No más
duendes
(Gremlins, go home!)
Gordón R. Dickson & Ben Bova
Editorial Lidium, 1975.
Viendo la portada de este libro,
uno jamás podría imaginarse que está frente a una de
las obras mejor escritas sobre duendes, niños, la amistad, la ecología,
la maduración como ser humano, y un largo etcétera.
Y bueno, es que cuando a uno
le comentan acerca de libros o películas “para niños”, pues
como que se pone sobre aviso, pensando (en mi triste infancia, al menos)
en esperpentos como las películas de Joselito u otras donde los niños
son empalagosamente dulces, buenos, lindos y estúpidos. Todo ello,
enmarcado en una también estúpida historia, (¿recuerdan
las películas de Los Parchis?). Todo horrible, como esas tías
que te abrazan hasta ahogarte mientras te dicen “papito”. Creo que en la
actualidad las cosas son diferentes, pero hubo una época en la cual
los propios niños han debido odiar las películas o libros que
(quizá con las mejores intenciones) han hecho los adultos para ellos.
Y si los niños no aprecian algo (son unos críticos terribles,
vaya), imagínense a un adulto tragándose dos horas de las aventuras
de Joselito...
En esas épocas, qué
no hubiera dado por leer esta novela. Igual la he disfrutado ahora que estoy
en base cuatro, pero imagino que para un menor debe ser una experiencia de
esas que te enganchan con la lectura para siempre. Como leer “Tom Sawyer”,
por ejemplo.
“No más duendes”
es la historia de Rolf Gunnarson, un niño cuyo padre está a
cargo del lanzamiento del primer cohete a Marte desde Cabo Kennedy. Debido
a la intensa actividad desplegada por su padre, Rolf se siente un poco relegado
(a su vez, su madre parece cuidar más de su hermana pequeña
que de Rolf), considerando además que sus preocupaciones ecológicas
tienen más importancia para la humanidad que los viajes espaciales.
Un día, dando un paseo
en bicicleta junto con su perro Shep, sufre una caída de esas que
te hacen ver estrellas. Cuando se recupera, se da con la sorpresa de que
su perro está hablando (discutiendo sería la palabra) … ¡con
un duende!
Un duende arquetípico
(desde el punto de vista anglosajón) llamado Baneen, que mide unos
treinta centímetros, tiene orejas puntiagudas, cejas blancas, viste
de verde, flota en el aire y habla con acento irlandés. Por cierto,
el perro, cuyo nombre completo es Mister Sheperton, se convierte en un personaje
secundario de lujo. Además, habla con un pomposo acento inglés…
¿Qué ha ocurrido?
Algo de polvo de duende (no pregunten que es) ha caído sobre Rolf
Gunnarson, de modo que ahora puede percibir el mundo de los duendes y de
los animales parlantes, usualmente oculto a los sentidos de los seres humanos.
Tras la sorpresa inicial, Rolf entrará en conversación con
Baneen, quien le contará el secreto de su existencia: los duendes
son seres extraterrestres provenientes del reseco y polvoriento (así
les gusta a ellos) planeta Duendia, varados en la Tierra debido a un desperfecto
en un vuelo espacial emprendido hace miles (¿o millones? los duendes
son inmortales) de años. Deseosos de volver a su mundo original, o
al menos ir a un planeta sin tanta humedad como la Tierra (el agua reduce
los poderes de los duendes a un tercio de su capacidad), quieren que Rolf
los ayude a construir una nueva nave espacial que les permita aprovechar
el impulso del cohete que será lanzado a Marte. Para ello, Rolf deberá
conseguirles, entre otras cosas, materiales que se encuentran en cualquier
ferretería, a las cuales los duendes no pueden acercarse, pues el hierro
también les causa daño. La nave de los duendes, cuyos principios
obedecen a una física casi lovecraftiana, será construida por
O’Rigami, un duende que habla con acento japonés (aunque en la traducción
se lee como chino) que, según sus palabras, es el genuino acento de
un duende tratando de hablar español (o inglés, con tanta traducción
ya me perdí). Por cierto, Baneen dice lo mismo respecto a su acento
irlandés. Al igual que los duendes que tienen acentos romaní,
francés y de cualquier idioma que se hable en el mundo. Supuestamente,
los humanos adquirimos “nuestros” acentos de los duendes que moraban entre
nosotros…
A cambio de su ayuda, los duendes
le ofrecen a Rolf el Gran Deseo, es decir, que Rolf pueda pedir a los duendes
cualquier cosa, y éstos se la concederán. Y el gran deseo de
Rolf no es otro que la limpieza del mundo, el fin de la contaminación
mundial. No pide poco, por cierto. La tarea de Rolf, consistente en conseguir
algunas herramientas y colocar la nave de los duendes junto al cohete espacial
a ser lanzado por su padre, parece sencilla...
Excepto por que las cosas no
son siempre fáciles. Pese a los poderes y la ayuda de los duendes,
Rolf tendrá que pedir ayuda de alguien más, una niña
llamada Rita Amaro, cuyo padre está encargada de la vigilancia del
cohete que será lanzado a Marte. Ambos niños se gustan, pero
tratan de ocultar sus sentimientos, lo cual será imposible debido
a las hilarantes observaciones hechas tanto por los duendes como por Mister
Sheperton.
En su trato con los duendes,
Rolf descubrirá cosas como el verdadero origen de la leyenda del Rey
Arturo, la razón por la cual los duendes abandonaron su planeta y
por qué desean volver al mismo… así como la importancia de
la amistad, el compañerismo y esos valores didácticos que en
cualquier otra circunstancia sonarían como aburridísimas lecciones
o moralejas, pero en esta novela – que también podría leer
como una novela “de aprendizaje”, puesto que Rolf se convierte en un chico
realmente maduro al final de la experiencia – se nos presentan como experiencias
llenas de emoción y sentido de la aventura.
Seres extraterrestres, viajes
espaciales, perros que hablan… la aventura que cualquier niño quisiera
tener. Y cualquier adulto cuyo corazón no esté carcomido. Realmente,
apta para todos.
Daniel Salvo
© febrero de 2005