En medio de una neblina
tupida y rodeada de agua por todas partes, trato de enfrentarme a la cruda
realidad: me estoy muriendo. El frío me hiela hasta los huesos,
no siento la cara y el último pez que hubiera llenado el vacío
que siento en el estómago, se me escapó de las manos entumecidas
y volvió a caer al agua.
Una niebla húmeda,
persistente, gris y muda que atenúa los sonidos y los sentidos, las
visiones y los sabores, una soledad infinita, una tristeza sin fin, es todo
lo que me rodea.
Al rato me refriego los
ojos para quitar la escarcha que se acumula en las pestañas. Una
pared alta y blanca, casi transparente se va acercando al bote o quizás
yo me voy aproximando; aún no he decidido lo que está sucediendo
realmente.
El olor a sal se hace
más fuerte, el sabor del último erizo me rebrota a los labios,
el sonido del viento vuelve a estallar en mis oídos. ¿Regreso
al mundo o me estoy embriagando de delirios?
Por la pared resbala el
agua a chorros, lo que es inconcebible. ¿Se está derritiendo
una isla ante mis ojos? Sí sé que cierta parte del planeta
está en época de deshielo, pero ¿tan rápidamente?
Olas impetuosas me empujan hacia el borde de la isla transparente que es
de hielo lleno de carámbanos, sombras y fantasmas.
Anclo mi bote entre rocas
blancas y bajo con precaución para no resbalar por los cauces que
abren grietas en el suelo helado del lugar. Increíble es la cascada
que vertiginosa cae al mar desde lo alto. Como un volcán de agua,
como un crujir de témpanos, como un disolverse de la materia sólida
en otra líquida, como un deslizamiento de tempestades que abre un
barranco en un páramo de hielo.
¿Quién soy?
¿Alguien me pregunta que quién soy?
Una mujer extraviada,
una exploradora, una náufraga de un barco ballenero sin hogar ni rumbo
fijo. Quise ser descubridora, conquistadora, navegante, comandante; llenaba
mi vida de sueños y mis ojos de mar. Mi vida se acaba y soy una gota
de agua más en esta inmensidad. Yo no soy nadie. Puedo existir o
no existir, soy algo más en medio de la vida que prosigue. ¿Y,
cuál vida?
Camino como sobre escamas
de hielo que se comienzan a fundir y a deslizar bajo mis sandalias que no
me protegen del frío. Estoy entumecida cuando veo filtrarse entre
la muralla de nubes grises un rayo de luz. Me detengo y alzo la cara hacia
esa luz. Esa luz que es vida, que da vida, que ilumina la vida. Pero nada
se mueve a mi alrededor.
El frágil hielo
que piso, en cualquier momento se hunde y puedo terminar mis días
atrapada en un hielo transparente.
El fulgor se hace más
fuerte. ¿Es vida lo que veo?
Una sombra detrás
de la muralla que se está derritiendo me hace pensar que hay algo
más que yo en medio de los témpanos helados. Me aproximo
mientras un destello refleja sobre los cristales y me ciega. Distingo una
sombra que, al diluirse el entorno, descubre una nave distinta a todo lo
que he visto antes. Es muy grande y redonda; rodeada de puntas que empiezan
a girar lentamente, y esos extremos como cuchillos van rajando las paredes
como tratando de librarse de un cascarón que lo oprime. ¿Se
está liberando o está naciendo? Es enorme. Se desliza hacia
la cascada y el agua termina de descubrir su inmensa mole. Es de metal brillante
que gira y lanza rayos brillantes desde algunos orificios. No puedo moverme
aunque el glaciar parece que se estuviera hundiendo. El frío o el
rayo me han paralizado. Sólo observo, girando los ojos, lo que tengo
alrededor. Mi cuerpo ya no me obedece. Me voy a congelar y me va a cubrir
el hielo de esta isla.
Saliendo de la cascada
un ser extraño se aproxima. Un ser con sólo un ojo en medio
de la frente. Un cíclope infernal, un monstruo que estuvo prisionero
de la roca helada. Siento que me levanta con dos brazos escamosos, metálicos,
potentes, y yo sigo inmóvil como una estatua de hielo. Sus pies enormes
se dirigen hacia la nave que ha abierto un tabique en un costado. ¿El
cíclope quiere raptarme, subyugarme, comerme, matarme? ¿Es
un ser extraterrestre? ¿Es un sueño, un delirio o me estoy
muriendo y es el camino al más allá?
Me desmayo del terror
mientras la niebla alrededor va encerrando en su muralla helada el misterio
de esa nave incógnita.