XIV
¡Cuídate, España...!
¡Cuídate, España,
de tu propia España!
¡Cuídate de
la hoz sin el martillo,
cuídate del martillo
sin la hoz!
¡Cuídate de
la víctima a pesar suyo,
del verdugo a pesar suyo
y del indiferente a pesar
suyo!
¡Cuídate del
que, antes de que cante el gallo,
negárate tres veces,
y del que te negó,
después, tres veces!
¡Cuídate de
las calaveras sin las tibias,
y de las tibias sin las
calaveras!
¡Cuídate de
los nuevos poderosos!
¡Cuídate del
que come tus cadáveres,
del que devora muertos a
tus vivos!
¡Cuídate del
leal ciento por ciento!
¡Cuídate del
cielo más acá del aire
y cuídate del aire
más allá del cielo!
¡Cuídate de
los que te aman!
¡Cuídate de
tus héroes!
¡Cuídate de
tus muertos!
¡Cuídate de
la República!
¡Cuídate del
futuro!…
César Vallejo
España,
aparta de mí este cáliz
1937
A decir verdad, solamente
quería tomar dos o tres versos del gran poema de César Vallejo,
pero me gustó tanto que preferí transcribirlo completo, para
solaz de los lectores. No solo de ciencia ficción se vive. Aunque
sin ella, algunos podríamos morir.
Sin embargo, es sobre ciencia
ficción de lo que trata esta página web. De lo que se proyecta,
escribe y publica. Aunque, hoy por hoy, es cada vez más difícil
hablar de lo que se publica en el género. ¿Qué, no
hay ciencia ficción en el Perú? Bueno, si, pero… Voy a volverme
pedante y haré un repaso de la historia. Pongan atención,
a la versión acaso falaz de este escriba.
En los años 60 del
siglo XX, en Perú, si uno compraba un libro de la editorial EDHASA,
podía leer en su última página un listado de distribuidores
acreditados en distintos países de Hispanoamérica. Y aunque
usted no lo crea, uno de esos países (que no eran todos) era Perú.
Más increíble aún, no figuraban países que
hoy en día se consideran como más productivos en materia editorial.
Hago mención expresa
a la editorial EDHASA, por que el libro de donde saqué la información
era un volumen de su colección Nebulae, “Las arenas de Marte” de
Arthur C. Clarke. De la antigua, por si acaso.
¿A dónde quiero
llegar? Pues a un lugar común: hubo una época en la cual
los libros circulaban con más fluidez que ahora en nuestro país.
Incluso los de ciencia ficción. Libros que se imprimían en
España. Al igual que los de Bruguera, Martínez Roca, Adiax
y otras editoriales, no era tan raro verlos en las estanterías de
las, en ese entonces, relativamente abundantes librerías de Lima y
provincias (no señor, no hay error de tipeo, puse Lima y provincias).
Siguiendo pues con el Perú,
comparemos la situación de ese entonces con lo que ocurre en la
actualidad. La técnica permite mejores ediciones, se acabó
la censura (eso creo), existe libertad de mercado, disminuyó la tasa
de analfabetismo, aumentó la población urbana… pero hay menos
lectores. Y en lo que respecta a la ciencia ficción, terror y fantasía,
es más abundante la oferta de libros de segunda mano que la oferta
de ediciones actuales. Parece lógico, pero para el aficionado al
género, el panorama es desolador: incluso las librerías que
cuentan con estantes rotulados con las palabras “Ciencia Ficción”
están migrando a “Cómic” o “Misceláneos”. Si es que
no los eliminan, como hizo “Ibero”.
¿Cuál puede
ser la causa, o las causas? Falta de oferta no puede ser, pues en casi
todos los sitios web sobre ciencia ficción en español se menciona
el boom de traducciones, reediciones y premios de novelas y cuentos
del género. No hay mes en el cual Minotauro, Gigamesh, Bibliópolis
y otras casas editoriales no tengan “novedades” (y las anuncian, los muy…).
¿Y por qué
toda esa producción, ese boom, no llega al Perú? ¿Por
qué ya no se ven las últimas novedades de Minotauro, por
que nunca hemos visto NADA de lo editado por Gigamesh o Bibliópolis
en las librerías del país?
Ahora escribiré como
lector consumidor. Y es que, siendo sincero, si viera una estantería
surtida con cinco volúmenes de cada una de las editoriales mencionadas,
es decir, quince “novedades”, pues compraría… la más barata.
Y de repente ni eso. Por que lo poco que llega, sin mencionar nombres, viene
con precios que parecen de ciencia ficción (de terror, más
bien). Hace unos meses, me escandalicé con un libro cuyo costo era
70 soles. Ahora me arrepiento de no haberlo adquirirlo, pues algunas de las
“novedades” que llegaron después cuestan más de 100 soles…
Es obvio: los precios se
han incrementado. Se puede aducir razones “de mercado”, como son el alza
de costos por la traducción (¿y cuando el autor es hispanohablante?),
transporte, estudios de mercados, riesgo país, marketing…
lo que sea. También está el hecho incontrastable de que los
precios de los productos europeos se expresan en el fortísimo euro,
y no en dólares o pesetas, lo cual sería más conveniente
para nuestros importadores. Pero lo curioso del caso es que estas razones
SOLO ENCARECEN LOS LIBROS DE CIENCIA FICCION. Uno puede comprar libros de
literatura mainstream a precios significativamente menores que los
del género. Hagan la prueba, dense una vuelta por “Crisol” o “Contracultura”:
los pocos libros de ciencia ficción que hay tienen precios que oscilan
entre los 70 y los 100 soles, y a veces más. Si usted, lector, ahorra
50 soles para comprarse un libro a fin de mes, estoy seguro que ese libro
no será de ciencia ficción. Puede adquirir, eso si, la recomendable novela
Las asombrosas aventuras de Kavalier y Klay, de Michael Chabon,
al asombroso precio de 40 soles.
¿Entonces, de que
boom de la ciencia ficción podemos hablar los peruanos?
Ahí entramos en el
peligroso terreno de la subjetividad. No quiero caer en el facilismo de
decir que los empresarios son unos angurrientos que, al haber descubierto
que existe un sector de lectores dispuesto a pagar lo que sea por sus libros
favoritos (de ciencia ficción, fantasía y terror), les pone
los precios que les da la gana por que, total, siempre habrá quien
les compre.
Los peruanos también
queremos leer ciencia ficción, fantasía y terror, esos libros
cuyas tentadoras reseñas se publican en muchas páginas web.
Pero la gran mayoría de peruanos somos pobres, pues. Y brutos también,
pero eso es otra historia. Aquí si se cumple eso de “precios europeos,
salarios africanos”, a pesar del chorreo que triunfalmente pregona el gobierno.
Triste es decirlo, pero no todos tenemos el nivel adquisitivo suficiente
para comprar libros de ciencia ficción a los precios actuales. ¿Qué,
no promulgaron la Ley del Libro y su Reglamento? Si, y ya va como año
y medio desde entonces, y no pasa nada. Se ve que la solución no estaba
por ahí.
¿Cuál sería
la solución? Voy a volverme un tanto ingenuo, y referirles la siguiente
historia: hace unos años, en Perú hubo una crisis económica
espantosa. Las empresas quebraban. Los precios se dispararon a la estratósfera.
Entre ellos, los precios de las bebidas gaseosas. Una botella de poco más
de un cuarto de libro de Coca-Cola llegó a costar 2 soles,
al igual que las demás gaseosas. Cualquiera diría que todas
las empresas se habían puesto de acuerdo en el precio (pero los empresarios
son incapaces de esas cosas, ellos están a favor del libre mercado).
Y llegó lo inevitable: una de las empresas (¿la que no pertenecía
al cartel?) llegó al borde de la quiebra (¿o quebró?).
Su bebida, la Kola Inglesa, de empalagoso sabor a fresa, era la
menos consumida por el público, con ese precio de 2 soles por botella.
A fin de reducir las pérdidas y darles alguna liquidación a
sus trabajadores, decidieron rematar su producción. La Kola Inglesa
bajó pues de 2 soles a 0.50 céntimos de sol. Y ocurrió
lo impensable. Del borde de la quiebra – o de la quiebra -, Kola Inglesa
se convirtió en la bebida líder de ventas de esa temporada. La
gente (yo también) se apiñaba alrededor de las carretillas
donde se vendían las gaseosas (estaban de remate, pues). La empresa
volvió a ser rentable, al punto que hasta ahora sigue existiendo. No
solo eso, las demás bebidas tuvieron que bajar sus precios, lo cual
a su vez les permitió volver a tener ganancias. Por una vez funcionó
eso de la oferta y la demanda: bastó que un producto bajara sus precios
al nivel del poder adquisitivo de los consumidores (aunque ese no era el
objetivo), para convertirse en un éxito de ventas, salvar una empresa,
mitigar la sed del consumidor y corregir el mercado. El público volvió
a consumir gaseosas, y ahora todas tienen su espacio.
¿Qué, acaso
estoy sugiriendo a las editorialos que bajen sus precios para que
tengan mayores ventas? Bueno, si. La verdad no se me ocurre otra cosa. Si
funcionó para una gaseosa, puede funcionar para los libros. A menos
que ya tengan un mercado cautivo (nunca mejor empleado el término)
y en el fondo no les interese vender más allá de la península.
Si es así, pues que les aproveche.
Para finalizar, quiero dejar
en claro que la constante referencia a España en este editorial
se debe a que, simplemente, la mayoría de libros que leemos los
peruanos se importan de ahí. Hablar de libros de ciencia ficción
viene a ser lo mismo que hablar de libros publicados en España.
Compramos libros españoles. Y si en la propia España muchos
españoles consideran que los precios de los libros de ciencia ficción
son elevados, pues…
Parafraseando a César
Vallejo: cuidate España, de tu propia España...
Daniel Salvo © abril
2005