Diversas personalidades venezolanas consultadas, de una u
otra manera, coinciden en reconocer que la definición de corrupción siempre
admite la utilización inapropiada de bienes públicos o privados en forma
irregular, para alcanzar un beneficio individual.
Por ejemplo, para el contralor Clodosbaldo Russián la
corrupción puede ser administrativa, tanto en el campo público como privado. "En
ambos casos se deriva de la carencia de niveles éticos que, en algunas
oportunidades, pueden ser considerados como una enfermedad mental".
Eduardo Fernández admite que el problema es profundamente
moral y cultural, pero también tiene que ver con el clima de la Nación, con las
conductas visibles que se exhiben hacia lo interno de la sociedad, con el papel
de los medios de comunicación social en su tratamiento y con la apreciación de
la gente al observar que no hay castigo. Además, también combina los aspectos
éticos individuales y colectivos con la valoración que cada quien haga de la
forma en cómo se distribuye la riqueza.
– Mientras tengamos un Estado tan complicado, tan engorroso y
tan discrecional –dice Fernández-, vamos a tener corrupción. Y voy a mencionar
dos casos al respecto: uno de la mal llamada IV República, el de Recadi. Era
inevitable. Allí tenía que haber corrupción. Y otro de la mal llamada V
República: el Plan Bolívar 2000. Allí tiene que haber corrupción.
El ex contralor Eduardo Roche Lander define a la corrupción
administrativa como no utilizar los recursos adecuadamente en beneficio del
ciudadano. "Pero también es corrupción, además de cogerse el dinero,
malbaratarlo, utilizarlo inadecuadamente y no presentarle resultados al
ciudadano".
El diputado Gerardo Blyde, de Primero Justicia, la conceptúa
cuando dice que "la corrupción, para mí, se da cuando un funcionario público
recibe prebendas por ejecutar algo que no ha debido realizar".
– Ello siempre involucra a un sujeto activo, que es el
funcionario público, y a un sujeto pasivo que es quien realiza el acto de
corrupción. Es decir, el que compra al funcionario. Pero también creo – agrega-
que corrupción es cuando un funcionario cobra sin realizar su trabajo. Otro que
no cumple con sus obligaciones. O el que es cómplice porque está en conocimiento
de algún delito.
El profesor Herbert Koeneke se inclina más por una de las
definiciones señaladas como clásica: "la corrupción es una apropiación indebida
o una privatización indebida de los bienes públicos, para provecho personal o de
terceros".
– En otras palabras –se amplía-, la utilización de lo que no
te pertenece y que pertenece a una propiedad colectiva, en beneficio particular.
El ex fiscal Ramón Escovar Salom nos cuenta que la definición
más cínica que alguna vez escuchó sobre corrupción es aquella que decía: "es una
distribución irregular del ingreso".
– Creo –afirma- que la corrupción es una apropiación de un
bien del Estado, público, en provecho personal. Aquí está de por medio un serio
problema de orden cultural. Cuando no hay una separación suficientemente nítida
entre lo que es público y lo que es privado, predomina una cultura
patrimonialista que es la tradición histórica en América Latina y en Venezuela.
Al no existir la distinción de lo público y lo privado, puedo tomar un bien
público. No hacer esta distinción se corresponde con un problema de naturaleza
cultural que se debe atacar desde la familia.
Para el representante en Venezuela de Transparencia
Internacional, Gustavo Coronel, "se trata, esencialmente, de la violación del
interés público, para satisfacer intereses personales, de grupo o de tribus".
– Como se advertirá, esta definición es amplia y va bastante
más allá del simple peculado o robo de los dineros de todos los venezolanos.
Incluye el aprovechamiento de los bienes del Estado para fines particulares,
como pueden ser: la utilización de un soldadito para que pinte la casa del
comandante, el uso del auto ministerial para llevar a los niños al colegio, el
encadenamiento de los medios de comunicación públicos y hasta privados para
quejarse de la ingratitud de los amigos.