Nastia Tynjälä (Callao,
Perú. 1963). Escritora
y profesora de lengua y cultura (francés y español). Actualmente radica en Finlandia. Fue finalista en el concurso de literatura
erótica “La sonrisa Vertical 2000” con el libro de cuentos “Humedad de las orillas”
(publicado por Editorial
San Marcos 2000 Lima - Perú) También ha publicado bajo el nombre de Tanya Tynjälä la novela de ciencia
- ficción “La Ciudad de loss Nictálopes” (Editorial NORMA 2003, Bogotá
- Colombia); así como poemas en la antología "Canto a un prisionero" (Editorial
Poetas Antiimperialistas de América).
Él abrió
los ojos por primera vez inmerso en un líquido entre salado y dulce,
dentro de un tubo de plexigrás bio-modificado. No podía distinguir
con claridad el exterior, sombras parecían moverse con lentitud.
En su mente bullían ciertos recuerdos atávicos inconexos: piernas
abiertas, gemidos agudos, un líquido blanco y espeso saliendo de algún
miembro largo de su cuerpo y una palabra: “perfeccionar”. Su cerebro no
poseía el desarrollo suficiente como para comprender todas esas imágenes.
Decidió ignorarlas, cerró los ojos y se durmió. En
sus sueños le pareció caer suavemente. La sensación
no era desagradable, no valía la pena despertarse.
Al despertar sintió
que ya tenía brazos y piernas. Seguía inmerso en el líquido
salado y dulce, pero el tubo había sido cambiado por un recipiente
más grande del mismo plexigrás bio-modificado. Movió
un poco sus nuevos miembros. Las imágenes exteriores eran más
claras. Unos pequeños seres rechonchos, vestidos con ajustados monos,
movían palancas y apretaban botones de múltiples aparatos de
los cuales salían cintas de colores. Él siguió con
la mirada esas cintas y vio que penetraban en el recipiente de plexigrás.
Miró su vientre y pudo ver que algunas de las cintas salían
de un orificio en él. También pudo distinguir entre sus piernas
un pequeño tubo que parecía no ir a ningún lado. Sin
saber porqué la imagen del líquido blanco volvió a su
mente.
De pronto algo llamó
su atención. Un rostro diferente al de los rechonchos lo observaba
atentamente desde el exterior. Ese rostro tenía largo cabello que
le caía a cada lado, unos labios gruesos y unos grandes ojos verdes.
Los labios sonrieron mientras parecían dar órdenes a los rechonchos.
El ser se incorporó y él pudo comprobar que era mucho más
alto que los otros seres. Entonces creyó que el mundo estaba formado
por muchos seres bajos y rechonchos y por un ser alto de ojos verdes. Él
decidió seguir durmiendo.
Una fuerte conmoción
lo despertó. El líquido desaparecía poco a poco alrededor
de él. Tuvo frío, lloró. El ser de ojos verdes se
acercó y le dijo “Bienvenido, BEMP”. A pesar de tener minutos de
nacido comprendió perfectamente esas palabras.
Así pues, se llamaba
BEMP y lloraba porque tenía frío.
- Séquenlo y
vístanlo. – Dijo el ser de ojos verdes a dos rechonchos.
Una vez seco y vestido
lo ayudaron a pararse. Cayó al primer intento, pero luego sus piernas
lo sostuvieron sin problemas. El ser de ojos verdes se colocó frente
a él: “Ven acá, BEMP, ven acá.” BEMP trató de
avanzar, pero se enredó con su cola y volvió a caer. Se levantó
sin ayuda y dio tres torpes pasos antes de caer nuevamente y romper a llorar.
- No te preocupes BEMP,
ya podrás caminar. – Dijo el ser de ojos verdes mientras le acariciaba
la cabeza. – 34 y 35 serán tus pater en esta parte de tu vida. – Agregó
señalando con un gesto a los dos rechonchos. – Ellos cuidarán
de ti hasta que estés listo para – El ser de ojos verdes suspiró
y dijo con un tono muy grave de voz. – tu entrenamiento.
Luego se fue dejando a BEMP
con los dos pater. El nunca pudo saber quién de los dos era 34 y
quién 35, pues ambos eran idénticos: cuerpos bajos y redondos,
brazos cortos y fuertes de manos grandes, cabeza sin cabello de facciones
pequeñas, pequeños ojos, pequeña boca sin labios.
- Vamos, BEMP. – Dijo
uno de los pater mientras le extendía la mano para ayudarlo a levantarse.
– Te mostraremos tu cuarto. – El segundo pater le levantó la cola
para que pudiese caminar sin dificultad.
Flanqueado por los pater, se
dirigió a su cuarto; un amplio salón blanco, con una cama mullida
y varios instrumentos que poco a poco descubriría para qué
servían.
- Lo primero que hay
que enseñarte es a enrollar la cola y llevarla perfectamente pegada
a tu espalda.
BEMP quiso hacer algunas preguntas,
por qué él tenía cabello y los pater no, por qué
ellos no tenían cola; pero su boca permaneció muda.
- Tú no puedes
hablar, BEMP. Tu boca-ventosa está hecha sólo para serle útil
a las dueñas. La doctora Hécate es tu dueña, ella te
creó. Tu deber es satisfacer todas su necesidades. Pronto comprenderás
lo que esto significa. Por ahora, concéntrate en aprender a mantener
tu cola en la posición adecuada.
Dos semanas pasaron antes
que BEMP empezara su entrenamiento. Dos semanas en las cuales fue sobrealimentado
y ejercitado con los instrumentos que se encontraban en su cuarto: la vara
metálica con dos ruedas a los lados que día a día se
hacían más gruesas y pesadas, la extraña silla con apoya
brazos que había que juntar a la altura del pecho, el dintel de puerta
sin puerta del que debía colgarse y tantos más que su pequeño
cerebro tenía dificultad de retener.
Aprendió rápidamente
a mantener en la posición adecuada su cola trasera. Esa posición
le facilitaba caminar, pues así no se tropezaba con ella. En cuanto
a su cola delantera, cada mañana 34 le colocaba un suspensor que la
mantenía casi invisible. Y es que esa cola era imposible de enrollar
y sólo colgaba tontamente entre sus piernas. Era mejor esconderla
así. Cada noche era pesado y medido ante la doctora Hécate.
Ella siempre sonreía satisfecha al retirarse del cuarto. BEMP supuso
que lo estaba haciendo bien.
Y llegó el día
en que la Doctora Hécate lo miró como nunca antes lo había
hecho y se acercó a tocarlo por primera vez desde su nacimiento.
Acarició largamente sus brazos, sus muslos, mientras en el cerebro
de BEMP volvían a aparecer los recuerdos atávicos, las piernas,
los gemidos agudos. Una pequeña presión en la pelvis lo inquietó.
- Perfecto. ¡Qué
brazos, qué piernas! Ya está listo para la segunda fase.
Mañana temprano empezará su entrenamiento. – Dijo antes de
dejar el cuarto.
Al día siguiente la
doctora Hécate llegó muy temprano. Junto a ella se encontraba
otra dueña y un pater. BEMP se sorprendió. Había
pues otras dueñas, el mundo estaba formado por las dueñas,
los pater y por él ¿Había también otros como
él?
- Qué piensas,
mi querida Astarte.
La otra dueña caminó
alrededor de él mirándolo de pies a cabeza. Sin saber porqué,
BEMP sintió un ligero calor en las mejillas.
- Es un espécimen
admirable. – Dijo al fin mi querida Astarte. – Aunque esa boca le da una
apariencia extraña.
- Pronto comprenderás
la utilidad de esa boca. – Dijo sonriendo la doctora Hécate.- Además
tú sabes que a las apariencias, uno se acostumbra pronto.
Mi querida Astarte tenía
el cabello más claro y rizado que la doctora Hécate, sus ojos
eran azules, tan azules que BEMP esquivaba su mirada.
- BEMP. – Dijo la doctora
Hécate. – Este es 69. – El nuevo pater inclinó levemente la
cabeza. – El se encargará de tu entrenamiento. Yo seguiré
evaluando tus progresos; algunas veces me acompañará la doctora
Astarte. Una vez que estés listo, te presentaremos ante el máximo
consejo.
Ambas salieron. Al parecer
todas las dueñas eran doctoras, todas las doctoras tenían largas
piernas delgadas pero no colas, eran altas y con extraños globos en
el pecho pero podían tener diferentes rostros. También podían
vestir diferente; la doctora Hécate llevaba muchas veces, un vestido
tubular, negro, muy corto y largas botas negras, no como las que BEMP usaba;
estas botas tenían un alto y fino taco metálico. La doctora
Astarte había usado un largo vestido rojo, con cortes que dejaban
ver sus piernas, la parte superior del vestido consistía en sólo
dos tiras de tela que se ataban al cuello.
BEMP se preguntaba por
qué al ver a las dueñas, los recuerdos atávicos regresaban
a su mente. Debía ser porque una de ellas lo creó, porque
quizá ellas también crearon a los pater, porque ellas dominaban
todo. Por eso también eran diferentes, no como los pater que tenían
el mismo rostro y traje gris pegado al cuerpo. ¿Y él? ¿Había
otros como él, vestidos igual con sólo el suspensor y botas
negras, largas y planas, sin taco metálico?
- ¿BEMP? – La
voz de 69 lo sacó de sus contemplaciones. – Antes de empezar tu entrenamiento,
ponte esto.
69 le entregó una pequeña
pantaloneta de látex negro. Tenía dos huecos, uno adelante
y otro atrás. BEMP se la puso. Su cola trasera no le acusó
problemas, la enrolló rápidamente y la colocó tal como
le habían enseñado, perfectamente pegada a su espalda. Sin
embargo se sintió torpe al ver cómo su cola delantera pendía
entre sus piernas y se balanceaba de un lado al otro cuando se movía.
- Vamos a la sala de
proyección BEMP; a iniciar tu entrenamiento.
Por primera vez salió
de su cuarto y se asombró. El mundo era un lugar de largos corredores
blancos, de puertas que se abrían y cerraban silenciosamente, de misteriosos
cuartos pequeños que se abrían ante nuevos corredores; y no
sólo había paters en el mundo, había otros seres, algunos
muy altos y fuertes que no dejaban de cambiar de lugar pesados bultos, otros
muy pequeños, con grandes cabezas que repetían sin cansarse
nombres en voz baja: 456 entre 37 por raíz cuadrada de 2100..., todos
con el mismo rostro, sin cabello y aparentemente sin cola, pues en ellos
no se apreciaba el bulto que hacía en él su cola delantera
dentro del suspensor, ni se veía enrollada en la espalda una cola
trasera. Voces de dueñas sonaban en el mundo, voces dando órdenes,
voces obedecidas de inmediato. Finalmente BEMP entró a una pequeña
y oscura sala junto con 69. Los únicos muebles eran dos asientos,
sobre uno de ellos se encontraba un casco que debía cubrir hasta los
ojos.
- Siéntate aquí.
BEMP obedeció
y 69 le colocó el casco en la cabeza. Efectivamente le cubría
hasta los ojos. Al principio le asusto la oscuridad, pero luego una tenue
luz azul apareció. De pronto una voz que podía ser la de 69,
34 o la de cualquier otro pater, repetía. “Me yergo en honor a mi
dueña”, mientras veía desfilar diversas imágenes de
dueñas. Dos cosas sorprendieron a BEMP, una mano acariciando su cola
delantera (¿69?) y la infinidad de dueñas que podían
existir; con cabellos largos o cortos, muy lacios o rizados, rubios, negros,
pelirrojos y de cuando en cuando verdes o violeta. Sus ojos eran grandes
y almendrados o redondos y de largas pestañas, o muy oblicuos y de
mirada profunda, azules, verdes, negros. Había altas, pequeñas,
espigadas, carnosas, de pieles blancas, casi transparentes u oscuras y apetitosas,
sin embargo todos los cuerpos eran, cada uno a su manera, armoniosos y bellos.
(Eso BEMP no lo sabía; no estaba capacitado para comprender la belleza.)
Algunas tenían los globos sobre el pecho muy grandes, otras no tanto. Todas vestían
diferente, con trajes pegados al cuerpo o vaporosos y transparentes, inclusive
había trajes que dejaban salir completamente un globo del escote.
BEMP aprendió que los globos del pecho terminaban en un botón
a veces marrón, a veces rosado.
Muy al principio le incomodó
la mano que acariciaba su cola delantera (Debía ser 69) pero pronto
una agradable sensación lo dominó y quiso estar así
siempre, sintiendo esa placentera sensación en todo su cuerpo, mientras
miraba las imágenes de las dueñas y escuchaba una y otra vez
“Me yergo en honor a mi dueña”. Sí... siempre así...
más... La presión en la pelvis volvió, se convertía
casi en dolor, pero ni siquiera eso le quitaba el placer que sentía
“Me yergo en honor a mi dueña”. Las imágenes cesaron, 69
le retiró el casco.
- Muy bien, BEMP.
BEMP miró extrañado
su cola delantera, había crecido, estaba erguida y dura. Luego de
algunos minutos volvió a colgar entre sus piernas.
- Empezaremos de nuevo,
BEMP.
Cinco veces más repitieron
la operación. A la tercera vez no necesitó que le acariciaran
la cola, ésta se irguió por sí sola. A la quinta
vez no necesitó las imágenes, sólo la voz “Me yergo
en honor a mi dueña” lograba que su cola se levantara.
- ¡Muy bien, BEMP!
Aprendes rápido. Realmente la doctora Hécate hizo un buen trabajo
contigo. Ahora te llevaré a tu cuarto.
BEMP volvió a salir
al mundo, volvieron a abrirse puertas y a aparecer corredores, sin embargo
llegaron a otro cuarto muy diferente. No tenía cama mullida pero
tenía más aparatos y una extraña puerta en la pared
izquierda.
- Ahora te alimentarás
y luego te ejercitarás. Ven aquí.
69 le indicó la
extraña puerta. BEMP pudo ver que tras la puerta había un
pequeño cuarto, con lo que debía ser una estrecha cama encerrada
entre tres paredes, sólo unos centímetros separaban a la cama
de la puerta.
- Este será tu
nuevo cuarto. Aquí dormirás y te alimentarás. Este
es un prototipo del cuarto que ocuparás en la casa de tu dueña.
34 y 35 ya no se ocuparán de ti; tú deberás hacer todo
sólo. Siéntate en la cama. No, frente a la puerta no, frente
a la pared. Bien. En la pared verás la imagen de una mano. Pon
tu mano derecha sobre ella. Bien. ¿Vez? Han aparecido dos botones.
El verde te dará bebida y el azul comida. Aprieta el verde. ¿Ves?
Se abrió una portezuela. Bebes el contenido y vuelves a colocar el
recipiente en su lugar. Lo mismo con la comida. Puedes poner la mano sobre
la imagen cuantas veces quieras; ésta posee un sensor y sólo
aparecerá comida o bebida cuando tu cuerpo lo necesite. Lo mismo
con tu detritus. Pones la mano sobre la imagen y aparecerá un recipiente
en donde podrás evacuar cuando tu cuerpo así lo requiera.
Luego de comer puedes descansar, siempre mirando al techo. Un timbre te
indicará el momento de empezar tus ejercicios. No te levantes inmediatamente
de la cama, una pantalla
aparecerá en el techo indicándote la rutina del día.
Cuando termines tu rutina, otro timbre te indicará que puedes irte
a descansar.
Deberás permanecer
en tu cuarto hasta que tu dueña requiera de tus servicios. Ese es
tu papel en la sociedad, BEMP: satisfacer todas las necesidades fisiológicas
de las dueñas.
Luego de decir esto,
69 lo dejó sólo y BEMP se sintió así, sólo,
sólo...
Esa noche, al llegar
la doctora Hécate, BEMP escucho dentro de su cabeza: “Me yergo en
honor a mi dueña”, y su cola delantera se levantó.
- ¡Caramba! ¡Veo
que progresas rápidamente! A ese paso quizá terminemos tu entrenamiento
antes de lo previsto. Probemos mañana si la boca – ventosa realmente
sirve. – Dijo la doctora a 69 antes de salir.
BEMP notó por
primera vez que la doctora Hécate tenía un olor amargo, dulce,
ácido y picante al mismo tiempo. Ella se fue y el aroma siguió
flotando en el cuarto. Desde ese día BEMP no necesitó ver
a la doctora Hécate, con los ojos cerrados, sólo al percibir
su perfume, se erguía ante ella.
El entrenamiento siguió
con un misterioso aparato. 69 lo sentó frente a un rectángulo
de diez centímetros de espesor que parecía hecho de carne humana.
En medio del rectángulo se encontraba un hueco ovalado, flanqueado
por volantes de piel. Sobre el óvalo se veía un pequeño
pliegue arrugado, un tono más oscuro que el rectángulo en general.
- Aplica tu boca – ventosa
acá. – 69 le señaló el pliegue. BEMP obedeció.
– Busca el botón con la punta de tu lengua y frótalo; mueve
la lengua para arriba y para abajo, al mismo tiempo succiona un poco. – La
operación duró unos pocos minutos. – Retírate, BEMP.
Al hacerlo él
vio que el pliegue había cambiado; estaba más rosado, más
grande, brillante y duro. Poco a poco volvió a su apariencia inicial.
BEMP notó cierto parecido con su cola delantera, que también
cambiaba al ser frotada.
Sólo un día
duró el entrenamiento con el rectángulo de carne. Al otro
día 69 lo llevó a un cuarto con una gran cama redonda. Una
dueña se encontraba allí, parada, inmóvil, completamente
desnuda. La voz resonó en él, “Me yergo en honor a mi dueña”
y su cola delantera se irguió. 69 esbozó lo que parecía
una sonrisa.
- Muy bien, BEMP. Acércate
a la dueña, tócala.
Al tocarla BEMP notó
que esa dueña se veía extraña, la movió un poco
más y ella cayó al suelo. El se asustó. 69 volvió
a simular una sonrisa.
- Esta no es realmente
una dueña, es un simulador. En ella te entrenarás para luego
servir al placer de las dueñas. Recuéstala sobre la cama,
abre sus piernas. ¿Ves? ¿Reconoces eso? – Sí, era igual
al rectángulo de carne. – Ya sabes qué hacer.
Y BEMP lo hizo, el simulador
empezó a gemir suavemente, luego más fuerte hasta terminar
en un grito agudo y BEMP al fin supo a qué correspondían sus
recuerdos atávicos.
- Retírate BEMP,
perfecto. Ahora sabrás para qué sirven tu verga y tu cola.
Entonces BEMP comprendió
la importancia de ese día en su vida. Muchos misterios de develaban
y muchas cosas aprendía; como que en realidad no poseía dos
colas sino sólo una, la otra era una verga.
- ¿Ves el orificio?
Introduce tu verga en él. Bien, ahora muévete hacia adelante
y hacia atrás. Así. Perfecto.
El simulador volvió
a gemir, sin embargo no movía los labios. BEMP experimentó
una sensación aún más agradable que cuando la mano
misteriosa le acarició la cola. Pronto empezó a moverse frenéticamente.
El simulador gritó. 69 dijo “retírate”, pero él no
quería hacerlo, sólo deseaba seguir así, con la verga
introducida en ese suave orificio. Un dolor agudo en el brazo lo hizo detenerse.
– Retírate, BEMP.
El miró a 69 que
llevaba una especie de vara metálica terminada en dos antenas unidad
por una luz azul.
- Debes aprender a retirarte
a tiempo, sino el placer de las dueñas se convertiría en dolor.
Cuando ellas te lo indiquen, deberás retirarte.
Le costó mucho
trabajo a BEMP aprender a retirarse a tiempo. Más fácil le
resultó acostumbrarse al dolor de la vara y seguir introducido dentro
del placentero orificio.
Tres días después,
él seguía sin detenerse cuando se lo pedían. A la doctora
Hécate no le hizo gracia la noticia.
- ¿Qué
hacemos?.- Le preguntó una noche a la doctora Astarte.
Ella contestó.
– Subir el choque eléctrico hasta encontrar el nivel que lo pueda
dominar.
- ¿Y si se muere?.
- Si nosotras no poseemos
su completo control, no nos sirve.
- Tienes razón.
69, mañana trata con un choque más fuerte y auméntalo
cuantas veces sea necesario, hasta encontrar el nivel adecuado.
Ambas se retiraron dejando
intrigado a BEMP, pues esta vez los ojos de la doctora Astarte habían
sido negros.
La idea de la doctora
Astarte dio resultado. Muy pronto BEMP no necesitó la vara, sólo
al escuchar la palabra “retírate” él sentía un dolor
tan fuerte en el brazo que debía obedecer. Sin embargo la presión
de su pelvis seguía. Por suerte un día descubrió que
con su detritus se iba la presión; sólo debía evacuar
inmediatamente después de haber servido a la dueña. Y ya no
supo qué le causaba más placer, si introducirse en una dueña
(aunque sólo sea un simulador) o evacuar.
Su entrenamiento duró
dos semanas. Aprendió que algunas veces su dueña le pediría
que aplique su boca – ventosa en los botones de sus globos, o a introducir
su cola trasera en el orificio por donde salía el detritus. Supo
que las dueñas eran extravagantes y que le exigirían introducirse
en ellas en posiciones muy incómodas para él y entendió
la utilidad de tener unos brazos y piernas tan fuertes. También se
le enseñó que algunas le pedirían moverse más
rápido y otras más suavemente; pero sobre todo aprendió
que le pidiesen lo que le pidiesen, él debía obedecer.
Y una noche las doctoras
llegaron. (Ese día la doctora Astarte llevaba los ojos verdes.) Y
tras escuchar el reporte de 69, sonrieron.
- BEMP – Le dijo la doctor
Hécate. – Mañana te presentaremos ante el Máximo Consejo.
Esa mañana lo
despertaron muy temprano. 69 no estaba solo, allí se encontraban
34 y 35. Lo ayudaron a lavarse y a vestirse. Le dieron un copioso desayuno;
no el de la máquina, uno de verdad, como antes de iniciar su entrenamiento.
La doctora Hécate
llegó sola.
- ¿Ya está
listo? – Preguntó a los pater.
- Sí – Contestaron
al unísono.
- Perfecto. Sígueme,
BEMP.
- Adiós BEMP.
Ya no nos volveremos a ver. – Le dijeron los pater.
BEMP se sintió
triste, sobre todo por nunca haber podido diferenciarlo, por no poderles
decir que los iba a echar de menos, a pesar de lo importante que los tres
fueron para su vida. ¿Por qué sólo las dueñas
podían ser diferentes?
Salió al mundo,
volvió a recorrer pasadizos, volvió a encontrarse con los otros
seres. Una puerta se abrió.
- ¡Doctora Hécate!
¡Qué suerte que la encuentro! – Dijo un pater. – El semental
73 parece tener algún problema.
La mujer lanzó una mirada
fulminante.
- ¿No ves que
estoy ocupada? ¿No podías esperar a la doctora de turno?
El pater no supo qué
contestar.
- Es que... yo iba a
hacerlo... pero... como la vi... pensé...
- ¡Está
bien!. – Le cortó secamente – Veamos a ese semental.
Lo dejaron de pié
frente a la puerta abierta. Ese era un gran cuarto en donde se encontraban
seres que tenían cierto parecido con él. También poseían
una verga, pero estos seres eran obesos, estaban sentados en un inmenso asiento
con un tubo conectado a la verga. De ella salía un líquido
blanco (¡El líquido blanco!) que luego de pasar por el tubo,
iba a parar dentro de una botella.
La doctora Hécate
y el pater salieron, la puerta se cerró.
- Sí pues, está
muy agotado. Hay que remplazarlo. ¿Sabes qué fichas llenar?
- Sí, doctora.
- Entonces encárgate
de tramitar el pedido de otro semental lo más pronto posible.
- Entendido, doctora
y disculpe por haberla perturbado.
- No, no. No te preocupes.
Ya sabes lo importante que son los sementales para el equilibrio de nuestra
sociedad. Vamos, BEMP.
El la siguió pensando
que en el mundo también había sementales y ellos sí
poseían una verga, pero ¿Para qué servía? Obviamente
no para dar placer a las dueñas, conectados como se encontraban a
una botella por medio de un tubo.
Llegaron al final de
un amplio corredor, una gran puerta metálica se abrió y para
sorpresa de BEMP ésta no dio a otro pasadizo. La doctora Hécate
caminó hacia un extraño vehículo. BEMP no la siguió,
se quedó parado tras la puerta cerrada, mirando extasiado a su alrededor.
- Ven, BEMP.
Avanzó titubeando, sin
poder dejar de mirarlo todo.
- Sube al transportador.
Subió al asiento
trasero de vehículo, que por suerte poseía grandes ventanas.
Inmediatamente, él pegó su rostro al cristal. Un zumbido
y el sentir que se elevaban lo asustaron; se aferró violentamente
al asiento delantero. La doctora Hécate rió.
- No temas BEMP, no temas.
No hay ningún peligro al utilizar el transportador. Pronto llegaremos
al edificio del Máximo Consejo.
BEMP se tranquilizó y
volvió a mirar por la ventana.
Y entonces supo cómo
era realmente el mundo: un espacio abierto, sin muros, con cielo azul y platas
y flores y animales de suave y brillante pelaje y dueñas de todos
los tamaños; unas muy pequeñas, sin globos, sin saber caminar
o hablar, inclusive sin cabello. Un pater las cuidaba, como lo hicieron
con él. Y las dueñas crecían hasta llegar a ser como
la doctora Hécate, no más. Era muy grande el mundo y lleno
de edificios y calles y puentes colgantes y transportadores, casas de amplias
ventanas en dónde se veían a dueñas riendo o bailando
y más dueñas caminando por las anchas avenidas y sólo
algunos pater trabajando por allí. Había muchos colores en
el mundo y muchas luces y sonidos, risas y cantos y comprendió que
el mundo era de las dueñas. Había edificios en donde ellas
podían cambiar de vestido o de peinado o hasta de color de ojos, tal
como lo hacía la doctora Astarte. Sólo ellas, los pater que
se veían por las calles lucían igual que 34, 35 o 69. Sólo
las dueñas poseían el poder de cambiar su apariencia.
Los ojos de BEMP seguían
llenándose del mundo hasta llegar ante el edificio del Máximo
Consejo. Bajaron del transportador. Entraron al edificio por una puerta
lateral y recorrieron algunos pasadizos; BEMP se sintió reconfortado
al encontrarse en un ambiente que le resultaba familiar. Luego, se detuvieron
ante una gran cortina roja.
- Quédate aquí
hasta que yo te avise.
La doctora Hécate
atravesó la cortina. Un pater curioso, no dejaba de mirar a BEMP,
él se sintió incómodo. De pronto escuchó aplausos
y luego la voz de la doctora Hécate.
- Queridas Hermanas,
hace ya más de dos siglos (¡Loada sea la Diosa Madre!) que logramos
liberar al mundo del devastador dominio de los machos.
Hemos creado un mundo
en donde reina la eterna paz, pues con nuestra infinita inteligencia hemos
alcanzado un gran desarrollo en todos los ámbitos del saber humano:
política, tecnología, ciencia y arte. Sin embargo, debemos
aceptar que algunas actividades no pueden ser realizadas por nosotras.
Gracias a nuestros avances
en genética, hemos aislado ciertas características útiles
de los antiguos machos y así hemos creado los machoides. En ellos
sobre todo, se han eliminado su irracional impulso agresivo y su instinto
de dominio. Es así como tenemos sementales que nos proveen de la
materia prima para reproducirnos, paters que realizan labores de protección
y cuidado... y por supuesto seres que nos satisfacen más íntimamente.
Tomando en cuenta los
comentarios (siempre bien recibidos) en cuanto a la Bestia Erótica
Ultra Potente, conocida como BEUP, me he permitido crear otro ser. Hermanas,
Permítanme presentarles a la Bestia Erótica de Múltiple
Potencia: BEMP.
El pater apretó
un botón y la cortina se abrió. - ¡Oh! – Se escuchó
por doquier.
Los ojos de BEMP tardaron
un poco en acostumbrarse a las luces. Luego pudo ver que se encontraba en
un gran anfiteatro lleno de dueñas, todas con diversos vestidos y
peinados. Algunas llevaban el pelo muy alto y de un color inusual: azul pastel
o rosa iridiscente, sus ojos se veían maquillados con muchos tonos,
inclusive llevaban plumas en lugar de pestañas, sus trajes eran de
algún material plástico brillante y sus globos en el pecho
eran tan grandes que apenas si estaban cubiertos. Otras por el contrario
llevaban el pelo largo y suelto, una flor en la oreja era su único
adorno, no estaban maquilladas y sus vestidos consistían en vaporosas
gasas que les daban un aire irreal. Y había muchas más, unas
con grandes uñas como garras, otras con pelo muy corto, vestidas con
grandes volantes en el cuello o sólo con apenas una banda en el pecho
y todas, todas lo miraban. El escuchó la eterna consigna: “Me yergo
en honor a mi dueña” y deseó estar dentro de alguna de ellas.
- Como verán su verga
no posee orificio de salida, pues consideré que el comentario sobre
la inutilidad de la eyaculación en un ser que no es semental, era
válido. Además a mí también me desagradaba sentirme
toda mojada al final. (El público asintió) La otra ventaja
es que está listo en cuanto lo requieran, no necesita un período
de recuperación luego de utilizarlo. También pueden observar
esta pequeña protuberancia en el pubis, sobre la verga. Sí
queridas hermanas, sospechan bien: es un estimulador del clítoris.
(Algunas aplaudieron) Abre la boca, BEMP. Pueden apreciar que su lengua
es más fina y larga y que termina en pequeñas rugosidades.
Esto nos asegura un cunnilingus sin fallas. Además su boca – ventosa
se acopla perfectamente al pezón o al clítoris. (Algunos suspiros
se escucharon) Voltéate, BEMP. Lo he provisto de una cola. Así
podemos gozar de una doble penetración con un solo ejemplar o ser
sodomizadas durante el acto sexual al mismo tiempo. El desarrollo de su
cerebro es el suficiente como para que comprenda cada uno de nuestros pedidos
y para que nunca nos desobedezca. Pero dejémonos de detalles técnicos
y vayamos a lo concreto. He cedido el honor de probar por primera vez el
BEMP a mi amada compañera, la doctora Astarte.
Ella subió al
estrado y dando un apasionado beso en los labios a la doctora Hécate
le dijo – Gracias, cariño.
La doctore Astarte se
desvistió rápidamente, no le fue difícil pues sólo
llevaba una minúscula bata de seda. BEMP notó que esta vez
ella tenía los ojos tan vedes como los de su compañera. ¿Cómo
lograban las dueñas cambiar de ojos? Se preguntaba.
Ella se echó en
una camilla previamente colocada en el estrado y abrió las piernas.
- Ya sabes qué hacer,
BEMP. – Dijo la doctora Hécate y él aplicó su boca –
ventosa.
La Doctora Astarte empezó
a temblar ligeramente, de pronto tomó la cabeza de BEMP y la presionó
contra su pubis. – Mete la lengua. – Le dijo. BEMP obedeció.
- ¡Ah!
Luego lo empujó levemente,
él supo que debía parar. Ella se volteó y separando
sus nalgas con ambas manos ordenó. – Tu lengua... aquí.
A BEMP nunca le habían
enseñado a hacer eso, pero sabía que su deber era satisfacer
cada uno de los pedidos de las dueñas, así que lo hizo. El
sintió cómo ese orificio le apretaba la lengua más que
el otro, igual como hacía con su verga. Ella disfrutó un momento
de la caricia y luego dijo. – Basta. Penétrame.
Ella volvió a su posición
inicial y abrió las piernas anhelante. Cerró los ojos al ser
penetrada. BEMP sólo había estado esperando eso: entrar en
una dueña, sentir en su verga el húmedo calor de una dueña
y empezó a moverse lentamente hacia arriba y hacia abajo. La doctora
Astarte se retorcía, se apretaba los pezones, se mordía los
labios.
- Más rápido.
– Ordenó la doctora Astarte, mientras aprisionaba con sus piernas
las caderas de BEMP.
El casi no podía moverse,
así que se incorporó con esa mujer fuertemente aferrada a su
cuerpo. Tomándola por las nalgas la levantó para seguidamente
dejarla caer. - ¡Ay! – Gritó la mujer. El siguió repitiendo
la operación cada vez más rápido, de pronto ella se
arqueó y lanzó un agudo alarido que parecía no tener
fin, él disminuyó la velocidad.
- Retírate, BEMP.
El sintió el lacerante
dolor en su brazo. Se controló para no soltar bruscamente a su carga,
la depositó con suavidad en la camilla mientras su verga disminuía
de tamaño.
La doctora Astarte lloraba
de felicidad.
- ¡Fantástico!
¡Nunca había sentido tanto placer! ¡Fantástico!
El público ovacionó
de pié a la doctora Hécate. Ella agradeció emocionada.
La ovación cesó y empezó la rueda de preguntas.
Una mujer de frágil
apariencia, con el cabello lleno de flores violeta intervino.
- A mí me parece una
verga demasiado grande y no siento que sería capaz de utilizar su
cola. Por ejemplo la doctora Astarte no lo hizo esta vez.
La doctora Hécate sonrió.
- El BEMP se puede adaptar
sin problemas. Cada una tendrá el tamaño que le convenga.
De algún lado alguien
preguntó.
- ¿Cuánto tiempo
toma hacer un BEMP?
- Si me entregan sus BEUPs,
(que me proporcionarán la materia prima para trabajar) yo les aseguro
que en menos de una semana tendrán listo su BEMP.
Un murmullo de complacencia
se escuchó en todo el anfiteatro.
Una mujer vestida de estricto
blanco y sin ningún cabello sobre la cabeza dijo:
- Todo está bien, pero...
¿Puede BEMP llegar al orgasmo?
La doctora Hécate frunció
el ceño.
- No lo sé... no había
pensado en eso. – Luego agregó conciliadora. – Se pueden hacer estudios
al respecto, pero. ¿Realmente eso es importante?
Todas asintieron.