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Casos
prácticos 1.
(hiperactividad)
Ricardo F, de dos años 7 meses es hijo único de un matrimonio
joven, de acuerdo a la información de sus padres el
embarazo y el parto se desarrollaron con toda normalidad, la madre dice
que es un niño muy esperado por toda la familia, especialmente
por la familia de la madre que también es hija única.
El desarrollo del niño en general es normal, no manifiesta
enfermedades, aunque la madre destaca que el niño desde
muy pequeño llora frecuentemente tanto de día como
de noche. Otro comportamiento que los padres observan y que les
preocupa es que Ricardo desde sus primeros meses siempre está
nervioso o inquieto: no para de moverse, de agitar sus manos y
nunca logra jugar con algún juguete, no se entretiene con
nada, estos comportamientos producen en sus padres muchas dudas
y confusiones, muchas veces no saben como actuar, todo esto provoca
continuas discusiones entre los padres y abuelos.
Los
padres sin saber que hacer deciden que el niño pase gran
parte del día con sus abuelos maternos, quienes consiguen
que Ricardo se tranquilice dándole todo lo que el niño
pide: juguetes, ropa, caramelos, helados etc.
En
Septiembre de 1999, Ricardo asiste a un parvulario. Desde el primer
día, el niño se resiste a quedarse en la clase,
durante toda la jornada llora sin parar y constantemente pide
por su madre o abuelo. La profesora cita a los padres de Ricardo
y les comenta que le resulta imposible controlar el comportamiento
del niño y por lo tanto, la imposibilidad de que Ricardo
continue en el parvulario. Por este motivo les sugieren otra escuela,
a la que los padres recurren en Octubre de 1999. Ricardo también
llora durante toda la jornada, pero logran controlar su llanto
dejándole que el niño haga lo que quiera: va de
una clase a otra, se queda en el patio etc. Durante la segunda
semana en el parvulario el niño comienza a pegar a sus
compañeros, además de manifestar una notable inquietud,
no para de correr y de moverse constantemente, por lo que se decide
que Ricardo nuevamente deje el parvulario. Todo ello produce que
sus padres se desesperen y aumente su confusión.
Es
importante destacar que el problema de Ricardo, se ha iniciado
especialmente por el comportamiento sobreprotector que han tenido
sus padres y abuelos maternos. En enero de 2000, la familia se
somete a un programa de orientación, con el objetivo de
cambiar el comportamiento de los padres y abuelos, además
de corregir la conducta de Ricardo, porque frecuentemente si estos
comportamientos no se tratan, en la mayoría de los casos
pueden ser el inicio de ciertos trastornos como la
hiperactividad
infantil. Paralelamente a la orientación que
recibe la familia, Ricardo es sometido a programas destinados
a cambiar su conducta (modificación de conducta).
Es frecuente
escuchar a los padres decir que mi hijo es muy inquieto, que desordena
sus cosas. o que solo quiere jugar. Todo esto es normal porque
se trata de niños, que por su edad necesitan moverse,
jugar, correr, saltar, hablar o chillar. Si por el contrario observamos
que nuestro hijo se mueve excesivamente y sin motivo, que no logra
poner atención por mucho tiempo en algo determinado. Es
posible que se trate de un trastorno conocido como hiperactividad
infantil.
En
muchos casos los niños con estos trastornos no quieren
ir al colegio, como es el caso de Ricardo, casi siempre alteran
la clase, tienen problemas con sus compañeros, algunos
se comportan con agresividad, no logran respetar las normas o
exigencias de la escuela, muchas veces la profesora no sabe como
controlarlos,
no
participan, no logran mantenerse sentados por mucho tiempo, sus
aprendizajes son limitados, y su rendimiento escolar es bajo,
aun cuando en la mayoría de los casos son niños
con inteligencia normal. Y como en el caso de Ricardo F, no son
aceptados en la escuela.
¿
Cómo podemos saber si nuestro hijo es hiperactivo ?
§
El niño se mueve
excesivamente, sin motivo y
es frecuente verlos correr
sin parar, sin una dirección determinada.
§
Siempre están inquietos,
muchas veces nerviosos
§
Siempre consiguen lo que
quieren.
§ Normalmente hacen lo contrario
de lo que se les pide.
§
Sus movimientos aumentan
en presencia de otras personas.
§
A veces realizan agresiones
sin ningún motivo, hacia sus padres o familiares.
§
No ponen atención
a lo que se les dice. Están siempre distraídos.
§
En algunos casos les cuesta
quedarse dormidos o
no controlan el pipí .
¿Cómo
debemos actuar con nuestro hijo?
q
Es importante
que un profesional realice
una completa valoración individual de la conducta del niño,
es importante
realizar un correcto tratamiento
y orientación
a los padres.
q
Se debe crear un ambiente
familiar adecuado, y sobre todo tranquilo, esto siempre favorecerá
el buen desarrollo del niño, especialmente si se trata
de un hijo demasiado inquieto o con problemas de comportamiento.
¿Cómo
puedo ayudar a mi hijo?
§
Muchos de los comportamientos
relacionados con los movimientos excesivos del niño, se
deben a su necesidad de llamar la atención, los padres
deben ignorar estas actuaciones del niño, el exceso de
atención en estos casos permite al niño continuar
con estas actuaciones, y por lo tanto aumentar el problema. Se
debe prestar más atención cuando el niño
está quieto o más tranquilo.
§
Los padres deben permitir
que el niño se mueva en espacios abiertos, (jardines, plazas
o campo). Se deben evitar los espacios cerrados.
§
Se deben utilizar algunos
premios cuando el niño está tranquilo y se deben
quitar si las conductas no son las adecuadas.
§ La familia debe someterse
a programas que están destinados a mejorar el ambiente
familiar y escolar del niño, favoreciendo de esta manera
su participación y adaptación.
El
niño que siempre está en movimiento, inquieto o
nervioso, es posible que con el tiempo no sólo tenga problemas
con sus aprendizajes, o con su rendimiento escolar, sino que también
puede que su personalidad se vea alterada, además de
sentir
una continua
ansiedad,
lo
que de todas formas debemos evitar. Los padres debemos actuar
lo antes posible, sin dejar pasar el tiempo, no debemos pensar
que el niño se comporta así porque quiere, se comporta
así porque no sabe hacerlo de otra forma, por lo tanto
debemos ayudarle, siempre siguiendo unas pautas de actuación.
Lo más probable que el niño supere estos problemas
sin mayor dificultad. Como lo está logrando Ricardo F,
que desde Marzo de 2000, asiste a un parvulario en el que participa
con bastante normalidad: no utiliza el llanto, no pega a sus compañeros,
y no maifiesta nerviosismo o ansiedad, aunque sigue sometido a
un programa de seguimiento y sus padres participan en un programa
de orientación.
Aspandies
Knuckey Quirland
Autor:
Alexander
Knuckey
S.
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