Ven, junto
conmigo, dame tu mano, deja tus enseres (por ahora), mírame a los
ojos, fijamente…
Mira y dime si llegan tus ojos,
allá en donde todo se hace oscuro ¡el universo!, estructura
total de todo lo que existe, desde un átomo hasta las galaxias. ¿Has
observado el cielo en una noche clara y sin nubes?, allí el “Señor
Universo” se nos presenta como una bóveda oscura en la que hay estrellas,
planetas, nebulosas, rocas y polvo interestelar que tienden a agruparse en
galaxias.
Las galaxias contienen millones
de estrellas, además de planetas, satélites y polvo interestelar.
Las nebulosas son nubes gigantescas
y difusas formadas por nubes y polvo interestelar.
Se que todo esto lo sabes porque
has llegado a tu sexto de primaria, ¡Pero!, ¡Pero!, la mayor
parte, cerca del 90% del universo, está formada por cuerpos y materias
aun desconocidas por los científicos.
Oculta, muy oculta entre ese
90% de materia desconocida, se hallaba una estrella que estaba habitada.
Es que las estrellas son los cuerpos celestes más importantes del
universo. Esta era una estrella supergigante y de color rojo, porque al inicio
las estrellas son pequeñas, blanco azuladas, muy brillantes y están
muy calientes.
Pero después de millones
de años de actividad, gastan su combustible y cambian de color, si
la temperatura es intermedia producen luz amarilla y las menos calientes,
es decir las más viejas son de color rojo.
En nuestra “estrella roja” habitaban
muchos salvajes, barbudos, colmillos grandes, pies fuertes y eran antropófagos;
que rendían culto a Selene y sabían que era la diosa de la
Luna, ellos eran Selenitas, allí se explicaba toda su historia.
Llegados, quien sabe, de otros
lugares del universo, estaban los Perseidas, como su nombre lo indica (Lluvia
de estrellas fugaces) una vez más llegarían para iniciar un
imperio, curiosamente entendían su destino; pero ya no tenían
un líder, su antiguo emperador agonizaba envenenado quizá por
algún polvo interestelar, todavía tuvo una brillante idea,
hizo traer a su perro (el que más lo amaba) y se lo empezó
a comer. Absolutamente nadie vio la metamorfosis y un día apareció:
-Era un ser mitad hombre y mitad
perro; guardaba las cejas arqueadas hacia abajo (señal de su maldad)
tenía un enorme colmillo (el otro se le había caído)
era enorme (dos metros y medio) sus orejas paradas y su cola peluda. Sus
garras eran poderosas, llevaba aun el vestido de emperador, sus fuertes pectorales
y velludos brazos resaltaban, debía pesar algo de 300 kilos. Todos
al verlo se arrodillaron y él con su voz de trueno llamó al
comandante:
-Helios, dame el reporte de
la situación.
Helios se acercó y haciendo
una reverencia expresó:
-¡Su Canidad! Los millones
de hombres que ves aquí te sirven y estamos próximos a conquistar
todo lo que es Estrella Roja… el emperador sacó su enorme lengua y
se la pasó por todo su hocico, los ojos le brillaron y recostándose
en el trono le dijo:
-Helios, comandante en jefe
de mis ejércitos, yo Emperador Supremo y Señor del Universo,
te ordeno que una vez que te retires de mi presencia, tomes bajo tu mando
un ejército de hombres de reconocida valentía: 120 millones
de soldados de infantería y 12 millones de caballería y luego
ponte en marcha contra todos los que no quisieron rendirse antes.
-Ve, Helios y ocupa en mi nombre
todos los territorios y guárdamelos hasta que yo los castigue. Pero
no tengas compasión con los que se resistan, entrégalos a la
matanza y al saqueo a donde quiera que vayas ¡cumple mis órdenes
sin tardanza!
Apenas Helios salió de
la presencia del rey se apoderó rápidamente de casi toda Estrella
Roja, solo un grupo de Selenitas, los Ceres, se opusieron tenazmente.
La batalla final tuvo lugar
en la constelación de las Tres Marías, allí Helios impuso
su caballería e infantería por demás impresionante,
pero Perseo, soberano de los Ceres, combinó su reducido ejército
en tres partes: una ala derecha defensiva, una ala izquierda ofensiva y un
centro de empuje, además de una reserva de caballería. Ese
día pelearon hasta muy tarde, se lanzaban meteoritos pequeños,
se rociaban con polvo interestelar y se clavaban entre si con rayos finos
y largos.
El mismo Helios fue herido y
firmó un acuerdo con Perseo, éste había logrado civilizar
más a los Selenitas de su grupo Ceres.
Apiadándose del enemigo,
Perseo se presentaría como vencido a cambio de recibir más
civilización y tecnología.
Los perseidas recibieron a los
vencidos con júbilo, por primera vez en su vida Perseo y sus generales
vieron a un emperador así.
-¡Su Canidad! exclamó
Helios, traigo nuevos súbditos. El emperador pasó su lengua
por todo su hocico, los ojos le brillaron, se recostó en su trono
y rascó suavemente su oreja, entonces con voz de trueno expresó:
-¿Cómo te llamas?,
¿quién eres?.
-¡Su Canidad! Señor
Supremo del Universo, soy Perseo, soberano del grupo de Selenitas, llamados
Ceres y ahora soy tu súbdito.
Estas palabras agradaron al
emperador, quien hizo trato con Perseo.
Los ejércitos imperiales
de Helios y la táctica de Perseo, fueron materia prima de la conquista
de Estrella Roja, por su parte Perseo le enseñó a Helios y
al mismo emperador el trato generoso hacia sus subordinados.
Lo que pedían se les
daba, a cambio ellos entrenaban para conquistar otras estrellas.
Los súbditos pedían
“energón” y esto debía cumplirse, ya no dormía el emperador,
todas las mañanas se reunía en el Areópago, aquella
colina, en donde se reunía el Consejo Imperial.
-¡Su canidad! le decían
a una sola voz, hemos de conquistar el cinturón de asteroides, tan
valioso y lejano y al oír esto lavaba con su lengua su hocico y le
brillaban los ojos.
Los súbditos pedían
traer porciones de lenguas de gases incandescentes que se elevan como llamaradas
en la superficie solar y el emperador se los cumplía.
Se atrevieron a pedir colonias
modernas, costó millones de trozos de energón, materia que
alimentaba a cualquier planeta, pero en un instante estaban construidas sendas
colonias, pobladas de lujosos palacios.
Pero sucedió lo inevitable,
fieles a sus instintos, los Selenitas, que pasados miles de años,
habían olvidado todo, encontraron entre los juguetes del niño
Hefestión una maqueta vieja, que mostraba a Selene con una luna en
su mano y muchos otros hombres en la otra, se notaba que los iba a depositar
en esa luna, cuya letra inicial era “CH”, la llamaron luna CH, fueron a ver
a Celón y le dijeron:
-Nosotros, del grupo de Ceres,
los más destacados de los Selenitas, vemos como Perseo, el soberano,
sirve a Su Canidad, no tenemos queja de él, pero sabemos que nuestro
destino es llegar a la luna CH; tú, Celón, jefe del grupo secreto
de resistencia contra los Perseidas puedes derrotarlos, oblígalos
a que nos lleven a nuestro destino, marcha adelante y nosotros te seguiremos.
-¡No! ¡No!, replicó
Celón, Perseo ha sido siempre fiel a nosotros ¿cómo
hemos de traicionarle?
-Entonces habla con él
y luego avísanos …
Oculta fue la entrevista entre
Perseo y Celón, al siguiente día irían a ver al emperador.
-¡Su Canidad!, le dijeron,
toda Estrella Roja está descontenta quieren llegar a… y le explicaron
todo.
Esta vez el Areópago
fue centro de discusiones, Celón, Perseo, Helios, Ascalón,
Diógenes; todos ellos generales y consejeros no sabían que
decirle al emperador, este disolvió el consejo y se quedó
solo.
Día a día se enfermaba,
sus ojos legañosos, sus orejas caídas y un leve moquillo que
obstruía su nariz… ¡de pronto apareció! ¿Quién
le había dado permiso? Era un alienígena de 3 metros, cuyo
rostro no se veía, las orejas le arrastraban hasta el suelo, en vez
de pies tenía lechugas, sus largos brazos eran torcidos y pesaba
a la sazón 30 kilos. Habló con un tono de flauta débil:
-¡Su Canidad! me llamo
Sputnik, yo tengo la solución a sus problemas, resulta que los Selenitas
desean volver a su lugar de origen, deben ir a Plutón, el planeta
más pequeño del sistema solar. Además es el más
distante y el más frío.
-¿Allí quieren
vivir? rugió el emperador…
-No, gran Señor, resulta
que Plutón posee un satélite conocido llamado Charonte, que
es casi de su tamaño y esta tan cerca de él que algunos llaman
a Plutón “El planeta doble”.
-Llévelos a Charonte
y desde allí ha de conquistar todo el universo … al emperador le brillaron
los ojos y se le retorció la lengua.
-Solo que debe darme 3 billones
de trozos de energón. El pacto fue realizado y así como vino
el alienígena se fue.
Al día siguiente el emperador
reunió a todos los Selenitas y les dijo:
-Yo, Emperador Supremo y Señor
del Universo los llevaré a su destino, a la luna de Plutón,
de donde algún día los expulso Selene (su diosa), por sus fallas,
yo los llevaré a Charonte porque soy más supremo que su diosa
y cualquier otro, vengan conmigo y vayamos a Charonte ¡vayamos a Charonte!.
-¡A Charonte! Gritó
toda Estrella Roja, pero el niño Hefestión preguntó
¿Cómo llegaremos?. El silencio fue total, el emperador valiéndose
de la improvisación dijo: -Hagamos una escalera alta que llegue a
Charonte.
Miles de horas trabajaron, pero
al llegar a millones de kilómetros esta se dobló y billones
de Selenitas murieron. Otra vez querían matar al emperador, éste
se refugio en su enorme palacio.
Nuevamente la improvisación
lo haría salvarse, colgaron una soga de una estrella a otra y fueron
deslizándose, luego la colocaron en otra estrella y así sucesivamente,
pero luego de millones de kilómetros esta se rompió y millones
de Selenitas quedaron flotando en el universo.
El peligro de derrocar al emperador
era inminente, pero apareció nuevamente Sputnik:
-¡Su canidad! debes construir
un transbordador, tengo los planos y te costará otros billones de
energón. Algo oculto hacía que el emperador obedeciera al alienígena.
Después de un intenso
trabajo el Columbia fue a cumplir su misión, sin embargo a medio camino
explotó.
Ante este hecho el emperador
volvió a su moquillo, a las orejas caídas y a las legañas,
otra vez el alienígena entró en su sala imperial.
-¡Su Canidad! el diseño
del transbordador es incorrecto, debe tener una gran bodega de carga y un
brazo robótico con control remoto que se usará para lanzar,
recoger y reparar satélites en el espacio. La bodega de carga puede
llevar un laboratorio espacial. Con todo ello se mantendrá informado
y no fallará en nada; le dejó los planos, ahora por muchos,
muchos más billones de trozos de energón y nuevamente fue obedecido.
Al fin partió el Discovery,
gran expectativa había en Estrella Roja, sin embargo la señal
se perdió, de un momento a otro; el emperador se reunió por
última vez en el Areópago y llegaron también: Helios,
su comandante en jefe, Holofernes, conquistador de Orión, Ceres, segundo
al mando de los Selenitas en general, Celón, jefe de la resistencia
secreta, Ascalón, el más intrépido de los perseidas,
Mir, líder de la más importante estación espacial. De
todos fue Perseo quien habló:
-¡Su canidad! Estrella
Roja ha entrado en etapa de Supernova, durante esta etapa la Estrella alcanza
temperaturas muy altas que la harán estallar.
-Yo Señor Supremo, replicó
el emperador, daré solución a esto y la solución fue
un engaño tramado con Ascalón y Helios, proyectaron imágenes
en las cuales los generales a bordo del Discovery pisaban Charonte, todos
los veían por el telescopio espacial Huble.
La muerte de una generación,
que se tragó este cuento, fue motivo para que la nueva generación
hiciera una revolución más grande, aun los lideraba el viejo
Perseo y Ceres; Celón les aconsejó hacer un clon del emperador
e infectarlo con sarna, este logró infiltrarse y alegrar los tristes
días del emperador.
Cuando todo estuvo consumado
entraron al palacio sin resistencia alguna, Helios lloraba, pero la furia
se desvaneció porque en su gran sillón estaba un “perro”, por
demás cosquilludo, legañoso, sarnoso, los chinches lo devoraban
junto a las garrapatas, el moquillo lo ahogaba, los dientes estaban en el
suelo, pero aún tenía vida y aullaba de manera lastimosa. Según
ellos para honrarlo lo quemaron en una porción de sol.
El resto de la historia es rápida:
todos se reunieron, Perseo habló, coordinó, dirigió
y toda Estrella Roja se reunió; no para buscar un nuevo emperador,
sino para averiguar la manera de llegar a Charonte, deliberaron, discutieron
y al rato Perseo y Helios levantaron la mirada, era Sputnik, que entraba
un grueso fardo de hojas de metal… todos se quedaron en silencio… al rato
Perseo y Helios a una sola voz le preguntaron:
-Y bien alienígena ¿ahora
cual es tu plan?, algo iba a decir Sputnik pero se quedó callado por
mucho tiempo…
Yo seguía mirando el
cielo porque ahora es noche clara y sin nubes y buscaba más en esa
inmensa bóveda oscura, ahora que tú estas conmigo desde hace
mucho tiempo, pero me mandaron a dormir (mi padre) y por ello hasta más
tarde, ya amaneció ojalá mañana sueñes con Charonte
o con Su Canidad.
ANTONIO CASTRO CRUZ
Autor
18/03/05 – 12:30 a.m. – 3:30
a.m.
(Extraído de mi libro:
“Nocturnas Parejas Narrativas”-Próximo a publicarse)