“EL CONTRATO
MORAL”
Hablar de escuela,
docentes, valores y tecnología es un reto y un
compromiso: un reto porque actualmente los cambios se
dan a gran velocidad, y un compromiso porque quien está
más lejos de discernir cuáles son los
valores más convenientes, menos posibilidad tiene
de comprender, desarrollar y proyectar su trabajo con
éxito. El desarrollo social, cognitivo y afectivo
de las nuevas generaciones está básicamente
en manos de los docentes, quienes tienen una gran responsabilidad
en el desarrollo de sus alumnos. Esta realidad conlleva
un compromiso personal y social, por ello los docentes
de hoy en día necesitan firmar un “contrato
moral” con su entorno educativo, lo que significa
que, más que un contrato legal, el docente se
compromete con su función de guía de los
procesos de enseñanza-aprendizaje, como gestor
del conocimiento, a estar en constante aprendizaje y
actualización, y como modelo de actuación.
Los cambios sociales y los que atañen a la educación
requieren de un docente que asuma con seriedad y compromiso
sus cargas académicas, además de asumir
responsabilidades con la educación moral y la
educación en valores, o sea una escuela que centre
su atención en las interacciones y no en las
reglas. El contrato moral con la educación es
básicamente la elección del más
alto compromiso del educador con las dimensiones sociales
y técnicas de su ejercicio profesional. Esas
prácticas comprometidas construyen el prestigio,
tanto de la institución educativa como el de
los educadores.
Este contrato moral
debe “firmarse” con los estudiantes, con
los colegas y con la escuela; con los estudiantes, por
ejemplo, es necesario que haya consistencia entre el
decir y el hacer. Las construcciones deben ser compartidas,
integrar a todos; esto favorece la democracia. El docente
debe atender a sus estudiantes personalmente cuando
sea necesario. El contrato con los colegas, se refiere
entre otros aspectos, a la voluntad y disponibilidad
para trabajar en equipo, mantener y equilibrar correctamente
su participación, según amerite cada situación.
Esto favorece la equidad en la atención de las
demandas de la escuela. Con la escuela se destaca algunos
compromisos, tales como la construcción de un
sentido de pertenencia y arraigo a la institución,
el conocimiento profundo del centro educativo, la canalización
de la información para promover vínculos
entre la escuela y comunidad. La escuela es una institución
social, la educación es un hecho social, la persona
es un ser social y el docente un trabajador social,
que no sólo debe conocer a fondo los contenidos
de sus programas, ser un muy buen metodólogo
y evaluador, sino que debe socializar a sus estudiantes
para que se desarrollen como personas con derechos y
responsabilidades plenas.
No hay que olvidar
que los estudiantes, ya sea de forma positiva o negativa,
tienen una percepción de su entorno que incluye
al profesor, el cual influye en su desarrollo y en su
aprendizaje.
Mag. Maite
Capra Puertas