"LOS SALMOS"
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(1) = Del maestro
de coro. Para instrumentos de cuerda. De David. =
1 (2) ¡Escucha,
oh Dios, mi clamor, atiende a mi plegaria!
2 (3) Desde el
extremo de la tierra hacia ti grito, en el desmayo de mi corazón. A la roca
que se alza lejos de mí, condúceme;
3 (4) pues tú
eres mi refugio, torre fuerte frente al enemigo.
4 (5) ¡Que sea yo
siempre huésped de tu tienda, y me acoja al amparo de tus alas! = Pausa. =
5 (6) Porque tú,
oh Dios, oyes mis votos: tú me otorgas la heredad de los que temen tu
nombre.
6 (7) A los días
del rey añade días, sus años, generación tras generación.
7 (8) ¡Reine por
siempre ante la faz de Dios! ¡El Amor y la Verdad le guarden!
8 (9) Entonces
salmodiaré a tu nombre para siempre, día tras día cumpliré mis votos.
(1) = Del maestro
de coro... Yedutún. Salmo. De David. =
1 (2) En Dios
sólo el descanso de mi alma, de él viene mi salvación;
2 (3) sólo él mi
roca, mi salvación, mi ciudadela, no he de vacilar.
3 (4) ¿Hasta
cuándo atacaréis a un solo hombre, le abatiréis, vosotros todos, como a una
muralla que se vence, como a pared que se desploma?
4 (5) Doblez sólo
proyectan, su placer es seducir; con mentira en la boca, bendicen, y por
dentro maldicen. = Pausa. =
5 (6) En Dios
sólo descansa, oh alma mía, de él viene mi esperanza;
6 (7) sólo él mi
roca, mi salvación, mi ciudadela, no he de vacilar;
7 (8) en Dios mi
salvación y mi gloria, la roca de mi fuerza. En Dios mi refugio;
8 (9) confiad en
él, oh pueblo, en todo tiempo; derramad ante él vuestro corazón, ¡Dios es
nuestro refugio! = Pausa. =
9 (10) Un soplo
solamente los hijos de Adán, los hijos de hombre, una mentira; si subieran a
la balanza serían menos que un soplo todos juntos.
10 (11) No os
fiéis de la opresión, no os ilusionéis con la rapiña; a las riquezas, cuando
aumenten, no apeguéis el corazón.
11 (12) Dios ha
hablado una vez, dos veces, lo he oído: Que de Dios es la fuerza,
12 (13) tuyo,
Señor, el amor; y: Que tú al hombre pagas con arreglo a sus obras.
(1) = Salmo. De
David. Cuando estaba en el desierto de Judá. =
1 (2) Dios, tú mi
Dios, yo te busco, sed de ti tiene mi alma, en pos de ti languidece mi
carne, cual tierra seca, agotada, sin agua.
2 (3) Como cuando
en el santuario te veía, al contemplar tu poder y tu gloria,
3 (4) - pues tu
amor es mejor que la vida, mis labios te glorificaban -,
4 (5) así quiero
en mi vida bendecirte, levantar mis manos en tu nombre;
5 (6) como de
grasa y médula se empapará mi alma, y alabará mi boca con labios jubilosos.
6 (7) Cuando
pienso en ti sobre mi lecho, en ti medito en mis vigilias,
7 (8) porque tú
eres mi socorro, y yo exulto a la sombra de tus alas;
8 (9) mi alma se
aprieta contra ti, tu diestra me sostiene.
9 (10) Mas los
que tratan de perder mi alma, ¡caigan en las honduras de la tierra!
10 (11) ¡Sean
pasados al filo de la espada, sirvan de presa a los chacales!
11 (12) Y el rey
en Dios se gozará, el que jura por él se gloriará, cuando sea cerrada la
boca de los mentirosos.
(1) = Del maestro
de coro. Salmo. De David. =
1 (2) Escucha, oh
Dios, la voz de mi gemido, del terror del enemigo guarda mi vida;
2 (3) ocúltame a
la pandilla de malvados, a la turba de los agentes de mal.
3 (4) Los que
afilan su lengua como espada, su flecha apuntan, palabra envenenada,
4 (5) para tirar
a escondidas contra el íntegro, le tiran de improviso y nada temen.
5 (6) Se
envalentonan en su acción malvada, calculan para tender lazos ocultos,
dicen: «¿Quién lo observará
6 (7) y escrutará
nuestros secretos?» El los escruta, aquel que escruta lo íntimo del hombre,
el corazón profundo.
7 (8) Una saeta
ha tirado Dios, repentinas han sido sus heridas;
8 (9) les ha
hecho caer por causa de su lengua, menean la cabeza todos los que los ven.
9 (10) Todo
hombre temerá. anunciará la obra de Dios y su acción comprenderá.
10 (11) El justo
se alegrará en Yahveh, en él tendrá cobijo; y se gloriarán todos los de
recto corazón.
(1) = Del maestro
de coro. Salmo. De David. Cántico. =
1 (2) A ti se
debe la alabanza, oh Dios, en Sión. A ti el voto se te cumple,
2 (3) tú que
escuchas la oración. Hasta ti toda carne viene
3 (4) con sus
obras culpables; nos vence el peso de nuestras rebeldías, pero tú las
borras.
4 (5) Dichoso tu
elegido, tu privado, en tus atrios habita. ¡Oh, hartémonos de los bienes de
tu Casa, de las cosas santas de tu Templo!
5 (6) Tú nos
responderás con prodigios de justicia, Dios de nuestra salvación, esperanza
de todos los confines de la tierra, y de las islas lejanas;
6 (7) tú que
afirmas los montes con tu fuerza, de potencia ceñido,
7 (8) y acallas
el estruendo de los mares, el estruendo de sus olas. Están los pueblos en
bullicio,
8 (9) por tus
señales temen los que habitan los confines, a las puertas de la mañana y de
la tarde haces tú gritar de júbilo.
9 (10) Tú visitas
la tierra y la haces rebosar, de riquezas la colmas. El río de Dios va lleno
de agua, tú preparas los trigales. Así es como la preparas:
10 (11) riegas
sus surcos, allanas sus glebas, con lluvias la ablandas, bendices sus
renuevos.
11 (12) Tú
coronas el año con tu benignidad, de tus rodadas cunde la grosura;
12 (13) destilan
los pastos del desierto, las colinas se ciñen de alegría;
13 (14) las
praderas se visten de rebaños, los valles se cubren de trigo; ¡y los gritos
de gozo, y las canciones!
(1) = Del maestro
de coro. Cántico. Salmo. =
1 Aclamad a Dios,
la tierra toda,
2 salmodiad a la
gloria de su nombre, rendidle el honor de su alabanza,
3 decid a Dios:
¡Qué terribles tus obras! Por la grandeza de tu fuerza, tus enemigos vienen
a adularte;
4 toda la tierra
se postra ante ti, y salmodia para ti, a tu nombre salmodia. = Pausa. =
5 Venid y ved las
obras de Dios, temible en sus gestas por los hijos de Adán:
6 él convirtió el
mar en tierra firme, el río fue cruzado a pie. Allí, nuestra alegría en él,
7 que por su
poder domina para siempre. Sus ojos vigilan las naciones, no se alcen los
rebeldes contra él. = Pausa. =
8 Pueblos,
bendecid a nuestro Dios, haced que se oiga la voz de su alabanza,
9 él, que
devuelve nuestra alma a la vida, y no deja que vacilen nuestros pies.
10 Tú nos
probaste, oh Dios, nos purgaste, cual se purga la plata;
11 nos prendiste
en la red, pusiste una correa a nuestros lomos,
12 dejaste que un
cualquiera a nuestra cabeza cabalgara, por el fuego y el agua atravesamos;
mas luego nos sacaste para cobrar aliento.
13 Con
holocaustos entraré en tu Casa, te cumpliré mis votos,
14 los que
abrieron mis labios, los que en la angustia pronunció mi boca.
15 Te ofreceré
pingües holocaustos, con el sahumerio de carneros, sacrificaré bueyes y
cabritos. = Pausa. =
16 Venid a oír y
os contaré, vosotros todos los que teméis a Dios, lo que él ha hecho por mí.
17 A él gritó mi
boca, la alabanza ya en mi lengua.
18 Si yo en mi
corazón hubiera visto iniquidad, el Señor no me habría escuchado.
19 Pero Dios me
ha escuchado, atento a la voz de mi oración.
20 ¡Bendito sea
Dios, que no ha rechazado mi oración ni su amor me ha retirado!
(1) = Del maestro
de coro. Para instrumentos de cuerda. Salmo. Cántico. =
1 (2) ¡Dios nos
tenga piedad y nos bendiga, su rostro haga brillar sobre nosotros! = Pausa.
=
2 (3) Para que se
conozcan en la tierra tus caminos, tu salvación entre todas las naciones.
3 (4) ¡Te den, oh
Dios, gracias los pueblos, todos los pueblos te den gracias!
4 (5) Alégrense y
exulten las gentes, pues tú juzgas al mundo con justicia, con equidad juzgas
a los pueblos, y a las gentes en la tierra gobiernas. = Pausa. =
5 (6) ¡Te den, oh
Dios, gracias los pueblos, todos los pueblos te den gracias!
6 (7) La tierra
ha dado su cosecha: Dios, nuestro Dios, nos bendice.
7 (8) ¡Dios nos
bendiga, y teman ante él todos los confines de la tierra!
(1) = Del maestro
de coro. De David. Salmo. Cántico. =
1 (2) ¡Álcese
Dios, sus enemigos se dispersen, huyan ante su faz los que le odian!
2 (3) Cual se
disipa el humo, los disipas; como la cera se derrite al fuego, perecen los
impíos ante Dios.
3 (4) Mas los
justos se alegran y exultan ante la faz de Dios, y saltan de alegría.
4 (5) Cantad a
Dios, salmodiad a su nombre, abrid paso al que cabalga en las nubes,
alegraos en Yahveh, exultad ante su rostro.
5 (6) Padre de
los huérfanos y tutor de las viudas es Dios en su santa morada;
6 (7) Dios da a
los desvalidos el cobijo de una casa, abre a los cautivos la puerta de la
dicha, mas los rebeldes quedan en un suelo ardiente.
7 (8) Oh Dios,
cuando saliste al frente de tu pueblo, cuando pasabas el desierto, = Pausa.
=
8 (9) la tierra
retembló, y hasta los cielos se licuaron ante la faz de Dios, ante la faz de
Dios, el Dios de Israel.
9 (10) Tú
derramaste, oh Dios, una lluvia de larguezas, a tu heredad extenuada, tú la
reanimaste;
10 (11) tu grey
halló una morada, aquella que en tu bondad, oh Dios, al desdichado
preparabas.
11 (12) El Señor
da la palabra: es el anuncio de un ejército inmenso.
12 (13) Y
mientras los reyes, los ejércitos huyen, huyen, la bella de la casa reparte
el botín.
13 (14) Mientras
vosotros descansáis entre las tapias del aprisco, las alas de la Paloma se
cubren de plata, y sus plumas de destellos de oro verde;
14 (15) cuando
Sadday dispersa a los reyes, por ella cae la nieve en el Monte Umbrío.
15 (16) ¡Monte de
Dios, el monte de Basán! ¡Monte escarpado, el monte de Basán!
16 (17) ¿Por que
miráis celosos, montes escarpados, al monte que Dios escogió por mansión?
¡Oh sí, Yahveh morará allí para siempre!
17 (18) Los
carros de Dios, por millares de miríadas; el Señor ha venido del Sinaí al
santuario.
18 (19) Tú has
subido a la altura, conduciendo cautivos, has recibido tributo de hombres,
hasta los rebeldes para que Yahveh Dios tuviera una morada.
19 (20) ¡Bendito
sea el Señor día tras día! El carga con nosotros, Dios de nuestra salvación.
= Pausa. =
20 (21) Dios
libertador es nuestro Dios; del Señor Yahveh son las salidas de la muerte;
21 (22) mas la
cabeza de sus enemigos Dios quebranta, la testa cabelluda de quien sus
crímenes pasea.
22 (23) Dijo el
Señor: «De Basán haré volver, haré volver de los abismos del mar,
23 (24) para que
puedas hundir tu pie en la sangre, y en los enemigos tenga su parte la
lengua de tus perros».
24 (25) ¡Se han
visto, oh Dios, tus procesiones, las procesiones de mi Dios, mi rey, al
santuario:
25 (26) delante
los cantores, los músicos detrás, las doncellas en medio, tocando el
tamboril!
26 (27) A Dios,
en coros, bendecían: ¡es Yahveh, desde el origen de Israel.
27 (28) Allí iba
Benjamín, el pequeño, abriendo marcha, los príncipes de Judá con sus
escuadras, los príncipes de Zabulón, los príncipes de Neftalí.
28 (29) ¡Manda,
Dios mío, según tu poder, el poder, oh Dios, que por nosotros desplegaste,
29 (30) desde tu
Templo en lo alto de Jerusalén, donde vienen los reyes a ofrecerte
presentes!
30 (31) Increpa a
la bestia del cañaveral, a la manada de toros y novillos de los pueblos.
¡Que se sometan con lingotes de plata! ¡Dispersa a los pueblos que fomentan
la guerra!
31 (32) Los
magnates acudan desde Egipto, tienda hacia Dios sus manos Etiopía.
32 (33) ¡Cantad a
Dios, reinos de la tierra, salmodiad para el Señor,
33 (34) para el
que cabalga los cielos, los antiguos cielos: = Pausa. = ved que lanza él su
voz, su voz potente!
34 (35) Reconoced
el poderío de Dios. Sobre Israel su exaltación, su poder en las nubes:
35 (36) ¡temible
es Dios desde su santuario! El, el Dios de Israel, es quien da poder y
fuerza al pueblo. ¡Bendito sea Dios!
(1) = Del maestro
de coro. Según la melodía: «Lirios...» De David. =
1 (2) ¡Sálvame,
oh Dios, porque las aguas me llegan hasta el cuello!
2 (3) Me hundo en
el cieno del abismo, sin poder hacer pie; he llegado hasta el fondo de las
aguas, y las olas me anegan.
3 (4) Estoy
exhausto de gritar, arden mis fauces, mis ojos se consumen de esperar a mi
Dios.
4 (5) Son más que
los cabellos de mi cabeza los que sin causa me odian; más duros que mis
huesos los que me hostigan sin razón. (¿Lo que yo no he robado tengo que
devolver?)
5 (6) Tú, oh
Dios, mi torpeza conoces, no se te ocultan mis ofensas.
6 (7) ¡No se
avergüencen por mí los que en ti esperan, oh Yahveh Sebaot! ¡No sufran
confusión por mí los que te buscan, oh Dios de Israel!
7 (8) Pues por ti
sufro el insulto, y la vergüenza cubre mi semblante;
8 (9) para mis
hermanos soy un extranjero, un desconocido para los hijos de mi madre;
9 (10) pues me
devora el celo de tu casa, y caen sobre mí los insultos de los que te
insultan.
10 (11) Si
mortifico mi alma con ayuno, se me hace un pretexto de insulto;
11 (12) si tomo
un sayal por vestido, para ellos me convierto en burla,
12 (13) cuento de
los que están sentados a la puerta, y copla de los que beben licor fuerte.
13 (14) Mas mi
oración hacia ti, Yahveh, en el tiempo propicio: por tu gran amor, oh Dios,
respóndeme, por la verdad de tu salvación.
14 (15) ¡Sácame
del cieno, no me hunda, escape yo a los que me odian, a las honduras de las
aguas!
15 (16) ¡El flujo
de las aguas no me anegue no me trague el abismo, ni el pozo cierre sobre mí
su boca!
16 (17)
¡Respóndeme, Yahveh, pues tu amor es bondad; en tu inmensa ternura vuelve a
mí tus ojos;
17 (18) no
retires tu rostro de tu siervo, que en angustias estoy, pronto, respóndeme;
18 (19) acércate
a mi alma, rescátala, por causa de mis enemigos, líbrame!
19 (20) Tú
conoces mi oprobio, mi vergüenza y mi afrenta, ante ti están todos mis
opresores.
20 (21) El
oprobio me ha roto el corazón y desfallezco. Espero compasión, y no la hay,
consoladores, y no encuentro ninguno.
21 (22) Veneno me
han dado por comida, en mi sed me han abrevado con vinagre.
22 (23) ¡Que su
mesa ante ellos se convierta en un lazo, y su abundancia en una trampa;
23 (24) anúblense
sus ojos y no vean, haz que sus fuerzas sin cesar les fallen!
24 (25) Derrama
tu enojo sobre ellos, los alcance el ardor de tu cólera;
25 (26) su
recinto quede hecho un desierto, en sus tiendas no haya quien habite:
26 (27) porque
acosan al que tú has herido, y aumentan la herida de tu víctima.
27 (28) Culpa
añade a su culpa, no tengan más acceso a tu justicia;
28 (29) del libro
de la vida sean borrados, no sean inscritos con los justos.
29 (30) Y yo
desdichado, dolorido, ¡tu salvación, oh Dios, me restablezca!
30 (31) El nombre
de Dios celebraré en un cántico, le ensalzaré con la acción de gracias;
31 (32) y más que
un toro agradará a Yahveh, más que un novillo con cuernos y pezuñas.
32 (33) Lo han
visto los humildes y se alegran; ¡viva vuestro corazón, los que buscáis a
Dios!
33 (34) Porque
Yahveh escucha a los pobres, no desprecia a sus cautivos.
34 (35) ¡Alábenle
los cielos y la tierra, el mar y cuanto bulle en él!
35 (36) Pues
salvará Dios a Sión, reconstruirá las ciudades de Judá: habitarán allí y las
poseerán;
36 (37) la
heredará la estirpe de sus siervos, los que aman su nombre en ella morarán.
(1) = Del maestro
de coro. De David. En memoria.
1 (2) ¡Oh Dios,
ven a librarme, Yahveh, corre en mi ayuda!
2 (3) ¡Queden
avergonzados y confusos los que buscan mi vida! ¡Atrás!, sean confundidos
los que desean mi mal,
3 (4) retrocedan
de vergüenza los que dicen: ¡Ja, ja!
4 (5) ¡En ti se
gocen y se alegren todos los que te buscan! ¡Repitan sin cesar: «Grande es
Dios», los que aman tu salvación!
5 (6) ¡Y yo,
desventurado y pobre, oh Dios, ven presto a mí! ¡Tú, mi socorro y mi
libertador, Yahveh, no tardes!
1 A ti, Yahveh,
me acojo, ¡no sea confundido jamás!
2 ¡Por tu
justicia sálvame, libérame! tiende hacia mí tu oído y sálvame!
3 ¡Sé para mí una
roca de refugio, alcázar fuerte que me salve, pues mi roca eres tú y mi
fortaleza.
4 ¡Dios mío,
líbrame de la mano del impío, de las garras del perverso y del violento!
5 Pues tú eres mi
esperanza, Señor, Yahveh, mi confianza desde mi juventud.
6 En ti tengo mi
apoyo desde el seno, tú mi porción desde las entrañas de mi madre; ¡en ti
sin cesar mi alabanza!
7 Soy el asombro
de muchos, mas tú eres mi seguro refugio.
8 Mi boca está
repleta de tu loa, de tu gloria todo el día.
9 A la hora de mi
vejez no me rechaces, no me abandones cuando decae mi vigor.
10 Porque de mí
mis enemigos hablan, los que espían mi alma se conciertan:
11 «¡Dios le ha
desamparado, perseguidle, apresadle, pues no hay quien le libere!»
12 ¡Oh Dios, no
te estés lejos de mí, Dios mío, ven pronto en mi socorro!
13 ¡Confusión y
vergüenza sobre aquellos que acusan a mi alma; cúbranse de ignominia y de
vergüenza los que buscan mi mal!
14 Y yo,
esperando sin cesar, más y más te alabaré;
15 publicará mi
boca tu justicia, todo el día tu salvación.
16 Y vendré a las
proezas de Yahveh, recordaré tu justicia, tuya sólo.
17 ¡Oh Dios,
desde mi juventud me has instruido, y yo he anunciado hasta hoy tus
maravillas!
18 Y ahora que
llega la vejez y las canas, ¡oh Dios, no me abandones!, para que anuncie yo
tu brazo a todas las edades venideras, ¡tu poderío
19 y tu justicia,
oh Dios, hasta los cielos! Tú que has hecho grandes cosas, ¡oh Dios!, ¿quién
como tú?
20 Tú que me has
hecho ver tantos desastres y desgracias, has de volver a recobrarme. Vendrás
a sacarme de los abismos de la tierra,
21 sustentarás mi
ancianidad, volverás a consolarme,
22 Y yo te daré
gracias con las cuerdas del arpa, por tu verdad, Dios mío; para ti
salmodiaré a la cítara, oh Santo de Israel.
23 Exultarán mis
labios cuando salmodie para ti, y mi alma, que tú has rescatado.
24 También mi
lengua todo el día musitará tu justicia: porque han sido avergonzados,
porque han enrojecido, los que buscaban mi desgracia.
(1) = De Salomón.
=
1 Oh Dios, da al
rey tu juicio, al hijo de rey tu justicia:
2 que con
justicia gobierne a tu pueblo, con equidad a tus humildes.
3 Traigan los
montes paz al pueblo, y justicia los collados.
4 El hará
justicia a los humildes del pueblo, salvará a los hijos de los pobres, y
aplastará al opresor.
5 Durará tanto
como el sol, como la luna de edad en edad;
6 caerá como la
lluvia en el retoño, como el rocío que humedece la tierra.
7 En sus días
florecerá la justicia, y dilatada paz hasta que no haya luna;
8 dominará de mar
a mar, desde el Río hasta los confines de la tierra.
9 Ante él se
doblará la Bestia, sus enemigos morderán el polvo;
10 los reyes de
Tarsis y las islas traerán tributo. Los reyes de Sabá y de Seba pagarán
impuestos;
11 todos los
reyes se postrarán ante él, le servirán todas las naciones.
12 Porque él
librará al pobre suplicante, al desdichado y al que nadie ampara;
13 se apiadará
del débil y del pobre, el alma de los pobres salvará.
14 De la
opresión, de la violencia, rescatará su alma, su sangre será preciosa ante
sus ojos;
15 (y mientras
viva se le dará el oro de Sabá). Sin cesar se rogará por él, todo el día se
le bendecirá.
16 Habrá en la
tierra abundancia de trigo, en la cima de los montes ondeará como el Líbano
al despertar sus frutos y sus flores, como la hierba de la tierra.
17 ¡Sea su nombre
bendito para siempre, que dure tanto como el sol! ¡En él se bendigan todas
las familias de la tierra, dichoso le llamen todas las naciones!
18 ¡Bendito sea
Yahveh, Dios de Israel, el único que hace maravillas!
19 ¡Bendito sea
su nombre glorioso para siempre, toda la tierra se llene de su gloria!
¡Amén! ¡Amén!
20 Fin de las
oraciones de David, hijo de Jesé.
(1) = Salmo. De
Asaf. =
1 En verdad bueno
es Dios para Israel, el Señor para los de puro corazón.
2 Por poco mis
pies se me extravían, nada faltó para que mis pasos resbalaran,
3 celoso como
estaba de los arrogantes, al ver la paz de los impíos.
4 No, no hay
congojas para ellos, sano y rollizo está su cuerpo;
5 no comparten la
pena de los hombres, con los humanos no son atribulados.
6 Por eso el
orgullo es su collar, la violencia el vestido que los cubre;
7 la malicia les
cunde de la grasa, de artimañas su corazón desborda.
8 Se sonríen,
pregonan la maldad, hablan altivamente de violencia;
9 ponen en el
cielo su boca, y su lengua se pasea por la tierra.
10 Por eso mi
pueblo va hacia ellos: aguas de abundancia les llegan.
11 Dicen: «¿Cómo
va a saber Dios? ¿Hay conocimiento en el Altísimo?»
12 Miradlos: ésos
son los impíos, y, siempre tranquilos, aumentan su riqueza.
13 ¡Así que en
vano guardé el corazón puro, mis manos lavando en la inocencia,
14 cuando era
golpeado todo el día, y cada mañana sufría mi castigo!
15 Si hubiera
dicho: «Voy a hablar como ellos», habría traicionado a la raza de tus hijos;
16 me puse, pues,
a pensar para entenderlo, ¡ardua tarea ante mis ojos!
17 Hasta el día
en que entré en los divinos santuarios, donde su destino comprendí:
18 oh, sí, tú en
precipicios los colocas, a la ruina los empujas.
19 ¡Ah, qué
pronto quedan hechos un horror, cómo desaparecen sumidos en pavores!
20 Como en un
sueño al despertar, Señor, así, cuando te alzas, desprecias tú su imagen.
21 Sí, cuando mi
corazón se exacerbaba, cuando se torturaba mi conciencia,
22 estúpido de
mí, no comprendía, una bestia era ante ti.
23 Pero a mí, que
estoy siempre contigo, de la mano derecha me has tomado;
24 me guiarás con
tu consejo, y tras la gloria me llevarás.
25 ¿Quién hay
para mí en el cielo? Estando contigo no hallo gusto ya en la tierra.
26 Mi carne y mi
corazón se consumen: ¡Roca de mi corazón, mi porción, Dios por siempre!
27 Sí, los que se
alejan de ti perecerán, tú aniquilas a todos los que te son adúlteros.
28 Mas para mí,
mi bien es estar junto a Dios; he puesto mi cobijo en el Señor, a fin de
publicar todas tus obras.
(1) = Poema. De
Asaf. =
1 ¿Por qué has de
rechazar, oh Dios, por siempre, por qué humear de cólera contra el rebaño de
tu pasto?
2 Acuérdate de la
comunidad que de antiguo adquiriste, la que tú rescataste, tribu de tu
heredad, y del monte Sión donde pusiste tu morada.
3 Guía tus pasos
a estas ruinas sin fin: todo en el santuario lo ha devastado el enemigo.
4 En el lugar de
tus reuniones rugieron tus adversarios, pusieron sus enseñas, enseñas
5 que no se
conocían, en el frontón de la entrada. Machetes en bosque espeso,
6 a una
cercenaban sus jambas, y con hacha y martillo desgajaban.
7 Prendieron
fuego a tu santuario, por tierra profanaron la mansión de tu nombre.
8 Dijeron en su
corazón: «¡Destruyámoslos en bloque!» Quemaron en la tierra todo lugar de
santa reunión.
9 No vemos
nuestras enseñas, no existen ya profetas, ni nadie entre nosotros que sepa
hasta cuándo.
10 ¿Hasta cuándo,
oh Dios, provocará el adversario? ¿Ultrajará tu nombre por siempre el
enemigo?
11 ¿Por qué
retraes tu mano, y en tu seno retienes escondida tu diestra?
12 Oh Dios, mi
rey desde el principio, autor de salvación en medio de la tierra,
13 tú hendiste el
mar con tu poder, quebraste las cabezas de los monstruos en las aguas;
14 tú machacaste
las cabezas de Leviatán y las hiciste pasto de las fieras;
15 tú abriste
manantiales y torrentes, y secaste ríos inagotables;
16 tuyo es el
día, tuya también la noche, tú la luna y el sol estableciste,
17 tú trazaste
todos los confines de la tierra, el verano y el invierno tú formaste.
18 Recuérdalo,
Yahveh: provoca el enemigo, tu nombre ultraja un pueblo necio.
19 No entregues a
la bestia el alma de tu tórtola, la vida de tus pobres no olvides para
siempre.
20 Piensa en la
alianza, que están llenos los rincones del país de guaridas de violencia.
21 ¡No vuelva
cubierto de vergüenza el oprimido; el humilde y el pobre puedan loar tu
nombre!
22 ¡Alzate, oh
Dios, a defender tu causa, acuérdate del necio que te provoca todo el día!
23 No olvides el
griterío de tus adversarios, el clamor de tus agresores que crece sin cesar!
(1) = Del maestro
de coro. «No destruyas.» Salmo. De Asaf. Cántico. =
1 (2) Te damos
gracias, oh Dios, te damos gracias, invocando tu nombre, tus maravillas
pregonando.
2 (3) «En el
momento en que decida, yo mismo juzgaré con rectitud.
3 (4) Se
estremece la tierra con todos sus habitantes, mas yo sostengo sus columnas.
= Pausa. =
4 (5) «Digo a los
arrogantes: ¡Fuera arrogancias!, y a los impíos: ¡No levantéis la frente,
5 (6) no
levantéis tan alto vuestra frente, no habléis con un cuello de insolencia!»
6 (7) Pues ya no
es por oriente ni por occidente, ya no por el desierto de los montes,
7 (8) por donde
Dios, el juez, a uno abate y a otro exalta:
8 (9) sino que
hay una copa en la mano de Yahveh, y de vino drogado está lleno el brebaje:
él lo escanciará, y sorberán hasta las heces, lo beberán todos los impíos de
la tierra.
9 (10) Y yo lo
anunciaré por siempre, salmodiaré para el Dios de Jacob;
10 (11) quebraré
toda frente de los impíos, y la frente del justo se alzará.
(1) = Del maestro
de coro. Para instrumentos de cuerda. Salmo. De Asaf. Cántico. =
1 (2) En Judá
Dios es conocido, grande es su nombre en Israel;
2 (3) su tienda
está en Salem, su morada en Sión;
3 (4) allí quebró
las ráfagas del arco, el escudo, la espada y la guerra. = Pausa. =
4 (5) Fulgurante
eres tú, maravilloso por los montones de botín
5 (6) de que han
sido despojados; los bravos durmiendo están su sueño, a todos los hombres
fuertes les fallaron los brazos;
6 (7) a tu
amenaza, oh Dios de Jacob, carro y caballo se quedaron pasmados.
7 (8) Tú, tú el
terrible, ¿quién puede resistir ante tu faz, bajo el golpe de tu ira?
8 (9) Desde los
cielos pronuncias la sentencia, la tierra se amedrenta y enmudece
9 (10) cuando
Dios se levanta para el juicio, para salvar a todos los humildes de la
tierra. = Pausa. =
10 (11) La cólera
del hombre te celebra, te ceñirás con los escapados a la Cólera.
11 (12) Haced
votos y cumplidlos a Yahveh, vuestro Dios, los que le rodean traigan
presentes al Terrible;
12 (13) el que
corta el aliento a los príncipes, el temible para los reyes de la tierra.
(1) = Del maestro
de coro... Yedutún. De Asaf. Salmo. =
1 (2) Mi voz
hacia Dios: yo clamo, mi voz hacia Dios: él me escucha.
2 (3) En el día
de mi angustia voy buscando al Señor, por la noche tiendo mi mano sin
descanso, mi alma el consuelo rehúsa.
3 (4) De Dios me
acuerdo y gimo, medito, y mi espíritu desmaya. = Pausa. =
4 (5) Los
párpados de mis ojos tú retienes, turbado estoy, no puedo hablar;
5 (6) pienso en
los días de antaño, de los años antiguos
6 (7) me acuerdo;
en mi corazón musito por la noche, medito y mi espíritu inquiere:
7 (8) ¿Acaso por
los siglos desechará el Señor, no volverá a ser propicio?
8 (9) ¿Se ha
agotado para siempre su amor? ¿Se acabó la Palabra para todas las edades?
9 (10) ¿Se habrá
olvidado Dios de ser clemente, o habrá cerrado de ira sus entrañas? = Pausa.
=
10 (11) Y digo:
«Este es mi penar: que se ha cambiado la diestra del Altísimo.»
11 (12) Me
acuerdo de las gestas de Yahveh, sí, recuerdo tus antiguas maravillas,
12 (13) medito en
toda tu obra, en tus hazañas reflexiono.
13 (14) ¡Oh Dios,
santos son tus caminos! ¿Qué dios hay grande como Dios?
14 (15) Tú, el
Dios que obras maravillas, manifestaste tu poder entre los pueblos;
15 (16) con tu
brazo a tu pueblo rescataste, a los hijos de Jacob y de José. = Pausa =.
16 (17) Viéronte,
oh Dios, las aguas, las aguas te vieron y temblaron, también se
estremecieron los abismos.
17 (18) Las nubes
derramaron sus aguas, su voz tronaron los nublados, también cruzaban tus
saetas.
18 (19) ¡Voz de
tu trueno en torbellino! Tus relámpagos alumbraban el orbe, la tierra se
estremecía y retemblaba.
19 (20) Por el
mar iba tu camino, por las muchas aguas tu sendero, y no se descubrieron tus
pisadas.
20 (21) Tú
guiaste a tu pueblo cual rebaño por la mano de Moisés y de Aarón.
(1) = Poema. De
Asaf. =
1 Escucha mi ley,
pueblo mío, tiende tu oído a las palabras de mi boca;
2 voy a abrir mi
boca en parábolas, a evocar los misterios del pasado.
3 Lo que hemos
oído y que sabemos, lo que nuestros padres nos contaron,
4 no se lo
callaremos a sus hijos, a la futura generación lo contaremos: Las alabanzas
de Yahveh y su poder, las maravillas que hizo;
5 él estableció
en Jacob un dictamen, y puso una ley en Israel; El había mandado a nuestros
padres que lo comunicaran a sus hijos,
6 que la
generación siguiente lo supiera, los hijos que habían de nacer; y que éstos
se alzaran y se lo contaran a sus hijos,
7 para que
pusieran en Dios su confianza, no olvidaran las hazañas de Dios, y sus
mandamientos observaran;
8 para que no
fueran, lo mismo que sus padres, una generación rebelde y revoltosa,
generación de corazón voluble y de espíritu desleal a Dios.
9 Los hijos de
Efraím, diestros arqueros, retrocedieron el día del combate;
10 no guardaban
la alianza hecha con Dios, rehusaban caminar según su ley;
11 tenían
olvidados sus portentos, las maravillas que él les hizo ver:
12 prodigios hizo
a la vista de sus padres en el país de Egipto, en los campos de Tanis.
13 Hendió la mar
y los pasó a través, contuvo las aguas como un dique;
14 de día los
guiaba con la nube, y cada noche con resplandor de fuego;
15 en el desierto
hendió las rocas, los abrevó a raudales sin medida;
16 hizo brotar
arroyos de la peña y descender las aguas como ríos.
17 Pero ellos
volvían a pecar contra él, a rebelarse contra el Altísimo en la estepa;
18 a Dios
tentaron en su corazón reclamando manjar para su hambre.
19 Hablaron
contra Dios; dijeron: «¿Será Dios capaz de aderezar una mesa en el desierto?
20 «Ved que él
hirió la roca, y corrieron las aguas, fluyeron los torrentes: ¿podrá de
igual modo darnos pan, y procurar carne a su pueblo?»
21 Entonces
Yahveh lo oyó y se enfureció, un fuego se encendió contra Jacob, y la Cólera
estalló contra Israel,
22 porque en Dios
no habían tenido fe ni confiaban en su salvación.
23 Y a las nubes
mandó desde lo alto, abrió las compuertas de los cielos;
24 hizo llover
sobre ellos maná para comer, les dio el trigo de los cielos;
25 pan de Fuertes
comió el hombre, les mandó provisión hasta la hartura.
26 Hizo soplar en
los cielos el solano, el viento del sur con su poder atrajo,
27 y llovió sobre
ellos carne como polvo, y aves como la arena de los mares;
28 las dejó caer
en medio de su campo, en torno a sus moradas.
29 Comieron hasta
quedar bien hartos, así satisfizo su avidez;
30 mas aún no
habían colmado su avidez, su comida estaba aún en su boca,
31 cuando la
cólera de Dios estalló contra ellos: hizo estragos entre los más fuertes, y
abatió a la flor de Israel.
32 Mas con todo
pecaron todavía, en sus maravillas no tuvieron fe.
33 El consumió
sus días con un soplo, y sus años con espanto.
34 Cuando los
mataba, le buscaban, se convertían, se afanaban por él,
35 y recordaban
que Dios era su roca, su redentor, el Dios Altísimo.
36 Mas le
halagaban con su boca, y con su lengua le mentían;
37 su corazón no
era fiel para con él, no tenían fe en su alianza.
38 El, con todo,
enternecido, borraba las culpas y no exterminaba; bien de veces su cólera
contuvo y no despertó todo su furor:
39 se acordaba de
que ellos eran carne, un soplo que se va y no vuelve más.
40 ¡Cuántas veces
se rebelaron contra él en el desierto, le irritaron en aquellas soledades!
41 Otra vez a
tentar a Dios volvían, a exasperar al Santo de Israel;
42 no se
acordaron de su mano, del día en que les libró del adversario;
43 cuando hizo en
Egipto sus señales, en el campo de Tanis sus prodigios.
44 Trocó en
sangre sus ríos y sus arroyos para que no bebiesen.
45 Tábanos les
mandó que los comieron, y ranas que los infestaron;
46 entregó a la
langosta sus cosechas, el fruto de su afán al saltamontes;
47 asoló con
granizo sus viñedos, y con la helada sus sicómoros;
48 entregó sus
ganados al pedrisco y a los rayos sus rebaños.
49 Lanzó contra
ellos el fuego de su cólera, indignación, enojo y destrucción, tropel de
mensajeros de desgracias;
50 libre curso
dio a su ira. No preservó sus almas de la muerte, a la peste sus vidas
entregó;
51 hirió en
Egipto a todo primogénito, las primicias de la raza en las tiendas de Cam.
52 Y sacó a su
pueblo como ovejas, cual rebaño los guió por el desierto;
53 los guió en
seguro, sin temor, mientras el mar cubrió a sus enemigos;
54 los llevó a su
término santo, a este monte que su diestra conquistó;
55 arrojó a las
naciones ante ellos; a cordel les asignó una heredad, y estableció en sus
tiendas las tribus de Israel.
56 Pero ellos le
tentaron, se rebelaron contra el Dios Altísimo, se negaron a guardar sus
dictámenes,
57 se
extraviaron, infieles, lo mismo que sus padres, se torcieron igual que un
arco indócil:
58 le irritaron
con sus altos, con sus ídolos excitaron sus celos.
59 Dios lo oyó y
se enfureció, desechó totalmente a Israel;
60 abandonó la
morada de Silo, la tienda en que habitaba entre los hombres.
61 Mandó su
fuerza al cautiverio, a manos del adversario su esplendor;
62 entregó su
pueblo a la espada, contra su heredad se enfureció.
63 El fuego
devoró a sus jóvenes, no hubo canto nupcial para sus vírgenes;
64 sus sacerdotes
cayeron a cuchillo, sus viudas no entonaron lamentos.
65 Entonces
despertó el Señor como un durmiente, como un bravo vencido por el vino;
66 hirió a sus
adversarios en la espalda, les infligió un oprobio eterno.
67 Desechó la
tienda de José, y no eligió a la tribu de Efraím;
68 mas eligió a
la tribu de Judá, el monte Sión al cual amaba.
69 Construyó como
las alturas del cielo su santuario, como la tierra que fundó por siempre.
70 Y eligió a
David su servidor, le sacó de los apriscos del rebaño,
71 le trajo de
detrás de las ovejas, para pastorear a su pueblo Jacob, y a Israel, su
heredad.
72 El los
pastoreaba con corazón perfecto, y con mano diestra los guiaba.
(1) = Salmo. De
Asaf. =
1 Oh Dios, han
invadido tu heredad las gentes, han profanado tu sagrado Templo; han dejado
en ruinas a Jerusalén,
2 han entregado
el cadáver de tus siervos por comida a los pájaros del cielo, la carne de
tus amigos a las bestias de la tierra.
3 Han derramado
como agua su sangre en torno a Jerusalén, ¡y nadie sepultaba!
4 Nos hemos hecho
la irrisión de los vecinos, burla y escarnio de nuestros circundantes.
5 ¿Hasta cuándo,
Yahveh, tu cólera? ¿hasta el fin? ¿han de quemar tus celos como fuego?
6 Derrama tu
furor sobre las gentes, que no te reconocen, y sobre los reinos que tu
nombre no invocan.
7 Porque han
devorado a Jacob y han devastado su dominio.
8 No recuerdes
contra nosotros culpas de antepasados, vengan presto a nuestro encuentro tus
ternuras, pues estamos abatidos del todo;
9 ayúdanos, Dios
de nuestra salvación, por amor de la gloria de tu nombre; líbranos, borra
nuestros pecados, por causa de tu nombre.
10 ¿Por qué han
de decir las gentes: «¿Dónde está su Dios?» ¡Que entre las gentes se
conozca, a nuestros propios ojos, la venganza de la sangre de tus siervos
derramada!
11 ¡Llegue hasta
ti el suspiro del cautivo, con la grandeza de tu brazo preserva a los hijos
de la muerte!
12 ¡Devuelve
siete veces a nuestros vecinos, en su entraña, su afrenta, la afrenta que te
han hecho, Señor!
13 Y nosotros, tu
pueblo, rebaño de tu pasto, eternamente te daremos gracias, de edad en edad
repetiremos tu alabanza.
(1) = Del maestro
de coro. Según la melodía: «Lirios es el dictamen.» De Asaf. Salmo. =
1 (2) Pastor de
Israel, escucha, tú que guías a José como un rebaño; tú que estás sentado
entre querubes, resplandece
2 (3) ante
Efraím, Benjamín y Manasés; ¡despierta tu poderío, y ven en nuestro auxilio!
3 (4) ¡Oh Dios,
haznos volver, y que brille tu rostro, para que seamos salvos!
4 (5) ¿Hasta
cuándo, oh Yahveh Dios Sebaot, estarás airado contra la plegaria de tu
pueblo?
5 (6) Les das a
comer un pan de llanto les haces beber lágrimas al triple;
6 (7) habladuría
nos haces de nuestros convecinos, y nuestros enemigos se burlan de nosotros.
7 (8) ¡Oh Dios
Sebaot, haznos volver, y brille tu rostro, para que seamos salvos!
8 (9) Una viña de
Egipto arrancaste, expulsaste naciones para plantarla a ella,
9 (10) le
preparaste el suelo, y echó raíces y llenó la tierra.
10 (11) Su sombra
cubría las montañas, sus pámpanos los cedros de Dios;
11 (12) extendía
sus sarmientos hasta el mar, hasta el Río sus renuevos.
12 (13) ¿Por qué
has hecho brecha en sus tapias, para que todo el que pasa por el camino la
vendimie,
13 (14) el jabalí
salvaje la devaste, y la pele el ganado de los campos?
14 (15) ¡Oh Dios
Sebaot, vuélvete ya, desde los cielos mira y ve, visita a esta viña,
15 (16) cuídala,
a ella, la que plantó tu diestra!
16 (17) ¡Los que
fuego le prendieron, cual basura, a la amenaza de tu faz perezcan!
17 (18) Esté tu
mano sobre el hombre de tu diestra, sobre el hijo de Adán que para ti
fortaleciste.
18 (19) Ya no
volveremos a apartarnos de ti; nos darás vida y tu nombre invocaremos.
19 (20) ¡Oh
Yahveh, Dios Sebaot, haznos volver, y que brille tu rostro, para que seamos
salvos!