En los meses identificados se fueron revelando ante la
opinión pública una serie de informes y de denuncias que, aparentemente, dejaban
muy mal parados a los programas financieros y sociales más importantes del
Gobierno, dirigidos a combatir la pobreza crítica y extrema y la informalidad
económica y marginalidad, acumulados por la democracia venezolana.
Así, las actividades del Plan Bolívar 2000 y la Fundación
Proyecto País que lo administraba; las actividades de financiamiento del Fondo
Unico Social (FUS); las políticas habitacionales del Fondo de Desarrollo Urbano
(Fondur), el Instituto Nacional de la Vivienda (INAVI), el Consejo Nacional de
la Vivienda (Conavi) y Fundabarrios; el Banco del Pueblo; la utilización de los
fondos públicos destinados a la atención de los afectados por la "Tragedia de
Vargas", entre otros, fueron objeto de denuncias.
Otros programas como Los Niños de la Calle, Multihogares,
Prevención de Salud, Lectura y Escritura, Biblioteca del Aula y Capacitación
Docente; se vieron igualmente sometidos a un inusual escrutinio público.
También la sintomatología crónica del Seniat, el Setra y la
DIEX se entremezclaba entre sí y con los cuestionamientos a los programas
sociales de la revolución bolivariana. En medio de aquel cuadro, Blanca Ibáñez,
la otrora poderosa secretaria privada de Jaime Lusinchi, dejaba ver su rostro
por Caracas.