me ligué a Él en parte; mas desde ese día, quedaré ligada completamente. Por eso te escribo; para que ruegues mucho por mí. Dile que me quite la libertad de ofenderle y me de su gracia para cumplir con lo que le prometo.

             
Con estas disposiciones prometió obediencia como monja dominica, hasta la muerte.

              En verdad, en verdad os digo, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; mas si muere, lleva mucho fruto.

              La vida de Sor Teresita del Niño Jesús había entrado en su órbita definitiva. ¿Qué pensaba ella de la vida? Lo anotó a raíz de unos Ejercicios Espirituales.

              Teresita. Hay quien se pasa toda la vida hablando mal de la vida; y a esto no hay derecho porque no es verdad. La vida es amarga, pero hay en ella dulzura capaz de endulzar todas sus amarguras, y esa dulzura es Él. La vida es trabajo, es lucha, es dolor. Bueno; pero en la vida hay algo que hace que el trabajo no sea trabajo, sino placer. Y algo que hace que la lucha no sea lucha, sino paz. Y algo que hace que el dolor no sea dolor, ni cruz, sino felicidad; y ese algo es Él.

             
Es Él: es Dios, es Cristo, a quien consagró toda su vida.
              En el Monasterio destacó pronto por su espíritu de trabajo y su disponibilidad. A la hora de trabajar sobresalía no sólo por su eficiencia, sino por la perfección con que lo llevaba a cabo. Mereció la confianza de superiores y comunidad, pues siempre tuvo cargos de confianza. Fue 18 años portera. 20 años, secretaria de la Madre Priora. 20 años, procuradora del Monasterio. 14 años, tornera. Y toda su vida, cantora, lo que llevaba consigo ser la encargada de la liturgia monacal y la solemnización de los actos de culto. Su voz, de calidad extraordinaria, se convirtió en un medio de dar gloria a Dios. Así lo deja entrever la composición siguiente:

              Teresita.
             
Señor, si tus enojos, en prenda de justicia
              haces caer sobre miseria tanta
              como aflige a esta tu ruin hija,
              si aún es tu voluntad tenerla en el destierro,
              ponle llanto en los ojos,
              ponle espinas debajo de la planta;
              pero, déjale voz en la garganta,
              porque bien sabes Tú, Jesús amante,
              que no puede vivir el que no canta...

            
Con el tiempo iba robusteciéndose una actitud interior que configuró toda la vida espiritual de Sor Teresita: ser víctima de amor. Particularmente por los sacerdotes. A veces brotaban de sus escritos expresiones espontáneas que denotaban una profunda experiencia de vida teologal.

              Teresita. Quiero ser hostia pura, blanca, otro Él.
              Celebremos con el sacerdote la Misa.
              Allí estamos como miembros de Cristo, ofreciéndonos con Él; y después, durante el día, sea una    oblación continua, pues constantemente se está levantando la Hostia Santa en todo el mundo.
              He soñado más de una vez en ser hostia de alabanza, hostiam laudis, para dar gloria a Dios y tenerle siempre contentico. ¿Vamos a empeñarnos en que sea una realidad? Todos los días, en unión con el sacerdote, hagamos esta petición y este ofrecimiento al Padre Eterno, unidas a la víctima santa e inmaculada.

             
Ideal sacerdotal que le indujo a ofrecer su vida de penitencia por la vocación sacerdotal de un niño. Este ofrecimiento lo tuvo en su corazón hasta la hora de su muerte. Entonces decidió comunicárselo al sacerdote, cuyo carisma sacerdotal había arropado con su oración y penitencias durante más de veinte años, en el más absoluto anonimato.
              Consecuentemente con el sentimiento victimal impreso en la vida de la Sierva de Dios, no puede extrañar que afrontase momentos muy difíciles, que pusieron a prueba su temple heroico. Dramáticos fueron los años que procedieron a la guerra civil del 1936, y después, las consecuencias de la posguerra. Amenazas e insultos antes, y después restricciones económicas. El monasterio dominicano de Daroca estuvo a punto de ser asaltado, con el consiguiente peligro para las monjas. Pero Daroca, fiel a su solera cristiana, no permitió que esto sucediera, aunque las monjas pasaron momentos muy difíciles. Sor Teresita lo recuerda dentro de su visión providencial de la vida.

               Teresita. Estamos un poco impresionadas por los sucesos acaecidos, pero al mismo tiempo alabando los designios de Dios, siempre sapientísimos, justísimo, y más aún, buenísimos, ya que Él sabe sacar de los males, bienes copiosísimos para su Iglesia y los suyos.
El día de la Asunción puede decirse que fue día crítico para nosotras, mas pronto se conjuró el peligro, renaciendo la tranquilidad y viendo cuán de veras quieren en esta ciudad a estas pobres dominicas, ya que tanto las autoridades como el pueblo entero, y a la cabeza los principales señores, dieron muestras fehacientes de lo mucho que nos quieren

              
Pero a Sor Teresita le esperaba una misión especial en la que con toda probabilidad nunca hubiera podido pensar. Una serie de circunstancias, en las que jugó un importante papel la entonces propagandista de Acción Católica, Teresa Ortega, después monja dominica en Olmedo, desembocaron en la designación de Sor Teresita para llevar a cabo, junto con otras dos monjas de Daroca, la remodelación de la vida de la comunidad del Monasterio "Madre de Dios", de Olmedo. Labor delicada y de mucho compromiso, que la Sierva de Dios aceptó por pura obediencia victimal. Iba a ser la última y definitiva etapa de su vida, en calidad de Madre Priora de Olmedo. Pero antes pasó por una prueba que la hizo sufrir mucho, sufrimiento que sumó al que le suponía dejar su convento, en el que había confiado siempre vivir y morir. El Señor permitió una especial corona de espinas que fortaleció más su espiritualidad personal.
               Fue un suceso lamentable del que a nadie puede culparse, pero que hizo sufrir mucho a la Sierva de Dios. Inexplicablemente comenzaron a desaparecer cosas del Monasterio. Siendo un Monasterio pobre, no se trataba de objetos de mucho valor, pero el hecho y la frecuencia llegaron a preocupar a las monjas, ya que el autor de los hurtos debía de ser alguien muy cercano al convento. Sobre Sor Teresita, en sus funciones de tornera y procuradora, recaía la responsabilidad de la administración. Era la que se encontraba en la situación más delicada. Para alguna monja el nudo del problema estaría en la Sierva de Dios. No faltó quien sospechase de ella. Sor Teresita se enteró por un imprudente comentario tenido bajo la ventana de su celda, y ella lo oyó.
Nada le dijeron. Ella prefirió callarse, sonriendo como siempre, y llevarse el secreto a la tumba. Todo lo dejaba en manos del Señor. Con la lógica preocupación por la delicada misión que le habían asignado en Olmedo, y sangrándole el corazón por la duda sobre su honradez dejada en Daroca, salió para la villa vallisoletana. Triste presente, preludio de un incierto futuro.
               Cuando meses más tarde, se descubrió la persona responsable, que había actuado movida por una inclinación enfermiza, desde Olmedo lloró Sor Teresita. Su pena no era por sí misma, sino por quien había causado tantos disgustos a la Comunidad de Daroca y a ella misma. La Sierva de Dios lo aceptó como una purificación que le hacía falta y que el Señor, en cuyas manos estaba, no había querido ahorrarle.
                Nueva etapa en la vida de Sor Teresita en tierras castellanas, con el cargo de Priora del Monasterio "Madre de Dios", de Olmedo. Esta etapa duró hasta su muerte, que no estaba tan lejos como se podía pensar. Había ido a Olmedo como instrumento de paz, en un acto de servicio evangélico, imitando al Divino Maestro que había venido a servir.

                El Hijo del Hombre ha venido a servir, no a ser servido.

               
Su disposición a estar siempre pronta para el servicio de los demás, practicada durante toda su vida, y potenciada en el retiro claustral de Daroca, alcanzó cima de heroísmo en Olmedo. Era la consecuencia natural de ser Priora, que como decía ella con especial gracejo, debe ser la primera en todo, comenzando por los trabajos, cuanto más humildes y pesados más propios de la priora, respetando siempre las responsabilidades personales. En Daroca se había distinguido por su entrega absoluta. En Olmedo tubo que sumar su disposición de servicio, con las delicadezas de una madre para con sus hijos. Ternura y detalles obsequiosos con las jóvenes, enfermas y ancianas; y vigor y energía en el trabajo, como una trabajadora más, para quienes tenían que llevar el peso del calor y de la jornada.
                Una de las grandes, tal vez la mayor, preocupaciones de la Priora Madre Teresita era asegurar la continuación de la obra renovadora iniciada en el vetusto monasterio de Olmedo. Las jóvenes postulantes que iban ingresando, orientadas por Teresa Ortega, tenían conciencia clara de la misión a la que habían sido llamadas. Deberían ser instrumentos de robustecimiento del clima de espiritualidad dominicana y estricta observancia regular. Y Madre Teresita era la responsable de que se preparasen adecuadamente. A base de un ejemplo intachable, orientaciones y consejos, y de piadosa pedagogía práctica, fue modelando desde su vertiente de Priora, las aspiraciones a la vida religiosa, que Dios puso en su camino. Tenía la Sierva de Dios especial cariño por las flores destinadas todas ellas a acompañar al Señor en el sagrario, por lo que amonestaba a las novicias encargadas del cultivo de las mismas.

                Teresita. Cuidad, hijas, y tratadlas bien, que son para Él, y sólo para Él.

               
Se hizo célebre una ingeniosa artimaña que utilizaba para estimular su elevación de miras. Ante un flor, preguntaba a veces a alguna de las jóvenes.

                Teresita. ¿A qué huele, hija, a qué huela?

               
La interpelada acostumbraba a contestar según el perfume de la misma; a lo que ella, riendo, solía replicar con indecible cariño:

                Teresita. A Él, tontica, huele a Él.

               
Madre Teresita tenía bien claro su compromiso de víctima y el sentido de su victimación. Procuró que el aspecto victimal de la vida consagrada no pasase desapercibido de las postulantes que acudían al "Madre de Dios" para incorporarse a la obra renovadora en la que estaban llamadas a participar. Por esto pudo escribir a una de ellas antes de entrar:

                Teresita. Ven y sufriremos juntas, porque amar sin sufrir no es amar, y vivir sin amar no es vivir.

               
No llegó a dos años el tiempo que Madre Teresita estuvo en Olmedo, pero quedaron registrados como años de intensa fecundidad interna, marcados por el signo de la cruz. Años vividos en pura esperanza, tejidos en un presente que sentía el peso de su realidad. Y esa realidad tenía que transformarse en ideal superior. No era tarea fácil conjugar ilusiones juveniles de quienes habían entrado en religión con el propósito de forjar una vida religiosa émula de los mejores tiempos, con la experiencia de una comunidad religiosa que tocaba las consecuencias de años de languidez: unas y otras esperaban una inyección de entusiasmo para a su vida el toque de autenticidad y perfección a la que aspiraban. Bien lo sabía Madre Teresita, y confiaba en la Providencia, en su buena voluntad personal, y en los medios que Dios ponía en sus manos. Y creía, en su buena fe, que podía contar con años por delante. No fueron éstos, sin embargo, los planes del Señor. La obra de Dios, servida por los hombres, se lleva adelante en el tiempo con una dinámica que sólo Dios. sabe.

               El que quiera ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.

              
Bien lo supo y practicó Madre Teresita, abrazada siempre a la cruz de Cristo. Múltiples fueron sus manifestaciones. Penitencias físicas duras y frecuentes. Dormir poquísimo, hasta el punto de tener que intervenir los superiores. Alimentase, lo suficiente para mantener su frágil naturaleza. Trabajar, hasta el límite de lo que daba de sí su resistencia. Acostumbraba a decir:

               Teresita. Una monja debe acostarse siempre cansada.

               
Por esto hizo de su vida un trabajo constante, que en numerosas ocasiones le sirvió para camuflar los dolores que a intervalos iban denunciando la enfermedad que la llevaría al sepulcro.

                Madre Teresita se preocupaba tan poco de sus dolencias, que se negaba a consultar a los médicos. No concedía importancia alguna a los males que por dentro le afligían. Por fuera, disimulaba. Con motivo de tener que ser atendida médicamente una novicia en Madrid, las monjas, con fraternal insistencia, consiguieron que la Madre la acompañase y se sometiese a una revisión médica. El diagnóstico fue alarmante: un cáncer que exigía urgente intervención quirúrgica. El resultado fue también decepcionante. Humanamente no había remedio. Y la obra de Olmedo daba sus primeros pasos. Teresa Ortega lo ha plasmado en trazos vigorosos, con la mirada puesta en Dios.

               M. Teresa. "Hay algo más que cáncer; hay una voluntad de Dios crucificante y preciosa que quisiera envolvernos a todos en su cruz y purificarnos en ella... Pensaba en Olmedo, en aquel Convento, ya en vías de reforma, en aquel Noviciado, en todo el dolor que ha costado y por un momento lo veía todo... roto, deshecho... Los planes del Señor son siempre con astillas de cruz, son sombras de Getsemaní, con angustias de Gólgota. ¿Que pasará ahora?"

              
Humanamente podía parecer una desgracia, pero a los ojos de la fe, era un misterio que encerraba una especial presencia de Dios. Los dolores iban en aumento, y una monja la insinuó:

              
Monja. Madre, nuestro Señor se complace en usted dándole una enfermedad del mayor sufrimiento, más que a Santa Teresita.

              
Ella atajó con rapidez:

               Teresita. Hija mía, no injurie a mi Santa. ¡Qué comparación! ¡Si Santa Teresita llegó a ver saciados todos sus deseos de sufrimiento, hasta colmados!

              
Pero también en Madre Teresita el sufrimiento físico y moral llegó a colmar su generosa medida. El misma llegó a exclamar:

               Teresita. Ahora puedo decir ya lo que mi Santa. Tanto has saciado y rebasado, Jesús mío, mis ansias de martirio, el de mi cuerpo y el del corazón que, sin una gracia especial, no podría sufrirlo.

              
Una monja le comentó en aquellos inciertos días:

               Monja. Madre, se ve que no la merecemos, y el Señor se la lleva.

              
La sierva de Dios corrigió con brío:

               Teresita. No, hija, no, me lleva porque soy yo la que estorba a la obra de Dios. ¡Lo he hecho tan mal...! Por ese me lleva... A pesar de ello he buscado siempre la gloria de Dios.

              
Fiel a su talante victimal, rechazaba toda clase de calmantes. Quería esperar la muerte con la cabeza despejada. Pero tuvo que reconocer:

               Teresita. Jamás pensé que un alma podría pasar tanto, tengo hasta el temor de desesperarme. ¡Pobrecitos los que no bien fe! Pedid mucho por los agonizantes.

              
Intervino el médico y mandó que le pusieran calmantes. Lo que no había podido doblegar la fuerza del dolor, lo consiguió la obediencia religiosa:

               Teresita. Pues bien, en un acto de obediencia, viendo a Dios en el médico, me los pondré, aunque sepa que he de quedarme sin darme cuenta. ¡Bendito seas, Jesús mío!

              
La vida de Sor Teresita se caracterizó al mismo tiempo por su acendrado amor a la Virgen, desde que, siendo adolescente, formaba parte de la peregrinación a pie, a la Virgen de Ujué, cantando y sonriendo, pues cantar y sonreír fue la nota dominante de su vida. A la Virgen la llamaba siempre la Señora, pronunciando su nombre acompañada de una respetuosa inclinación de cabeza. A la profunda devoción para con la Madre, hay que sumar el filial amor al Padre Santo Domingo y de los hermanos santos dominicos, en especial Santo Tomás de Aquino, por su fervor eucarístico.
               En la fase terminal de su enfermedad, cuando sus desahogos con el Señor y la Madre adquirieron tonalidades de emoción indescriptible, pidió que acompañasen sus últimos momentos con el canto de la Salve a la Virgen y el O spem miram a Santo Domingo. Y cuando le anunciaron la proximidad de los últimos momentos de su vida, exclamó enternecida:

               Teresita. No pueden imaginarse la alegría que tengo, porque me voy al cielo con la Señora.

              
Tenía especial devoción por la popular plegaría: "Bendita sea tu pureza", que ella concluía diciendo:

               Teresita. No me dejes, Madre mía, hasta morir en tu amor.

              
Ante el panorama preocupante en que dejaba el Monasterio, en el que tantas esperanzas había puesto, lo fió todo a la Virgen, diciendo a las monjas:

               Teresita. Ella ha de ser vuestra Madre. Ella velará desde hoy por vosotras. Sí, Ella. Pobrecitas hijas, os vais con el corazón destrozado, pero yo rogaré por vosotras.

              
El avance imparable de la enfermedad no permitía hacerse ilusiones. Almas piadosas pensaban en un milagro; pero ella se sentía en manos de la Virgen.

               Teresita. Señora, cuando tú quieras. Ni un minuto antes, ni un minuto después.

              
Al final afloró también su carisma sacerdotal. Mirando las manos, manos ungidas, un jueves sacerdotal, exclamó enternecida:

               Teresita. Los sacerdotes han sido siempre mi pasión dominante.

               
Fueron sus últimas palabras. Las melodías gregorianas de la Salve a la Virgen y del O spem miram a Santo Domingo acompañaron sus últimos momentos. Hubiera querido también el Te Deum en acción de gracias, pero el llanto de las monjas les impidió continuar.
                Sor Teresita del Niño Jesús expiró en el Señor el 14 de octubre de 1954, a las ocho de la mañana. Vio cumplidos sus deseos de aprovechar todo el sufrimiento que el Señor había brindado a su generosidad. Consumatum est. Misión cumplida. El grano de trigo que había muerto para el mundo entre los muros de Daroca y Olmedo, iba a ser sepultado en la tierra para morir en el tiempo, y florecer para la eternidad.
Al morir Sor Teresita muchos pudieron preguntarse ¿Ha terminado o, en realidad, acaba de comenzar? Si en realidad había terminado para el tiempo, era porque empezaba su obra desde la eternidad. La obra de quien había dicho: Yo rogare por vosotras...; lo que había enseñado con su palabra y con su ejemplo, iba a rubricarlo con su intercesión ante Dios. Empezaba desde otra dimensión, infinitamente más valiosa. Siempre estuvo presente en la dimensión de Dios en el tiempo. A partir de entonces, en plenitud de vida en Dios, emprendía otra etapa de servir a los demás desde la eternidad.
                 Nos despedimos con las palabras que le dedicó la Madre Teresa Mª. Ortega, con sentimientos que nacen del corazón de los demás:

                 M. Teresa. "Valía la pena haber preparado las chispas de aquella llama inflamada... Junto a ella se sentía la proximidad del Cielo y el roce de Dios... Dejaba muchos problemas sin resolver, pero ni eso perturbaba la paz... La estampa recordaba la de aquella otra santa, Catalina de Siena, quien, al ver pasar a un dominico, salía despacio, sin ser vista de nadie, y luego besaba sus huellas... Sus labios seguían diciendo: esas manos... No fue triste aquella muerte, no... Su cuerpo, deshecho por el cáncer, por la prolongada inapetencia, por los dolores destrozantes, hablaba de lámpara apagada en el chisporroteo del amor... Los labios de Dios soplaron con soplo divino. Su fuego eterno se llevó para Dios la luz, que Él mismo había encendido. Aparentemente fue un apagón. Realmente fue un sumergirse de la pequeña llama en la infinita hoguera del Amor. Allí nos espera... Notamos su luz y su calor".
                                                                                        
                                                                                                  Lorenzo Galmés, O.P.



Si desea obtener mas datos sobre
Madre Teresita consulta en:
http://inicia.es/de/Madre_Teresita


Dirección del Monasterio de Daroca
Madre Dominicas
Paseo de la Constitución 24
Tel. 976800038
50360 DAROCA (Zaragoza)
España

 

 

Inicio Anterior Siguiente

 

 

http://es.geocities.com/burilloj/pag12.htm

Webmaster: Jesús Burillo Albero
 
Hosted by www.Geocities.ws

1