. . . . . . . : : : : D I S T R I T O -:- T A U R I J A : : : : . . . . . . .

 
 
 


LAS PIEDRAS DE GARCHIPAMPA

Aquella madrugada en que los luceros parecían pequeños agujeros que huequeaban el Infinito, Ilucho Cutushaiqui, se despertó con una extraña sensación, porque había visto en sus sueños, que un NUNAYLLO, tomaba vida y lo quería empujar al fondo del Chorrón; pero la oportuna aparición de San José fue salvado de ir a parar al fondo de las fauces de aquel inmenso abismo.

Ya casi serían como las tres de la madrugada. Ilucho tenía que bajar hasta el valle de Uchos, a sacar sus frutas para devolver el Tablao que debía a ñu Toribio.

Encaronó sus fletes. Un burro gacho, viejo y muermo. Otro burro que lo emprestó Julio López y un caballo que lo prestó Chera igual de viejo tambra y trotón.

Luego la Carlina Acuña , su mujer, lo alcanzó su alforja. En un lado estaba el porongo con agua y en el otro lado el fiambre de mote gollme, amarrado en una vieja shushuna.

_ Hoy cho echa sal a tu boca para que magayeyes no te vaya a chapullar el ranti en el Pichigay... _Recomendó muy oronda la Carlina

_ Ya lo hice cho..._ Contestó Cutushaiqui

_Ponte tu faja chura y llévalo a CARBUNCO

_Verrdá dí....? Carbuncooo too, chichico too...chichico chichico tooo..._ Llamó Ilucho a su perro.

El perro se acercó presto a su llamada dando saltos y gañidos y moviendo la cola en señal de saludo. Este era un perro de color negro, de mediano tamaño llevaba sobre sus ojos dos prominentes cejas de color amarillo a esta laya de perros que hay pocos y por las cejas que tienen se les llama perros" chuscos ".

Ilucho se persignó, llancó sus bolsicos echando de menos su chaira marca "Toro", su porongo piezado con chachacoma de Chinchil y su picsha de huayhuash, y al saber que están todos sus achallays empezó a arrear a sus ruanos.

Un solitario lucero Matacoche cual pequeño globo de pirotécnico, alumbraba aquella noche, en un cielo transparente con una solemnidad serena envolviendo el paisaje de un negro diáfano. Brillaba con una tristeza de dolor, en aquel espacio inalterable e infinito, como si con su eterno guiñapear demostrara que estaba allí palpitante de vida.

Ya por la bajada de los Lloques, aquella oscuridad empezó a diluirse. El canto del Chiyampuy anunciaba el despertar de un joven día, la aurora empezaba a lamer el oscuro horizonte que caía herido y rendido, ante la argenteada sonrisa de la mañana y ésta a su vez era recibida con la alegría del Pajpajcho, de picachitas, de silulines y de quienquienes madrugadores

Al llegar a Sillirca, ya lo mas era jupa jupa y de pronto Ilucho, sintió como si alguien lo jalara de su poncho shogo, levantó la mirada sin querer, como obligad, mientras sus fletes lambían colpa, y vió frente a Llagabamba, al mismísimo Shapingo, era como una persona que flotaba por encima de las achupallas, mas tenue que la brisa, con pantalón verde fosforescente y con camisa roja y amarilla que chillapeaban botando chispas hiriendo aquella diáfana mañana, Ilucho un poco sorprendido restregó sus ojos, guiñapeando insistentemente, cambió de mirada hacia Pumauco ahí también vió a la misma figura como una nube espiralada, detenida en pleno desfiladero de Garchipampa. El perro acurrucado en medio de las patas del jamelgo, emitía gañidos, asustado, mientras los fletes tijereaban las orejas y hacían roncar sus narices, Ilucho trató de arrear a sus ruanos; pero su lengua estaba hecha una collota y no pudo articular palabra alguna.

Volvió la mirada atrás hacía los Lloques, y allí también estaba aquella figura, flotando en el aire, como si estuviese sujetado por una mano invisible. Trató de cerrar los ojos y con mucho esfuerzo lo consiguió, pero al abrirlos, solamente por sobre de Quichicancha, se veía la sonrisa de una mañana hermosa, digna de la embriaguez de la pluma de un poeta o de un pintor que no hubiese conseguido combinar con sus mágicas pinceladas aquel vasto paisaje. El sol empezaba a chispear desde el Orto sus barbas deslumbradoras sobre algunas nubes, que vagaban por la inmensidad del cielo y con todos sus matices multicolores perfumes de achupallas, y fragancias de chamanas daban al paisaje la riqueza melodiosa y sinfónica haciendo desaparecer la sensación desagradable de aquella visión.

Ilucho sin comprender nada solo atinó a decir

_Amachay carajo... debe ser tapia

Uchos, imponente valle, cálido y hospitalario. Despensario; troja eterna. Ya sea del rico con su plata o del pobre con sus cambalaches y su trabajo.
Hermoso y cándido valle, al que con sus cantarinas aguas, límpidas y puras, baña el río Arancante. Núbil y majestuoso valle aunque mil veces asesinado por viles gamonales y déspotas hacendados, duerme arrullado por las caricias de la famosa "Serpiente de Oro" de Ciro Alegría y flanqueado por las turbias aguas del Ríomapa. Su eterno puente de Santo Cristo, que vence, victorioso a aquel gigante ofidio llamado Marañón. Herencia incaica, construído en sus primeros años con pita de penca negra de las pampas de Carhuaca y con bejuco blanco traído desde la finca de don Benjamín Viera de Rurunchuy y en cada durmiente enterraban a un hombre vivo con la creencia de que sólo así podría resistir la furia del río y del tiempo.


Uchos poblada de gente laboriosa y generosa de donde jamás sus visitantes han de regresar a sus casas con las manos vacías aunque sea una millca de cualquier cosa han de sacar quipichando en su poncho o su lliclla, Ilucho tenía pagado a Pánfilo Ramírez para una carga de plátanos. A tío Rosho para un almún de yucas y quien a la vez lo regaló unas cuantas huayuncas de morocho; Pancho lo regaló, una millca de paltas. Y así de un lado y otro recogió más de lo que sus fletes muermos podían cargar.


El día empieza a declinar con una languidez lóbrega. El sol está dando los últimos brochazos con su mágico pincel, diseñando raros bocetos en el azul infinito.Ilucho, les ruega a Pablo y a Joel que lo ayuden a preparar sus shangas y ellos por escuchar sus simplonerías acuden gustosos. Luego echa carga a sus roznos y emprende alegre su regreso.


Ya por la Pirca Negra , la tarde empieza a dormirse en los brazos de un crepúsculo vestido de oscuras sombras, en donde como nimios chicotazos era azotado por el guiñapear de infinidad de ninacuros.

Al llegar a Colltoragra, la noche había caído con todo su furor, pues no se veía ni las manos. Ilucho, tuvo que shingrir con una soga a sus tres animales para que no se perdieran y él se guiaba agarrado de la cola del caballo. El silencio pasaba rodando aplastando todo sentir de vida. Cutushaiqui sacó de su alforja una piedra pedernal y golpeándolo con un clavo sobre yesca de maguey, logró encender una achupalla y una penca seca, pero apenas lo alumbraron unos cuantos pasos porque empezó a caer unas fuertes chirapas que lueguito lo apagaron. En ese instante, Ilucho vió al Arco Blanco que salía del Ojo de Pumauco, daba una vuelta por los Lloques, parecía que hace un guengo por el Pate, e iba a plantar su cabeza en las faldas de la ladera de Garchipampa. El velo de la noche parecía roto por un diáfano albur, Ilucho Cutushaiqui, se sentía agotado, así como sus animales, y decidió descansar un poco antes de subir la cuesta de la Beta. Bajó sus cargas debajo del Pate, sacó de su alforja su fiambre y se sentó a saborear su delicioso yantar, luego se tendió sobre las caronas en medio de las cargas y se quedó chucro dormido, mientras su perro velaba su sueño.


De pronto el relincho del rocín, el rebuzno de los burros y los débiles gañidos del perro, hicieron que Ilucho despertara sobresaltado, ruidos que irrumpieron en el silencio de la noche, que parecía estar llena de rantis y toda laya de malignos. Ilucho pudo escuchar unas voces gangosas que hablaban yainin, el shinllin de metales, como si estuvieran arrastrando cadenas; para luego quedarse nuevamente en un silencio y una oscuridad total; otra vez comenzó a chirapear. Ilucho se puso a armar su bolo echando unas cuantas hojas de coca tupa a su boca y mentalmente rezaba la Oración del Santo Quicunqui, sentía que sus párpados le pesaban y cabeceaba de puro sueño, sobre aquella noche malaguera que con su aliento de caminante fatigado, se entrecruza arrastrándose en las profundidades de las quebradas y en las faldas de los cerros. Un leve airecito movió las chamanas, haciendo tintinear sus semillas que llevan en pequeñas picshitas, como un fresco paliativo de la naturaleza sobre aquella noche reteñida de un ámbito fúnebre, estremacida por la ausencia de estrellas.


Pero aquel silencio sepulcral fue desgarrado por una extraña voz gutural que hizo estremecer aun a la misma noche desgarrándole las entrañas

__Quuuuueeeee quieeereeen cooomeeeeer......?__Retumbó la voz cerca de donde descansaba Ilucho.

__Higaaaaadddooooooo.....__Contestó otra voz igual de terrorífica desde la ladera de Garchipampa

__ Higadoooo...............


Ilucho oye aturdido por el sueño, pero ni aun así a menguado su valor y el miedo no logra desmembrar al alma de éste gañán desafiante y terne que espera luchar aunque sea con el mismísimo Shapingo, por algo no tiene su cuchilla marca "Toro" y su bordón de lloque ñudo, ñudo.


Sin poder reponerse de su sueño que lo agobia se deja escuchar otra voz.

__ Coraaaaaaaazzzzóóóóóó´nnnnnn........ Shooongooooooooonnnnn......

La inmensidad hace eco temblando con ansiedad las últimas sílabas imponiendo las más tenebrosas sensaciones.


Al hacer silencio el eco, surge una tercera voz casi junto al Pate

__ Riñooooooon.... ooooooooonnnnnn...ooonnn...oonn...on...on...on...

__ Retumba infinito el eco en las peñas de Quichicancha.

Ilucho haciendo un supremo esfuerzo, abrió los ojos, la frescura del viento alivia la fatigada laxitud, transformando su trasueño en un enardecido valor. Vino a su memoria aquella visión que tuvo por la mañana y así mismo del Arco Blanco que tuvo por la noche y era de los mismos lugares de donde provenían aquellas voces.


También pensó en sus muchachitos que de seguro estarán esperándolo o habrán bajado hasta la Loma de Ña Ubaldera o quizás hasta Macanyita o Chaupirca ansiosos de echar mano a la shanga que viene de oberna y ¡ zás..! Sacar un plátano o una naranja, pachigarlo y comérselos ávidamente. De seguro que la Carlina lo estará esperando con su garabamba, con garán de coche huachuco y de trama su cancha de maíz paccho y en el puco su gacha o shaglla de rocoto seco remojado con chincho o pishgochaqui.


Ensimismado en estos pensamientos fue vuelto a la realidad por aquella voz junto a él.

__ No se pueede...es imposible...porque ...tiene amarrado en su cintura un animal con muchos ojos... y en su costado hay un animal negro con cuatro ojos....dos estan durmiendo y dos mirando...

Lleva agarrado un gusano con muchos nudos...oooossss...oooos..ooos...os.os...os...sss

Como si estuviese sentado en una shuma de ancucashas, Ilucho se paró con la mente totalmente despejada mientras la noche es invadida por un tenue albur, el cielo rompe su velo arriesgando con tímidas pisadas algunos luceros. Ilucho pudo distinguir a sus animales que pastaban cerca. Miró hacia los lugares de donde habían provenido aquellas terroríficas voces y sólo pudo distinguir las siluetas de enormes piedras.
En la ladera de Garchipampa, donde el Arco Blanco plantaba su cabeza y donde apareció el Shapingo, había una enorme piedra en forma de HIGADO.....


En la loma de los Lloques por donde hacía un guengo el Arco, había una enorme piedra en forma de CORAZON...como queriéndose desprender de su lugar...
En el lugar de donde salió la primera y última voz había una piedra pequeña, en forma de RIÑON...


Ilucho ya repuesto de aquellas impresiones echa carga a sus fletes y emprende su camino. Hormigueaba en su cerebro aquella visión de la mañana y aquel acontecer de la noche que con su feérico atuendo de misterios hacíanle reflexionar sobre la vida.
Ahí es entonces, en ese cavilar que se busca explicar sobre aquellas personas que murieron por este lugar y que siempre fue un misterio sólo decían que en Uchos alguna bruja les habría dado su chaga de huarmihuillca.


Así la mujer de ñu Nashe murió empezando la cuesta de la Beta botando sangre por la boca y con el estómago reventado, dejando en la orfandad a cuatro muchachitos, la última de apenaas tres meses de nacida pasaron muchos años y por el mismo lugar doña Zoilita empezó a quejarse de un fuerte dolor de estómago, al llegar al Cedro apenas pudo tomar agua de las tembladeras y cayó muerta de la misma laya, con el estómago hinchado y luego se pachigó como calabazo en el horno, dejando también a dos cholitos en la orfandad y el desamparo.


Hace muy poco tiempo que a don Juanito Bazán lo encontraron irreconocible, cerca a la piedra que tiene forma de RIÑON,,TENÍA VACIADAS LAS ENTRAÑAS, como si hubiese sido desgarradas por endemoniadas aves de rapiña.

Así mientras la vida sea un ir y venir de cosas e inventos nuevos de etapas acumulativas de acervos paisajes que pueblen el alma es cuando se puede balancear los saldos de todas las experiencias vividas, como en ensueños, bajo el dombo infinito y celestial que cobija en su seno pueblos llenos de cantares, mitos y de leyendas que han de brillar eternos como bellas pupilas en medio del olvido, la indiferencia que son como charcas de siniestras miserias de aquellos que oprimen al hombre. Pueblos que brillan en medio de las brumas; por su gente luchadora y laboriosa, anónima y desconocida que sólo piensan en trabajar la tierra bajo su perfume embriagador de la lluvia, que queda en el alma como la shulla de los chichancos.


Ilucho contó toda esta historia en la fiesta de los tablaos que celebraba don Toribio. Mientras las mujeres en el cuarto rezaban el Rosario, Ilucho afuera rodeado de toda la cholada calentaban la noche con sendas copas de turco que Flure rondaba sirviéndoles en tazas de plástico o tutumas Ilucho mostraba orgulloso su faja chura; que lo dió ña Octacia por churampar su leña ya que sus cholos eran una tira de flojos, también hacía ver los ojos de su perro, "chusco", fiel compañero hasta en sus tertulias, que movía la cola como si comprendiera el orgullo de su dueño.

Las mujeres terminaron de rezar y dieron paso a ñu Teudulo y a ñu TRINI, que irrumpieron con sus cajas y sus roncadoras, con la melodía de "Alberjitas y Alberjones", haciendo olvidar las sensación de angustia que provocó la narración del cuento de Ilucho; pero nadie jamás, podrá hacer olvidar o descifrar el misterio existente de aquellas piedras que duermen camino hacia Uchos esperando quizás a su próxima víctima y la salida del Arco Blanco.


Piedras en forma de HIGADO, CORAZON Y RIÑON, que hacen estremecer al más valiente caminante en los oscuros atardeceres........

fin

AUTOR: ABNER VIERA

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