Me estoy disolviendo por el
terror. El agua sigue aumentando con fuerza increíble. Mis células
se están volviendo cada vez más delgadas y trasparentes.
Debo buscar un lugar donde
refugiarme. Los golpes arrecian y no sé hasta cuando voy a poder resistir.
Me siento tan mal que si me dijeran que he muerto no me sorprendería...
Los humanos han encontrado
la forma de sobrevivir, tienen trajes especiales, cuevas esféricas
con oxígeno y luz que se filtra por los resquicios, a través
del agua. Son tan creativos que tienen su bola de aire bajo el océano
hace mucho tiempo y lo poblaron con sólo un grupo pequeño.
Ahora está repleto de gente que se atropella por entrar en el recinto.
Trato de estar a la larga. Observo desde mi espacio acuático la lucha
que despliegan y el combate de unos contra otros. Son fieros, arrogantes
y desmedidos. No así los seres más inteligentes como yo. ¡Me
llaman Medusa! Como si fuera una gelatina flotante... Lo cual no es verdad,
absolutamente. Soy transparente, elástica, me muevo en el agua con
agilidad, escojo la forma que más me acomoda para desplazarme y cuando
tengo apetito, me uno a otro ser semejante a mí y lo absorbo.
Los seres humanos que habitan
la bola desde hace mucho tiempo, nos han estudiado y se refieren a los de
mi especie como a caníbales. Nada más alejado de la verdad.
Nosotros le damos vida a nuestros semejantes dentro de nosotros mismos. Así,
pensamos con sus mismos pensamientos; crecemos con sus mismos genes; gozamos
con su misma felicidad. ¡Qué más quieren!
Los humanos no comprenden.
He visto que ellos traen trajes
especiales que usan tanto dentro como fuera del agua.
El planeta se está cubriendo
de agua y cada vez hay menos territorio, por eso están buscando desesperadamente
lugares para sobrevivir sobre naves que flotan, que vuelan o que bajan a las
profundidades submarinas. Así es como han encontrado el refugio secreto
submarino, la esfera de las profundidades.
Pero no se quitan sus trajes
completamente aún en esas cuevas oxigenadas. Se mueven en forma lenta
y torpe. No son delicados y armoniosos como nosotras. Han desarrollado la
técnica de rodear los obstáculos más fáciles con
la mayor dificultad.
Veo que sus trajes son experimentales
porque no los conocen muy bien. Yo floto en las aguas circundantes y los
observo. Me acerco a las paredes transparentes que cubren el recinto y
veo que algunos de ellos se desnudan el torso y se detienen bajo una luz tan
fuerte que me hace huir de la esfera submarina porque produce calor, que
yo odio y me desfigura. Probablemente quieren inmunizarse contra bacterias
y “bichos acuáticos” como nos llaman a nosotros.
En medio del golpe de las aguas
que a ratos me aleja del grupo humano que llega en tropel hacia las profundidades,
veo que las nuevas personas no pueden entrar a la esfera. Hay demasiada gente
adentro. Se empujan, se enojan, se embisten. El terror es contagioso.
Están más protegidos
que nosotros embestidos por las corrientes marinas. El traje inteligente que
los cubre se infla y los ayuda a flotar sobre el agua, a nadar y desplazarse
y también, quizás, a volar por los aires. Al observar sus botas
veo que están implementados con ganchos para recoger sustancias del
suelo. Probablemente las analizan. También sus guantes investigan
los componentes de las algas y corales que rozan. Son impresionantes los
cuchillos que llevan en diferentes partes del cuerpo. Lo mejor es mantenerse
alejados prudentemente de estos seres humanos. Pueden ser agresivos, violentos,
destructores. No creo que usen sus armas solamente para su defensa porque
cortan cualquier cosa con ellos, si les molesta o está a su paso.
No digo que se volverán
como nosotros, armónicos y sencillos. No tengo esa esperanza ni los
creo seres tan superiores como para eso, pero podría ser que imiten
nuestras costumbres en cuanto el territorio se les haga más pequeño.
La esfera submarina tiene límites y ellos no pueden resistir bajo
las aguas sin sus trajes que los cubren, los protegen, los ayudan a pensar,
pues tienen más capacidad que ellos mismos. ¿Quién los
habrá inventado? Posiblemente algún ser acuático.
Alguna “medusa” de las profundidades.
Veo que ya algunos humanos
deciden salir del refugio y explorar el nuevo territorio coralífero
que descubren ante sus ojos. Los observo desde lejos aunque no escapo.
He venido para tener el placer de irme cuando se me antoje. Ellos no lo
pueden hacer. La tierra casi no existe. El océano se apodera de
sus territorios secos poco a poco. Deben estar atentos al cuidadoso consumo
de cada recurso que poseen pues de ello depende su supervivencia. ¿Cómo
desean lograr sus objetivos sin son tan frágiles y torpes?
Ahora veo que se mueven hacia
la superficie de las aguas. Cuando han pasado a mi lado he descubierto que
en los hombros, el traje inteligente lleva agujas que inyectan líquidos
vitamínicos y energizantes si las vibraciones del cuerpo humano dan
a entender que está flaqueando por debilidad o ataques externos. Eso
los mantiene activos.
A través de las aguas
me doy cuenta que alzan vuelo a ras de la superficie como ciertas aves marinas.
¿Van en busca de otra esfera de las profundidades? ¿O quieren
escapar a su ineludible destino?
En la bola submarina empieza
el caos y la devastación. Yo lo anuncié. Los imitadores son
ellos. Los habitantes que quedan en la esfera ya no pueden ni moverse por
falta de espacio. Se empujan y golpean. Rompen unos a otros sus trajes con
cuchillos afilados. Brota a chorros el líquido rojo que llevan dentro
y se dan mordiscos con furor y saña. Ellos también quieren
sobrevivir con las virtudes de los otros de su misma raza.
Así es como pensarán
sus mismos pensamientos; crecerán con sus mismos genes; gozarán
con su misma felicidad. La fiera capacidad de los seres que luchan por su
vida es inaudita y los lleva a todos por un mismo camino. Algunos desaparecen
para alimentar a los otros. No hay nada nuevo bajo las aguas. Dejemos las
novedades para los más ancianos que sólo desean rejuvenecer.