Como integrante de la Comunidad Andina de Naciones (CAN),
nuestro país al igual que Colombia, Ecuador, Bolivia y Perú acordó modificar en
mayo de 1999 las normas de contratación pública "con el fin de inhabilitar de
cualquier licitación a aquellas empresas que hayan sido sancionadas por incurrir
en actos de corruptos". La inhabilitación es extensiva a los cinco países
andinos y hasta por un período de 10 años. Esta política del Grupo Andino es el
vínculo regional con la Convención para Combatir el Soborno de Funcionarios
Públicos Extranjeros en las Transacciones Comerciales Transnacionales, ya
citada.
Venezuela, en el plano internacional de la lucha contra la
corrupción, es signataria de los siguientes acuerdos, convenios o tratados y
convenciones trascendentes:
Signatario Asociado de la
Convención para Combatir el Soborno de Funcionarios Públicos Extranjeros
en las Transacciones Comerciales Transnacionales de la Organización de
Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), ratificado en 1997 vía
Comunidad Andina de Naciones.
Miembro del Grupo de Acción
Financiera del Caribe (Gafic), organización regional de países que han
convenido en homologar políticas y normas para el combate al lavado de
dinero.
Patrocinante y signataria de la
Convención Interamericana contra la Corrupción, establecida por la
Organización de los Estados Americanos el 24 de marzo de 1996 durante la
VI Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y Presidentes de Gobierno.
Para la Organización de Estados Americanos, OEA, la
corrupción "se ha convertido en una preocupación en todo el mundo. Sus
consecuencias políticas, económicas y sociales tienen impacto sobre la capacidad
de los gobiernos para prestar servicios públicos de manera eficiente. En países
con democracias recientes, los gobiernos temen, y con razón, que la corrupción
socave la legitimidad de las reformas políticas y económicas y que incluso sea
una amenaza para la democracia misma. Dada la porosidad de las fronteras y la
mayor transferencia de bienes, servicios y personas, sumadas a la
internacionalización de actividades ilegales como el tráfico de drogas y armas
pequeñas, la dimensión internacional de la corrupción ha aumentado en
importancia. Como resultado de ello, la reducción de la corrupción se ha
convertido en una prioridad tanto a nivel nacional como internacional".
El 24 de marzo de 1996, reunidos en Caracas, 21 de los 27
países integrantes de la OEA finalizaron la negociación y suscribieron la
Convención Interamericana contra la Corrupción, el primer tratado en su tipo del
mundo: Tratado Interamericano B-58. Los antecedentes se remontan al año 1994,
cuando en la Primera Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y Presidentes de
Gobierno, celebrada en Miami, se articuló un Plan de Acción de Lucha contra La
Corrupción que ordenaba "establecer un enfoque hemisférico sobre los actos de
corrupción en los sectores público y privado".
Luego en Haití, durante 1995, los países del foro acordaron
habilitar un grupo de trabajo en el área de Probidad y Ética Cívica, el cual
preparó un borrador de 28 artículos con el propósito de discutir y aprobar la
Convención en una reunión especializada en Caracas.
El preámbulo de la misma refiere que los Estados miembros de
la Organización de Estados Americanos... han convenido en suscribir la siguiente
Convención, cuyos propósitos centrales son:
"Promover y fortalecer el
desarrollo, por cada uno de los Estados partes, de los mecanismos
necesarios para prevenir, detectar, sancionar y erradicar la corrupción.
Promover, facilitar y regular
la cooperación entre los Estados partes a fin de asegurar la eficacia de
las medidas y acciones para prevenir, sancionar y erradicar los actos de
corrupción en el ejercicio de las funciones públicas y los actos de
corrupción específicamente vinculados con tal ejercicio".
La tipología de los actos de corrupción que debe ser atacada
mediante la adopción de legislaciones propias es la siguiente en los casos donde
se da "el requerimiento o la aceptación, directa o indirectamente, por un
funcionario público o una persona que ejerza funciones públicas, de cualquier
objeto de valor pecuniario u otros beneficios como dádivas, favores, promesa o
ventajas:
"Para sí mismo o para otra
persona o entidad a cambio de la realización u omisión de cualquier acto
en el ejercicio de sus funciones públicas.
Para ese funcionario público o
para otra persona o entidad a cambio de la realización u omisión de
cualquier acto en el ejercicio de sus funciones públicas.
El aprovechamiento doloso u
ocultación de bienes provenientes de cualesquiera de los actos a los que
se refiere el presente artículo.
La participación como autor, co-autor,
instigador, encubridor o en cualquiera otra forma en la comisión,
tentativa de comisión, asociación o confabulación para la comisión de
cualquiera de los actos a los que se refiere el presente artículo.
Los delitos de soborno
transnacional y de enriquecimiento ilícito serán considerados para el
Estado parte acto de corrupción para los propósitos de esta Convención".
Igualmente, es obligante para los países signatarios de la
Convención legislar nacionalmente los siguientes delitos de corrupción:
aprovechamiento indebido en beneficio propio o de un tercero, el uso del
aprovechamiento indebido, la acción u omisión de funcionarios públicos, la
desviación ajena del objeto, aún cuando "los actos descritos no generen
perjuicio al patrimonio público". Procede, por demás, la extradición por delitos
contra la cosa pública, así como las acciones de identificación, rastreo,
inmovilización, confiscación y decomiso de bienes en los delitos tipificados
entre las naciones de la OEA. Por igual no puede negarse el secreto bancario
entre Estados parte.
Venezuela ratificó por vez primera la adhesión a la
Convención Interamericana contra la Corrupción el 22 de mayo de 1997, aunque
para ese momento carecía de una legislación particular contra el soborno
transnacional y de códigos de divulgación pública del patrimonio de
funcionarios; pero sí contaba con una Ley de Salvaguarda del Patrimonio Público
y otras normas anticorrupción.
El 19 de junio de 2000 le correspondió a Venezuela ratificar
de nuevo la Convención Interamericana. La metodología incluyó responder un
extensísimo cuestionario que replicó por delegación Yadira Espinoza Moreno,
directora general técnico encargada de la Contraloría, bajo la supervisón del
contralor Russián, El instrumento fue llenado el 22 de mayo anterior. Las
siguientes dos destacaron del conjunto de respuestas oficiales:
Pregunta 26: ¿Existen en la
legislación nacional sistemas para proteger a los funcionarios públicos
y ciudadanos particulares que denuncien de buena fe actos de corrupción?
No.
Pregunta 31: ¿Cuenta su
país con un programa comprensivo en materia de lucha contra la
corrupción...? No.
Del conjunto de países miembros de la OEA, a la vez
signatarios de la Convención, sólo nueve han desplegado planes nacionales
anticorrupción: Bolivia, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Nicaragua, República
Dominicana, Paraguay, Guatemala y Brasil.
Mientras que del concierto de naciones latinoamericanas,
solamente Bolivia, Argentina y Jamaica están suscritos en los programas
estratégicos de asistencia anti-corrupción del Banco Mundial (BM) desde 1998 y
1999. Estos planes desarrollan herramientas concertadas en pro de las mejores
prácticas administrativas, basadas en diagnósticos profundos de los niveles de
corrupción que se combaten con el apoyo de programas de asistencia. Otros, como
Colombia, Ecuador, Guatemala, Nicaragua y Paraguay reciben ayudas y facilidades
del Banco Mundial para emprender reformas y simplificaciones procedimentales en
el sector público que indirectamente persiguen conquistar espacios a las
prácticas de corrupción.
También el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha
habilitado un grupo especializado dependiente del Departamento Legal y la
División del Estado y Sociedad Civil del Departamento de Desarrollo Sostenible.
En mayo de 2000 organizaron la Primera Conferencia sobre Transparencia y
Desarrollo en América Latina y El Caribe, en la que César Gaviria, secretario
general de la Organización de Estados Americanos, hizo algunos planteamientos de
interés continental.
"En lo que tiene que ver con el
imperio de la ley y el control de la corrupción, América Latina se sitúa
en un nivel inferior a cualquier otro grupo de países, con la excepción
de África. Es evidente que aquí tenemos un desafío de primer orden, si
en verdad queremos promover el crecimiento y el desarrollo económico".
"La segunda razón por la que
tenemos que luchar contra la corrupción tiene que ver con algo que es de
la esencia de las instituciones del Sistema Interamericano en su
conjunto: la preservación y el fortalecimiento de la democracia".
"La tercera razón por la cual
tenemos que combatir la corrupción tiene que ver con los enormes costos
sociales de este problema. En América Latina, las personas en situación
de pobreza no han disminuido sensiblemente en la última década sino que,
además, ella se ha constituido en la región como mayores disparidades
entre pobres y ricos. Diversos estudios han comprobado que las
principales víctimas de la corrupción son los pobres y que en aquellos
países en donde prevalece la pobreza hay una corrupción desmedida y
creciente".
Como doctrina, el BID estima que el mejor antídoto contra la
corrupción puede estar basado en la fórmula aportada por el economista italiano
Paulo Mauro, quien ha establecido que "la corrupción prevalece más en países
donde existe inestabilidad política, barreras burocráticas y sistemas judiciales
y legislativos débiles. La evidencia empírica indica que países con gobiernos
democráticos, libertad de prensa y sistemas educativos con buenos presupuestos y
de buena calidad tienden a tener niveles más bajos de corrupción... Si un país
quiere acabar con la corrupción, no puede tomar medidas graduales. Una de las
claves es asegurar la transferencia fiscal evitando las transferencias fuera del
presupuesto y los mecanismos opacos de asignación presupuestaria".
Para este economista educado en Harvard y Oxford y que lleva
años estudiando el impacto económico de la corrupción en la economía, "un país
que tiene éxito en reducir la corrupción y en pulir su imagen puede cosechar
considerables beneficios. Una nación que avanza un sólo peldaño en una escala
donde 0 representa la corrupción más completa y 10 la honestidad más inmaculada
podría aumentar su tasa de crecimiento económico en 0,25 por ciento del producto
bruto interno".
También en el plano internacional se ha debatido, estudiado y
analizado lo concerniente a los argumentos de rechazo a las medidas que, como
las Convenciones contra el Soborno Transnacional o la Interamericana contra la
Corrupción, se han adoptado en los últimos años. El experto Jorge Malem Seña, ya
referido, dedica un capítulo completo a este tópico en su texto
Globalización, comercio internacional y corrupción. "A pesar de los
esfuerzos realizados por algunos países a nivel nacional y de los intentos de
los organismos internacionales para luchar contra la corrupción que se produce
con motivo de las transacciones comerciales transfronterizas, no son pocos los
argumentos que se han esgrimido contra estas actitudes y, de un modo más
ambiguo, a favor de la corrupción".
Principales argumentos de los Estados y de las empresas
exportadoras, según Malem Seña:
"Las empresas exportadoras se
encuentran presas de una situación caracterizada por el dilema de
prisioneros. En ese contexto, la corrupción se transforma en la única
salida racional posible desde el punto de vista instrumental... La
estrategia de (dos o más) empresas en el juego competitivo les lleva al
soborno".
"Algunos empresarios sostienen
que los países exportadores que adoptan leyes unilaterales contra los
pagos indebidos a funcionarios públicos extranjeros –o a agentes
privados- sitúan a sus empresas en una posición claramente desventajosa
respecto de sus competidores".
"Se suele decir asimismo a
favor de la corrupción que el soborno generalizado opera como un
mecanismo de restitución de las condiciones del mercado perfecto. Desde
un punto de vista económico se acepta que el soborno exitoso a un
funcionario público o a un empleado que toma decisiones en una empresa
privada por parte de una compañía que compite en el mercado introduce un
mecanismo distorsionador en ese mercado".
Los Estados y las empresas importadoras también tienen algo
que decir, según Malem Seña, a favor de la corrupción:
"Los Estados importadores de
bienes y servicios cuyos funcionarios y agentes privados reciben los
sobornos o practican la corrupción de un modo amplio suelen afirmar que
la imposición de medidas unilaterales... de carácter internacional como
algunas propugnadas por la Organización Mundial del Comercio a sus
respectivos países, adolecen de problemas conceptuales y normativos en
la medida en que no recogen las prácticas más usuales de sus respectivos
países y es una prueba más de la ejecución de medidas imperialistas".
"Como una consecuencia de lo
anterior, uno de los argumentos que las empresas... más han utilizado
para oponerse a medidas... es que las leyes que criminalizan el soborno
a funcionarios públicos o empleados privados en el exterior violan el
principio de territorialidad en la aplicación de la ley penal".
"Suele alegarse de un modo
general, y en algunas ocasiones ciertamente ambiguo, una serie de
razones a favor de la actividad corruptora... que están íntimamente
vinculadas a las llamadas ‘tesis revisionistas de la corrupción’".
La conclusión de este investigador con respecto al panorama
de justificación de la corrupción, es la siguiente: "no caben dudas de que los
argumentos anteriormente señalados no carecen de cierto rigor y plausibilidad.
No resulta extraño, por lo tanto, que a primera vista, resulten sicológicamente
persuasivos".
Por otra parte, dice Malem Seña, "y aunque pudiera parecer a
primera vista que la corrupción puede contribuir al desarrollo económico de un
país que la padece a corto plazo, no se puede olvidar, como advierte el Banco
Mundial, que los países que se han desarrollado con grandes niveles de
corrupción quizás tengan que pagar un elevado precio en el futuro".
Desde 1983 hasta el año 1999 se han realizado nueve
Conferencias Internacionales Anti-corrupción, en forma ininterrumpida. Dos de
las mismas se han celebrado en América Latina: Cancún y Lima. A la última,
celebrada en 1999 en Durban asistieron 1.600 delegados de 135 países.