Existen otras organizaciones un tanto más desconocidas y
hasta menos beligerantes públicamente si se quiere, pero distintas a
Transparencia Internacional, que por razones incluso más amplias igualmente
indagan sobre los grados de corrupción en los distintos países del planeta.
Lo hacen básicamente por razones de análisis de riesgo, de
seguridad en las inversiones, para conocer los regímenes políticos y judiciales
de las naciones, para indagar sobre el funcionamiento de la democracia, para
apoyar créditos y desembolsos de los organismos bilaterales o multilaterales,
para apoyar programas de asistencia o simplemente para atender el pedido de un
cliente.
Una de ellas es Pricewaterhouse Coopers, la que produce otro
índice denominado Índice de Opacidad, el cual indaga sobre los grados de
honestidad y deshonestidad en los países a propósito de las transferencias y los
altos costos del capital. Hasta mayo de 2001 estaba capitaneada por Jim Schiro,
pero en esta fecha se divulgaron algunas desavenencias entre los socios de la
firma radicada en New York (Financial Times, 12/05/2001).
En marzo de 2001 divulgaron la última edición del Índice de
Opacidad de las Naciones, basados en un estudio soportado en encuestas, luego
también es perceptivo, entre 35 países del mundo, de los cuales nueve son
latinoamericanos y Venezuela figuró en la posición 22, con un grado de opacidad
de 63 sobre 100 y una rata de 7,12% de castigo sobre las posibilidades de
inversión (incremento del costo en la captación de financiamiento que provoca la
falta de transparencia). Arribó en la ubicación 7 de los 9 latinoamericanos,
aparte. Venezuela solamente superó a Guatemala y Ecuador y fue dejada atrás por
Chile, México, Uruguay, Colombia, Argentina y Brasil. Por otra parte, delante de
Venezuela figuraron 21 países y por debajo 13.
El primer lugar, o sea, la mejor percepción la logró Singapur
que también figuró en las primeras cinco posiciones del IPC de TI, con 29 de
opacidad y 0% de castigo sobre las posibilidades de inversión. En las últimas
posiciones clasificaron: China, con 87 de opacidad, y Rusia con 84. Chile fue el
país latinoamericano de mejor figuración, con un índice de opacidad de 36 sobre
100, es decir, 64% confiable, quedando en el segundo lugar junto con Estados
Unidos en el listado completo.
A continuación el Índice de Opacidad 2001, por cierto
divulgado parcial y únicamente por el periódico 2001 del 16 de marzo de 2001 por
la vía de un editorial titulado: Venezuela, país poco transparente.
Por otra parte, el Banco Mundial no hace comparaciones entre
países desde el punto de vista de los niveles de corrupción existentes, pero sí
ha definido 6 categorías que le permiten a la institución saber cuán lejos o
cerca está un país afiliado de una situación considerada como idealmente sana.
Estos factores son: control de la corrupción, imperio de la
ley, marco regulatorio, efectividad gubernamental, estabilidad política y
ausencia de violencia, rendición de cuentas. El siguiente dibujo muestra la
posición de Venezuela desde el punto de vista de las 6 categorías de estudio y
la distancia que media entre una situación normal y la real que tenía el país el
3 de noviembre de 2000.


Los gráficos anteriores revelan que sólo 25% de los países
analizados están por debajo de Venezuela en el control de la corrupción, es
decir que 75% de las naciones nos superan en el control del flagelo.
Según el Banco Mundial, los indicadores anteriores son
producto de la recopilación de estadísticas y percepciones de organizaciones
oficiales y no gubernamentales y no reflejan la posición oficial y definitiva
del multilateral
En el texto El Desafío Latinoamericano escrito por el
investigador del Iesa, José Luis Cordeiro, nos explica que "es realmente difícil
comparar los niveles de corrupción alrededor del mundo. No hay manera segura y
sencilla de ‘medir’ la corrupción. Sin embargo, sí existen algunas instituciones
internacionales que tratan de clasificar los países en grupos según los niveles
percibidos de corrupción oficial. Una de esas instituciones es Business
Environment Risk Intelligence (Beri) que clasifica a los países en tres grandes
clases: mucha corrupción (Nigeria y Venezuela), mediana corrupción (Brasil y
China) y poca corrupción (Alemania y Singapur)". Los paréntesis no son nuestros
sino corresponden a los ejemplos dados por Beri en su clasificación y Venezuela
aparece mencionada en la categoría de mucha corrupción.
Según la clasificación Beri citada por Cordeiro, "básicamente
es posible dividir a los países de acuerdo con la magnitud de la corrupción, los
niveles de responsabilidad involucrados y los castigos aplicados a la
corrupción".
"En primer lugar, se encuentran
los países con menor corrupción ya que la castigan duramente y suelen
tener sus corruptos principalmente en los niveles más altos donde los
hombres ‘ordinarios’ a veces no resisten las tentaciones
‘extraordinarias’. Aquí se encuentran países con reconocidos bajos
niveles de corrupción como Alemania, Reino Unido, Singapur y Suiza".
"En segundo lugar, se
encuentran países con niveles medios de corrupción y donde los corruptos
se encuentran en niveles altos y medios. Estados Unidos, Canadá, Corea
del Sur y Japón son ejemplos típicos de este nivel".
"En tercer lugar, se encuentra
la mayor parte de los países del mundo. En esos países que van desde
Argentina hasta Venezuela, desde Argelia a Zimbabwe, existen formas de
corrupción sistemática, penetrante y omnipresente. La corrupción no sólo
es generalizada, sino que también aparece a todos los niveles: alto,
medio y bajo. La corrupción es tan generalizada en muchos de esos países
que a veces es considerada una forma de ingreso adicional para los mal
pagados funcionarios públicos. En muchos de esos países pobres los
corruptos van desde el Presidente, o dictador de turno, hasta el
director de una escuela u hospital".
Otra clasificación mencionada es la de The Economist
Intelligence Unit (EIU) que clasifica particularmente "la corrupción en América
Latina desde ‘poca’ en Chile hasta ‘agobiante’ en Perú y Venezuela. Los
resultados del análisis de la EIU representan, de hecho, un progreso para
Latinoamérica pues Argentina había dejado de ser un país con corrupción
agobiante, como era clasificado al comienzo de la década de 1990, y la situación
en Perú estaba mejorando. De forma que Venezuela permanece como la ‘oveja negra’
de la hipercorrupción entre los mayores países de la región".
Estima Cordeiro que "la ventaja de las clasificaciones como
la de EIU es que éstas son organizaciones autónomas, independientes y libres de
compromisos políticos. De manera que sus clasificaciones imparciales son
respetadas por los observadores y analistas externos aunque los líderes
nacionales de países con malos resultados siempre encuentran excusas y errores
en tales clasificaciones. ¿Quién se equivoca, los evaluados o los evaluadores?
La experiencia internacional indica que los malos líderes son los errados, pero
al final son los pueblos los que en verdad llevan las de perder".
Refiere una serie de casos emblemáticos de "líderes
corruptos, populistas o, simplemente incompetentes" que escapan "de sus propias
naciones y se establecen en otros países, muchas veces en la misma región":
Juan Domingo Perón, de
Argentina a España.
Luis García Meza, de Bolivia a
Argentina.
Paulo César Farías, de Brasil a
Tailandia.
Jean-Claude Duvalier, de Haití
a Francia.
Anastasio Somoza, de Nicaragua
a Paraguay.
Alfredo Stroessner, de Paraguay
a Brasil.
José López Portillo, de México
a España.
Alan García, de Perú a
Colombia.
Jaime Lusinchi, de Venezuela a
Costa Rica.
Y la lista es absolutamente incompleta, apenas destaca los
casos de presidentes o dictadores que le parecieron más importantes para el
momento, sin mencionar a Alberto Fujimori (de Perú a Japón), Abdalá Bucaram (de
Ecuador a Panamá), Carlos Andrés Pérez (de Venezuela a Miami y República
Dominicana) Fernando Collor de Melo (de Brasil a Argentina), entre otros más
recientes.
Por cierto que el ex presidente Jaime Lusinchi, según un
escrito difundido por The Washington Post el 5 de enero de 2000 en la página A21
y bajo la firma de David Ignatius; figura en la lista de "los bucaneros del
Siglo 21" que incluye personas jurídicas y naturales:
Empresa Elf-Acquitaine, de
Francia y Alemania (sobornos).
Citibank, de Estados Unidos
(lavado de dinero).
Raúl Salinas, hermano del ex
presidente Carlos Salinas, de México (corrupción y asesinato).
Azif Zardari, esposo de Benazir
Bhutto, primera ministra de Pakistán (cobro compulsivo de comisiones).
Bongo de Omar, presidente de la
República Africana de Gabón (sobornos).
Sani Abacha, ex presidente de
Nigeria (corrupción y soborno).
Jaime Lusinchi, ex presidente
de Venezuela (malversación de fondos).
Las hijas del presidente de
Indonesia, Suharto, y la familia Suharto (robo y corrupción)
— ¿Cuáles son los efectos y las consecuencias externas para
un país como Venezuela, cuando aparece en los últimos lugares de los índices de
corrupción? -formulamos la interrogante al profesor Herbert Koeneke.
— De terror –respondió-. Estamos con países africanos y con
algunos de la ex Unión Soviética que están muy corrompidos por el desmontaje
súbito del sistema de controles del Estado centralizado. Esto es sumamente
negativo, porque estamos muy mal en el juicio que hacen los inversionistas.
Simplemente tratas de no correr riesgos innecesarios si eres inversionista,
existiendo tantas oportunidades de inversión.
— Internamente ¿cuál es el efecto inmediato?
— La gobernabilidad. Allí hay dos dimensiones: la técnica y
el acatamiento de la opinión pública. En cuanto a lo primero, puedes estudiar la
eficiencia y la eficacia en el diseño y ejecución de las políticas públicas, es
decir, tener la suficiente capacidad de asesoría para vislumbrar cuáles son los
grandes problemas y cómo enfrentarlos. Capacidad gerencial, eficiencia y
eficacia con transparencia. Puedes tener un equipo muy bueno de tecnócratas al
lado tuyo y buscarte a los mejores gerentes. Pero si sigue existiendo
irresponsabilidad en los altos cargos públicos y unas instancias contraloras
incapaces o plegadas a los deseos del mandatario, anulas las bondades de la
tecnocracia y tu problema de corrupción generalizada permanece intacto, sujeto
al grado de aceptación de las acciones del gobierno por parte de la opinión
pública.
— ¿Qué más puede decirnos?
— En el mediano y largo plazo lo que se produce es una
desconsolidación del régimen. No puedes consolidar una democracia donde no hay
gobernabilidad. Y la corrupción tiene mucho que ver con este estado de cosas,
tiene que ver mucho con la desconsolidación de la democracia en Venezuela donde
siempre se ha tratado de colocar, antes y ahora, en una franja blanca anchísima
muchos casos de corrupción propios que son reprobables o no aprobables en otras
partes. Recuerdo una encuesta Gallup publicada por El Nacional que decía que el
principal problema peor resuelto de la primera presidencia de Carlos Andrés era
la corrupción. Allí estaba el caso Sierra Nevada. A él nunca se le llegó a
juzgar. ¿Te acuerdas que eso terminó en el Congreso con un voto de José Vicente
(Rangel) que lo salvó de considerarlo culpable administrativa y políticamente?
Lo contrario hubiera significado la apertura de una investigación y el inicio de
la sanción de la corrupción en la democracia venezolana.
Cuando José Vicente Rangel era ministro de Relaciones
Exteriores participó en una conferencia internacional organizada por el Centro
de Divulgación del Conocimiento Económico (Cedice) en noviembre de 1999,
denominada Seminario Internacional, Corrupción y Estado. Presentó una ponencia
titulada: Aspectos internacionales de la lucha contra la corrupción.
—Tengo bastante conocimiento teórico y práctico sobre el tema
de la corrupción. Modestia aparte, durante muchos años he luchado contra ese
fenómeno, contra ese peligrosos fenómeno, contra ese asfixiante fenómeno, contra
ese letal fenómeno, que para algunos es simplemente parte del discurso político,
del discurso político tendente a descalificarse recíprocamente y que para mí es
algo más que parte del debate político. Es algo que tiene que ver con el
funcionamiento de nuestras sociedades, porque es indudable que existe una
cultura o una anticultura, como ustedes lo quieran calificar, de la corrupción.
Rangel formuló la siguiente interrogante en la oportunidad
que se comenta: "¿quién puede tirar la primera piedra en esa materia?"
— Ese tema de la corrupción, afortunadamente, ya no necesita
escamoteo y ha descendido del nivel retórico al nivel práctico. ¿Ustedes saben
por qué –dijo- ha descendido al nivel práctico? Porque el ciudadano común y
corriente la ha interiorizado, ha establecido la relación que está entre la
corrupción, la práctica corrupta y su situación particular. Cuando un ciudadano
va a un hospital y no consigue algodón, porque se han robado el dinero los
administradores públicos, entonces interioriza el fenómeno de la corrupción y ya
deja de ser un discurso político para convertirse en algo vivencial que afecta
directamente la salud de ese ciudadano. Y lo mismo ocurre con la educación y con
los servicios públicos en general.
Al hacer un balance sobre el porqué la corrupción se
desenfrenó en democracia argumentó:
— ¿Por qué hay corrupción en una democracia cuando hay
mecanismos teóricamente de control? ¿Por qué si en una democracia funciona un
Congreso que además de legislar tiene la atribución de investigar y existe una
Contraloría General de la República y una Fiscalía General de la República,
etc., etc., por qué funciona la corrupción? ¿Por qué nosotros tenemos la
justicia más corrupta de la región en Venezuela después de 40 años de
democracia? ¿Por qué después de haber gastado el equivalente a 20 planes
Marshall en Venezuela, de haber invertido el equivalente a 20 planes Marshall en
Venezuela, en treinta y pico de años, tenemos 80 por ciento de pobreza? ¿Dónde
fue a parar el dinero? ¿Por qué caminos se despilfarró esa inmensa fortuna? ¿Por
qué no funcionaron los organismos de control como el Congreso en 40 años, los
tribunales, la Corte Suprema, la Contraloría General de la República? Eso nos
remite directamente al problema de las complicidades que es otro factor
determinante en la corrupción. Para mí incluso es peor que el acto corrupto, el
acto de complicidad. La complicidad es el colchón en el cual se revuelca
concupiscentemente la corrupción. Y nosotros hemos vivido esa dramática
experiencia en Venezuela.
Según Rangel, "los venezolanos tienen en el exterior, en este
momento, más de 100 mil millones de dólares, y esos 100 mil millones de dólares
no se han conformado con los 100 mil o los 200 mil dólares que pueda haber
sacado una familia para preservar ese capital en el exterior, sino con los
grandes robos y latrocinios que han ocurrido, me refiero a estos últimos años".
Con respecto a la gravedad mundial del problema de la
corrupción, Rangel aportó la siguiente caracterización:
"Las cifras globales que se
manejan en materia de lucha contra la corrupción son asombrosas,
incalculables, son abrumadoras y muchas veces envuelven gran poder. Yo
iría un poco más allá, yo estoy convencido de que el verdadero poder en
los países de la región, es la corrupción. Si no queremos aceptar como
válido el tema, podemos hablar entonces de un poder paralelo... muchas
veces más eficaz que el poder constituido".
"Ese poder paralelo, ese poder
que resume la corrupción y que además se organiza como el Estado, porque
hay un poder judicial institucional y hay un poder corrupto judicial
también; y hay un poder ejecutivo institucional y hay un poder ejecutivo
de la corrupción también; y hay un poder legislativo institucional y hay
un poder legislativo también de la corrupción. Eso lo hemos visto en
infinidad de episodios, a través de la administración de justicia
corrupta, increíblemente corrupta, que en el caso por ejemplo del
narcotráfico, llega a situaciones verdaderamente demenciales".
"Yo estoy convencido y voy a
hacer una reflexión polémica, profundamente polémica, el 4 de febrero
tuvo esencialmente un carácter de tipo ético de respuesta a la
corrupción, por allí reventó. Puede reventar en cualquier otra
circunstancia por una explosión aún mayor de tipo social caótica, porque
el ciudadano se cansa de que haya un discurso contra la corrupción, y
una práctica blindada de la corrupción. Ese discurso se pierde
totalmente en el tiempo y el espacio. Sin embargo, un cierto grado de
conciencia ha sido alcanzado, sobre todo a nivel internacional".
"La lucha contra la corrupción
plantea muchas otras interrogantes. ¿Cómo se mide la corrupción? ¿Cómo
se consolida la idea de que un país es corrupto? ¿Qué elementos son
tenidos en consideración y quién califica el grado de corrupción de un
país? Porque también en esto puede haber muchas arbitrariedades e
intereses políticos, como ocurre por ejemplo con la descertificación en
materia de narcotráfico. El gran descertificador es el mercado mayor de
la droga del mundo. Los grandes corruptos del mundo juzgan a los
pequeños países por corruptos".
Con respecto a la actividad oficial, expresó que "el objetivo
de erradicar la corrupción constituye el reto más importante que se ha planteado
el nuevo gobierno y estamos decididos a enfrentarla en el plano nacional".
— Yo quiero decirles a ustedes una cosa, como miembro del
gobierno. El gran riesgo que tiene este gobierno que es el mismo que encararon
anteriores gobiernos, es no enfrentar decidida y audazmente el problema de la
corrupción. La corrupción tiene la capacidad inmensa de reciclarse, tiene una
continuidad histórica indudable, la vieja corrupción es reemplazada de inmediato
por la nueva corrupción. El fenómeno de la corrupción está tan imbricado en el
funcionamiento de la sociedad y en las instituciones venezolanas que soporta los
cambios de gobierno y los supera fácilmente.
El ex ministro de Cordiplan Luis Carlos Palacios tiene otra
apreciación en cuanto al fuerte discurso anticorrupción del gobierno de Hugo
Chávez y la exteriorizó en un ensayo denominado La corrupción, publicado
a página completa por Tal Cual el 14 de mayo de 2001.
"La acusación de corrupción generalizada fue una de las armas
políticas para llegar al poder de la actual hegemonía. Según ese discurso,
Venezuela es un país rico y sus dificultades se derivaban de que las élites,
básicamente corruptas, impedían el flujo de la riqueza y su aplicación para un
crecimiento sostenido y equitativo. Ergo, el problema consistía en reemplazar
las élites corruptas por los honestos. Desde el punto de vista político, se ha
producido un desplazamiento muy importante de las antiguas élites y sin embargo
la corrupción no parece haber disminuido. Por el contrario, podría haber
aumentado".