A Isaac
Asimov, por supuesto
¡La Fundación existía!
Gloriosa y brillante, extendía su bienhechora influencia a través
de los brazos de la espiral de la galaxia. Incontables mundos se hallaban
bajo su égida, incluso mundos que no eran humanos. Grande era su poder
y su sabiduría, al punto que los ciudadanos de la galaxia decían
indistintamente "Fundación" e "Imperio". Nunca antes la humanidad
había tenido una conciencia tan total del orden, el progreso y la
prosperidad.
Y todo se lo debían a
un hombre.
Este hombre, a diferencia de
otros Mesías del pasado humano, no era una figura legendaria cuyos
orígenes se perdían en la bruma del tiempo. Había tenido
un nombre, familia, defectos, virtudes, voz, imagen... pero fue su descubrimiento
trascendental, la Psicohistoria, lo que lo había destacado por encima
de toda la humanidad, al punto de ser casi deificado, en la medida que esto
era posible en el nuevo Imperio Galáctico nacido de la paciente labor
de la Fundación.
Como señal de reconocimiento,
la gente se refería a él como "el Padre Fundador", el Primero,
el Creador de la Psicohistoria... La noción general era que no se
trataba de un humano normal.
Su vida seguía siendo
materia de estudio y ejemplo para los ciudadanos del Imperio, de manera que,
sorprendentemente, siempre se obtenían nuevos descubrimientos que
arrojaban nuevas luces acerca de la personalidad del Fundador.
Hasta que un día...
- ¿Acaso otra crisis?
- preguntó ansiosamente Tossem Ammur.
- Y de las peores, Tossem. Ataca
los mismos cimientos de la Fundación
Tossem Amur y Dameth Gomm eran,
respectivamente, Jefe y Secretario del Proyecto Biografía. Dicho proyecto,
a su vez, se basaba en un descubrimiento todavía mayor: la coexistencia
de planos temporales. Dicho de otra forma, una especie de "viaje en el tiempo",
gracias al cual se podía producir una serie de "efectos" en diferentes
planos temporales sin "estar" ahí. Se lograba este prodigio mediante
la proyección de haces de energía convergentes que eran polarizados
en una especie de túnel, compuesto por estrías alternadas de
color blanco y negro, las cuales constituían los polos positivo y
negativo. A mayor proporción de estrías activadas, el efecto
se proyectaba en una u otra dirección temporal, es decir, hacia el
pasado o hacia el futuro.
Las primeras pruebas habían
sido muy problemáticas. Los habitantes del pasado (o hipotiempo) habían
percibido los puntos de focalización como luces brillantes o artefactos
de procedencia desconocida, dando origen al llamado "fenómeno OVNI".
Tras décadas de investigación, se había logrado superar
dichos efectos indeseados, de modo que cualquier época humana podía
ser investigada sin que sus habitantes lo percibieran.
Fue la posibilidad de hurgar
en el pasado la que dio origen al Proyecto Biografía. ¡Imaginen
tener un registro total de la vida del Fundador! ¡Su nacimiento! ¡Sus
estudios! ¡Sus palabras! ¿No era eso magnífico, un justo
homenaje para el creador de la psicohistoria?
El Proyecto Biografía
estaba listo. Tossem Amur y Dameth Gomm habían previsto la fecha de
inicio de la primera exploración en la vida del Fundador, cuando sobrevino
la catástrofe.
El origen de la catástrofe
se debió a otro descubrimiento. Julbo Buno, aplicado estudiante de
psicolingüística y neuromorfemas, había aplicado una serie
de ecuaciones (de su propia inspiración) a las obras y dichos compilados
del Fundador. Y lo que descubrió fue algo pavoroso, algo que para
una mente educada fuera de los parámetros de la Fundación solo
podría tener un nombre: herejía.
¡El Fundador no había
descubierto la psicohistoria!
Es decir, si la había
descubierto, si había escrito sobre ella, hablado sobre ella, pero
el análisis de Buno demostraba que el concepto en sí no podía
haber sido creado por el Fundador de ninguna manera.
Milenios de evolución
y desarrollo del análisis lógico y matemático fueron
aplicadas a las ecuaciones de Buno. Lo único rescatable de la crisis
fue la comprobación de la genialidad del estudiante, a la altura de
la del propio Fundador... si es que así era.
El descubrimiento no fue difundido
mas que en ciertos círculos académicos y gubernamentales muy
restringidos. El propio Emperador estaba inquieto. Milenios de seguridad
y esperanza puestos en un solo hombre podrían venirse abajo. La veneración
de la memoria del Fundador era una piedra angular para el funcionamiento
del Imperio Galáctico...
La conclusión lógica
era unívoca: alguien más le había dado al Fundador la
idea de la psicohistoria.
El reconocimiento de esta variable,
que era la única que permitía la solución del problema
planteado en los términos de la teoría descubierta por Julbo
Buno, proporcionó un respiro de alivio a los científicos. Incluso
se habló de la inevitabilidad psicohistórica que había
permitido la aparición simultánea de las teorías de
Buno y el túnel del tiempo. La solución a la crisis resultó,
entonces, obvia: alguien debía "ir" al hipotiempo, a la propia época
en la que había vivido el Fundador, y darle las nociones básicas
acerca de la psicohistoria. Las ecuaciones mostraban que, a partir de ese
instante, el suceso desencadenaría los eventos que conducirían
al presente y la Fundación sería establecida.
Solo restaba una cosa: encontrar
el momento y lugar oportunos para comunicarle al Fundador la noción
de la psicohistoria.
* * *
Era un lugar como ha habido
muchos en la historia. Un mostrador con bebidas, unos asientos, mesas, humo,
música y chicas. Un individuo se sentaba en un rincón, bebiendo
pensativamente de un vaso de cristal.
Su rostro adoptó una
expresión de fastidio ante el desconocido que se sentó frente
a él. Había algo que le molestaba en el recién llegado:
su tez tan blanca, su calvicie, su acento. Sus ropas parecían grandes
trozos de tela con botones dibujados. Su acento era indefinible.
- Usted no me conoce, pero soy
un gran admirador de su obra.- empezó el desconocido. El otro siguió
bebiendo en silencio.
- Todos lo conocen como un científico,
y eso es algo muy interesante y una tarea muy noble. Pero nada de su trabajo
destaca excesivamente respecto al resto de sus colegas...
Las luces se apagaron repentinamente,
pese a lo cual, el desconocido seguía siendo perfectamente visible.
Poniéndose súbitamente rígido, recitó estas palabras:
- Imagínese una nueva
ciencia que permita predecir los comportamientos de multitudes de personas,
una ciencia que prediga qué tendencia seguirá la historia con
siglos, milenios de anticipación, una ciencia que podríamos
llamar psicohistoria. Imagine exponer estas ideas...
Los ojos de Isaac Asimov se
animaron. Súbitamente, se caló sus gruesas gafas para ver mejor
a su interlocutor.
- Siga, siga hablando. Esto,
señor...
- El nombre no es importante
- dijo Julbo Buno.
¡El camino hacia la Fundación
había comenzado!
Daniel Salvo
(Publicado originalmente en "Ciencia Ficción Peruana en
Velero 25" en abril de 2004)