Versículo anterior >> Éxodo 10:29
1 Dijo Yahveh a
Moisés: «Todavía traeré una plaga más sobre Faraón y sobre Egipto; tras de
lo cual os dejará marchar de aquí y cuando, por fin, os deje salir del país,
él mismo os expulsará de aquí.
2 Habla, pues,
al pueblo y que cada hombre pida a su vecino, y cada mujer a su vecina,
objetos de plata y objetos de oro.»
3 Yahveh hizo
que el pueblo se ganase el favor de los egipcios. Además, Moisés era un gran
personaje en la tierra de Egipto, tanto a los ojos de los servidores de
Faraón como a los ojos del pueblo.
4 Moisés dijo:
«Así dice Yahveh: hacia media noche pasaré yo a través de Egipto;
5 y morirá en
el país de Egipto todo primogénito, desde el primogénito de Faraón que se
sienta en su trono hasta el primogénito de la esclava encargada de moler,
así como todo primer nacido del ganado.
6 Y se elevará
en todo el país de Egipto un alarido tan grande como nunca lo hubo, ni lo
habrá.
7 Pero entre
los israelitas ni siquiera un perro ladrará ni contra hombre ni contra
bestia; para que sepáis cómo Yahveh hace distinción entre Egipto e Israel.
8 Entonces
vendrán a mí todos estos siervos tuyos y se postrarán delante de mí,
diciendo: Sal, tú y todo el pueblo que te sigue. Y entonces, saldré.» Y,
ardiendo en cólera, salió de la presencia de Faraón.
9 Y dijo Yahveh
a Moisés: «no os escuchará Faraón, para que así pueda yo multiplicar mis
prodigios en la tierra de Egipto.»
10 Moisés y
Aarón obraron todos estos prodigios ante Faraón; pero Yahveh endureció el
corazón de Faraón, que no dejó salir de su país a los israelitas.
1 Dijo Yahveh a
Moisés y Aarón en el país de Egipto:
2 «Este mes
será para vosotros el comienzo de los meses; será el primero de los meses
del año.
3 Hablad a toda
la comunidad de Israel y decid: El día diez de este mes tomará cada uno para
sí una res de ganado menor por familia, una res de ganado menor por casa.
4 Y si la
familia fuese demasiado reducida para una res de ganado menor, traerá al
vecino más cercano a su casa, según el número de personas y conforme a lo
que cada cual pueda comer.
5 El animal
será sin defecto, macho, de un año. Lo escogeréis entre los corderos o los
cabritos.
6 Lo guardaréis
hasta el día catorce de este mes; y toda la asamblea de la comunidad de los
israelitas lo inmolará entre dos luces.
7 Luego tomarán
la sangre y untarán las dos jambas y el dintel de las casas donde lo coman.
8 En aquella
misma noche comerán la carne. La comerán asada al fuego, con ázimos y con
hierbas amargas.
9 Nada de él
comeréis crudo ni cocido, sino asado, con su cabeza, sus patas y sus
entrañas.
10 Y no
dejaréis nada de él para la mañana; lo que sobre al amanecer lo quemaréis.
11 Así lo
habéis de comer: ceñidas vuestras cinturas, calzados vuestros pies, y el
bastón en vuestra mano; y lo comeréis de prisa. Es Pascua de Yahveh.
12 Yo pasaré
esta noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos del
país de Egipto, desde los hombres hasta los ganados, y me tomaré justicia de
todos los dioses de Egipto. Yo, Yahveh.
13 La sangre
será vuestra señal en las casas donde moráis. Cuando yo vea la sangre pasaré
de largo ante vosotros, y no habrá entre vosotros plaga exterminadora cuando
yo hiera el país de Egipto.
14 Este será un
día memorable para vosotros, y lo celebraréis como fiesta en honor de Yahveh
de generación en generación. Decretaréis que sea fiesta para siempre».
15 «Durante
siete días comeréis ázimos; ya desde el primer día quitaréis de vuestras
casas la levadura. Todo el que desde el día primero hasta el día séptimo
coma pan fermentado, ese tal será exterminado de en medio de Israel.
16 El primer
día tendréis reunión sagrada; también el día séptimo os reuniréis en reunión
sagrada. Ningún trabajo se hará en esos días, salvo la comida para cada uno.
Esto es lo único que podréis hacer.
17 Guardad la
fiesta de los Ázimos, porque en ese mismo día saqué yo vuestros ejércitos de
la tierra de Egipto. Guardad este día de generación en generación como
decreto perpetuo.
18 Comeréis
ázimos en el mes primero, desde la tarde del día catorce del mes hasta la
tarde del día veintiuno.
19 No habrá
levadura en vuestras casas por espacio de siete días; todo aquel que coma
algo fermentado, sea forastero o natural del país, será exterminado de la
comunidad de Israel.
20 No comeréis
nada fermentado; en todo lugar donde habitéis, comeréis ázimos.»
21 Llamó Moisés
a todos los ancianos de Israel y les dijo: «Id en busca de reses menores
para vuestras familias e inmolad la pascua.
22 Tomaréis un
manojo de hisopo, lo mojaréis en la sangre que está en la vasija y untaréis
el dintel y las dos jambas con la sangre de la vasija; y ninguno de vosotros
saldrá de la puerta de su casa hasta la mañana.
23 Yahveh
pasará y herirá a los egipcios, pero al ver la sangre en el dintel y en las
dos jambas, Yahveh pasará de largo por aquella puerta y no permitirá que el
Exterminador entre en vuestras casas para herir.
24 Guardad este
mandato como decreto perpetuo para vosotros y vuestros hijos.
25 También
guardaréis este rito cuando entréis en la tierra que os dará Yahveh, según
su promesa.
26 Y cuando os
pregunten vuestros hijos: "¿Qué significa para vosotros este rito?",
27
responderéis: "Este es el sacrificio de la Pascua de Yahveh, que pasó de
largo por las casas de los israelitas en Egipto cuando hirió a los egipcios
y salvó nuestras casas."» Entonces el pueblo se postró para adorar.
28 Fueron los
israelitas e hicieron lo que había mandado Yahveh a Moisés y a Aarón; así lo
hicieron.
29 Y sucedió
que, a media noche, Yahveh hirió en el país de Egipto a todos los
primogénitos, desde el primogénito de Faraón, que se sienta sobre su trono,
hasta el primogénito del preso en la cárcel, y a todo primer nacido del
ganado.
30 Levantóse
Faraón aquella noche, con todos sus servidores y todos los egipcios; y hubo
grande alarido en Egipto, porque no había casa donde no hubiese un muerto.
31 Llamó Faraón
a Moisés y a Aarón, durante la noche, y les dijo: «Levantaos y salid de en
medio de mi pueblo, vosotros y los israelitas, e id a dar culto a Yahveh,
como habéis dicho.
32 Tomad
también vuestros rebaños y vuestras vacadas, como dijisteis. Marchaos y
bendecidme también a mí.»
33 Los egipcios
por su parte instaban al pueblo para acelerar su salida del país, pues
decían. «Vamos a morir todos.»
34 Tomó, pues,
el pueblo la masa, antes que fermentara y, envolviendo en los mantos las
artesas de la harina, se las cargaron a hombros.
35 Los
israelitas hicieron lo que les dijo Moisés y pidieron a los egipcios objetos
de plata, objetos de oro y vestidos.
36 Yahveh hizo
que el pueblo se ganara el favor de los egipcios, los cuales se los
prestaron. Así despojaron a los egipcios.
37 Los
israelitas partieron de Ramsés hacia Sukkot, unos 600.000 hombres de a pie,
sin contar los niños.
38 Salió
también con ellos una muchedumbre abigarrada y grandes rebaños de ovejas y
vacas.
39 De la masa
que habían sacado de Egipto cocieron tortas ázimas, porque no había
fermentado todavía; pues al ser echados de Egipto no pudieron tomar víveres
ni provisiones para el camino.
40 Los
israelitas estuvieron en Egipto 430 años.
41 El mismo día
que se cumplían los 430 años, salieron de la tierra de Egipto todos los
ejércitos de Yahveh.
42 Noche de
guardia fue ésta para Yahveh, para sacarlos de la tierra de Egipto. Esta
misma noche será la noche de guardia en honor de Yahveh para todos los
israelitas, por todas sus generaciones.
43 Dijo Yahveh
a Moisés y a Aarón: «Estas son las normas sobre la Pascua: no comerá de ella
ningún extranjero.
44 Todo siervo,
comprado por dinero, a quien hayas circuncidado, podrá comerla.
45 Pero el
residente y el jornalero no la comerán.
46 Se ha de
comer dentro de casa; no sacaréis fuera de casa nada de carne, ni le
quebraréis ningún hueso.
47 Toda la
comunidad de Israel la celebrará.
48 Si un
forastero que habita contigo quiere celebrar la Pascua de Yahveh, que se
circunciden todos sus varones, y entonces podrá acercarse para celebrarla,
pues será como los nativos; pero ningún incircunciso podrá comerla.
49 Una misma
ley habrá para el nativo y para el forastero que habita en medio de
vosotros.»
50 Así lo
hicieron todos los israelitas. Tal como había mandado Yahveh a Moisés y a
Aarón, así lo hicieron.
51 Y en aquel
mismo día sacó Yahveh del país de Egipto a los israelitas en orden de
campaña.
1 Habló Yahveh
a Moisés, diciendo:
2 «Conságrame
todo primogénito, todo lo que abre el seno materno entre los israelitas. Ya
sean hombres o animales, míos son todos.»
3 Dijo, pues,
Moisés al pueblo: «Acordaos de este día en que salisteis de Egipto, de la
casa de servidumbre, pues Yahveh os ha sacado de aquí con mano fuerte; y no
comáis pan fermentado.
4 Salís hoy, en
el mes de Abib.
5 Así, cuando
Yahveh te haya introducido en la tierra de los cananeos, de los hititas, de
los amorreos, de los jivitas y de los jebuseos, que juró a tus padres que te
daría, tierra que mana leche y miel, celebrarás ese rito en este mes.
6 Siete días
comerás ázimos y el día séptimo será fiesta de Yahveh.
7 Se comerán
ázimos durante siete días, y no se verá pan fermentado en tu casa, ni
levadura en tu casa, en todo tu territorio.
8 En aquel día
harás saber a tu hijo: "Esto es con motivo de lo que hizo conmigo Yahveh
cuando salí de Egipto."
9 Y esto te
servirá como señal en tu mano, y como recordatorio ante tus ojos, para que
la ley de Yahveh esté en tu boca; porque con mano fuerte te sacó Yahveh de
Egipto.
10 Guardarás
este precepto, año por año, en el tiempo debido.»
11 Cuando
Yahveh te haya introducido en la tierra del cananeo, como lo tiene jurado a
ti y a tus padres, y te la haya dado,
12 consagrarás
a Yahveh todo lo que abre el seno materno. Todo primer nacido de tus
ganados, si son machos, pertenecen también a Yahveh.
13 Todo primer
nacido del asno lo rescatarás con un cordero; y si no lo rescatas lo
desnucarás. Rescatarás también todo primogénito de entre tus hijos.
14 Y cuando el
día de mañana te pregunte tu hijo: "¿Qué significa esto?", le dirás: "Con
mano fuerte nos sacó Yahveh de Egipto, de la casa de servidumbre."
15 Como Faraón
se obstinó en no dejarnos salir, Yahveh mató a todos los primogénitos en el
país de Egipto, desde el primogénito del hombre hasta el primogénito del
ganado. Por eso sacrifico a Yahveh todo macho que abre el seno materno, y
rescato todo primogénito de mis hijos.
16 Esto será
como señal en tu mano y como insignia entre tus ojos; porque con mano fuerte
nos sacó Yahveh de Egipto.»
17 Cuando
Faraón dejó salir al pueblo, Dios no los llevó por el camino de la tierra de
los filisteos, aunque era más corto; pues se dijo Dios: «No sea que, al
verse atacado, se arrepienta el pueblo y se vuelva a Egipto.»
18 Hizo Dios
dar un rodeo al pueblo por el camino del desierto del mar de Suf. Los
israelitas salieron bien equipados del país de Egipto.
19 Moisés tomó
consigo los huesos de José, pues éste había hecho jurar solemnemente a los
israelitas, diciendo: « Ciertamente Dios os visitará, y entonces llevaos de
aquí mis huesos con vosotros."
20 Partieron de
Sukkot y acamparon en Etam, al borde del desierto.
21 Yahveh iba
al frente de ellos, de día en columna de nube para guiarlos por el camino, y
de noche en columna de fuego para alumbrarlos, de modo que pudiesen marchar
de día y de noche.
22 No se apartó
del pueblo ni la columna de nube por el día, ni la columna de fuego por la
noche.
1 Habló Yahveh
a Moisés, diciendo:
2 «Di a los
israelitas que se vuelvan y acampen frente a Pi Hajirot, entre Migdol y el
mar, enfrente de Baal Sefón. Frente a ese lugar acamparéis, junto al mar.
3 Faraón dirá
de los israelitas: "Andan errantes en el país, y el desierto les cierra el
paso."
4 Yo endureceré
el corazón de Faraón, y os perseguirá; pero yo manifestaré mi gloria a costa
de Faraón y de todo su ejército, y sabrán los egipcios que yo soy Yahveh.»
Así lo hicieron.
5 Cuando
anunciaron al rey de Egipto que había huido el pueblo, se mudó el corazón de
Faraón y de sus servidores respecto del pueblo, y dijeron: «¿Qué es lo que
hemos hecho dejando que Israel salga de nuestro servicio?»
6 Faraón hizo
enganchar su carro y llevó consigo sus tropas.
7 Tomó
seiscientos carros escogidos y todos los carros de Egipto, montados por sus
combatientes.
8 Endureció
Yahveh el corazón de Faraón rey de Egipto, el cual persiguió a los
israelitas, pero los israelitas salieron con la mano alzada.
9 Los egipcios
los persiguieron: todos los caballos, los carros de Faraón, con la gente de
los carros y su ejército; y les dieron alcance mientras acampaban junto al
mar, cerca de Pi Hajirot, frente a Baal Sefón.
10 Al acercarse
Faraón, los israelitas alzaron sus ojos, y viendo que los egipcios marchaban
tras ellos, temieron mucho los israelitas y clamaron a Yahveh.
11 Y dijeron a
Moisés: «¿Acaso no había sepulturas en Egipto para que nos hayas traído a
morir en el desierto? ¿Qué has hecho con nosotros sacándonos de Egipto?
12 ¿No te
dijimos claramente en Egipto: Déjanos en paz, queremos servir a los
egipcios? Porque mejor nos es servir a los egipcios que morir en el
desierto.»
13 Contestó
Moisés al pueblo: «No temáis; estad firmes, y veréis la salvación que Yahveh
os otorgará en este día, pues los egipcios que ahora veis, no los volveréis
a ver nunca jamás.
14 Yahveh
peleará por vosotros, que vosotros no tendréis que preocuparos.»
15 Dijo Yahveh
a Moisés: «¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los israelitas que se pongan
en marcha.
16 Y tú, alza
tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los israelitas
entren en medio del mar a pie enjuto.
17 Que yo voy a
endurecer el corazón de los egipcios para que los persigan, y me cubriré de
gloria a costa de Faraón y de todo su ejército, de sus carros y de los
guerreros de los carros.
18 Sabrán los
egipcios que yo soy Yahveh, cuando me haya cubierto de gloria a costa de
Faraón, de sus carros y de sus jinetes.
19 Se puso en
marcha el Ángel de Yahveh que iba al frente del ejército de Israel, y pasó a
retaguardia. También la columna de nube de delante se desplazó de allí y se
colocó detrás,
20 poniéndose
entre el campamento de los egipcios y el campamento de los israelitas. La
nube era tenebrosa y transcurrió la noche sin que pudieran trabar contacto
unos con otros en toda la noche.
21 Moisés
extendió su mano sobre el mar, y Yahveh hizo soplar durante toda la noche un
fuerte viento del Este que secó el mar, y se dividieron las aguas.
22 Los
israelitas entraron en medio del mar a pie enjuto, mientras que las aguas
formaban muralla a derecha e izquierda.
23 Los egipcios
se lanzaron en su persecución, entrando tras ellos, en medio del mar, todos
los caballos de Faraón, y los carros con sus guerreros.
24 Llegada la
vigilia matutina, miró Yahveh desde la columna de fuego y humo hacia el
ejército de los egipcios, y sembró la confusión en el ejército egipcio.
25 Trastornó la
ruedas de sus carros, que no podían avanzar sino con gran dificultad. Y
exclamaron los egipcios: «Huyamos ante Israel, porque Yahveh pelea por ellos
contra los egipcios.»
26 Yahveh dijo
a Moisés: Extiende tu mano sobre el mar, y las aguas volverán sobre los
egipcios, sobre sus carros y sobre los guerreros de los carros.»
27 Extendió
Moisés su mano sobre el mar, y al rayar el alba volvió el mar a su lecho; de
modo que los egipcios, al querer huir, se vieron frente a las aguas. Así
precipitó Yahveh a los egipcios en medio del mar,
28 pues al
retroceder las aguas cubrieron los carros y a su gente, a todo el ejército
de Faraón, que había entrado en el mar para perseguirlos; no escapó ni uno
siquiera.
29 Mas los
israelitas pasaron a pie enjuto por en medio del mar, mientras las aguas
hacían muralla a derecha e izquierda.
30 Aquel día
salvó Yahveh a Israel del poder de los egipcios; e Israel vio a los egipcios
muertos a orillas del mar.
31 Y viendo
Israel la mano fuerte que Yahveh había desplegado contra los egipcios, temió
el pueblo a Yahveh, y creyeron en Yahveh y en Moisés, su siervo.
1 Entonces
Moisés y los israelitas cantaron este cántico a Yahveh. Dijeron: «Canto a
Yahveh pues se cubrió de gloria arrojando en el mar caballo y carro.
2 Mi fortaleza
y mi canción es Yah. El es mi salvación. El, mi Dios, yo le glorifico, el
Dios de mi padre, a quien exalto.
3 ¡Un guerrero
Yahveh, Yahveh es su nombre!
4 Los carros de
Faraón y sus soldados precipitó en el mar. La flor de sus guerreros tragó el
mar de Suf;
5 cubriólos el
abismo, hasta el fondo cayeron como piedra.
6 Tu diestra,
Yahveh, relumbra por su fuerza; tu diestra, Yahveh, aplasta al enemigo.
7 En tu gloria
inmensa derribas tus contrarios, desatas tu furor y los devora como paja.
8 Al soplo de
tu ira se apiñaron las aguas, se irguieron las olas como un dique, los
abismos cuajaron en el corazón del mar.
9 Dijo el
enemigo: «Marcharé a su alcance, repartiré despojos, se saciará mi alma,
sacaré mi espada y los aniquilará mi mano.»
10 Mandaste tu
soplo, cubriólos el mar; se hundieron como plomo en las temibles aguas.
11 ¿Quién como
tú, Yahveh, entre los dioses? ¿Quién como tú, glorioso en santidad, terrible
en prodigios, autor de maravillas?
12 Tendiste tu
diestra y los tragó la tierra.
13 Guiaste en
tu bondad al pueblo rescatado. Tu poder los condujo a tu santa morada.
14 Oyéronlo los
pueblos, se turbaron, dolor como de parto en Filistea.
15 Los
príncipes de Edom se estremecieron, se angustiaron los jefes de Moab y todas
las gentes de Canaán temblaron.
16 Pavor y
espanto cayó sobre ellos. La fuerza de tu brazo los hizo enmudecer como una
piedra, hasta que pasó tu pueblo, oh Yahveh, hasta pasar el pueblo que
compraste.
17 Tú le llevas
y le plantas en el monte de tu herencia, hasta el lugar que tú te has
preparado para tu sede, ¡oh Yahveh! Al santuario, Adonay, que tus manos
prepararon.
18 ¡Yahveh
reinará por siempre jamás!»
19 Porque
cuando los caballos de Faraón y los carros con sus guerreros entraron en el
mar, Yahveh hizo que las aguas del mar volvieran sobre ellos, mientras que
los israelitas pasaron a pie enjuto por medio del mar.
20 María, la
profetisa, hermana de Aarón tomó en sus manos un tímpano y todas la mujeres
la seguían con tímpanos y danzando en coro.
21 Y María les
entonaba el estribillo: «Cantad a Yahveh pues se cubrió de gloria. arrojando
en el mar caballo y carro.»
22 Moisés hizo
partir a los israelitas del mar de Suf y se dirigieron hacia el desierto de
Sur: caminaron tres días por el desierto sin encontrar agua.
23 Luego
llegaron a Mará, porque era amarga. Por eso se llama aquel lugar Mará.
24 El pueblo
murmuró contra Moisés, diciendo: «¿Qué vamos a beber?»
25 Entonces
Moisés invocó a Yahveh, y Yahveh le mostró un madero que Moisés echó al
agua, y el agua se volvió dulce. Allí dio a Israel decretos y normas, y allí
le puso a prueba.
26 Y dijo: «Si
de veras escuchas la voz de Yahveh, tu Dios, y haces lo que es recto a sus
ojos, dando oídos a sus mandatos y guardando todos sus preceptos, no traeré
sobre ti ninguna de las plagas que envié sobre los egipcios; porque yo soy
Yahveh, el que te sana.»
27 Después
llegaron a Elim, donde hay doce fuentes de agua y setenta palmeras, y
acamparon allí junto a las aguas.
1 Partieron de
Elim, y toda la comunidad de los israelitas llegó al desierto de Sin, que
está entre Elim y el Sinaí, el día quince del segundo mes después de su
salida del país de Egipto.
2 Toda la
comunidad de los israelitas empezó a murmurar contra Moisés y Aarón en el
desierto.
3 Los
israelitas les decían: «¡Ojalá hubiéramos muerto a manos de Yahveh en la
tierra de Egipto cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne, cuando
comíamos pan hasta hartarnos! Vosotros nos habéis traído a este desierto
para matar de hambre a toda esta asamblea.»
4 Yahveh dijo a
Moisés: «Mira, yo haré llover sobre vosotros pan del cielo; el pueblo saldrá
a recoger cada día la porción diaria; así le pondré a prueba para ver si
anda o no según mi ley.
5 Mas el día
sexto, cuando preparen lo que hayan traído, la ración será doble que la de
los demás días.»
6 Dijeron,
pues, Moisés y Aarón a toda la comunidad de los israelitas: «Esta tarde
sabréis que es Yahveh quien os ha sacado del país de Egipto;
7 y por la
mañana veréis la gloria de Yahveh. Porque ha oído vuestras murmuraciones
contra Yahveh; pues ¿qué somos nosotros para que murmuréis contra nosotros?»
8 Y añadió
Moisés: «Yahveh os dará esta tarde carne para comer, y por la mañana pan en
abundancia; porque Yahveh ha oído vuestras murmuraciones contra él; pues
¿qué somos nosotros? No van contra nosotros vuestras murmuraciones, sino
contra Yahveh.»
9 Dijo entonces
Moisés a Aarón: «Ordena a toda la comunidad de los israelitas: Acercaos a
Yahveh, pues él ha oído vuestras murmuraciones.»
10 Aún estaba
hablando Aarón a toda la comunidad de los israelitas, cuando ellos miraron
hacia el desierto, y he aquí que la gloria de Yahveh se apareció en forma de
nube.
11 Y Yahveh
habló a Moisés, diciendo:
12 «He oído las
murmuraciones de los israelitas. Diles: Al atardecer comeréis carne y por la
mañana os hartaréis de pan; y así sabréis que yo soy Yahveh, vuestro Dios.»
13 Aquella
misma tarde vinieron las codornices y cubrieron el campamento; y por la
mañana había una capa de rocío en torno al campamento.
14 Y al
evaporarse la capa de rocío apareció sobre el suelo del desierto una cosa
menuda, como granos, parecida a la escarcha de la tierra.
15 Cuando los
israelitas la vieron, se decían unos a otros: «¿Qué es esto?» Pues no sabían
lo que era. Moisés les dijo: «Este es el pan que Yahveh os da por alimento.
16 He aquí lo
que manda Yahveh: Que cada uno recoja cuanto necesite para comer, un gomor
por cabeza, según el número de los miembros de vuestra familia; cada uno
recogerá para la gente de su tienda.»
17 Así lo
hicieron los israelitas; unos recogieron mucho y otros poco.
18 Pero cuando
lo midieron con el gomor, ni los que recogieron poco tenían de menos. Cada
uno había recogido lo que necesitaba para su sustento.
19 Moisés les
dijo: «Que nadie guarde nada para el día siguiente.»
20 Pero no
obedecieron a Moisés, y algunos guardaron algo para el día siguiente; pero
se llenó de gusanos y se pudrió; y Moisés se irritó contra ellos.
21 Lo recogían
por las mañanas, cada cual según lo que necesitaba; y luego, con el calor
del sol, se derretía.
22 El día sexto
recogieron doble ración, dos gomor por persona. Todos los jefes de la
comunidad fueron a decírselo a Moisés;
23 él les
respondió: «Esto es lo que manda Yahveh: Mañana es sábado, día de descanso
consagrado a Yahveh. Coced lo que se deba cocer, hervid lo que se tenga que
hervir; y lo sobrante, guardadlo como reserva para mañana.»
24 Ellos lo
guardaron para el día siguiente, según la orden de Moisés; y no se pudrió,
ni se agusanó.
25 Dijo
entonces Moisés: «Hoy comeréis esto, porque es sábado de Yahveh; y en tal
día no hallaréis nada en el campo.
26 Seis días
podéis recogerlo, pero el día séptimo, que es sábado, no habrá nada.»
27 A pesar de
todo, salieron algunos del pueblo a recogerlo el séptimo día, pero no
encontraron nada.
28 Yahveh dijo
a Moisés: «¿Hasta cuándo os negaréis a guardar mi mandatos y mis leyes?
29 Mirad que
Yahveh os ha puesto el sábado; por eso el día sexto os da ración para dos
días. Quédese cada uno en su sitio, y que nadie se mueva de su lugar el día
séptimo.»
30 Y el día
séptimo descansó el pueblo.
31 La casa de
Israel lo llamó maná. Era como semilla de cilantro, blanco, y con sabor a
torta de miel.
32 Dijo Moisés:
«Esto manda Yahveh: Llenad un gomor de maná, y conservadlo, para vuestros
descendientes, para que vean el pan con que os alimenté en el desierto
cuando os saqué del país de Egipto.»
33 Dijo, pues,
Moisés a Aarón: «Toma una vasija, pon en ella un gomor lleno de maná, y
colócalo ante Yahveh, a fin de conservarlo para vuestros descendientes.»
34 Tal como
Yahveh se lo mandó a Moisés, Aarón lo puso ante el Testimonio para
conservarlo.
35 Los
israelitas comieron el maná por espacio de cuarenta años, hasta que llegaron
a tierra habitada. Lo estuvieron comiendo hasta que llegaron a los confines
del país de Canaán.
36 El gomor es
la décima parte de la medida.
1 Toda la
comunidad de los israelitas partió del desierto de Sin, a la orden de
Yahveh, para continuar sus jornadas; y acamparon en Refidim, donde el pueblo
no encontró agua para beber.
2 El pueblo
entonces se querelló contra Moisés, diciendo: «Danos agua para beber.»
Respondióles Moisés: «¿Por qué os querelláis conmigo? ¿Por qué tentáis a
Yahveh?»
3 Pero el
pueblo, torturado por la sed, siguió murmurando contra Moisés: «¿Nos has
hecho salir de Egipto para hacerme morir de sed, a mí, a mis hijos y a mis
ganados?»
4 Clamó Moisés
a Yahveh y dijo: «¿ Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me
apedreen.»
5 Respondió
Yahveh a Moisés: «Pasa delante del pueblo, llevando contigo algunos de los
ancianos de Israel; lleva también en tu mano el cayado con que golpeaste el
Río y vete,
6 que allí
estaré yo ante ti, sobre la piña, en Horeb; golpearás la peña, y saldrá de
ella agua para que beba el pueblo.» Moisés lo hizo así a la vista de los
ancianos de Israel.
7 Aquel lugar
se llamó Massá y Meribá, a causa de la querella de los israelitas, y por
haber tentado a Yahveh, diciendo: «¿Está Yahveh entre nosotros o no?»
8 Vinieron los
amalecitas y atacaron a Israel en Refidim.
9 Moisés dijo a
Josué: «Elígete algunos hombres, y sal mañana a combatir contra Amalec. Yo
me pondré en la cima del monte, con el cayado de Dios en mi mano.»
10 Josué
cumplió las órdenes de Moisés, y salió a combatir contra Amalec. Mientras
tanto, Moisés, Aarón y Jur subieron a la cima del monte.
11 Y sucedió
que, mientras Moisés tenía alzadas las manos, prevalecía Israel; pero cuando
las bajaba, prevalecía Amalec.
12 Se le
cansaron las manos a Moisés, y entonces ellos tomaron una piedra y se la
pusieron debajo; él se sentó sobre ella, mientras Aarón y Jur le sostenían
las manos, uno a un lado y otro al otro. Y así resistieron sus manos hasta
la puesta del sol.
13 Josué
derrotó a Amalec y a su pueblo a filo de espada.
14 Yahveh dijo
Moisés: «Escribe esto en un libro para que sirva de recuerdo, y haz saber a
Josué que yo borraré por completo la memoria de Amalec de debajo de los
cielos.»
15 Después
edificó Moisés un altar, al que puso por nombre Yahveh Nissí
16 diciendo:
«La bandera de Yahveh en la mano; Yahveh está en guerra con Amalec de
generación en generación.»
1 Jetró,
sacerdote de Madián, suegro de Moisés, se enteró de lo que había hecho Dios
en favor de Moisés y de Israel, su pueblo, y cómo Yahveh había sacado a
Israel de Egipto.
2 Entonces
Jetró, suegro de Moisés, tomó a Séfora, mujer de Moisés, a la que Moisés
había despedido,
3 y a sus
hijos; el uno se llamaba Guersom, pues Moisés dijo: «Forastero soy en tierra
extraña,»
4 y el otro se
llamaba Eliezer, pues dijo Moisés: «El Dios de mi padre es mi protector y me
ha librado de la espada de Faraón.»
5 Llegó, pues,
Jetró, suegro de Moisés, con los hijos y la mujer de Moisés, al desierto,
donde estaba acampado junto al monte de Dios.
6 Y dijo a
Moisés: Yo, Jetró, tu suegro, vengo a ti con tu mujer y sus dos hijos.»
7 Moisés salió
al encuentro de su suegro, se postró y le besó. Se saludaron ambos y
entraron en la tienda.
8 Moisés contó
a su suegro todo lo que Yahveh había hecho a Faraón y a los egipcios, en
favor de Israel; todos los trabajos sufridos en el camino y cómo Yahveh les
había librado de ellos.
9 Jetró se
alegró de todo el bien que Yahveh había hecho a Israel, librándole de la
mano de los egipcios.
10 Y dijo
Jetró: «¡Bendito sea Yahveh, que os ha librado de la mano de los egipcios y
de la mano de Faraón y ha salvado al pueblo del poder de los egipcios!
11 Ahora
reconozco que Yahveh es más grande que todos los dioses...»
12 Después
Jetró, suegro de Moisés, ofreció un holocausto y sacrificios a Dios; y Aarón
y todos los ancianos de Israel fueron a comer con el suegro de Moisés en
presencia de Dios.
13 Al día
siguiente, se sentó Moisés para juzgar al pueblo; y el pueblo estuvo ante
Moisés desde la mañana hasta la noche.
14 El suegro de
Moisés vio el trabajo que su yerno se imponía por el pueblo, y dijo: «¿Cómo
haces eso con el pueblo? ¿Por qué te sientas tú solo haciendo que todo el
pueblo tenga que permanecer delante de ti desde la mañana hasta la noche?»
15 Contestó
Moisés a su suegro: «Es que el pueblo viene a mí para consultar a Dios.
16 Cuando
tienen un pleito, vienen a mí; yo dicto sentencia entre unos y otros, y les
doy a conocer los preceptos de Dios y sus leyes.»
17 Entonces el
suegro de Moisés le dijo: «No está bien lo que estás haciendo.
18 Acabarás
agotándote, tú y este pueblo que está contigo; porque este trabajo es
superior a tus fuerzas; no podrás hacerlo tú solo.
19 Así que
escúchame; te voy a dar un consejo, y Dios estará contigo. Sé tú el
representante del pueblo delante de Dios y lleva ante Dios sus asuntos.
20 Enséñales
los preceptos y las leyes, dales a conocer el camino que deben seguir y las
obras que han de practicar.
21 Pero elige
de entre el pueblo hombres capaces, temerosos de Dios, hombres fieles e
incorruptibles, y ponlos al frente del pueblo como jefes de mil, jefes de
ciento, jefes de cincuenta y jefes de diez.
22 Ellos
juzgarán al pueblo en todo momento; te presentarán a ti los asuntos más
graves, pero en los asuntos de menor importancia, juzgarán ellos. Así se
aliviará tu carga, pues ellos te ayudarán a llevarla.
23 Si haces
esto, Dios te comunicará sus órdenes, tú podrás resistir, y todo este pueblo
por su parte podrá volver en paz a su lugar.»
24 Escuchó
Moisés la voz de su suegro e hizo todo lo que le había dicho.
25 Eligió,
pues, hombres capaces de entre todo Israel, y los puso al frente del pueblo,
como jefes de mil, jefes de ciento, jefes de cincuenta, y jefes de diez.
26 Estos
juzgaban al pueblo en todo momento; los asuntos graves se los presentaban a
Moisés, mas en todos los asuntos menores juzgaban por sí mismos.
27 Después
Moisés despidió a su suegro, que se volvió a su tierra.
1 Al tercer mes
después de la salida de Egipto, ese mismo día, llegaron los hijos de Israel
al desierto de Sinaí.
2 Partieron de
Refidim, y al llegar al desierto de Sinaí acamparon en el desierto. Allí
acampó Israel frente al monte.
3 Moisés subió
hacia Dios. Yahveh le llamó desde el monte, y le dijo: «Así dirás a la casa
de Jacob y esto anunciarás a los hijos de Israel:
4 "Ya habéis
visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os he llevado
sobre alas de águila y os he traído a mí.
5 Ahora, pues,
si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi
propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra;
6 seréis para
mí un reino de sacerdotes y una nación santa." Estas son las palabras que
has de decir a los hijos de Israel.»
7 Fue, pues,
Moisés y convocó a los ancianos del pueblo y les expuso todas estas palabras
que Yahveh le había mandado.
8 Todo el
pueblo a una respondió diciendo: «Haremos todo cuanto ha dicho Yahveh.» Y
Moisés llevó a Yahveh la respuesta del pueblo.
9 Dijo Yahveh a
Moisés: «Mira: Voy a presentarme a ti en una densa nube para que el pueblo
me oiga hablar contigo, y así te dé crédito para siempre.» Y Moisés refirió
a Yahveh las palabras del pueblo.
10 Yahveh dijo
a Moisés: «Ve donde el pueblo y haz que se santifiquen hoy y mañana; que
laven sus vestidos
11 y estén
preparados para el tercer día; porque al día tercero descenderá Yahveh a la
vista de todo el pueblo sobre el monte Sinaí.
12 Deslinda el
contorno de la montaña, y di: Guardaos de subir al monte y aun de tocar su
falda. Todo aquel que toque el monte morirá.
13 Pero nadie
pondrá la mano sobre el culpable, sino que será lapidado o asaeteado; sea
hombre o bestia, no quedará con vida. Cuando resuene el cuerno, subirán
ellos al monte.»
14 Bajó, pues,
Moisés del monte, adonde estaba el pueblo, y ellos lavaron sus vestidos.
15 Y dijo al
pueblo: «Estad preparados para el tercer día, y absteneos de mujer.»
16 Al tercer
día, al rayar el alba, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre el
monte y un poderoso resonar de trompeta; y todo el pueblo que estaba en el
campamento se echó a temblar.
17 Entonces
Moisés hizo salir al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios, y
se detuvieron al pie del monte.
18 Todo el
monte Sinaí humeaba, porque Yahveh había descendido sobre él en el fuego.
Subía el humo como de un horno, y todo el monte retemblaba con violencia.
19 El sonar de
la trompeta se hacía cada vez más fuerte; Moisés hablaba y Dios le respondía
con el trueno.
20 Yahveh bajó
al monte Sinaí, a la cumbre del monte; llamó Yahveh a Moisés a la cima de la
montaña y Moisés subió.
21 Dijo Yahveh
a Moisés: «Baja y conjura al pueblo que no traspase las lindes para ver a
Yahveh, porque morirían muchos de ellos;
22 aun los
sacerdotes que se acercan a Yahveh deben santificarse para que Yahveh no
irrumpa contra ellos.»
23 Moisés
respondió a Yahveh: «El pueblo no podrá subir al monte Sinaí, porque tú nos
lo has prohibido, diciendo: Señala un límite alrededor del monte y decláralo
sagrado.»
24 Yahveh le
dijo: «Anda, baja, y luego subes tú y Aarón contigo; pero los sacerdotes y
el pueblo no traspasarán las lindes para subir hacia Yahveh a fin de que no
irrumpa contra ellos."
25 Bajó, pues,
Moisés adonde estaba el pueblo y les dijo...
1 Entonces
pronunció Dios todas estas palabras diciendo:
2 «Yo, Yahveh,
soy tu Dios, que te he sacado del país de Egipto, de la casa de servidumbre.
3 No habrá para
ti otros dioses delante de mí.
4 No te harás
escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo
que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la
tierra.
5 No te
postrarás ante ellas ni les darás culto, porque yo Yahveh, tu Dios, soy un
Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la
tercera y cuarta generación de los que me odian,
6 y tengo
misericordia por millares con los que me aman y guardan mis mandamientos.
7 No tomarás en
falso el nombre de Yahveh, tu Dios; porque Yahveh no dejará sin castigo a
quien toma su nombre en falso.
8 Recuerda el
día del sábado para santificarlo.
9 Seis días
trabajarás y harás todos tus trabajos,
10 pero el día
séptimo es día de descanso para Yahveh, tu Dios. No harás ningún trabajo, ni
tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el
forastero que habita en tu ciudad.
11 Pues en seis
días hizo Yahveh el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y el
séptimo descansó; por eso bendijo Yahveh el día del sábado y lo hizo
sagrado.
12 Honra a tu
padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que
Yahveh, tu Dios, te va a dar.
13 No matarás.
14 No cometerás
adulterio.
15 No robarás.
16 No darás
testimonio falso contra tu prójimo.
17 No
codiciarás la casa de tu prójimo, ni codiciarás la mujer de tu prójimo, ni
su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu
prójimo.»
18 Todo el
pueblo percibía los truenos y relámpagos, el sonido de la trompeta y el
monte humeante, y temblando de miedo se mantenía a distancia.
19 Dijeron a
Moisés: «Habla tú con nosotros, que podremos entenderte, pero que no hable
Dios con nosotros, no sea que muramos.»
20 Respondió
Moisés al pueblo: «No temáis, pues Dios ha venido para poneros a prueba,
para que su temor esté ante vuestros ojos, y no pequéis».
21 Y el pueblo
se mantuvo a distancia, mientras Moisés se acercaba a la densa nube donde
estaba Dios.
22 Dijo Yahveh
a Moisés: Así dirás a los israelitas: Vosotros mismos habéis visto que os he
hablado desde el cielo.
23 No haréis
junto a mí dioses de plata, ni os haréis dioses de oro.
24 Hazme un
altar de tierra para ofrecer sobre él tus holocaustos y tus sacrificios de
comunión, tus ovejas y tus bueyes. En todo lugar donde haga yo memorable mi
nombre, vendré a ti y te bendeciré.
25 Y si me
haces un altar de piedra, no lo edificarás de piedras labradas; porque al
alzar tu cincel sobre ella queda profanada.
26 Tampoco
subirás por gradas a mi altar, para que no se descubra tu desnudez sobre él.