1 Estos son los
nombres de los israelitas que entraron con Jacob en Egipto, cada uno con su
familia:
2 Rubén,
Simeón, Leví, Judá,
3 Isacar,
Zabulón, Benjamín,
4 Dan, Neftalí,
Gad y Aser.
5 El número de
los descendientes de Jacob era de setenta personas. José estaba ya en
Egipto.
6 Murió José, y
todos sus hermanos, y toda aquella generación;
7 pero los
israelitas fueron fecundos y se multiplicaron; llegaron a ser muy numerosos
y fuertes y llenaron el país.
8 Se alzó en
Egipto un nuevo rey, que nada sabía de José;
9 y que dijo a
su pueblo: «Mirad, los israelitas son un pueblo más numeroso y fuerte que
nosotros.
10 Tomemos
precauciones contra él para que no siga multiplicándose, no sea que en caso
de guerra se una también él a nuestros enemigos para luchar contra nosotros
y salir del país.»
11 Les
impusieron pues, capataces para aplastarlos bajo el peso de duros trabajos;
y así edificaron para Faraón las ciudades de depósito: Pitom y Ramsés.
12 Pero cuanto
más les oprimían, tanto más crecían y se multiplicaban, de modo que los
egipcios llegaron a temer a los israelitas.
13 Y redujeron
a cruel servidumbre a los israelitas,
14 les
amargaron la vida con rudos trabajos de arcilla y ladrillos, con toda suerte
de labores del campo y toda clase de servidumbre que les imponían por
crueldad.
15 El rey de
Egipto dio también orden a las parteras de las hebreas, una de las cuales se
llamaba Sifrá, y la otra Puá,
16 diciéndoles:
«Cuando asistáis a las hebreas, observad bien las dos piedras: si es niño,
hacedle morir; si es niña dejadla con vida.»
17 Pero las
parteras temían a Dios, y no hicieron lo que les había mandado el rey de
Egipto, sino que dejaban con vida a los niños.
18 Llamó el rey
de Egipto a las parteras y les dijo: «¿ Por qué habéis hecho esto y dejáis
con vida a los niños?»
19 Respondieron
las parteras a Faraón: «Es que las hebreas no son como las egipcias. Son más
robustas, y antes que llegue la partera, ya han dado a luz.»
20 Y Dios
favoreció a las parteras. El pueblo se multiplicó y se hizo muy poderoso.
21 Y por haber
temido las parteras a Dios, les concedió numerosa prole.
22 Entonces
Faraón dio a todo su pueblo esta orden: «Todo niño que nazca lo echaréis al
Río; pero a las niñas las dejaréis con vida.»
1 Un hombre de
la casa de Leví fue a tomar por mujer una hija de Leví.
2 Concibió la
mujer y dio a luz un hijo; y viendo que era hermoso lo tuvo escondido
durante tres meses.
3 Pero no
pudiendo ocultarlo ya por más tiempo, tomó una cestilla de papiro, la
calafateó con betún y pez, metió en ella al niño, y la puso entre los
juncos, a la orilla del Río.
4 La hermana
del niño se apostó a lo lejos para ver lo que le pasaba.
5 Bajó la hija
de Faraón a bañarse en el Río y, mientras sus doncellas se paseaban por la
orilla del Río, divisó la cestilla entre los juncos, y envió una criada suya
para que la cogiera.
6 Al abrirla,
vio que era un niño que lloraba. Se compadeció de él y exclamó: «Es uno de
los niños hebreos.»
7 Entonces dijo
la hermana a la hija de Faraón: «¿Quieres que yo vaya y llame una nodriza de
entre las hebreas para que te críe este niño?»
8 «Vete», le
contestó la hija de Faraón. Fue, pues, la joven y llamó a la madre del niño.
9 Y la hija de
Faraón le dijo: «Toma este niño y críamelo que yo te pagaré.» Tomó la mujer
al niño y lo crió.
10 El niño
creció, y ella lo llevó entonces a la hija de Faraón, que lo tuvo por hijo,
y le llamó Moisés, diciendo: «De las aguas lo he sacado.»
11 En aquellos
días, cuando Moisés ya fue mayor, fue a visitar a sus hermanos, y comprobó
sus penosos trabajos; vio también cómo un egipcio golpeaba a un hebreo, a
uno de sus hermanos.
12 Miró a uno y
a otro lado, y no viendo a nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena.
13 Salió al día
siguiente y vio a dos hebreos que reñían. Y dijo al culpable: «¿Por qué
pegas a tu compañero?»
14 El
respondió: «¿Quién te ha puesto de jefe y juez sobre nosotros? ¿Acaso estás
pensando en matarme como mataste al egipcio?» Moisés, lleno de temor, se
dijo: «La cosa ciertamente se sabe.»
15 Supo Faraón
lo sucedido y buscaba a Moisés para matarle; pero él huyó de la presencia de
Faraón, y se fue a vivir al país de Madián. Se sentó junto a un pozo.
16 Tenía un
sacerdote de Madián siete hijas, que fueron a sacar agua y llenar los
pilones para abrevar las ovejas de su padre.
17 Pero
vinieron los pastores y las echaron. Entonces, levantándose Moisés, salió en
su defensa y les abrevó el rebaño.
18 Al volver
ellas a donde su padre Reuel, éste les dijo: «Cómo es que venís hoy tan
pronto?»
19
Respondieron: «Un egipcio nos libró de las manos de los pastores, y además
sacó agua para nosotras y abrevó el rebaño.»
20 Preguntó
entonces a sus hijas: «¿Y dónde está? ¿Cómo así habéis dejado a ese hombre?
Llamadle para que coma.»
21 Aceptó
Moisés morar con aquel hombre, que dio a Moisés su hija Séfora.
22 Esta dio a
luz un hijo y llamóle Guersom, pues dijo: «Forastero soy en tierra extraña.»
23 Durante este
largo período murió el rey de Egipto; los israelitas, gimiendo bajo la
servidumbre, clamaron, y su clamor, que brotaba del fondo de su esclavitud,
subió a Dios.
24 Oyó Dios sus
gemidos, y acordóse Dios de su alianza con Abraham, Isaac y Jacob.
25 Y miró Dios
a los hijos de Israel y conoció...
1 Moisés era
pastor del rebaño de Jetró su suegro, sacerdote de Madián. Una vez llevó las
ovejas más allá del desierto; y llegó hasta Horeb, la montaña de Dios.
2 El ángel de
Yahveh se le apareció en forma de llama de fuego, en medio de una zarza. Vio
que la zarza estaba ardiendo, pero que la zarza no se consumía.
3 Dijo, pues,
Moisés: «Voy a acercarme para ver este extraño caso: por qué no se consume
la zarza.»
4 Cuando vio
Yahveh que Moisés se acercaba para mirar, le llamó de en medio de la zarza,
diciendo: «¡Moisés, Moisés!» El respondió: «Heme aquí.»
5 Le dijo: «No
te acerques aquí; quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en que
estás es tierra sagrada.»
6 Y añadió: «Yo
soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de
Jacob.» Moisés se cubrió el rostro, porque temía ver a Dios.
7 Dijo Yahveh:
«Bien vista tengo la aflicción de mi pueblo en Egipto, y he escuchado su
clamor en presencia de sus opresores; pues ya conozco sus sufrimientos.
8 He bajado
para librarle de la mano de los egipcios y para subirle de esta tierra a una
tierra buena y espaciosa; a una tierra que mana leche y miel, al país de los
cananeos, de los hititas, de los amorreos, de los perizitas, de los jivitas
y de los jebuseos.
9 Así pues, el
clamor de los israelitas ha llegado hasta mí y he visto además la opresión
con que los egipcios los oprimen.
10 Ahora, pues,
ve; yo te envío a Faraón, para que saques a mi pueblo, los israelitas, de
Egipto.»
11 Dijo Moisés
a Dios: ¿Quién soy yo para ir a Faraón y sacar de Egipto a los israelitas?»
12 Respondió:
«Yo estaré contigo y esta será para ti la señal de que yo te envío: Cuando
hayas sacado al pueblo de Egipto daréis culto a Dios en este monte .»
13 Contestó
Moisés a Dios: «Si voy a los israelitas y les digo: "El Dios de vuestros
padres me ha enviado a vosotros"; cuando me pregunten: "¿Cuál es su
nombre?", ¿qué les responderé?»
14 Dijo Dios a
Moisés: «Yo soy el que soy.» Y añadió: «Así dirás a los israelitas: "Yo soy"
me ha enviado a vosotros.»
15 Siguió Dios
diciendo a Moisés: «Así dirás a los israelitas: Yahveh, el Dios de vuestros
padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha
enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre, por él seré invocado de
generación en generación.»
16 «Ve, y reúne
a los ancianos de Israel, y diles: "Yahveh, el Dios de vuestros padres, el
Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, se me apareció y me dijo: Yo os he
visitado y he visto lo que os han hecho en Egipto.
17 Y he
decidido sacaros de la tribulación de Egipto al país de los cananeos, los
hititas, los amorreos, perizitas, jivitas y jebuseos, a una tierra que mana
leche y miel."
18 Ellos
escucharán tu voz, y tú irás con los ancianos de Israel donde el rey de
Egipto; y le diréis: "Yahveh, el Dios de los hebreos, se nos ha aparecido.
Permite, pues, que vayamos camino de tres días al desierto, para ofrecer
sacrificios a Yahveh, nuestro Dios."
19 Ya sé que el
rey de Egipto no os dejará ir sino forzado por mano poderosa.
20 Pero yo
extenderé mi mano y heriré a Egipto con toda suerte de prodigios que obraré
en medio de ellos y después os dejará salir.»
21 «Yo haré que
este pueblo halle gracia a los ojos de los egipcios, de modo que cuando
partáis, no saldréis con las manos vacías,
22 sino que
cada mujer pedirá a su vecina y a la que mora en su casa objetos de plata,
objetos de oro y vestidos, que pondréis a vuestros hijos y a vuestras hijas,
y así despojaréis a los egipcios.»
1 Respondió
Moisés y dijo: «No van a creerme, ni escucharán mi voz; pues dirán: "No se
te ha aparecido Yahveh."»
2 Díjole
Yahveh: «¿Qué tienes en tu mano?» «Un cayado», respondió él.
3 Yahveh le
dijo: «Échalo a tierra.» Lo echó a tierra y se convirtió en serpiente; y
Moisés huyó de ella.
4 Dijo Yahveh a
Moisés: «Extiende tu mano y agárrala por la cola.» Extendió la mano, la
agarró, y volvió a ser cayado en su mano...
5 «Para que
crean que se te ha aparecido Yahveh, el Dios de sus padres, el Dios de
Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.»
6 Y añadió
Yahveh: «Mete tu mano en el pecho.» Metió él la mano en su pecho y cuando la
volvió a sacar estaba cubierta de lepra, blanca como la nieve.
7 Y le dijo:
«Vuelve a meter la mano en tu pecho.» La volvió a meter y, cuando la sacó de
nuevo, estaba ya como el resto de su carne.
8 «Así pues, si
no te creen ni escuchan la voz por la primera señal, creerán por la segunda.
9 Y si no creen
tampoco por estas dos señales y no escuchan tu voz, tomarás agua del Río y
la derramarás en el suelo; y el agua que saques del Río se convertirá en
sangre sobre el suelo.»
10 Dijo Moisés
a Yahveh: «¡Por favor, Señor! Yo no he sido nunca hombre de palabra fácil,
ni aun después de haber hablado tú con tu siervo; sino que soy torpe de boca
y de lengua.»
11 Le respondió
Yahveh: «¿Quién ha dado al hombre la boca? ¿? Quién hace al mudo y al sordo,
al que ve y al ciego? ¿No soy yo, Yahveh?
12 Así pues,
vete, que yo estaré en tu boca y te enseñaré lo que debes decir.»
13 El replicó:
«Por favor, envía a quien quieras.»
14 Entonces se
encendió la ira de Yahveh contra Moisés, y le dijo: «¿No tienes a tu hermano
Aarón el levita? Sé que él habla bien; he aquí que justamente ahora sale a
tu encuentro, y al verte se alegrará su corazón.
15 Tu le
hablarás y pondrás las palabras en su boca; yo estaré en tu boca y en la
suya, y os enseñaré lo que habéis de hacer.
16 El hablará
por ti al pueblo, él será tu boca y tú serás su dios.
17 Toma también
en tu mano este cayado, porque con él has de hacer las señales.»
18 Moisés
volvió y regresó a casa de Jetró, su suegro, y le dijo: «Con tu permiso, me
vuelvo a ver a mis hermanos de Egipto para saber si viven todavía.» Dijo
Jetró a Moisés: «Vete en paz.»
19 Yahveh dijo
a Moisés en Madián: «Anda, vuelve a Egipto ; pues han muerto todos los que
buscaban tu muerte.»
20 Tomó, pues,
Moisés a su mujer y a su hijo y, montándolos sobre un asno, volvió a la
tierra de Egipto. Tomó también Moisés el cayado de Dios en su mano.
21 Y dijo
Yahveh a Moisés: «Cuando vuelvas a Egipto, harás delante de Faraón todos los
prodigios que yo he puesto en tu mano; yo, por mi parte, endureceré su
corazón, y no dejará salir al pueblo.
22 Y dirás a
Faraón: Así dice Yahveh: Israel es mi hijo, mi primogénito.
23 Yo te he
dicho: "Deja ir a mi hijo para que me dé culto," pero como tú no quieres
dejarle partir, mira que yo voy a matar a tu hijo, a tu primogénito.»
24 Y sucedió
que en el camino le salió al encuentro Yahveh en el lugar donde pasaba la
noche y quiso darle muerte.
25 Tomó
entonces Seforá un cuchillo de pedernal y, cortando el prepucio de su hijo,
tocó los pies de Moisés, diciendo: «Tú eres para mí esposo de sangre.»
26 Y Yahveh le
soltó; ella había dicho: «esposo de sangre», por la circuncisión.
27 Dijo Yahveh
a Aarón: «Vete al desierto al encuentro de Moisés.» Partió, pues, y le
encontró en el monte de Dios y le besó.
28 Moisés contó
a Aarón todas las palabras que Yahveh le había encomendado y todas las
señales que le había mandado hacer.
29 Fueron,
pues, Moisés y Aarón y reunieron a todos los ancianos de los israelitas.
30 Aarón
refirió todas las palabras que Yahveh había dicho a Moisés, el cual hizo las
señales delante del pueblo.
31 El pueblo
creyó, y al oír que Yahveh había visitado a los israelitas y había visto su
aflicción, se postraron y adoraron.
1 Después se
presentaron Moisés y Aarón a Faraón y le dijeron: «Así dice Yahveh, el Dios
de Israel: Deja salir a mi pueblo para que me celebre una fiesta en el
desierto.»
2 Respondió
Faraón: «¿Quién es Yahveh para que yo escuche su voz y deje salir a Israel?
No conozco a Yahveh y no dejaré salir a Israel.»
3 Ellos
dijeron: «El Dios de los hebreos se nos ha aparecido; permite, pues, que
vayamos camino de tres días al desierto para ofrecer sacrificios a Yahveh,
nuestro Dios, no sea que nos castigue con peste o espada.»
4 El rey de
Egipto les replicó: «¿Por qué vosotros, Moisés y Aarón, apartáis al pueblo
de sus trabajos? Idos a vuestra tarea.»
5 Y añadió
Faraón: «Ahora que el pueblo de esa región es numeroso ¿queréis interrumpir
sus trabajos?»
6 Aquel mismo
día dio Faraón esta orden a los capataces del pueblo y a los escribas:
7 «Ya no daréis
como antes paja al pueblo para hacer ladrillos; que vayan ellos mismos a
buscársela.
8 Pero que
hagan la misma cantidad de ladrillos que hacían antes, sin rebajarla; pues
son unos perezosos. Y por eso claman diciendo: Vamos a ofrecer sacrificios a
nuestro Dios.
9 Que se
aumente el trabajo de estos hombres para que estén ocupados en él y no den
oídos a palabras mentirosas.
10 Salieron los
capataces del pueblo diciendo: «Esto dice Faraón: No os daré ya más paja;
11 id vosotros
mismos a buscárosla donde la podáis hallar. Pero vuestra tarea no se
disminuirá en nada.»
12 Esparcióse,
pues, el pueblo por el país de Egipto en busca de rastrojo para emplearlo
como paja.
13 Los
capataces por su lado los apremiaban, diciendo: «Terminad la tarea que os ha
sido fijada para cada día, como cuando había paja.»
14 A los
escribas de los israelitas, que los capataces de Faraón habían puesto al
frente de aquéllos, se les castigó, diciéndoles: «¿Por qué no habéis hecho,
ni ayer ni hoy, la misma cantidad de ladrillos que antes?»
15 Los escribas
de los israelitas fueron a quejarse a Faraón, diciendo: «¿Por qué tratas así
a tus siervos?
16 No se da
paja a tus siervos y sin embargo nos dicen: "Haced ladrillos." Y he aquí que
tus siervos son castigados...»
17 El
respondió: «Haraganes sois, grandes haraganes; por eso decís: "Vamos a
ofrecer sacrificios a Yahveh."
18 Pues, id a
trabajar; no se os dará paja, y habéis de entregar la cantidad de ladrillos
señalada.»
19 Los escribas
de los israelitas se vieron en grande aprieto, pues les ordenaron: «No
disminuiréis vuestra producción diaria de ladrillos.»
20
Encontráronse, pues, con Moisés y Aarón, que les estaban esperando a la
salida de su entrevista con Faraón,
21 y les
dijeron: Que Yahveh os examine y que él os juzgue por habernos hecho odiosos
a Faraón y a sus siervos y haber puesto la espada en sus manos para
matarnos.»
22 Volvióse
entonces Moisés a Yahveh y dijo: «Señor, ¿por qué maltratas a este pueblo?
¿por qué me has enviado?
23 Pues desde
que fui a Faraón para hablarle en tu nombre está maltratando a este pueblo,
y tú no haces nada por librarle.»
1 Respondió
Yahveh a Moisés: «Ahora verás lo que voy a hacer con Faraón; porque bajo
fuerte mano tendrá que dejarles partir y bajo fuerte mano él mismo los
expulsará de su territorio.»
2 Habló Dios a
Moisés y le dijo: «Yo soy Yahveh.
3 Me aparecí a
Abraham, a Isaac y a Jacob como El Sadday; pero mi nombre de Yahveh no se lo
di a conocer.
4 También con
ellos establecí mi alianza, para darles la tierra de Canaán, la tierra en
que peregrinaron y en la que moraron como forasteros.
5 Y ahora, al
oír el gemido de los israelitas, reducidos a esclavitud por los egipcios, he
recordado mi alianza.
6 Por tanto, di
a los hijos de Israel: Yo soy Yahveh; Yo os libertaré de los duros trabajos
de los egipcios, os libraré de su esclavitud y os salvaré con brazo tenso y
castigos grandes.
7 Yo os haré mi
pueblo, y seré vuestro Dios; y sabréis que yo soy Yahveh, vuestro Dios, que
os sacaré de la esclavitud de Egipto.
8 Yo os
introduciré en la tierra que he jurado dar a Abraham, a Isaac y a Jacob, y
os la daré en herencia. Yo, Yahveh.»
9 Moisés dijo
esto a los israelitas; pero ellos no escucharon a Moisés, consumidos por la
dura servidumbre.
10 Entonces
Yahveh habló a Moisés diciendo:
11 «Ve a hablar
con Faraón, rey de Egipto, para que deje salir a los israelitas fuera de su
territorio.»
12 Respondió
Moisés ante Yahveh: «Si los israelitas no escuchan: ¿cómo me va a escuchar
Faraón, a mí que soy torpe de palabra?»
13 Pero Yahveh
habló a Moisés y a Aarón, y les dio órdenes para los israelitas y para
Faraón, rey de Egipto, a fin de sacar del país de Egipto a los israelitas.
14 Estos son
los jefes de sus casas paternas: Hijos de Rubén, primogénito de Israel:
Henoc, Pallú, Jesrón y Karmí, éstas son las familias de Rubén.
15 Hijos de
Simeón: Yemuel, Yamín, Ohad, Yakín, Sójar y Saúl, hijo de la cananea; éstas
son las familias de Simeón.
16 Y éstos son
los nombres de los hijos de Leví por sus linajes: Guerson, Quehat, Merarí.
Los años de la vida de Leví fueron 137.
17 Hijos de
Guerson: Libní y Simei según sus familias.
18 Hijos de
Quehat: Amram, Yishar, Hebrón y Uzziel. Los años de la vida de Quehat fueron
133 años.
19 Hijos de
Merarí: Majlí y Musí. Estas son las familias de los levitas, por sus
linajes.
20 Amram tomó
por mujer a Yokébed, su tía, de la cual nacieron Aarón y Moisés. Y los años
de la vida de Amram fueron 137.
21 Hijos de
Yishar: Coré, Néfeg y Zikrí.
22 Hijos de
Uzziel: Missael, Elsafán y Sitrí.
23 Aarón tomó
por mujer a Isabel, hija de Amminadab, hermana de Najsón; de la cual le
nacieron Nadab, Abihú, Eleazar e Itamar.
24 Hijos de
Coré: Assir, Elcaná y Abiasaf. Estas son la familias de los coreítas.
25 Eleazar,
hijo de Aarón, tomó por mujer a una de las hijas de Putiel y de ella nació
Pinjás. Estos son los jefes de las casas paternas de los levitas, según sus
familias.
26 Estos son,
pues, aquel Aarón y aquel Moisés a quienes dijo Yahveh: «Sacad a los
israelitas de la tierra de Egipto en orden de campaña.»
27 Estos son
los que hablaron a Faraón, rey de Egipto, para sacar de Egipto a los
israelitas. Estos son Moisés y Aarón.
28 El día en
que Yahveh habló a Moisés en el país de Egipto,
29 le dijo: «Yo
soy Yahveh; di a Faraón, rey de Egipto, cuanto yo te diga.»
30 Moisés
respondió ante Yahveh: «Siendo yo torpe de palabra, ¿cómo me va a escuchar
Faraón?»
1 Dijo Yahveh a
Moisés: «Mira que te he constituido como dios para Faraón y Aarón, tu
hermano, será tu profeta;
2 tú le dirás
cuanto yo te mande; y Aarón, tu hermano, se lo dirá a Faraón, para que deje
salir de su país a los israelitas.
3 Yo, por mi
parte, endureceré el corazón de Faraón, y multiplicaré mis señales y mis
prodigios en el país de Egipto.
4 Faraón no os
escuchará, pero yo pondré mi mano sobre Egipto y sacaré de la tierra de
Egipto a mi ejército, mi pueblo, los israelitas, a fuerza de duros castigos.
5 Y los
egipcios reconocerán que yo soy Yahveh, cuando extienda mi mano sobre Egipto
y saque de en medio de ellos a los hijos de Israel.»
6 Moisés y
Aarón hicieron lo que les mandó Yahveh.
7 Tenía Moisés
ochenta años, y Aarón 83 cuando hablaron a Faraón.
8 Habló Yahveh
a Moisés y Aarón, y dijo:
9 «Cuando
Faraón os diga: Haced algún prodigio, dirás a Aarón: "Toma tu cayado y
échalo delante de Faraón, y que se convierta en serpiente."»
10
Presentáronse, pues, Moisés y Aarón a Faraón, e hicieron lo que Yahveh había
ordenado: Aarón echó su cayado delante de Faraón y de sus servidores, y se
convirtió en serpiente.
11 También
Faraón llamó a los sabios y a los hechiceros, y también ellos, los sabios
egipcios, hicieron con sus encantamientos las mismas cosas.
12 Echó cada
cual su vara, y se trocaron en serpientes; pero el cayado de Aarón devoró
sus varas.
13 Sin embargo
el corazón de Faraón se endureció, y no les escuchó, conforme había predicho
Yahveh.
14 Entonces
dijo Yahveh a Moisés: «El corazón de Faraón es obstinado; se niega a dejar
salir al pueblo.
15 Preséntate a
Faraón por la mañana, cuando vaya a la ribera. Le saldrás al encuentro a la
orilla del Río, llevando en tu mano el cayado que se convirtió en serpiente.
16 Y le dirás:
Yahveh, el Dios de los hebreos, me ha enviado a ti para decirte: "Deja
partir a mi pueblo, para que me den culto en el desierto"; pero hasta el
presente no has escuchado.
17 Así dice
Yahveh: En esto conocerás que yo soy Yahveh: Mira que voy a golpear con el
cayado que tengo en la mano las aguas del Río, y se convertirán en sangre.
18 Los peces
del Río morirán, y el Río quedará apestado de modo que los egipcios no
podrán ya beber agua del Río.»
19 Yahveh dijo
a Moisés: «Di a Aarón: Toma tu cayado, y extiende tu mano sobre las aguas de
Egipto, sobre sus canales, sobre sus ríos, sobre sus lagunas y sobre todos
sus depósitos de agua. Se convertirán en sangre; y habrá sangre en toda la
tierra de Egipto, hasta en los árboles y la piedras.»
20 Moisés y
Aarón hicieron lo que Yahveh les había mandado: alzó el cayado y golpeó las
aguas que hay en el Rió en presencia de Faraón y de sus servidores, y todas
las aguas del Rió se convirtieron en sangre.
21 Los peces
del Río murieron, el Río quedó apestado de modo que los egipcios nos
pudieron beber el agua del Río; hubo sangre en todo el país de Egipto.
22 Pero lo
mismo hicieron con sus encantamientos los magos de Egipto; y el corazón de
Faraón se endureció y no les escuchó, como había dicho Yahveh.
23 Se volvió
Faraón y entró en su casa sin hacer caso de ello.
24 Y todos los
egipcios tuvieron que cavar en los alrededores del Río en busca de agua
potable, porque no podían beber las aguas del Río.
25 Pasaron
siete días desde que Yahveh hirió el Río.
26 Y dijo
Yahveh a Moisés: «Preséntate a Faraón y dile: Así dice Yahveh: "Deja salir a
mi pueblo para que me dé culto."
27 Si te niegas
a dejarle partir infestaré de ranas todo tu país.
28 El Río
bullirá de ranas, que subirán y entrarán en tu casa, en tu dormitorio y en
tu lecho, en las casas de tus servidores y en tu pueblo, en tus hornos y en
tus artesas.
29 Subirán la
ranas sobre ti, sobre tu pueblo, y sobre tus siervos.»
1 Dijo Yahveh a
Moisés: «Di a Aarón: Extiende tu mano con tu cayado sobre los canales, sobre
los ríos y sobre las lagunas, y haz que suban las ranas sobre la tierra de
Egipto.»
2 Aarón
extendió su mano sobre las aguas de Egipto; subieron la ranas y cubrieron la
tierra de Egipto.
3 Pero los
magos hicieron lo mismo con sus encantamientos, e hicieron subir las ranas
sobre la tierra de Egipto.
4 Faraón llamó
a Moisés y a Aarón y dijo: «Pedid a Yahveh que aparte las ranas de mí y de
mi pueblo, y yo dejaré salir al pueblo para que ofrezca sacrificios a
Yahveh.»
5 Respondió
Moisés a Faraón: «Dígnate indicarme cuándo he de rogar por ti, por tus
siervos y por tu pueblo, para que se alejen las ranas de ti y de tus casas,
y queden solamente en el Río.»
6 «Mañana»,
contestó el. Replicó Moisés: «Será conforme a tu palabra, para que sepas que
no hay como Yahveh, nuestro Dios.
7 Las ranas se
apartarán de ti, de tus casas, de tus siervos y de tu pueblo, y quedarán
sólo en el Río.»
8 Salieron
Moisés y Aarón de la presencia de Faraón, invocó Moisés a Yahveh acerca de
las ranas que afligían a Faraón,
9 y Yahveh hizo
lo que Moisés pedía: murieron las ranas de las casas, de los patios y de los
campos.
10 Las juntaron
en montones y el país apestaba.
11 Pero Faraón
viendo que tenía este respiro, endureció su corazón, y no les escuchó como
había predicho Yahveh.
12 Dijo Yahveh
a Moisés: «Di a Aarón: extiende tu cayado y golpea el polvo de la tierra que
se convertirá en mosquitos sobre todo el país de Egipto.»
13 Así lo
hicieron: Aarón extendió su mano con el cayado y golpeó el polvo de la
tierra; y hubo mosquitos sobre los hombres y sobre los ganados. Todo el
polvo de la tierra se convirtió en mosquitos sobre todo el país de Egipto.
14 Los magos
intentaron con sus encantamientos hacer salir mosquitos, pero no pudieron.
Hubo, pues, mosquitos sobre hombres y ganados.
15 Dijeron los
magos a Faraón: «¡es el dedo de Dios!» Pero el corazón de Faraón se
endureció, y no les escuchó, como había dicho Yahveh.
16 Yahveh dijo
a Moisés: «Levántate muy de mañana, preséntate a Faraón cuando vaya a la
ribera, y dile: Así dice Yahveh: "Deja salir a mi pueblo, para que me dé
culto."
17 Si no dejas
salir a mi pueblo, mira que voy a enviar tábanos contra ti, contra tus
siervos, tu pueblo y tus casas, de manera que las casas de los egipcios y
hasta el suelo sobre el cual están se llenarán de tábanos.
18 Pero
exceptuaré ese día la región de Gosen, donde está mi pueblo, para que no
haya allí tábanos, a fin de que sepas que yo soy Yahveh en medio de la
tierra;
19 haré
distinción entre mi pueblo y el tuyo. Este prodigio sucederá mañana.»
20 Así lo hizo
Yahveh, y un enorme enjambre de tábanos vino sobre la casa de Faraón y la
casas de sus siervos; y toda la tierra de Egipto; la tierra fue devastada
por los tábanos.
21 Entonces
llamó Faraón a Moisés y a Aarón y les dijo: «Id y ofreced sacrificios a
vuestro Dios en este país.»
22 Moisés
respondió: «No conviene que se haga así, porque el sacrificio que ofrecemos
a Yahveh, nuestro Dios, es abominación para los egipcios. ¿No nos
apedrearían los egipcios si ofreciéramos ante sus ojos un sacrificio que
para ellos es abominable?
23 Iremos tres
jornadas de camino por el desierto, y allí ofreceremos sacrificios a Yahveh,
nuestro Dios, según él nos ordena.»
24 Contestó
Faraón: «Os dejaré ir, para que ofrezcáis en el desierto sacrificios a
Yahveh, vuestro Dios, con tal que no vayáis demasiado lejos. Rogad por mí.»
25 Moisés
respondió: «En cuanto salga rogaré a Yahveh, y mañana los tábanos se
alejarán de Faraón, de sus siervos y de su pueblo; pero que no nos siga
engañando Faraón, impidiendo que el pueblo vaya a ofrecer sacrificios a
Yahveh.»
26 Salió, pues,
Moisés de la presencia de Faraón, y rogó a Yahveh.
27 Hizo Yahveh
lo que Moisés pedía, y alejó los tábanos del Faraón, de sus siervos y de su
pueblo, sin quedar ni uno.
28 Pero también
esta vez endureció Faraón su corazón y no dejó salir al pueblo.
1 Yahveh dijo a
Moisés: «Preséntate a Faraón y dile: Así dice Yahveh, el Dios de los
hebreos: "Deja salir a mi pueblo para que me den culto."
2 Si te niegas
a dejarles salir y los sigues reteniendo,
3 mira que la
mano de Yahveh caerá sobre tus ganados del campo, sobre los caballos, sobre
los asnos, sobre los camellos, sobre la vacadas y sobre las ovejas; habrá
una grandísima peste.
4 Pero Yahveh
hará distinción entre el ganado de Israel y el ganado de los egipcios, de
modo que nada perecerá de lo perteneciente a Israel.»
5 Y Yahveh fijó
el plazo, diciendo: «Mañana hará esto Yahveh en el país.»
6 Al día
siguiente cumplió Yahveh su palabra y murió todo el ganado de los egipcios;
mas del ganado de los israelitas no murió ni una sola cabeza.
7 Faraón mandó
hacer averiguaciones, y se vio que del ganado de Israel no había muerto ni
un solo animal. Sin embargo, se endureció el corazón de Faraón y no dejó
salir al pueblo.
8 Dijo Yahveh a
Moisés y a Aarón: «Tomad dos grandes puñados de hollín de horno, y que
Moisés lo lance hacia el cielo, en presencia de Faraón;
9 se convertirá
en polvo fino sobre todo el territorio de Egipto, y formará erupciones
pustulosas, en hombres y ganados, por toda la tierra de Egipto.»
10 Tomaron,
pues, hollín de horno y presentándose ante Faraón, lo lanzó Moisés hacia el
cielo, y hubo erupciones pustulosas en hombres y ganados.
11 Ni los magos
pudieron permanecer delante de Moisés a causa de las erupciones; pues los
magos tenían las mismas erupciones que todos los egipcios.
12 Pero Yahveh
endureció el corazón de Faraón, que nos les escuchó, según Yahveh había
dicho a Moisés.
13 Dijo Yahveh
a Moisés: «Levántate de mañana, preséntate a Faraón y dile: Así dice Yahveh,
el Dios de los hebreos: "Deja salir a mi pueblo para que me den culto."
14 Porque esta
vez voy a enviar todas mis plagas sobre ti, sobre tus siervos y sobre tu
pueblo para que sepas que no hay como yo en toda la tierra.
15 Si yo
hubiera extendido mi mano y te hubiera herido a ti y a tu pueblo con peste,
ya habrías desaparecido de la tierra;
16 pero te he
dejado con vida, para hacerte ver mi poder, y para que sea celebrado mi
nombre sobre toda la tierra.
17 Tú te opones
todavía a mi pueblo, para no dejarle salir.
18 Pues mira
que mañana, a esta hora, haré llover una granizada tan fuerte, como no hubo
otra en Egipto desde el día en que fue fundado hasta el presente.
19 Ahora, pues,
manda poner a salvo tu ganado y cuanto tienes en del campo; porque el
granizo descargará sobre todos los hombres y animales que se hallan en el
campo, y cuantos no se hayan recogido bajo techumbre perecerán.»
20 Aquéllos de
los siervos de Faraón que temieron la palabra de Yahveh pusieron al abrigo a
sus siervos y su ganado;
21 mas los que
no hicieron caso de la palabra de Yahveh, dejaron en el campo a sus siervos
y su ganado.
22 Dijo Yahveh
a Moisés: «Extiende tu mano hacia el cielo, y que caiga granizo en toda la
tierra de Egipto, sobre los hombres, sobre los ganados y sobre todas las
hierbas del campo que hay en la tierra de Egipto.»
23 Extendió
Moisés su cayado hacia el cielo, y Yahveh envió truenos y granizo; cayeron
rayos sobre la tierra, y Yahveh hizo llover granizo sobre el país de Egipto.
24 El granizo y
los rayos mezclados con el granizo cayeron con fuerza tan extraordinaria que
nunca hubo semejante en toda la tierra de Egipto desde que comenzó a ser
nación.
25 El granizo
hirió cuanto había en el campo en todo el país de Egipto, desde los hombres
hasta los ganados. El granizo machacó también toda la hierba del campo, y
quebró todos los árboles del campo.
26 Tan sólo en
la región de Gosen, donde habitaban los israelitas, no hubo granizo.
27 Faraón hizo
llamar a Moisés y a Aarón y les dijo: «Ahora sí, he pecado; Yahveh es el
justo, y yo y mi pueblo somos inicuos.
28 Rogad a
Yahveh que cesen ya los truenos y el granizo; y os dejaré salir. No tendréis
que quedaros más tiempo aquí.»
29 Moisés le
respondió: «Cuando salga de la ciudad extenderé mis manos hacia Yahveh,
cesarán los truenos, y no habrá más granizo, para que sepas que la tierra es
de Yahveh.
30 Pero bien sé
que ni tú ni tus siervos teméis todavía a Yahveh, Dios.»
31 Fueron
destrozados el lino y la cebada, pues la cebada estaba ya en espiga, y el
lino en flor.
32 El trigo y
la espelta no fueron destrozados por ser tardíos.
33 Dejando a
Faraón, salió Moisés de la ciudad, extendió las manos hacia Yahveh, y
cesaron los truenos y granizos, y no cayó más lluvia sobre la tierra.
34 Cuando
Faraón vio que había cesado la lluvia, el granizo y los truenos, volvió a
pecar, endureciendo su corazón, tanto él como sus siervos.
35 Endurecióse,
pues, el corazón de Faraón y no dejó salir a los israelitas como Yahveh
había dicho por boca de Moisés.
1 Dijo Yahveh a
Moisés: «Ve a Faraón, porque he endurecido su corazón y el corazón de sus
siervos, para obrar estas señales mías en medio de ellos;
2 y para que
puedas contar a tu hijo, y al hijo de tu hijo, cómo me divertí con Egipto y
las señales que realicé entre ellos, y sepáis que yo soy Yahveh.»
3 Fueron, pues,
Moisés y Aarón donde Faraón y le dijeron: «Así dice Yahveh, el Dios de los
hebreos: ¿Hasta cuándo te resistirás a humillarte ante mí? Deja salir a mi
pueblo para que me dé culto.
4 Si te niegas
a dejar salir a mi pueblo, mira que mañana traeré langostas sobre tu
territorio;
5 y cubrirán la
superficie del país, de suerte que ni podrá verse el suelo. Devorarán lo que
os quedó de la granizada, y comerán todos los árboles que os crecen en el
campo.
6 Llenarán tus
casas, las casas de todos los egipcios, como nunca vieron tus padres, ni los
padres de tus padres, desde el día en que existieron sobre la tierra hasta
el día de hoy.» Y retirándose salió de la presencia de Faraón.
7 Dijeron
entonces a Faraón sus siervos: «¿Hasta cuándo ha de ser este hombre causa de
nuestra ruina? Deja salir a esa gente y que den culto a Yahveh, su Dios. ¿Te
darás cuenta a tiempo de que Egipto se pierde?»
8 Hicieron,
pues, volver a Moisés y a Aarón a la presencia de Faraón; el cual les dijo:
«Id a dar culto a Yahveh, vuestro Dios. ¿Quiénes van a ir?»
9 Respondió
Moisés: «Saldremos con nuestros niños y nuestros ancianos, con nuestros
hijos y nuestras hijas, con nuestras ovejas y nuestras vacadas; porque es
nuestra fiesta de Yahveh.»
10 Contestóles:
«¡Así esté Yahveh con vosotros como voy a dejaros salir a vosotros con
vuestros pequeños! Ved cómo a la vista están vuestras malas intenciones.
11 No será así;
salid si queréis los varones solos y dad culto a Yahveh, pues eso es lo que
buscabais.» Y fueron echados de la presencia de Faraón.
12 Yahveh dijo
a Moisés: «Extiende tu mano sobre la tierra de Egipto para que venga la
langosta; que suba sobre el país de Egipto y coma toda la hierba del país,
todo lo que dejó el granizo.»
13 Moisés
extendió su cayado sobre la tierra de Egipto; y Yahveh hizo soplar el solano
sobre el país todo aquel día y toda la noche. Y cuando amaneció, el solano
había traído la langosta.
14 La langosta
invadió todo el país de Egipto, y se posó en todo el territorio egipcio, en
cantidad tan grande como nunca había habido antes tal plaga de langosta ni
la habría después.
15 Cubrieron
toda la superficie del país hasta oscurecer la tierra; devoraron toda la
hierba del país y todos los frutos de los árboles que el granizo había
dejado; no quedó nada verde ni en los árboles ni en las hierbas del campo en
toda la tierra de Egipto.
16 Entonces
Faraón llamó a toda prisa a Moisés y a Aarón, y dijo: «He pecado contra
Yahveh, vuestro Dios, y contra vosotros.
17 Ahora, pues,
perdonad por favor mi pecado, siquiera por esta vez; rogad a Yahveh, vuestro
Dios, que aparte de mí al menos esta mortandad.»
18 Salió Moisés
de la presencia de Faraón y rogó a Yahveh.
19 Yahveh hizo
que soplara con gran violencia un viento del mar que se llevó la langosta y
la echó al mar de Suf. No quedó ni una langosta en todo el territorio de
Egipto.
20 Pero Yahveh
endureció el corazón de Faraón, que no dejó salir a los israelitas.
21 Yahveh dijo
a Moisés: «Extiende tu mano hacia el cielo, y haya sobre la tierra de Egipto
tinieblas que puedan palparse.»
22 Extendió,
pues, Moisés su mano hacia el cielo, y hubo por tres días densas tinieblas
en todo el país de Egipto.
23 No se veían
unos a otros, y nadie se levantó de su sitio por espacio de tres días,
mientras que todos los israelitas tenían luz en sus moradas.
24 Llamó Faraón
a Moisés y dijo: «Id y dad culto a Yahveh; que se queden solamente vuestras
ovejas y vuestras vacadas. También vuestros pequeños podrán ir con
vosotros.»
25 Respondió
Moisés: «Nos tienes que conceder también sacrificios y holocaustos, para que
los ofrendemos a Yahveh, nuestro Dios.
26 También
nuestro ganado ha de venir con nosotros. No quedará ni una pezuña; porque de
ellos hemos de tomar para dar culto a Yahveh, nuestro Dios. Y no sabemos
todavía qué hemos de ofrecer a Yahveh hasta que lleguemos allá.»
27 Yahveh
endureció el corazón de Faraón, que no quiso dejarles salir.
28 Y dijo
Faraón a Moisés: «¡Retírate de mi presencia! ¡Guárdate de volver a ver mi
rostro, pues el día en que veas mi rostro, morirás!»
29 Respondió
Moisés: «Tú lo has dicho: no volveré a ver tu rostro.»