Cap�tulo Segundo.
PROPIEDADES DE LOS FLUIDOS
55. El agua y el aire.
�Qu� pesa m�s, la atm�sfera del globo terr�queo o
toda el agua que hay en �l? �Cu�ntas veces?
Un c�lculo bastante sencillo permite determinar grosso modo la
raz�n de la masa de la atm�sfera con respecto a la de toda la
reserva de agua de nuestro planeta. El peso de la atm�sfera equivale al
de una capa de agua de unos 10 m (0,01 km) de espesor, que cubre uniformemente
toda la superficie del Globo. Si el radio de la Tierra es R km, la masa de aire
que la rodea (medida en miles de millones de toneladas) ha de ser igual a
Los oc�anos, midiendo 4 km de profundidad por t�rmino medio,
ocupan los 3/4 de la superficie terrestre. De modo que la masa del agua de
todos ellos es igual (en miles de millones de toneladas)
La raz�n inc�gnita equivale a
As� pues, toda el agua que hay en el Globo pesa unas 300 veces
m�s que todo el aire (m�s exactamente, 270 veces m�s).
56. El l�quido m�s ligero.
Ind�quese el l�quido m�s ligero.
Entre los l�quidos el que menor densidad tiene es el hidr�geno
licuado: 0,07 g/cm3; �ste es catorce veces m�s ligero que el
agua, o sea, aproximadamente tantas veces como el agua es m�s ligera que
el mercurio. Entre los l�quidos en el segundo lugar est� el helio
licuado cuya densidad es de 0,15 g/cm3.
57. El problema de Arqu�medes.
Se conocen varias versiones del problema de la corona de oro. Vitruvio,
arquitecto de la antigua Grecia (siglo I a.C.), la refiere de la manera
siguiente:
�Cuando Hier�n II lleg� al poder, decidi� donar una corona
de oro a un templo en agradecimiento por los hechos venturosos; orden�
fabricarla a un or�fice y le entreg� el material necesario. El
maestro cumpli� el encargo para el d�a fijado. El rey estuvo muy
satisfecho: la obra pesaba justamente lo mismo que el material que hab�a
sido entregado al orfebre. Pero poco tiempo despu�s el soberano se
enter� de que este �ltimo hab�a robado cierta parte del
oro sustituy�ndolo con plata. Hier�n mont� en
c�lera y pidi� a Arqu�medes que inventara alg�n
m�todo para descubrir el enga�o.
Pensando en este problema, el sabio fue a las termas y, una vez en la
ba�era, echo de ver que se desbord� cierta cantidad de agua,
correspondiente a la profundidad a la que se hundi� su cuerpo. A1
descubrir de esa manera la causa del fen�meno, no sigui� en las
termas, sino que se lanz� a la calle, rebosante de alegr�a y en
cueros, y corri� hasta su casa exclamando en alta voz: "�Eureka!,
�eureka!" (hall�).
Cuando lleg� a su casa, Arqu�medes tomo dos pedazos del mismo
peso que la corona, uno de oro y otro de plata, llen� con agua un
recipiente hasta los bordes y coloc� en �l el lingote de plata.
Acto seguido lo sac� y ech� en el recipiente la misma cantidad de
agua que se desbord�, midi�ndola previamente, hasta llenarlo. De
esta manera determin� el peso del trozo de plata que correspond�a
a cierto volumen de agua. A continuaci�n realiz� la misma
operaci�n con el trozo de oro y, volviendo a a�adir la cantidad
de agua desbordada, concluy� que esta vez se derram� menos
l�quido en una cantidad equivalente a la diferencia de los
vol�menes de los trozos de oro y plata de pesos iguales.
Despu�s volvi� a llenar el recipiente, coloc� en �l
la corona y se dio cuenta de que se derram� una mayor cantidad de agua
que al colocar el lingote de oro; partiendo de este exceso de l�quido
Arqu�medes calcul� el contenido de impurezas de plata,
descubriendo de esa manera el enga�o.�
�Se podr�a determinar la cantidad de oro sustituida por plata en la
corona, utilizando el m�todo de Arqu�medes?
Seg�n los datos disponibles, Arqu�medes ten�a derecho a
afirmar que la corona no era de oro puro. No obstante, el siracusano no supo
determinar con exactitud qu� cantidad de oro hab�a hurtado el
or�fice. La habr�a determinado si el volumen de la
aleaci�n de oro y plata fuera justamente igual a la suma de
vol�menes de sus componentes. La leyenda atribuye a Arqu�medes
precisamente este criterio, compartido, por lo visto, por la mayor�a de
los autores de libros de texto escolares.
De hecho, s�lo muy pocas aleaciones tienen esa propiedad. Por lo que
ata�e al volumen de la aleaci�n de oro y plata, �ste es
menor que la suma de vol�menes de los componentes. En otras palabras, la
densidad de semejante liga supera la que se obtiene por c�lculo
ateni�ndose a las reglas de adici�n simple. Es f�cil ver
que al calcular la cantidad de oro hurtado en base a su experimento,
Arqu�medes deber�a obtener un resultado menor: a su modo de ver,
la densidad m�s elevada de la aleaci�n probaba que en ella era
mayor la cantidad de oro. Por este motivo no pudo determinar exactamente la
cantidad de oro con la cual se hab�a quedado el estafador.
�C�mo se deber�a resolver el problema planteado?
�Actualmente, se�ala el Prof. Menshutkin en su Curso de Qu�mica
General, proceder�amos del modo siguiente.
Determinar�amos no s�lo la densidad del oro y plata puros, sino
tambi�n la de toda una serie de aleaciones de oro y plata cuya
composici�n se conoce con exactitud. A continuaci�n
trazar�amos un diagrama a base de los datos obtenidos; �ste nos
proporcionar�a la curva de variaci�n de la densidad de las
aleaciones de oro y plata dependiendo del contenido de componentes. En el caso
dado se obtendr�a una recta, pues la densidad var�a linealmente
en base a la composici�n de la liga. A1 determinar la densidad de la
corona, se�alar�amos el resultado obtenido en la curva de
densidad del sistema oro-plata y definir�amos a qu�
composici�n de la aleaci�n corresponde este dato, averiguando
as� la composici�n del metal de la corona.�
El caso ser�a distinto si parte del oro fuera sustituida con cobre y no
con plata: el volumen de la aleaci�n de oro y cobre vale exactamente la
suma de vol�menes de sus componentes. En este caso el m�todo de
Arqu�medes proporciona un resultado muy exacto.
58. La compresibilidad del agua.
�Qu� sustancia, el agua o el plomo, se comprime m�s bajo
presi�n?
En los libros de texto escolares se subraya con tanta tenacidad la
incompresibilidad de los l�quidos que se inculca la idea de que
realmente lo son, al menos en un grado menor que los s�lidos. Pero de
hecho el t�rmino �incompresibilidad� aplicado a los l�quidos no
es sino una expresi�n figurada para definir su insignificante
reducci�n de volumen al ser presionados, adem�s, �stos se
comparan s�lo con los gases. Si comparamos los l�quidos y los
s�lidos en cuanto a la compresibilidad, resultar� que los
primeros son muchas veces m�s compresibles que los segundos.
El metal m�s compresible, el plomo, expuesto a la acci�n de una
carga omnilateral, disminuye su volumen en 0,000006 del inicial bajo la
presi�n de 1 at. El agua, en cambio, es unas ocho veces m�s
compresible: su volumen disminuye en 0,00005 al aplicar la misma
presi�n. Pero en comparaci�n con el acero, este l�quido se
estrecha unas 70 veces m�s 1.
El �cido n�trico se distingue entre los l�quidos por su
elevada capacidad de compresi�n reduciendo su volumen inicial en 0,00034
a la presi�n de 1 at, es decir, al ser presionado reduce su volumen unas
500 veces m�s que el acero. Sin embargo, la compresibilidad de los
l�quidos es decenas de veces menor que la de los gases.
59. Disparando al agua.
Una caja abierta, con paredes de madera contrachapada parafinadas por dentro,
de unos 20 cm de largo y 10 cm de ancho, contiene agua hasta un nivel de 10 cm
respecto a su fondo. Si se dispara contra la caja, se hace a�icos,
mientras que el agua se dispersa en forma de polvo fin�simo.
�C�mo se explicar�a esta acci�n del impacto de bala?
Este fen�meno se atribuye a la compresibilidad insignificante de los
l�quidos y, adem�s, a su elasticidad absoluta. La bala entra en
el agua con tanta rapidez que su nivel no tiene tiempo para subir. Por tanto,
el l�quido se contrae instant�neamente en la magnitud del volumen
del proyectil. La alta presi�n que se crea en este caso destroza las
paredes del recipiente y pulveriza el agua que �ste contiene.
Una estimaci�n simple proporciona cierta noci�n acerca de la
magnitud de la presi�n. La caja contiene 20 x 10 x 10 = 2000 cm3 de
agua. El volumen de la bala es de 1 cm. El l�quido deber�
comprimirse en 1 /2000 parte, o sea, en 0,0005 de su volumen inicial. A la
presi�n de 1 at el mismo reduce su volumen en 0,00005, es decir, diez
veces menos. Por consiguiente, cuando disminuye el volumen del l�quido
contenido en la caja, su presi�n deber� elevarse hasta 10 at; a
esta magnitud asciende, aproximadamente, la presi�n de trabajo que se
crea en el cilindro de una m�quina de vapor. Es f�cil calcular
que cada una de las paredes y el fondo de la caja sufrir�n la
acci�n de una fuerza de 10.000 a 20.000 N.
Este hecho explica los enormes efectos destructivos que producen los obuses
explotados bajo agua. �Si un ob�s explota aunque sea a 50 m de un
submarino, pero a suficiente profundidad para que la fuerza explosiva no "se
disipe" por la superficie del agua, el buque se destruye inminentemente� (R.A.
Millikan).
60. Una bombilla el�ctrica resistiendo el peso de un veh�culo.
�Puede una bombilla soportar una presi�n de media tonelada? El
di�metro del �mbolo es de 16 cm.
Calculemos la presi�n que experimentan las paredes de la bombilla. La
secci�n del �mbolo es, en cm
2
,
Como el peso del veh�culo es de 5000 N, a cada cent�metro
cuadrado de la superficie corresponder� la presi�n siguiente:
5000 : 201
�
25 N/cm
2
Las bombillas ordinarias suelen resistir una presi�n m�s alta, de
hasta 27 N/cm
2
. Por eso, si se cumplen las condiciones indicadas al plantear el problema, la
ampolla quedar� intacta.
Este problema tiene importancia pr�ctica en los trabajos que se llevan a
cabo bajo agua. Una bombilla corriente, que resiste una presi�n de 2,7
at, puede ser utilizada a una profundidad de hasta 27 m (a profundidades
mayores se emplean bombillas especiales).
61. Dos cilindros flotando en el mercurio.
Dos cilindros de masas y di�metros iguales, uno de aluminio y otro de
plomo, se mantienen en el mercurio en posici�n vertical. �Cu�l de
ellos est� hundido a mayor profundidad?
No piense que el quid del problema radica en la posici�n vertical de los
cilindros: parecer�a que un cuerpo de forma cil�ndrica no
podr�a sostenerse verticalmente en el seno de un l�quido, sino
que tendr�a que ponerse de costado. Esta afirmaci�n no es cierta:
si un cilindro tiene di�metro suficientemente grande en
comparaci�n con su altura, puede flotar en posici�n estable.
De por s�, este problema no es dif�cil, pero a veces se suele
razonar de forma equivocada al abordarlo. El cilindro de aluminio es cuatro
veces m�s largo que el de plomo, de la misma masa y di�metro. Por
eso podemos considerar que estando suspendido en posici�n vertical en el
mercurio, deber� hundirse m�s que el de plomo. Por otra parte,
este �ltimo, siendo m�s pesado, deber�a sumergirse
m�s que el de aluminio que es m�s ligero.
Estas dos suposiciones son equivocadas: ambos s�lidos est�n
sumergidos a una misma profundidad. La causa de ello est� a la vista:
dado que tienen peso id�ntico, deben desplazar iguales cantidades de
l�quido con arreglo al principio de Arqu�medes; mas, como tienen
di�metros iguales, la longitud de sus partes sumergidas tambi�n
debe ser igual, pues en otro caso no desalojar�an la misma cantidad de
l�quido.
Ser�a interesante saber, cu�ntas veces mayor ser� la parte
del cilindro de aluminio que sobresale del azogue en comparaci�n con la
correspondiente del de plomo. Es f�cil calcular que este �ltimo
deber� sobresalir en 0,17 de su longitud, en tanto que el otro, en 0,8.
Como el cilindro de aluminio es 4,2 veces m�s largo, las 0,8 de su
longitud ser�n
veces mayores que las 0,17 de la del otro.
As� pues, la parte del cilindro de aluminio asomada del mercurio
ser� veinte veces m�s larga que la respectiva parte del de plomo.
El ejercicio que acabamos de analizar tiene importancia en la teor�a que
pretende explicar la estructura del globo terr�queo, a saber, en la
llamada teor�a de isostasia. �sta arranca del hecho de que las
partes s�lidas de la corteza terrestre son m�s ligeras que las
masas pl�sticas subyacentes, por lo cual flotan a flor de estas
�ltimas. Dicha teor�a considera la corteza terrestre como un
conjunto de prismas de secci�n y peso iguales, pero de diferente altura.
Seg�n ella, sus partes elevadas deben de corresponder a prismas de menor
densidad, y las menos elevadas, a prismas de densidad mayor. Es evidente que,
seg�n nos hemos dado cuenta al resolver el problema, las elevaciones que
se aprecian en la superficie terrestre, siempre corresponden a defectos de
masas bajo tierra, y las depresiones, a sus excesos. Las mediciones
geod�sicas corroboran esta tesis.
62. Inmersi�n en la arena movediza.
�Ser� aplicable a los �ridos el principio de Arqu�medes?
�A qu� profundidad se hundir� en la arena seca una bola de madera
colocada en su superficie? �Podr�a hundirse en la arena movediza una
persona?
No se puede aplicar en forma directa el principio de Arqu�medes a los
�ridos, puesto que las part�culas que los forman, experimentan
rozamiento que es �nfimo en los l�quidos. No obstante, si la
libertad de desplazamiento de las part�culas de �ridos no
est� limitada por su rozamiento rec�proco, el referido principio
se podr� aplicar. Por ejemplo, en semejante estado se encuentra la arena
seca que se sacude reiteradamente; en este caso sus granos se desplazan sujetos
a la fuerza de la gravedad.
|
|
Dispositivo para sacudir la arena
|
Ya R. Hooke, famoso contempor�neo y compatriota de Isaac Newton,
dec�a al respecto lo siguiente:
�Es imposible mantener bajo arena (que es sacudida ininterrumpidamente) un
cuerpo ligero, por ejemplo, un trozo de corcho: �ste `emerger�'
enseguida a flor del �rido, mientras que un cuerpo pesado, por el
contrario, empezar� a hundirse y al fin y al cabo alcanzar� el
fondo del recipiente.�
Posteriormente, H. Bragg, eminente f�sico ingl�s, realiz�
estas experiencias vali�ndose de una centrifugadora especial.
Se puede predecir el comportamiento de una bola dispuesta sobre la superficie
de arena inm�vil recordando los razonamientos que en su tiempo
permitieron a S.Stevin a deducir el principio de Arqu�medes.
|
|
Esta figurilla ligera, con un peso sujetado a los pies, presa en la arena, se
asoma al poner a funcionar la sacudidora
|
Primero advirtamos que la llamada �densidad aparente� de la arena (o sea, la
masa de un cent�metro c�bico de este �rido junto con los
espacios de aire) es igual, en el caso de la arena de grano fino, a 1,7 g, es
decir, supera tres veces la de la madera.
Separemos, aunque sea mentalmente, una bola de �rido dentro de un
mont�n de arena, de volumen geom�trico igual al de la referida
bola de madera. Esta �ltima se mantiene en equilibrio merced a la
acci�n de dos fuerzas diferentes: 1) el rozamiento de los granos de
arena unos contra otros y 2) el peso de la capa de este �rido dispuesta
encima, que ejerce presi�n hacia los lados, empujando de esta manera
nuestra bola de arena por abajo. La resultante de todas las fuerzas no debe ser
menor que el peso de dicha bola. Si la sustituimos, tambi�n mentalmente,
por otra m�s ligera, de madera, la presi�n que �sta
sufrir� por abajo ser� mayor que su peso propio. Es evidente que
bajo la acci�n de la fuerza de la gravedad nuestra bola imaginaria no
podr� hundirse a tanta profundidad.
El nivel m�ximo al que se hundir� la bola en la arena no
deber� ser mayor que la profundidad en que su peso equivalga al de la
arena �contenida� en su parte hundida. Mas, esto no quiere decir en absoluto
que llegar� precisamente hasta ese nivel: s�lo indicamos la
profundidad l�mite de hundimiento en el �rido bajo la
acci�n de su peso. Esto tampoco quiere decir que la bola presa en el
mont�n de arena por debajo del nivel l�mite, aparecer� por
s� misma en la superficie: se lo impedir� el rozamiento.
As� pues, el principio de Arqu�medes es aplicable a los
materiales �ridos, pero con rigurosas reservas que no tendr�n
validez cuando dichos cuerpos sufran sacudidas o vibraci�n; en el caso
que estamos analizando los �ridos que sufren sacudidas, semejan
l�quidos. En lo que se refiere a los que est�n en reposo, el
principio de Arqu�medes tan s�lo afirma que un s�lido de
peso espec�fico considerable, situado en la superficie de un
�rido, puede hundirse por su propio peso a una profundidad no mayor a
aquella en que su peso ser�a igual al de la cantidad correspondiente del
�rido que se contendr�a en la parte hundida del objeto en
cuesti�n.
Por cierto, esto permite sacar la conclusi�n de que, como el peso
espec�fico medio del cuerpo humano es menor que el de la arena seca, una
persona no puede ser tragada por la arena movediza. En semejante caso, mientras
menos se mueva ella, menor ser� la profundidad a que se hundir�:
la agitaci�n s�lo precipita el hundimiento.
|
|
M�quina tamizadora
|
La posibilidad de aplicar el principio de Arqu�medes al caso de la arena
se aprovecha en la t�cnica para separar las impurezas contenidas en la
hulla. La hulla h�meda, que debe ser purificada, se echa sobre una capa
de arena cuyo peso espec�fico supera el de este combustible, pero es
menor que el de la ganga a separar. Para agitar los granos de arena, se bombea
aire a trav�s de ella, de abajo arriba e ininterrumpidamente, que pasa
por un tamiz sobre el cual est� la arena. Su presi�n, es decir,
la velocidad del flujo de aire, determina el peso espec�fico del
�rido. Al tomar contacto con la superficie de arena, los fragmentos de
hulla y las impurezas se separan: el carb�n se acumula en la superficie,
mientras que la ganga se hunde en la arena, pasa por el tamiz y se acumula en
un recipiente. La figura muestra la estructura de semejante equipo.
63. El l�quido adopta forma esf�rica.
�C�mo se podr�a demostrar el hecho de que en estado de ingravidez
los l�quidos tienen forma esf�rica?
La propiedad del l�quido en ingravidez de adoptar forma esf�rica
se demuestra evidentemente en el famoso experimento de Plateau: una
porci�n de aceite de oliva mezclada en una disoluci�n
hidroalcoh�lica, de la misma densidad, se agrupa en forma de bola. Pero
es imposible averiguar si esta forma esf�rica es geom�tricamente
exacta o no. Por ello, el experimento de Plateau comprueba grosso modo la tesis
que nos interesa. Este hecho se demuestra mediante el fen�meno del iris.
La teor�a del arco iris afirma que una desviaci�n, por muy
insignificante que sea, de la forma de las gotas de lluvia respecto de la
esf�rica geom�tricamente estricta debe de reflejarse en la forma
del iris; si la diferencia es considerable, �ste puede no aparecer en
absoluto. Como una gota es imponderable mientras cae libremente (v. ej. 50),
este hecho nos proporciona la demostraci�n que necesitamos.
64. La gota de agua.
�En qu� caso las gotas de agua que caen del grifo de un samovar son
m�s pesadas, cuando el agua est� fr�a o caliente?
El peso de la gota depende de la magnitud de la tensi�n superficial del
l�quido: ella se desprende cuando su peso es suficiente para romper la
pel�cula superficial en su �cuello�.
Si el radio de �ste es r, y el coeficiente de tensi�n superficial
es a (N/m), la gota se desprender� con
por lo que su masa ser�
Cuanto mayor es la tensi�n superficial, tanto mayor es el peso de la
gota. Pero consta que al elevarse la temperatura, se reduce la tensi�n
superficial: en el caso del agua disminuye en el 0,23 % por cada grado
cent�grado. A los 100 �C la tensi�n superficial del agua se
reduce en el 23 % en comparaci�n con la magnitud correspondiente a 0
�C, mientras que a los 20 �C es menor en un 4,6 % que a 0 �C. Por consiguiente,
al bajar la temperatura del agua contenida en el samovar de 100 �C hasta la
temperatura ambiente (20 �C), el peso de las gotas de agua deber�
elevarse en
o sea, en el 24 %, es decir, aumentar� notablemente.
65. La elevaci�n capilar.
a) �A qu� altura debe subir el agua contenida en un tubo de vidrio de
di�metro interior de 1 micra?
b) �Qu� l�quido se elevar�a a la mayor altura en semejante
tubo?
c) �Qu� agua, caliente o fr�a, se eleva a la mayor altura por un
tubo capilar?
a) Con arreglo a la ley de Borelli, tambi�n denominada muy a menudo �ley
de Jurin�, la altura a que se eleva el l�quido que moja las paredes del
tubo, es inversamente proporcional a su di�metro. En uno de vidrio de
di�metro interior de 1 mm el nivel de agua se elevar� a 15 mm.
Por ello, en un tubo de di�metro interior de 1 micra su altura
ser� 1000 veces mayor, o sea, �de 15 metros!
b) Subiendo por el tubo capilar, el potasio fundido (funde a 63 �C) deja
atr�s a los dem�s l�quidos: en un tubo de vidrio de
di�metro interior de 1 mm subir� a 10 cm; si el di�metro
del canal es de 1 micra, se elevar� a 10 cm ( 1000 = 100 m.
c) En un tubo del di�metro indicado el l�quido subir�
tanto m�s cuanto mayor sea su tensi�n superficial y menor sea su
densidad. Esta dependencia se expresa por medio de la f�rmula siguiente:
donde h es la altura de elevaci�n, (, el coeficiente de tensi�n
superficial, r, el radio interior del tubo (, la densidad del l�quido.
Con el aumento de la temperatura la tensi�n superficial disminuye mucho
m�s r�pido que la (, a consecuencia de lo cual la altura h debe
reducirse: un l�quido caliente subir� por el tubo capilar a menor
altura que otro fr�o.
66. En un tubo inclinado.
El agua sube por un tubo capilar inclinado a 10 cm sobre el nivel del agua
contenida en un recipiente. �A qu� altura se elevar� este
l�quido si el tubo se inclina a 30� respecto a su superficie?
La altura a la que se eleva un l�quido contenido en un tubo capilar no
depende de la posici�n, sea inclinada o vertical, de este �ltimo.
En todos los casos la elevaci�n, es decir, la distancia del menisco a la
superficie del l�quido, medida sobre la vertical, ser� la misma.
En el caso descrito el �hilo� de l�quido que sube por el tubo inclinado
a 30� ser� dos veces m�s largo que con la posici�n
vertical de �ste, pero la altura del menisco sobre el nivel del
l�quido contenido en el recipiente ser� la misma.
67. Las gotas en movimiento.
Tenemos dos tubos de vidrio delgados y abocinados por un extremo. En el
primero, junto al punto A se encuentra una gota de mercurio, y en el segundo,
junto al punto B, una de agua. Adem�s, las gotas no est�n en
reposo, sino que se mueven por sus respectivos tubos. �Por qu� sucede
esto?
�En qu� sentido se mueven las gotas, hacia el extremo ancho o hacia el
estrecho?
La columna de mercurio que se encuentra en el tubo de vidrio tiene convexos
ambos extremos, puesto que este l�quido no moja el cristal. La
superficie que da al extremo derecho, tiene un radio de curvatura menor que la
opuesta; por eso ejerce mayor presi�n sobre el mercurio (problema 65),
empuj�ndolo hacia el extremo abocinado.
La columna de agua, que moja el cristal, est� acotada por meniscos
c�ncavos por ambos lados, adem�s, el de la parte estrecha es
menos c�ncavo que el otro. El menisco curvo arrastra el l�quido
con mayor fuerza, por eso la columna de agua se desplaza hacia la parte angosta
del tubo.
As�, pues, cada una de las columnas de l�quido se desplaza por su
respectivo tubo en sentidos opuestos: la de mercurio, hacia el extremo ancho, y
la de agua, hacia el estrecho.
|
|
La columna de mercurio (arriba) se desplaza hacia el extremo abocinado del
tubo, mientras que la del agua (abajo) se corre hacia el estrecho. Esta
�ltima propiedad del agua permite disminuir el perjuicio que causan las
sequ�as.
|
La capacidad del agua de pasar, por s� misma, por los canales capilares
de tubos anchos a estrechos tiene mucha importancia para la conservaci�n
de la humedad en el suelo. �Si la capa superior del suelo est� compacta,
es decir, tiene canalitos estrechos, mientras que las inferiores est�n
porosas, o sea, tienen much�simos canalitos m�s anchos, entonces,
afirma el agr�nomo A. Dudinski, el agua pasa f�cilmente de la
capa inferior a la superior. Pero si, por el contrario, la capa inferior
est� compacta, en tanto que la superior est� porosa, esta
�ltima, al secarse, ya no podr� absorber agua procedente de la
capa inferior (puesto que el agua no pasa de canalitos estrechos a anchos, sino
que s�lo lo hace a la inversa) y, por tanto, seguir� siendo seca.�
En esto consiste uno de los m�todos utilizados para atenuar la
acci�n perjudicial de las sequ�as, consistente en el
esponjamiento del suelo:
�para conservar humedad en el suelo, hay que esponjar, con la mayor frecuencia
posible, su capa superior, hasta unos dos cent�metros de profundidad e
incluso menos; en este caso los canalitos estrechos formados en ella se
destruyen y sustituyen por otros, m�s anchos, que no pueden succionar
agua de la capa subyacente. La capa superior porosa se vuelve seca, pero ya no
puede absorber agua de los canalitos m�s estrechos de la capa inferior
del suelo ni la puede conducir hasta la superficie, protegiendo de esa manera
el resto del suelo contra la desecaci�n por la acci�n del viento
y los rayos solares.� �ste es uno de los ejemplos aleccionadores de la
importancia que tiene este fen�meno f�sico que a primera vista
parece ser tan insignificante.
68. Una l�mina colocada en el fondo de un recipiente con l�quido.
Si en el fondo de un recipiente de vidrio lleno de agua se coloca una
l�mina de madera bien adherida al mismo, �sta emerger�
inminentemente. Pero si al fondo del mismo recipiente con mercurio se aplica
una l�mina de vidrio, �sta se quedar� en su lugar. Consta
que la flotabilidad del vidrio en el mercurio (la diferencia de densidades del
mercurio y el vidrio) es mucho mayor que la de la madera en el agua.
�Por qu�, pues, la l�mina de madera sube a la superficie,
mientras que la de vidrio en el mercurio no sube?
La l�mina de madera, depositada en el fondo del recipiente con agua,
tendr� que emerger, pues el l�quido penetra por debajo de ella.
S�lo nos queda explicar, por qu� el agua se cuela por debajo de
la l�mina de madera, mientras que el mercurio no penetra por debajo de
la de vidrio.
Hay que tener en cuenta que por m�s que se adhiera la l�mina al
fondo, entre ellos siempre habr� un espacio muy peque�o. Junto a
los bordes de estas dos superficies muy pr�ximas una a otra, el agua,
que moja tanto la madera como el vidrio, forma una concavidad que da hacia el
espacio libre de agua; dicha concavidad, lo mismo que el menisco
c�ncavo, arrastra agua al espacio entre la l�mina y el fondo.
|
|
El agua se cuela por debajo de la l�mina aplicada al fondo del recipiente
|
Es distinto el caso del mercurio y la l�mina de vidrio. Este
l�quido no moja al vidrio, por eso entre la l�mina y el fondo,
ambos de vidrio, la superficie convexa del mercurio da al espacio de aire; esta
convexidad presiona hacia afuera y no deja que el metal l�quido se cuele
por debajo de la l�mina.
|
|
El mercurio no penetra por debajo de la l�mina aplicada al fondo
|
69. Ausencia de tensi�n superficial.
�A qu� temperatura se anula la tensi�n superficial de los
l�quidos?
La tensi�n superficial del l�quido desaparece del todo a la
temperatura cr�tica: �ste pierde su capacidad de formar gotas y
se evapora a cualquier presi�n.
70. La tensi�n superficial
�Qu� presi�n ejerce, aproximadamente, la capa superficial de un
l�quido sobre las capas subyacentes?
A pesar de la finura extraordinaria, de unos 5
�
10
-8
cm, la pel�cula superficial de l�quido ejerce enorme
presi�n sobre la masa de l�quido que ella envuelve. Para algunos
l�quidos esta presi�n es de decenas de miles de
atm�sferas, es decir, equivale a decenas de toneladas por
cent�metro cuadrado.
Semejante presi�n condiciona la baja compresibilidad de los
l�quidos que, de por s�, siempre est�n comprimidos con
gran fuerza, por lo cual se obtiene un efecto �nfimo cuando se aumenta
artificialmente en cien atm�sferas una presi�n de decenas de
miles de atm�sferas existente en ellos.
71. El grifo.
�Por qu� los grifos de agua corriente suelen ser giratorios, y no en
forma de esclusa?
Parecer�a que los grifos de compuerta instalados en las
ca�er�as de agua ser�an m�s manejables que las
llaves de rosca que se emplean generalmente. Sin embargo, no se utilizan porque
causar�an aver�as de la red de aguas corrientes. A1 cerrar
bruscamente el grifo, es decir, al cortar repentinamente la corriente, se
provocar�a una fuerte sacudida de toda la red de tuber�as, el
llamado golpe hidr�ulico, o golpe de ariete, muy peligroso para este
tipo de obras. El Prof. A. Deisha, autor de un libro de texto de
hidr�ulica, compara el golpe de ariete con el choque de un tren empujado
por la locomotora, contra un tope terminal:
�En este caso los topes del primer vag�n que chocan con el terminal, se
comprimir�n por la fuerza de inercia de los vagones siguientes, hasta
que todos se detengan. Acto seguido los resortes amortiguadores del delantero
tender�n a extenderse empujando los dem�s vagones hacia
atr�s. La onda creada por los topes comprimidos recorrer� todo el
tren, del primer vag�n hasta el �ltimo. Si al final del tren
est� enganchada una locomotora pesada, la onda de presi�n
reflejada por ella recorrer� todo el tren en sentido inverso, hasta el
tope terminal. De modo que las oscilaciones, amortigu�ndose gradualmente
a causa de la resistencia, se transmitir�n de un extremo a otro del
tren, y a la inversa. La primera onda de presi�n ser� peligrosa
para los muelles de topes de todos los vagones, y no s�lo del delantero.
Como el agua es el�stica, aunque en grado �nfimo, cuando se
cierra el grifo instalado en el extremo de una tuber�a larga, las
part�culas traseras empiezan a empujar las delanteras (que ya se han
detenido), creando de esa manera una presi�n elevada; �sta, lo
mismo que una ola ordinaria, viajar� a gran velocidad (un poco menor que
la de propagaci�n del sonido en el agua) por toda la tuber�a de
cabo a rabo. A1 alcanzar el otro extremo (el tanque de presi�n, por
ejemplo), la onda se reflejar� hacia el grifo; de tal modo se
producir� una serie de oscilaciones, esto son, elevaciones de
presi�n que ir�n amortigu�ndose paulatinamente debido a la
resistencia a la onda. No obstante, la primera de ellas ser� muy
peligrosa no s�lo en el extremo donde est� instalado el grifo,
sino tambi�n en el extremo opuesto de la conducci�n,
pr�ximo al tanque, puesto que podr� destruir f�cilmente
cualquier pieza o junta de menor resistencia. La presi�n de ariete que
se crea en este caso, sobre todo la reflejada, podr� superar de 60 a 100
veces la presi�n hidrost�tica normal existente en la
tuber�a.�
El golpe ser� tanto m�s fuerte y m�s destructor cuanto
m�s larga sea la tuber�a; estropea el sistema de abastecimiento
de agua, a veces hace reventar tuber�as de hierro colado, ensancha las
de plomo, arranca codos, etc. Para evitar este efecto perjudicial, hay que
estrangular gradualmente la corriente de agua, es decir, cortarla con lentitud
utilizando para ello v�lvulas de rosca. Cuanto m�s larga es la
tuber�a, tanto m�s deber� durar el cierre.
La fuerza del golpe de ariete es directamente proporcional a la longitud del
conducto y al tiempo durante el cual se cierra la llave: cuanto menos dura el
cierre, tanto m�s fuerte ser� el golpe. Se ha deducido la
siguiente f�rmula para calcular su intensidad: la presi�n del
golpe equivale (en metros) a la altura de la columna de agua
longitud del conducto (en metros) y t, el tiempo durante el cual se cierra la
llave (en segundos).
Por ejemplo, si una tuber�a de 1000 m de longitud, por la cual el agua
circula con una velocidad de 1 m/s, se cierra en 1 s, la presi�n creada
en ella aumentar� por el efecto del golpe de ariete hasta
o sea, hasta 15 at.
El fen�meno de golpe de ariete se puede observar realizando un
experimento mediante el dispositivo mostrado en la figura.
|
|
Experimento que ilustra el golpe hidr�ulico.
|
El agua contenida en un recipiente, sale de �ste por un tubo de
sif�n, hecho de vidrio, corriendo verticalmente hacia abajo y luego
horizontalmente. En el otro extremo del conducto est� instalado un grifo
de compuerta H, y a cierta distancia del extremo, un tubo corto S con un
orificio peque�o que da hacia arriba.
Mientras el grifo permanece cerrado, el agua brota del conducto corto sin
superar el nivel de l�quido contenido en el recipiente. Mas, si la llave
se abre y acto seguido se cierra bruscamente, en un primer instante el agua
brotar� por encima de la altura del nivel de l�quido del
recipiente, probando evidentemente que la presi�n creada en el tubo
supera la hidrost�tica.
No se debe creer que en este caso se viola la ley de conservaci�n de la
energ�a: aqu�, menor cantidad de agua se eleva a mayor altura
merced al descenso de �sta desde cierto nivel, lo mismo que una carga
ligera, suspendida en el extremo de una palanca, se eleva a mayor altura que
otra, m�s pesada, colocada en el extremo opuesto.
El principio del golpe de ariete se aprovecha en una m�quina simple para
elevar agua, llamada ariete hidr�ulico, que s�lo consume su
energ�a viva.
|
|
Esquema de funcionamiento del ariete hidr�ulico
|
Para ponerla en funcionamiento hay que cerrar la v�lvula U, debido a lo
cual en el conducto F se produce un golpe hidr�ulico; la presi�n
elevada del l�quido abre la v�lvula Z y el aire, comprimido
moment�neamente en W, lo impele hacia arriba. El golpe cesa, la
v�lvula Z se cierra, la U se abre y el agua que vuelve a circular por F,
cierra la v�lvula U y de nuevo provoca un golpe de ariete, y todo se
vuelve a repetir.
72. La velocidad de salida.
�Qu� l�quido, el agua o el mercurio, tendr� la mayor
velocidad de salida si son iguales sus niveles en los embudos que los contienen?
El mercurio pesa mucho m�s que el agua; por tanto, es probable que el
primero salga m�s r�pido que la segunda. Sin embargo, ya E.
Torricelli sab�a que esto no es as�: la velocidad de salida no
depende de ninguna manera de la densidad del l�quido y se determina
utilizando la f�rmula de Torricelli:
donde v es la velocidad de salida del l�quido, g, la aceleraci�n
de la gravedad y h, la altura del nivel de l�quido contenido en el
recipiente. Seg�n vemos, en la f�rmula no interviene la densidad
del l�quido.
Este principio parad�jico de salida del l�quido se comprende
f�cilmente si se considera que la fuerza que impele el l�quido,
es creada por la parte de �ste, situada a un nivel m�s alto que
el orificio de salida. Si el l�quido es pesado, esta fuerza es mayor que
en el caso del l�quido ligero; pero la masa que se pone en movimiento en
el primer caso es mayor, por cierto, en la misma proporci�n. No es de
extra�ar, pues, que la aceleraci�n y, por consiguiente, la
velocidad, son id�nticas en ambos casos.
73. El problema de la ba�era.
a) Una ba�era de paredes verticales se llena con agua de grifo en 8 min,
y se vac�a por medio del orificio de desag�e (el grifo est�
cerrado) en 12 min. �Cu�nto tiempo deber� permanecer abierto el
grifo para llenar completamente la pila vac�a mientras est�
abierto el desag�e?
b) La pila se llena en 8 min; con el grifo cerrado se tarda el r mismo lapso en
vaciarla mediante el orificio de salida. �Qu� cantidad de agua
habr� en ella si durante las veinticuatro horas se vierte agua de grifo
mientras el desag�e est� abierto?
c) Resu�lvase este mismo problema si el tiempo de llenado es 8 min, y el
de vaciado, 6 min
d) Resu�lvase id�ntico problema, pero llen�ndose a los 30
min y vaci�ndose en 5 min.
e) La pila se vac�a en un lapso m�s corto que el de llenado
mediante el grifo. �Habr� agua en la ba�era si empezamos a echar
agua dej�ndola salir al mismo tiempo?
A continuaci�n ofrecemos sendos pares de respuestas a las cinco
preguntas planteadas; en una columna se ofrecen las respuestas correctas y en
la otra, incorrectas.
|
a) La ba�era se llenar� hasta los bordes en 24 min.
|
a) La ba�era nunca se llenar� hasta los bordes.
|
|
b) La ba�era estar� vac�a.
|
b) El agua llegar� hasta 1/4 de la altura de la pila.
|
|
c) No habr� agua en la pila.
|
c) El agua subir� hasta las 9/64 de la altura de la pila.
|
|
d) No habr� agua en la pila.
|
d) El agua subir� hasta 1/144 de la altura de la ba�era.
|
�En qu� columna, pues, est�n las respuestas correctas?
Las de la columna izquierda parecen ser veros�miles. Pero, en realidad,
lo son las de la derecha. Por cierto, a primera vista estas respuestas parecen
ser muy extra�as; no obstante, vamos a analizar por separado cada uno de
estos problemas.
a) En la ba�era se vierte m�s agua que la que sale, sin embargo,
en la columna derecha se afirma que nunca se llenar�. �Por qu�?
Es que surge la idea de que es muy f�cil calcular dentro de
cu�ntos minutos el agua empezar� a desbordarse. Cada minuto se
llena 1/8 parte del volumen de la pila, mientras que sale 1/12; por
consiguiente, el aforo por minuto es
1/8 - 1/12 = 1/24
parte de su capacidad. Est� claro que en 24 minutos se llenar�.
b) En el segundo problema el tiempo de llenado equivale al de vaciado. Por lo
tanto, la cantidad de agua que ingresa cada minuto es igual a la que sale. Esto
quiere decir que en la pila no deber� quedar ni una sola gota de agua,
por m�s que dure el proceso. Sin embargo, en la columna de respuestas
correctas se afirma que el nivel de agua llegar� hasta un cuarto de la
altura de la ba�era.
c), d) y e). Es obvio que en los tres casos sale mayor cantidad de agua que
entra, mas, en la segunda columna se asevera que no obstante ello en la pila se
acumular� cierta cantidad de l�quido.
En suma, las respuestas que damos por correctas, parecen ser absurdas. Para
cerciorarse de que realmente son correctas, el lector tendr� que seguir
una cadena bastante larga de razonamientos. Empecemos por el primer problema.
a) �ste viene a ser una versi�n del famoso problema del
dep�sito, que se remonta a Her�n de Alejandr�a. Surgido
hace m�s de dos milenios, el problema sigue figurando en muchos libros
de problemas de matem�ticas escolares, sin que por ello deje de ser
err�nea, desde el punto de vista de la f�sica, su soluci�n
tradicional. Esta �ltima se basa en la suposici�n equivocada de
que el agua sale del recipiente en chorro uniforme mientras su nivel desciende.
Dicha suposici�n contradice la ley f�sica que afirma que la
velocidad de salida del l�quido disminuye mientras desciende su nivel.
Por consiguiente, es err�neo creer, como suelen hacer los escolares en
las clases de matem�ticas, que si la pila se vac�a en 12 min,
cada minuto sale una dozava parte de su contenido inicial. En realidad, el
l�quido sale de la manera siguiente: inicialmente, mientras su nivel es
bastante alto, cada minuto sale m�s de una dozava parte de la pila
llena; esta cantidad va disminuyendo progresivamente por instantes, y cuando su
nivel es muy bajo, cada minuto sale menos de una dozava parte del contenido
inicial. Por esta raz�n, el volumen de agua que sale durante este lapso
equivale, s�lo por t�rmino medio, a una dozava parte del de la
pila llena, mientras que de hecho el gasto no ser� exactamente igual a
una dozava parte, sino que un poco mayor o menor.
En general, el vaciado de la ba�era se asemeja mucho a la marcha del
reloj de bolsillo descrita por Mark Twain en tono de broma: el reloj marchaba
bien �por t�rmino medio�, al dar el n�mero correspondiente de
vueltas durante las veinticuatro horas. Mas, en la primera mitad de este tiempo
adelantaba demasiado retras�ndose extremadamente durante el resto de la
jornada. Resolver el problema de la pila partiendo de la velocidad media de
salida del agua ser�a lo mismo que consultar el reloj descrito por el
famoso escritor estadounidense.
Seg�n vemos, la versi�n simplificada de este problema, que se
resuelve tan f�cilmente en la escuela, hay que sustituirla por la
variante real ajust�ndola a las leyes de la naturaleza. Obrando de esa
manera obtendremos un resultado distinto. Al comenzar a llenar la ba�era
mientras el nivel de agua no es alto, sale menos de una dozava parte de su
capacidad total; en cambio, cuando el nivel es alto, sale m�s de una
dozava parte. Por ello, el gasto puede ser una octava parte de su volumen, y
podr� igualarse con la cantidad de agua que ingresa, antes de que se
llene toda la pila. A partir de este instante el nivel dejar� de
ascender, puesto que el agua afluente saldr� por el desag�e. El
nivel se mantendr� constante por debajo de los bordes de la
ba�era. Claro est� que en semejantes condiciones nunca se
llenar� completamente. Seg�n veremos m�s adelante, el
c�lculo matem�tico confirma lo que acabamos de deducir.
b) En este apartado la correcci�n de nuestra soluci�n es mucho
m�s evidente. El tiempo de llenado y de vaciado es uno mismo, 8 min.
Mientras el nivel es bajo, o sea, cuando se empieza a a�adir agua, cada
minuto se llena una octava parte de la capacidad de la pila, y sale,
seg�n explicamos m�s arriba, menos de una octava parte. En
resumidas cuentas, el nivel deber� elevarse hasta que el caudal afluente
se iguale con el gasto. Por consiguiente, en la pila siempre habr� agua.
Se puede demostrar -muy pronto lo haremos que siendo iguales el tiempo de
llenado y de vaciado, la altura del nivel real deber� equivaler a un
cuarto del de la pila llena.
c), d) y e) Despu�s de lo que acabamos de exponer no se requieren muchas
aclaraciones para desvanecer las dudas en torno a nuestras respuestas a las
tres preguntas restantes. En ellas, el tiempo de vaciado es menor que el de
llenado. Es imposible llenar completamente la pila ateni�ndose a estas
condiciones, mas, se puede asegurar cierta capa de agua, aunque el flujo
entrante sea exiguo.
Hay que recordar que las primeras porciones de agua que se a�aden, no
podr�n salir con la misma rapidez, pues mientras el nivel es bajo, la
velocidad de salida ser� muy peque�a; al descender el nivel de
l�quido, esta magnitud se vuelve cada vez menor que cualquier velocidad
constante de llenado. Por ende, en la ba�era deber� haber una
capa de agua, aunque sea muy peque�a. En otras palabras, contrariamente
al �sentido com�n�, en todo tonel -por m�s rajado que
est�- siempre habr� un poco de agua a condici�n de que se
agregue uniforme e ininterrumpidamente la cantidad de agua correspondiente.
Ahora pasemos al examen matem�tico de los mismos problemas. Nos daremos
cuenta de que los ejercicios elementales que se ofrecen a los escolares desde
hace dos milenios, requieren conocimientos y h�bitos que rebasan el
marco de la aritm�tica elemental.
Para un recipiente de forma cil�ndrica (en general, para uno de paredes
verticales) vamos a establecer cierta dependencia entre el tiempo T de llenado,
�dem t de vaciado y la altura l del nivel constante de l�quido si
el llenado se efect�a con el orificio de desag�e destapado. Para
ello convengamos en utilizar las designaciones siguientes:
|
H
|
la altura del nivel de l�quido en el recipiente lleno;
|
|
T
|
el tiempo de llenado hasta el nivel H;
|
|
t
|
�dem de vaciado del recipiente a partir del nivel inicial H;
|
|
S
|
la secci�n del recipiente;
|
|
c
|
�dem del desag�e;
|
|
w
|
la velocidad de descenso del nivel en el recipiente por segundo;
|
|
v
|
�dem de salida del l�quido por segundo;
|
|
l
|
la altura del nivel constante mientras el orificio de vaciado est�
destapado
|
Est� claro que si en un segundo el nivel desciende en w, en el mismo
lapso por el desag�e deber� salir una cantidad Sw de
l�quido, equivalente al volumen de la columna cv del chorro que sale:
Sw = cv,
de donde
w = v
�
c/S
No obstante, la velocidad v de salida del l�quido se determina por la
f�rmula de Torricelli citada m�s arriba,
, donde l es la altura del nivel y g, la aceleraci�n de la gravedad.
Por otro lado, la velocidad w de ascenso del nivel de l�quido cuando el
orificio est� tapado, es H/T. El nivel ser� constante cuando la
velocidad de su descenso sea igual a la de ascenso, es decir, si tiene lugar la
igualdad siguiente:
Haciendo uso de esta f�rmula hallamos la altura l del nivel estabilizado
[1]
�sta es la altura del nivel de l�quido contenido en el recipiente
durante el ingreso de agua mientras el desag�e est� destapado.
Simplificamos esta f�rmula eliminando las variables S, c y g. El
descenso del nivel de l�quido en el recipiente de paredes verticales
(mientras el grifo permanece cerrado) es un movimiento uniformemente variable
que comienza con la velocidad w y termina con la velocidad nula. La
aceleraci�n a de semejante movimiento se determina a partir de la
ecuaci�n siguiente:
de donde:
Si ponemos el valor de w de la expresi�n w = cv/S y tenemos en cuenta
que
obtenemos el resultado siguiente:
Adem�s, para el caso del movimiento que estamos analizando
de donde
Realizando la sustituci�n en la f�rmula [1], obtendremos el
resultado siguiente:
As� pues, para las condiciones enunciadas, el nivel de l�quido
contenido en el recipiente deber� mantenerse a una altura equivalente a
la del recipiente lleno y se determinar� mediante la f�rmula que
sigue:
* * *
Ahora vamos a utilizar la f�rmula deducida para resolver nuestros
problemas.
a) La duraci�n de llenado es T = 8 min y el tiempo de vaciado t = 12
min. La altura l del nivel l�mite referida a la del recipiente H,
equivale a
partes
El nivel de agua s�lo alcanzar� 9/16 partes de la altura de la
ba�era. Por m�s que se a�ada agua, su nivel no se
elevar� despu�s.
b) En este caso T = t = 8 min:
El nivel ascender� a un cuarto de la altura del recipiente.
c) Para T = 8 min y t = 6 min:
El agua alcanzar� 9/64 partes de la altura de la pila.
d) T= 30 min y t = 5 min:
El nivel de l�quido equivaldr� a 1/144 parte de la altura de la
ba�era.
e) t < T:
La expresi�n obtenida podr� ser igual a cero siempre que se
observen las dos condiciones que siguen:
1) t = 0 y T
�
0. Esto quiere decir que la ba�era se vac�a
instant�neamente, lo cual es imposible.
2) t (0 y T =
�
. Es decir, con el desag�e tapado el tiempo de llenado ser�
indefinido. En otras palabras, la afluencia de agua por segundo es nula, no
ingresa l�quido en la ba�era. En la pr�ctica este caso
equivale a que la llave est� cerrada.
As� pues, siempre que el grifo est� abierto y la pila no se
vac�e instant�neamente, l nunca podr� ser nula: la capa de
agua siempre tendr� altura finita.
�Bajo qu� condiciones, pues, ser�a posible llenar toda la pila
con el orificio abierto? Evidentemente, cuando l = H, es decir, cuando
Por tanto, si el tiempo de llenado es dos veces menor que el de vaciado,
ser� posible llenarla por completo, aunque el orificio est�
abierto.
* * *
Tambi�n ser�a interesante calcular cu�nto tiempo se
necesitar� para alcanzar un nivel constante. Este problema no se
resuelve por medio de las matem�ticas elementales; habr� que
valerse del c�lculo integral. Ofrecemos el c�lculo
correspondiente a los que se interesan por esta variante; aquellos lectores que
tienen conocimientos de matem�ticas superiores podr�n omitir el
an�lisis que se expone a continuaci�n, y s�lo emplear la
f�rmula deducida al final del c�lculo.
La velocidad de elevaci�n del nivel de l�quido en un recipiente
al que se a�ade agua mientras el orificio de desag�e est�
destapado, se define como la diferencia entre la velocidad de ascenso del nivel
con el orificio tapado (H/T) y la de descenso del mismo sin agregar
l�quido, (Nota:
, donde x es la altura del nivel de agua en un instante dado). Por
consiguiente, la velocidad de ascenso del nivel en el momento dado ser�
de donde
El tiempo necesario para que el nivel de l�quido suba hasta la altura x
= h se designa por
Q
.
Integrando la ecuaci�n
obtenemos la siguiente f�rmula para determinar el
Q
que se necesita para que el nivel de l�quido alcance la altura h:
(aqu�, ln denota el logaritmo de base e = 2,718...).
Esta expresi�n puede ser simplificada. Partiendo de las igualdades wS =
vc y , se determina la velocidad w de descenso del nivel desde la altura h al
vaciar la pila:
Por consiguiente,
de donde
Despu�s de realizar las sustituciones correspondientes se obtiene la
siguiente expresi�n para determinar
Q
:
la cual no contempla los casos de secci�n S y c del recipiente y del
orificio de salida ni la aceleraci�n de la gravedad g. Esto
�ltimo se�ala que el tiempo de llenado de la ba�era debe
ser el mismo que en cualquier otro planeta.
* * *
Si deseamos averiguar cu�nto tiempo se necesitar� para alcanzar
los niveles l�mites en los recipientes, llegaremos a la
conclusi�n de que esta magnitud ser� indefinida, o sea, nunca se
llenar�n. Esta respuesta es bastante inesperada: se podr�a
preverla, pues a medida que el nivel se aproxima a la altura l�mite,
disminuye progresivamente su velocidad de elevaci�n; cuanto m�s
cerca est� el nivel de l�quido a su l�mite, tanto menos
tender� a �l. Queda claro que el agua nunca lo alcanzar�,
por mucho que se le acerque.
No obstante, desde el punto de vista pr�ctico, es posible formular el
problema de un modo distinto. Pues, en este caso no es obligatorio que el nivel
de agua coincida exactamente con el l�mite; por ejemplo, pueden diferir
en 0,01 de altura. El tiempo que se necesita para que el agua alcance este
nivel �aproximado� se determina mediante la f�rmula deducida poniendo h
= 0,991, donde l es la altura del nivel l�mite; de modo que resulta que
Apliquemos la f�rmula
a los casos que examinamos con anterioridad.
a) T = 8 min y t = 12 min:
min
El nivel constante se alcanzar� en unos 39 min.
b) T = t = 8 min:
min
El l�quido alcanzar� el nivel constante en unos 17 min
c) T = 8 min y t = 6 min:
min
El nivel de l�quido ser� constante dentro de unos 10 min.
d) T = 30 min y t = 5 min:
min
De hecho, el l�quido alcanzar� el nivel l�mite en menos de
dos minutos.
e) Finalmente, la pila con el desag�e abierto se llenar�
totalmente, lo que ocurre, seg�n determin�ramos anteriormente, a
condici�n de que t = 2T, en un tiempo
Con esto damos por terminado el an�lisis de los problemas de la
ba�era, que se nos ha hecho tan largo. Es que el asunto es mucho
m�s complicado de lo que se imaginan aquellos autores de libros de
problemas de matem�ticas que a la ligera incluyen en sus obras
�problemas de los dep�sitos�, destinados a los alumnos de la escuela
primaria.
74. V�rtices en el agua.
Al vaciar la ba�era, nos damos cuenta de que junto a su orificio de
desag�e se forma un remolino.
�En qu� sentido gira �ste, en el de las agujas del reloj o en
sentido contrario? �Por qu�?
El problema planteado atrajo en su tiempo la atenci�n de D. Grave,
famoso matem�tico ruso, que se�al� lo siguiente.
�Si un recipiente se vac�a mediante un orificio abierto en su fondo,
encima de �l se forma un torbellino de l�quido que gira, en el
hemisferio boreal, en sentido contrario a las agujas del reloj, y en el
austral, en sentido inverso. Cada lector puede comprobar la validez de esta
observaci�n dejando salir agua de la ba�era. Para que la
rotaci�n del v�rtice sea m�s evidente, se puede echar al
agua trocitos de papel. Esta experiencia evidente comprueba la rotaci�n
de la Tierra, aunque se realiza por medios caseros.�
A continuaci�n este autor manifiesta lo siguiente: �Lo dicho permite
sacar conclusiones muy importantes relativas a las turbinas hidr�ulicas.
Si una turbina hidr�ulica horizontal gira en sentido antihorario, la
rotaci�n del Globo contribuir� a su funcionamiento; y a la
inversa: si gira en sentido horario, el giro del Globo frenar� la
rotaci�n del artefacto.� � Por ello, concluye el acad�mico, al
fabricar nuevas turbinas hay que inclinar sus paletas de modo que giren en el
sentido deseado.�
Estos razonamientos aparecen muy veros�miles. Todo el mundo sabe que la
rotaci�n de la Tierra condiciona la forma vorticial de los ciclones, un
desgaste mayor del carril derecho de las v�as f�rreas, etc. A lo
mejor, se podr�a esperar que la rotaci�n del planeta
influir�a de alguna manera en los embudos de agua que surgen en los
recipientes durante el vaciado, o en las turbinas hidr�ulicas.
|
|
Esquema del movimiento vorticial: arriba, al salir el l�quido por el
desag�e de la ba�era; abajo, del aire en un cicl�n.
|
No obstante, no debemos dejarnos cautivar por esta primera impresi�n. El
comportamiento del embudo de agua que se forma encima del orificio de vaciado
se comprueba f�cilmente y, de hecho, no se ajusta a la
descripci�n que acabamos de citar: en unos casos el remolino se enrosca
en sentido antihorario, y en otros, en sentido opuesto. La direcci�n de
giro, lejos de ser constante, no revela ninguna tendencia predominante,
m�xime si las observaciones se llevan a cabo en diferentes recipientes,
y no en uno mismo.
El c�lculo nos proporciona un resultado que concuerda muy bien con las
observaciones: la magnitud de la llamada aceleraci�n de Coriolis es muy
peque�a y se calcula seg�n la f�rmula siguiente:
donde ( es la aceleraci�n de Coriolis, v, la velocidad del cuerpo en
movimiento,
w
, la velocidad angular de rotaci�n de la Tierra y
j
, la latitud del lugar. Por ejemplo, en la latitud de San Petersburgo, siendo
la velocidad del chorro de agua de 1 m/s se obtienen los datos siguientes: v =
1 m/s,
w
= 2/86.400 s; sen
j
= sen 60� = 0.87
m/s2
Como la aceleraci�n de la gravedad es de 9,8 m/s, la de Coriolis vale
una cienmil�sima de �sta. En otras palabras, el esfuerzo que
surge es igual a una cienmil�sima parte del peso del agua que forma el
torbellino. Est� claro que cualquier irregularidad en la forma del
recipiente, por ejemplo, su asimetr�a respecto del orificio de vaciado,
deber� influir mucho m�s en el sentido de rotaci�n del
chorro de agua que el giro del planeta. El hecho de que al observar el vaciado
de un mismo recipiente a veces se suele colegir que el sentido de
rotaci�n del v�rtice siempre es uno mismo, no comprueba, ni mucho
menos, la tan esperada regla de rotaci�n, pues los factores
predominantes que intervienen en este caso son la forma del fondo de la pila y
sus irregularidades, y no la rotaci�n de la Tierra.
Por esta raz�n, a la pregunta planteada hay que responder del modo
siguiente: es imposible predecir en qu� sentido girar� el
v�rtice de agua junto al orificio situado en el fondo de la pila, ya que
�ste depende de toda una serie de circunstancias dif�ciles de
considerar. Adem�s, los torbellinos que se crean en el flujo de
l�quido y que pudieran atribuirse a la rotaci�n del Globo, deben
de tener, seg�n comprueba el c�lculo, un di�metro mucho
mayor que los peque�os remolinos que surgen en torno al orificio de
vaciado de un recipiente. Por ejemplo, en la latitud de San Petersburgo, para
la velocidad de corriente de 1 m/s, el di�metro de semejante torbellino
deber�a ser de 18 m; para la velocidad de 0,5 m/s, de 9 m, etc., es
decir, variar�a en raz�n directa a la velocidad de corriente.
Como colof�n vamos a acotar algo m�s sobre la supuesta influencia
de la rotaci�n del planeta en el funcionamiento de las turbinas
hidr�ulicas. Te�ricamente, se podr�a demostrar que toda
rueda que gira, es incitada por la rotaci�n de la Tierra a ocupar una
posici�n tal que su eje sea paralelo al del planeta, y que el sentido de
giro de ambos cuerpos sea igual. No obstante, el efecto de semejante influencia
es �nfimo, al igual que en el caso del embudo de agua formado en el
recipiente que se vac�a; en otras palabras, la acci�n del giro de
la Tierra constituye menos de una cienmil�sima parte de la fuerza de la
gravedad. Por consiguiente, toda irregularidad de forma del cuerpo de la
turbina que gira, por m�s insignificante que sea, de por s� muy
natural e inevitable, debe influir mucho m�s y camuflar la influencia
que el giro del Globo ejerce sobre dicho artefacto. Por lo tanto, no se han de
cifrar muchas esperanzas en que la rotaci�n de la Tierra contribuya
ostensiblemente al funcionamiento de los mecanismos.
75. La riada y el estiaje.
�Por qu� en tiempo de riada la superficie del r�o es convexa,
mientras que durante el estiaje es c�ncava?
|
|
La superficie del r�o durante la crecida
|
|
|
La superficie del r�o durante el estiaje
|
El hecho de que en �pocas de crecida y estiaje la superficie de los
r�os no es estrictamente horizontal, se debe a que la parte central, o
axial, de la masa de agua corriente tiene velocidad mayor que las partes
cercanas a la orilla; la corriente es m�s r�pida en medio del
r�o que junto a las m�rgenes. Por consiguiente, durante la
crecida, cuando desde la parte alta del r�o viene mucha agua, su grueso
fluye a lo largo de la l�nea central del cauce; a consecuencia de esto
el r�o �se abulta� en su parte media. Al contrario, durante el estiaje,
mientras el caudal es peque�o (pues la mayor parte del agua ya
est� en la cuenca baja) su nivel disminuye m�s r�pido a lo
largo de la l�nea media que junto a las orillas, por lo que la
superficie del r�o se vuelve c�ncava.
Este fen�meno es muy notable en los r�os caudalosos y muy anchos.
�En el Mississip�, dice el escritor y ge�grafo franc�s J.
Reclus en su obra
La Terre, description des ph�nom�nes de la vie du globe
, la convexidad transversal que se forma durante la crecida es de un metro por
t�rmino medio...; las maderas que se transportan por flotamiento en esta
�poca "se deslizan" de la parte central prominente del r�o y
quedan en la orilla, mientras que en el estiaje siempre flotan aguas abajo por
su parte central y se acumulan en la depresi�n formada en medio del
r�o.�
76. El oleaje.
�Por qu� se curvan las crestas de las olas que lamen la costa?
|
|
Las crestas de las olas que lamen la costa, tienen forma curvada
|
El encorvamiento de las crestas de olas que lamen la costa suave se debe a que
la velocidad con que viajan por la superficie de aguas someras depende de la
profundidad, a saber, est� en raz�n directa con la ra�z
cuadrada del valor de la profundidad. Cuando las olas se propagan por encima de
los bajos de mar, la elevaci�n de sus crestas respecto al fondo es mayor
que la de los valles de onda; por consiguiente, las crestas avanzan m�s
veloces que los valles que les preceden y, adelant�ndose a ellos, se
curvan hacia adelante.
Este mismo hecho explica la causa de otro fen�meno que se observa en el
mar agitado: las olas que baten la costa siempre son paralelas a �sta.
La causa radica en que cuando se acercan hacia la orilla bajo un �ngulo
formando barreras paralelas, las que pasan por encima del baj�o cercano
a la orilla antes que las otras, aminoran su paso. Es f�cil ver que a
consecuencia de este fen�meno la l�nea de olas debe cambiar la
direcci�n de su movimiento hasta que sea paralela a la costa.
77. El problema de Colladon.
El c�lebre f�sico Jean-Daniel Colladon plante� a los
estudiantes de la Academia de Ingenier�a de Par�s el problema
siguiente:
�Un barco se desplaz� por el R�dano aguas arriba
elev�ndose a 170 m (desde Marsella hasta Lyon). Para calcular el trabajo
realizado durante el viaje, �habr� que tener en cuenta tambi�n el
producto del peso del barco por la altura de 170 m, adem�s de la
resistencia de la corriente?�
La superficie del r�o se asemeja a un plano inclinado, por eso se
podr�a suponer que al navegar aguas arriba el barco debe realizar la
misma cantidad de trabajo que un cuerpo deslizando hacia arriba por un plano
inclinado. Pero no debemos olvidar que el empuje del agua equilibra el peso del
barco que navega. Para elevarlo a un nivel m�s alto no se necesita
realizar ning�n trabajo y no vale la pena tomar en consideraci�n
a este �ltimo.
Lo notable es que entre los estudiantes de la academia que tuvieron que
resolver este problema, uno solo dio la respuesta correcta; posteriormente
aquel estudiante se hizo un ingeniero de ferrocarriles muy famoso en Francia.
|